View Full Version: 8-8-1.225 Admirando la anatomía

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Title: 8-8-1.225 Admirando la anatomía
Description: privado con Mikael


Herio - October 2, 2005 11:49 PM (GMT)
Había pasado un día completo desde la lucha en la parte trasera de la Sainte Chapelle. Todo ese día lo había pasado inconsciente y encadenado en lo más profundo del mausoleo de Herio. Mikael Bratovich, el orgulloso vasallo de Von Vertzang, estaba ahora indefenso y desamparado.

Herio se encontraba enfrente del aún inconsciente joven. Llevaba su indumentaria típica en el intimidad. Casi ninguna ropa cubria su cuerpo fibroso lleno de heridas y cicatrices de horrible aspecto. Su blanca piel estaba tirante sobre sus musculos. Pinturas rituales cubrian su rostro, acentuendo su aspecto cadaverico. Era la no-viva imagen de la muerte...

Sirvientes cadavericos y varios homunculos les acompañaban en la oscura sala. No había ningun tipo de moviliario a parte de las cadenas y un solitario candelabro de siete velas.

Parece que el "invitado" se despierta....

Mikael Bratovich - October 2, 2005 11:58 PM (GMT)
Un sonido. Un olor. El recuerdo de aquel placer sordo y doloroso en su cuello. Lentamente cada una de las imágenes, cada una de las sensaciones del día anterior invadieron los sentidos del eslavo, que abrió los ojos y se sentó cruzando los pies delante de manera silenciosa y casi monástica.

Sus fogososo ojos verdes, aún iluminados con aquella fuerza de la juventud y la locura, se clavaron primero en Herio, y luego en el resto de su cuerpo. A pesar de lo que pudiera creer el Capadocio, el Bratovich no estaba para nada asustado, y aquellas imágenes, más o menos similares se habían repetido en su vida con constancia.

Pasó lueg su mirada por el recinto, por los homúnculos y por aquellos sirvientes cadavéricos. No sabía que los Capadocio también poseían elevados dones sobre la carne, pero sin duda alguna no eran similares a los de sus señores.

Luego estiró ambos brazos, probando la finura de sus cadenas.

Su piel era blanca, casi tanto como la del capadocio. Surcada también por innumerables cicatrices: desde espadazos, garrazos, puntas de fleca, todas sabían sido sometidas a elaborados rituales que las perpetrrían para siempre en aquel estado de mangnífica e insuperable pintura.

Su cuerpo era perfecto: sus brazos gruesos, sus piernas gruesas y su pecho, fornido, llevaba un complicado tatuaje que desaparecía tras la espalda, subiendo desde esta para perderse en la parte de atrás del cuello, y por filamentosas y delicadas líneas unía sus brazos y sus piernas, y en fin todo su cuerpo, en un diseño que jamás Herio vería de nuevo, pues había sido el trabajo de un gran artífice Tzimisce, marcando de ese modo al que era el Príncipe de los Bratovich.

Por fin retiró el cabello negro que le cubría el rostro, y clavó sus verdes pupilas llenas de energía original en las del judío, mostrando una gran frialdad, justo como antes de comenzar aquella batalla el día anterior.

Herio - October 3, 2005 01:03 PM (GMT)
Puede que el aparecido no estuviera asustado, pero no tardaría en estarlo. Las pinturas del capadocio estaban elaboradas con grasa humana mezclada con cenizas de los muertos. Eran solo para ocasiones especiales. Esta lo era. Su objetivo era meramente espiritual, no asustar a nadie.

Admiró la anatomia del joven. Era un ser muy bien formado, desde luego. Buenos musculos, piel firme, estructura osea grande.... un buen especimen...

Su mirada era tanto o más desafiante que la de la noche anterior. Tendría que poner remedio a eso, o no tendría más opción que matarlo para que no se volviera en su contra.

...mmmm.... sería un buen guerrero Athatanos....

Herio devolvió la mirada cargada de ira con una vacia de sentimiento. La cara de la muerte..

La muerte habló:

- No te molestes en probar las cadenas. Aguantaran....

Sonrió de sardonicamente.

- Ayer me pediste que te enseñara modales. ¿Estas listo para la primera lección....?

Lo estaria...

Mikael Bratovich - October 3, 2005 01:13 PM (GMT)
El aparecio se sorprendió un poco por la manera en que le hablaba. ¿Qué más tenía que probar? Él había sido criado según normas estrictas y severas, y una vez uno tomaba su comida no era permitido jugar con ella. Y no se refería exactamente a lo último que el Capadocio le había dicho.

No, era su actitud. En ese momento supo que a pesar de todo él había ganado aquella batalla, pues podía conservar la calma a pesar de estar encadenado.

Aún no entendía cómo podía atreverse a tutearlo, pero le pareció parte de aquel divertido teatro. Nada dijo, e impasible permaneció observando al Capadocio.

Herio - October 3, 2005 01:29 PM (GMT)
Herio observó la pasividad del joven sin alterarse lo más minimo. Ya tuvo tiempo de dar rienda suelta a su furia ayer. Ahora nada lo alteraba. Ni siquiera la aparente indiferencia del Bratovich.

- Vale. No hables si no quieres. No me corre ninguna prisa. Tengo toda una eternidad por delante....

El capadoció cogió una daga curvada que llevaba sujeta entre los pliegues de su escasa ropa. Tenía simbolos extraños y la hoja manchada de sangre reseca. Se acercó al joven que tenía los brazos separados a la fuerza por las cadenas y grilletes. Tan orgulloso..... y tan indefenso...

Cogió un mechón de su pelo y lo cortó. Se acercó a un pequeño incensario y quemó el pelo en su interior mientras recitaba palabras aparentemente sin sentido ni significado. Se levantó de nuevo y volvió a encararse con el joven.

- Veamos que tal te sienta experimentar unas cuantas visiones de tu muerte.... de tus muertes...

Este insolente descubriría por las malas, que había seres tan terrorificos como los Tzimisce. Era un tipo de miedo diferente, pero miedo, al fin y al cabo.


