View Full Version: Encuentro en el alma del estío {10-VIII-1225}

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Title: Encuentro en el alma del estío {10-VIII-1225}
Description: Privado con Elois D´Umbrelle


Luca Verinni - October 15, 2005 11:25 AM (GMT)
Se balanceaba suavemente fruto del ligero trote de la yegua albina, sabía que jamás podría impresionar a alguien como Elois con ostentosos carruajes ni lujos sin medida. Sin embargo no se permitió descuidar el aspecto lo más mínimo, lucía un peto de cuero tintado de rojo y una capa del color de la crema cuya vasta longitud cubría la grupa del animal sobre el que avanzaba.

Llegó al lugar unos instantes antes de la hora de la citación, sin embargo no le importaba, solía hacerlo para aportarle su punto crítico a los posibles tapices o lienzos que poseyera la mansión. Su llegada fue raudamente asistida por un varón del cual esperaba un recibimiento y que aposentara su montura en las caballerizas. Saludó cortés y llanamente...

- Buenas noches, mi señor, espero no haber llegado con demasiada prontitud, no me gustaría importunar los quehaceres de la señora anteriores a nuestra citación...

Sus pequeños ojos miraban a aquel hombre, estudiando lo que su apariencia podía desvelarle. Nada entrañable ni que requiriese una atención más allá de la dedicada a las personas llanas o que en su defecto no reunían todos los factores atrayentes para un Toreador. Se mostró cordial, pero indolente.

Lo que sí pudo con el encanto del artista fué el excelsamente bello jardín, cuyas plantaciones eran excedidas por algunas copas arbóreas, simplemente eran detalles sobre los que fluctuaba una preciada atención, cuyos resultados eran maquinaciones, inspiración y...musas.

Por primera vez se preguntó cual sería realmente el verdadero motivo de la citación. ¿Requería tan célebre dama de sus servicios? ¿Ánhelaba quizá plasmar su grata belleza en lienzo o en mármol? El resultante de un encargo como ese podía resultar...maravilloso. Se vió puliendo las facciones de la mujer en fría roca, delimitando sus rasgos a golpe de cincel, o tatuándola en un lienzo con vibrantes pinceladas.

Sin duda de su encuentro iba a salir algo grátamente provechoso...

Elois D'Umbrelle - October 15, 2005 12:01 PM (GMT)

El hombre tomó las pertenencias que el viajero le propició sin mediar palabra, pues detrás suya apareció un viejo, alguien bastante antiguo en el séquito de la duquesa ventrue, su Chambelán Pier, el cual llevaba con ella tiempo más que sobrado como para que Luca lo hubiese visto en alguna ocasión, por supuesto éste se fijaría lo justo en el viejo, pero en cualquier caso el rostro tenía algo de familiar. En ciertos ángulos, bajo el manto de arrugas y maltrecha piel, en torno al desdeñado cabello grisáceo podían encontrarse algunas facciones similares a la propia ventrue, sin embargo no sería propio el comentario y tan sólo un fisonomista consumado podría percatarse del hallazgo.

- Buena noche tengais señor, podeis pasar al jardín pues la Señora duquesa allí os espera.

Atípico recibimiento, pues esa noche Luca tuvo trato especial, no había miles de siervos en torno al visitante, parecían estar muy ocupados, incluso la guardia del castillo se la veía reticente y en mayor número. Un detalle que pudo comprobar nada más pisar el Chateaux, antaño las puertas estaban abiertas dia y noche, mas ahora cerradas y custodiadas celosamente. La sorpresa no acabaría allí, pues fue conducido por los fríos pasillos, por unos distintos en los que apenas pudo contemplar y deleitarse con un par de tapices que nunca antes había vislumbrado, relataban escenas púnicas y de una calidad incuestionable. Una conclusión más sacaría de la morada ventrue que se antojaba un pelín sosa, necesitaba una remodealción urgente en cuanto a decoración la cual era escasa por no decir nula.

Retomando la noción del tiempo, allí estaba Luca, a los pies de aquel verde jardín arrullado por esculturales fuentes con motivos arábigos, algo digno de elogio y prácticamente imposible de encontrar en Francia, se podría decir que aquel era el único reducto a ese fin que Luca hallaría en media Europa.
Bancos de piedra caliza, mas para adorno que para ser usados poblaban los bordes de un camino pulimentado con mosaicos, daba pena pisar aquella obra de arte que pese a ser de uso cotidiano su antigüedad se remontaba a épocas romanas y tanto la valía como el diseño no tenía precio en la época actual.

