View Full Version: Panorama para matar... ingleses

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Title: Panorama para matar... ingleses
Description: (Cahors) 29 de Julio A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - October 23, 2005 12:05 PM (GMT)

La paz de San Ettien, morada del toreador Ranulph quedó perturbada por el troteo de dos caballos, dos jinetes con capa sobre ellos. Parecían hombres de dios, aunque con otros menesteres distintos a los de los frailes, la cruz roja en su pecho daba Fe de ello como las espadas en el cinto daban Fe de su condición. Cruzados.

Bajaron los jinetes de las cansadas montas, también lo parecían ellos que tomaron presurosos agua fresca por cortesía de un monje portando una tinaja y un cazo, varios eran los frailes que los habían salido a recibir.

- Buena noche padre, hay en la casa de dios descanso para el peregrino.

Preguntó el más joven mientras ataba las riendas de las dos bestias. Los píos hombres asintieron sin decir palabra, para después conducirlo a dentro.

- ¿Vos también buscais descanso?.

Preguntó el prior al mayor y más sediento, que empapaba sus grisáceas barbas con el fresco néctar.

- Después.

Atendió a replicar en un exhalo después de saciar toda su sed,que no había sido poca. Tras desentumecer sus viejos músculos cansados por la dura travesía, estirazándolos de manera indecorosa volvió a hablar.

- Busco a monsieur Ranulph, ¿podeis ayudarme?

La sospecha se hizo cierta, el prior supuso las intenciones como semanas atrás otro cruzado también hiciera lo mismo. Asintió y condujo al caballero hasta las dependencias del toreador.

Elois D'Umbrelle - October 24, 2005 01:16 AM (GMT)

El hombre, guiado por el prior, acabó en los aposentos del toreador Ranulph Espadalarga, justo en el mismo despacho que varias semanas atrás D'Artois anunciara su llegada.

- Saludos Ranulph Espadalarga.

Inició el caballero con portes nobilirairos.

- Mi nombre es Edmond La Foucauld y estoy al mando del ejército de la señora duquesa de Orleans Elois D'Umbrelle.

Ranulph acogió al caballero, quien parecía más rudo y menos gentil que aquel hospitalario, D'Artois. Sin embargo había corroborado dos cosas, primero que era de noble cuna, segundo que la citada Elois D'Umbrelle no se andaba con faroles.

- Acercaos, buen Edmond.

Indicó el fraile toreador.

- Y decidme, ¿cual es el motivo de vuestra visita?.

Edmond, atónito por la respuesta y aún sin salir de su asombro, replicó al momento.

- Mi señor, estoy aquí para prestaos servicio con mi ejército, creo que debemos combatir ingleses si no estoy equivocado.

El odio que le procesaban los ingleses era patente en aquel noble francés, mas ratificó las sospechas, era el ejército prometido por la Ventrue que llegaría a finales de Julio. El toreador se quedó pensativo perdido en sus reflexiones y cuando recobró la noción del tiempo preguntó al general por su milicia.

- Muy bien, monsieur La Foucauld y, ¿cuan grande es la legión?.

Edmond avanzó hacia el toreador, de quien esperaba supuestamente una misiva antes de prestar servicio, sin embargo respondió conforme sus pasos lo llevaban junto a éste.

- Ochocientos hombres, de los cuales doscientos arqueros y un centenar de caballería ligera.

Eran pocas fuerzas desde luego, pero ya eran algo. Por supuesto la duquesa no había enviado al grueso de los suyos en la lucha cátara, apenas un escaso diezmo de su verdadero potencial, aunque los arqueros ya suponían una ventaja significativa.


Elois D'Umbrelle - October 25, 2005 10:32 PM (GMT)

El toreador se quedó pensativo, pues la ventrue en boca de D'Artois le había asegurado todas las fuerzas de ésta y aquel hombre le contaba sólo ochocientos hombres. Algo no cuadraba para el toreador, pese al hecho de poder contar con arqueros con los que hacer frente a los ingleses.

- ¿Eso es todo lo que me ofreces?

Inquirió al caballero, con tono algo molesto aun cuando estaba tranquilo.

- Son todas nuestras fuerzas monsieur, dejamos de lado la cruzada albiguense para concentrarnos en esta región por orden expresa de la duquesa. El Conde Humbert de Dieus está ahora en Orleans con mi señora ultimando detalles para enviar más refuerzos.

Las palabras del caballero sonaron alentadoras, si la ventrue parisina enviaba nuevas tropas podría hacer frente a Le Vieux. El toreador se relajó pues estaba reconfortado. Tal vez por fin pudiera conseguir su propósito, encontrando en la ventrue el aliado que no tenía en Salianna. Aunque vista su rumorosa simpatía con Sclaramonde no era de extrañar esa falta de contacto con la Matriarca.

- Muy bien, noble caballero

Replicó en tono conciliador Ranulph.

- Me habeis complacido, ahora deberemos ultimar vuestra estancia.

El general norteño asintió.

- En efecto, se avecina el invierno y tendremos que aprovisionarnos, quizás las tierras inglesas nos proporcionen alimento.

Aquel general parecía estar al tanto del asunto, pues su franqueza descolocó en cierto modo al señor de Cahors, dejándolo enmudecido.




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