View Full Version: Oh, madame... {11-VIII-1225}

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Title: Oh, madame... {11-VIII-1225}
Description: Enamorado, una vez más.


Luca Verinni - October 2, 2005 04:26 PM (GMT)
Tenía la certeza de ser llamado desde alguna parte, algún meloso caramelo esperaba ser desenvuelto y se estaba retrasando. No tenía por costumbre pasear por lugares muy concurridos pero la necesidad era acuciante, y se internó en las laberínticas callejuelas donde la gente se apretujaba y caminaba en una sola dirección. ¿Tendrán todos la misma necesidad que yo?

Sería maravilloso que hubiera centenares de adeptos mortales dedicados única y exclusivamente a la apreciación del arte, a la creación...El génesis artístico era para alguien como él algo más que un reflejo de sentimientos, formaba parte de la calma de la Bestia, retrasaba su plenitud con lienzos, pigmentos y hermosura. Los había con sed de sangre, sus entrañas la tenían de arte.

Desgraciadamente la realidad era otra muy distinta, decenas de pasos posteriores descubrió que ya el avance no era obligatorio, ya casi no había empuje. La marabunta se disgregaba y desaparecía por callejuelas anexas. Nadie salvo él oía la voz imperiosa de la dama abandonada.

Al caminar, sus pasos, inaudibles ya de por sí, se sumieron en el más absoluto silencio al pasear sobre el mullido manto de hierba que se desfiguraba en torno a sus pies. Con cuánto amor se hubiera descalzado para sentir contra su piel los designios de la naturaleza. Pero aún no había llegado a su destino, los gritos de la ostentación y la grandeza seguían preponderando en su cabeza. Ni el borboteo de las fuentes romanas ni el canto contrastado de jilgueros y gorriones conseguían calmar su búsqueda, que tantas otras veces había emprendido.

El canto de la ninfa se detenía, como un corazón al borde del exterminio, lentamente apareció ante él la mole gloriosa que le miraba con sus ojos en forma de rosetones y culminaba la gracia parisina con sus torretas que trenzaban armoniosamente las nubes. Los pórticos invitaban susurrantes a adentrarse en el candoroso útero de la catedral, pero era incapaz de separar la vista de tan brillante construcción, la mano del hombre era exquisita, y le daba de comer...

Había quedado prendado del vociferante clamor de Nôtre Dame y se acercaba con pasos cautos y un tenue rielar, sentía la piedad del brutal monumento hacia él, un indefenso y diminuto caminante en símil a la impía belleza de la construcción, que ninguneaba cualquier otra desde una distancia tan prudente...

Miraba con ternura y devoción a la catedral hasta que expidió por sus anonadados labios un parsimonioso y lento susurro, que distaba mucho de querer quebrar la agitante sensación de embeleso.

- Oh, madame...

Sentía la casi obscena necesidad de sentir el refrescante mármol en sus manos, en comparación con la tibieza de sus pensamientos, pisar la fría piedra sin hacer el menor ruido, susurrándole a las paredes eternas de la catedral que era un ángel oscuro sin una ubicación concreta en el mundo, era como las gárgolas de las cumbres, un híbrido rampante con alas negras cuyo rumbo lo definían las vivencias y las situaciones, un carismático vividor...

Las tonalidades petulantes de las cristaleras coloreaban su nívea piel ayudadas por los ingeniosos rayos lunares y sembraban en sus ojos la maravilla del génesis, bendita creación...El cálido aire aromático que los pórticos exhalaban insuflaban su perfume en las venas del ser anodadado, invitándole a derramar lágrimas sanguinolentas en honor a su perfección.

Anhelaba por encima de todo tener frente a sí un rugoso lienzo de cáñamo, verter sobre él sus pinturas, descargar con garbo y pasión sus pinceladas. El olor embaucador del pigmento coloreado, el corazón de su delicioso arte.




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