Frederic se apoyaba pesadamente en el hombro de Antoine, tan pesadamente como podia hacerlo un borracho que no sabia beber con moderación. Frederic y Antoine se conocian desde hacia dos años, cuando este ultimo habia venido a vivir a Paris con sus padres, un fructifero comerciante de telas. Frederic era un bribon sin oficio ni beneficio, e dedicaba a vivir lo posible antes de su muerte, y conseguia no morirse de hambre gracias a sus juegos sucios fruto de la mala vida. Pero Antoine intento llevarlo por el buen camino, los dos jovenes eran el apoyo el uno del otro, dos almas solitarias que se habian encontrado, solitarias ya que Frederic era huerfano, y Antoine no veia apenas a sus progenitores debido a sus agetreadas tareas.
Y aquella calurosa noche de agosto, volvian de la taberna, donde antoine habia invitado como muchas otras noches, a Frederic, pero este no sabia beber, y mucho antes de que comenzara la diversión, Antoine ya se lo tenia que llevar borracho a casa. Cruzando justo por la orilla del famioso rio de Paris, escuchando su susurro nocturno coo si realmenteaquellas aguas tuvieran vida propia, apenas perceptibles por a oscuridad del lugar, amen del mal olor del lugar, el cual parecia solo notarlo Antoine.
-No dejaras que me coman los monstruos, ¿verdad?.- balbuceo Frederic babeando el ombro de Antoine.
Este se detuvo un momento, descansado de tan pesada carga.
-Claro que no, pero si sigues bebiendo de esa forma, los monstruos vendran a buscarte.- dijo Antoine haciendo un gesto con las manos, como intentado emular una forma terrorifica para asustar a Frederic.
-¡AAH!, JODER, NO ME VUELVAS A SUSTAR ASI, CASI ME CAGO ENCIMA.-grito el borracho.
-Das pena, si te viera Mariabel, ¿que pensaria?.- dijo ya en tono serio.
-¡EH!, no menciones asi a Mariabel, ella es demasiado pura para que la menciones con tan poca delicadeza.- Frederic habia comenzado a recobrar sobriedad al oir el nombre de la mur de la cual estaba enamorado, la jovencita a la cual cortejaba, el motivo por el cual no habia procedido a suicidarse viendo que su vida no valia ni lo mas minimo. Era un hombre cargado de ilusion y de esperanza. Igual que Antoine, el cual buscaba un futuro mejor en aquella gran ciudad.
Y a pesar de la oscuridad y la lugubrez del lugar, aquellas dos jovenes almas reian, dandole un brillo nuevo a tan tenebroso escenario.
-Bueno, no vovlere a mencionar el nombre de tu amada envano.- se disculpo Antoine.
-Eso espero. Uy... uff, joder, creo queme san dando arcadas...- dijo Frederic mientras se llevaba las manos a la boca.
-¡Vete al rio, joder, vete al rio!.- le ordeno su amigo.
Frederic Salio corriendo haciendo eses hacia el rio.
-¡¡¡BROOOAGGGGHHH!!!.-
No llego a tiempo a la orilla, y todo lo que habia comido aquel dia, reposaba ahora sobre la negra tunica de un emcapuchado.
-¡¡PERO SERA BASTARDO!!.- exclamo muy enojado Noël mientras se giraba al notar como le habian vomitado encima, y moviendo violentamente su brazo derecho al darse la vuelta, impactando este contra la cabeza del mortal, haciendo sonar un CRACK en su garganta y dejandolo desplomado en el suelo con la cabeza mas girada de lo que Frederic la tuvo jamas.
-¡¡Frederic!!.- grito Antoine al ver la escena.
-¿Otro mortal mas?, venga, ven, ensuciame tu también, esta es tu gran noche.- le dijo Noël.
Antoine se le acerco temeroso. Y de dos grandes zancadas, Noël s planto dlante suyo y cogiendole con las dos manos por la ropa le asesto un violento cabezazo, dejandolo noqueado al instante, el cual aprovecho para clavarle sus afilados dientes en su yugular, y volver a sentir el placer de la vida penetrando en ti.
Habia dejado el cuerpo casi seco de sangre, y ni se moleston cerrarle las heridas que ya ni sangraban, pro lo que si hizo fue quitarle la ropa, con algo tendria que cambiarse, un vampiro como el no debia vestir unos ropajes manchados de desechos organicos humanos.
"Dejare aqui los cadavres, con esas dos bonitas marcas de colmillos en el cuello, es bueno fomentar la imaginación del ganado, hace que el principe tenga mas diversión"
Y la figura desaparció de la escena como si la oscuridad se lo tragara, dejando alli, los dos cadaveres de aquellas almas llenas de esperanza y luz, que ahora se tragaba el sonido del rio, en aquella oscura y calurosa noche de Agosto.