View Full Version: Yo, Yo mismo y Elois

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Title: Yo, Yo mismo y Elois
Description: 4 de Agosto A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - October 11, 2005 01:52 PM (GMT)

Cayó la noche, pero poco antes Elois ya estaba despierta... Ese día se lo había dedicado para sí, para poner en orden sus pensamientos, sus intrigas, sus planes.

Bajo la iglesia que había en el castillo se encontraba un pequeño estudio entre las catacumbas, allí, en las entrañas de la tierra, en los cimientos de un sacro lugar, tenía su rincón particular la venttrue.

Justo antes de ponerse manos a la obra, decidió alimentarse de un novicio que limpiaba el lugar. Cogió fuerzas, esa noche era para ella...

Recostada sobre el confortable sillón descansó un breve instante, nadie la molestaría esa noche, D'Artois se encargaría de que el castillo funcionase bien.

Y fue en D'Artois en quien reparó primero, el cruzado la servía bien, aún le quedaba por aprender, pero su abrazo estaba próximo y es cuando empezaría a pulirlo en el arte de ser un ventrue.

Por otro lado un sólo siervo le venía corto, cierto era que había dado su sangre al portugués Madeira, asegurándose así su lealtad, pero no se lo podía denominar criado. Hacía algunas noches que había vuelto con nuevas exitosas del capitán Barbosa, en su mesa estaban las cartas de navegación inglesas que daban fe del hecho, pero lo había mandado de vuelta con su capitán cargado de oro y habiendo reforzado el vínculo.
No, Madeira, estaba entre sus peones, pero era una herramienta de un sólo uso. Precisaba a alguien más versátil.

En los últimos días había suministrado también algo de vitae al viejo Pier, con el fin de hacerle más llevadera su enfermedad, Elois se resignaba a prescindir de él. Le salvó la vida en una ocasión y su vida se estaba tornando más longeba de lo estimado, prolongando también el sufrimiento del siervo, un sufrimiento que la ventrue no quería para Pier y motivo que la llevaría en pocas noches a visitar un físico en San Iulian del que hablaban maravillas...

- Vilfort.

Exclamó en voz alta, bajo la única compañia de un par de candelabros. Se sonrió nada más escucharlo. Era obvia la confianza que le inspiraba su senescal, no podía encomendarle labor alguna sin temor a una traición.

Elois D'Umbrelle - October 14, 2005 12:05 AM (GMT)

Las sonrisas cesaron, mientras su pluma era mojada en tinta para hacer unas anotaciones personales en un pergamino.

Después se levantó y caminó pausada, tranquilamente por aquella acogedora habitación, reducto de su más íntimos pensamientos. Era en aquel lugar poblado de muebles con varios siglos de antigüedad, viejos recuerdos, donde pensaba con mayor claridad.

Mientras caminaba hablaba en voz alta, escuchando sus propios pensamientos con el fin de afianzarlos mejor.

Con Richard allí ganaba un excelente punto de apoyo sobre el cual cimentar sus planes futuros. Por un lado tenía más tiempo libre para planificar la intrusión en Normandía y Gascuña, por otro la presencia de éste agilizaría esta misma intrusión.

En ese momento dirigió su mirada sobre su escritorio, observó como las misivas estaban ya firmadas y preparadas, en breve reuniría a los nobles precisos para hacer realidad su ofensiva. La providencia hizo que el Conde Montesquie se cruzara en su camino por el asunto de los libros y sacaría bastante rendimiento, más aún con el Marqués de Leroy ya en liza. El tablero de Ajedrez iba cobrando forma sobre el sur de Francia mientras los peones mortales se situaban.

- Aún quedan las piezas importantes

Exclamó en voz alta, entre tanto que hacía un análisis de la situación centrando ahora sus pensamientos en los cainitas que usaría para esa empresa...


