Title: Nueva remesa de libros
Description: 4/9/1225
Evento - October 21, 2005 05:10 PM (GMT)
Cinco codices llegan.
I: Dae Demoni et Diabli. Se considera de acceso restringido, y se guarda en zona segura de la biblioteca.
II: La Sancta Biblia.
III: Res Mundae, traido de uno de los monasterios saqueados durante la Cruzada Albigense.
IV: Ego Domine, un tratado menor sobre politica.
V: un conjunto de pergaminos antiguos sin nombre alguno, quizas de tiempos romanos.
VI: Deus Vult, un tratado sobre las cruzadas escrito por un Templario.
Herio - October 21, 2005 10:15 PM (GMT)
FDI: Me gustaría saber hasta que punto es pública la noticia de la llegada de dicho codices y si sería lícito que un personaje como es Herio haya tenido conocimiento de ello. Que me imagino que si, pero como no conozco los detalles, prefiero pecar de prudente. Gracias.
Engel Tod - October 21, 2005 10:54 PM (GMT)
FDI: opino lo mismo que Herio... La Sancta Biblia!!
Elois D'Umbrelle - October 22, 2005 12:08 AM (GMT)
FDI: Yo me salto esos prolegómenos, en base a que todos los que estamos asiduamente en contacto con los libros seremos conscientes de la llegada de nuevos cada mes, los demás podeis hacer lo mismo. Sino pues edito o borro, según lo vea evento, auqnue si está puesto el topic será por algo...
Como cada mes el buen D'Artois acudió a la Soborna, dejando a un lado las investigaciones en la trama su señora tenía con el capadocio y compañía se aventuró hasta la biblioteca. Apenas era medio día y el ghoul se había personado puntualmente desde hacía una semana a la misma hora en el mismo lugar, aquel día cuatro no sería una excepción.
- ¿Tierry, han llegado hoy los pergaminos?.
Preguntó al encargado como tantas otras veces en los últimos cinco años hiciera.
- Hoy está de suerte la duquesa.
Replicó en tono amable con una sonrisa entre sus labios mientras se dirigía a enseñarle el lugar en el que estaban almacenados. Tierry sabía que por esas simples atenciones con la Madame, ésta lo recompensaría generosamente, no era la primera vez y esperaba que tampoco fuese la última.
El cruzado siguió al encargado hasta el almacén, lejos del bullicio y pudo contemplar de primera mano los pergaminos.
Los observó detenidamente aunque sin aparentar interés especial, no había motivo para ello.
- Veamos.
Dijo mientras los hojeaba.
- ¡La Sancta Biblia!
Exclamó sobrecogido por el hallazgo, sin embargo la reacción del encargado no se hizo esperar.
- Querido D'Artois, me temo que por razones obvias ese libro no puede salir de aquí. Si la duquesa está interesada deberá hablar con los rectores, pero entendereis que en esta ocasión no pueda hacer la vista gorda, más si cabe desde el último robo que hubo no hace mucho, con cada pergamino que os cedo me juego el puesto e incluso el cuello.
D'Artois asentió a sabiendas de lo que aquel hombre buscaba no era más que engrosar su bolsa. Tomó una repleta de monedas que llevaba consigo para la ocasión y la dejó caer sobre la mesa, junto a éste. La bolsa era bien pesada y así lo comprobó el avaro Tierry cuando la cogió para ver su contenido cual desconfiado ladrón. El hospitalario pasó ese feo detalle por alto, a fin de cuentas, era un corrupto que sólo quería costearse los impíos vicios nocturnos en las tabernas con mujeres de cierta reputación algo dudosa.
Se sonrió sin más mientras seguía mirando libros, ante la negativa de consegir la Sancta Biblia, quizás su señora debiera mover hilos para hacerse con aquel libro sólo al alcance del clero hasta el momento...
- ¿Res Mundae?
Preguntó en voz alta.
- Proviene de un monasterio de Toulouse.
- ¿Toulouse?
Preguntó entusiasmado el ghoul.