Elois era austera con adornos, pero eso no impedía que tuviese buen gusto y así apareció ella, radiante con un vestido de seda turquesa, a juego con sus ojos y reclamando para si la atención que aquellas diminutas piedrecitas tenían sobre el toreador.

- Buena noche Luca Verini del clan Toreador, sed bienvenido a mi humilde morada. Elois del clan Ventrue os recibe en paz si con ella habeis acudido.

Sonrió, estaban solos junto a una fuente del pintoresco jardín.

Luca Verinni - October 15, 2005 12:25 PM (GMT)
Reconoció al chambelán perfectamente pues no era la primera y según esperaba, la última vez que tendría la oportunidad de verlo. Tenía en estima los rasgos distintivos en la cara del envejecido hombre, era entretenido adivinar las facciones de tan carismática mujer en el rostro arrugado y arcaico del hombre, cuyo trato era afable y tonificador.

- Bonsoir, monsieur Pier.

¿Qué escondían los pasillos exentos de servidumbre? ¿Era el preludio de un gran festejo? ¿Quizás estaban todos enfrascados en preparativos? El corazón del castillo no parecía pronunciarse al respecto, sin embargo no aparentaba ningún jolgorio ni auguraba grandes fiestas. Quizá se debiera a una medida adversa a las revueltas y al vandalismo. La población no le profesaba respeto a nada, ni siquiera a emplazamientos sagrados o profanos, simplemente seguían los indicios de su corazón podrido y extasiado de codicia y ambición.

Los tapices embaucaron su caprichosa atención materializando en su mente Cartago, cálidas y espumosas aguas arribando con tesón en las orillas, arena, aflicción...Nada. Amaba profundamente sentirse transportado por las imágenes, era su dedicación, toda su existencia, le debía la vida a las pinturas...Quizá se implicaba demasiado sentimentalmente con cada pieza, pero era inevitable la fusión en uno con el rugoso lienzo, el olor tibio de la pintura, el garbo del pincel...

La hierba se deformaba con sus pasos, era un hecho que siempre le había encandilado, el como se doblegan las delgadas filigranas verdes ante cualquier inexorable enemigo, engatusaban con su verdor para ceder finalmente bajo el peso plomizo de sus pasos. El culmen del embeleso se lo llevaron los mosaicos que rociaban con sus coloreadas teselas la vereda del jardín. Entonces sí era plausible la mano del hombre, cuya obcecación y persistencia había dado maravillosos frutos destinados al deleite, fué extrañamente tangible la obsesión del Toreador por caminar sobre los parajes que le ofrecían las piezas del mosaico, desglosándole pensamientos, inspiraciones y un profundo arranque de melancolía...

La guinda de la pictórica obra la imponía Elois, eclipsando con su fatua sencillez las maravillas que componían su jardín esmeralda. El agua murmuraba tras sus oídos y la caída de su vestido celeste se le antojaba una maravillosa cascada. Tenía la mente obnubilada debido a la masiva contemplación de hermosura, era una idílica situación en cuyos lacónicos instantes la percepción afloraba más que nunca en la mente del artista...

- La buena noche la añadís vos, muy señora mía, pues el manto nocturno solo a vos le debe tanta brillantez. La misma que irradian vuestros ojos...Bonsoir, mademoiselle Elois.

Correspondió la sonrisa efímeramente, tomando la mano de la anfitriona para depositar en el reverso de esta un delicado y leve roce con sus labios fruncidos.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 09:19 AM (GMT)

El buen humor afloró en el rostro de la ventrue como las delicadas flores que adornaban aquel majestuoso reducto de tranquilidad.

- Pero Monsieur Verinni, ¡sois un pícaro!.

Indicó primero con cara de sorpresa. Mas no había mala intención en la dama, sino rubor, acto seguido una sonrisa coqueta balanceando sus labios gráciles denotaba el buen humor que le propiciaba siempre la compañía del toreador.

- Si alguien nos viese o escuchase, podría deducir por vuestras palabras unas intenciones algo innobles. Tales actos delatan un cortejo al cual os insto a cumplimentarlo en toda regla.

