Title: Paseando (15-8-1225)
Geoffrey - December 5, 2005 04:36 PM (GMT)
Geoffrey habia abandonado la Concergerie, ultimamente era algo que raramente hacia. Aun de el lado de la Ile de la Cite, sus pies lo llevaron hasta las proximidades del rio, que fluia tranquilo y oscuro en su nocturno discurrir.
Su paseo era relativamente ausente, pues aunque prestaba atencion a lo que lo rodeaba, prestaba mas atencion al discurrir de sus pensamientos, paralelos a las aguas. Montalban no lo habia querido acompanar, debido a sus recientes malas experiencias con las orillas de los rios, y habia tenido que dejar a Erik y los demas atareados con sus funciones varias en la Corte.
Casi mejor, pasar tanto tiempo con ellos podia llegar a ser cansado, y necesitaba despejarse un poco tras pasar tanto tiempo entre aquellas cuatro paredes. Habia mucho en que pensar, tambien, y mucho que recordar.
Isolda Lamartine - December 9, 2005 03:20 PM (GMT)
FDI: Se explica con este post.El ruido que producía el río era para Isolda una música maravillosa y reconfortante. Su arrastrar por el mundo, su imperecedero cauce, su magificencia, creaban un murmullo en sus oidos que la aturdía de puro placer estético. Porque era eso lo que necesitaba. Su cuerpo pequeño y delicado se encontraba sobre una pesada roca, que la acariciaba y la acogía.
Sus ropajes eran de campesina. Roidos por el tiempo y por el trabajo. Su rubio cabello, marchito por ls inclemencias del tiempo, ondulaban pesadamente sobre su espalda corvadas. Su mano derecha abrazada a sus rodillas, y con la izquierda arrojaba piedrecillas al cuace del río. Su rostro, oculto por las sombras de la noche, estaba sumido en apesadumbrados pensamientos.
Había tomado ya una decisión respecto a muchas cosas, desde aquel... día. Había entendido tantas cosas... que se había dado cuenta de lo reducido de su mundo, del mundo que intentaba abarcar desde el mismo instante de su Despertar. Sombras y nombres, totalidad de la mente humana. Era eso lo que recorrían sus pensamientos y en vano intento por acallarlos ahora se dejaba seducir por las voces espirituales de aquel lugar, por el lamento de la roca, por las canciones de las sílfides, por las caricias de los moradores del viento.
Geoffrey - December 12, 2005 04:19 PM (GMT)
Geoffrey caminaba algo abandonado, y no presto demasiada atencion a la persona que caminaba tambien por la orilla salvo por notar el pequeno hecho de que era raro en estos tiempos que la gente pasease de noche. Sin embargo, su alma estaba ocupada con dudas y decisiones cuya importancia empequenecia ese pequeno detalle hasta el extremo de hacerlo superfluo.
Ciertamente, podia ser alguien Ofuscado, pero aun no le presto demasiada atencion por la relativa lejania.
No. Su mente se centraba en otros hechos. Demasiado habia ocurrido este mes: la Gran Corte, el descubrimiento del horrible santuario de podredumbre, peticiones, politicas... decisiones. Siempre decidiendo, siempre actuando. Ya casi no recordaba la ultima vez que habia podido parar y analizarse a si mismo, seguir avanzando en su Camino, o simplemente descansar. Incluso ahora que casi se habia escapado de sus deberes, sus pasos lo mantenian relativamente proximo a su propia mansion, por si acaso fuese necesaria su presencia en ella con prontitud.
Isolda Lamartine - December 13, 2005 01:11 PM (GMT)
FDI: Isolda está sentada en una piedrita. :D
Ni Isolda se había percatado de la presencia de nadie más en aquella desolaa orilla. Ya alguna vez algo similar le había sucedido con uno de esos cadáveres, el llamado Jean Pierre. Mientras meditaba tranquila en las orillas de ese mismo río, sin sentirlo acercarse, se vio sorprendida. Aunque se había prometido nunca más cometer ese error, especialmente desde la llegada del maldito Lor-Ukter, en ese instante su mente vagaba muy lejos de allí.
Enfrentaría al espíritu sola. Ahora sabía que eso no tenía ningún otro final. Los Lobos no daban señales de vida, y la Magister Mundi era cosnciente de que se podrían haber dado cuenta de que aquello era más poderoso que sus vidas. Se habían acobardado.
A Iluno nunca lo había pensado involucrar. La vida de su amado era más preciada para ella que otra cosa, y no lo arriesgaría. Aloisius había dado un importante aporte en la fabricación de la final prisión del espíritu.