- Así es, el Chevalier Le Guen lo vendió como parte de su botín en la cruzada Albiguense.
- ¿Le Guen?... Interesante, ¿podré tomarlo?.
Tierry contando aún todas las monedas contestó sin perder la cuenta al cruzado ghoul de la ventrue.
- Si, siempre y cuando esté de vuelta antes del medio día de mañana.
- Ese no es el trato habitual.
Replicó un D'Artois que se sentía engañado.
- El robo puso la mosca detrás de las orejas de muchos y lo más que os puedo permitir por ahora.
Maldecir no habría sido bien visto en boca del gentil D'Artois por lo que calló sus pensamientos volviendo a su búsqueda. Hojeó por encima el libro y pasó al siguiente.
- Ego Domine
Volvió a exclamar mientras leía el título
- Es un libro sobre política, cedido por la biblioteca personal del rey, al parecer el manuscrito está obsoleto...
Tal vez la ventrue encontrara utilidad en aquel hallazgo, lo dejaría a parte y volvería a él tras consultar los otros dos que quedaban. Un conjunto de pergaminos de origen romano y sin nombre o importancia alguna y un tratado sobre las cruzadas.
Tal vez encontrase información supletoria su señora sobre "El asunto especial" en aquel tomo de nombre Deus Vult.
- ¿Es esto todo?
Inquirió el ghoul. A lo cual Tierry pesó todas las monedas y le respondió.
- Existe uno más, pero está bien guardado y lejos de mi alcance, un tomo llamado Dae Demoni et Diabli y está custodiado bajo llave junto a otros tomos controvertidos.
El ghoul enarcó una ceja.
- ¿Habría forma de verlo?
Tierry negó con la cabeza, a lo que D'Artois respondió resignado con un suspiro.
- Esta bien.
Y se pausó antes de proseguir.
- Me llevaré Res Mundae y Deus Vult.
Tierry observó al hospitalario con ojos cegados por su codicia.
- Una bolsa por cada manuscrito.
- ¡Pardiez!
Exclamó el siempre correcto caballero.
- Insólito. Vuestra codicia es reflejo del diablo Tierry. Ese no es el trato habitual.
El encargado replicó al instante.
- Es el trato que hay ahora, lo tomas o lo dejas.
Crispado y con su rabia contenida El ghoul miró los tomos con detenimiento.
- Ambos me interesan, bien lo sabes.
Tierry veía un filón sin embargo en la sinceridad que mostraba el cruzado.
- Traed mañana más dinero y vuestra señora podrá tener otro manuscrito.
Entre bromeando entre enfadado D'Artois prosiguió con el tira y afloja.
- A Fe mi que sois un rufián. Me llevaré... Res Mundae y Ego Domine entonces.
Tierry seguía impasible cuan hábil comerciante.
- Sólo un libro D'Artois.
Resopló una y otra vez el ghoul que con un alarde de reflejos arrancó la bolsa de manos del funcionario.
- Me llevaré pues Res Mundae y al menos los pergaminos romanos, no son un pergamino en si y carecen de nombre. Tomadlo o dejadlo.
Y se dispuso a recoger sus cosas secundado por un enfado. Tierry que había pecado de codicioso trató de enmendar su errory asintió con la cabeza viendo como se le escapaban las frescas monedas.
Con aire de resignación, partió el ghoul al castillo para informar de lo sucedido a su señora, ya no era factible el modo habitual de conseguirla libros, la dama se enfadaría... y mucho.
Isolda Lamartine - October 22, 2005 05:40 AM (GMT)
Un mensaje. Sólo uno era necesario, claro.´¿Para qué más si las hojas siempre se movían en blanco? No importaba si el aire era ascendete o descentente cuando ella viajaba sobre él, sólo importaba el logro, la realización final de los imposibles diarios.
Y allí, frente a ella, se plantaba uno. No lo conocía. Como no. Sería, de otro modo, un imposible extraordinario.
