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Title: [Relato] La historia de Knala Sunn
Description: Por Knala Sunn


Dhaufvir - February 8, 2006 07:38 AM (GMT)
La historia de Knala Sunn, el día de las despedidas.

El día empezaba, hacia frío y el aire desprendía un aroma a tierra húmeda. Los campos estaban listos para sembrar, Miok ya había dedicado la ultima semana a labrar sus tierras. Eran fértiles. Este año habrá buena cosecha, pensó. Mientras el sol alzaba por encima del horizonte sus primeros rayos, él hincaba sus manos para depositar las semillas que darían de comer a sus hijas el próximo año.

Siempre pensó que un varón sería más útil en las tareas del campo, idea que se desvaneció el día que tuvo su última hija. Al contemplar sus ojos poco importaban las carencias, su mirada bastaba para alimentar toda necesidad. Sentía que aquellos ojos eran el único recuerdo que le quedaría de la persona que yacía frente a él, sin vida, consecuencia de un parto difícil. Sus ojos eran los de su madre, eran claros y del color del atardecer, desprendían el mismo fuego que el sol antes de morir bajo el oeste. Decidió bautizarla con ese nombre, Sunn, terminada con la inicial del nombre de su amada, Nienna, para mantener siempre su recuerdo.

De repente, el aire cambió. Con él, vino un sonido de cascos y de metal. Se acercaban jinetes.

Eran dos. Sus armaduras relucían plateadas bajo el sol ya elevado. Llevaban insignias en los escudos, las mismas insignias que el mismo había lucido años atrás. Reconocería aquella rosa dorada por más años que hubieran pasado. Nunca olvidaría aquellos años de servicio a su majestad el rey, capitaneando tropas en epocas dificiles. Pero eso pasó, y eran tiempos de paz. No comprendía porque venían a buscarle.

Dos días después se dispuso a partir. Ataviado con antiguas vestiduras de guerra y su espada afilada de nuevo, comprendió la tarea que le había sido encomendada. Ejércitos de Charrs se habían vuelto a replegar en las proximidades de Ascalon, no eran numerosos pero había que convocar a las unidades de élite que protegían la corona. Los caballeros de la rosa dorada volverían a ser como antaño los que devolvieran la paz. El Capitán Knala Miok seria el encargado esta vez de guiar la batalla de forma distinta. Sus manos no eran viejas para mover la espada, pero su experiencia valía mas en la retaguardia. Esta vez no seria sus manos las que se teñirían de sangre, o eso era lo que él creía.

Se dirigió al carro acompañando a sus hijas. El carro las llevaría a un lugar donde cuidarían de ellas mientras el no estuviera. Un lugar seguro, pensó, allí las educarán como autenticas damiselas. La academia Nolani era lugar de culto y allí aprenderían buenas costumbres. Pero quien iba a pensar que el brazo del mal se había extendido por zonas insospechadas, nadie sabía que esta guerra no tenía precedentes. ¿Quien iba a imaginar que aquel carro jamás llegaría a su destino?

Subió a las dos al carro, las abrazo, y con una mirada dulce susurro a su primogénita que cuidara de la pequeña. Después las beso, a las dos, acarició las trenzas de Sunn y la volvió a besar. Esta vez lo hizo en sus labios, tiernos, dulces y rojos. Rojos, del color de la sangre que corría por sus venas, la misma sangre que corría por las de su padre, la misma sangre que mancharía su armadura, y la misma que bañaría la tierra donde su cuerpo descansaría en el final de sus días, en el campo de batalla.




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