Mikael Bratovich - October 3, 2005 01:35 PM (GMT)
El Bratovic observó con calma cómo aquel Hijo del bastardo Caín se movía de un lado a otro de la habitación, hablando estupideces y sintiéndose orgulloso de su apartente superioridad. Ayer, antes de desfallecer, le respetaba por haberlo vencido. Hoy tenía lástima de él.

Había sido enseñado, tanto por su ambiente y paisajes como por su linaje, a no decir nada a menos que fuera importante, o al menos inteligente, pero al parecer la fama de los judíos era bien ganada y los que eran abrazados continuaban conservando aquel deleznable rasgo.

Observó impasible cómo le cortaban un mechón, y lo quemaban.

Seguramente en eso sí sería bueno, pues por algo les llamaban Ladrones de Tumbas o Cavadores de Fosas. Al menos esperaba sí poder experimentar aquellas visiones y recuperar el respeto por ese vampiro que le había vencido. No quería tener que marcar en su historia haber sido vencido por alguien que no merecía su respeto.




Herio - October 3, 2005 01:57 PM (GMT)
No debía de faltar mucho para que los efectos empezaran a notarse. Casi tenía envidia por lo que iba a experimentar. Claro que Herio, ya lo había experimentado..... dos veces. Era un buen camino hacía la iluminación en su via.

- Dime. ¿De que parte de Europa del Este eres?

No le corría prisa alguna. Además, sería interesante poder investigar a fondo sus reacciones y su ........

..... su anatomia

- ¿Como crees que será tu muerte?

Aquella pregunta se la hizo en voz muy baja. Apenas percetible. Desde luego, era una pregunta retórica. No hacía falta que respondiera. Aún...

Mikael Bratovich - October 3, 2005 05:16 PM (GMT)
Mikael, impasible, esperaba que algo aconteciera en su cabeza. No veía necesario responder preguntas tan valadíes, pero tal vez aquel Capadocio le hablaría hasta matarlo del aburrimiento si no procuraba que se entretuviera con otra cosa.

-Nací en la ciudad de Bistria.


Luego guardó de nuevo su silencio habitual, sin responder la última pregunta de Herio. Era evidente cómo quería morir, y cómo moriría. Las brujas de su pueblo ya lo habían vaticinado, y aquella muerte no era de ningún modo una pesadilla, sino todo lo contrario.


Mikael Bratovich - October 5, 2005 02:41 AM (GMT)
¿Aquel silencio de dónde provenía?

Muchas veces había escuchado de su madre, anciana y venerable, incluso en el lech de muerte, aquella hermosa historia que a todos los niños les provocaba llantos y pesadillas, y a él sonrisas y reposados sueños.

Recordaba la leyenda del Silencio, descendiendo en forma de niebla desde el monte más alto de los Cárpatos, luego de haber recorrido todas las piedras, todas las Mansiones, después de haber descendido desde el Irij hasta el mundo de los vivos y desde allí hasta el Nev, donde habitan los muertos, después de aber caminado por los corazones de los hombres y de los dioses. Recordaba su forma y la forma de su espada, pues él mismo lo había visto muchas veces e su infancia, auqnue menos en su adolecencia y ninguna desde hacía años. Recordaba su voz, tenue auqne clara a pesar del nombre de su portador, y recordaba los campos preferidos por su esencia, los campos de batalla.

Mikael cerró los ojos. Aquel lugar le aburría. París le aburría, y los malditos Hijos de Caín le aburrían. Sus futiles ocupaciones, sus estúpidos orgullos, sus ciegos sentidos eran para Mikael una pesadez insoportable, que llevaba a cuestas únicamente por su Señor, a quien respetaba. Tal vez fuera su esencia, su hogar y sus vasallos la única cosa respetable de París. Incluso, se decía, convivían con Ratas Apestosas en la misma ciudad.

El silencio aún aleteaba sobre su cabeza, y ahora también la oscuridad, pues no quería abrir los ojos para ver aquella risa vacía y estúpida, ni para ver aquellos remedos de sirvientes que ni un Chiquillo Tzimisce se atrevería a llamar su obra.

En su oscuridad y en su silencio vio el campo de su última batalla.

Cuerpos destrozados, armaduras arrojadas por doquier entre los peñascos, y el Silencio junto a su amada, la Muerte, caminando tomados de la mano entre aquella monumental obra. Los enemigos de Mikael, con rostros retorcidos del terror, y los hombres del Príncipe con rostro de agradecida felicidad.

Sobre ellos el estandarte del joven Bratovich, y al lado de este el propio joven sosteniendo la larga espada bruñida ya por la sangre seca, los ojos satisfechos observando a sus enemigos destruidos sobre aquella tierra Santa.


(luego continuo... no pasa tanto tiempo para Herio, así que puedes ir posteando algo...)

Herio - October 6, 2005 09:00 AM (GMT)
Así que en la ciudad de Bistria. No le sorprendía en absoluto. Esta fijación que tenían los demonios por las tierras eslavas era algo digno de ser estudiado. Parecían incapaces de ver que el mundo era más grande de lo que veían desde las almenas de sus decadentes castillos. Claro. Luego pasaban cosas como esta. Que los sacabas de sus tierras salvajes y sin culturizar y no tenían ni el más leve atisbo de modales. Lo que les llevaba a......

...estar encadenados en el refugio de un capadocio. En fin. Parecía que el ritual comenzaba a hacer efecto. La primera visión de su muerte le estaba siendo concedida. La estúpida expresión de su cara indicaba al capadocio que la estaba disfrutando. Curiosa reacción.... tambien era algo digno de estudiar. Desde luego, no tardaría en borrarse ese gesto de orgullo y satisfacción. Las visiones de muerte solían ir empeorando de forma exponencial. La proxima que vería, no sería tan halagüeña. Desde luego que no lo sería.

Herio permaneció en pie. Impasible. Con la mirada atenta en su "huesped". Como si de un objeto de estudio se tratara. Incluso tuvo que reprimir el deseo de cojer un pergamino y una pluma de oca. Ya escribiría luego sus impresiones. Cuando el eslavo cayera rendido y sollozante....

Mikael Bratovich - October 8, 2005 04:20 PM (GMT)
El campo estaba en silencio. La imponente figura de Mikael también, observando de extraño modo el resultado de aquella dura batalla.