Aspiró la nuca de D'Artois , y sus aspiraciones, olores y sangres se introdujeron con potencia en la nariz de la Magister Mundi. El corazón del ghoul se movió con rapidez. En realidad era ella en aquel momento, en los próximos, tan extraña a sí misma como más pudiera serlo.
Suspiró. Un beso frío, poderoso, rosó el sentimiento del ghoul.
Una aspiración. ¿Vacía, tal vez?
Poco más. Aquel alma se acercó tranquilamente a aquel lugar, donde antes las palabras habían fallado.
Herio - October 22, 2005 09:07 AM (GMT)
FDI: Esperaré a que termineís vosotros para que llegue Herio. Ya que estaís de día. Espero que aún quede algun codice que ver. :unsure:
Elois D'Umbrelle - October 25, 2005 09:15 PM (GMT)
D'Artois se dirigía rumbo a la morada de su señora, con la consciencia de haber sacado el mayor provecho a una situación desfavorable y con la sospecha de que madame tendría que intervenir directamente para arreglar los acuerdos rotos...
Sin embargo una esencia perturbó su cuerpo, un escalofrío le recorrió desde el primer cabello hasta el último callo de sus cansados pies. Detuvo su camino por alguna extraña razón que desconocía, pues un impulso hasta aquel momento esquivo lo encumbró a un nuevo destino. Girose en busca del manantial que irradiaba ese miserioso poder, nunca antes concevido por el ghoul y allí trató de ver el porqué de tal ansiedad.
Isolda Lamartine - October 26, 2005 05:13 PM (GMT)
Una extraña sensación en la nuca antes de girarse, le indicó al ghoul que probablemente una ventana se había abierto tras él, pues era grande el frío que sentía ahora, en lugar de lo que antes su piel le hubiera indicado.
Al girarse una extensa llanura, poblada de pequeñas sillas esféricas, apareció ante su vista. Un hermoso sol en el ocaso, que nunca cambiada de lugar, y al extremo opuesto, dos lunas hermosas, azul una y verde la otra.
Las hojas antes en blanco ahora caían cargadas de nombres y líneas insuficientes y serviles, pues era más grande la voluntad que las controlaba. ¿Cuáles eran, entre ellas, la línea divisoria, si eran infinitas las hojas e infinitas las líneas? ¿Y cuál la divisoria entre la Vida y la Muerte? ¿Entre un papiro y otro?
Justo en medio de la llanura, el sonido de un manantial y las risas de unas jóvenes mujeres indundaron la mente del vasallo de Elois.
Elois D'Umbrelle - October 26, 2005 09:16 PM (GMT)
D'Artois contempló cuan raro resultaba todo. Frío, calor y de nuevo frío. Luego sol y lunas, dos para sere exactos, coloridas incluso.
¡Brujería!
No estaba bien que alguien culto y nutrido en la vida nocturna quedase anonadado por la situación, pero jamás antes había topado con algo similar. Era evidente la desorientación que sufría. Veía sillas esféricas, que elucubración más diabólica.
Y así encontró el motivo. El diablo mismo lo acechaba. Escuchó risas de jóvenes, ninfas, dríades o diablesas. Tendió su mano al pecho y apretó con fuerza este, abrasando un rosario que colgaba de su cuello bajo los ropajes de San Juan.
Recitando el padre nuestro en baja frecuencia, caminó al origen de las voces, tenía miedo, negarlo sería estúpido, pero más aún el no tenerlo. Era un hombre de Dios ante todo y su Fe dictaminaría el éxito de aquella extraña situación.
Un paso llevó al otro y se adentró en aquel fantástico mundo creado por Isolda y del cual D'Artois no sabía nada.
Isolda Lamartine - October 27, 2005 02:48 PM (GMT)
El camino se movía, serpenteando con delicadeza, bajo los pies de D'Artois, y era a su vez diferente a cada paso. Tantas eran aquellas voces que viajaban en los arreboles el viento, que por un momento podría haber parecido un mar de gente, un senáculo o incluso el público antes de una ejecución.