Porque la tensión que seguramente sólo ella experimentaba la estaba matando. Debía librarse de la fuente de sus temores. Ella podía hacerlo.
Levantó la mirada, llena de fuerza. Por un sólo segundo, a pesar de los sucios ropajes que la vestían, brilló aquel menudo cuerpo con la majestad de un dios o un rey de antaño, y sus ojos azules y brillantes se clavaron en el futuro. Luego, aquella maravillosa visión desapareció, y sòlo quedó sobre la piedra la enjuta campesina.
Geoffrey - December 13, 2005 06:10 PM (GMT)
Geoffrey no vio la magnifica, aunque breve, transformacion de la Magister Mundi, pero algo en el le llamo la atencion. Era como si hubiese visto algo por el rabillo del ojo, algo imperceptible pero que se encontraba alli. El Camino de los Reyes, y el Clan Ventrue eran expertos en la percepcion del poder, y habia estado en presencia de Matusalenes muchas veces... conocia esa sensacion de poder abrumador, de la capacidad de transformar y destruir a voluntad. Y, sin embargo, habia algo diferente en esta ocasion, algo ligera pero profundamente diferente. Como dos imagenes distorsionadas de la misma cosa.
Y, sin embargo, cuando su mente se centro en el aqui y el ahora, solo habia una pequena campesina sentada en una piedra. Quien demonios habria sido capaz de algo asi? Quizas hubiese alguien Ofuscado en la ciudad? Alguien de tremendo poder, ciertamente. Habia escuchado a su Sire murmurar, en alguna ocasion, acerca de antiguas leyendas de la ciudad... serian ciertas? Lastima que no las conociese, no sabia que esperarse.
Pero conocia bien su instinto, y sabia que lo que habia sentido no era falso. Algo habia pasado en aquella orilla del Sena, algo muy poderoso.
Su mente permanecio alerta, escrutando los alrededores en busca de cualquier cosa que pudiese pasar.
Isolda Lamartine - December 15, 2005 05:56 PM (GMT)
Pero la distracción de Isolda era total. Tal vez allí, en aquella orilla, se encontraban dos de los más poderosos seres que habitaban París. Si Isolda se hubiera percatado de aquella ridícula situación, seguramente estallaría de risa, pues era jovial su estado de ánimo a pesar de las situaciones contrarias y peligrosas.
Pero no fue así, porque distraida, como una niña, feliz por la decisión que había tomado, arrojaba piedrecillas al lecho del ancho río, escuchando con suma atención la musical melodía que se desprendía de las ondas parejas y delicadas.
Chokmah, sin embargo, había levantado las orejas y observaba con desconfianza la figura que se perfilaba en la lejanía. El familiar siempre pensaría que la Magister Mundi no era más que una niña.
Geoffrey - December 19, 2005 09:06 PM (GMT)
La noche se calmaba, y daba la sensación de que nada había ocurrido en ningún momento y todo era producto de su mente. Extraños portentos estaban teniendo lugar en esta plaza en estas noches, y estos extraños portentos eran heraldos de algo grande y más extraño aún. Sólo el tiempo y Dios sabían si eran heraldos de algun gran bien, o algún terrible mal.
Sea cual fuese, Geoffrey estaría allí para enfrentarse a él o recibirlo adecuadamente.
Con seriedad, reanudó su marcha, sin dedicar más que una rápida mirada a la joven y a su perro.
Isolda Lamartine - December 21, 2005 04:02 PM (GMT)
Por fin Isolda se percató de la presencia del vampiro. Una oleada fría le azotó el rostro, y un estremecimiento que ya conocía le subió desde el suelo hasta la cabeza, estremecimiento que los herméticos llamaban Ibbur.
Miró suavemente en la dirección en la que se movía el Conde y lo reconoció. Se maldijo una y mil veces por haber estado distradia, pues aquella noche bien hubiera podido ocurrir su muerte, y todos los planes que había trazado hubieran podido hacerse trizas. Suspiró, y descendió de la roca.
Reconocía aquellas vestiduras, y por alguna extraña razón su jovial sonrisa había desaparecido, y en su lugar, una mustia expresión había tomado el trono. ¿Hasta donde lo soportaría? Los pensamientos de Chokmah eran muy fuertes, y él, aunque no lo sabía, era escuchado, como todo, por el portentoso poder de la Magister Mundi. Y coincidía con él. Sabía bien que ella no era más que una niña.
Esperó en silencio, mientras se montaba de nuevo en la roca, a que el muerto pasara de largo, sin percatarse en la simple campesina que lloraba las tristezas de sus días.
