Title: Al fin una digna invitada
Description: 22 de Agosto - Torre Vertzang - Privado
Dazbog Von Vertzang - December 19, 2005 01:02 PM (GMT)
Nota: Para situarte mejor en la escena, mira el plano de la planta en la que estas pulsando aquí.Espero que el material gráfico te sirva de ayuda y facilite la imaginación de la escena.Un carruaje atravesó raudo la aldea de Viollet en dirección a la torre de Von Vertzang. En su interior iba una de las más ilustres personalidades de Paris, Elois, D´Umbrelle. Hacía tiempo que ambos cainitas esperaban la oportunidad de encontrarse para intercambiar pareceres y disfrutar de la mutua compañía.
El carruaje se detuvo a la entrada de la torre y de el salió una hermosa mujer. La esperaba una mujer de piel palida y labios rojos con una sonrisa en el rostro.
- Bienvenida, madame D´Umbrelle. La llevaré a la sala de invitados, los criados se ocuparán de atender a sus siervos y sus caballos. Es por aquí…Con un gesto de la mano le indica el camino y ambas caminan a la par y en silencio por el interior de la torre, cuyo reducido tamaño, hace corto el camino. Entran en la sala donde aguarda Vertzang, en pie en señal de respeto y sin la presencia de los molestos cancerberos ghoul. Curiosamente, incluso el mobiliario está en silencio y la carne moldeada en las paredes se mueve poco y casi no supura.
- Bienvenida a mi refugio, madame D´Umbrelle. Es un honor tenerla como invitada. Mientras esté bajo mi techo, su vida será protegida con la mía propia y sus necesitades serán atendidas con presteza.Le hace una reverencia elegante y espera que la dama le ofrezca la mano para besarla. Que placer tener a un invitado que supiera apreciar la hospitalidady las buenas formas.
Nota: He acelerado un poco y he resumido la escena para no perder mucho tiempo describiendo el lugar una y otra vez y para agilizar la interpretación. Además de que estoy deseando empezar a interpretar cuanto antes. Espero que no te moleste ;)
Elois D'Umbrelle - December 19, 2005 09:49 PM (GMT)
Una invitación acogida con gusto en el seno del Chateux, la dama D'Umbrelle esperaba aquella misiva desde hacía algún tiempo cuando retomó su actividad política parisina, mas se hizo vital tras el acontecimiento de la Gran Corte. En cierto modo Von Vertzang y Elois eran como los polos opuesto de un imán, dispares pero condenados a estar juntos por una misteriosa fuerza magnética con los atraía al uno sobre el otro, pues siendo seres tan dispares resultaban al tiempo similares en las formas. No en vano tanto el Tzimisce como la ventrue consideraban el hecho de la hospitalidad entre la más valiosa de las doctrinas vampíricas, el demonio lo hacía a su forma desde luego, la francesa tmabién hacía lo propio, mas existía una sintonía.
Dejando de lado la breve introducción, apenas se conocían y eso que el uno se había informado bastante bien sobre el otro y viceversa. Aquella era la ocasión para medirse cara a cara, por esta vez sería en territorio local, afin a Vetzang, era de esperar pues había dado el primer paso y la posición de éste jugaban a su favor. La ventrue actuo en consecuencia del estricto protocolo y como si del mismísimo príncipe se tratase dejó sus obligaciones a un lado y acudió de inmediato a la llamada. Para su desventura no tenía un presente acorde con el demonio o en cierto modo no quería hacer ese presente, pues sabía que no habría mayor certeza en otorgar al demonio nuevas víctimas con las que "jugar" y bien que tenía algún criminal deleznable pudriéndose en sus mazmorras, pero ni el mayor de los crímenes era excusa para recibir el semejante castigo de formar parte en la colección de un Tzimisce, y es que Vertzang no había sido el único demonio en cruzarse con la delicada doncella, ni tan siquiera el primero en París. De la Voud ocupa ese puesto de privilegio si bien no se mantiene en él con la estima adecuada, habiendo desaparecido del panorama parisens sin mediar noticia o misiva alguna, un detalle por el que la doncella interrogaría al patriarca si las circunstancias lo aconsejaban.
Otro presente fue dado a la gentil cainita que al amparo de la noche acogió en el seno de la torre Tzimisce a la bienaventurada Elois. Una pequeña caja de plata de no más de ocho pulgadas de longitud y apenas la mitad de anchura, labrada artesanalmente con retorcidas figuras macabras acordes con las horrendas formas que gustaban a los demoniois, aunque el verdadero regalo estaba en su interior. Esperaría a que Vertzang le preguntara para describirle con detalle el porqué del presente, pero para entonces primaba seguir el protocolo y sin ánimo de importunar a su anfitrión siguió a la cainita entre los dominios de Vertzang bajo un manto negro de terciopelo que usaba a modo de capa y que un broche de oro lo mantenía sujeto sobre su cuello.
Fue llevada a la sala de invitados y para su sorpresa Vertzang, señor del lugar ya la esperaba allí, entendió pues la ventrue que su estricta puntualidad había sido muy acertada en esta ocasión. El Tzimisce, flamante dueño y señor de cuanto la rodeaba habló, una vez concluyó Elois respondió, serena, sobria haciendo gala de su peculiar estilo cortesano con una excelsa reverencia y unas nimias palabras cordiales expuestas en su dulce y suave tono de voz acaramelada.
- No esperaba menos de vos, Von Vertzang. Elois D'Umbrelle progenie de Guilles de Boillon, caminante en el camino de los Reyes, Maestra de la Vía y humilde miembro del noble linaje Ventrue, os presenta sus respetos esperando ser digna merecedora del ofrecimiento, al tiempo que se siente honrada por el derroche de hospitalidad de mi Lord.
Terminada su parafernalia, oratoria de rigor en ella, se reclinó y caminó hasta el señor del lugar secundada por una ligera y sutil sonrisa dulce y una mirada profunda marina, intensa como la mar revuelta en un día tormentoso y en cierto modo tormenta mística existía en el encanto que rezumaba la frágil doncella, misterioso, embriagador y a la vez intimidatorio, sus pasos medidos, su mirada manipuladora... la simple presencia de la ventrue irradiaba el respeto que la nobleza infundía en la plebe, mas aún Elois se hacía respetar por los cachorros, por supuesto Von Vertzang estaba exento de semejante encanto aunque no por ello le pasaría desapercibido, pues como alguien que no recuerdo bien ahora dijo en cierta ocasión:
Elois es simplemente Elois, nunca deja a nadie indiferente.
Mas aquel anfitrión, cordial y galán tampoco dejaría muda a la doncella, todo menos indiferente, mas si cabe tras contemplar los extraños lienzos que pobleban la morada, lienzos de carne, repugnantes a los ojos de la estética mortal, macabros incluso, pero que Elois tubo a bien salvaguardar sus comentarios, después de todo ella no era una mortal, él no era su primer Tzimisce...
Estaban ya cerca el uno del otro, la fuerza magnética invisible cumplía su propósito y casi por inercia un brazo envuelto en guantes de terciopelo quedó tendido tímidamente encontrando la respuesta apropiada en el caballero para regozijo de la dama pues sus espectativas quedaron colmadas.
Acto seguido, tímida y coqueta recogió la ventrue su extremidad para devolverla sobre su regazo, bajo la capa negra que yacía sobre su melena también color azabache y sonrió, mostrando sus pulida dentadura, débiles colmillos incluídos en ésta, no como ofensa o amenaza sino como ofrenda para deleite personal, pues en sus experiencias presumía la dama que los Tzimisce se aferraban a la bestia más que ningún otro clan de erigidos para gobernar al resto, y en su afán moldeador del cainita degustaban la expresión propia del ser interno en cada cainita, incluso los señores del Este se mostraban como tales a sus mortales, infundiendo miedo en estos, sin resquemor por ocultar su verdadera naturaleza atentando incluso contra las Antiguas Tradiciones, pero esa es otra historia...
Todavía en su papel, la ventrue temerosa inquirió al noble eslavo con su característica vocecilla.
- ¿Recibísteis ya mi presente mosnieur?
Sospechaba una negación, pero insistió en el asunto para ratificar su buen hacer ante el señor del lugar, pues acudió con un presente bajo el brazo, como dictan las viejas costumbres.
Dazbog Von Vertzang - December 19, 2005 10:21 PM (GMT)
El eslavo estaba completamente encantado con la presencia de la ventrue francesa en su refugio. Si los demás invitados fueran la mitad de educados que ella, jamás necesitaría ser desagradable con ellos. Había algo que los unía. A pesar de pertenecer a clanes enfrentados, a caminos distintos y a lugares dispares, algo había que no podía ignorarse. Algo que iba más allá de lo humanamente comprensible. Compartían además, una educación y un trato exquisitos, si bien en el caso del eslavo, las situaciones lo obligaban a menudo a ir un poco más lejos en sus palabras.
Recordó con admiración la hábil jugada de la ventrue en la Gran Corte. Ambos jugaban al mismo juego, aunque de formas diferentes y similares. Ella hacía de la paciencia y el saber esperar una, virtud, mientras que el eslavo se dejaba llevar en ocasiones por el calor de su sangre. Pero no se arrepentía de ello. Jamás.
Como odiaba a los ventrue. Quizá hiciera una excepción con Elois si esta demostraba ser tan distinta de los suyos como aparentaba ser. El odio estaba bien arraigado en su sangre. Sangre que había derramado luchando contra los ventrue Arpad y los ventrue de la Cruz Negra. Sangre que clamaba a gritos una venganza, solo pospuesta por la llegada de los usurpadores tremere. No obstante, era consciente de que su invitada no era ni Arpad, ni teutona. Pero si igual de peligrosa.