No era, sin embargo, terrorífico el sonido, pues con delicadas notas todas aquellas millones de voces se entremezclaban en una sola, bien compuesta, que seducía al ghoul con ternura, acariciando sus oidos y calmando sus asustados ánimos.
Por fin, tras una leve colina, pudo D'Artois observar una gran caida, al fondo de un cañón. Rodeadas las paredes rocosas de plantas rojas y verdes, y cristalina el agua abajo, que refrescaba al vasallo de Elois con gotitas de rocío ascendente. Un arcoiris de cuatro colores -imposible decir cuáles- bajaba desde el otro extremo y se hundía bajo el centro del lago.
En las orillas, cinco niñas vestidas con blancos ropajes, de rubios cabellos, correteaban una tras otra, jugando y riéndose, y tan poderosas eran sus voces que el agua caía según su ritmo, y el corazón de D'Artois latía también con ese extraño cántico infantil.
Elois D'Umbrelle - November 8, 2005 12:06 PM (GMT)
El cruzado aún anonadado por lo que estaba ocurriendo en su entorno se aventuró más allá del arcoiris, algo más apaciguado pero con la incertidumbre de haber sido embrujado o algo peor.
Quizás fuera el castigo que Dios le imponía por su amor hacia la dama Elois y su servidumbre con la cainita.
Rápidamente apartó de sus pensamientos aquella idea desestimándola y centrándose en aquel lugar hechizado... Aunque por momentos la candez del lugar le hizo pensar que tal vez fuese el limbo, el paraiso o... algo más temeroso... el infierno.
Acongojado con aquella idea caminó con pasos dubitativos, aferrado a una cruz en su pecho cuya mano apretaba con fuerza, entonces llegó hasta las niñas y armadao del valor que le quedaba preguntó.
- ¿ Donde estoy?
Su respiración era acelerada y sus manos acompasaban el goteo de la cascada con su propio sudor. No comprendía nada de lo que ocurría y el miedo mermaba la voluntad del pío cruzado.
Isolda Lamartine - November 13, 2005 02:10 PM (GMT)
Las tres, acompasadas por divino movimiento, miraron a los ojos a aquel cruzado y supieron entonces que en su corazón grande era la batalla que se libraba, y tuvieron tristeza y sus ojos se encharcaron, pues no era su destino entristecer sino alegrar el corazón de los hombres.
ASí pues las tres se acercaron, pero sólo la más pequeña, de unos siete años, se acercó lo suficiente como para que el cruzado la tocara, o le cortara la cabeza con un movimiento de su arma.
Era sin duda un grupo peculiar el que acababa de formarse, porque con las dudas de D'Artois se habaía apoderado del pequeño paraiso un terrible halo de tristeza, encabezando el ejército de nuevas tristes las tres pequeñas que ahora observaban al visitante con inusual gesto. No se asustaban, pues lo esperaban.
Y la pequeña repondió.
-En Alegría. ¿Cómo te llamas, señor de Dios y su causa?
Elois D'Umbrelle - November 29, 2005 10:50 AM (GMT)
La respuesta sobrecogió a un inocente, penitente y deboto de Cristo, por supuesto hombre de Dios y al servicio del cainita más sagaz de todo París a su juicio, sagaz, honorable y pío por supuesto, y era en su señora, Elois D'Umbrelle donde se condensaron sus pensamientos. Pues si aquello era Alegría, donde estaba ella, fruto de su mayor gozo, la mujer que había robado su corazón incluso a su propio Dios.
- ¿Alegría?
Preguntó con sorna, disimulando con su la voz parte del temor que traía consigo.
Luego exhaló un amplio suspiro y dando un paso al frente, aún sosteniendo el relicario cristiano sobre su mano se aventuró el maduro caballero a buscar la solución del enigma que allí lo tenía reo.
- Soy D'Artois y no concivo Alegría exactamente como este lugar, que por otro lado es pintoresco y jobial, más mi júbilo no encuentro aquí.
