View Full Version: Esculpiendo al diablo {11-VIII-1225 d.C.}

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Title: Esculpiendo al diablo {11-VIII-1225 d.C.}
Description: La seductora forma del mármol...


Luca Verinni - October 17, 2005 05:57 PM (GMT)
La concepción de la noche fué fluida y silenciosa, encumbrada por una orbe argentea que observaba a los subyacentes caminantes con vanagloria y altanería. Surgió de las umbras más espesas una aún más impenetrable, se movía con parsimonia, de un lado para otro, mojaba sus manos en agua tibia para rejuvenecer la carne inerte de sus dedos hace largos siglos muertos en cuerpo, pero jamás en esencia...

La sombra se engalanaba con tesón, pero el mundo ya no gira. No hay lujos que satisfagan sus deseos ni palabras que llenen sus necesidades, solo hay un vacío existencial llenado por un abstracto flagrar que hacía arder sus entrañas, corrompiendo su mente y hasta su mismísimo sentido común. No había sentido esa noche en el vino oscuro ni en las noches taciturnas. Hoy sus alaridos desesperados reverberarían en la piedra bruñida con la maestria de la condena.

Temía avanzar, pero los pasos se sucedían, y desgraciadamente su inconsciente le llevaba más alla, ya faltaba poco, se jugaba demasiado en una sola carta y aún no la había desvelado, ni siquiera él mismo conocía el reverso de su naipe. Sin embargo sabía que esa noche su investigación llegaría al culmen. Poco faltaba ya, poco...

Con la pesadez de la herrumbre se detuvo frente a Chateau D'Umbrelle, en los ventanucos vidriosos veía sus ojos, en el pórtico sus labios, en la espesura del jardín su alma. Qué fragante era el jazmin que seguramente desprendería su cuerpo ante una remota cercanía.

Nada.

Negrura.

Realidad.

- Monsieur Pier, chambelán de Chateau D'Umbrelle, habladle a vuestra señora de la presencia de monsieur Luca Octavio Verinni de Toreador.

Elois D'Umbrelle - October 17, 2005 07:54 PM (GMT)

El viejo Pier asintió con la cabeza, su visita aunque sin mucha antelación sería recibida, pues había sido la duquesa quien la deseaba, siendo esperada con ahínco.

Un enfermo chambelán indicó el camino entre toses aquejado de una severa enfermedad, pocas estaciones le quedarían ya al leal siervo que pese a todo seguía al pie del cañón, sirviendo hasta el último hálito de su alma con el fervor del primer día a la duquesa.

Caminaron de nuevo por aquellos pasillos desconocidos hasta la noche anterior y que daban al jardín de las flores, de origen clásico con guiños moriscos, exquisito y sorprendente a la vez, tanto como el gusto de la anfitriona.

Llegaron a un punto donde reposaba una mesa de mármol, pesada sin dudar, ocupando un sitio que no era el suyo, la pasada velada pudo comprobarlo el artista, mas había sido dispuesto por la anfitriona, junto con un bloque de medio metro escaso cuyo material quedaba abandonado a la conjura cubierto por una sábana blanca. También había herramientas propias para un escultor en otra mesa de madera, una banqueta y varias cántaras con agua. El detalle de añadir arcilla se contempló del mismo modo.

Mas para sorpresa tres siervos esperaban dispuestos a recibir las indicaciones del que por aquella noche y quien sabe cuales más sería su maestro. Uno de ellos habló en tono humilde, afable e incluso entusiasmado por romper su rutina habitual.

- Monsieur Verinni, la señora duquesa nos ha puesto a su disposición, sólo teneis que pedir aquello que preciseis y así os será entregado.

Servicial desde principio a fin, como todos los presentes, no cabía duda, estaba en la morada de Elois, la hospitalidad rezumaba por doquier. Sólo faltaba eso mismo, la musa, dueña y señora de tanta cortesía como riqueza.Incertidumbre que Pier tuvo la gentileza de desentrelazar.

- Madame vendrá cuando tengais todo dispuesto monsieur, esperaré aquí hasta que así me lo hagais saber.

Después de todo, la duquesa tenía tanto una vida como una no vida muy ajetreada.






Luca Verinni - October 17, 2005 08:21 PM (GMT)
Cataba la apaciguada redención que le ofrecía el silencio del lugar, envolviéndole con su vasta intensidad y arruyando con su atroz manto cualquier cabo suelto o desamparado de su mente, ya no había nada salvo focos quejumbrosos e indefinidos de inspiración, velados por mantos y sábanas, esperando ser descubiertos. Eso haría, decantarse por alguna de las posibilidades...

Escuchó las palabras del subordinado pero no hizo nada al respecto por agradecerle o corresponderle con algún indiciio de gratitud, era imperturbable en ese preludio a la magnífica y absoluta concentración, tan mansa como férrea era su mirada, que viajaba de la fresca arcilla a los búcaros con agua, inmediatamente sumergió sus estilizadas manos en el néctar elemental, sumiéndolas en una insensible congelación, apenas podía sentir el hielo que se adhería a sus dedos...No había nada salvo, vacío, más y más.

Sus manos viajaron hasta la húmeda arcilla originando una cándida cohesión, masajeándola y arrancando con sus manos desnudas la carne rojiza de la tierra, sintiendo el espíritu elemental de la naturaleza en sus extremidades, bañándolas con la esencia de la tierra muy lentamente.

Inspiró y expiró un insípido e inservible aire, que recorría sus contaminados pulmones para salir nuevamente. El ciclo vuelve a sus comienzos.... Enjuagó nuevamente sus manos refrescadas, enjugándose las últimas gotas en una fina toalla tejida.

Tomó las herramientas que la cortés mujer le había preparado, seleccinando entre ellas las que creía convenientes. Adquirió para su intrínseco arsenal un buril, un escoplo y un cincel. Asió con firmeza un punzón y deslizó su afilado extremo sobre el mármol, causándole una fina y casi imperceptible herida blanquecina, que al tacto casi parecía desaparecer.

Volvió a inspirar y expirar un aire vacuo que le traía recuerdos y amargos pensamientos...

- Decidle a madame Elois que ya puede pasar...

Elois D'Umbrelle - October 17, 2005 08:55 PM (GMT)

- Ya está aquí.

Replicó una suave voz como la brisa marina, fresca como el manantial de dulzura del cual provenía, inconfundible resonaron las palabras en el toreador, proveniendo de su espalda, pues la dama se había anticipado y tenido el placer de ver al artista desenvolverse en su entorno. Cierto era, la curiosidad la impulsó a ello.

Cuando Verinni se dio la vuelta y pudo contemplar la fuente de la fijación en los siervos que la contemplaban asombrados entendió el porqué de sus actos.