Una silla de madera noble labrada con detalle y perfección acude a la espalda de la francesa, presta a cumplir su obligación para con tan ilustre invitada. El eslavo se lo indica con un gesto para que no se asuste y tenga a bien sentarse en ella.
- ¿Se refiere usted a la cajita plateada? Si. Darja me la ha dado cuando han entrado. Aún no la he abierto. ¿Puedo preguntarle que contiene?
Ambos se encontraban ya sentados y un criado de bellas facciones y apariencia joven entro con dos copas doradas con sangre recién extraida. El tzimisce le dejó elegir la copa a su invitada como muestra de confianza.
Elois D'Umbrelle - December 19, 2005 11:49 PM (GMT)
Sorpresa. El apelativo más fidedigno para explicar la reacción de la ventrue para con la silla, sin embargo la ventrue salió al paso con una desairada sonrisa, jobial, inocente y dulce.
Tomó asiento, ocultando su oposición bajo una máscara de sobriedad, era reacia a tener contacto con aquel engendro, mas la hospitalidad primaba y el no ser descortés con su anfitrión la hizo sobreponerse al efecto mobiliario.
Von Vertzang respondió y añadió más preguntas. No esperaba menos y sonrió, manteniendo siempre una climax distendido entre ambos. El tzimisce ya había demostrado en La Gran Corte que era alguien impetuoso, al menos en lo que a Usurpadores conscierne y Elois ya había vislumbrado el talón de aquiles de éste.
- Encontrar un presente para vos resultó una tarea ardua, Von Vertzang, mas espero que alguien como vos lo encuentre interesante. Si abre la caja encontrará un pequeño pedazo de madera, una astilla.
La ventrue se sonrió, dejando un tiempo prudencial para que el Tzimisce anticipase su exposición, no quería resultar presuntuosa.
- Me fue traída desde Ultramar... y nada más verla supe que debía caer en vuestras manos.
Y el segundo envite, dos copas... Elois sólo tomaba sangre de cosecha propia, por motivos más que evidentes, no obstante tomó una copa sin titubear, con la mirada sobre el anfitrión en lugar de tenerla en los objetos portadores del nectar.
- A estas alturas ya debeis suponer que se trata de una "astilla negra".
Explicó la ventrue al Tzimisce, al tanto que sus ojos lo miraban profundamente.
Dazbog Von Vertzang - December 20, 2005 12:22 AM (GMT)
Dazbog era consciente de que los refinados gustos de los ventrue impedirían a su invitada beber de la copa que le ofrecía. Había sido la fuerza de la costumbre y su afán por complacer a los invitados lo que le habían ayudado a actuar de esa forma
- Si no deseáis mantener la copa en vuestras manos, podéis dejarla en la mesilla.
Una mesilla de pequeñas dimensiones se encontraba junto a ambos, donde poco antes no había nada. Para el eslavo, que los muebles se movieran era algo tan cómodo y habitual, que no se había parado a pensar en que pudiera importunar a su invitada.
- Con gran pesar he de decirle que aunque aprecio enormemente el gesto, desconozco el valor que pueda tener dicha astilla. Disculpe mi ignorancia, ya que a buen seguro, se trata de un valioso presente.
Inclina la cabeza para acompañar a sus palabras. Muy a su pesar, le gustaba como estaba empezando la cita. La ventrue estaba demostrando ser muy hábil y tomaba la iniciativa de forma magistral.
Elois D'Umbrelle - December 20, 2005 12:42 AM (GMT)
Podría haberse sonrojado de estar viva, pero ese no er el caso, así que la ventrue simplemente sonrió tímida antes de depositar su copa sobre aquella misteriosa mesita, aprecida de la nada y que más que otra cosa la perturbaban.
Tal vez el Tzimise pusiera mucho énfasis en su hospitalidad, pero ésta se tornaba a ojos de alguien no habituado a la morada en incomodidad, obviamente Elois no haría notar su malestar y actúo con indiferencia propiciando un nuevo diálogo.
- En verdad, no sé si es o no un buen presente.
Se sonrió mientras se pausaba.
- Circulan muchas leyendas sobre las propiedades mágicas de este artefacto, como también circulan muchos artefactos falsos. Aunque el origen de la misma se remonta a la propia cruz que sostubo en el Calvario a Jesus de Nazaret.
La ventrue sacó pecho, se acercaba un tema trascendental en aquella reunión y como esperaba la astilla, verdadera o falsa, actuaba como vehículo para dar paso a la trama.
- Dicen que puede resultar un arma mortífera en las manos adecuadas, sin ánimo de desmereceos podeís consultar a cualquier celote antiguo, seguro que os instruirá en su uso con algún grandioso elogio para su progenitor.
Dulzura en su rostro ante lo que se avecinaba a pronunciar.
- En caso de ser verdadera os será de gran utilidad en bustra lucha contra los usurpadores.
Los ojos de la ventrue centellearon por un instente, mientras tomaba su copa e hizo el ademán de beber, mas se pausó antes de que el caliz rozase sus carnosos labios. Tenía alog más que añadir que dejaría caer como si nada.
- Por cierto Von Vertzang, por que asunto en particular fue requerida mi presencia.
Soltada la frase, después de la bomba "usurpadora" en el seno de las entrañas Tzimisce, sólo quedaba esperar la reacción que la ventrue sospechaba sería impulsiva, aunque no lo suficiente para haber ofendido a su anfitrión.
Dazbog Von Vertzang - December 20, 2005 03:10 PM (GMT)
La bomba de la ventrue no había tenido el efecto deseado. Si en verdad era una astilla de la verdadera cruz, era el mejor de los regalos, pero no por el motivo que ella señalaba. Para acabar con un usurpador no necesitaría de ayudas externas de ningún. Y desde luego, eliminar a Goratrix con o sin ayuda, no entraba dentro de sus planes. De ser así, hacía ya tiempo que habría atacado con rapidez y eficacia, para marcharse luego y no volver. Sus objetivos eran distintos y requerían más astucia que fuerza.
Así que la reacción del tzimisce no fue para nada impulsiva. Se reservaba ese tipo de reacciones para cuando fueran necesarias.
- No hay un motivo en especial que quepa destacar sobre los demás. Es solo que es usted la cainita que más respeto en esta ciudad y que no podía dejar pasar la oportunidad de tener una agradable charla con usted. Si además, sacamos algo en claro de este encuentro que nos sea a ambos de utilidad de cara al futuro, tanto mejor.
Bebe un sorbo de su copa y sonríe. Daba gusto encontrarse con alguien como Elois para disfrutar del perdido arte de la conversación.
- Aunque ciertamente, me gustaría saber si se considera usted segura y protegida ante un posible ataque de los lupinos. Esas bestias no respetan la edad o la posición y la situación alejada de vuestro castillo no es la más idónea para sus salidas a la ciudad. Con sumo placer me ofrezco a corresponder su presente con el ofrecimiento de cuanto esté en mi mano por garantizar su seguridad.
Nota: En realidad, lo más importante que podamos hablar depende mucho de lo que sucede ahora mismo en la corte. Por eso he tratado de rodear el tema un poco para dar tiempo a que la corte ocntinue y así poder hablar de ello sin meter la pata.
Elois D'Umbrelle - December 20, 2005 10:58 PM (GMT)
Elois sonrió cordial, las ofrendas de su interlocutor lo merecían cuanot menos, quizás entrada la noche se decidiera a revelar por fin el porqué estaban ambos allí reunidos, no le correspondía a ella juzgar.
Arrimó su copa con cuidado a sus labios y pareció tomar un sorbo, sólo en apariencia (FDI: Etiqueta 3) pues en realidad nunca saboreó el más que jugoso néctar, sin embargo su fino olfato la alertaba que aquella vitae no era de la calidad exigida para su fino paladar.
Tras esa representación depositó la copa en la mesilla, mostrando satisfacción por el manjar injerido o que así lo entendiera Von Vertzang.
- Herr Dazbog Von Vertzang.
Curioso el inicio esta ocasión de la ventrue, casi parecía que hablaba en germano y así lo hacía, no como insulto sino para mostrar afinidad, pues su tono era cordial.
Por otro lado quería comprobar la reacción, La Cruz Negra era un punto importante a tratar aquella noche, si convencía al demonio incluso obtendría una recomendación para entablar negociaciones con Rustovich, pero aún era pronto...
- Debo indicar que os proceso el mismo respeto, tanto ahora como siempre será un placer conversar con vos y degustar vuestra hospitalidad.
Tomó de nuevo la copa quedándose a medio camino, sostenida en sus manos.
- Si sacamos algo fructifero, sólo el tiempo lo dirá, mas de momento gozais de mi amistad y os considero uno de los mejores conversadores de toda Francia.
No era el momento de racanerías en elogios, el Tzimisce los merecía...
- Las bestias...
Obviamente se refería a los lupinos.
- ... Son interesantes, desde luego no puedo presumir de haber matado con mis manos desnudas ninguna de ellas, pero si de sobrevivir un careo y eso es más de lo que muchos desearían, no por ello digno de elogio, sólo un dato sin importancia...
Una pausa, la ventrue ya había mareado un tanto la perdiz y era el momento de tratar cierto asuntillo pendiente...
- Agradezco la preocupación que mostrais por mi seguridad y por ello os doy gracias infinitas, más incluso cuando ya me habeis salvado en una ocasión.
Con sutileza dejó caer el inciso, esperaba que el Tzimisce no supiese en que modo la había salvado y preguntase, dejándole a éste la iniciativa del tema, como correspondía estando en su morada.
Dazbog Von Vertzang - December 20, 2005 11:21 PM (GMT)
La admiración que sentía por la ventrue crecía de forma continua con cada maniobra suya. Una vez más, le dejaba con la duda sobre algo para que preguntara. Era una buena manera de manejar la conversación. De eso no había duda.