Sus ojos miraban pragmáticos, su rostro mostraba escepticismo sobre su mirada, mientras su Fe alentaba a su corazón para que fuera fuerte sobre el cúmulo de emociones que le sobre venían en aquel instante.
Isolda Lamartine - November 30, 2005 08:37 PM (GMT)
La joven sonrió entonces, pues así como grande era la fe del cruzado, así mismo dinámico era el espíritu de aquel lugar. No soportaba permanecer estático en los sentimientos ni en los pensamientos, y auqneu los paisajes nunca cambiaran lo hacían y con fuerza si era sagaz el observador. Las tres eran entonces parte inmutable y a la vez cambiante, pues eran ellas aquel lugar y no simples visitantes.
Sonrió y su sonrisa fue tan poderosa que la luz de la fe y el recuerdo de Elois se tambalearon por momentos en el corazón del pío guerrero, y fue el simple gesto y la sospecha del lugar los que se posicionaron. Los blancos ropajes de la niña se movieron entonces con el mismo mágico ritmo de las tres sonrisas, y con ese mismo ritmo se movió el corazón de D'Artois, en inexplicable fantasía.
Nada dijeron, pues nada más era necesario decir, y el nombre de aquel lugar se haría valer por sí, y ellas se encargarían de aquello.
Muy lejos -bajo el supuesto, en principio errado, de que ese pequeño paraíso estuviera en algún lugar situado-, la mente de Elois sufrió una conmoción. Estaba aún su cuerpo sumido en un denso sueño, negro y oscuro, pues era vacío. Sin embargo una luz llenó los nocturnos rincones de la inconsciencia, y bajo un sol que no lastimaba, vio Elois a D'Artois conversando con tres hermosas niñas, puras y sonrientes, y el sonido de la cascada, la brisa calurosa de la mañana, llevaron a la mente de la antigua Ventrue el recuerdo de tiempos pasados, cuando respiraba, se alimentaba, y sentía a su corazón vibrar entre su pecho.
Las tres giraron con gran curiosidad la mirada, y luego sonrieron de nuevo, mirando a D'Artois.
Elois D'Umbrelle - December 21, 2005 06:21 PM (GMT)
La cegadora luz del sol supone uno de los mayores miedos y peligros para la no vida de un cainita, así fue maldito Caín, así serían malditos sus descendientes, es por eso que la descendiente del más noble de los linajes sientió un pavor inicial desmesurado, sólo atenuado por el transcurso temporal sin recibir daño.
Como un tulipán en primavera Elois volvió a nacer bajo los cálidos rayos del astro regido por la diestra de Apolo, una nueva vida, sensaciones extrañas en un mundo irreal marcaron las pautas de la desconfianza para el condenado. La dama D'Umbrelle caminó hacia quien le era menos desconocido, recelosa y suspicaz lo miró desdeñando el fenómeno juvenil dispuesto por las tres jóvenes anfitrionas.
- ¿D'Artois?
Concurrió la cainita, mientras el pobre ghoul no salía de su asombro contemplándola a plena luz del día. ¿ Ésta le había mentido?, ¿era un espejismo?, que diantres ocurría... Finalmente atendió a inquerir su respuesta con otra pregunta.
- ¿Madame?
Elois pensó pues que sólo el verdadero D'Artois sería tan necio como para dar esa respuesta, o al menos alguien que lo imitaba demasiado bien, o quizas... ¿aquello era un sueño?... ¿parecía todo tan real?...
Preguntas y más preguntas, las suyas, las de aquel que parecía su siervo, todo interrogantes o conjeturas pero ninguna respuesta.
Giró a uno y otro lado abarcando todo a su alrededor, analizando cada detalle con su peculiar vista de alcón, reparó entonces en aquellas presencias extrañas de inocente aspecto. Si era un sueño resultaba demasiado extraño y a la vez reconfortante, tan reconfortante que daba un poco de miedo.
Omitió responder al siervo para decantarse por la cría que tenía más próxima, a lo que D'Artois presumió que podía tratarse en efecto de su señora.
