View Full Version: Encargando al Platero

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Title: Encargando al Platero
Description: 10-8-1225


Dicter Mc Ulster - November 4, 2005 06:41 PM (GMT)
A caballo para separarse de la plebe, Dicter cabalgaba por la calle de San Jaques acompañado de un sirviente que le estaba guiando entre el gentío y los tenderetes de comida hacia uno de los renombrados plateros de la ciudad. De este cabía decir que si era renombrado no lo era tanto por su pericia como por su fama de no mezclar la plata que vendía con metales impuros.

Mc Ulster tenía el semblante de desagrado más marcado de lo habitual. El gentío apestaba como una marea. Su sensible olfato, acostumbrado al bosque y el campo abierto, se revelaba ante la necesidad de aspirar el aroma que despedían aquellos miserables indiseables muertos de hambre. Quizás apretaba las riendas con más fuerza de lo normal, quizás apretaba los dientes y muy seguramente se estaba hartando de la lenta marcha a la que le obligaba el jamelgo a través de la masa de parisinos.

Dicter Mc Ulster - November 12, 2005 01:09 PM (GMT)
Tras un largo y desagradable paseo, llegaron al local del artesano. Dicter desconocía cual sería la cantidad de plata repartida por todo parís en lugares como aquel, pero presumiblemente sería mucha. Mucha más de la que le gustaría. Quizás debiera hacer algo al respecto una vez sus negocios estuvieran asegurados.

Desmontó, dejó al vasallo al cuidado del caballo, y entró en el establecimiento. Éste no era muy grande, más bien era bastante pequeño. Meramente una pequeña habitación con una barra (semejante a la de los bares) que separaba la entrada de otra puerta tras la cual presumiblemente estaría el taller del platero.

Un hombre de estatura media, algo entrado en años y quizás algo corto de vista salió a recibirle.

La expresión de Dicter era todo un poema. Parecía tan furioso como si de un momento a otro fuera a matar a alguien a golpes. Sin embargo, cualquiera que le conociera vería que su rostro seguía teniendo la misma expresión de todos los días. Era como si su sola presencia emanara rabia.

-¿De... -farfulló el platero, atemorizado- desea algo, monsieur?

-Su servicio, vuestra merced. Deseo sólo su servicio

De un pequeño saco de cuero sacó un candelaro de tres velas. Grueso, carente de ornamentos y evidentemente pesado pues estaba hecho en hierro. Era desde luego mucho más grande de lo que se necesitaba para su función.

-Preciso de diez lumiere del tamaño y forma de éste. Hechos en plata maciza y para la semana que viene ¿Dispone vuestra merced de todo lo necesario?

-Sss -farfullaba el platero mientras asentía rapidamente- Ssss.

-Trabaje bien y no pasará hambre en invierno. Buenos días.

Y con la presente salió de allí. Montó al jamelgo y puso camino a su villa.




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