- Muchas gracias por sus amables palabras. Mas disculpe que le pregunte, en qué ocasión la he salvado. Es algo que me ha sorprendido, ya que aunque con gusto la salvaría cuantas veces hiciera falta, no recuerdo el momento concreto en eel que yo pudiera haberlo hecho. Disculpe mi ignorancia.
Inclina la cabeza, casi sumiso, en un gesto que nadie más en Paris le vería hacer, pero que la mayoría estaría deseando poder verlo.
Elois D'Umbrelle - December 20, 2005 11:36 PM (GMT)
Elois sonrió disculpando al Tzimisce, como si éste hubiera propiciado una broma, mas colmó su inquietud sin hacerle un desgaste inoportuno de paciencia.
- Bueno Von Vertzang, vos personalmente, no, pero si uno de vuestros siervos.
La ventrue posó nuevamente la copa en el mueble acondicionado para ello, así tenía más libertad para gesticular y dar más énfasis en su narración.
- Noches atrás mi carruaje sufrió un accidente y unos bandidos me acecharon no lejos de aquí. Mas un siervo vuestro acudió raudo en mi defensa reduciendo a los indeseables.
Hasta el momento todo normal, pero de aquí en adelante la ventrue se mostró un poco disgustada, el tono la delataba.
- Después el caballero partió sin demora y realmente debía tener prisa mi señor, pues no pudo acercarme a la villa ni tan sólo ayudar al cochero para cambiar la rueda.
- A veces desearía tener criados tan eficientes que no se demoren en el cumplimiento del deber con distracción alguna como la que le propuse a...
La mirada azúlea buscó el techo simulando el rebuscar en sus pensamientos, como si no tubiese mayor importancia el asunto y apenas lo recordase, pero el nombre de Mikael Bratovich estaba bien grabado en sus recuerdos, así como sus modales.
Los ojos se posaron de nuevo en los del demonio, aunque el resto de su faz mostraba alguna incertidumbre.
- ...Bueno, era un muchacho joven, apuesto y fornido, de modales un tanto rudos, al menos con las doncellas francesas...- Dejó caer un leve comentario más sobre la actuación del lacayo.
- De seguro no era de por aquí pues tenía acento del este, cro que dijo llamarse... Mikail o Mijail... sí, algo así, ruego disculpeis mi ignorancia sobre ese respecto, mas el apellido me resultaba también un tanto extraño, quizás fuera Bravich... tampoco estoy muy segura, no hagais caso.
Y sonrió tomando la copa que hacía las veces de juguete en sus delicadas manos.
- Ciertamente, espero que reciba la recompensa apropiada de vuestra parte por su hazaña. Lo habría recompensado yo misma, pero en aquella situación no pude más que ofrecerle mi gratitud.
Para entonces Von Vertzang debía tener una idea aproximada de quien se trataba, y la ventrue no lo dijo pues no debía inmiscuirse en como debía ajusticiar a sus lacayos, mas la descortesía de éste había dejado en evidencia la hospitalidad de su señor.
Dazbog Von Vertzang - December 21, 2005 12:24 AM (GMT)
Vertzang sonrió ante su propia ignorancia y el hecho de que la ventrue se la recordara
- Con razón no lo recordaba. Aún con más razón teniendo en cuenta el hecho, de que mi vasallo no me habló del suceso.
Bebe un sorbo de sangre y ve como la copa de la patricia sigue llena. En fin, una verdadera lástima. Al parecer, la sangre de doncella no era lo que la dama prefería.
- Lamento no haber acertado con la elección de la sangre, madame D´Umbrelle. Si gusta, puede seguir con la copa en sus manos, resulta relajante, pero no será necesario que trate de beber por cortesía. Jamás dudaría del hecho de que no lo hace por faltarme al respeto. Comprendo sus necesidades. Lo mismo me pasaría a mi si usted me ofreciera pasar el día en su chateaux, por agradable que me resultara la idea, me resultaría casi imposible.
Aquello no era del todo cierto, ya que el eslavo era precavido en extremo y siempre tenía un par de puñados de tierra consigo. Si bien no era comparable a la cantidad que prefería para un adecuado reposo.
- Y lamento aún más los escasos modales de mi vasallo Mikael Bratovich. Casi acierta con el nombre- dice con una sonrisa- Es un joven impetuoso que no destaca por su buen trato ni por sus palabras. Su fuerte son las acciones y como usted me ha dicho, cumplió con creces en la tarea de protegerla, aunque no en lo segundo. Prometo que le recriminaré su conducta y que lo castigaré de forma severa. Quizá la próxima vez se acuerde de ser más amable con usted, si lleva su nombre gravado a fuego en el pecho.
El eslavo no estaba de farol. Si la ventrue lo consideraba adecuado, así lo haría.
- Aún así, me gustaría pedirle que le disculpe, ya que es joven e impetuoso y a menudo su obediencia es tan ciega que resulta de lo más irritante. Le pido que disculpe su falta de modales en recompensa por haberla salvado momentos antes. Se que no es excusa, pero todos fuimos jóvenes e inexpertos alguna vez. Mil perdones.
Y una vez más inclinaba la cabeza ante la ventrue que estaba consiguiendo lo que diez cainitas con espadas y hachas no conseguirían.
Elois D'Umbrelle - December 21, 2005 08:01 PM (GMT)
Una sonrisa más acompañó a la de Von Vertzang durante la velada, su origen podría ser variopinto, diversidad donde elegir existía desde luego, por algo aquello era la morada de un Tzimsice: tapices de carne, sillas, mesas, etc. Había un sin fin de posibilidades, pero no, aquella sutil sonrisa, dulce y hermosa sólo danzaba en un recóndito lugar de la magnífica morada, un reducto de nobleza ancestral calificado más que en adorno en un destello con luz propia, pues radiaba un calor extraño, maternal, que sin embargo jamás podría calificarse como humano. Sólo eran dos carnosidades entre la carne, poco retorcidas valga la redundancia acentuada del lugar. Juntas una sobre la otra en un pálido rostro marmóleo, pulido y frágil cual porcelana que auguraba un tacto tan sensible que podía romperse con una sola mirada perdida. En efecto, se trataba de la doncella del cabello azabache, Elois D'Umbrelle que sin ánimo de complacencia o sumisión respondía así al ingenio de su anfitrión plasmado en aquel comentario, en aquella broma.
Las brumas del destino se contorneaban sobre la ventrue, sobre su copa y sobre el entero néctar que la rellenaba, cuestión de tiempo que para alguien con la agudeza de Vertzang se descubriese el engaño, mas no era engaño por engaño, que de querer engañar la dama era de sobra versada, no. Aquel engaño era simple cortesía viendo el esfuerzo en agradar de su anfitrión, mas aquella selecta huésped tan delicada, gozaba de gustos tan selectos como delicados y fino era el olfato también cuando la sobrecogió una vitae no muy de su paladar.
Elois copa en mano estaba al descubierto, pero su piel siempre pálida era incapaz de ruborizarse por algo tan inocente y nimio como la cortesía ofrecida, estaba muerta y la piel seguiría tersa y nevada hasta el fin de los días, en contraposición la dama no carecía del don de la palabra y casi sin quererlo resbalaron éstas por la conjunción de sus labios hasta ofrecer sílaba a sílaba una melodía para el Señor.
- Me habeis pillado Von Vertzang y agradezco vuestra comprensión, no es por despreciar el alimento, pero todos tenemos vicios o virtudes, en mayor y en menor medida, para mi desdicha esta es la mía.
La rudeza macabra del lugar se vio contagiada por la dulzura de su voz, que embriagaba cuanto la rodeaba con palabras que traslucían en versos y versos armónicos hilbanando sonetos cual juglar eclipasaba en la noche a los grillos cantarines, que por otro lado no habitaban cerca de la Torre.
El dueño y señor habló mas la doncella de apariencia angelical calló como noches atrás lo hiciera en la Corte, sumisa mas esta vez por voluntad inherente.
Excusas daba el Tzismice acogidas en el seno de la diminuta figura posada frente a éste, de ojos marinos turbadores, perturbadores y penetrantes que romperían la moral del más valeroso de los Tempalrios con poco menos de un suspiro.
Nueva respuesta tendría de su interlocutora, no en vano gozaba de compañía, y de la buena sin desmerecer al resto, pero la dama era consumada oradora, dotes tenía y bien que las usaba.
- Mi señor jamás os pediré nada que vos no hallais decidido hacer, jamás osaré entrometerme en vuestra disposición, más pediré algo de clemencia para el insurrecto por vuestra parte si por mediación de quien parte se lo haceis saber al buen siervo.
Discurría una absurda piedad en su mirada y versos que contrastaban con odio aferrado cual oscuro era el sentimiento que procesaba por el lacayo, mas una parte de si imperaba sobervio castigo por la osadía de Mikael Bratovich el salvador. Aunque otra discurría en disculpas con su señor que cierto era culpa éste no tenía. Entonces llegaron nuevas dispensas y aquello si era una verdadera afrenta no contra ella, sino contra su Señor a quien había condicionado con sus actos, pero Elois, en aquel momento no era buen juez pues ningún mal deseaba al ofendido, siendo Vertzang a causa de la actitud del siervo en lugar del propio siervo osado y malhechor.
Más versos correrían en la noche...
- Dispensado quedais ahora y siempre conmigo Von Vertzang, pues vuestra hospitalidad y honor son incuestionables para esta humilde sierva.
Sonrisas y júbilo para romper con el mal trago que ninguno de los dos quería digerir, mas caundo la propia doncella había deshechado la ingesta posando copa en mesa, entrelazando manos sobre el regazo atacando al anfitrión con más buen humor del que nunca hubiera sospechado albergar en su alma.
