Aquella noche estival, el cielo estaba estrellado, no había agitación en la ciudad. Álvaro estaba, por una noche, descansando en su dominio, el verano estaba llegando a su fín. La tranquilidad de la noche la rompió una carta, uno de los criados del Primogénito Brujah le entregó una carta que acababa de llegar.
El remitente de la carta era Vincent de Sanniere, un afamado Templario Brujah, compañero y amigo de Álvaro, habían compartido espada, sangre, sudor y lágrimas durante varias cruzadas... tras abrir rápidamente la carta, el Primogénito empezó a leer:
Orleans, Agosto A.D.1224
Mi querido compañero Álvaro de Castelar, ¿qué tal tu vida en la bella París?. Siento comunicarte de este modo tan funestas noticias, como bien sabrás, la Orden del Temple está totalmente en contra de la Cruzada Albigense y de la conspiración de los gobernantes con los regentes del Lange d'Oc.
Como bien sabrás, fui voz de la Orden en el conflicto con el corrupto Obispado, el resultado no pudo ser más penoso, han impuesto duras sanciones y, creo, que me han sentenciado a muerte.
Lejos de quemarme como a un hereje, cierto Magister ha contratado a un grupo de profesionales para que acaben con mi vida. Álvaro, anoche luché contra ellos, eran 5, varios de ellos son sarracenos, demonios sarracenos, los llamados... Assamitas, poco pude hacer, acabé con la vida de 2 de ellos mostrando cuan grande es la maestría de nuestro Clan, sin embargo, tuve que huir.
Ahora, no puedo descansar tranquilo, duermo a duras penas, y temo... que me encuentren dentro de poco, estoy malherido y poco a poco la llama de mi corazón se consume.
Mi vida ha sido larga, no me importa acabarla, pero mi alumno, fiero y fuerte a la par, va a quedar sin guía. Los dirigentes le ordenaron alistarse al frente de la Cruzada, no se si seguirá con vida, supongo que sí, es inteligente y fuerte. Es un hijo para mí, creo que acabará huyendo de la Cruzada, al contrario que la mayor parte de la juventud belicosa de hoy en día, Philippe du Michaelis, es decir, mi discípulo, no es amigo de levantar la espada contra otros, creo que es una gran promesa para nuestro clan, querido Álvaro, es una gran promesa.
Sería todo un honor y me llenaría de orgullo cuando esté con el Altísimo, que tu le sirvieses de guía, lo aconsejaras y lo llevases a buen puerto. Le he hablado de nuestras azañas, de tu gran sabiduría y maestría, y junto a esta carta, he mandado un mensajero que inste a Philippe a abandonar el Lange d'Oc y viaje a París.
Te ruego que cumplas esta, mi última voluntad.
Espero que el futuro te sea grato y si Dios quiere nos veremos donde convergen los caminos.
Atentamente
Vincent du Sanniere, caballero de la Orden del Temple
Poco a poco, la vista del celote se fue desviando de la misiva, mientras esta descendía con sus cansados brazos. Alvaro cerró los ojos y oró una plegaria en honor de su viejo compañero de armas.
Levantándose de su sillón, el caballero español caminó hasta el gran ventanal, desde el cual se apreciaba una estrellada noche. Alzando su mirada, comtempló el paisaje nocturno.
-Nada has de temer amigo mío, descansa en paz. -Dijo con voz apenada.-
-Cumpliré tu última voluntad Vincent, cuenta con ello, Philippe du Michaelis será algún día un respetable vastago de nuestro clan del que te sentirás orgulloso de observar desde el paraiso. Tienes mi palabra de honor.
En ese instante, una estrella fugaz surcó los cielos, como si de una lagrima de agradecimiento se tratase por parte del templario.