Pequeña y de cuerpo frágil, se alzaba a escasos centímetros una escultural figura, pulida en la carne, pulimentada por la mano de Dios y corrompida por la maldición de Éste. Aún así, parecía el mismo mármol, esculpiría pues una estatua gemela el toreador, y es que los rasgos de la ventrue, sólida y radiante no hacían sino de ella una misma estatua pulida y digna de posar en el Phanteon de Phidias, pues siete eran las maravillas del mundo, una maravilla era ella.
Allí estaba, en pie, sonriente y dulce, dulce y fresca, fresca y sonriente. Calificativos que hacían de la doncella una musa en todo su explendor. Armada con una toga blanca recogida en su hombro por un bello broche de oro similar a la hoja de parra. Y sería precisa una o quizás miles para festejar con el embriagador néctar de la planta su presencia, erguida, majestuosa, haciendo nombre al remoquete de Patricios que su clan usurpaba a los nobles romanos, pero no era usurpación sino feliz coincidencia en esta ocasión.

Un pelo azabache recogido en una red dorada conformaba un moño del cual se desprendían ondulados rizos como las olas del mar, pero tampoco faltaba el mar, plasmado en la mirada, en los ojos brillantes de Elois, centelleando esa noche empujados por el embrujo argéntico de Selene influyendo en la ventrue como en las mareas.

Caminó descalza y recaló entonces tanto el toreador como el resto de siervos boquiabiertos en la pulsera que pendía del tobillo, emitiendo un sonoro tinteno al chocar el metal contra el metal. Elois sentía la hierba sobre sus desnudos pies y el cosquilleo animaba su buen humor añadiendo sonrisa sobre sonrisa a cual más pronunciada, describiendo entonces sus labios una efímera carcajada, inusual en la dama de noble cuna que pese a todo nunca se desprendía de su porte regio, inhundado por ese aura de supremacía fruto de su camino. La dama bien lo merecía pues era una virtuosa en la Vía Regalis, no en vano su máxima representación en París y por ende un detalle más para inspiración, ¿sería Luca capaz de plasmar la majestuosidad?. Él era el artista, sólo él lo sabría...

- ¿Empezamos?

Sugirió sensual, más que nunca esa noche la ventrue, con sus hombros desnudos acompasados por el escote que le propiciaba la toga. Se tornaba como un sueño la revelación, un dulce sueño como dulce era el caracter de Elois, aunque en ese momento no era dulzura sino picaresca lo que desprendía, carisma no le faltaba a la dama y eclipsaba con su fragancia sugestiva el aroma floral de los próximo jazmines.





Luca Verinni - October 18, 2005 09:11 PM (GMT)
Observaba el cuerpo animado, frágil, bello, terso...Se enamoraba de sus pasos milimétricos y acompasados que se sucedían por la sala seguidos por el rasgueo de la vestimenta especial de la mujer. El oro de su prendedor le deslumbraba, la rejilla que envolvía sus cabellos le anonadaba y no eran menos sus hipnóticos ojos, que resaltaban sobre el mar de tibia e impune indiferencia, parecía ciertamente haber sido tomada por los cálidos abrazos de un dios caprichoso, que le había conferido tal hermosura para el deleite de tan pocos. Haría de la viva imagen de Elois una pétrea gemela que postergaría la muerte de su belleza abandonándose en la lenta y dolorosa erosión de los siglos.

- Bonsoir mademoiselle Elois, podéis disponeros allí mismo

Señaló el lugar sin dejar de observarla, si hubiera necesitado aire, este seguramente le hubiera faltado. No había nada flotando en el ambiente que hubiera llenado sus pulmones salvo el que la bella dama pudiera insuflarle directamente desde su boca, sin embargo...

- Empezaré esculpiendo la arcilla, será como mi propio boceto

Hablaba de lo que tenía en mente, para amenizar la seguramente longeva y tediosa batería de sesiones de moldeado. Humedeció otra vez sus frías manos en el agua, amasando la tórrida superficie de la arcilla, convirtiéndola en una masa deforme y algo más moldeable. Así, arrancó puñados de la misma tierra, dándole diversas formas, pero finalmente todas convergían en un solo punto. Un gran cúmulo del material granate frente a él, se tomó verdaderamente bastante tiempo en esta simpleza, pues hasta figurándose el resultado en piedra tenía que agudizar todos sus sentidos. Muy lentamente acarició la base de la conglomeración arcillosa con las yemas de los dedos, dándole una vaga forma afilada que minutos después podría adivinarse como su mentón. Sin embargo, a juzgar por la expresión del Toreador no vislumbraba una representación demasiado convincente, tanto que hasta le resultó frustrante continuar...

- Veamos...

Caviló larga y silenciosamente sobre el siguiente paso a dar, dirigiéndo sus dedos firmes y seguros hasta una porción de la arcilla amasada, redondeando cierta parte que serían los pómulos, sin embargo tampoco esto parecía calmar su deseo o necesidad...

Se giró mirando fulminante el búcaro de agua y se enjuagó las manos en ella, tiñéndola de un suave bermellón. Se acercó a Eolis y se tomó la licencia de palpar su rostro, de tocarlo muy suavemente con los ojos cerrados, de sentir como lo haría un invidente las pronunciaciones de su faz, la maravillosa simetría de sus perfectos y miméticos rasgos. Sentía una profunda devoción por sus actos...

Elois D'Umbrelle - October 20, 2005 09:03 AM (GMT)

Una mirada inteligente no perdía detalle de lo que el toreador elaboraba, era dificil que la ventrue pasase por alto que algo no iba bien, pues Luca no atinaba a dar con lo que para él era su SanGrial. Una búsqueda más allá de lo físico, una búsqueda espiritual con manifestación. Aunque de sobra sabía que no era esta la única situación, sospechaba que el toreador ponía todo su empeño en cada nueva obra y que realizaba una nueva búsqueda con cada trabajo hasta lograr culminarlo.

Seguía quieta, inmovil, no le costaba trabajo pues todos los años de cortesana en vida, sumanos a su no vida entre cortes cainitas, habían sido un entrenamiento más que duro haciendo de ese estado de petrificación algo irrisorio en comparación a otras tantas veces similares y también muda. Sin embargo no era su intención permanecer muda, pero tampoco quería perturbar la inspiración del artista, aunque por otro lado su voz podría sumarse, tomando Verinni una percepción sensorial a nivel de todos los sentidos, salvo el gusto, claro estaba... por el momento...

Tras un buen rato repasando la incertidumbre del artista colmadas sus ansias oratorias en un absoluto silencio en tanto que Luca trataba de dar forma a su mentón se arriesgo a romper el silencio por fin.