Sin mediar tiempo a respuesta se encaramó al brazo del caballero, demostrando el afecto y cordialidad que le procesaba, dispuesta a pasear entre setos y flores, agua estancada y arbustos de todas clases, manteníendo una distendida conversación.

- Paseemos

Afirmó rotunda la ventrue, que ya estaba acoplada y dispuesta para una velada que prometía ser amena, rompiendo así la monotonía que envolvía la no vida de Elois, no era de extrañar pues que la presencia de Luca le reportase algo de relax.


Luca Verinni - October 16, 2005 11:12 AM (GMT)
Paseó lentamente hasta situarse frente a ella, a las espaldas de la mujer el agua de una fuente arabesca añadía un soporoso vapor que con célere prontitud se añadió al aura de la Ventrue, difuminando su imagen en una aún mejor...

- ¡Todavía son tiempos de castigo para aquellos que reconocen la verdad de la hermosura de una mujer! Sin embargo, me detengo, pues temo que los caballos galopantes que cabalgan en mi estómago revienten de la alegria. Aún así he de decir que si para ser recompensado con la más dulce sonrisa tengo que pasar por exhibir atisbos de descaro. ¡Lo haré!

Sonrió complaciente mientras sus ojos se encendían en el color tostado de la arena, profesándole a su acompañante una inofensiva cordialidad.

- Opinar sobre lo que se desconoce es algo dolorosamente común en la gente, no tenemos nada que hacer respecto a eso.

Volvió a sonreir, ofreciéndole el brazo para facilitar su agarre. Desde esa postura eran palpables las diferencias de estatura pues él era un varón fornido y de imponente envergadura.

Desde los comienzos de su paseo ya era latente el frescor que le añadía el agua al ambiente, las charcas rociadas con nenúfares y flores blancas bañándo las raíces de los árboles con el líquido elemento. Podía decirse que la mujer tenía una ciudada porción de foresta en su hogar.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 02:47 PM (GMT)

Elois miró dulcemente, también sonrió coqueta una vez más del mismo modo.

- La razón es la bandera de vuestro nombre monsieur Verinni, pues con cordura fluyen las palabras en torno a vos.

Paseó junto al toreador, distrayendo su atención en las estrellas que poblaban el manto azabache sobre sus cabezas, como azabache era su melena atrapada en un moño y con una diadema plateada adornando su pelo.

- ¿Sabeis el motivo de mi reclamo monsieur?

Preguntó inocente a la vez que se antojaba juguetona la pregunta en los carnosos labios de una ventrue que parecían pedir a gritos ser besados. El momento era propio, la noche estrellada de verano, Selene custodiando con su atenuada luz una velada francamente romántica, fragancia no hacía falta, pues las decorosas flores del jardín tenían misión doble, por un lado embellecer el lugar y por otro deleitar con su fragancia el olfato de ambos cainitas, mas sobre todas destacaban los jazmines cuyo olor penetrante y fresco estaba entre los predilectos de la doncella. Tan sólo faltaba la música de fondo, pero sólo en apariencia porque el agua brotando perenne de los artilugios árabes ofrecía un sonido conciliador y acorde con la ocasión. La ventrue sólo era la guinda de la escena, glamourosa como siempre, simple y natural pero rezumando encanto en cada gesto, movimiento o palabra comedida.



Luca Verinni - October 16, 2005 03:11 PM (GMT)
Los guijarros se amoldaban a los pasos de ambos quejándose con un ligero rechinar bajo los calmados pasos de los paseantes, embaucados por las fragancias florales.

Así, le dijo entre frescas sonrisas:

- Mademoiselle Elois el rol de elogiador ya está ocupado.

Las hojas coberteras de los árboles diseminaban los rayos argenteos de la luna, obligando a estos a ingeniarse nuevas vías de acceso, colándose así por los más inverosímiles huecos propiciados por las anchas hojas. Indirectamente entonces perfilaban los rasgos níveos de ambos, confundiéndoles con seres inmateriales y etéreos.

- He evitado por todos los medios hacer conjeturas, pues con una dama de vuestro ingenio y talante nunca se puede presuponer nada mas la impaciencia atrona en mi cabeza. Sorprendedme, mademoiselle.

