View Full Version: Hombres y mujer de Negro

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Title: Hombres y mujer de Negro
Description: 27 de Julio A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - October 24, 2005 12:07 AM (GMT)

Caía la noche y las antorchas del sendero adoquinado que llevaba al Chateaux D'Umbrelle pronto se encendieron. Incluso las almenas y torres estaban iluminadas, fuertemente vigiladas, pero además existía un clima festivo dentro de los fríos muros.

Poco a poco, los invitados fueron llegando y cada uno recibido con todo el explendor de la hospitalidad ventrue. La duquesa de Orleans no derrochaba en nada salvo en hospitalidad, recibiendo a sus invitados como mismísimos reyes. No iba muy desencaminada ya que la sangre más pura de toda Francia estaba entre sus distinguidos invitados.

Estaban todos reunidos en el salón principal, amenizados por varios juglares, trovadores y bufones, músicos exquisitos para amenizar la velada y varias doncellas de la duquesa para dar conversación, mientras su señora, aún ausente llegaba al salón.

En las puertas, esperaba Pier, adentro tanto Vilfort como D'Artois velaban porque todo fuese correcto en ausencia de su señora. La cara y la cruz de la moneda haciendo las veces de anfitriones hasta que por fin apareciese la ilustre duquesa.

La alfombra roja se extendía en el pasillo, como era habitual, pero una suave voz femenina acompañada de otra masculina se escuchaban cada vez más cercanos. El buen Pier realizó una reverencia a su señora cuando esta estaba cerca, también a su acompañante El conde Humbert de Dieus, mariscal de la duquesa en la contineda sobre Toulouse.

- ¿Quienes han venido buen Pier?

Pregunta la duquesa a su chambelan para informarse antes de irrumpir en su propio salón, escoltada por su general en el sur.

Pier espera un poco, haciendo memoria para dar todo lujo de detalle a su ama, al momento de ordenar sus ideas en esa vieja sesera responde, no sin dificultad en el habla por la pronunciada enfermedad.

- El Conde Oliviere Montesquiere, fue el primero en acudir mi señora. Vuestro invitado de última hora se tornó el más puntual de todos cuantos han de venir.

- Acto seguido apareció el Chevalier André Grenoble.

Pier siguió echando un vistazo a su memoria, según habían ido llegando los invitados con tal de acordarse mejor. Elois pasó por alto ese detalle, pues Pier parecía estar en gracia para la duquesa, muchos habían sido sus años de leal servicio e incluso había salvado su vida años atrás, en el incendio...

- El Chevalier Thierry de Alsacia llegó también casi al tiempo que Grenoble.

- Después El Conde Richard de Boillon.

Los ojos de la ventrue se iluminaron especialmente al escuchar el nombre en cuestión.

- El marqués Roger III Bleu junto con el Chevalier Le Guen.

Y Pier pareció concluir por el momento.





Elois D'Umbrelle - November 10, 2005 11:57 PM (GMT)

La duquesa sonrió complacida en compañia de sus dos allegados

- No han sido muchos pero tampoco han sido pocos, ¿verdad de Dieus?.

El franco miró a su señora y como correspondía para alguien de rango superior se refirió a ella.

- Madame. Serán agraciados porque gozarán de vuestra compañía, astucia y generosidad.

El cumplido fue acogido con indiferencia, aunque la ventrue esbozó una sonrisa educada para completar las formas, después miró hacia la puerta y al momento Pier la abrió sin que ésta tubiese que indicar nada.

Cruzó el umbral de la sala la flamante duquesa, que parecía más una reina que otra cosa, con más carcater incluso que la propia Blanca de Castilla. A su espalda caminaba el conde Humbert y cuando los dos nobles cruzaron las puertas se cerraron de nuevo, dejando a todos los nobles reunidos en aquella sala.

Los caballeros acudieron como abejas a la miel a presentar sus respetos a tan bella, carismática influyente anfitriona. En su mayoría estaban arruinados por la costosa cruzada en el sur y esperaban sacar algún beneficio aquella noche.

