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Title: El Tiempo
Description: Qué


Isolda Lamartine - September 28, 2005 07:07 PM (GMT)
¿Qué discurre entre un hecho y otro? ¿Por qué "ayer" mi madre estaba muriendo y hoy ya ha muerto? ¿Dónde se traza, a cada instante, esa línea poderosa que separa la vida de las cosas y de los hombres en antes y en después? ¿Cómo poder adivinar, si en distintos lugares algo ocurre, que ocurren al tiempo?

Los antiguos griegos, babilónicos, hebreos y egipcios habían fabricado poderosas herramientas y poderosos conceptos para medir el tiempo. Desde relojes, hasta contrucciones megalíticas puestas antes de los hombres entre los hombres; las estrellas, las manchas de los tigres o la intuición de las ancianas; el consejo de los dioses, que decía a sus elegidos cuándo había que sembrar y cuándo había que recoger, cuándo se molestaba el Nilo, o cuándo había que arrojar una piedra para que golpeara al objetivo.

Pero se escapaba la esencia que subyacía a todo aquello, y se escapaba de un modo brutal, atormentador.

¿Dónde estaba entonces el misterioso elixirt de la historia? ¿Qué lugar de la Mens Divina le guarecía en su seno maternal y poderoso?

Isolda caminaba tranquilamente en algún lugar hacia algún otro, mientras en su mente discurrían estas ideas que seguramente habían surgido alejándola de la amenazadora presencia de su Pasado.

Isolda Lamartine - September 29, 2005 01:45 AM (GMT)
¿Es acaso el tiempo la única forma de entender el mundo? Si apartir de él discurren los hechos, y sólo se respira, se camina, se vive, se crea en un tiempo, ¿Es entonces esta una característica fundamental de la Realidad?

Tiene que ser sin duda subjetivo. Y de este modo subjetivo seguramente se aviene la comprensión de los sucesos, mentales o físicos, espirituales o mágicos.

Se envejece finalmente algún día, pero es la marca dejada en el cuerpo la marca del tiempo, como sabiamente señalan los ancianos. Son las barbas blancas símbolo de sabiduría, más es de tiempo realmente de lo que se ha realizado su extraño tinte, y es tiempo lo que empaña los ojos azulosos de las ancianas en el mercado, y el tiempo lo que cristaliza el dolor en el corazón de los hombres y lo que cierra la herida y lo que hace mover al Sol alrededor del mundo, y al mundo alrededor de este, y es el tiempo lo que marca el ritmo cuando se toca la delicada lira, y lo que hace a los Daemons eternos, al ser ajenos al tiempo.

Pero sin duda tiene que ser subjetivo, porque nada es para el Eterno el tiempo, pero para el mortal dos días, dos semanas o dos años pueden ser una Eternidad, sin abusar en ningún momento de tan elevado concepto. Y la alegría perdura através de los días, mientras que las imágenes que no nos son caras se desvanecen al girar el rostro y clavar la curiosa atención en la recién creada obra ante nuestros ojos.

¿Será entonces posible aprehender el tiempo, y hacerse de ese modo Eterno?

Isolda Lamartine - September 29, 2005 02:02 AM (GMT)
Un segundo encuentra una flor
solitaria en medio de los campos.
En el primero piensa en arrancarla
pero se supone inúti crueldad
en el corazón de los temporales.
Inca sus rodillas junto a ella
y ya son dos cuando antes era uno:

Una caricia.
Un baile.
Un sonido.
Un olor.
Un amor.
Un sueño.

Y eran más antes de pensarlo
y se torció de espantosa manera
y cabalgó como Ausencia, descendienco la montaña.



Adaptación -con mayúsculas- de un texto que encontré en la red.

Isolda Lamartine - September 30, 2005 02:08 AM (GMT)
Isolda conocía de sobra a los griegos, y la idea del eterno retorno le parecía sumamente seductora, auqnue peligrosa.

Aquello no sólo implicaba una circulación continua, donde los avances en el pensamiento implicaban un retroceso que le santecediera; tamibén implicaba sucesos más "reales" en los que al parecer ahora sólo se ocupaban los árabes: un universo circular, que gira sobre sí mismo con un movimiento también circular. Aquello era una representación innegable de la perfección griega, tan apreciada, al mismo tiempo que dejaba entrever la idea de muchos griegos sobre el resposo y su similitud con el movimiento del eterno retorno: el verdadero y único estado.

