View Full Version: La Sainte Maisson..-1/1/1.100.-

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Title: La Sainte Maisson..-1/1/1.100.-
Description: El recuerdo.


La Rosa - May 20, 2005 06:43 PM (GMT)
Rondando los comienzos del S. XII, y al poco de llegar Miguel de La Rosa a París, un día sentado en La Sainte Maisson comienza a plasmar en un manuscrito para el recuerdo estas palabras:

¡Eloi Eloi,Lamma Sabachthani!.

(¡Padre Padre,¿porqué me has abandonado?!)


Yo, Miguel de La Rosa, Señor de La Sainte Maisson de París, motivado por el silencio y aliado con el tiempo, decido abrir mi corazón de ceniza y transcribir con sangre los retazos de una vida, y de una muerte en vida para alimentar las sombras y las brisas de la historia de mi pueblo: los hombres del olvido.

En vida nací en Jerusalen Tierra Santa, tierra de Santos; en el año 592 de nuestro Señor durante el período Bizantino y venerando el legado de Santa Elena.Mi nombre fue Yohannan de Belén,hijo primero y ultimo de Joscef de Gallaecia y de Anastacia La Croice, dos nobles Barones de la vieja patria que escucharon la voz del Señor reclamándolos en peregrinaje a Tierra Santa,donde yo nací y donde yo morí.Como hombre me crié entre la cruz, la espada y la pluma. La vida era fácil, y una palabra del Señor vastaba para curar el alma y alimentar el espíritu.

En el año 614 de nuestro Señor el ejército de los pueblos Persas entró en la ciudad y tuvimos que levantar la espada. Luchamos con honor, pero la sombra y la llama eran fuertes, y Jerusalen fue pasto de la traición. Conicí las tinieblas y el miedo, respiré el pecado embriagador y rechacé arrogante la Fe de un Dios que hacía sufrir a su pueblo, mientras el pueblo le daba la espalda a la esperanza.

Así, cuando Dios lo dispuso, un brumoso día del año 615 de nuestro Señor mientras meditaba y me dejaba llevar por la oscuridad sobre el monte del destino, buscando una respuesta, me alcanzó la muerte a manos de mi hermano Omael. El Padre me abandonó y fue la primera vez que abracé la tiniebla y me sentí maldito. En muerte me llamé Miguel de La Rosa, y ahora mi nombre ya no me averguenza aunque oculte mi rostro con esta máscara porque he encontrado mi motivo y he entendido la palabra de Jesucristo. No fue facil aceptar lo que soy pero pronto lo comprendí todo gracias a las enseñanzas de mi hermano. Me istruí en las artes de las que me está prohivido hablar y aprendí todo lo que tenía que aprender para poder partir en mi nuevo camino hacia el Señor. Fue duro y a veces tedioso; la Fe me condujo por sendas praderas a sendos enigmas que aún hoy no acabo de comprender. Y llegó la despedida. Se que aun vagas por el mundo Omael, Dios te proteja, algúna noche podremos sentarnos a charlar de nuevo; algúna noche más tranquila para los nuestros.

Dios lo dispuso de nuevo, y pleno de convicción tome la cruz de nuevo junto a Heráclio contra Jerusalen alcanzando a tomarla allá por el año 629 de nuestro Señor. Fue en vano. Luego llegó el Califa Omar y luego fueron los Selyúcidas. Era lo malo de Jerusalen: unas veces la defendias desde dentro de las murallas, otras veces la atacabas desde fuera , pero siempre luchabas; y siempre en el nombre de Dios. Desdichados pueblos vertiendo su sangre sobre una tierra maldita, jamás serán suficientes sus lamentaciones frente al Muro. Ciertamente ahora si que comprendo.

Abandoné mi origen sin mirar atrás como peregrino en busca de la verdad y de la absolución como ántes lo había hecho mi hermano. Viajé por Oriente y por Occidente. Conocí las culturas, visité los lugares Santos de la veija Patria: Santiago de Compostela, Roma; ninguno como Jerusalen. Durante casi cinco siglos o un océano de tiempo vagué en búsca de respuestas y no hallé nada salvo polvo en el camino. Fue en el año 1.099 de nuestro Señor cuando decidí partir de nuevo a Tierra Santa con la llamada de Urbano II a la Primera Cruzada.Así se hacía la voluntad de Dios. Vencimos de nuevo, y de nuevo sería en vano. Las batallas nocturnas no fueron menos fieras, no menos de como yo las recuerdo en vida; ahora uno está acostumbrado al dolor. Pronto me percate de lo que significaba Jerusalen, muy lejos de lo que significa Tierra Santa. Desistí, y mientras le daba la espalda a la ciudad que me vio nacer y que me vio morir supe que pronto vendrian otros. El Sultán Saladino estaba preparando de nuevo la traición. ¿Quíen defendería ahora esos muros de piedra tosca?. Quizas Omael tuviese razón.

Regresé ese mismo año sobre mis pisadas con parte del contendiente Cruzado que regresaba a su hogar donde los hombres hablaban francés. Y conocí París en el año 1.100 de nuestro Señor. Nuca ántes había visto nada así ni nunca ántes me habían parecido tan inescrutables los caminos del Señor. Había conocido a muchos malditos en mis viajes, muchos otros diferentes pero no menos poderosos, muchas Cortes y muchos secretos, pero jamás ninguno me conoció a mi. Ninguno menos Maddamme Marie, otra criatura desdichada, mi amor. Desde el primer momento, supe que aquí empezaría mi nueva vida, y desde entonces su olor me acompaña. Como te prometí cariño apenas te menciono, pero ten presente que siempre estare aquí sentado, en La Sainte Maisson juanto a ti, lejos de todo lo que en vida amé porque ahora te amo a ti más que a nadie y prometo cuidarte y aliviar nustra maldición por encima de cualquier misión que el destino me depare. Ante mi se erigen el verdadero amor y la felicidad.La Luz. Ahora nada temo porque sé que la ñoche es mia y que el Señor me guarda.


Para que el silencio no se burle de estas palabras:

Miguel de La Rosa.

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