- ¿Os importa que hable o ello os perturbará en modo alguno?

Preguntó tímida e inocente una ventrue que quería amenizar la velada y puede que algo más...


Luca Verinni - October 20, 2005 03:47 PM (GMT)
Palpaba delicadamente la húmeda arcilla, curvándola suavemente con el fluido viaje de sus manos por el presunto rostro de Elois, sintiendo un bramido palpitante e inquieto en su pecho, una fiera incontrolable que le propinaba a todo su cuerpo con deliciosa soltura una calidez extrema, coloreando suavemente sus dedos del cariz de la sangre. ¿Quién había reclamado los servicios del corazón?

Nadie.

Solo Elois y su inocente belleza habían despertado en él pasionales instintos tras bastante tiempo en desuso pues no era cuestión del día a día el anhelar con el alma los abrazos y los besos de una mujer correosa y casi feérica. Aunque claro está, él y sus congéneres lo tenían extrañamente más..."fácil".

- Hablareis, mademoiselle Elois, cuando yo os implante la boca...

Tras acabar de perfilar su barbilla delineándola cuidadosamente con las manos se volvió a las cuencas de agua, lavándose rápidamente las manos y volvíendose a acercar parsimoniosamente a la pronta estatua de carne y hueso que coronaba el recinto, acercó su diestra a la cara de ella, rozando con su pulgar el curvado relieve de su tacto, ahora una mezcla del temprano calor intrínseco y la frescura del agua. El sentir tan caprichosos labios en sus propias manos ampliaba el alcance de sus fogosos deseos, sumiéndole en una generosa locura.

Tras marchar de su lado y volver al soporte que le presentaba la arcilla vágamente moldeada condujo nuevamente sus manos a una parte del supuesto rostro, pellizcándola suavemente y curvando el relieve resultante, muy lentamente estos accidentes en la tierra roja fueron tomando la forma de unos labios gruesos y seductores, que apuntaban a su creador con su innata frescura.

- Ahora podeis hablar, mademoiselle Elois.

Alzó nada más que para ella el rostro, levemente interrumpido por brillantes cabellos que perlaban su cara del renovado brillo de la tierra, de esta guisa le procuró una simpática y entrañable sonrisa.

Elois D'Umbrelle - October 20, 2005 08:16 PM (GMT)

Rápido enmudeció no queriendo perturbar el estado de la arcilla moviendo sus labios y boca con el parloteo. Después Luca pareció terminar y se acercó a ella.

El húmedo tacto de las manos del artista daba una impresión fría primero, para tornarse cálida y sin saber como ni porqué Elois retornó a la anterior impresión sensorial a causa de un escalofrío. Las manos del artista sobre su cuerpo hacían que la ventrue sintiese emociones hasta aquella noche desconocidas, impresiones vedadas para alguien como ella y sólo al alcance de inocentes doncellas. Fuerte de carcácter sostuvo sus ansias de réplica quedándose perenne como fiel estatua pese al impulso de corresponder en caricias a Luca, sumergiéndose en el mundo del autor. Su mens, astuta y de rápido raciocino empezó a dilucidar lo que suponía la no vida de Verinni. Hasta aquel momento en el que hizo de musa no lo comprendió y quedó prendada del encanto que rodeaba ese mundo, más si cabe del propio encanto galán del toreador. Supo pues Elois que el derroche de galanterías cortesas de Verinni era superficial en comparación con su obra.

Luca marchó a culminar el boceto, con la penetrante mirada marina agonizante tras sus pies, mas la ventrue se recompuso sobria y serena cuando la mirada de éste se posó de nuevo en ella. Sea por mantener la pose para el artista o sea para mantenerse en su sitio, el caso fue que lo hizo y tan natural y glamourosa como siempre, incluso hasta puede que más.

Terminó el autor y le cedió paso, pero una ventrue anonadada no podía musitar palabra aún recomponiéndose de su larga travesía por el mundo particular de Verinni, mas era Elois D'Umbrelle y su orgullo, su Vía y sus convicciones la impulsaban a seguir adelante con la charla, después de todo tenía mucho en juego esa noche...

- Gracais monsieur Verinni.

Replicó sonriente y tímida, una sonrisa especial como el brillo que sus ojos, los cuales se tornaban en aquel momento algo distintos, especiales, fogosos. Cierto era que la dama tenía mil y una caras, había rostros y facetas suyas donde elegir, pero esa no había sido desvelada nunca en presencia del toreador. No hasta esa noche, hasta ese preciso momento.

- ¿Cuantas sesiones harán falta?

Inició para romper el hielo con el tema que tenía más a mano, tratando de buscar la vía apropiada para sus intereses..


Luca Verinni - October 21, 2005 04:51 PM (GMT)
Extrajo del corazón de la arcilla más pellizcos con los que construir una nariz, perfecta, angulosa, femenina, idéntica...Se concentraba en el manejo impoluto de sus dedos sobre el moldeable material, observando las desfiguraciones que le procuraba con sus propias manos, cada vez más empañadas de la labor que tenía por delante y con la consecuente firmeza del que se vuelca sobre su trabajo. En los instantes en los que tenía en sus manos tan variable material no había nada ni nadie más en la sala, nada salvo el corazón inquieto de la tierra latiendo entre sus esforzadas manos, que labraban la piel y las entrañas de la naturaleza con la profundidad con la que podría perfeccionar un cuadro.


Recordaba el estremecimiento al tacto con mademoiselle Elois, sin empargo el pensamiento no conseguía menguar su atracción por aquella pétrea silueta cuya mirada estuviera seguramente clavada a sus espaldas, había llegado el momento de trabajar sus ojos, para lo que practicó dos grandes oquedades en la tierra bermellón implantándole dos orbes de la misma constitución, perfilándolas con un punzón para añadirle unos realistas párpados que cercaban a las mil maravillas la reciente creación. Mas la reserva de inspiración se agotaba y tenía que surtirse del encanto de las musas si quería continuar, si iba a trasladar los ojos de Elois primero a arcilla, tendría que deleitarse con el ejemplo original.


Contempló con fijeza los variables ojos de la mujer, que vagaban entre el turquesa y el más denso azul, sintiendo sus pupilas como dolorosas simas que se invertían para inyectarse en sus propios ojos, sumiéndole en un placentero martirio, culmen de la paradoja. Era el momento de obedecer la señal, si no era ahora corría el riesgo de no tener la oportunidad nunca, y perder sin arriesgarse no era algo a lo que estuviera especialmente aficionado.


- ¿Podrían abandonar la sala sus siervos, mademoiselle Elois?