Elois D'Umbrelle - October 16, 2005 09:52 AM (GMT)

En lo más recóndito de su ser estaban las respuestas al problema. Alianzas aquí y allá, por aquí y por acá, todas se centraban en un mismo nexo congruendo en París bajo la tutela de la astuta ventrue. Joseph, Thomas, Eleonora, sólo eran piezas del intrincado engranaje conspirador que se avecinaba. Aún quedaban muchas, también había otras tantas enfiladas rememorando la visita del citado Chauvelín que la citaba para el mes de Octubre en la lejanía en nombre de un tal D'Anglard de quien apenas tenía conocimiento. Pero lo más importante era Sclaramonde, el cerco sobre ésta se cerraba con decisión, minando las posibilidades de escapar al yugo de Elois. Aunque aflicción había también en sus pensamientos, temerosa que de una u otra forma tendría que acabar pactando con Salianna su declive, y todos sabían que la Matriarca no era santo de su devoción...

Un leve crujido alteró a la ensimismada ventrue que paseaba por la confortable cámara subterránea. Nadie debía molestarla y prácticamente D'Artois era el único que conocía la forma de llegar hasta ella, al menos el único de cuantos moraban en el Chateaux. Pero el crujir provenía de otra puerta, una menos usual y tapada con una estantería de madera de roble en la cual la atenta e intimidante mirada azul de la ventrue estaba centrada, siendo la causante de la ruptura de sus pensamientos.

Es noche la había pronosticado para si, eso no implicaba que en la reunión estuviese sola. Muchos enigmas envolvían a la dama D'Umbrelle que ni sus más leales siervos eran conscientes.

Finalmente la entrada secreta cuyo origen contados cainitas conocían quedó por fin abierta cediendo el paso al misterioso visitante. Elois con pose erguida y digna de reina observaba atenta vomo el estante había girado por completo,a su lado un par de cómodos sillones daban la bienvenida a quien... ella esperaba.



Elois D'Umbrelle - October 17, 2005 08:56 AM (GMT)


La figura irrumpió por fin y así se convirtió en un rostro conocido para la ventrue, mientras el aura de misterio rodeaba a un fornido caballero.

- Salve Eloisse.

Musitó alegremente al verla, ese era su saludo, al que la ventrue respondió asintiendo con la cabeza consonante al caballero, después extendió su mano y ofreció asiento en uno de los sillones.

El fornido hombre reculó hasta el sitio aceptando el acomodo, tras éste el pasaje volvió a quedar sellado. Una vez sobre el sillón, la anfitriona emuló al huesped.

Estaban ya cómodos y dispuestos a comenzar una reunión antojada clandestina y envuenta en aires conspiradores.

- ¿Que tal el viaje?

Inquirió cortés la ventrue, aunque por su pregunta se vislumbraba una duda, ¿lo habían seguido?.

- Todo bien, nadie se percató de mi llegada al viejo molino y mucho menos de mi entrada en el pasaje. No os preocupeis, la confidencialidad de la reunión no será quebrantada por mi persona.

Elois asintió nuevamente, las palabras del misterioso huésped, la reconfortaban. El silencio pobló la sala, pues los dos cainitas lo propiciaron, algo inaudito para la oradora ventrue que ráuda prosiguió la tertulia.

- Empezamos ya o esperamos un poco.

El hombre frunció el ceño, no por sorpresa, sino por la preestreza de la dama.

- Es vuesro hogar, disponed las normas señora.

Una sonrisa esbozaron sus labios, pero poco duraría pues estos se abrieron de nuevo y las palabras fluyeron como torrentes hasta los oídos del invitado.

- Turbulentas noches acechan París. Cainitas desaparecen aquí y allá. Otros nuevos llegan desde los confines de Europa y Geoffrey, es con diferencia, muy diferente a su maestro Alexander.

Resumió en breves palabras los acontecimientos de París.

- Contadme más sobre Geoffrey señora.

Suscitó el acompañante, interesado por la persona que estaba al frente de la noche en París.