No pasó por alto la suntuosidad carmín que le brindaban sus labios, incitándole seductoramente a sellarlos con un beso, el movimiento armonioso y acompasado de ambos era meloso e implacable y de ellos emergía la música implícita en sus palabras. Pocos factores le restaban a la noche para conferirle al Toreador la capacidad de amarla allí mismo, sin embargo había por encima de cualquier deseo un reverente y voluble respeto que intercedía en los pensamientos menos "lícitos" del artista.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 09:07 PM (GMT)

Elois sonrió una vez más, como tantas veces lo producían las palabras del toreador. Su mirada penetrante se mostraba esquiva negando así sus preciosos ojos color del océano. Se apartó del toreador y contempló el jardín, recreándose con la fragancia de los jazmines. Eran muchos y poblaban gran parte de las inmediaciones de lugar, encaramados y escalando los muros propiamente dichos del bastión ventrue, alzándose hacia un ventanal, quizás fuera la propia habitación de la dama.

- Muchos podrían ser los motivos monsieur Verinni...-

Y dejó que sus palabras susurrantes perecieran en la brisa nocturna.

-... Pero sólo uno es la causa de vuestra presencia, y no es otro que vuestra exquisita habilidad...

El viento devolvió el sonido, naciendo nuevas palabras en los carnosos labios de la bella Elois. Se sonrió, de nuevo, debía hacer un inciso para especificar, muchas eran las virtudes de Verinni y podría seguir en jaque.

- Vuestra habilidad con el cincel desde luego.

Ahora si giró todo su cuerpo al unísono acompañando a su cuello para que tanto el rostro comola delicada cáscara de porcelana quedase enfrentada al artista.

Próxima de nuevo, más de lo quenunca hubiera estado, prosiguió.

- Un presente del Sultán Hiel al-Masaari llegó hace poco a mi morada, un bloque del más puro mármol de Al Andalus, un material del que salieron bustos tan ilustres como Trajano o Adriano entre otros. Un material así, sólo puede ser acariciado por las manos más diestras, otra cosa sería una profanación. Es por ello que pensé en vos monsieur Verinni.

Expuso el asunto con determinación, la oferta se antojaba tentadora para cualquier artista que se precie y Elois confiaba en la sensibilidad de Verinni más que en la de ningún otro.


Luca Verinni - October 16, 2005 09:22 PM (GMT)
Atendía a Elois como un devoto podría escuchar las palabras de su propia divinidad, mirándola con celo e interés. Observa sus pasos danzarinos y palpitantes que viajan de aquí para allá en el sutil vestigio de naturaleza. Sus cabellos oscuros y brillantes como la más pura obsidiana se mecen en un constante vaivén que le sume en la más elegante encandilación.

No mostró señales de dilación o desengaño al escuchar a la Ventrue, no esperaba nada menos decente que la solicitud de su arte en aquella ocasión, podían caber tantas otras proposiciones en aquella trama y sin embargo seleccionó la más pasional, más incluso que la que hubiera podido desear desde un principio. Pues si algo le estremecía de placer era imaginarse puliendo el rostro de Elois en el pálido mármol, derrochando gota a gota todas sus capacidades en cada golpe diestro, era una oferta cuyo rechazo desestimaría el apego del Toreador por la verdadera recreación del arte. Y decidió en aquel mismo instante, que ese mismo arte, sería personificado en la piedra caliza con la maestria conferida por la ausencia de descanso y concentración. Si no cabía nada más íntimo que la creación entre ellos, no se iba a permitir fallar a Elois.

- Me revelaría como vanidoso si os dijera que habéis acertado, sin embargo os diré que al menos no os habéis equivocado, pondré todo mi sudor y empeño en esta obra que me habéis ofertado, labraré la roca con tesón y afecto para que el resultado sea inmejorable, mademoiselle. No habrá lugar a desengaños ni arrepentimientos, tiene mi palabra.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 09:32 PM (GMT)
Las palabras del toreador recomponieron un cuerpo que parecía quedar en vilo, oscilante con la demora de respuesta, pero Verinni no hizo feo alguno a la ventrue. Quien por supuesto tenía más cosas en mente que un mero y vacuo busto, sin embargo aquella piedra le daría pie a entablar futuras relaciones más cercanas, por no decir que le daría un uso a tan atroz presente.

- Reconfortais mi ánimo monsieur Verinni con vuestra generosidad, no pronostico falta de tesón ni empeño en la obra, es por ello que os elegí de entre todos los atistas a vos. Aunque aún queda un tema pendiente antes de iniciar el trabajo...