Esos Ventrue Arpad tenían que comprender de una vez por todas que los Demonios no necesitaban muchos Zhupan en sus ejércitos para destruirlos. ¿Cuántas noches más se revolcarían en sus refugios, temerosos e inignados?

El tiempo se detuvo, seguramente. Digo seguramente pues nada parecía cambiar en un tiempo que se volvía infinito, pero lo acía pues el movimiento seguía fluyendo, y el silencio, habitante del del mundo, como la muerte, continuaba haciendo su trabajo.

Cuando se reanudó de nuevo, algo había de más en aquel paisaje.

Un poderoso hombre en el centro del campo, armado con un gran espadón, le mirada desafiante. Le conocía. Era Sir Walter Arpad, inglés pero búlgaro; el más poderoso Ventrue en el campo de batalla. Miakel lo había dado por muerto, pero evidentemente aún no había terminado con su no-vida.

El Bratovich, orgulloso, clavó el estandarte de su Casa sobre aquella loma y desenvanó su pesada hoja, y caminando lentamente, orgulloso y poderoso, descendió la colina al encuentro de su poderoso enemigo.

Estaban a pocos metros. Aivinaba el enojo y la rabia en la mirada de su contendor, pues su ejército había sido destruido.

El Bratovich dio un paso adelante blandiendo su filo y lanzando un terrible grito de guerra.

Y luego simplemente un inmenso dolor y un sentimiento de nada, que aunque había adivinado nunca había sentido. Vio cómo su cabeza, separada del cuerpo, caía a los pies el Ventrue.


Abrió los ojos, inyectados de sangre. Sudaba copiosamente y sentía aún un terrible dolor en el cuello. Sin pensar se puso de pie e intentó lanzarse sobre el Capadocio, sintiendo de nuevo la fuerza de las cadenas sobre sus manos. En pocos segundos se contuvo. Miró al rededor. No abía muertos, ni el Arpad. Suspiró y volvió a tomar asiento.

Aún sudaba, y su corazón palpitaba con fuerza.

-Ahora he visto mi muerte, Señor Aaron. Será honrosa para mi casa. Y usted, ahora que he comprobado el poder que tiene sobre la muerte, ha ganado mi respeto.

Lo que el Bratovich no podía saber era que por siete días más experimentaría visiones como aquella, más o menos similares, algunas incluso deshonrosas. No estaba preparado, pero luego de ellas su sabiduría sin duda crecería.




FDI: En su rostro no ves cambio alguno de expresión, pero si andas revisando su aura sí que los verás

Herio - October 8, 2005 05:38 PM (GMT)
Herio no pudo ver cambios en el rostro del Bratovich que parecía congelado en una mueca inexpresiva. Su aura por el contrario, parecía una aurora boreal cambiante y furiosa. Los matices en forma de colores se sucedían de forma rápida hasta el punto de hacer dificil interpretarlos correctamente. Sentimientos que en un principio parecían relacionados con la alegría y el orgullo, se tornaban en miedo salpicado de deshonor e impotencia.

Los sentidos del capadocio se expandieron hasta que en su mente pudo ver los pensamientos superficiales del eslavo (auspex 4) para así compartir su visión. La muerte le fascinaba y experimentar las visiones de muerte de una persona era como el fruto tentador. Además, viendo los temores del joven igual era capaz de comprender el porqué de sus acciones. En el fondo, podían no ser tan diferentes....

Las visiones de muerte en el campo de batalla del Bratovich eran crudas. No se parecían nada a las que experimentó en su mmomento Herio. Pero en el fondo tenían alguna similitud.

El joven se levantó bruscamente a escasos centimetros de Herio, que lejos de asustarse, lo observó con interes. Era una reacción sumamante interesante. Chasqueó la lengua antes de responder las palabras que le obsequiaba el eslavo.

- No ha visto su muerte, monsieur Bratovich. Ha visto una posibilidad o probabilidad. No será la única que acuda a su mente. Le seguirán otras. En cada una de ellas aprenderá algo, si es que logra resistirlas.

- No era su respeto lo que buscaba. Pero si como vos decís, me lo he ganado, acepto gustoso el regalo que ello supone. Mi poder sobre la muerte se basa en su comprensión. Cuando usted alcance la comprensión que busca, podremos empezar a entendernos.

Se atusó la barba. Aquel gesto que tan inocente parecía con el aspecto habitual, se tornaba siniestramente significativo con su actual guisa. No creía que fuera tan facil. No podía serlo.

- Decís que me he ganado vuestro respeto. Decidme, ¿es eso del todo cierto? ¿O se trata por el contrario, de un respeto a regañadientes que solo mantendrá hasta que tenga la oportunidad de vengarse?

La segunda opción se le antojaba como la más acertada al tratar con un vasallo de un demonio.

- Y si me he ganado vuestro respeto..... ¿ese respeto es compensación suficiente para el agravio cometido?

Mikael Bratovich - October 8, 2005 05:53 PM (GMT)
El Bratovich se tomó su tiempo. Largos minutos pasaron para que su corazón dejara de latir, pues lo hacía con la alegría del que veía confirmado su destino. Por fin, luego de algún tiempo, latía de nuevo su corazón con regularidad y su Bestia se había aplacado.

Se sentó se nuevo, y con un movimiento de la cabeza descorrió el cabello que le tapaba el rostro.

Escucó con atención las palabras de aquel extraño Hijo de Caín, mientras las meditaba. Su mente era tosca cuando no se trataba de solucionar alguna dificultad en la batalla, pero sin duda alguna podría entender lo que el Capadocio le decía. Muchas cosas ahora quería decirle, pues confundía sus intenciones y reacciones. ¿Tan oscuro era su comportamiento para los parisinos, que tanta confusión e impresiones erróneas creaba?

-No es una probabilidad. Las ancianas de mi pueblo, vieron en el día de mi nacimiento el día de mi muerte.

Torció la cabeza hacia un lado, observando con mirada inexpresiva el movimiento de un homúnculo mal hecho que se movía de un lado a otro, y volvió a mirar a los ojos del Capadocio. Por un instante su aura volvió a tornarse roja.