Reconfortar a un igual la impulsaba de algún modo a suspirar consuelo incluso para alguien demoniaco como Vertzang.
Aunque nuevos pesares podrían avecinarse en aquella epopeya nocturna, por y para los cainitas, fraguada por el mismo destino que los tenía encerrados el uno al lado del otro, para bien o para mal, mas así jugaba el destino.
- Que sabeis de monsieur De la Voud, hace ya tiempo que no mora en mi entorno y ando preocupada por él, no atendió a mi llamada aún cuando concedió audiencia y tal desdén no es propio ni nunca lo fue en el caballero.
Dazbog Von Vertzang - January 10, 2006 03:53 PM (GMT)
Agradeció las palabras de la ventrue con una inclinación de cabeza aunque dudaba de que fueran totalmente sinceras. No porque Elois mintiera mal, sino porque jamás creía a pies juntillas lo que le dijera nadie sobre la tierra. Menos aún cuando esa persona era del clan Ventrue. Aunque fuera hermosa y exquisitamente encantadora. Menos aún.
- Le agradezco su comprensión, madame. Es usted merecedora de los más grandes honores.
¿Le creería ella? Probablemente tampoco. Y no es que el tzimisce mintiera mal. Aún así, el respeto mutuo parecía patente y por más sorprendente que resultara, la conversación parecía contener muchas más verdades que mentiras. Y estas últimas además, eran meras apariencias y formalismos. Curioso.
- Desconocía que estuviera citado con vos, madame. De saberlo, no le hubiera castigado como lo hice. De la Voud es un caballero, de eso no hay duda, pero su forma de actuar no era para nada la esperada por el clan. Estuvo retenido en mis “aposentos especiales” hasta que vió lo equivocado de sus actos. Desde entonces, sirve fielmente a los propósitos del clan. En estos momentos, se haya patrullando mis Dominios para evitar que nada extraño ocurra en ellos. Demasiadas cosas acontecen en París que no permitiré que se repitan bajo mi mirada.
Sonríe a la mujer. Era hermosa y gozaba de la visión de su rostro, pero podría serlo aún más. Le faltaba la simetría que acompañaba a la verdadera belleza. Aunque con su temperamento, mejor se callaba sus pensamientos sobre las proporciones del cuerpo de la patricia.
- Veo que esta noche, no hago más que disculparme, madame D´Umbrelle. Tenga de nuevo mis más sinceras disculpas por la ausencia de mi vasallo. Espero que el desgraciado hecho no entorpeciera sus quehaceres.
¿Cuáles podían ser esos quehaceres? No tenía sentido perder el tiempo preguntándoselo. Un poco de tortura bien realizada a su vasallo le daría las respuestas.
Elois D'Umbrelle - January 10, 2006 09:36 PM (GMT)
Elois sonrió cortés, aunque extrañada, no por las palabras del voívode, sino por las formas de éste, el cual se mostraba hospitalario donde los hubiera, pero no cesaba en pedirla disculpas, no podía seguir acosando así a su anfitrión, tampoco era educado.
- Mi señor Von Vertzang, debo imploraros que cesen ya las disculpas, pues no es ético que vos mi anfitrión lo hagais continuamente con esta humilde huesped, dispensado quedais ya de sobra en la noche con el recibimiento y la hospitalidad ofrecida.
Volvió a Sonreir, aunque su instinto la incitó a comentar el asunto con Von Vertzang, en mayor medida lo prefería a De la Voud, quien tampoco le resultaba un Tzimisce digamos muy "tradicional", relacionándose con el vulgo y haciendo labores de plebeyos, por no recordar sus modales... que no tenía, al menos no los de alguien de su posición.
- En verdad es un tema interesante el cual sospecho pudiera interesaros y en el que de buen grado haría partícipe a su gracia si así lo gusta.
La ventrue estaba dispuesta a ahorrarle el tiempo al primogénito, tener que indagar, preguntarla o incluso torturar al pobre De la Voud para sonsacarle todo, aunque sospechaba Elois que de todas formas el muy necio sufriría tales atenciones. Peor para el...
Dazbog Von Vertzang - January 16, 2006 09:55 PM (GMT)
Asintió a modo de reconocimiento y agradecimiento. Una cosa estaba clara; jamás desearía a la ventrue como enemiga. Debía de ser terrible y no precisamente en el campo de batalla.
- Será un honor que me haga partícipe del tema y estoy seguro de que me interesará si es de su interés.
Lo que en efecto, no cambiaría el hecho de que De la Voud habría de contarle hasta el último detalle del asunto con pelos y señales o lo pagaría en sus carnes. Ahora tendría la versión de la patricia para compararla con la del joven en caso de que este tratara de mentirle.
Al parecer, Elois gustaba de llevar las riendas de la conversación,. Asegurándose siempre de ser quien escogía el tema a tratar. Tanto mejor. Antes o después, terminaría por enseñar sus cartas. Momento que el eslavo aguardaba pacientemente. De las conversaciones entre los dos podrían surgir las ideas que cambiaran Paris. Para bien o para mal.
Elois D'Umbrelle - January 30, 2006 03:06 PM (GMT)
Observó el tímido interés que Von Vertzang desprendía, de seguro no consideraba aquel asunto digno de mención, puede que algo insulso, pero de conocer la magnitud de las sospechas que barajaba Elois haría todo lo posible por involucrarse, sin embargo, debía hacerse con sutileza, justamente la especialidad de la ventrue...
- Vereis mi lord Von Vertzang.
Ahora la tímida parecía Elois.
- A nuestras manos llegaron unos conocimientos de ancestrales escritos cainitas, compuestos por una serie de tomos que relataban una travesía y que se enmarcaban en la ciudad de Bizancio, existía un pergamino que era la clave del enigma, pero fue robado de la Sorbona antes de poderlo analizar como merecía. Monsieur De la Voud fue el más próximo a ese escrito y será quien mejor os informe al respecto.
La ventrue cual oradora veterana dio tregua para asimilar, más por método que por oyente pues Vertzang era alguien sin lugar a dudas excepcional.
- Los tomos en cuestión moran en posesión de los caballeros Aaron Ben Eleazar y Engel Tod, los cuales supongo su gracia habrá oído mencionar aunque sea lejanamente.
Elois sonrió, atribuía una magnificencia al Tzimisce aduladora, aunque ella misma sospechaba que quizás no los supiera ni tan siquiera reconocer en la distancias cortas, pero presuponer la grandeza del anfitrión era la mejor forma de no resultar osada en sus conocimientos y proseguir desglosando el asunto.
- Como decía... en una reunión fuimos espiados y la seguridad de mi domino fue franqueada y profanada...
Su voz fue lacónica aunque su mirada estaba furiosa por el hecho, insólito en si.
- Desde entonces hemos avanzado poco en nuestras indagaciones, aunque he de reconocer que cada nueva pista nos conduce a nuevas incógnitas en lugar de desvelar el misterio.
Sonrió tras la exposición, no hacía falta precisar más... por el momento...
- Que os parece a vos, si no es muy osada la pregunta mi lord. Simplemente querría contrastar opiniones con alguien de vuestra sagacidad y experiencia, aunque supongo que monsieur de la Voud ya habría acudido a su gracia, algo con lo que su humilde invitada ya contaba, sino sería un hecho imperdonable...
Malicia en su lengua, estaba claro que Elois preferiría tratar con Von Vertzang que con de la Voud el impresentable.
Dazbog Von Vertzang - March 3, 2006 11:37 PM (GMT)
El gesto del eslavo variaba entre la media sonrisa y el ligero desagrado sin que hubiera una diferencia apenas notable entre ambos. Cuidó de que su gesto no importunara a la oradora y no la interrumpiera en su exposición de los hechos. Si quería podía hablar del precio del grano en las ciudades del norte o de la última moda entre las fulanas de Iberia, que el eslavo, seguiría escuchando con sumo placer la melodía de su voz y la cadencia de sus palabras. Era una gran oradora. Y peligrosa. Encantadoramente peligrosa.
- Es una historia muy interesante la que me cuenta, madame. Mas me temo que su última suposición es mucho menos acertada de lo que a ambos nos gustaría. De la Voud no me ha mencionado nada al respecto.
Sonrió mostrando su blanca y simétrica dentadura de una forma que para nada expresaba una sincera alegría. Muchos caerían aterrados bajo el peso de su sonrisa. Pero no Elois. El gesto no iba dirigido a ella y aunque así lo fuera, estaría a la altura de las circunstancias.
- Habré de tomar medidas al respecto. Cuando le selle los labios durante dos o tres semanas y no pueda hablar ni alimentarse, aprenderá a apreciar más el don de la palabra. Quizá entonces lo use para informarme de aquello que es obvio que debe hacer.
Su sádica sonrisa desaparece tan pronto como llega y es reemplazada por un gesto serio y formal.
- Mis diculpas. En mi malestar por el error de mi vasallo he olvidado lo que a mi juicio es lo más importante de su historia. La profanación de vuestro refugio. Me siento obligado a ofrecerle mi ayuda para que algo así no vuelva a ocurrir. Dispongo de métodos tan efectivos, que cualquier pretendido intruso desearía no haberlo intentado jamás…
Elois D'Umbrelle - March 4, 2006 12:34 PM (GMT)
Despacio fue alterándose el semblante de Elois, no precisaba de vicisitud o algún don oscuro para alterar de esa forma su expresión facial, era algo aterradoramente natural, la dama tenía más de mil caras y en aquella ocasión ofrecía a Vertzang la más... sagaz, por llamarlo de alguna forma. Poco a poco una sonrisa que no acababa de consumarse quedose frustrada por un inmediato atisbo de preocupación, muecas incluidas, teatralidad más que de sobra atribuida.