- Tuve ocasión de conocerle tiempo atrás, pero fue hace poco cuando conversé con él una vez coronado. Entre sus virtudes destaca su honor, fiel seguidor de la Vía, entre sus vicios quizás la inexperiencia pues sospecho que el cargo le va grande y la presencia de Salianna lo tiene subyugado a su voluntad...

Y añadió con tristeza.

-... Por desgracia.

Recostado sobre el cómodo respaldar del mueble dispuesto por la anfitriona, aquel hombre asentía a las palabras de esta.

- Comprendo.

Dijo con tono seco.


Elois D'Umbrelle - October 23, 2005 12:43 PM (GMT)

- En cierta medida la presencia de Salianna es equiparable a la de Mitras.

Afirmó el caballero rotundamente con unas palabras meditadas.

Elois asintió sus palabras, aunque por otro lado procesaba más aprecio al ventrue que a la toreador, a fin de cuentas Mitras era un ventrue digno de elogio, incluso esa reunión le desagradaba en cuanto a conspirar contra éste, pero si la reputación de Mitras era cierta tampoco debía temer mucho...

- Hará unos días recibí una extraña visita.

Inició una nueva conversación que para nada tenía que ver con la ya existente. Tras el inciso con el que captar la atención prosiguió.

- Decía llamarse Chauvelín y representar a un tal D'Anglard...

Dejó caer Elois los datos por si aquel hombre podíar aportar algo y así lo haría pues respondió presto.

- ¿D'Anglard?, ¿el alfil?

Replicó casi seguido como primera apreciación mostrando su sorpresa.

- Desde luego que me suena madame. Como vos sois la dama, D'Anglard es el Alfil.

El invitado se antojó metafórico plasmando piezas de ajedrez sobre nombres de cainitas. Por supuesto había más trascendencia encerrada en sus palabras que la vista a primera instancia, Elois supo deleznar el mensaje y congratularse, aunque también sorprenderse.

- Entonces, ¿D'Anglard también pertenece...?

No terminó de llevar a cabo su pregunta cuando fue interrumpida por una tercera voz, seca y firme.

- En efecto

Los dos se giraron sorprendidos por la fuente de aquella interrupción. Su origen era una vez más el pasaje secreto que llevaba a la habitación, por el que poco antes irrumpió el contertulio de la Ventrue.

Ambos se pusieron en pie para dar acogida al nuevo invitado. Primero la anfitriona y luego el otro invitado.

El último en aparecer caminó hasta estos, sus pasos eran majestuosos, firmes y elegantes, la nobleza era patente como en la propia ventrue.

- Salve Eloisse de Boillon.

Replicó a la ventrue primero y al otro huésped de esta después.

- Salve Jhon de York.


Elois D'Umbrelle - October 25, 2005 11:07 AM (GMT)

Elois parecía contenta con la llegada del nuevo caballero que parecía conocerla tanto a ella como al inglés John. No era de extrañar pues esa no había sido la única reunión en los últimos años.

- Tomad asiento Herr Hans.

Dicho y hecho, pues el citado Herr Hans tomó el asiento indicado al tiempo que Jhon se sentaba, ambos después de la dama.

- Paeceis portar buen humor, ando deseosa de escuchar las nuevas del Sacro Imperio.

La perceptiva ventrue comenzó una nueva conversación, dando pie al recién llegado para que tomase la palabra en aquella secreta reunión.

- En efecto.

Replicó con una amplia sonrisa en el rostro el germano. Tras ésto y para no dejar más en vilo a sus acompañantes empezó a relatar.

- Hace poco, que Herr Jürgen ha asestado un fuerte golpe al demonio Rustovich quien se ha refugiado en el Castillo del Príncipe Radu de Bistri.

Hans lo dijo con muchó énfasis siendo ese el principal motivo de su buen humor.

- Eso es formidable.

Replicó el inglés, mientras que la respuesta de la pensativa Elois se hacía esperar, pues su mente analizaba las posibilidades que aquello presentaba en sus aspiraciones.

