View Full Version: Ejecucion 3/8/1225

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Title: Ejecucion 3/8/1225
Description: tras mi salida de la Gran Corte


Hassam bin-Salem - December 12, 2005 04:41 PM (GMT)
La puerta metalica se abre con un chirrido y me lanzan a la sala del otro lado con fuerza. Me estrello contra la pared de piedra del otro lado, aunque ciertamente no es un dolor que me importe lo mas minimo.

El pozo, pues de eso se trata el lugar donde estoy, tiene por lo menos cinco metros de profundidad, aunque bien pueden ser mas. Es de piedra, lisa en la medida de lo posible, aunque muestra muchas marcas de garras en diversos puntos, sobretodo a la altura de mi cabeza. Casi me rio al verlas: tantos, tan pateticos, derrotados por sus crimenes. Yo soy diferente, y lo se. Arriba, recortados contra las estrellas, numerosos y fuertes barrotes evitan que nadie pueda escapar por alli... supongo que a los Gangrel se los "pondra a prueba" de otro modo, o seria una prueba sorprendentemente breve y poco interesante.

La puerta, con otro chirrido mas fuerte aun, se cierra, y oigo caer un fuerte pestillo del otro lado, probablemente la fuerte tranca que vi al pasar. Se que no tengo la fuerza necesaria para derribarla ni aun con todo el poder de mi sangre, y aunque lograse alcanzar la parte alta del pozo no encuentro lugar alguno donde tener apoyo para poder romper los barrotes. No. Ciertamente, en este lugar voy a encontrar mi fin cuando aparezcan los primeros rayos del sol. No cuento con que Fazir sea capaz de salvarme ya, aqui abajo ya no hay salvacion, pero tampoco la busco. Las ultimas noches, muchas ciertamente, me han servido para ponerme en paz con Ala, y se que cuando me reuna con el tendre el descanso merecido de los guerreros en guerra santa.

Siempre me parecio ironico que los cristianos, tan estupidos y creidos de si mismos, llamasen tambien a la guerra entre los Antiguos Yihad, que es el nombre que le damos en arabe a la guerra santa. Lentamente, medito sobre esa ironia mientras espero mi hora.

Hassam bin-Salem - December 14, 2005 02:33 PM (GMT)
Lentamente, observo como las estrellas brillan y titilan, y como el tiempo discurre. Es ironico que no hay tension en un momento como este, aunque se que la habra cuando el sol se aproxime. Estoy tranquilo, casi podria decir que estoy en paz.

En un momento dado de la noche, bastante despues de mi encierro forzoso, oigo como la gente comienza a salir del castillo. Es sencillo notarlo, porque el ruido de caballos, carruajes y demas anuncia la salida principal de todos los que hay dentro.

Asi que el amanecer se aproxima ya, no me queda mucho mas tiempo de vida. Ciertamente, lo noto en el alma de algun modo, la llamada del sol. Ala, Padre de todos, pronto hallare la paz frente a ti. Paz y descanso tras dos vidas de guerra y muerte.

Geoffrey - December 15, 2005 03:11 PM (GMT)
En la parte profunda del pozo, proximo a donde se encontraba Hassam esperando, habia una pequena ranura. Tan profunda, y del lado donde salia el sol, la luz del mismo nunca conseguia cruzarla por las mananas, protegida como se hallaba por antiguos trucos opticos y conjuros simples. Del otro lado habia una pequena sala de piedra, espartana y casi vacia, con tan solo una silla comoda en el centro.

Geoffrey entro en esa sala caminando cenudo. Lo cierto es que habia sido una noche agotadora, terrible y extenuante, en demasiadas maneras. Mucho tiempo le llevaria procesar todas las pequenas piezas de informacion reveladas, los pequenos guinos y giros, las referencias y las manipulaciones, de tal densidad que tenian.

Y, sin embargo, aun le quedaba una ultima ordalia por superar. Frente a el, aunque no lo pudiese ver, se encontraba el reo al que la justicia de Geoffrey habia condenado a saludar al Astro Rey. El Principe sabia que era un castigo justo, sabia que habia obrado bien y con honor, pero no por ello era esto mas facil. A diferencia de Lord Castellar o Lord Vertzang, por ejemplo, el no habia llevado una existencia sangrienta de batallas y muertes continuas. Ciertamente, como todo habitante de su tiempo, habia visto muchos muertos con anterioridad, pero no habia matado a ninguno de ellos aun. Su mundo eran las palabras y los gestos, no las espadas y los craneos rotos.

Y, pese a todo, frente a el habia un hombre que iba a morir por sus palabras, sus gestos... su espada, en cierta manera. Al sol no le faltaba mucho para salir, Geoffrey comenzaba a sentir su peso sobre su alma, y sin embargo la tranquilidad del Assamita resultaba de tremendo peso para el.

Montalban habia querido venir a verlo, pero Geoffrey se lo habia negado. Erik se habia ofrecido como punto de apoyo, pero el Principe no lo habia aceptado. No, esto era una ultima prueba que debia superar por si mismo, su alma deberia ser capaz de ver, de asistir a la destruccion de otro, si queria poder gobernar. Si fallaba ahora seria tan inutil como Principe como si fallase en la politica, pues el arma de la politica era el monopolio de la violencia.