Un corazón entumecido por el desuso fraguaba los más artísticos movimientos en el interior de su pecho, retorciéndose de la encarnada locura y frustración. La tenía delante, tan cerca que apenas podía distinguir sus cabellos de su mentón, solo eran estatuas pétreas e insensibles opuestas por una distinguida fuerza superior, que les torturaba y sumergía en una ineludible condena.

Se dilató tanto la cercanía que si halito expidiesen sus labios ella podría sentirlo en los propios, y embargarse de la vitalidad del artista, sin embargo no eran motivos abstractos y elementales los que le habían conducido a semejante acercamiento, solo era el deseo y la ambición de algo más lujurioso, brillante, embaucador, sincero, candoroso...Un cálido roce de labios.

Elois D'Umbrelle - October 23, 2005 10:50 AM (GMT)

Los ojos de la ventrue siguieron armoniosos la evolución que presentaba el toreador, sin moverse para no perder la pose pero deleitándose con la forma que adquiría la arcilla gracias al trabajo bien pertrechado de un efusivo artista, el cual parecía insuflar parte de su propia esencia en la obra. Parte de la esencia de Luca acompasada con parte de la esencia de Elois, el fragmento que el toreador recogía de su presencia. Y así cobraba forma el busto que a posteriori daría utilidad a aquel bloque mineral que estorbaba en las arcas de una ventrue que no soportaba la idea de tener algo sin utilidad. Transformando la fría presencia de la roca en algo tan bello como ella misma y Luca al mismo tiempo, era una unión entre ambos, aquel busto implicaba un querubín propiamente dicho. Era el fruto de la unión de ambos cainitas.

Verinni se concentró en su mirada, fogosa, intensa como las olas del mar, pues marinos eran su ojos, concentrados como un aguila imperial sobre su presa toreador.

Asintió con la cabeza a la petición que el padre de la obra le hiciese, no hizo falta más, los siervos se retiraron raudos, dejando a los dos cainitas bajo la atenta mirada de selene y con el manto de la noche veraniega como única protección.

Pese a todo un recelo crecía en la ventrue, una sospecha que hacía dudar de las intenciones de Verinni, tensando sus músculos para disponerla alerta.


Luca Verinni - October 26, 2005 04:23 PM (GMT)
Cuan costoso era intentar desclavar la mirada de aquella mujer, que tenía tan al alcance de su mano, o al menos eso parecía, puesto que sus rasgados ojos hablaban de indolencia y severidad contrastando la fragilidad e inocencia de su cara. No iba...No podía dejarse engañar, estaba en el deber de resistir sus feroces instintos.

- No podría precisar ese dato ahora mismo, mademoiselle.

Así, simulando diestramente que su cercanía iba motivada por la correcta apreciación de su faz se retiró nuevamente a la arcilla, continuando su labor que poco a poco iba llegando a su fin.

Elois D'Umbrelle - October 26, 2005 10:06 PM (GMT)

Tan cerca y tan lejos, como un abismo entrelazado por un antiguo puente de madera, cuan antiguo era el juego que el toreador y la ventrue jugaban esa noche de verano.

Verinni marchó a completar su cometido, mostrando más interés por la réplica que por el original. La ventrue, combativa donde las halla, no se iba a dar por vencida así como así. No era una doncella enamoradiza o una dama asustadiza, en toco caso era un depredador que acecha en la oscuridad, un dato que sí era preciso. Por tanto cuando Luca partió Elois abandonó su pose de estatua y avanzó con paso firme y descarado tras él. Elegante como era su porte, era noble después de todo aunque sus intenciones no lo fueran.

- Monsieur.

Reclamó al toreador a menos de un metro tras este con una voz firme, majestuosa y dominadora. Más que un reclamo parecía una orden, una dulce orden expuesta con la sutileza propia de un aleteo de mosquito rondando al objetivo antes de asestar el picotazo y robar su vitae.

- ¿Cuan sensibles son vuestras manos o vuestros sentidos?

Preguntó de repente con esa voz acaramelada y suave como el terciopelo. Voz de fantasía, como la dríade que Luca tenía ante sí con morada en aquel jardín.


Luca Verinni - October 29, 2005 08:46 PM (GMT)
Erosionaba con extremo cuidado la pieza de arcilla ya casi finalizada, engrosando aún más los labios para añadirles el máximo de realismo posible. Tanto era así, que parecía que en cualquier momento fueran a cobrar vida y se diesen a la dilucidación, sin embargo de las entrañas de la tierra no salió ninguna voz, ningún ruido, solo la quietud y la incansable espera de ser moldeada una vez más, acariciada por unas manos maestras que tratan con el tesón con el que se acaricia la piel de una amada la propia carne brillante de rojura.

Escuchó a sus espaldas inconfundible sonido sordo de los pasos, algo había quebrado la atemporal quietud del momento, removiendo las aguas pausadas con terribles golpes de viento. Algo ya había dejado de funcionar, una pequeña grieta sobre la que escapa el caudal de agua, una diminuta fisura por la que huir la esencia pudiera...

Se giró con prontitud hacia la mujer, de ser el motivo del acercamiento una urgente necesidad la podría atender mejor desde esa postura, mas ante su rostro impávido y extrañamente juicioso no contempló la diligencia de una necesidad existencial, solo una sereno y enjuto mar de ropajes níveos, del cual emergía la más candente de las voces.

- Qué extraña pregunta mademoiselle, creo que deberíais precisar más puesto que la sensibilidad no es una magnitud que podamos medir numéricamente. Es algo tan subjetivo como indescriptible...

No sabía donde quería ella ir a parar. Temía que el torrente de agua que creía haber controlado desde el principio se le hubiera ido de las manos, embistiendo en su camino todo el tesón y el esfuerzo que con tanto esmero había impuesto.

Elois D'Umbrelle - November 5, 2005 11:09 AM (GMT)

Algo sacó al toreador de su leve ensimismamiento causado por sus pensamientos, era frío al tacto pero candente al mismo tiempo, gélido por fuera e hirviente de pasión en su interior, no era otra cosa pues que la delicada mano de porcelana de una doncella, Ventrue, Elois a los efectos, sobre su hombro. Aquella muestra de acercamiento dejaba precisamente en aquel justo momento a ambos cainitas demasiado próximos. Una juguetona nube veraniega eclipsó el astro reinante en la noche, oculta pues Selene sus fogosos rayos quedaron apaciguados y el jardín por ende yacía más tenue, sobre todo en torno a ambos cainitas y al tiempo que pendía del deseo de la dama Elois, pues ella con suaves movimientos aplacaba los granos de arena mientras recorría el fuerte brazo del escultor. No hubo palabra, apenas luz, sólo silencio en un lugar atemporal en el cual quedaban enfrentados los dos cainitas con sus más intimos deseos al descubierto.