-Nunca miento. Poner en tela de jucio mi honestidad es cometer un irrespeto con mi sangre, Señor Aaron, y le ruego no vuelva a irrespetarme de ese modo. Pero es aún más irrespeto por su parte el no saber medir lo que acabo de decirle. ¿Acaso significa más para usted el oro o el servilismo, o mi Muerte para sus estudios, que mi Respeto? No le diré cómo medirlo, pues ha demostrado ser inteligente.


Herio - October 8, 2005 06:18 PM (GMT)
Estaba claro que llevaba sus sentimientos a flor de piel. Era joven e impulsivo. En fin, no todo iban a ser posibles similitudes.

- No trataré de convencerle de lo contrario. La muerte de una persona es algo muy personal en lo que nadie debe intervenir....

Ni siquiera unas ancianas pueblerinas. Si de verdad creía que la muerte podía ser tan facilmente predicha y confirmada se equivocaba de parte a parte. Comprender la muerte llevaba decadas de estudio para comprender una ínfima parte del conjunto. Ancianas de pueblo....

- Sabed entonces que yo tampoco miento nunca. Pero al contrario que usted, no doy por supuesto que todo el mundo lo sabe. Hay demasiados mentirosos en este mundo como para tomar las palabras de cualquier desconocido como ciertas. Sería una imprudencia por mi parte. Puede que en su tierra, sea usted conocido por ser una persona honesta y sincera, pero no espere que la gente de aqui tome sus palabras como verdad solo porque usted las dice. ¿Como iba yo a saberlo? Se ofende usted con facilidad monsieur Bratovich...

Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Sentía una ligera satisfacción al observar a su huesped desde lo alto. No quería que ese sentimiento se interpusiera en su juicio.

- Quizá no haya formulado mi pregunta de forma correcta o el problema comunicativo del idioma se haya interpuesto. Por supuesto que valoro su respeto. Aún más si me asegura que es sincero. Pero un respeto puede ir perfectamente asociado a unas ansias de venganza. ¿Me respetará incluso hasta despues de matarme?

No había burla en sus palabras y en su tono.

- Cualquiera con un poco de inteligencia y honor respeta a sus enemigos tanto como a sus amigos. Su respeto no es ninguna promesa de no agresión....

- Y la palabra compensación quizá tampoco era la adecuada. No me interesa el oro o el servilismo. En absoluto. Probaré a formular de nuevo la pregunta. ¿Cree que un Tzimisce le habría infligido un mayor castigo por la osadía de sus actos? ¿O por el contrario se mostraría tan clemente como yo?

Mikael Bratovich - October 8, 2005 06:29 PM (GMT)
Así que aquellas tierras eran tierras de mentirosos. No le extrañaba en absoluto, pues lejos como estaban de los imponentes montes que habían creado en su seno toa su cultura, los occidentales habían olvidado que el mundo se regía desde la cima de una montaña, y felices por la facilidad de la vida parisina, olvidaban las enseñanzas de los antiguos Bogatyr, de los cuales era él uno.

¿Cómo explicarle a este hombre lo que era ser un "Campeón"? No podía, sin duda. Así que decidió olvidar aquel tema, concediéndole la razón al menos en lo que respectaba a que no todo el mundo debería saber que él nunca mentía.

-Lo respetaré hasta después de matarlo, si es el caso. Aunque debe saber que lo único que me llevaría a matar a alguien a quien respeto es que sus acciones sean contrarias a los designios de mi Señor, o que ese respeto desaparezca. Pues debe saber que pocos son los que aprecian ese bien, y tienen poca consideración con conservarlo.

Por un instante, un rumor de batalla llegó a sus oidos. El Bratovich giró la cabeza, observando a através del salón, intentando penetrar la oscuridad. Luego miró a Herio. ¿Él también lo habría escuchado? ¿Acaso vendría una nueva visión sobre su muerte?

Calló un momento, intentano escuchar de nuevo un sonido que por ahora no vendría.

-Señor Aaron, mi mano jamás se hubiera levantado contra un Demonio, a menos que no mereciera llevar más ese título. Usted osó decir que era mi superior, cuando en esta tierra infesta sólo hay alguien que podrá llevar ese título. Lo desconoció. Eso fue intolerable. ¿Lo comprende?

Herio - October 8, 2005 06:48 PM (GMT)
En efecto, era sincero. Cualquier otor en su situación habría jurado por lo más sagrado del mundo no querer matarle con tal de salir de allí con vida. Era una sinceridad cruda, desde luego.

- Pues usted debe saber dos cosas, monsieur. Valoro el respeto que se me ofrece o que ofrezco. No le quepa la menor duda. Yo tambien seré del todo sincero en cuanto a mis intenciones para con usted. Si mi señor me lo ordena, no dudaré tampoco en matarlo. Además, usted debe saber que jamás saldrá de aqui con vida si sospecho que mi vida será la siguiente en correr peligro.

No era cobardía. No temía a la muerte. Pero tampoco la buscaría. Por contradictorio que pudiera parecer, una muerte innecesaria solo interrumpiría sus estudios.

- Lo comprendo. Pero usted ha de comprender, que esta no es su tierra, monsieur. Tampoco es la mía. Pero me he adpatado a sus costumbres. Y una de los principios básicos de la sociedad de la estirpe en esta ciudad y en muchas otras; es que cualquier vampiro es siempre un superior a cualquier mortal o ghoul vasallo. Desde su punto de vista sería un agravio, desde el mio, una realidad. No la que he creado yo, pero si la que vivo.

Aquel joven era realmente exasperante en algunas cosas. Esa intolerancia, ese orgullo llevado al extremo....

- ¿Y no hubiera sido más facil decirme que se sentía ofendido en lugar de amenazarme? ¿Me debe menos respeto por no ser un Tzimisce? No todos piensan como usted, es demasiado pretender que así sea. Demasiado ingenuo, demasiado egocentrico.... elija usted lo que prefiera. Pero ha de saber que si usted no habla, su interlocutor no puede conocer sus costumbres. Esa actitud, solo le llevará de una pelea a otra. Y creamé, no todos serán tan tolerantes como yo. Ni yo lo seré por una segunda vez.