- A medias, caballeros.

Dijo con voz seca y firme.

- Sólo a medias, pues es un arma de doble filo que se puede tornar en nuestro detrimento. Deberemos actuar rápido y con determinación.

Con esas palabras empezaría el discrurso que la experta oradora daría a los ya curtidos cainitas, que sin embargo escuchaban como si una maestra los instruyera.

- Por un lado, favorece nuestra posibilidad de sellar una alianza, ahora que el caudillo está herido en su orgullo, tampoco debemos olvidar el factor de su cruzada con los usurpadores.

Hans asintió, pues había tenido la desgracia de ver de primera mano el altercado Tremere- Tzimisce y no era grato haber estado allí, nada grato. Jhon por su parte parecía más ajeno a esa circusntancia y escuchaba como un niño enamorado de su maestra a la deliciosa Elois.

- Ese es nuestro mayor punto de apoyo, con las fuerzas de Rustovich replegadas, Haderstadt cobra fuerza con cada accion de su chiquillo y puede despreocuparse del asunto Tzimisce para centrarse en Franckfourt. Algo que no queremos para el bien de los Antasianos.

Hans, volvió a asentir, mas ahora su buen humor había quedado prendado del escepticismo de la francesa, mas allá si cabe, tornandose preocupación en cuanto al peligro que podríar correr su facción.

- No debeis preocuparos Herr Hans.

La perenne mirada de la ventrue no había pasado desapercibida el rostro de Hans y trataba de serenarlo con sus palabras.

- El exceso de confianza será la piedra angular del declive en el Señor Haderstadt.

Ratificó con contundencia su alegato para alivio del germano.


Elois D'Umbrelle - November 30, 2005 12:54 AM (GMT)

Herr Hans reaccionó recobrando parte de su buen humor, mientras su cabeza afirmaba sus emociones.

Un tímido instante temporal transcurrió en un profundo silencio, dejando un vacío prodencial entre la interlocución de la anfitriona y la que se haría inmediata en Herr Hans quien miró enigmáticamente al inglés pues a él lanzaría una pregunta.

- ¿Que tal transcurren los acontecimientos por la Gran Bretaña?

Jhon, se sonrió, era de esperar que Hans quisiese estar al tanto de la política de Avalon, al igual que Elois aunque esta comedida como siempre estaba esperando el momento apropiado y éste no llegaría hasta que todos estubieran reunidos. Bien, el citado momento había llegado y a Jhon le tocaba hablar.

- He de decir querido Herr Hans, que los Usurpadores están a la orden del día, pues mi lord- ese mi lord sonó algo despectivo- Mitras tiene sendas diferencias con ellos y para ser correctamente exactos con una citada Meerlinda. Cabeza de los usurpadores en Avalon y que actua por Durham a expensas de la reina Melusinde D'Anjou quien permite sus atorces actos con el fin de incordiar al gran Mitras.

Escueto pero eficiente, pues había traslucido brevemente la política londinense a sus acompañantes, cierto era que resultó demasiado reducido quizás, pero a su manera Jhon tocó los ejes que minaban el poder del matusalen.

Elois escuchó atenta las palabras del inglés y pronta fue su réplica.

- Pero Decidnos Jhon, que es de las tierras de Escocia, Irlanda o Gales.

Más Jhon, hizo gala de su típico humor inglés mientras se acariciaba el mentón.

- Mi lady, y que podeis decidme de las tierras normandas.

La francesa se recostó en su asiento sonrisa pícara en boca, mirada socarrona para sus fogosos ojos azules, mientras su retorcida mente tramaba la respuesta apropiada, apropiada para sus camaradas.

- Como os comentaba antes de la llegada de Herr Hans, el misterioso D'Anglard a tenido a bien invitarme en octubre a su chateaux, una vez allí puede que me haga partícipe de sus planes, aunque por otro lado discurro a la mano oscura de Lord Candem tejiendo hilos...