Ocurrió pues un gesto perturbador, como una gota de lluvia al tocar el océano, océano eran los ojos de la dama, creando ondas paulatinas sobre la mojada superficie. Así la sonrisa de Elois forjó una extrañas vibraciones, irradiando más calor del existente per se en aquella remota distancia que separaba ambos cuerpos.

Olas exaltadas rezumaban seducción en la mirada de la Ventrue Elois, intensidad y súplica, pues ella suplicaba algo del artista que hasta aquel momento había sido negado. Las intenciones quedaron puestas en liza, la doncella tenía claro lo que quería y como lo conseguiría, no en vano era una virtuosa del camino de los Reyes, su aura rebosaba mando y su espíritu maldito y condenado mandaba saciar sus exigencias.

Un leve balanceo bastó para el diminuto cuerpo de la francesa que se aproximó rauda como un rayo, mas no había tormenta, sólo la que aquel gesto desbocaría y entonces ambas bocas se fundieron en un apretón propiciado por la dama, los carnosos labios esculpidos en arcilla se hallaban ahora rozando los labios de Luca y al tiempo que sus prodigiosas manos los sentían en el material. Sin embargo esa sensación era diferente, de sabor dulce como cabía esperar en el pozo de miel que era la dama, intenso como los fuegos fatuos que poblaban su rostro, danzarines y brillantes que... que... habían quedado en el olvido por unos juguetones párpados unidos al juego que tenían nube y luna, ocultaron sus ojos, su mirada, su fogosidad para que ésta trasluciera y traspasara a Verinni no por su mirada sino de boca en boca, y nunca ambas bocas habían estado tan cerca como en aquella ocasión.

La juguetona nube desapareció y con ella el juego de Elois, Selene una vez más desprendía sus argénteos rayos cuando el retroceso del balanceo inicial dejó a la Ventrue donde estubo en un principio, mas su cara rebosaba... rebosaba... dejémoslo en que sólo rebosaba, pues no había palabras para describir aquella insólita situación. Eso si, sus ojos ya estaban fijos de nuevo, cual rapaz amenazaba la existencia del artista, motivos más que suficientes para olvidar que la doncella no era frágil, ni de porcelana, no era presa sino predador.

Sonrió de nuevo, sus labios cedieron a sus deseos, muecas de júbilo en su rostro matizando detalles de su figura nunca antes vistos.

- Me refería a vuestor dominio sobrenatural monsieur, vuestra percepción extrasensorial.

Suaves palabras, como el terciopelo deslizándose sedosas a través del nocturno viento, rompiendo uno de los odres de Eolo para así poder cabalgar a su antojo y arremolinarse sobre Luca, envolviéndole con su fragancia. Elois cambió o mejor dicho prosiguió el tema como si nada hubiese ocurrido, aunque estaba bien claro lo que pasó en aquel instante atemporal.

Terminaron sus palabras y ella esperaba respuesta del artista, mas su delicada mano no había abandonado el cuerpo del toreador, acariciando su mano con sumo cuidado, guardándola como la más lujosa de las joyas, de las cuales debía tener muchas la Ventrue, pero en ese momento y lugar, sólo quería deleitarse con el tacto que propiciaba el artista.


Luca Verinni - November 5, 2005 10:15 PM (GMT)
Las sensaciones a las que su cuerpo se exponía con el roce de la mujer eran tan variadas como indescriptibles ya que primeramente someter su piel a la inusual antítesis de hielo y fuego le sumía en una crispación y un placer etéreos y cuasiorgásmicos. Ella le indujo en un placentero roce, empero él la cautivaría con los ojos. La miró, tan intensamente que parecía que de un momento a otro unos ojos fueran a atravesar a los de enfrente ¿Los de quien resultarían vencedores de la lid? El deseo era ahora un mar de ascuas ardientes por lo que la cercanía se le antojaba una eternidad similar a la línea de circunvalación de la tierra. Necesitaba para apagar su amarga ser un roce más íntimo y frenético con la mujer que ahora blandía su brazo, creía que de no verse cumplidas sus espectativas moriría en el acto. Y no fue así de momento ya que anterior a nada la tierra se ensombreció, alguien impuso un manto sobre la eterno cielo, sin embargo se olvidó de cubrir a la última estrella, una que se hallaba en vuelta en sedosos ropajes, en un idílico jardín frente a un hombre que lucía en la tirantez de sus pupilas un amor oculto, imposibilitado y cruento. Un amor que tenía que consumar por todos los medios...

Así pareció entenderlo la mujer que imprimió en las delgadas y blanquecinas vetas que eran sus labios el gesto más cálido y cautivador que pudiera haber sido alguna vez inventado por el hombre. El fuego de su corazón desbocado ascendió por su garganta hasta desprenderse de su boca, implícito en la saliva que ahora se guarecía entre los labios de Elois, casi podría esta sentir las emociones y los florecientes secretos que el inhumanamente bello Toreador tenía en mente. Tras las oleadas de fuego sobrevino el regocijo y la paradoja de sensaciones, sentía como los balsámicos labios de la mujer renovaban su espíritu, inspiraban más que cualquier otra musa o ninfa los instintos del Toreador, cuyos pensamientos y elucubraciones se encendían pasionalmente. Allende el mar que la mujer le había transmitido se encontraba la indescriptible y calurosa oscuridad, que blandía estrechos momentos de placer, que no dudaba en imponer sobre la enamoradiza mentalidad del artista, que ahora rezumaba la lozanía de la juventud, como si aquel sensual gesto hubiera sido para él su elixir, la panacea, un pedazo de la mismísima, ambrosía...Vitae. ¿Había despertado todo aquello su sed más íntima? Entre otras tantas. Aquel significativo beso había desenterrado multitud de necesidades que en un momento u otro de la visita ya había experimentado...

No respondió, no podía hacerlo...Confiaba en que la mujer conociera la implacable fijación y necesidad de un Degenerado de más de lo que siempre le era propiciado en cuanto a lo que cuestiones de belleza se trataba. Era para todos ellos una droga inigualable de la que aún no se había encontrado remedio. Solo esperaba que el abastecimiento de dicho bebedizo no le fuera arrebatado, no al menos todavía...