- Si en lugar de encolerizarse me dijera las cosas de una forma tranquila y civilizada, todo sería más facil. Nos hubieramos ahorrado disgustos. Pero ya es tarde para eso. Lo hecho, hecho está....

Dicho esto, se levantó. La siguiente visión debía de estar al llegar. Su mente vió lo que vería el eslavo. ¿Como sería esta visión?



Mikael Bratovich - October 8, 2005 06:59 PM (GMT)
No podía evitar que su sangre fuera caliente. Y aquellas palabras que pronunció el Capadocio le produjeron un profundo enojo que su mirada no se molestó en ocultar. Ahora, sin embargo, no pensaba de ninguna manera en matarlo. Sería una pérdida.

-No importa que no estemos en mi tierra. Sepa usted que un Tzimisce siempre será superior a los Hijos de Caín pues es su sangre la de un Dios, y su vida como Familia Sagrada nació con el Nacimiento de los Montes donde tanto tiempo he vivido.

Hablaba con energía y total convicción. Sin embargo no cría estar ofendiendo al Capadocio, pero entendió lo que le decía, y lo aceptó, de nuevo.

-No me arrepiento de haberle hablado como lo hice, ni de lo que hasta ahora ha sucedido, pues jamás mis actos serán reprochables. Entienda usted que mis motivaciones son tan eslavas como mi sangre, y en ese sentido son y serán siempre justas. Sin embargo acepto su consejo, Señor Aaron, aunque usted no haya manifestado aceptar el mío e insista en que ser Vampiro le hace mi Superior, por más que no lo sea. No insista en eso, y espero no tener que volver a decirlo.

Sí, sí. Era un cabeza dura. Pero había cosas que era imposible cambiar en una persona, y más en una como Mikael. Aunque sin duda sería más precavido la próxima vez que se encontrara con un Hijo de Caín.


De nuevo llegó a sus oidos un rumor de batalla. El Aparecido giró de nuevo el rostro, intentando encontrar el origen de aquel turbador sonido. Estaba anhelante su ánimo, pues adivinaba que vería de nuevo su muerte.

Luego todo fue oscuridad.

La batalla, al parecer se daba justo tras los muros que le mantenían encerrado, y en el sonido de los cuernos y en el sonido que producían los metales, reconocía a su gente. ¿Por qué él no estaba en la batalla? Abrió los ojos. Una débil luz había frente a él, tras una puerta que se abría en ese instante. Sosteniendo la luz, Sir Walter Arpad, el Ventrue, apareció, su rostro destruido por el terror.

Se movió con fuerza, intentando enviar su mano al cinto, pero descubrió que estaba atenazado con poderosas cadenas. Bajó el rostro y descubrió que estaba desnudo. Seguramente le habrían capturado de su campamento mientras dormía. ¿Tan cobarde podría ser aquel maldito vampiro? Le gritó al ventrue, maldiciendo su linaje, y imprecándole para que le liberara y le diera una espada.

El ventrue se rio nerviosamente. Tomó un cuchillo y con un ágil movimiento abrió el estómago del Bratovich.Un intenso dolor le recorrió el cuerpo, y la visión de sus vísceras saliendo de él le provocó ir a e indignación, y a pesar de no poder ablar, sus labios ensangrentados por el líquido que venía desde su interior, sguieron suplicando una espada, y una muerte digna. Su lucha no se detuvo, pero todo se volvió negro.

Observvó como en las cenizas de aquel castillo que albergabaal cobarde Ventrue, unos perros callejeros se peleaban por lo que adivinó eran sus despojos, vilipendiados y acabados.

Abrió los ojos, y se puso de pie de nuevo, tirando con tal fuerza de las cadenas que por un instante parecieron despegarse de sus fundamentos. Observó a Herio. No era él. Era su Bestia. Haló mucho rato más de aquellas cadenas; seguramente si hubier continuado así, las habría arrancado. Sin embargo, lentamente, volvió el control sobre su cuerpo. Sudaba de nuevo, y observaba a Herio a los ojos, con furia.

Herio - October 8, 2005 07:37 PM (GMT)
Asi que la sangre de un Tzimisce era la sangre de un dios y por tanto superior a todos los hijos de Cain. ¿De verdad creía que no descendían del mismo padre? Que egocéntrico por parte del clan.

Además, decía aceptar su consejo, pero volvía a caer en lo mismo, volvía a amenazarle. Cierto que era una amenaza más sutil e indirecta, pero era una amenaza al fin y al cabo. Estaba a punto de responderle, cuando una nueva visión acudió a la mente del joven.

Eran en cierto modo interesantes. Pero bastante decepcionantes. Aquel eslavo parecía tan obsesionado con la batalla y con los ventrue que era incapaz de ver más allá de sus propias narices. Pues una ciudad tan plagada de ventrue como era Paris, no era el lugar más adecuado para un joven con el cerebro en la punta de la espada. Además, era curioso, por norma general, las visiones no respondían a los deseos o inquietudes de los sujetos. Siempre tenían voluntad propia.

Al final de la misma, la Bestia dominó al joven que trató de romper sus cadenas y avalanzarse sobre el. Sus ojos estaban cargados de furia. No había aprendido nada. En absoluto. Quizá no fuera tan sincero como decía ser. Había vuelto a repetir los mismos errores aún despues de haberlos.... "reconocido". Amenazarle primero y tratar de atacarle despues.

Herio no se inmutó ante los bruscos movimientos de rabia del Bratovich. Se quedó impasible, justo frente a él, pensativo...... ¿que debería hacer con el eslavo? Era evidente que volvería a caer presa de su propia furia y descontrol. No quería tener que ir siempre por Paris con un ojo pendiente de lo que el descontrolado joven haría. Quizá tenía que ganarse más respeto aún o quizá su temor. Era una dificil elección...

- ¿Ya has terminado? ¿Quieres que te suelte los grilletes para así poder lanzarte sobre mi como una bestia sin cerebro? Veo que no has aprendido nada....

Para Herio, dejarse dominar por la Bestia interior era anatema. Más aún cuando esta no rugia con la fuerza de la Bestia de un vampiro. Debil.....