Sobre la mirada, que decir de aquella mirada penetrante, rapaz y escrutadora que se transformaba en indefensa e inocente a placer para expresar tristeza, incluso Vertzang juraría que de no estar muerta ríos correrían por sus mejillas transportando consifo el dolor de la injusticia. Injusticia sobre Vertzang por verse privado de la información.
- Es algo inaudito.
Expresó casi con un nudo en la garganta hasta el punto en que tuvo que detener su talante orador unos segundos para recobrar aparentemente fuerzas.
- Lamento profundamente que De la Voud no os informara, de haberlo sospechado yo me habría hecho cargo de informaros.
Volvió a detenerse unos instantes.
- Ruego dispenseis tal negligencia con la promesa de que no volverá a ocurrir, pues de ahora en adelante procuraré que esa información corra de mi cuenta y no por intermediarios.
La angustia había desaparecido paulatinamente con cada palabra recitada en su amplio repertorio, cambiando de aflicción a determinación sin apenas notarse el cambio.
Un silencio más prodigo en longevidad se hizo presente secundado por una tímida sonrisa, pues iba a cambiar de tema.
- Volviendo al asunto de seguridad, si no es mucha indiscrección lord Vertzang, me gustaría de saber cuan métodos efectivos conoceis.
Dazbog Von Vertzang - March 7, 2006 02:35 PM (GMT)
El eslavo agradeció las palabras de Elois con una respetuosa inclinación de cabeza. No era necesario insistir en el tema que no pasa de ser una molestia menor ante problemas de mayor envergadura e importancia.
- Conozco varios y de diversa índole y efectividad. Algunos pudieran no ser de su gusto, lo cual me parecería completamente normal, dada la diferencia de nuestras procedencias y costumbres.
Toquetea suavemente el borde de la copa mientras piensa en las posibilidades. Lo primero sería comprobar cuales eran las necesidades. Lo siguiente, buscarles solución.
- Necesitaría saber de que tipo de intrusión estamos hablando. Dudo que se trate de una que pueda evitarse doblando los turnos de guardia…
Si había algo de lo que la patricia no carecía precisamente, era de hombres a su servicio. Tenía que haber algo más.
Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 03:14 PM (GMT)
Elois sonrió con dulzura, mostrando su blanca dentadura a juego con los carnosos labios que se contorneaban al unísono con un fin seductor que haría derretir la voluntad de más de un mortal por el mero hecho de poseerlos.
Se reclinó levemente, pensativa, mas su mirada intensa no varió manteniendo perenne el soberbio halo de mando que la caracterizaba, con aquella dulce voz capaz de doblegar a su gusto tal como el propio Vertzang modelaba los cuerpos con sus manos y que no se demoraría más.
- Mi lord, la certeza de vuestra palabra sólo es superada por la agudeza que demostrais y por ello me sentiría más segura si se os encomienda nuestra defensa en caso de guerra.
La ventrue, lanzó el primer envite, de pasada, dejándolo caer en oídos de quien debía escuchar, después su rostor volvió a danzar al son de una sonrisa, efímera pues los deseables labios se moldearían otra vez para emitir nuevas palabras, maestra era en ello y debía hacer gala.
- Sospecho de una intrusión ajena a la Estirpe, pues fue monsieur Aaron Ben Eleazar de Capadocio quien atendió a percibirla y a tenor de la palabra del distinguido Lord Thomas, ningún Cainita ha atentado contra la santidad de mi dominio, los lobos fueron descartados, mas ahora no atiendo a que o quien fue el causante y me pongo en vuestra infinita sabiduría para lograr resolver el preocupante enigma.
Así expuso expeditiva sus conjeturas, esperando quizás que Vertzang arrojara luz a ese preocupante enigma, pues si alguien irrumpía su dominio que no haría en el de otro cainita, en cierto modo atendía a todos los cainitas que tarde o temprano podían sufrir un ataque por aquel ente extraño.
Aún planeaba sobre ellos la guerra inminente contra los lobos, era normal la preocupación de la Ventrue.
Dazbog Von Vertzang - March 7, 2006 03:36 PM (GMT)
Una vez más, Elois D´Umbrelle le recordaba porqué odiaba tanto a los ventrue. Puede que ella se librara de aquel odio que se veía desplazado por el respeto. Si. El respeto. La ventrue sabía jugar sus cartas y tenía unas cuantas en sus manos. Aquello no le gustaba.
- Le agradezco sus palabras, madame D´Umbrelle. Los apoyos recibidos le hacen a uno sentirse con más derecho a ostentar el cargo. Si bien la última decisión, es y será del príncipe Geoffrey du Temple.
No muy sutil, pero no tenía tiempo para sutilezas. Se sabía el más capacitado para el puesto y no dudaba de que sería el elegido para ostentarlo. Era obvio que no era el único que así lo pensaba, de modo que la procesión de personajes variopintos que pretenderían darle su apoyo solo para luego cobrarse el pago de un favor inexistente no había hecho más que empezar. Primero la Monarca y ahora la Maestra de Vía. ¿Quién sería el siguiente? Dudaba que fuera alguien con el tacto y el fundamento de las dos precedentes. Sin duda serían pobres necios en busca de su favor a cualquier precio. Y tenía el culo para sentarse sobre él, no para que se lo lamieran.
- Eso complica mucho las cosas me temo, madame. Si no pertenece a la estirpe ni a los lupinos, ni su intrusión era física, por lo que he podido deducir, se trata posiblemente de magi o incluso espíritus.
Paladeó la sangre de su copa mientras trataba de relajarse un poco. Apreciaba el apoyo de la ventrue y lo aceptaría sin dudarlo en caso de necesidad. Pero los pensamientos que a raíz del ofrecimiento le habían asaltado, le habían inducido al resquemor. Quizá la ventrue no hubiera debido unir ambos conceptos en su intervención.
- Solo hay una posible protección ante tales intrusiones y es poseer la capacidad de detectarlas o en su defecto, disponer de alguien con dichas capacidades. Como fue el caso de Ben Eleazar en aquella ocasión. Como yo mismo poseo esa capacidad, mi propio refugio está protegido en ese sentido.
Se acordó de la magi que le había obsequiado con tan grata visita días atrás. Quizá ella podría decirle más sobre tales cuestiones.
- Será complicado. Pero le prometo que desde ahora mismo pensaré en como ponerle una solución al problema y trataré de averiguar lo que pueda al respecto. De momento y a falta de datos más concretos, es todo lo que se puede hacer.
A no ser que a la ventrue le gustara tener un poderoso espíritu protegiendo su refugio y debiéndole un favor. No. Por supuesto que no.
Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 04:20 PM (GMT)
El sentimiento que el nombre de Geoffrey du temple le propiciaba no era otro que el de una risa satírica que no pudo, no quiso, contener, por supuesto no existía deferencia para con Vertzang, sino cierto desdén por el príncipe y nucna sin perder la dulzura característica de sus labios o la elegancia de la nobleza.
- No me cabe la menor duda de que sois el más cualificado para ese puesto, mas no es un apoyo institucional, no quisiera llevaros a error por mi linaje y haceros creer que es el príncipe quien me envía a veros, eso sería una falta de etiqueta inaudita por su parte y por la mía al prestarme a tal deferencia.
Miró con cierta picardía reflejada en su faz.
- No, sabed que si Geoffrey supiera de mi apoyo , lamento confesaros que seríais el último a quein nombraría, pues sin saber como ni porqué mi patriarca tiene a bien hacer todo lo contrario a lo que su servidora aprueba, por ello y por el bien de una elección limpia, ruego mantengais en secreto este apoyo. No quisiera ser la causa de un indigno para ese puesto cuando todos saben que Lord Vertzang es el más capacitado.
Elois hablaba con una frialdad desconcertante que templaba cualquier fogosidad que representara el Tzimisce, tal como su dominio, incluso podría percibir como todo el entorno de su morada que la rodeaba quedaba plasmado con gélidos ramalazos de un halo frívolo.
Y en aquella conversación que empezaba a abordar temas políticos donde la ventrue se sentía más cómoda que cualquier otro, Vertzang arrojó una nueva incógnita en la cual Elois no había reparado hasta entonces.
¿Magi?, ¿espíritus?...
La doncella sospechaba de su existencia, pero poco o nada sabía de esos seres y del interés que podrían tener en su dominio, reflexionaria tendido sobre ello.
Retomando el tema de la seguridad, desde luego que no aceptaría la intrusión de las fuerzas del tzimisce en su morada, sería una muestra de debilidad que no estaba dispuesta a tolerar, por no mencionar que quedaría en deuda con él, una pérdida doble no estaba en su agenda de fracasos, de hecho no tenía.
- No os preocupeis mi lord, pues he tomado las medidas oportunas para que mi refugio no vuelva a ser franqueado.
Una risa maliciosa se formó poco a poco hasta alcanzar un nivel de tímido sadismo más propio de alguien del linaje de Vertzang que de aquella dulce ventrue. Se gurdaría para si las medidas, pero su audacia era de sobra conocida y prosiguió.
- Si tuve a bien mencionaros ese detalle, fue como muestra de mi apoyo hacia vos como mariscal, considerando así que debiérais estar al tanto de todo cuanto ocurre en París.
Calló un breve instante.
- Por otro lado no puedo más que agradecer vuestra infinita generosidad y preocupación, quizás algún día los ventrue podamos tener un patriarca como vos.
Elois estuvo a punto de encender la llama de Vertzang, pero desestimó introducir en la tertulia al indigno de Goratrix o su sucia estirpe. No era necesario por el momento... Cuando obtuviera nuevas sobre los libros hallados, lo sopesaría.