Hassam bin-Salem - December 22, 2005 12:17 AM (GMT)
Finalmente, ya siento ese escozor en la piel. No es la primera vez que el sol me pilla desprevenido, pues actuar bajo el filo del sol es buen momento para mis deberes, y por ello mismo se lo que me espera. Al principio, ahora que sólo es claridad, a penas es un escozor, como si me estuviese rascando todo el cuerpo. Luego será un calor creciente, hasta comenzar con un ardor. Finalmente, cuando el sol me de directamente entraré en combustión y seré desintegrado en pocos segundos. Lo espero casi con ansia, la liberación final, saber que ya no puedo traicionar a mis deberes por mucho que me pongan a prueba, que he triunfado, hasta mas allá de lo que cualquiera podría esperar... algo sólo digno de un Cainita entrenado en Alamut.

A medida que el calor aumenta voy notando como mi Bestia se agita en mi interior. Yo permanezco tranquilo en el centro del foso, inclinado mientras oro a Alá para que me haga el tránsito más sencillo, pero la Bestia no entiende eso. El Rotschrek. Sacude su jaula con creciente fuerza a medida que ve crecer la luminosidad en el cielo. Aulla, exigiendo que la libere, pero con creciente dificultad la mantengo atada... un último esfuerzo de voluntad.

Sin embargo, finalmente pierdo el control cuando el sol me da de lleno. La Bestia se pone en pie y, aullando y maldiciendo, comienza a intentar trepar por el foso, dejando nuevos surcos que se juntan a los miles dejados por anteriores presos. Pero es imposible. Con un dolor indescriptible, esos mismos dedos que tratan de agrarrarme a la piedra se van transformando en cenizas negruzcas, mientras la piel expuesta de mi cara y piernas se derrite y cae al suelo. La piel no expuesta la sigue con prontitud, pues las ropas no son una protección seria contra el poder del Sol. Primero se me quiebra la pierna derecha y caigo de lado... el brazo derecho se esnaquiza al intentar detener mi caida, incapaz ya de sostener mi peso. En el suelo, trato de moverme, como un pez que boquea fuera del agua, pero es inútil, estoy en mis últimos momentos y así se lo intento hacer ver a mi Bestia, pero no me cree.

La sangre fluye por mi cuerpo en un último intento de conferirle rapidez y fuerza, y su resistencia aumentada me permite ponerme en pie lentamente y trepar unos metros antes de caer bocarriba en el suelo por última vez. A medida que mis ojos se derriten y dejo de ver el sol al fondo del túnel, encomiendo mi alma a Alá por última vez y grito Su Nombre mientras aún puedo retener aire en mi interior y mis cuerdas vocales aún tienen cierta flexibilidad.

Luego nada. Solo mis ropas quedan en el fondo del pozo. Mis ropas y un montón de cenizas, únicos testigos de quien da su vida por su Dios y por los suyos. Mudas señales de todo lo que fui.

Geoffrey - December 22, 2005 12:32 AM (GMT)
Su destrucción quemó tanto los ojos del Príncipe como el sol quemaba la piel del Assamita. Sabía que era culpable de uno de los más terribles crímenes, y sin embargo... su corazón pesaba, a medida que el sol reclamaba su sueño diario, pero el Príncipe se forzó a permanecer despierto todo ese tiempo.

No fue largo tampoco, el poderío del Astro Rey empequeñecía la resistencia futil del guerrero, que dramáticamente se fue convirtiendo en cenizas por partes, incapaz de mantenerse unido y firme a medida que los rayos cortaban su piel y quemaban sus músculos.

Dos largas lágrimas de sangre rodaron por las mejillas del Príncipe, incapaz de contenerlas, en la soledad de la cámara, mientras en el exterior aullaba el Assamita. No dejaba de darse cuenta que la destrucción de aquel Cainita era culpa suya, pues suyas eran las palabras que lo habían condenado. Quizás debería haber escuchado las palabras de Elois y haber sido clemente... pero su Camino exigía justicia, y su honor era lo más importante... aunque lo destruyese en su defensa. Y, a este paso, lo iba a hacer.

Había sido una noche terrible. Nunca se había sentido tan sólo como allá arriba, tan rodeado de las hordas de la destrucción. Y ahora, el alma de un guerrero pesaba también sobre sus hombros. ¿Cuánto peso podría cargar antes de doblar los hombros? ¿Hasta donde podría llegar antes de hundirse? Si Alexander se había hundido como había hecho, ¿qué clase de orgullo era siquiera pretender luchar y mantenerse donde otro mucho más fuerte que él había sido destruido?

Lentamente, el sol le dio el bendito perdón del olvido. Durante las siguientes horas, dormiría un sueño carente de sueños, un recuerdo de la muerte de la que llevaba escapando más de dos siglos.

Lamentablemente, igual que no tenía sueños, no era un dormir reparador como el de los mortales.




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