Mikael Bratovich - October 8, 2005 07:46 PM (GMT)
Mikael se sentó de nuevo. Estaba exhausto, pero hacía cuanto podía por mantenerse alerta. Aquel engreido vampiro no entendía nada, y él no sería quién se lo explicase. No entendía que su destino estaba fijado desde el momento de su nacimiento. Que poco más o menos aquellas visiones eran fieles a su destino. No entendía porqué era ese su destino, y porqué era ese su comportamiento.

-¿Para qué controlar mi furia interio si ya hay grilletes que la controlen por mí?

Simple. Pero al parecer no era tan inteligente como parecía. Y sumamente inteligente, pero no sabía hasta qué punto el Capadocio había logrado dejar su engreida conducta de lado para procurar verdaderamente entender el comportamiento del Bratovich.

Aquella auguraba ser una larga noche, sin duda.


Herio - October 8, 2005 08:05 PM (GMT)
Curiosa pregunta le hacía ahora el engreido joven. Era como si pidiera a gritos que le dejara ambos brazos inservibles y marchitos. Así nunca tendría que volverse a preocupar por controlar su Bestia.

- ¿Eso piensas? ¿Que unas cadenas pueden sustituir a tu autocontrol? Las cadenas en la Bestia tienen que estar en tu mente y tu voluntad, no en tus muñecas.

Meditó seriamente. Largos minutos de silencio atronador dejaron volar sus pensamientos. Pretendía solucionar esto de una forma honorable y sobre todo, privada. Sin embargo, esa posibilidad se le empezaba a antojar imposible. La segunda opción había estado presente desde el principio y ahora se erigía como la más acertada. Había una tercera, pero esa no sería del gusto del Bratovich....

- Trato de entenderte, pero no lo consigo. Pides respeto hacía tus convicciones y honor. Pero no correspondes de la misma forma. Vives en tu propio mundo bajo el pedestal de los Tzimisce desde donde pareces creerte superior a todo cuanto te rodea. Es algo que no entiendo y desde luego, no espero ni pretendo cambiar.

- Respondemé a una pregunta. ¿Que crees que debería hacer contigo? O mejor. ¿Que harías tu conmigo si la situación fuera a la inversa?


Mikael Bratovich - October 8, 2005 08:13 PM (GMT)
Como Herio, Mikael meditaba silenciosamente. Ya no veía a los ojos del Capadocio, auqnue sus pupilas seguían clavadas en las de él. No, su mente divagaba en lejanos lugares, y un frío que amaba comenzó a recorrerle el cuerpo.

¿Qué sería ahora de su familia? Nunca volvería a sus tierras, le habían dicho las ancianas. Siempre sería su nostalgia un ancla pesada, le habían dicho también. Pero era su destino, y lo estaba cumpliendo.

La pregunta del Capadocio le devolvió a la realidad.

-Si usted fuera un Bogatyr y yo otro tanto, ahora usted estaría libre. Si usted, siendo como es un Hijo de Caín, y yo un Bogatyr, me hubiera demostrado lo mismo que ahora me ha desmotrado, usted estaría libre. Si usted fuera un Hijo de Caín y yo no fuera lo que soy, usted estaría muerto.

Sincero, como siempre. Un poco duro. Cuánto le costaría en el futuro su posición al joven mortal.

Herio - October 9, 2005 12:02 AM (GMT)
De ser posible bajo su fría mascara cubierta por las pinturas rituales, su gesto habría sido de profunda incredulidad. No le había respondido a su pregunta. Pero no parecía por falta de voluntad para hacerlo, dado que le había respondido de varias formas diferentes y en cierto punto, interesantes. Se habría debido seguramente, a que su desconocimiento del idioma, no le había permitido entender correctamente la pregunta.

- Parece que para usted no hay terminos medios, monsieur. Matar o liberar, sin otra opción. Sin embargo, creo que no ha entendido bien mi pregunta. Quería saber que haría usted en mi lugar. Es decir, si usted fuera un hijo de Cain que esta en mi lugar y yo fuera el joven eslavo que se encuentra en su lugar. Es el cambio de papeles más sencillo y directo. No se si me explico......

Mikael Bratovich - October 9, 2005 06:48 PM (GMT)
El eslavo frunció el ceñ, pensativo. Había equivocado la pregunta, y obviamente también la respuesta. Ni modo, así sucedía cuando tantas imposiciones linguïsticas molestaban y perturban una conversación que por demás era sumamente complicada para alguien con tan poca capacidad de raciocinio como el Bratovich.

-Me plantea una cuestión difícil, Señor Aaron.

No sabía la respuesta a esa pregunta. No la sabía porque él no podía pretender pensar como un Hijo de Caín. Podría volver a hacer cambios como los que había intentado antes, pero la pregunta era directa.

Su rudo sumblante permaneció inalterable mientras su mente intentaba encontrar un hilo de conducta al qué hacerse para lograr ponerse en lugar de Herio. Sin embargo no fue capaz.

-Soy incapaz de pensar como un Hijo de Caín. Por que ustedes son no-muertos. Porque ustedes son occidentales. Y porque no son Tzimisce. Pero pueo decirle cómo acturía si fuera un Demonio digno de mi respeto y yo hubiera osado levantar mi mano contra él: mi vida sería eterna, envuelto en sufrimientos indescriptibles, sometido a su más fría tortura, deshonrado hasta que algún día mi muerte se diera.

Sincero. Y directo, como siempre. Era consciente de que aquella respuesta bien podría significar su final, pero no podría traicionar su rígida norma de conducta, a pesar de su muerte.

Herio - October 10, 2005 02:29 PM (GMT)
La sinceridad extremadamente cruda del joven casi asustaba. Herio no se encontraba con una muestra de sinceridad tan aplastante en esta ciudad desde..... no lo recordaba. Era desde luego una persona que llevaba todo a los extremos. Muy dificil tratar con él. No podía confiar en liberarlo si tener que estar atento a sus posibles represalias.

- Es una buena forma de castigar. Desde luego, no me cabe la menor duda. Pero personalmente, no me deleito con el sufrimiento ajeno, si bien no me importa lo más minimo lo que pueda sufrir debido a sus temerarias aciones.