Por supuesto Isolda no compartía esta idea, pues por vivencias propias y por propias formulaciones teóricas había llegado a conclusiones muy diferentes, empezando ella probando esto con los experimentos mentales que siglos después harían famoso a Einstein. Sin embargo en su relación con el tiempo aquello no dejaba de ser interesante, pues si este se asimilaba a aquel movimiento circular debería entonces ser considerado como una sucesión, poética pero sucesión al fin y al cabo.

No tanto porque un acontecimiento continúa tras otro, sino porque pensar el tiempo circularmente implica que este se repite a sí mismo ad infinitum, por lo que no podría de verdad existir nada nuevo ni nada irrepetible. Todo debería darse de nuevo, aunque antes en el tiempo ya hubiera existido.

Pitágoras abría avanzado mucho sobre ese punto, e Isolda recordó sus ideas claramente, intentando a partir de ellas darse luz sobre sus preocupaciones:

"De la misma manera que las cosas idénticas por el número, así, yo también volveré a hablar, teniendo este bastoncillo en la mano, y vosotros estaréis sentados como ahora, y de la misma manera se comportarán todas las demás cosas, y hay que pensar que el tiempo sea el mismo. Pues, siendo también uno solo el movimiento mismo, igualmente, de muchas cosas iguales, serán una e idéntica la anterior y la sucesiva, y también su número; todas las cosas las mismas, incluyendo también el tiempo."

El cuerpo de la Magister Mundi se vio azotado por un estremecimiento, al entrever frente a ella un verdadero reto, un nuevo reto por el qué caminar.

Isolda Lamartine - October 3, 2005 12:47 PM (GMT)
Es entonces el tema mucho más importante, pues mirándolo desde ese único punto de vista, entonces se aparecen como imprescinibles e inseparables las ideas de Necesidad y de Destino.

Las cosas que ocurren en el presente no tienen en realidad sentido propio, ya que todo se repetirá a sí mismo eternamente y lo que sucede es ya la repetición de algo que antes ha sucedido. Y cómo el círculo, el ciclo no tiene ni principio ni fin, así tampoco el sucederse de las cosas no debería jamás aber empezado y nunca ya se detendría.

El concepto de eterno retorno sin embargo tiene razón de ser:aprehender intelectualmente el tiempo, inmovilizando lo más posible su fluir. No creer de este modo las ideas sobre el tiempo es sin duda importante, auqnue sobre eso Isolda después ya meditaría, ahora simplemente recordaba y contruía.

La idea del eterno retorno paraliza también la historia y hace imposible cualquier progreso real en ella. El eterno retorno se fundamenta, a su vez, en la idea de una sustancia universal como principio primordial permanente de todas las cosas, llamado por las Voces Dios, por los herméticos quintaesencia, auqnue las diferencias no fueran sino nominales. Aristóteles señala que la mayoría de los filósofos suponen que el principio de todas las cosas se encuentra en una especie de sustancia material y que esta sustancia permanece siempre la misma en el cambiar permanente de sus modalidades. Así, nada nace ni perece, porque subsiste siempre esa naturaleza de las cosas, tal y como fue desde el principio.

Isolda Lamartine - October 3, 2005 01:30 PM (GMT)
Los griegos y sus ideas filosóficas, por lo general, siempre procuraron separar las concepciones de tiempo y de eternidad, haciendo entre ellos un pequeño abismo, separado sólo por su carácter común, que aunque no lo parezca no es es ningún modo el más importante.

En las múltiples formas y direcciones que asume la concepción de la eternidad y del tiempo hay un carácter común: el de la superioridad que le atribuyen a la eternidad sobre la temporalidad, puesto que el tiempo es concebido como infinito, en su inacabable rotación circular, y de esta manera se asemeja a la perennidad de la eternidad.

Asimismo se concibe a la eternidad como de perpetua duración, lo cual la hace temporal auqnue no necesariamente cíclica. El pensamiento griego está permeado hasta lo más hondo de temporalidad, no puede ni definir ni concebir la eternidad sin ligarla de una o de otra manera al tiempo, sin remitirla a categorías temporales.

Pero se salvan diferencias y se intenta distinguir entre tiempo y eternidad, y para lo cual se trata de asimilar el tiempo, por medio de la concepción de un tiempo circular, a la perennidad de la eternidad, la cual se toma como algo no totalmente diferente del tiempo, y se ve como un todo de duración continua, lo que de nuevo lo relaciona a la temporalidad. No, sin embargo, al movimiento circular.