Geoffrey - December 21, 2005 11:24 PM (GMT)
La campesina descendió de su roca, y volvió a subirse a ella. Un comportamiento estúpido, ciertamente, pero en ocasiones los campesinos eran así. Pese a ello, el Principe mantuvo una cierta distancia, no tanto por precaución (la jovencita no era rival para un Cainita como él), sino más bien para que los sonidos de los llantos de la mocosa no interrumpiesen sus pensamientos. Había demasiadas cosas más importantes que los sentimientos de una mortal en este mundo, y demasiadas de esas cosas pasaban a su lado con paso veloz.
Casi tuvo la tentación de pararse a alimentarse de ella, pero llegó a la conclusión de que nada valdría. Tenía despensas de sangre perfectamente válidas en la Concergerie, y no se arriesgaría a cruzarse con la Inquisición. Casi había olvidado ya lo que era el sentimiento de la caza, el placer de seducir a una presa indefensa y alimentarse directamente de ella, primariamente. Quizas fuese una buena forma de relajarse un poco...
Isolda Lamartine - December 22, 2005 04:25 PM (GMT)
Ahora sus sentidos estaban alerta. Las defensas mentales estaban puestas, y también la red que le protegía de diversas investigaciones nada agradables. Sin embargo no se movía de la roca, y continuaba lanzando rocas a las intranquilas aguas.
Sin embargo la mirada de la campesina se dirigía temerosamente, tímidamente, a la figura del noble que se acercaba. El can blanco gruñía ahora sin ningún tipo de recelo a la figura del Duque, mientras en su mente intentaba comprender porqué su ama no acababa con todos ellos de una vez y para siempre.
Geoffrey - December 23, 2005 02:08 AM (GMT)
Geoffrey finalmente descartó la idea. Era una pérdida de tiempo demasiado grande, y ya había perdido bastante por esta noche. Con un pequeño giro, comenzó el retorno hacia el centro de la isla, sin dejar de preguntarse qué demonios había ocurrido en aquella orilla del río que lo había afectado, de dónde habría surgido tal manifestación de poder, y quién habría sido el culpable de ello.
Isolda Lamartine - December 23, 2005 08:51 AM (GMT)
Suspiró para sus adentros. Al menos algo sí era cierto: esos muertos eran menos perseptivos que una mosca, pues estaba segura de haber dejado sin vigilancia su poder, y el recuerdo que Chokmah tenía en ese momento al respectoconfirmaba su sospecha.
Clavó de nuevo su vista en el río.
La increíble paz que podía tener un ser tan antiguo la entusiasmaba. Llegaría el día en que las nimiedades de la tierra no le molestaran. Esperó muchos minutos, los suficientes como para saber que se encontraba sola, y con una voz tan melodiosa como nunca antes ninguna mujer había tenido, en una lengua extraña y cantando como en un susurro que se confundía con el sonido del lago, regaló al Hijo de Anfititre una hermosa canción como regalo por haberla acompañado esa noche.
FDI: Si vas a regresar me dices y edito.
Isolda Lamartine - December 25, 2005 09:16 PM (GMT)
Insuficiente. Las olas de movían con parsimonio, a pesar de lo violento de aquellas aguas que también conocía. ¿Cómo podían ellas sentir el paso de tan estúpidos acontecimientos como los sentía ella, humana pero no, en término medio, cercana a la divinidad pero imposibilitada para alcanzarla, y a la vez tan distante de la raza de la que había partido, que sentía una terrible añoranza al dar la vista atrás?
Su vida sería diferente. Habría pasado sus mejores años buscano un esposo rico: un herrero, o a lo mejor un orfebre. Habría luego dedicado el resto de su vida a cuidar a sus trescientos hijos, a enseñarles las bondades de Dios y de la Iglesia, los secretos de los huertos y la maldad de los hombres. Le sabría contado historias todas las noches y su única preocupación sería sobre el futuro de ellos.
Ahora tenía que preocuparse por muertos vivientes, y conversaba con poderosos dragones, gigantes o sílfides, y viajaba a través de las mentes como si fuera un camino desde la habitación a la cocina; y amaba profundamente, en un sentido que los hombres, Durmientes o Despertados, nunca entendería.
Estaba sola. Pero amaba su soledad, y de eso se daba cuenta.
No era simple frivolidad. No, era puro amor.
Arrojó la última piedra cuando terminó la hermosa canción que estaba entonando en su mente, y con una discreta venia a los espíritus que la habían estado escuchando se retiró a descansar.