Volviendo a la extrañada cainita, quien conservaba la compostura pese a todo, armó una pregunta sólida a aquella niña. Lo lógico habría sidopreguntar donde estaba, pero la lógica de la ventrue iba más allá comopudo verse.
- Porqué estoy aquí.
Y la sonrió dulcemente, como un hada madrina.
Isolda Lamartine - December 22, 2005 05:47 AM (GMT)
La pequeña sonreía. Las tres lo hacían, y sus sonrias eran tan trasparentes y lozanas, que el sol, brillando ya por su propia naturaleza, ahora también tenía como motivo no dejar que la oscuridad ocultase aquellos angelicales rostros, para que todala creación pudiera saciarse de tan fecundo manantial.
Las pequeñas dieron un paso adeltante, y cruzando el pie derecho sobre el izquierdo, tomando con muca gracia las puntas de sus vestidos, hicieron al unísono una venia a la recién llegada duquesa.
Cuando se incorporaron parecían más radiantes, aún si cabe, y fcon gran soltura, la más pequeña respondió a la pregunta de Elois.
-Es usted, señora nuestra, invitada en el sueño del Caballero D'Artois, y como sueña él ahora con Alegría, y no la concibe sin vuestra presencia, os hemos convocado para que lo sea.
Sonrió infantilmente a la vampireza, pero inmediatamente las tres observaron al cruzado.
Elois D'Umbrelle - December 22, 2005 11:11 AM (GMT)
Un ghoul atónito, caballero pío devoto del Señor que no salía de su asombro contemplando la escena dispuesta en representación sobre su persona.
Mudo estaba con mirada titubeante hacia la duquesa, hacia las niñas, hacia la duquesa y así oscilaba incrédula de uno a otro lado.
Elois, tan extrañada como su siervo, pero de mente mucho más aguda y rápida tubo mejor reacción, si se pudiese considerar así propiamente.
Ceño fruncido, muecas en el rostro anticiparon una leve regañina.
- ¡D'Artois!- exclamó con profundidad elevando su voz sobre el resto de ruidos ambientales.
- ¿Se puede saber que está pasando?.
Pero D'Artois no tenía respuesta, no sabía como ni porqué estaba allí, eso era aplicable tanto a él como a su señora y unos hombros encogidos a modo de disculpa fueron lo único que se le ocurrió pese a saber que aquella respuesta no sería ni propia ni digna para su señora. Mas como podía llamarse aquello alegría, más bien se tornaba en la peor de las pesadillas.
La ventrue cabalgó el sueño y se dispuso próxima, frente a su siervo haciendo gala del peor de sus genios.
- Mi buen D'Artois explicame como hemos llegado aquí, ¿como has llegado aquí?.
Sin embaergo el tono conciliador de las suaves palabras de la ventrue, reconfortó al ghoul y despejó su mente el tiempo suficiente como para dar respuesta.
- Mi señora, simplemente cumplía vuestro principal cometido. Como ordenásteis desde hace tiempo, debía acudir a la Soborna bien temprano y estar al tanto sobre las nuevas remesas para vos y adquirir con urgencia las designadas por mi señora.
El ghoul tragó saliva antes de proseguir, pero la mirada inexpresiva de su ama lo intimidaba cada vez más, como ésta hacía y lograba en el resto de mortales.
- Después caminé hacia el Chateaux con las nuevas, pues conseguí mi objetivo, pese a nuevos impedimentos encontrados por parte del celador y así aparecí en este lugar sin saber como ni porqué, al poco tiempo apareció mi señora y ya conoce el resto.
La ventrue que había escuchado con paciencia la retaila de su más leal siervo, estaba suspicaz, muy suspicaz y recelosa. Por un lado ella debía estar durmiendo el reparador sueño de cada día, por otro había un sol que no la quemaba pese a sus temores iniciales, por otro podía sentir sus sentimientos más próximos que nunca cuales recuerdos de una vida mortal, incluso la tediosa sensación de cargar con el latir de un corazón o el tener que respirar para mantener el aliento.