Elois D'Umbrelle - November 29, 2005 12:07 PM (GMT)

La neblida empapaba su ojos fogosos de pasión, pero en verdad no era neblida sino un velo, aquel que delimitaba la barrera entre ambos, entre lo correcto y lo impropio, una vocecilla arrulladora trataba de aplacar los instintos más humanos olvidados tiempo atrás, pero que en cada instante que Elois yacía en presencia de Luca florecían con más y más fuerza, tormentosa, huracanda y a la vez seductora como el propio toreador. La voz fue apaciguandose hasta quedar muda, perdiendo fuerza en detrimento de los impulsos, desdeñando la etiqueta mientras la picardía se sobreponía al efecto que un simple beso había propiciado.
Picardía rebosaba el rostro empapado de sentimentalismo color marfil, únicamente rota la uniformidad por dos excelsos océanos de azul marino intenso dispuestos a ambos extremos de su pecuilar nariz francesa. Un amplio contraste con el aroma dulce, la aureola de ternura y el frágil cascaron que envolvían a la doncella.

Entonces, otro gesto. Una mano rozó a la otra, suave, fogosa y gélida en su contenido, no era otra pues que la de Elois D'Umbrelle, asiendo con fuerza, la propia para una dama, impetuosa pero carente del vigor de un hombre, no obstante bastó para que su simple roce atrayera para sí al escultor, al artista ensimismado por momentos en los mares de sus pensamientos y de allí lo abstraía esa mano, pues sacándolo del estado en que estaba sumido, Luca pudo ver un sendero distinto al existente del jardín. Estaba rodeado por muros de fría piedra, alfombra roja en el suelo, escasa luz y una dama impetuosa arrastrándolo tras ella. Negándole su rostro pues era la vigía que como una ninfa lo llevaba a su reino de magia dentro del bosque, no había bosque sino roca, entonces lo conducía a un remoto lugar apartado del propio bosque, y cada vez más profundo, adentrándose ambos en las entrañas de la misma tierra, en los propios cimientos del castillo.

El camino cesó, ante ellos se postraba una puerta dorada, labrada en el más exquisito material, el oro. Era recia, y varias letras en latín adornaban su marco, la doncella, llave en mano extendida, miraba con ojos perturbados, idílicos acusaban al toreador con la fogosidad creciente de un arrebato, tal vez de lujuria o tal vez un atisbo de un sentimiento más humano, sólo la propia dama lo sabría. No hubo palabras, sólo gestos, miradas, tensión creciente entre ambos, no de las que se respiran en la corte, sino una tensión de corriente fluctuante como la atracción de dos imanes con polos opuestos, y es que acaso no era Luca el Norte y Elois el Sur, o viceversa. Polos opuestos eran, no había duda y cuanto más cerca el uno del otro la atracción es mayor. Así Elois ofrecía la llave, la llave del destino, un destino mutuo que se escondía detrás de la alcoba forjada en ilusiones tras aquella puerta dorada.

- ¿Sois creyente?.

Suspiró, pues en ese momento, sus palabras eran suspiros más que otra cosa y era la ventrue, paradigmática con sus frases, que podrían dejar a Luca fuera de lugar, mas un enigma encerraba su pregunta, acaso era la clave para cruzar el umbral del deseo, acaso si Luca no acertaba sus deseos quedarían en anhelos, pero y si acertaba... entonces y sólo entonces pudiera ser que sus deseos más profundos quedasen consumados...

La dama esperaba respuesta mientras la ansiedad de la pasión innata la consumía.


Luca Verinni - December 30, 2005 12:16 AM (GMT)
¿Era aconsejable responder a los instintos, ceder al salvaje clamor de los más impuros deseos? La respuesta a tan indeseable cuestión deberían decidirla ambos pues la quietud prolongada abandonaría sus restos en un mar de tensión y frialdad. En su débil cabeza el deseo eclipsaba la razón, aplastando con bravura toda seña de pragmatismo, rectitud y orden. Sus labios, envueltos en la fragante saliva, realzada por los espectros de la noche, invitaban a sellarlos con un plausible beso, en consonancia con la prístina salvajez del apogeo de los tiempos, donde la calma era un sueño y las afrentas el día a día.

Sus ojos azarosos y embadurnados por la emoción, perdidos en la distancia del pensamiento volvieron en sí tras la tremebunda sacudida de sentimientos a la que él mismo se sometía. Esa fuerza impetuosa que aguijoneaba su voluntad, férrea durante todo este tiempo, transformándola en voluble éter destinado a alimentar el olvido. Su mano, encarcelada por otra de una guisa más afable y tierna, más dulce y refinada viajaba adelantando a todo su cuerpo, y más aventajada aún que su esencia, que todavía divagaba por el irrevocable desierto nacido de un beso.

Como en la febril ensoñación de un crio demente, atravesaban parajes remotos e infectados por la manos de la naturaleza y las sierpes del tiempo, que devoraban lentamente la sal de la tierra, destruyendo con su ácida mano todo lo que incitaba al roce. Tacto. La tensión fue en tan solo un instante el cálido presagio de que una ola de placer se aproximaba.

Y aquella majestuosa ninfa le habló, con tanta dulzura que parecía que estuviese escuchando su voz por vez primera, sucumbiendo muy lentamente bajo el funcional veneno de sus labios, delgados y suculentos, que se curvaban y estrechaban dando forma a las palabras que emergían de su deseosa boca.

- Tras cautivarme con semejante gesto y haber arrancado de mis sobrias entrañas anhelos y deseos furtivos e inconfesables reclamais una extraña respuesta. No tengo en mi haber la razón suficiente para pensar con rectitud, ahora que únicamente hay en mi cabeza un pensamiento, pecaminoso y retorcido para el tema que me ofreceis, mi señora. Mi perturbada mente se halla ahora anquilosada en ese candoroso gesto y temo en estos instantes que jamás pueda apartar de mi raciocinio tan lasciva muestra de afecto y yo he de confesar que...mentiría si dijera que me basta con un simple beso.

No mentía, en estos momentos su delicada percepción había sido abruptamente envuelta por la más frágil sutileza, y sus palabras iban varios pasos por delante de su pensamiento.

Elois D'Umbrelle - January 8, 2006 12:53 PM (GMT)

Dos ojos como dos mares se clavaron en el artista sumergiéndolo en un océano de pasión desenfrenada, dos frágiles manos tomaron las propias del artista, también frágiles y a la vez sensibles como las de una dama. Las olas arrastraron a Luca mar adentro, depositándolo sin salvavidas en medio de ninguna parte, sobre sus caderas. Tan sólo la fortaleza del nadador lo mantendría aún a flote, pero cuando estas quedasen mermas se ahogaría en la pasión desenfrenada que la Ventrue lo sumergía.

Entonces, cual canto de sirena que a los pescadores y marinos, y a todos los mortales e inmortales en general embrujaba, la ventrue volvió a embaucar al pobre iluso, el artista corrompido por el deseo Luca Octavio Verinni.

- Mi señor Luca Octavio Verinni.

