Siguiendo la iniciativa de nuestro Oh! Augusto Líder y tras la conversación mantenida via chat del clan, recomiendo yo tambiés este pedazo de libro de fantasía, primero de una saga de 7 volúmenes (faltan por publicar los 2 últimos)
Copio/pasteo un artículo extenso sobre el autor y la serie (omitiré un par de párrafos finales en los que se dedican a contar el argumento por encima de los primeros libros, mejor leerlo); así como la sinopsis de la cubierta:
SINOPSIS :
Geralt de Rivia, brujo y mutante sobrehumano, se gana la vida como cazador de monstruos en una tierra de magia y maravilla: con sus dos espadas al hombro -la de acero para hombres, y la de plata para bestias- da cuenta de estriges, manticoras, grifos, vampiros, quimeras y lobisomes, pero sólo cuando amenazan la paz. Irónico, cínico, descreído y siempre errante, sus pasos le llevan de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios, hallando las más de las veces que los auténticos monstruos se esconden bajo rostros humanos. En su camino sorteará intrigas, elegirá el mal menor, debatirá cuestiones de precio, hollará el confín del mundo y realizará su último deseo: así comienzan las aventuras del brujo Geralt de Rivia.
ARTÍCULO SOBRE EL LIBRO :
ANDRZEJ SAPKOWSKI Y LA SAGA DE GERALT DE RIVIA
AVENTURA, POSTMODERNISMO Y FANTASIA MORAL
José María Faraldo
Después dijeron había venido desde el norte por la Puerta de los Cordeleros. Entró a pie, llevando de las riendas a su caballo. Era por la tarde y los tenderetes de los cordeleros y de los talabarteros estaban ya cerrados y la callejuela se encontraba vacía. La tarde era calurosa pero aquel hombre traía un capote negro sobre los hombros. Llamaba la atención.
EL BRUJO
No, definitivamente lo que los lectores polacos de 1985 tenían entre sus manos no era un western, aunque lo pareciera a ratos. Tampoco se trataba de novela negra, aún cuando al protagonista se lo ha tachado de «héroe chandleriano». Ni siquiera, y esto podía apreciarse ya en aquella primera entrega, se trataba de una «espada y brujería» al uso. Geralt, el wiedzmin, el brujo, no tenía mucho que ver con los hechiceros y guerreros howardianos, aunque compartiera con Conan un mismo desprecio por los dioses y una incredulidad manifiesta. Porque Geralt, el cazador de monstruos a sueldo, desplegaba una sensibilidad postmoderna sazonada con la más desaforada historia de aventuras, y todo ello escrito con un estilo poético y a la vez recio y elaborado. Gracias a esto, la saga de Geralt se convirtió primero en una serie de culto de la literatura fantástica centroeuropea (en especial en Polonia y en Chequia) y consiguió luego llegar a ser un verdadero best-seller en su país de origen, alcanzando reconocimientos literarios mucho más allá del círculo del fandom. La saga del brujo se extendió más tarde a una serie de cómics (dibujados por Boguslaw Polch, un conocido ilustrador polaco) y, hace pocos meses, a una versión cinematográfica de gran éxito comercial, preludio de una serie televisiva y, cómo no, hasta un juego de rol.
EL BRUJO QUE VINO DEL FRÍO
Andrzej Sapkowski parece, a primera vista, el autor menos indicado para crear un personaje del estilo de Geralt. Economista de los del socialismo real, trabajaba en una empresa estatal dedicada al comercio exterior en la ciudad polaca de Lodz (sede de la famosa escuela de cine donde estudiaron, entre otros, Krzysztof Kieslowski y Roman Polanski). Como afirma en alguna entrevista, Sapkowski nunca pensó en dedicarse a escribir, lo que queda sobradamente probado por el hecho de que su primer relato se publicara cuando tenía más de cuarenta años, aunque ya había realizado algunas traducciones de ciencia ficción norteamericana.
Cuenta la leyenda del fandom polaco que, arreglando el desorden reinante en la habitación de su hijo, Sapkowski vio el anuncio de un concurso de cuentos en la revista Fantastyka (hoy Nowa Fantastyka, la decana de las publicaciones de ciencia ficción europeas orientales). Ni corto ni perezoso, Sapkowski pergeñó un relato sobre un brujo y lo envió al concurso. Hay que reseñar aquí que la palabra wiedzmin, «brujo» en polaco, es un neologismo que no se usaba antes de Sapkowski. El hecho de que sólo se pudiera hablar de «bruja», en femenino, soliviantó un poco a nuestro autor, quien compuso una historia donde describía lo que había de ser un brujo masculino.