Había algo extraño, realmente extraño que superaba con creces a D'Artois quien debido a su inexperiencia y juventud resultaba del todo ingenuo y carente de utilidad, no pudiendo aportar luz al abismo de incertidumbre.
La hostilidad quedó contenida cuando se agachó levemente para estar al nivel de las niñas, como saben la estatura de Elois no era gigantesca, después la miró rezumando todo su encanto, la sonrió y volvió a preguntar.
- ¿Quien es el causante de todo esto?, de que tanto D'Artois como yo estemos aquí.
Dudaba de que la niña diera una solución al dilema, pero tenía que intentarlo y agotar todas las vías posibles.
Isolda Lamartine - December 22, 2005 04:22 PM (GMT)
Las pequeñas, poco entendidas en el uso de las palabras, no creían que aquello tuviera gran trascendencia, y mientras ambos adultos conversaban en lo que ellas creían la felicidad absoluta, ellas danzaban tomadas de la mano, riéndose y cantano. ¿Qué más podrían pedirle a la vida, si no era ese sentimiento de suma satisfacción al poder ayudar al desheredado hijo del espíritu? Nada más, sin duda. Y saber que estaban haciendo justo lo que el cruzado quería las llenaba de gozo.
Comenzaban a alejarse, en su danza infantil entonando armonías sirénicas, cuando los azules ojos de Elois y su dulce voz las detuvieron. Fue esta vez la de en medio la que dio un paso al frente, y solitaria, tomando las puntas de su vestido blanco, hizo una graciosa inclinación a la dama.
Las respuestas salían tan fluidas que parecía que las tenían gravadas en su piel, y sonaban tan siceras que parecían dichas por un santo y no por un sueño.
-Es el Señor del Sueño, que en algunos lugares es Señora. Él ha visto al gentil Caballero de la Cruz, y ha decidido poner en su vida toda la felicidad de que carecía, pues él, sin saberlo, ha hecho un gran regalo al Dios.
Se paró de nuevo y volvió a la fila que formaban sus hermanas, y con sonrisa bien marcada esperó que dijera algo.
Elois D'Umbrelle - December 22, 2005 11:29 PM (GMT)
Ghoul y cainita estaban bastante desorientados, mas era el condenado quien tomaba las riendas en todo momento ante la falra de iniciativa en el siervo.
- Muy bien, llevadnos entonces ante él, o ella.
Señaló con sutileza la ventrue, quien empezaba a perder la paciencia.
Isolda Lamartine - December 23, 2005 12:53 AM (GMT)
Las tres rieron como si aquello fuera un chiste, y por poco no ceden en su gesto, que bien altanero era; las detuvo en su mal educada acción un retumbar sin armonía en la caida de la fuente. Las tres giraron el rostro, ahora verdaderamente asustadas.
Allí, justo en la orilla, un anciano sin cabellos, curva la espalda por los años, por los siglos, por la existencia fuera del tiempo, sonreía con una sonrisa tan indescifrable como la de un Antediluviano, pues eran sin duda igual o más los años que llevaba existiendo, y en un plano menos terreno.
A pesar de ellos, aquel hombre curvo no era más que el padre del cruzado, o su viva imagen; sólo su mirada milenarioa y profunda y la extraña ondulación de Alegría a su alrededor decían al cruzado que aquel no podía ser. Aunque...
Las tres niñas habían ya desaparecido.
Y el cruzado. Y la fuente. Y aquel paraíso.
Y ambos cuerpos, el del Dios y el de la Ventrue.
Sólo las conciencias permanecían flotando en la nada Mental que tanto conocía la Magister Mundi, que disfrutaba con infernal malicia de la pesada broma que ahora desarrollaba.
-¿Quería verme?
No eran voces ni sonidos. Algo más complejo, algo mucho más profundo y esencial que las palabras, y supo Elois que aquel lenguaje en el que por primera y tal vez única vez le fuera dado hablar, existía antes que los seres caminaran en la tierra.