Terminadas las presentaciones pertinentes llegó el momento de relajar a los invitados, Elois hacái las veces de moderador preguntando a unos y otros por sus asuntos, mareando la perdiz mientras relajaba el ambiente de tensión inicial.

Se sirvió un refrigerio y tras este, cuando quedaron a solas los nobles sin siervos que pudiesen importunar, llegó el momento esperado. La duquesa sacó el tema principal por el cual todos ansiaban saber pero que ninguno se había atrevido a preguntar.

- Le Guen, que tal marcha la cruzada.

Con esa simple pregunta sacó el tema en cuestión, creando malestar en Le Guen, el propio cuando dan en la yaga, pues no iba bien la empresa y a un noble siempre le escocía reconocer sus fracasos, Le Guen no era la excepción... Y a éste le sucedió Grenoble, luego Bleu, Boillon y en general todos expusieron los problemas que estaban teniendo, lo costoso que era mantener sus levas en el sur y que a duras penas podrían subsistir el próximo invierno.

La ventrue escuchaba sus quejas, las cuales enmascaraban una súplica a la rica duquesa, y como una madre atendía los problemas de sus hijos. Mas aún no se había pronunciado para exasperación de algunos.

- ¿Cuantos hombres teneis marqués?

Preguntó de repente, Bleu quedose pillado por momentos pero salió al paso tras un instante de reflexión.

- Calculo sobre unos tres millares mi señora, sin contar la caballería.

Elois se acarició con suavidad la barbilla, antes de realizar la siguiente pregunta, para la cual apuntó a Grenoble con la mirada.

- ¿Y vos chevalier?

Grenoble tuvo tiempo de preparar su respuesta, pues al tiempo que Bleu lo hizo el resto casi por solidaridad hizo propio el balance.

- Seiscientos hombres duquesa. En su mayoría arqueros.

Era de esperar pues la región del caballero no era muy propicia para formar otro tipo de tropa.

Así se sucedieron las preguntas a uno y otro caballero hasta que Elois pudo sacar en claro que alrededor de doce millares de soldados podían secundar sus propósitos. Aún eran pocos pero era un principio...


Elois D'Umbrelle - December 18, 2005 11:04 PM (GMT)

Traslució la velada acompañada de información precisa de las tropas, quejas y peticiones de los nobles inferiores a la dama que presidía la habitación, sin embargo para mayor desasosiego alentó la impaciencia de aquellos arruinados francos de noble cuna. Elois cedió la palabra al conde Humbert, su mano derecha en la contienda del sur.

Humbert, ratificó las crudas circunstancias que acarreaba la cruzada albiguense, no dijo nada nuevo que los nobles no supiesen ya y fua cuando tomó para sí la palabra la duquesa. Flamante se puso en pie para deleite de sus invitados, que veían a la dama no como una igual o simple superior sino como un ser superior. (FDI:Presencia 5)

Habló y muy elocunete, los caballeros escuchaban y contemplaban maravillosos a la glamourosa duquesa que suscitaba el amor en más de uno entre los presentes. Expuso una estrategia, arriesgada, peliaguda y que podría pasar por el inico de una guerra, pero no les pareció importar mucho, la simple figura que había ante ellos era esperanzadora, con la doncella de Orleans a la cabeza de sus ejércitos nada debían temer de los ingleses, además el pastel se antojaba suculento para unos caudillos arruinados por una guerra que se estaba prolongando más de lo estipulado mientras buscaban y daban caza a los cátaros.

Cuando culminó aquella majestuosa dama, de Dieus tómó la palabra de nuevo y explicó la estratagema a seguir, seguido muy de cerca por la doncella situada justo a su diestra, sonriente, aprobando cada palabra suscitada por el general, y apaciguando cualquier duda posible.

A fin de la velada, todos los presentes quedaron satisfechos con la estratagema dispuesta por el astuto de Dieus y partieron mucho más contentos a su morada escoltados por un cuantioso anticipo obtenido tras plasmar sello y firma en un beneficioso acuerdo que los escribas de la duquesa habían ultimado para la ocasión. Cada uno guardó una copia, mientras que la duquesa hizo lo propio, aunque paradójicamente ella no había firmado nada delcinando ese privilegio en su general el conde de Dieus.





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