Dazbog Von Vertzang - March 7, 2006 04:40 PM (GMT)
Si Dazbog von Vertzang era fuego, Elois D´Umbrelle era hielo. Y aún siendo elementos tan contrarios y dispares, de su unión podía resultar algo tremendamente inesperado. Agua tibia tal vez. Las palabras de la ventrue habían contribuido a aplacar las llamas que encendieran minutos antes. Vertzang acompañó a la patricia en su queda risa. Que hermosa sensación.
- De nuevo agradezco sus palabras. Vuestro secreto apoyo vale más que cualquiera proclamado a gritos.
¿Si ya tenía medios para defenderse de tales intrusiones, porque le había preguntado? ¿Acaso ponía a prueba su capacidad para la defensa propia o ajena además de la predisposición a ayudar a una ventrue como ella? Tratar de comprender el funcionamiento y el orden en los razonamientos de Elois podía ser como perderse en un laberinto. Y aún no quería gozar de aquel entretenimiento.
- Me alegra saber que su problema tiene solución. Y una vez más, debo de agradecerle sus palabras. Me honra usted más allá de lo imaginable
La mecánica de la conversación volvía a seguir un cierto patrón. Antes la patricia había conseguido que tuviera que disculparse varias veces consecutivas y ahora estaba logrando que se viera obligado a agradecerle sus palabras otras tantas veces. Diriase que se trataba de una domadora de bestias con el látigo en la lengua. Soberbia.
- Me preocupa el buen juicio de Geoffrey si ha tomado por costumbre desoír los consejos más acertados que nadie pueda darle en esta ciudad. Desconozco que motivos puede tener para actuar de forma tan inapropiada. ¿Los conoce usted?
Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 05:47 PM (GMT)
Vertzang la acompañó y dejó entre ver parte del aprecio que sentía por el pelele, las cosas transcurrían mejor de lo estimado. Sin dudarlo era todo un caballero y uno de los pocos, sino el único, que la Ventrue salvaría en toda esa pantomima que habían forjado Geoffrey y Salianna en París.
Observó con suma complacencia y afinidad al demonio, contemplando como su fogosidad variaba, pero su sagacidad no cedía un ápice. Encomiable.
Con voz muy sobria replicó diligente al demonio, haciéndole ver su determinación en apoyarlo.
- No las merece lord Vertzang, sólo expongo la verdad.
Si el Tzimisce leyera su mente en aquel preciso momento, podría resarsirce en su gozo, pues ella sopesaba que sería un buen candidato para ostentar al principado, sin embargo no lo admitiría. Primero porque no la creería, segundo porque no admitiría nunca que alguien que no fuera Ventrue podía ejercer esa función.
El estado en su acomodo vario, sus piernas recularon y sus brazos adoptaron una pusa distinta, pero no por ello menos acorde. Pese a todo la elegancia no se la podía desatribuir a la doncella.
- Es algo complejo lord Vertzang y confiere más a un cúmulo de circunstancias que a un hecho conciso.
Llegaba el momento de poner en juego una baza interesante.
- No atrevería a comentarlo, pues no son más que suposiciones, pero alguien con su sagacidad y su sabiduría sabrá interpretarlo.
Elois hablaba con un gran respeto al Tzimisce, a fin de cuentas era un primogénito y bastante más anciano que ella, Geoffrey no había gozado de aquel respeto, sólo unos privilegiados como Vertzang lo tenían.
- Me temo que Geoffrey me tiene envidia, sé que está mal que yo lo diga y no deja de ser una sospecha, pero a tenor de los hechos no me queda otra. Para empezar sé de sobra que su sire Alexander me tenía más estima que a él y dentro de mi clan poseo mayor popularidad y respeto...
Mientras desarrollaba la idea gesticulaba sensiblemente con las manos, atribuyendo mayor énfasis a la conversación.
- Prefiero no hacer caso a las especulaciones, pero también sospecho que le asola una paranoia, quizás el cargo le vaya grande, aunque esperemos por su bien y desde luego el de todos nosotros, que no sea así, quizás le azote la misma demencia que a su señor, puede que sea hereditario...
Sonrió con desprecio, hacia Geoffrey por supuesto.
- En cualquier caso, no son más que especulaciones y algún comentario jocoso con el fin de agraciaros, mas no encuentro el verdadero motivo de su majestad por desoír mis consejos.
Suavizó sus palabras, enmascarando sus acusaciones en suposiciones y bromas, a fin de no entrar acusaciones directas, algo que no solía hacer, por ello le quitó hierro al asunto.
- Puede que un día se lo pregunte.
Y rió con cierta complicidad.
- Mas ahora vos, que tal impresión os propicia mi primogénito.
Era al príncipe cuando se refería por primogénito, por alguna causa no asoció el título más importante a la persona de Geoffrey, puede que intencionalmente.
Dazbog Von Vertzang - March 7, 2006 06:19 PM (GMT)
Y aquel era el gran día. Llevaba esperándolo desde hacía largo tiempo y ahora que al fin sucedía, quería saborear cada instante. Sentir el gozo del momento en cada fibra de su ser. Tomó un generoso sorbo de sangre para mejorar aún más si cabía el placer. Casi ronroneaba como un pequeño gatito al tiempo que su sonrisa se curvaba de forma extrañamente jocosa.
Elois había hablado mal de Geoffrey. Que gran momento. Habría que celebrarlo.
- Lo comprendo perfectamente. Desde el inicio de su irregular principado, el señor Du Temple parece no tener otra cosa en mente que demostrar a todos su autosuficiencia y su capacidad para ostentar el poder. Aunque para ello desoiga consejos, abuse de su poder o simplemente actúe de forma poco apropiada para alguien en su posición.
La sonrisa de desprecio que esbozara la ventrue, era increíblemente más seductora que una que expresara alegría o lujuria. El eslavo casi tenía que reprimirse para no lanzarse sobre ella para saciar su sed de placer. Pero supo contenerse perfectamente. En gran medida, debido al placer que aquellos momentos le estaban proporcionando.
- La envidia le corroe, es cierto. Trata de llenar el hueco que dejó su sire y no puede. Es un reflejo de su incapacidad para velar por el bienestar de París, que en los últimos meses se ve asolada por una desgracia tras otra sin que el principado le ponga diques al río.
Sonríe con placer y de forma abierta. El momento estaba resultando tremendamente gozoso.
- De modo que aunque podría expresarlo con palabras más duras, el contenido es el mismo. Coincido con vos en todo cuanto ha dicho. Es una grata sorpresa.
Calló. Se le ocurrían miles de formas de seguir la conversación encaminándola por donde quisiera pero había algo que le interesaba aún más. Quería saber por donde la encaminaría Elois. Cual sería su siguiente paso ahora que su rivalidad con el pelele era una realidad palpable para el eslavo. Y secreta. Por supuesto. Nada de lo que un honorable invitado a su dominio dijera entre sus muros, saldría de ellos sin su consentimiento.
El fuego y el hielo creaban algo más.
Y no era agua tibia…
Elois D'Umbrelle - March 8, 2006 03:08 PM (GMT)
Sentimientos contradicctorios se forjaban en el anima de la sangre azul, por un lado el desdén propio que debía procesarle a aquel que gobernaba, Ley del Talión decían algunos, mas por otro criticar como lo hacía sobre alguien de su linaje era extremadamente doloroso. El principe de París debía cambiar y sino cambiarlo, no había otra acción posible.
Ese apego lastimero se vislumbro efímero sobre la pálida faz, mas aquello pasaría por una mera máscara, rutinaria, pues el buen humor poblaba el ambiente.
Un talante serio y dialogante en el rostro de la patricia denotaba la trascendencia de sus palabras y la importancia que estaba cobrando el tema.
- Mi apreciado Lord Vertzang, no olvidemos que el gobierno de su majestad tiene su principio en lo más hondo y recóndito de lo mundano. La traición.
Sonrió, mas no era una sonrisa, era el diablo quien robaba su rostro a la doncella y lo plasmaba con sadismo y perversión para deleite del Tzimisce. A su modo, con frialdad temeraria y amparada en el juego dialéctico.
- Cimentar un gobierno de honor sobre ello resulta cuanto menos irrisorio.
No podía sino mofarse de la hipocresía que mostraba Geoffrey, aún le restaba su cita con éste, muchas cosas se habían dicho y muchas otras se obrarán desde entonces.
- Sería justo pues que se le pagase del mismo modo, así se recobrará el equilibrio natural.
El arco convexo retornó a su faz mostrando al implacable predador que portaba ojos asesinos, marinos y bellos, pero despiadados. Y es que no había lugar para la compasión hacia Geoffrey en la dama, ya no.
Poco después negó con la cabeza, contrariando su propia aseveraación.
- No, nosotros no somos monstruos, somos más sutiles y honorables. La traición son palabras mayores lejos de nuestro vocablo.
La confusión, gélida como era su origen, vertía todo su contenido en Geoffrey dejando para Vertzang un mágico pozo de los deseos donde el agua alcanzaba a ebullir tempranamente avivado por las mágicas premoniciones del deseo, el Hades se hacía presente amparado en la laguna Estigia, mas allí no había Cerbero, sólo parca muerte en augurios de Cassandra.
- Como habeis dicho mi lord, coincidimos en muchos puntos y es por ello que quisiera elevar nuestra relación a un nivel superior.
Ahora si, sonrió la ventrue ampliamente cual ser mitológico portando cuerpo de buitre.