Se le planteaba la duda de nuevo de que hacer con él. Desde luego, la idea Tzimisce de castigo era más de lo que le apetecía probar en estos momentos. Aunque tampoco la descartaba si la cosa volvía a torcerse.

- Valoro su sinceridad así como su respeto. Son dos grandes virtudes. Sin embargo, no me disipan la duda de que hacer con usted. ¿Que piensa hacer si le libero?

No estaba de más volver a poner a prueba la sinceridad del joven eslavo. A ver como respondía a esta pregunta...

Evento - October 11, 2005 03:23 AM (GMT)
De nuevo. Aquello le estaba provocando un fuerte dolor de cabeza.

-Antes de intentar responder a su pregunta, tortuosa, debo decirle algo que tal vez no sepa. Los Señores Tzimisce no torturan por placer. No se deleitan. Lo único que siente en ellos es su bestia.

Hecha la aclaración, conveniente porque seguramente Herio aquello o no lo sabía o lo había malinterpretado de las leyendas, se sumió nuevamente en sus pensamientos.

Ese tipo de preguntas, peligrosas y ponzoñosas, pero principalmente dotadas de un nivel de abstracción extraño a las bestias cazadoras y guerreras, le provocaban una gran dezasón. Perfectamente podría haberlo torturado, maltratado; podría haberle enviado más extrañas visiones sobre su muerte, o cualquier otra cosa, y seguiría con su temple intacto. Pero pensar de ese modo al Bratovich le daba incluso asco.

-Lo mismo que hacía antes de conocerlo. Perder el tiempo en esta ciudad pútrida hasta que mi Señor reclame mis Servicios.

Era cierto. Su vida independiente se había terminado, y en estas tierras nadie consideraba que él fuera Príncipe de una poderosa casa guerrera, y nadie conocía las historias de sus gestas, ni de su destino. No era nadie. Un Príncipe exiliado.

Herio - October 13, 2005 09:54 PM (GMT)
Si que eran de mente cerrada esta gente del Este. Seguía sin ver una solución al problema que le satisfaciera completamente. Quizá si le arrancara las....

Desechó el pensamiento de su mente. Aún podía salir de aquel dilema ..... "moral", sin tener que dejar inservibles los miembros del joven eslavo. Aún no le había hecho una pregunta básica en todo este asunto.

- Decidme ¿Cree que obró mal amenzandome y atacandome? ¿O por el contrario, lo volvería a hacer?

Puede que al joven le resultaran molestas tantas preguntas, pero para el capadocio era muy importante conocer las respuestas. De lo contrario, la alternativa no sería mucho mejor para el Bratovich.

Evento - October 13, 2005 11:29 PM (GMT)
Agachó la cabeza. En realidad la respuesta era sencilla.

-Lo pregunta como si una respuesta fuese inseparable de la otra, Señor Aaron. Mi enojo era justificado por todo lo que ya le he explicado, aunque amenazarle con mi espada o con mi palabra no fuera lo más adecuado. "Pero yo lo reconozco, auqnue usted no lo haga". No lo dijo, porque ya lo había hecho y sus palabras habían caido en un barril sin fondo.

Calló pocos segundos mirando a los ojos al Capadocio. De nuevo. Se repetía aquel hombre, supuestamente inteligente.

-Pero ya le he dicho, y se lo repito, la única manera de volver a atacarle sería por Orden de mi Señor, pues había usted obrado de manera valiente y sabia.

Comenzaba a dudarlo. ¿Por qué no le mataba o le dajaba ir, simplemente? ¿Qué era todo en lo que pensaba? ¿Acaso era verdaramente posible que tanto temor le tuviera a una revancha, que a pesar de estar el Bratovich ofreciéndole su respeto este Hijo de Caín insistiera en no entenderle, a pesar de decir lo contrario? Si era verdad que le temía a una revancha -o a la de su Señor-, entonces tal vez se hubiera equivocado.


Mikael Bratovich - October 16, 2005 02:20 PM (GMT)
FDI: ¿? Vamos que era yo y me he equivaco de nuevo.............

Herio - October 16, 2005 06:22 PM (GMT)
La paciencia del capadocio había llegado casi al límite. A pesar de sus intentos de hacer entrar en razón al joven eslavo, este seguía con su manera de pensar cerrada y condicionada. Solo habría una forma de asegurarse antes de tomar una decisión.

- Escuchame bien, Mikael. Porque esto no volveré a repetirtelo. Te doy la oportunidad de salir vivo de esto....

No era necesario seguir con los formalismos. Si iba a perdonar la vida de alguien, se creia con el derecho a tutearle.

- Podemos dejar lo sucedido entre tu y yo. Tu no se lo dirás a tu señor. Y lo que es más importante, yo no se lo diré al mio. Creemé, de saberlo él, no durarías mucho. Sabe cuidar de los suyos.

Hizo una breve pausa para que la información entrara en el duro craneo del guerrero.

- Yo te perdonaré la vida y te dejaré libre. Pero recuerda. Como vuelvas a tratar de atacarme, amenazarme o a faltarme al respeto, me haré un collar con tu columna vertebral y me aseguraré de que sigas vivo para verme luciendolo en mi cuello.

Al cuerno con los eufemismos.

Mikael Bratovich - October 16, 2005 06:31 PM (GMT)
El eslavo sonrió. Por fin. Aquello era lo que esperaba, lo que necesitaba. Necesitaba sentir la fuerza en la voz de ese Hijo de Caín, necesitaba saber que sus amenazas eran sinceras y que su fuerza era suficiente para hacerlas cumplir.

Ahora lo sabía, y su sonrisa no desapareció mientras hablaba.

-Acepto.

Fue lo único que dijo. De nuevo su voz tenía esa fuerza elemental, esencial, aquella vivacidad y energía siempre inacabable, tenía aquel respiro de la potencia de las Montañas donde había nacido, el poder de aquel que nunca tiene miedo a nada, aquel mismo orgullo noble y atípico en las regiones occidentales.

Nada más era necesario.

Herio - October 16, 2005 06:46 PM (GMT)
Herio sonrió ladeadamente. No esperaba menos del eslavo. Sería muy idiota si rechazaba esa oferta.

