Mediodía en el centro urbano de la ciudad de la luz. Los habitantes de París se hallaban ya en plena actividad diaria, y las centricas calles de la urbe estaban ya abarrotadas con su presencia. Parecía una colmena de abejas, donde pese a su enorme número, todas tenían una función que realizar, ya fuera importante o no.
Y, entre esa multitud de insectos trabajadores, una en concreto, se movía desempeñando una función más especial.
Jean Claude se movía agilmente por las calles de ciudad parisina como si de un pez en el agua se tratase. No en vano, habían sido su terreno de juegos y su lugar de "trabajo" desde que era un infante. Incluso ahora, habiendo pasado décadas de aquello, no había olvidado los talentos con los que por aquel entonces se ganaba la vida.
Anoche, tras una conversación con el chiquillo de Malkav, Engel Tod, una nueva tarea le había surgido a su señor. El peculiar Malkavian le había pedido, como un intercambio de favores, que localizara a un individuo por él. El problema del asunto era que tan solo disponía de su nombre, y tampoco estaba muy seguro de que fuera el auténtico.
Sin embargo, incluso siendo un apodo o algo aproximado al de verdad, siendo algo tan exótico como Von Argh, quiza hallara a alguien que hubiera oido hablar de él. Además, llevaba dos medicinas especiales que ayudaban a recordar los pequeños detalles al populacho: una era un anillo con el emblema de su señor, que le garantizaría el poder hablar en su nombre y emplear su influencia. Y otra, por supuesto, era una bolsa de cuero con un dorado contenido que tendía a otorgar una gran elocuencia a su portador.
Bien, se dijo a si mismo el ghoul, empecemos.
Adentrandose por todas las tabernas y posadas, puestos de guardia y mercados, Jean Claude hizo uso de su charlatanería y sus armas arriba mencionadas para tratar de averiguar si ese desconocido, Von Argh, había sido visto por alguien u oido por alguien ultimamente.
FDI: a ver, basicamente estoy empleando conjuntamente la propia habilidad de Jean Claude con el trasfondo de Influencia 3 de Alvaro. Adicionalmente, y si es necesario hacer sobornos, Jean Claude lleva suficiente dinero encima como para que le dure toda la jornada su es preciso
Jean Claude se empleó a fondo, preguntando aquí y allá mostrando el emblema y actuando en nombre de su señor. Pero no encontró nada, ni un rastro sobre el nombre en cuestión. Nadie sabía o había oído hablar de aquel tipo con nombre tan raro.
No parece francés le indicaron y fue lo único que obtuvo.
Jean Claude se encogió de ombros, tras el exito tan insipido obtenido en el mercado esta mañana, no esperaba conseguir gran cosa en el centro de la urbe.
Suspiro, no tenía mucho, pero al menos era un hilo por el que tirar. Había memorizado las variantes que aquel mercader Hans le había dicho, pero la apuesta segura sería cerciorarse si realmente pertenecía a una de las familias nobles de el sacro imperio.
Y así, el senescal volvió calmadamente hasta el hogar, sabiendo que nada podría hacerse hasta la noche, cuando su señor despertara.