Y así replicó un inciso suspicaz, se disponía a proseguir su acostumbrado discurso cuando el germano la interrumpió de facto.

- Descuidad madame. Respondo por D'Anglard, también pertenece a nuestro círculo de amistades... Curiosamente una de mis intenciones esta noche era mencionaros eso mismo.

Y sonrió para desconcierto de la Ventrue, truncando sus pensamientos, rompiendo el esquema de elaborada conspiración sobre su persona, aunque después de todo, quedose aliviada la dama, retomando la palabra con su fluidez y énfasis propios.

- A dia de hoy estoy cercando el yugo sobre Sclaramonde, mientras pienso prestar apoyo militar al toreador Ranulph Espadalarga si con ello consigo acabar con La Negra. Aunque en breve movilizaré un contingente de nobles francos para que promuevan sus huestes sobre tierras inglesas, dejando un hueco en el asedio a los cátaros, a la espera que quien ya sabemos cometa un desliz al unísono de desviar la atención de Avalon.

Jhon, quedó perplejo ante lo que escuchaba, Elois promovía una maniobra directa atentando contra Mitras, ¿pero con que respaldo?, de sobra sabía que Elois no pediría la venia a Salianna, entonces como osaba semejante maniobra tan arriesgada.

- Pero madame.

Replicó al instante, pasmado, asustado e intrigado. Todo en un mismo gesto, tipicamente inglés desde luego.

Elois sonrió, mas aquella danzarina sonrisa de supremacía balanceándose en sus carnosos labios quitó hierro al asunto, aventurando que explicaría a continuación los entresijos de su plan. El germano no se sobresaltó, pero también pensaba como su camarada.

- Tranquilidad consanguíneos.

Contendente y con la fuerza de un rugido aplacó el ímpetu. Frágil pero con puño de hierro, encantadoramente intimidadora pensó el germano que seguía más inexpresivo que el inglés a quien Elois le era en cierto grado morbosa... La cuestión fue que sosegó el ambiente practicamente sin despeinarse.

- El movimiento no será directo. En primer lugar lo enmascararé como una maniobra personal de Espadalarga, aunque antes de su culmen precisaré vuestra aydua querido Jhon, quizás también sea precisa cierta ayuda de la reina de Wessex y es posible que del príncipe de París.

El tono y el retintín con el que la ventrue citó el título de Príncipe de París, paso para uno de morboso a macabro y para otro de encantador a despiadado, sin embargo ambos seguían absortos en tanto que la ventrue prosiguió a desmenuzar parte por parte el intrincado plan que había preparado y que sin duda no era cosa de un día, ni tna si quiera de un mes o una semana, años incluso de meditación se escondían bajo la máscara conspiradora que les estaba siendo revelada.


Elois D'Umbrelle - December 20, 2005 01:54 AM (GMT)
Tanto Jhon como Hans escuchaban atentamente, cuando llegó el turno, el inglés respondió con firmeza, como un príncipe lo haría a un aliado en peligro.

- Por supuesto madame, tendreis mi ayuda en lo que me sea posible, jamás lo dudeis.

Hans seguía espectante, sin decir palabra, el germano era bastante frío, pero de estar en posción del inglés habría hehco lo mismo, y ese fue el hehco que le impulsó a asentir con su greñuda cabellera rubia como si a él le correspondiese el lugar de Jhon.

- Gracias caballeros, no esperaría menos de vos Lord Jhon así como de Herr Hans.

Y la ventrue esgrimió una sonrisa de complacencia.

El sielncio dió paso a otro tema pues ese estaba ya zanjado y germano se convirtió en nuevo orador.

- Como os dije al principio, quería hablaros acerca del alfil.

- ¿El alfil?

Preguntó con curiosidad la francesa a lo que encontró una bigotuda sonrisa por respuesta mientras el inglés callaba esperando que su curiosidad también fuese satisfecha.