Dazbog Von Vertzang - March 8, 2006 03:51 PM (GMT)
Sentimientos contradictorios se forjaban en el interior del tzimisce. Por un lado, las palabras de Elois y la afinidad que con ella parecía tener en cuanto a formas de pensar y razonar, que le inclinaban a adorarla como lo que era y dejarse llevar por su embrujo. Por otro lado, los viejos y enraizados prejuicios que a menudo separan a los clanes hasta hacerlos irreconciliables. Muchos jóvenes se veían arrastrados por los prejuicios de sus mayores, pero no era el caso de Vertzang. El eslavo había luchado más tiempo contra los invasores ventrue que contra los usurpadores tremere y las luchas dejaban un legado de cicatrices. No todas ellas visibles…
- Coincido con vos en todo lo dicho. Una torre ha de tener fuertes y estables cimientos para alzarse poderosa e inalterable. Cuando esos cimientos se hunden en el fango de la traición, la torre terminará por desmoronarse por si misma.
La última frase de la ventrue había disparado su aún controlada excitación. No sabía que entendía la duquesa por un “nivel superior”, pero como seguidor de la senda del Placer, se le ocurrían unas cuantas ideas.
Tomó el último sorbo de sangre de su copa para crear una falsa sensación de plenitud y satisfacción que paliara la creciente vorágine de su interior. Un torbellino de emociones que solo ocultaba por respeto hacia su invitada. Un respeto que jamás debía ser traicionado mientras se considerara tzimisce.
De no ser su rostro una máscara de perfección ambigua, sus sentimientos serían como un libro abierto. Contaba con la ventaja de que aún siendo Elois una maestra en leer las expresiones de los rostros humanos, su rostro distaba de ser llanamente humano.
El deseó se frenó lo suficiente para que ordenara sus pensamientos y les diera un orden y una continuidad estables. Lo peor ya había pasado. O aún estaba por llegar…
- Será el mayor de los placeres trasladar nuestra relación hasta dicho nivel. Aunque preferiría que me dijera a que se refiere exactamente con "siguiente nivel". A pesar de las coincidencias maravillosas que estamos descubriendo esta noche, somos muy distintos y nada me resultaría más doloroso que ofenderla por una sencilla cuestión de confusión idiomática.
Quizá lo único que pretendía, era que se tutearan...
Elois D'Umbrelle - March 8, 2006 10:39 PM (GMT)
Elois sonrió pícara, contemplando el abanico que ofrecía el Tzimisce, notables ideas danzaban alegremente por su mente, mas ella no las refrenaba tratando de escrutar los pensamientos que abordaban al demonios y mostrar más sintonía con este, sin embargo su rostro mostraba la fría lógica propia en ella.
- Me refería...
La risa la interrumpió en el habla, por supuesto fue un gesto estudiado, dejando entre ver que contemplaba y no con desagrado otras opciones que sugestionó Vertzang con sus palabras.
- A estrechar lazos entre nosotros y alcanzar un nivel mayor de compromiso.
Aún codeaba aquella sonrisa, mostrando parte de su sensualidad en cada gesto, con cada sonrisa, con cada mirada complice y pese a todo la soberbia la acompañaba demostrando su férrea compostura.
- Por ejemplo considero propio informaros que mis espías lograron el nombre de aquel que probablemente acaudille a los lobos y seguramente sea el general en la contienda que se nos cierne.
Se paúsó levemente, la sonrisa abandonó su cuerpo por siempre jamás, remalcando más la faceta diplomática de la dama secundada por la seridad de asunto que tocaba narrar.
- Gevaudan, Ira de Gaia.
Volvió a pausarse, tras la lenta pronunciación, el nombre así quedaba completamente establecido en el marco de la tertulia.
- Supuse que a nuestro mariscal le sería grato conocerlo, y lo digo con la completa confianza de que vos sereis mariscal, al menos para mis ojos, pues no encuentro a nadie mejor en París para el puesto.
La dulzura volvió y su voz recobró candez, siendo la fuga sensual efímera. Una vez más Elois sonreía dejando claras sus preferencias.
Dazbog Von Vertzang - March 8, 2006 11:02 PM (GMT)
Las ganas de reírse a carcajadas subían por su garganta como la lava de un volcán. Había dejado que el ansía de placer se antepusiera a su buen juicio. Nada que debiera preocuparle. Como seguidor de la senda del placer, seguía sus instintos sin ponerles cadenas. Aunque aún no les hubiera concedido rienda suelta.
La información que Elois le ofrecía era de suma importancia. Pero con sumo gusto la cambiaría por poder posar los labios en su clavícula. Era tan hermosa y se marcaba de una forma tan…
- Grande es el presente que me ofrece. Una gran colaboración para la defensa de la ciudad.
No dudó de la veracidad de la información. No era un tema con el que bromear y mentir y ella lo sabría tan bien como él.
- Yo tampoco tengo dudas al respecto. Le guste o no al príncipe, la propia Salianna se mostró a mi favor. De modo que la marioneta, seguirá los movimientos de su dueña.
Un sirviente entró con otra copa de sangre tibia para el eslavo que solo la tomaba por gula.
- Su apoyo no fue solicitado por mí pero tampoco fue rechazado. Será interesante ver que me pide a cambio.
Tomó un sorbo de sangre que apenas le supo a nada. Estaba lleno a más no poder y el color de su rostro lo reflejaba.
- Sigo sin ver con buenos ojos la guerra abierta con los Lobos, pero se hará lo que se deba de hacer llegado el momento. Aprecio esta ciudad mucho más de lo que pueda parecer.
Elois D'Umbrelle - March 9, 2006 12:04 PM (GMT)
Elois conocía lo destacada que resultaba la información que ofrecía al Tzimisce, mas no pretendía nada a cambio salvo potenciar su relación con éste, por suerte había sido aceptado gratamente al fogoso Vertzang, que como el mejor de los pura sangres se hacái intenso, correoso y enérgico en cada aseveración.
Sólo quedaba mostrar entereza o perdería el poco respeto que Vertzang la procesase, pues sospechaba el deseo en sus instintos placenteros, auqnue la dama de hielo permanecería alojada en su helado pedestal de descendiente pese a cualquier envite de lujuria que propusiera su anfitrión, ya había contemplado al decadente y patético Bavemberg en más de una ocasión, siendo éste quien aconsejara al demonio a cabalgar la bestia no era arriesgado esperar esos instintos.
Por suerte, Elois, poseía un regio fuste por mirada con el que aplacar el desbocado corcel y así miraría con cierta complicidad, mas todo quedarían en sugestiones y no en hechos, al menos por el momento.
- Lord Vertzang, si Salianna os considera apropiado, en breve se os nombrará mariscal pues Geoffrey no tiene capacidad para contrariarla. Mas no entraré a valorar que os pedirá la matrairca a cambio, tan sólo deseo que no turbe nuestra creciente relación.
Sonrió, comprendiendo que un favor de Salianna era algo que no podía escapar ni tan siquiera a Vertzang, quizás el único con fuerza para desafiar su voz fuera Goratrix, pero no estaba entre sus intenciones ofender así a Vertzang, ya había decidido no tocar el tema de los Usurpadores tiempo atrás.
- Las guerras nunca son buenas, suponen pérdidas para cualquiera de los bandos implicados, sin entrar a valorar el ganador, y las pérdidas por ínfimas que sean no dejan de ser eso mismo.
Algo de filosofía no venía mal, tampoco pretendía aburrir al demonio ahora que disfrutaba ociosamente de su opulencia, que por otro lado era un alarde de poder digno de tener en cuenta.
Elois calló brevemente, difícil resultaba tener callada a la dama, mucho menos siniéndose a gusto como se encontraba.
- Lord Vertzang, en vísperas de esta creciente amistad, me veo obligada a formular una petición la cual espero pueda contentar.
Miró con cierta complicidad, suponiendo cuan amasijo de pensamientos degenerados pasarían por la mente del Tzimisce, entonces rió ligeramente mostrando su picardía evidenciando que no se trataba de un favor exactamente sino de un juego de palabras que atendería a explicar.
- Como Maestra de la Via, pienso dar un festejo para los descendientes a primeros de año, pese a ser un acontecimiento único y en un círculo cerrado como son los caminantes de la Via Regalis, me sentiría sumamente honrada con su presencia, si no os presenta incomodo alguno. Vuestra aportación sería insustituible, siendo como sois uno de los más eminentes cainitas de París.
Efectivamente, no era un favor, aún, sino una invitación, de las que sólo Elois sabe ofrecer, dificil de rechazar sin duda.
Dazbog Von Vertzang - March 9, 2006 01:17 PM (GMT)
FDI: El anterior Vertzang parecía tener el poder suficiente y el orgullo de sobra para ponerse chulito con Salianna. Aunque yo no haya heredado el poder del pj junto con su nicho, considero adecuado ser fiel a todo cuanto hubiera hecho mi predecesor. Si eso implica que no me lleve bien con Trang Oul, que sea un chulo de tres pares de narices y que me juegue los cuartos contrariando a Salianna, así será. Hacer lo contrario no me parecería apropiado.
En absoluto permitiría que los deseos de Salianna se cruzaran de forma tan drástica con los suyos propios. Aún era pronto para preocuparse por ello, pero siempre cabía la posibilidad de que Salianna le “pidiera” algo que “casualmente” favoreciera al tzimisce. En caso contrario, su respuesta sería una clara negativa. Implicara lo que implicara.
- Puede confiar en que no lo hará. La edad y el poder son como una espada. No basta con poseerla, sino que hay que saber empuñarla. Sabré evitar que la Monarca nos perjudique en modo alguno.
Tenía algunos ases ocultos en la manga que pondría en juego si era necesario. No sería un pelele de Salianna. Con uno bastaba.
- Acepto el honor que se me ofrece con sumo placer y profundo agradecimiento. Será un honor participar en dicho acontecimiento.
Se levantó del trono para hacer una pronunciada reverencia. No era para menos, Un acontecimiento así era un entretenimiento sin igual y una oportunidad inmejorable para el juego social.
- ¿Se me permitirá llevar algún acompañante?