Isolda Lamartine - October 5, 2005 02:15 AM (GMT)
La idea del eterno retorno... ¿Cómo podía ser tan seductora y a la vez tan temible? ¿Sería acaso la seducción que ejercía sólo la máscara que mostraba el terrible secreto que ocultaba? Porque no tan secreto, puesto que los griegos lo habían escrito, pero sí puesto que ellos eran Magi, Despertados, y muchos de ellos originaron la Orden.

Isolda miró hacia arriba. No podía distinguir el color del cielo, y el frío era tan ajeno a ella que no podría adivinar si se encontraba de Noche o de Día, o si estaba al aire libre o lo que sus ojos observaban era la negritud de un tejado. Suspiró, y siguió caminando

Sin embargo en algún punto del eterno retorno al que los griegos sometían el tiempo, este necesariamente tenía que someter el mundo, el mundo temporal y el ser del que dependen las ideas temporales a una mutación, no tan evidente pero existente, de la que sin duda los despertados hacen parte importante, fundamental.

Isolda recordó a Gerard mientras deletreaba en su mente las palabras que tan bien conocía, escritas y creidas por sus antepasados en la Contemplación del mundo: "lo particular solo tiene sentido si se encuentra imbuido de totalidad". De derivaron sin duda alguna su interés por la physis, por una realidad estable con leyes que ordenen lo múltiple, leyes eternas preexistentes al mismo mundo, que provengan del orden inherente del Universo y que procuren el retorno de todo cuando han regido al caos originario que empero les da la esencia.

Eso, por supuesto, no era ya griego. Isolda lo sabía, pues experimentaba el caos del mundo caa vez que abría los ojos o entraba a alguna mente desentendida. No, los griegos siempre habían buscado lo estable, lo permanente, y por eso su tiempo delineaba un camino básicamente circular, que es el más parecido al reposo; había visto a muchos sabios escribas en muchos reinos, desde los Orientales hasta las tierras desérticas de los Batini, confunir lo circular con lo cíclico, pero ella no caería en aquel error, no sí quería encontrar la verdad que subyacía a este problema.

Isolda Lamartine - October 8, 2005 04:37 PM (GMT)
La búsqueda del límite se convierte a la vez en pensamiento y atracción por lo que trasciende el límite.

Este sentido de mesura, de equilibrio, unidad y racionalidad, contrasta con el sentido de desbordamiento, desequilibrio, con la atracción, y a la vez, el temor por lo indefinido e ilimitado.

Así es pues que el carácter polifacético y variado de este pensamiento impide que pueda ser aprehendido en una visión única y lineal. Sin embargo se puede decir, incurriendo en la peligrosa generalización, que por una parte se busca, como ideal, la finitud, la determinación, lo que se puede pensar, y que, al mismo tiempo, habita en esa esencia buscada y anhelada su espíritu, como pesimismo ante el ilimitado poder del destino, el temor al infinito, a lo indeterminado, que no por ser temor deja de estar presente en el pensamiento.

Esta contraposición se manifiesta también en el tratamiento de los problemas que plantea lo finito y lo infinito, y en los de la eternidad y el tiempo. Entonces se puede decir sin ningún lugar a dudas que la relación entre el tiempo y la eternidad se presenta en los tratados fabricados por los griegos, poseedores de una gran capacidad de penetración en la realidad, unida al problema de lo infinito y lo finito.

Se toma una conciencia de la relación íntima entre ambos problemas y se plantea el problema de lo infinito unido al del tiempo, el cual es considerado como infinito, infinito que es vinculado con lo negativo, el caos, el vacío, ya que la finitud es la completitud.

Isolda adivinó entonces diferentes formas de referir el tiempo a la eternidad, que manifiestan la necesidad de abarcar la infinitud temporal con una cierta eternidad que sea racional e inteligible. Estaba cerca. Mucho.


Isolda Lamartine - October 8, 2005 10:33 PM (GMT)
Muchos de los más grandes problemas que pensar en el tiempo plantean a quienes se arriesgan, son sin dua entrelazar, como ya la mente de Isolda había discurrido, los conceptos de tiempo y eternidad. Conceptualizar la noción de eternidad con nociones muco más mundanas, como "ayer", "hoy" y "mañana" es tal vez la única posibilidad que tiene una mente Durmiente para acceder el aterrible cvonocimiento que entraña la existencia del tiempo como parte fundamental de la realidad que gobierna el mundo desde la Mens Divina, pero a la vez le confiere al mismo Cosmos la característica que los mismos herméticos han aceptado darle: no ha tenido un origen.

"Este cosmos, uno mismo para todos los seres, no lo hizo ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre ha sido, es y será fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según medidas."