Se acercó de nuevo a él cuchillo en mano. Le cortó otro mechón de pelo y le hizo un pequeño corte en el pecho. Un sirviente cadavérico le acercó una pequeña copa plateada con la que recogió un poco de sangre.

- Esto me servirá de aval para nuestro contrato verbal. No es negociable.

Dejó ambas cosas sobre una mesa y cogió la llave de los grilletes del Bratovich. Se acercó de nuevo a él y le soltó las ataduras. Estaba presto a derribarle de un golpe si era necesario, aunque esperaba que no fuera el caso.

- Visteté y toma un poco de agua, te sentará bien.

Atendiendo a una orden telepática un sirviente le dió sus ropas y otro le ofreció un cuenco con agua. La espada se la daría un poco más tarde.

Mientras el eslavo bebía y se vestía, Herio cogió la daga ritual y comenzó a cortarse la barba a mechones. Cuando hubo acabado y el joven estuvo completamente vestido, le ofreció un mechón de su barba.

- Esta será mi parte del trato. En esta noche, tú, me has enseñado algo. Espero haber hecho lo mismo contigo...

Esperaba que así fuera o de lo contrarío, habría sido una perdida de tiempo.


Mikael Bratovich - October 16, 2005 07:52 PM (GMT)
El Bratovich, aun sonriendo, permitió que le cortaran el cabello y que le hirieran el pecho. No dijo una palabra al respecto, y seguía con sus verdes y orgullosos ojos los movimientos del Capadocio y las órdenes que daba.

Sentía cierta satisfacción, la del padre con el pequeño, por extraño que pareciera, pues por fin sentía que lo trataba como si verdaderamente se hubiera sentio ofendido. Sentía un ligero calor en la boca del estómago, y estaba deseoso de tener una pelea con alguien para desahogar el exceso de energías que había acumulado en aquella antinatural cárcel.

Miró cómo le desataban las esposas, y sin decir una palabra tomó sus ropajes, pesados y complicados, de manos del sirivente cadavérico, y se puso primero las medias que protegían su piel contra el peso de las botas, luego una subcapa de telas que protegían así mismo su cuerpo de su pesada armadura, se puso luego el pantalón, fabricado con gran arte por las gentes de su pueblo, una red de metales muy bien trabajados entetejidos y encima puso su armadura principal, negra con el símbolo de su fmilia en ella. Luego la capa donde aparecía la librea que le decía al mundo el nombre de aquel a quien servía, las botas, los guantes y protecciones de los brazos, y sobre todo el pesao abrigo que usaba en su tierra.

No le preocupaba su montura, pues sabía que podría regresar sin problemas a su hogar.

Cuando por fin estuvo vestido, permaneció de pie observando a Herio.

Recibió en silencio el mechón de barbas que le ofrecía y lo guardó entre su cinto. Apreciaba aquello.

-Lo he hecho, sentenció con su fuerte acento en su pésimo francés.

Herio - October 16, 2005 08:34 PM (GMT)
Parecía que una vez desencadenado, el eslavo volvía a su "elocuencia" habitual. Si la única forma de hacer que aquel hombre hablara era encadenarle..... curiosa idea.

Herio guió en silencio a su huesped hacía la salida por los oscuros pasadizos excavados en la piedra bajo el mausoleo. Una vez en la habitación principal, cogió la espada del eslavo de su mesa y se la ofreció por la empuñadura como acto de honor.

- Vuestra espada, monsieur Bratovich

Esperó que el joven tuviera algo más que decir que los monosílabos habituales.


Mikael Bratovich - October 16, 2005 08:46 PM (GMT)
El eslavo siguió al Capadocio a través de su refugio, hasta llegar al Mausoleo donde tenía este su pesada hoja.

Cuando Herio se la ofreció, el eslavo no pudo menos que extrañarse de aquel comportamiento, después de haber desmotrado ser tan desconfiado. A lo mejor por fin había entendido que él nunca mentía.

Tomó la espada por el mango, tal y como se la ofrecía su "anfitrión", y con ceremoniosos movimientos la guardó en la funda, mirando luego a los ojos del judío.

-Se lo agradezco, Señor Aaron.

Observó la salida.

-Nos veremos pronto, espero. Hizo una inclinación con la cabeza en señal de respeto, y esperó.


Herio - October 16, 2005 08:58 PM (GMT)
El capadocio respondió al geste de Mikael inclinando tambien su cabeza y se acercó a la salida.

- Yo tambien lo espero. Recuerde, entre usted y yo, nada ha sucedido. Ahora, le acompañaré a la salida, para un desconocido, caminar solo por este cementerio significa la muerte.

Salió al cementerio y le acompañó hasta la puerta del mismo. Esperaba que su señor no se percatara o en caso de hacerlo, que no le diera demasiada importancia. Herio se tomaba muy en serio el respeto que debía en el dominio de Trang Oul. Pero era el bien de todos el que le había obligado a actuar de tal forma.

Una vez en las puertas enrejadas de San Genevie, se despidió de Mikael Bratovich.

- Adios, monsieur Bratovich. Pacta sunt servanda*






FDI: Pacta sunt servanda*: Latín, "los pactos deben cumplirse"

Mikael Bratovich - October 16, 2005 09:06 PM (GMT)
El eslavo caminó siguiendo los caminos que Herio le indicaba. Cuando sucedían cosas en su vida siempre procuraba no pensar en nada. Dejaba que sus ánimos convulsos y caóticos tomaran sus formas a capricho, que se distendieran, que crecieran y que se formaran, que fueran sin interferencias suyas o de nadie.

Nunca se detenía a pensar en aquello. Simplemente lo sentía y se sentía en él.

Al cerrarse la reja del cementerio se giró hacia Herio.

-Nos veremos donde siempre hay un abismo, por fin dijo en su lengua madre, sin importar mucho si le entendía. Al fin y al cabo el mismo Herio abría dicho quién sabe qué cosa en quién sabe qué idioma raro.

Sin más, su potente y gran figura se perdió en la oscuridad que rodeaba el cementerio, camino a la Mansión de su Señor.




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