Pero para Sapkowski un brujo es algo muy especial. Se trata de un personaje entrenado desde niño por la cofradía de los wiedzmines (los brujos) para acabar con los monstruos que existen por todo el planeta. Para ello se lo ha sometido a un entrenamiento especial, muy duro, durante el que muchos otros candidatos han muerto. Geralt de Rivia es, pues, un mutante dedicado a luchar contra basiliscos, dragones, vampiros, lamias y demás engendros nocturnos. Pero lo hace profesionalmente, vaga por pueblos y ciudades y se lo contrata para ello. A la hora de combatir monstruos, Geralt confía tanto en la magia rústica que le han enseñado como en su fuerza, su agudeza y, por supuesto, su espada.
Aunque el relato fue publicado en la revista, Sapkowski no ganó el primer premio del citado concurso. Su personaje, sin embargo, se convirtió rápidamente en un mito de la literatura fantástica polaca. El éxito animó al autor a seguir escribiendo y comenzó a desarrollar la saga del brujo, primero en varios relatos publicados en Fantastyka (que darían lugar a los dos primeros volúmenes de la serie) y luego en cinco novelas, la última de las cuales apareció en 1999.
La crítica literaria «normal» comenzó a ocuparse del autor con la aparición de las primeras novelas. A las cifras de ventas, altísimas para una sociedad empobrecida, se sumaron traducciones a diversos idiomas. Algo que puede resultar interesante para el lector hispano es que, pese a ese reconocimiento de la crítica literaria oficial (por ejemplo, el Pasaporte de la muy influyente revista Polityka, algo así como un premio de la crítica), Sapkowski fue, y sigue siendo, un miembro activo del fandom polaco. Partícipe en casi todas las convenciones desde hace muchos años, ganador de todos los premios del género en Polonia, articulista habitual de las revistas de fantasia y ciencia ficción, Andrzej Sapkowski es, además, un acérrimo defensor del fandom. Los fans hablan a menudo de su accesibilidad, su trato afable y su disposición a colaborar con fanzines y revistas. No olvidemos que el género en Polonia, pese a los prejuicios con que es tratado, ha conseguido alcanzar un reconocimiento oficial envidiable; así, los libros de Stanislaw Lem son lectura obligatoria en la escuela; la novela experimental polaca por excelencia del período de entreguerras pertenecía al género (“Nienasicienie” de Stanislaw Witkiewicz) y otros importantes escritores de hoy día, además de Sapkowski, están relacionados bien con la fantasía sin atributos (Olga Tokarczuk) o bien con la pura ciencia ficción (como Rafal Ziemkiewicz, un periodista y político ultraderechista, afín al fandom, que escribe sorprendentemente bien y publica en la misma colección que Sapkowski).
De esta forma, el wiedzmin, desde su primera publicación hasta hoy, ha ido acompañando la transición de la sociedad polaca y de las sociedades europeas orientales en general desde el socialismo terminal hasta el capitalismo salvaje. Las preocupaciones de muchos antiguos habitantes del socialismo real se veían reflejadas en la trama, crítica contra los totalitarismos y desencantada con las supuestas bondades del libre mercado. La reflexión moral acompaña cada paso de la obra. Sapkowski muestra en ella toda la riqueza de posiciones posibles, se dan argumentos políticos, morales, sociales, ecológicos incluso, en contra o a favor de matar a los monstruos (y a los seres humanos); hay conspiraciones muy realistas y politiqueos bastante asquerosos; se desmenuza el fenómeno de la guerra, con todas sus miserias y sus presuntas grandezas. Y al mismo tiempo, y ésa es otra de las causas del éxito de la serie, Sapkowski ofrecía un mundo donde exiliarse y olvidar el gris de la vida cotidiana, un mundo lleno de aventura y heroísmo, pero también de estupideces y crueldades. «Como la vida misma», debieron de pensar los lectores polacos, postmodernizados de pronto por obra y gracia del fin del sistema.