No dijo a quien pensaba llevar antes de que ella lo preguntara. No era comparable a la pausa que antes hiciera la ventrue para despertar sus más primarios instintos, pero era un comienzo. ¿Sentiría celos la duquesa? Por supuesto. Pero no había forma de saber si los sentía en esos momentos.
Elois D'Umbrelle - March 9, 2006 01:54 PM (GMT)
En el seno de la Ventrue existía agrado al comprobar el rechazo de Vertzang a Salianna, sin embargo un leve recelo suscitó aquella pregunta.
¿A quien tiene pensado llevar Vertzang?
La pregunta era importante, su mirada se templó ostensiblemente con la marca inequívoca de dudas albergadas en su rostro. No podía permitir la entrada de cualquiera en su casa, en aquella celebración por mucha estima que tuviera a Vertzang, aunque quizás aquellos anhelos serían confundidos y no sin razón con celos.
- Verá, Lord Vertzang, el citado acontecimiento es tan distinguido como elitista, por mucho aprecio que os tenga así como un profundo deseo por complacer cualquier petición partiendo de vos, debería sopesarla en amparo de la Vía Regalis y no por mis deseos.
Se pausó.
- ¿De quien se trataría?
La ventrue esperaba la respuesta con verdadero interés.
Dazbog Von Vertzang - March 9, 2006 02:09 PM (GMT)
Una sonrisa. Era maravilloso cuando todo encajaba de forma perfecta y precisa. Incluso cuando algo tan inesperado como dicha invitación, resultaba ser la pieza más perfecta de todas.
- Precisamente sobre los preceptos de la vía quería hablarle esta noche, madame D´Umbrelle. Si bien su inestimable invitación se me ha adelantado.
No quería cambiar de tema precisamente, sino indicar que ambos temas se habían unido en uno solo.
- Dicho acompañante sería Mikael Bratovich. El joven que será mi chiquillo antes de tan señalada fecha.
Hace una pausa para que la ventrue asimile tal noticia. Ella era la primera en saberlo y una noticia así no se daba todos los días.
- Es mi deseo, que Mikael siga los preceptos de la Vía Regalis. Ante mí tengo a su más notable representante. Sería un honor para mi que lo acepte como aprendiz de la vía.
Hace una profunda reverencia para reforzar la solemnidad del momento y de la petición.
- Si tiene a bien aceptarlo, su invitación estará entonces justificada al amparo de la vía.
El joven Bratovich era adecuado para dicha vía y le dedicaría a ella su cuerpo y alma. Su cuiquillo tendría ese privilegio. El de elegir el camino que seguiría el resto de su no-vida.
Elois D'Umbrelle - March 9, 2006 02:37 PM (GMT)
¿A que jugaba Vertzang?, su retorcida mente pretendía jugar con ella, o meramente despreciaba así la Via Regalis mofándose de esa forma... El castigo para el tal Bratovich que la ofendiera, ¿sería el abrazo?... aunque por otro lado si lo hacía aprendiz suyo, ella tendría la satisfacción de conducir su no vida hacia el respeto, un respeto que la debía procesar también a ella.
Sonrió, aliviada.
- Agradezco pues esa primicia Lord Vertzang, al tiempo que os pongo en conocimiento a vos también de la primicia del citado acto solemne, siendo Lord Vertzang el primero en París recibiendo una invitación, que por supuesto más adelante se hará oficial via escrita.
Volvió a sonreir, ampliamente. Todavía no había dado su opinión sobre el Bratovich.
- Tal como lo planteais, no veo inconveniente que vuestra descendencia asista, entendiendo que sería un buen acto para presentarlo en sociedad y en el cual presupongo estará a la altura de las circunstancias.
Y así salió airosa la Ventrue, ofreciéndole un detalle más a Vertzang, para poder presentar al nuevo cachorro ante las eminencias de París... de Francia...
- ¿Lord Vertzang?
Inquirió melosa en voz y talante.
- ¿Sería mucha presunción considerar que el recién abrazado en la noche y entre los descendientes contase su participación en la Sortija y la Quintena?
Sin duda participar en aquellos juegos previos a los grandes acontecimientos como la Justa darían cierto prestigio al caballero de tener éxito, aunque mostrando torpeza obtendría justo lo contrario. Por supuesto, siendo como era Vertzang su señor, no habría duda en que daría la talla. Mas aun reservaba peticiones la dama al demonio, pero cada cosa a su debido tiempo.
Dazbog Von Vertzang - March 9, 2006 05:01 PM (GMT)
No se trataba de ningún juego. ¿Quién mejor para enseñarle modales que aquella persona que había señalado la falta de ellos? ¿Quién mejor para enseñarle a adaptarse a la escena de París que su mejor actriz? ¿Quién mejor para enderezar la torcida personalidad del joven que la más recta de las varas? Había muchos motivos para la decisión del eslavo. El mayor de todos sin duda, la clara predisposición del Bratovich para seguir ese camino. Su concepto del honor y la gloría estaban en las antípodas de cualquier senda del pecado. Y no convenía forzar al joven con caminos equivocados.
- Agradezco que acepte la presencia de mi futuro chiquillo en su gran evento.
Lo que de forma sutil, debería significar que también lo aceptaba en el camino. Una gran noticia que no empañaría pidiéndole una clara respuesta afirmativa. O tal vez si…
- Los juegos de fuerza y destreza son siempre una buena forma de mostrar su valía para los jóvenes. No dudo que Mikael participará con sumo gusto en ellos.
Desconocía si la ventrue había creado progenie en algún momento de su no-vida. Sería interesante saberlo. De momento, se conformaría con las frías respuestas de la patricia. Aunque no del todo.
- Intuyo que desaprueba mi decisión de concederle el don al joven Bratovich. Si no es demasiado osado por mi parte decirlo.
Su tono de voz era neutro y relajado. No invitaba a la discusión, sino al dialogo.
Elois D'Umbrelle - March 12, 2006 01:02 PM (GMT)
Elois sonrió disimulada, quizás Vertzang la leyera la mente, de forma figurada o real, ¿quien sabe?. Pese a todo ella negó con la cabeza.
- En ningún caso me corresponde juzgar vuestros actos mi lord.
Jamás osaría decir a Vertzang como tenía que actuar, ni a nadie, bueno quizás a uno si, pero a su modo de ver se veía con cierto derecho.
- Es más, acojeré a vuestra progenie en el camino de los descendientes como muestra de mi aprobación e incluso os ofrezco el citado acontecimiento cual escenerio para presentarlo en sociedad.
Poco a poco la comisura de su boca se fue estirazando sin motivo aparente hasta alcanzar una diabólica faz que no guardó reparo en mostrar al tzimisce, quizás su verdadero rostro, quizás una de sus miles de máscaras, pero sus siquientes aseveraciones unidas a ese hecho eran dignas de considerar.
- La celebración llevará consigo varias sorpresas pues.
Treas un breve silencio, acometió de nuevo sobre el tranquilo curso de la conversación.
- Mi lord, me temo que es algo tarde y quizás os halla robado más tiempo del que merezco, es por ello que ruego me dispenseis al deciros que he de partir.
Pese a todo seguía sentada frente al demonio, si éste quería proeguir la tertulia le acompañaría algo más, si daba su consentimiento abandonría el reposo y partiría con algo de pesar, pero el tenía tanto por hacer...
Dazbog Von Vertzang - March 13, 2006 11:07 PM (GMT)
La prematura despedida de la ventrue tomó por sorpresa a Vertzang. ¿Se debía a que había intuido desconfianza en sus palabras? ¿Acaso se habría sentido ofendida?
- No le pedía que los juzgara, solo una sincera opinión; la suya. Es una opinión que merece todos mis respetos.
No insistiría en el tema. No había leído la mente de la ventrue aunque hubiera podido hacerlo. Tal cosa habría sido una descortesía imperdonable. La lógica deducción había sido la encargada de tal deducción. Elois le había agradecido que le comunicara la noticia de su intención de crear progenie, pero no había dicho nada que se asemejara a alegría o felicitación. Sin duda un descuido poco común en la maestra de vía que había permitido al sagaz tzimisce acertar en sus conclusiones.
- Gracias por su ofrecimiento. Es muy generoso.
Tendría que preparar a Mikael para la gran noche. Aún había detalles de su personalidad que había que pulir.
- Para nada robaís mi tiempo, madame D´Umbrelle. Al contrario. Cada segundo de vuestra presencia es un regalo. Mas os pido que , para mi tranquilidad, me digaís que tan inesperada despedida no es fruto de una falta de respeto incurrida por mi parte. No quisiera estropear con mi falta de modales lo que ha sido una velada maravillosa.
Aguardó una respuesta de la ventrue y luego se ofreció a acompañarla hasta su carruaje. No quería que nada importunara a Elois en aquel corto trecho.
Elois D'Umbrelle - March 27, 2006 10:15 AM (GMT)
Ya en pie y con sonrisa dulce escoltando sus nobles gestos lanzó una mirada furtiva a su anfitrión, que más que tímida resultaba coqueta, más que efímera desconcertante. Pero armónica voz de la ventrue irrumpiría por fin en escena cuando ella tomase el brazo del tzimisce para ser conducida a la salida. Sin duda un acercamiento sorpresivo, como el mismo gesto de la dama.
- Lord Vertzang, me temo que vos, sois de los pocos en París, quizás en toda Europa incapaces de ocasionarme disgusto, mas os pido que no lo tomeis a mal, sino como un cumplido pues es su función. No en vano os considero el mejor anfitrión de toda Francia y os proceso una gran estima.
Con aquello bastaba para liberar las posibles sospechas que Vertzang pudiera tener, no era por el Tzismice, sino por estrategia la repentina marcha, siempre tenía que dejar la conversaciones sin concluir para que sus interlocutores anhelasen el próximo encuentro tanto o más que ella misma.