La ventrue se recreó sobre el nombre del toreador, pronunciando despacio y sensual cada sílaba al tiempo que su boca se aproximaba nuevamente, sílaba a sílaba a la boca del toreador. De allí obtubo un nuevo beso, dulce y tierno, pero dejando el amargo sabor de la despedida por su corta duración.

- Decidme, sois creyente.

Un tira y afloja al que Elois sometía juguetona al pobre Luca, en espera de su ansiada respuesta, con sus océanos ahogando con la mirada al desesperado incauto que se había atrevido a navegar sin la protección adecuada por aquellas aguas turbulentes del Chateaux D'Umbrelle.


Luca Verinni - January 12, 2006 07:32 PM (GMT)
Daba por perdida la batalla, creía haber sucumbido a los deseos inconfesables de los mares de la carne, llegó cuanto menos tarde el rayo de luz redentora, que le dio el vigor para aferrarse desesperadamente a las rocas, en una inconmensurable pugna por no ahogarse en el perfume de los besos, abdomen abierto a causa del titánico contacto. ¡Vuelve a ser!

Hasta entonces había sido un despojo escamoso en la arena, arrugado, indefenso y mutilado, en breves la sierpe se erguirá, para infectar con su veneno las mentes de todos. Se balancea sinuosamente, al compás del tiempo, larga ha sido la espera hasta la obtención de la inevitable experiencia. Sisea, muerde, secciona. Pronto, muy pronto el turbulento manantial volverá a su cauce de aguas negras. Susurra, acaricia, hiere. Eras de exterminio, décadas de excusas y noches de desazón. ¡Vibra, arranca, mutila!

Labios que se adhieren, el contaminante veneno pasa de boca en boca, ya es hora de despertar, abre los ojos...Gobierna.

- Creo en el poder indómito, en el escarnio impenitente, en el amo y el sumiso. Paladear el gobierno, saborear la fortuna, consumirse entre heroicos idilios. Extiende tu mano- Toma la mano de la dama y la extiende, deteniéndola en el aire, tomando sus dedos y presionándolos para que se cerraran sobre la nada intemporal, el aire fragante, los espíritus del tiempo - Es poder lo que tocas, es tan inmaterial como indispensable, deséalo, camina hacia él de mi mano, no por delante de mí, sino a mi lado...Viaja conmigo al destino ineludible y te jactarás de aquellos que ahora te doblegan y te hacen sucumbir. ¿Puedes sentirlo?

Veneno es su nombre, purulentos sus dedos, corrosivos sus ardides.

Avanza hacia ella con los labios entreabiertos, exhibiendo unos colmillos níveos y hambrientos de algo muchísimo menos sustancial que la sangre. Se proclama dueño de sus labios un instante, los muerde, los paladea y los tortura con su lengua, para más tarde cederles una tragua temporal. Tan solo eso.

La puertas está entreabiertas. Que sean nuestras manos quienes las empujen

Elois D'Umbrelle - January 15, 2006 11:40 AM (GMT)

Y la respuesta le fue negada otra vez. Luca se resistía a complacerla, ese pequeño deseo que en su simple simpleza no recogía más que un monosílabo y al tiempo hacía al toreador manejar y manipular un enjambre de argucias y parafernalias con tal de eclipsar la solución del enigma.

¿Porqué costaba tanto complacerla?, ¿que oscuro secreto encerraba el artista?, a que tanto misterio...

Pero el artista ofrecía una pasión sin límites, desenfrenada, y sus labios acariciando los de la ventrue eran el fiel reflejo de sus intenciones, de sus emociones. Una mano, delicada y frágil solapada a otra aún más frágil y delicada suponía aquel encuentro el nexo de unión entre ambos cainitas. Los dos se entregaban a la pasión de los mortales, los dos seguidores de la Via... podría surgir aquella noche, tras aquella puerta, en la alcoba de la dama una nueva estirpe de vástagos gobernantes con la semilla de ambos, pero la dama no podía engendrar más que muerte y más muerte, transmitida con la poderosa vitae que portaban sus venas y el artista no era menos que la doncella... entonces, para qué seguir los impulsos de pasión... con que fin... Elois tenía uno en sus pensamientos que conjugaba con unos oscuros deseos arraigados de poseer en aquel instante al toreador.

En compensación a los impulsos, una mano siniestra abrió el picaporte de entrada a la morada de la doncella, mas ella no daría el primer paso, yacía en pie, apostada entre Luca y la mazmorra cual arpía lanzó nuevo enigma al osado caballero. Si acertaba, tendría su premio, pero sino, le esperaría el mismo futuro que a otros tantos valerosos antes que él.

- Monsieur.

Susurró una voz suplicante y apasionada cuando logró zafarse del presidio sometido por los labios pasionales del toreador.

- Sois creyente.

Y con el mismo tono de voz culminó el enigma embriagada por un atisbo de sobriedad en aquel mar de impulsos pasionales.



Luca Verinni - February 4, 2006 12:40 PM (GMT)
Siente el clamoroso fuego de la saliva, deslizarse por su garganta, como el néctar ígneo de la lava, recorrer el interior de todo su ser, sin dejar un ápice de su carne exenta del contagio de aquel ardor espontáneo y cruel.

Sangre y angustia era todo lo que de él podría ella recibir, como una maldición latente y perenne, como las hojas que resisten al devastador otoño, como su vida acercándose a un frio invierno, como alma que no encuentra primavera...Sintió la luz de su cuerpo, desdibujada y fría, llegar a un paraje desconocido, desalentador y lejano, estéril y deshabitado. Sin embargo, de todos aquellos detestables inconvenientes, había uno que imperaba sobre el resto, uno que los gobernaba y contaminaba con sus apéndices sombríos...Se encontró, con que la oscuridad ya le estaba esperando.

Sus manos, se cierran suavemente sobre las muñecas de Elois, cercando aquel foco de blancura inmaculada entre sus manos, dirigíendolas a su cuello, impulsándolas a sentir con las yemas de sus dedos el fragor de una sangre candente y atronadora, recorriendo sus venas en un latido apasionado y fugaz.

-

Tan solo una palabra, similar a un rayo, rasgó con su tono modulado y grave el ambiente, embebido por el vigor que emanaban ambos, tornando el cargado ambiente en una densa nebulosa de palabras susurradas y afectuosas.

Elois D'Umbrelle - February 5, 2006 11:21 PM (GMT)

Luca tenía en su mano la llave, una extraña cerradura se erigía ante si, pero para un artista como lo era el italiano portar el artilugio haría ceder tan complejo mecanismo era un dilema como el de Adan. ¿Mordería la manzana?, se había autoproclamado creyente e iba a tomar el fruto prohibido o eso pensaba, ansiaba, anhelaba... El fruto prohibido lo tomaría a él.