SAPKOWSKI, EL BRUJO DE LAS PALABRAS
Lo más portentoso de la serie son, sin embargo, las tres grandes virtudes de Sapkowski como escritor, que resumiremos en tres:
La primera es su increíble realismo y sentido común. Sus personajes, desde el campesino más secundario hasta la princesa coprotagonista, son de carne y hueso, reaccionan siempre como reaccionaríamos nosotros de estar en su pellejo, sus sufrimientos son reales y, creo que por primera vez desde Tirante el Blanco, los caballeros comen, cagan, a veces son tontos y a veces inteligentes, follan, pero no siempre bien, las mujeres tienen la regla y hay bancos —dirigidos por gnomos— donde el brujo ingresa su paga. La diferencia con otras series estriba en que tales elementos no están metidos con calzador —como ocurre con la fantasía «feminista» norteamericana— ni se trata de libros eminentemente paródicos —como los del Mundodisco—, sino que todo lo expuesto es necesario para desarrollar la trama y, a veces, explicar los fallos y problemas de los protagonistas. Así, por ejemplo, una herida mal curada en la rodilla le supondrá a Geralt ser derrotado en más de una pelea durante los momentos cruciales de la historia.
La segunda virtud de Sapkowski es su increíble talento narrativo. Quien esto escribe ha leído pocas veces una historia contada con tal abundancia de recursos narrativos, el uso de tantas aproximaciones indirectas a los acontecimientos, de tantos personajes que en su debido momento cumplen la función que deben cumplir. En ciertos aspectos, la saga recuerda a Manhattan Transfer de Dos Passos o La colmena de Cela, con la diferencia de que Sapkowski utiliza los mismos recursos en capítulos de distinta longitud pero siempre manteniendo la unidad de lo narrado. De esta forma, consigue una aventura fascinante, capaz de enganchar al lector y mantenerlo siempre en vilo pero a la vez consiguiendo que éste no se sienta un idiota descerebrado, como en tanta épica dragonera de baratillo.
La tercera virtud es el lenguaje empleado por Sapkowski. Su estilo es refinado, poético, pero sucinto, siempre capaz de sorprender. En ocasiones posee la cadencia de un poema épico; en otras, desprende un erotismo delicado y vital. Lo más destacable, en mi opinión, es la utilización (y creación) de un lenguaje popular desplegado en unos diálogos increíblemente brillantes. Porque la saga tiene de todo —épica, humor, descripciones, romanticismo, parodia, referencias...—, pero su aspecto más caracterísitco es precisamente esa creación de un mundo a la vez exótico y extremadamente vulgar, cotidiano. Podemos afirmar que es el escritor polaco vivo que mejor ha sabido captar el lenguaje popular de su país, el habla de los montañeses de los Cárpatos y de los campesinos de Galitzia... ¡y se trata de un autor de literatura fantástica! Conforme avanza la serie, los diálogos van haciéndose mucho, muchísimo más complejos, con dialectos, arcaísmos y coloquialismos que son, además, específicos para cada personaje. De hecho, el éxito de Sapkowski en Polonia se debe en buena parte a los diálogos: Sapkowski intercala elementos vulgares de la vida cotidiana entre el exotismo —no del todo imaginario— de paisajes y descripciones.
Como buen postmoderno, en la obra de Sapkowski hallamos también multitud de referencias literarias e históricas muy bien trabadas: aparece el arquetipo de la Bella y la Bestia —la Bella es una vampira ninfómana—, Blancanieves es llevada al bosque por un leñador que la viola y los siete enanitos son unos salteadores de caminos que se acuestan con ella. Hay alguna parodia sangrante (de los hobbits, por ejemplo) y el uso, casi siempre irónico, de los mitos célticos, incluyendo el del rey Arturo. Encontramos también en abundancia aspectos de la mitología eslava, algo que resultará muy exótico para los lectores foráneos, y también referencias a la historia y el pasado polacos, como la esporádica aparición del lenguaje oficial típico de la época comunista.
EL BRUJO Y TODO LO DEMÁS
La serie de Geralt de Rivia consta de siete volúmenes principales, aunque existen también una primera recopilación de algunos cuentos, publicada a principios de los noventa, y una antología de restos y versiones alternativas que apareció después de terminada la serie. La saga está compuesta por El último deseo, La espada del destino, La sangre de los elfos, Tiempo de odio, Bautismo de fuego, La torre de la golondrina y La dama del lago.
Para finalizar todo este rollo, sólo decir que los personajes, la historia, el mundo, el lenguaje es único. Destila realismo y credibilidad por todas partes, aunque veas volar a algún dragón o lanzar enormes bolas de fuego a algún mago. Hay una diferencia REAL entre el lenguaje de la nobleza y el del pueblo llano (para mí la frase es "así revientes, hideputa" :lol: ... aunque lo mejor las consecuencias!). Y que nadie se espere un Mundodisco, porque habrá humor e ironia, pero drama también y con ganas. Que ganas de que salgan los últimos libros...