El cosmos perenne no es el caduco ordenamiento presente, ya que "en nuestra esencia fluyente somos y no somos", como bien decía Heráclito, solamente "la universalidad de las existencias reales".

Si bien no es posible "descender dos veces al mismo río", lo Uno, El Origen, por mandato de la Razón, es todas las cosas: el Intellecuts Mundi, el Cosmos, es inengendrado, único, y encierra en sí todo lo existente .

Sin embargo podría haber una gran diferencia en un pequeño punto, auqnue Isolda se empeñaba en no descatar ninguna idea. Contra la idea de un demiurgo y de un cosmos originado de un caos precedente, se opone la existencia eterna del cosmos y del fuego siempre viviente. La eternidad se presenta como infinita duración del tiempo, continuando la lógica de pensarlo de manera cíclica, dentro de la concepción del eterno retorno de todas las cosas. La eternidad es la perpetua cadena de los ciclos del cosmos. Al decir que el fuego es "siempre viviente", se puede llegar a concebir la eternidad como infinitud temporal del ser.

El verbo ser, en el fue y en el será, manifiesta que la realidad es la misma en el pasado, el presente y el futuro, o sea, que el cosmos ha existido a lo largo de todo el tiempo, y que, como tal, es eterno. Entonces, la eternidad viene a ser la existencia perpetua a lo largo de toda la duración temporal en el pasado, el presente y el futuro, dentro de un tiempo cíclico que se repite sin cesar.

Isolda Lamartine - October 9, 2005 07:01 PM (GMT)
Pero no era simplemente... no simplemente así. Otros muchos rasgos enmarcaban aquello que acababa de planetear.

Podrían también contraponerse de manera irreconciliable tanto la physis y lo particular, como el conocimiento racional, que proporciona la verdad, y el conocimiento sensible, carente de ella. Hay que rechazar el no-ser, pero las apariencias, si bien no dan la verdad, no son el no-ser.

El tiempo forma parte de este mundo aparencial del Materia Mundi. Por tanto, ni es propiamente hablando, ni se puede decir de él nada cierto, por lo que en esa postura es preferible negar el tiempo, en aras de la eternidad del Ser. El Ser, inengendrado e indestructible, está fuera del tiempo y de la sucesión, es inmutable eternamente, y se mantiene en un presente inalterable:

Con un suspiro, Isolda recitó aquel hermoso poema escrito por el pensaor griego que ahora recordaba, con esas líneas de pensamiento, que tanto le recordaba a los Al-i-Batin:

"Ya solo un mito como camino queda: lo que es.
Y en este hay indicios
numerosos de que el ente es inengendrado e imperecedero,
pues completo e inmóvil y ya ahora perpetuo.
Ni fue ni será, ya que es ahora todo al mismo tiempo,
uno, continuo
"

Isolda Lamartine - October 17, 2005 11:45 PM (GMT)
¿Y si se excluye al Ser de toda temporalidad? ¿Si ñp hacemos eterno?

Si el Ser "no fue ni será, sino que es ahora", entonces es inevitable tomar a la eternidad como un presente permanente y como el presente es "parte" del tiempo, la eternidad queda así temporalizada.

El ser es eterno sólo porque excluye todo cambio y toda sucesión, porque es completo, nada le falta, y por tanto no puede tener futuro. Es posible entonces concebir la eternidad del Ser como lo que está totalmente fuera del tiempo y de la sucesión; pero más que concebirla fuera del tiempo, es necesario concebirla como inmutable presente.

Este eterno presente niega todo límite temporal, su duración no tiene ni principio ni final, es infinita, y por ser infinita vemos que la trascendencia del tiempo no es tan fuerte como para que no se tenga que recurrrir a él para considerar la eternidad porque el tiempo significa infinitud e indefinición y la eternidad significa finitud y completitud.

Se toma entonces que en la eternidad hay sucesión, dado que su presente es posible gracias a que se da a lo largo de todo el tiempo, es incompleta en cuanto requiere del transcurrir para ser siempre presente, ya que es ahora, toda al mismo tiempo, igual que el ahora, es decir, igual que el instante. El ser es ahora. ¿Será el presente de esta eternidad tan frágil como el instante? La eternidad como aquello que trasciende el tiempo se presenta sólo como negación del pasado y del futuro, como permanencia en el presente del ser que es, lo cual, como ya hemos señalado, lo refiere nuevamente al tiempo.