- Así es madame, Philiphs D'Anglard, el alfil. También colabora con nuestra pequeña sociedad, aunque en un escalafón inferior al nuestro desde luego.

Y Hans acarició su bigote con parsimonia mientras se recostaba plácido en los cómodos sofás de la francesa.

- El alfil es un excelente hombre de campo, pero también político, su versatilidad os puede resultar muy úti en vuestras labores y por tanto en nuestros objetivos...

- Ya actuó en el pasado para mediar en ciertos asuntos en Milán, pero fueron tan turbios que tubo que emigrar a la zona de Normandía, donde me temo no disfruta de su mejor momento en estas fechas.


Elois frunció el ceño.

- En otras palabras, que la pifió y lo mandaron lejos...

Hans quedó abrumado por la franqueza de la franca, siempre directa al objetivo en esas charlas, resopló, recreó su mirada en el salón y por fin ofreció una pregunta.

- ¿Acaso no merecemos todos una segunda oportunidad?

Elois realizó una mueca que para nada quedaba con su delicado rostro, pero no habló. Jhon se encogió de hombros.

- Está bien, si vos lo recomendais... supongo que podría...

Hans dió una palmada y abandonó entusiasmado su asiento y eso que Elois ni siquiera había terminado su titubeante frase, aunque el rubor posterior le obligó a pedir disculpas y tomar asiento, la ventrue se vio obligada a acatar los deseos del germano quien no había concluido...

- Gracias madame, no os arrepentireis.

Más sereno volvió al último asunto que parecía quedarle pendiente.

- He podido saber que dentro de poco EL señor de la Cruz Negra visitará a su chiquillo Jürgen en Magdebrugo, donde ya saben todos quien mora. Este evento puede ser importante para nuestros objetivos.

El énfasis cedió a la peocupación, todos sabían bien lo que un hecho así impliacaba.

- Desde luego, Hans. Pero he tomado medidas.

Expuso con suficiencia la francesa. En ocasiones descolocaba incluso a sus colaboradores y eso que aquellos cainitas no eran meros cachorros, sino vampiros bien curtidos y experimentados en política, caon varios siglos a sus espaldas.

- ¿Que medidas?

Jhon no pudo resistir la tentación, pero Elois lo acalló con un siseo que dio paso a sus palabras.

- Tranquilidad caballeros, todo a su debido tiempo,. PAra nuestra próxima reunión espero poder darles resultados, incluso espero que buenos.

La francesa, altiva y distinguida parecía tener todo cuadriculado, al menos daba esa impresión, aunque en ocasiones fingiera, no era orgullo o sobervia, sino astucia lo que la impulsaba a mentir de tal forma, debía aparentar esa imagen si quería hacerse un hueco entre los antiguos y conseguir sus objetivos. Anntiguos como sus dos consanguíneos

- Por el momento Hans, los antasianos deberían acercar posturas con el Príncipe de París para salvaguardar todos los frentes. Nunca debemos dejar una posibilidad suelta, ya lo saben...


Elois D'Umbrelle - January 29, 2006 03:03 PM (GMT)
Hans asintió a las palabras de la astuta franca, sin embargo había un doble sentido en la indicación, "el príncipe de París" podía tener varias percepciones, auqnue el teutón sospechaba a quien se refería en esa ocasión.

Acto seguido, Elois comentó un asunto que reclamaba la especial atención de Jhon por acaecer directamente a Avalon, y concluidas las explicaciones la noche estaba bien entrada por lo que la reunión llegaba a su fin, ambos cainitas debían partir sin demora a sus respectivos reinos. No sin antes la habitual protocolariedad que Elois inducía a sus reuniones.

- Así queda clausurada esta asamblea caballeros, hasta nuestro nuevo encuentro, les deseo un grato regreso a sus dominios y partan con mis mejores deseos.

La noche había resultado ligeramente fructífera, pero no había que lamentarse, en la próxima reunión estarían casi todos los miembros...




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