Como había hecho ya un par de veces desde que empezó su construcción, Miguel de La Rosa se dirige a la Sainte-Chapelle.Se acerca sinuoso al magnánime edificio, no sin notar el hálito de Fe que desprende pero que si bien atemoriza su espíritu, reconforta su alma.Y piensa para si:
-¿ Es aquí donde pretenden atesorar la corona de Cristo?.
-Inensatos, la verdadera corona de Cristo, lo que lo convierte en nuestro Señor, es su mensaje, su legado de amor.Deberian prerocuparse más por preservar su palabra, y no sus restos.
La Rosa se sienta frente al pórtico de la obra, y aunque absorto por la presencia del edificio y la Fe, su pose asemeja meditatiba. Allí pasará parte de la noche debatiéndose entre extraños pensamientos que ni siquiera el mismo es capaz de descifrar.