Elois D'Umbrelle - December 23, 2005 01:10 AM (GMT)
Una voz se enaltó y respondió de forma sobrecogedora. Todo quedó vacío, ya no había nada exceptuando las salves de un caballero temoroso de Dios y que no bastaron para arruinar la audición de la ventrue.
Al tanto Elois conservaba la paciencia a duras penas, aquello era sobrecogedor y paulatino, alog inimaginable y que nunca antes había visto, sentido o soñado.
Por fin, armada de valor atendió a la voz, después de todo acudia a su reclamo.
- ¿Quien sois y por qué estoy aquí?
Indagó la ventrue sumergida en un mar de dudas, tratando de abrirse paso con la única ayuda de su fría lógica cainita.
Isolda Lamartine - December 23, 2005 08:48 AM (GMT)
Sin cambios en el ambiente. Las "palabras" de la ventrue eran tocas al "oido" del dios, pero nada más podía exigirle a alguien que, siendo antigua como era, había sólo usado las palabras y los movimietnos burdos a los que limitaba el cuerpo para expresar sus ideas, descontentos u órdenes.
"Suspiró" intentando encontrar la calma. Tantos milenios en aquel lugar tenebroso le habían creado un verdadero mal carácter.
Y si tuvo que controlarse por la burda manera de expresarse de Elois, tuvo también que hacerlo, y mucho más cuando esta lanzó tan estúpida pregunta. ¿A él qué le importaba?
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Era extraño. Lo que él pensaba, lo que él sentía, aunque bizarro a la mente de Elois, llegaba a ella límpido, pues era también parte de la conversación en aquel inmortal "lenguaje". Así mismo ella sentía cómo volaban desde su mente y desde su espíritu hasta su más mínima intención, "llegando" a "oidos" de aquel dios.
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Hacía siglos, cuando la civilización era verdaderamente grande, cuando los griegos y sus padres y sus hijos, y grandes ciudades se elevaban desde el desierto, y humanos de ojos rasgados crecían en la tierra como el arroz que cultivaban; cuando había gigantes habitando las montañas, y los poderosos seres del abismo, antiguos como la tierra, salían a pasear por las praderas que los hombres también visitaban; cuando el sol sin reparo alguno, descenía a tomar con él, con el Dios del Sueño una pinta de sangre de treunio; en esa época los grandes hombres lo invocaban para grandes cosas, y viajaban a su Reino conucidos hasta allí por poderosas sustancias y por poderosas sacerdotisas que él mismo elegía, pues eran hijas suyas; y él les aconsejaba sobre el mundo, sobre sus reinos y jugaba con sus vidas para su diversión y la de sus hermanos.
La nada tembló, si es que eso era posible.
Ese ser, ínfimo en edad y en mente, osaba haberlo llamado para preguntarle...
Tembló de nuevo.
¿Porqué sus hijas...?
Elois pudo sentir que la ira del ser crecía y crecía sin proporciones. Sintió por primera y última vez en su vida una ira tan poderosa como esa, la ira de un Dios, la ira de un ser que nunca nació porque siempre estuvo, y cuando se sentía tan dminuta, tan miserable, cuando sentía la muerte tan cerca que no la dejaba respirar, todo se volvió de nuevo negro, como fue siempre el sueño de los vampiros.
Isolda Lamartine - December 23, 2005 08:58 AM (GMT)
Al rato una anciana jorobada y medio ciega salió de una habitación lateral, caminando por el corredor que le era asigando a los frailes y a los que ayudaban a los estudiantes a encontrar sus libros para no molestar a los nobles ocasionales. Llevaba ya dos meses, casi tres, trabajando entre aquellos muros, y su sonrisa era tan sincera y su corazón tan puro, que pronto los frailes tuvieron a bien abrirle su corazón.
Incluso aquellos más resentidos tuvieron que sentir un mínimo de lástima por la pobre anciana. Esta caminaba rengeando en dirección a las habitaciones.
Ahora tendría que trabajar, después de haberse divertido tanto.
Los libros podrían esperar, sin duda, hasta que ya nadie hubiera para ver quién los tomaba.