Se hizo el silencio mientras la boca de Elois maquinaba una amplia sonrisa, superior a cuantas otras había dedicado esa noche a su invitado.

- Los honorarios, monsieur...

Y volvió a tomar del brazo al toreador, dispuesta a caminar de nuevo entre hierbas y mosáicos.


Luca Verinni - October 16, 2005 09:48 PM (GMT)
Quedó rápidamente embelesado por sus oceánicos ojos, ya nada existía en su mente salvo ese par de orbes celestes que le miraban fíjamente, brillaban, renacían, se volvían de un oscuro mate y renovaban su feroz esplendor.

Agua. Crestas de espuma. El canto de las aves. Arenosas playas...

Su espina dorsal fué recorrida por un célere escalofrio seguramente inyectado por los pasionales ojos de la Ventrue cuyos carnosos labios se fruncían al hablar, lo que le restaba importancia a sus palabras, sumándosela a su innata belleza, sin embargo el ronroneo dulcificado de su voz sí que le añadía un plus de interés a sus palabras, que ya de por sí aleteaban dulcemente en sus oídos.

- No es de mi interés ese tema, mademoiselle, y sabéis de buena fé mi opinión sobre ese tema. Además, el trato aquí y ahora de algo tan vanal y frío como eso reduciría a escombros el...romanticismo inherente del momento. ¿No?

Le brindó una lustrosa y brillante sonrisa, mientras al frente se solidificaba una mole marmórea, al principio insospechada y deforme, más tarde fué tomando la santificada consistencia de un mausoleo, jamás había tenido la oportunidad de observar el sacro lugar de descanso para los ancestros D'Umbrelle, nuevamente y esta vez obrado por las creencias implícitas del lugar le fué propiciado un extraño escalofrio.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 09:55 PM (GMT)

La ventrue asintió con la cabeza dando razón al toreador, mas ahí no quedaba la cosa, pues trataría en otro momento el asunto en cuestión, ya que momentos no les faltarían.

Una vez el camino se abría paso al mausoleo, la ventrue se refrenó. Allí yacía el difunto duque o lo que quedó de éste tras el incendio, antaño un fiel ghoul que suscitaba lacónicos recuerdos.

- Es tarde.

Instó la ventrue al toreador, no tenía ganas se seguir allí, sus gestos, sus palabras... eran evidentes.

Emprendió el camino de vuelta a los alegres jardines colmados de flores veraniegas y sobrepoblados de jazmines y el fresco aroma de éstos.

- ¿Cuando y como os parece que empecemos monsieur?

Dejó caer la pregunta tal y como las hojas caen en invierno, con armonía describiendo un movimiento tan natural como la propia naturaleza en si.

Luca Verinni - October 16, 2005 10:14 PM (GMT)
Las calmadas y sosegadas aguas seguían su curso plácidamente, rezumando cantarinos gorgoteos, pero hay algo que irrumpe en mitad de su paso, una terrible cascada que enturbia y ennegrece la delicadeza original del pequeño y dulce arroyo. ¿Qué os ha ocurrido mademoiselle Elois?

Aunque tuviera constancia de la agitación de la Ventrue no sería ni ortodoxo ni educado por su parte preguntarle acerca de la contrariedad que le supone el fin del paseo, solo dispensa relajantes y tenues sonrisas.

Abandonó ese tema por el momento, pues temía que la cainita averiguara su duda y que esto pudiera ocasionarle para con la mujer algún infortunio.

- Mañana mismo, si es que para entonces podéis disponer del bloque de mármol, dará comienzo mi obra. Ardo en deseos de esculpir vuestro cuerpo tan impoluto como anhelado por tantos para eternizarlo por los siglos de los siglos.

Con una nueva sonrisa emprendieron el camino de vuelta.

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 10:23 PM (GMT)

Elois observó como el toreador denotaba su falta en ganas de recorrer el mausoleo, pero tratándose de verano, fecha del incendio, y de tener tan próximo el recuerdo de la trajedia que casi le cuesta la no vida, no era para menos su ánimo. Pese a todo, Luca, cortés y galán la dispensó.