Un gesto singular, preciso y galante de diestra alejó la madera de su cometido, interponer la entrada a los extraños, pues allí no moraban desconocidos, sino todo lo contrario. Azrael tomó la mano suave del artista ayudado de sus ojos complices posados en los del Toreador, tiró de él haciéndole abandonar el Eden para llevarle a la pasión en la Tierra y posteriormente descenderlo hasta los infiernos.

- Seguidme Luca.

Exhaló su deseosa Eva mientras acariciaba con mimo cada palmo de piel muerta de aquel cainita, el primero en ser conducido más allá de los límites cortesanos.

Elois, sonreía, su lecho de plumas los esperaba y de sobra ya sabía el camino, no precisaba mirar atrás, sólo contemplar los ojos de un ansioso caballero entregado a la pasión sin sospecharlo.

Las garras del halcón tenían bien atrapada la presa, poco a poco, sutilmente el pico del ave tocó los labios de Luca, luego mejilla con mejilla rozaba con tal cariño y dulzura jamàs contemplada por hombre alguno, aunque si deseada, anhelada, como los anhelos del Toreador...


Luca Verinni - March 7, 2006 02:39 PM (GMT)
Su cuerpo, ahora liviano e ingrávido, se dejó arrastrar por la corriente de un insondable azul hacia donde el capricho le dictara a la indómita marea. ¿Cómo vencer una tentación sino resignándose a caer en ella? Se encogió sobre su propia conciencia, alejado de una orilla que le brindaría dicha sin fin.

Se empapó de la gracia y espíritu de aquella silueta menuda y lívida, colmada de pasiones y deseos inconfesables. Aquella fragante esencia de un cuerpo hostigado por la divinidad, azotado por la perfección. De la mano de aquella estrella, ciega de hermosura sin condición, atravesó el paraíso, para yacer en el averno.

Corresponder a los insignes gestos de una mujer apasionada y temible no fue tarea que precisara más de unos segundos de meditación. Rozó con sus labios aquella máscara inestable de sentimientos y facciones, dibujando en ella muescas con su boca, acariciando cada palmo de aquel tapiz con tanta precisión trenzado.


Elois D'Umbrelle - March 8, 2006 12:04 PM (GMT)

Una rúbrica estilizada era el sello de identidad de Elois, plasmando su gracilidad sobre el papel, papel que desempeñaría aquella noche donde tanto Heros como Venus tendrían deleite en su palco.

La puerta del destino quedó sellada mediación del gracil tacto en las yemas de la doncella, poco antes disfrutaron en el jardín del Eden, mas ahora Luca tomaba la manzana prohibida, o mejor dicho la manzana lo tomaba a él. No habría testigos ni arcángeles para el destierro, tan sólo la llama redentora de una pasión desenfrenada que no alcanzaría límites hasta que el toreador la colmase.

Fueron dos pequeños e hirientes colmillos inmaculados al cruzarl el frágil tejido que arropaba a tan apuesto caballero los que propiciaron el júbilo y el gozo del que nadie jamás habría imaginado, la reina de la noche lo conducía hacia su perdición socavando en lo más profundo de su ser con el único fin de lograr el preciado nectar que arropaba la sangre de Arikel, al tiempo que la dama, por única vez en siglos otorgaba, concedía el derecho al artista para lograr la valiosa sangre azul que bañaba las turbulentas marismas que acusaban con la mirada en cada visión.

Vitae fluyendo de un cuerpo al otro, atravesando las gargantas y deleitando en el placer súbito del compartir sangre el paladar de ambos cainitas, malditos los dos, pero que disfrutaban del único derecho de placer que su condena les propiciaba, reconfortando sus almas penitentes en la tierra.

Así comenzó la noche tras el telón en la alcoba de la probablemente, más diestra y siniestra, quizás morbosa, de todas las cainitas de París.


Luca Verinni - March 27, 2006 06:48 PM (GMT)
¿Quien arrojó la piedra que cayó sobre el charco? ¿Quien rompió el terciopelo del agua con míseros y libidinosos lamentos? ¿Quien lleva ahora el sufrimiento clavado en su frente? Noblemente aguantó la acometida de aquella lujuriosa encarnación de un Lucifer enajenado, valientemente retuvo sus frágiles caderas entre sus manos, con placer aproximó el cuerpo a su regazo.

- Podría amaros...Elois - susurró cálidamente.

Podría. ¿Por qué era duda y no afirmación? Yo, ángel del tiempo y el recuerdo. Yo, fruta descarnada del cielo. Yo, rostro sin ojos, cancerbero fiel. Yo, crepúsculo, día y noche arrancaré de tí, impío ángel del pecado, los gemidos susurrados de tu vientre, la pasión galopante que te subyuga, la danza sibilina del erotismo. Desperté y el habló, me resistí y quiso dominarme. ¡Profanarás el vientre de una virgen pecaminosa, yacerás con el diablo sin rostro!

Y sangre brotó de su piel. Y sangre alcanzó sus labios. Se encogió de placer al sentir las pérfidas agujas de marfil dar sin tregua con el néctar más recóndito. Una de sus manos, sedientas de la marmórea carne que le era ofrecida, viajó hasta las enaguas de la dama, y con suavidad descubrió buena parte de su pierna, descansando plácidamente donde la espalda pierde su casto nombre. Sus ojos brillaron, imbuidos por la tentación de un ofrecimiento tan delicioso como impuro.

...y la mordió. Despertó nuevamente la serpiente, y perforó la piel incandescente de la clavícula de la mujer, desgarrando vigorosamente el fino lienzo que la protege, la fría gasa que la resguarda. Extrae vida, extrae recuerdos...Elois. La pasión le obligó a derramar algo de la sangre que se deslizó hasta su boca, y esta inconscientemente se perdió en el fondo de su corpiño. No. Dulcemente se aproximó al lugar donde sus senos orondos y turgentes somaban discretamente, y atesoró con delicadeza la sangre vertida...con la lengua.

"Hijo de hombre, voy a quitarte de repente la alegría de tus ojos; pero no te lamentes, ni llores, ni dejes correr tu llanto. Gime en silencio." ¿Serás la Puta de Babilonia y yo tu ángel redentor? ¿Serás tú la sangre que colma este vaso, y yo el agua que te diluya? ¿Serás tú la gélida escarcha sobre el camino, y yo la lluvia que te haga desaparecer? Silenciosamente la guió hasta el lecho, conduciéndola, mientras la sangre esmaltada arrojaba fulgores carmesíes y poderosos, candorosamente viva, brillando en su pecho.

- Podría amaros...Elois. - volvió a repetir, en un susurro.

...y ambos, en aquel oasis de pecados, se fundieron en un tórrido beso.




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