Off: aquí cuelgo una cosilla que he escrito. Sepherim, me dijiste que podíamos ir poniendo cosas en nuestros topics para ir dando a conocer al pj y tal ¿no? Esto es algo que ocurrió antes de la llegada de mi pj a Paris. Tú creo que lo entiendes. Ya sabes como encontrarme, espero que os guste.Editado Sepherim,lo borro del censo.
Montpellier, mazmorras del Eliseo
El cuchillo volvió a descender una vez más.
Un alarido de insoportable dolor resonó en la celda. Estaba inmóvil, sus machacadas rodillas hacían imposible cualquier intento de movimiento. Ya casi ni las sentía.
Un espumarajo, mezcla de saliva y sangre, salió de su boca mientras se sacudía hacia delante.
¿Por qué? ¿Por qué le pasaba eso a él? Era un buen cristiano. ¿Acaso lo merecía? Y, lo que era peor, si lo merecía ¿Por qué no acababa ya? ¿Por qué no el mataba de una condenada vez?
Entonces la miró, bella como pocas, su cara pigmentada por pequeñas gotas de su propia sangre. Tan bella que no había podido resistir no mirarla. ¡Por La Santa Cruz, prefería la horca! ¡Dios lo sabía! ¡Solo quería pagar por sus pecados y que lo ejecutasen de una vez!
Pero allí estaba, abandonado por cualquier mano divina. A su merced, como un pajarillo entre las garras de un halcón que aprieta cada vez un poco más hasta ir asfixiándolo.
Agradeció no tener esposa y mucho más no tener hijos en los que pensar cuando el cuchillo rasgó su vientre. Un fino hilo de sangre tibia recorrió su ombligo llenándolo como un minúsculo pozo para seguir su camino y perderse por su pantalón. Miró a los ojos de la mujer, totalmente desprovistos de sentimiento. No había ira en ellos, no había placer, no había miedo.
Con diferencia aquello era lo peor. El no saber que se le estaba pasando por la cabeza. Si hubiese encontrado en ellos una pizca de maldad, si denotaran un poco de ánimo retorcido…pero no, era una mirada neutra, limpia. Le estaba procurando la más espantosa de las muertes sin ningún atisbo de culpa o éxtasis asesino. No podía aferrarse a nada de todo aquello. ¿Cómo maldecirla, como aquella pequeña iba a ser el demonio, con aquella mirada? No podía ser.
Un nuevo corte en el cuello hizo que su vista empezase a nublarse. Por fin, ya acababa, podía notarlo, sus brazos se entumecían por segundos, las fuerzas le abandonaban. Después de tantos cortes y golpes, después de aquella eterna noche, podría descansar en paz. Y morir era la mejor de las suertes para él porque sabía que si ella se lo proponía, tumbado en aquella cama, el gran sufrimiento que había soportado no era nada comparado con lo que podría hacerle. El hombre no sentía ya su brazo despegado del cuerpo, ni los huesos de sus piernas hechos añicos,ni sus tripas desparramadas sobre sus piernas. Solo era mente en aquel momento y empezó a rezar.
Un último pensamiento escapó por su boca entre estertores agónicos mientras el cuchillo se hundía en su pecho. Ya veía la luz blanca, ya llegaba al abrazo de la Virgen Maria, por fin llegaba a casa. La miró a los ojos, ya le daba muerte y acababa con aquello y solo podía decirle una cosa:
-Gracias.