- Vuestra disposición os engalana más si cabe noble Verinni, es por tanto que resultaría descortés por mi parte no corresponderla. Mañana será el comienzo pues, elegid lugar y allí estaré o bien si os place en mi propia morada. Dejo todo en manos del artista, la inspiración es un asunto delicado, por ello insisto monsieur, me pongo en vuestras manos.

Elois sonrió pues había ya siervos en el jardín preparándolo, aprovechando el momento en que ambos cainitas dejaron atrás en su recorrido el lugar. Ciertamente la ventrue preparaba algún evento...



Luca Verinni - October 16, 2005 10:37 PM (GMT)
Observó el movimiento de la servidumbre de aquí para allá pero como en un principio descartó la idea de un festejo ni siquiera se la cuestionó de nuevo. Se tomó la licencia de tomar a Elois del hombro y detenerla en un rincón de su jardín especialmente bello, inmediatamente se dió cuenta del abanico de posibilidades que le abría el gesto, pero se decantó por la más lícita. La tomó suavemente del hombro a modo de despedida.

- Será aquí mismo, mademoiselle Elois, pues nada mejor para inspirarme en vos que vuestro propio refugio. Viciado de vuestro denso y embriagador aroma, prendado de vuestro sutil y elegante encanto...

Miró a un lado, y después a sus ojos, que ardían sumidos en un fresco azur, intentando abatir los pozos de negrura que representaban sus pupilas. Se sintió invadido por un sentimiento hasta entonces enterrado y casi hasta ahora perdido....Esperó y esperó para que fuese ella quien diese pie a una despedida, no sería él quien impusiera el atroz movimiento a las aguas serenadas...


Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 10:49 PM (GMT)

Entusiasmo había en la mirada que irradiaba un denso brillo marino cuando veía el afán que demostraba Verinni, contagiada quizás de la envolvente aura del toreador.

Tal era el ánimo de Elois que no quería despedir a su huesped, parecía casi un crimen desterrar del castillo a tan agradable invitado, pero tampoco quería retenerlo más de lo preciso, bastante hacía ya acogiéndo su encargo con semejante prontitud.

- Monsieur, debo imaginar que no soy el único fruto de vuestra dedicación. A buen seguro que os esperan incontables quehaceres nocturnos y por ello partireis en breve.

Lo despedía, pero a regañadientes. Verinni sabía cómo estar y que decir en cada situación, no era de extrañar la estima que le procesaba Elois.


Luca Verinni - October 16, 2005 10:57 PM (GMT)
Apartó la mano como si un relámpago la hubiese repelido, tal vez había prolonga demasiado el contacto y esto pudiese ocasionarle alguna molestia a la dama, la miró largamente con una profunda sonrisa ladeada que denotaba una alegria insospechada y febril.

- No es así, ya que no hay compromisos posteriores a esta citación nuestra, mademoiselle Elois, sin embargo no querría saturaos con mi presencia y deduzco conveniente postergar nuestra conversación para mañana, y para tantas otras sesiones más. Au revoir, mademoiselle Elois, au revoir...

Guardaba para sí un inconcluso pensamiento, mientras se despedía de aquella que sería su musa durante tanto tiempo..

Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 11:08 PM (GMT)

Una mueca empaño tan aristocráticas facciones que el más puro linaje francés se había empeñado en forjar además de tomarse la molestia de engendrar a una dama de tal belleza. Mas todo no radicaba en el físico, pues al fuerza interior de Elois superaba con creces a la facahda externa, sus ojos inagotables fuentes emotivas eran el más vivo ejemplo visual, mientras que al acaramelada voz saciaba placeres auditivos. De porte regio y distinguido acompañado de cordiales gestos e idéntico saber estar dotaban a la ventrue de una singular persona, quizás fuente de inspiración. Lo cierto era que fuera donde fuera, a nadie dejaba indiferente su presencia. Por algo sería...

Y con aquel gesto de pesar, angustia brotando en su mirada, despidió al caballero escultor, galán empedernido. Una pequeña voz, a modo de susurro y raudo un siervo partió en busca de la monta de Verinni.

- Aur Revoir Luca.

Replicó, llamándolo por vez primera en la noche por su nombre, dejando a un lado formalismos cortesanos, desvelando un dulce sentimiento por sus labios.

En aquel momento era incapaz de suscitar más palabra que aquella nimia frase, mas quedose pensativa la ventrue, reflexionando en la corta pero intensa velada de su jardín.





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