El Ser es un permanecer idéntico en lo idéntico, por lo que excluye el pasado en cuanto destrucción y el futuro en cuanto nacimiento, pero no excluye el antes y el después de la permanencia constante de su realidad. La afirmación de la extemporalidad es la afirmación de la infinitud del permanecer en la infinitud temporal.

Entonces, en contraposición a lo que antes habría podido discurrirse en la interior discusión, el tiempo como ente inmutable, incambiable, puede ser apreendido en cualquier instante puesto que siempre será el mismo, teniendo en cuenta, claro, que tomarlo sería emprender una tarea tan grande, tal vez, como el apropiamiento mismo del Intellectus Mundi al completo.



Isolda Lamartine - October 18, 2005 03:49 PM (GMT)
Cierto er también que mucho se había ya pensado entre el cielo y el tiempo, entre el movimiento de los astros y los devenires sobre la tierra. De hecho, muchas grandes civilizaciones medían, contaban y regulaban los tiempos mirano las estrellas. Ciertamente.

Isolda miró hacia el cielo. Estaban allí las estrellas, y recordó cada uno de sus nombres, y visualizó sus esferas y cantó sus poderes y capacidades, y se entrevió algún día superando lo imposible, superando aquel límite insuperable. Recordó a Gerard y su ambiciosa hipótesis de modelo estelar. ¿De dónde habría obtenido esa sagaz idea?

Cerró los ojos, y recordó a su Maestro Sandro, contándole una historia cuando apenas era ella una niña, que dijo habría escrito un sabio griego acía ya mucos siglos:

Cuando el Padre que había engendrado el Mundo comprendió que se movía y vivía, hecho imagen nacida de los dioses eternos, se alegró con ello y en su alegría, pensó en los medios de hacerlo más semejante aún a su pensamiento. Y de la misma manera que ese modelo es un Viviente eterno, se esforzó, en la medida de su poder, por hacer igualmente eterno ese mismo todo.

Suspiró. Lo que en realidad es eterno es la substancia del Viviente modelo, y es imposible adaptar enteramente esta eternidad a un Mundo generado. Por esta razón,muchos herméticos habían ya intentado crear una imagen móvil del univsero, empresa que ella misma se imaginaba, con la ayuda de Gerard; mientras se osrganizaba el cielo sehizo a semejanza de la eternidad inmóvil y una, esta imagen eterna que progresa según las leyes de los Números, esto que nosotros llamamos el Tiempo. En efecto, los días y las noches, los meses y las estaciones no existen de manera alguna antes del nacimiento del Cielo, sino que su nacimiento se ordenó al tiempo mismo en que se construía el Cielo. Todo eso son, en efecto, divisiones del Tiempo.


Isolda Lamartine - October 25, 2005 03:21 PM (GMT)
Hay entonces tres géneros del ser a los cuales corresponden tres tipos o categorías de conocimiento, que son entonces el que tiene una forma inmutable, que sólo el entendimiento puede contemplar. El que es engendrado, que está siempre en movimiento y nace en un lugar determinado para en seguida desaparecer, accesible a la opinión unida a la sensación, y el lugar, que es aquello donde lo engendrado es engendrado, perceptible gracias a una especie de razonamiento híbrido. El espacio es intermediario entre el mundo inteligible y el sensible, pues introduce lo múltiple con relación al mundo inteligible y en él interfieren, en cierta manera, las Ideas, lo que puede expresarse usando las artes árabes de la aritmética como la dyada indefinida de lo grande y de lo pequeño.

Entonces, tomando lo anterior como cirterio para poder razonar, vemos que en el devenir, que pertenece al segundo orden de seres, no se hallará nunca una verdad estable. Los razonamientos que se refieren a lo que es copia del ser, serán verosímiles proporcionalmente a la verdad de los primeros. Por tanto, en las cuestiones relativas al nacimiento del cosmos y del tiempo no se hallarán razonamientos totalmente coherentes y estables.

Ni siquiera entonces podrá arriesgarse a dar definiciones precisas el hombre, pues sus bases son meras fantasías cuano pretende alcanzar con ellas algo que pertenecer a otro nivel de conceptual, alejado del que tiene por costumbre o necesidad.




Isolda Lamartine - October 28, 2005 04:14 PM (GMT)
¿Será el Intellectus Mundi inengendrado, o acaso en algún momento habrá tenido inicio o nacimiento?

Se puede suponer, como muchos han hecho ya, que el mundo ha sido engendrado y que por lo tanto ha tenido un origen, porque tiene cuerpo, y todo lo que tiene cuerpo es causado. El Demiurgo es su causa; el Verbo que Hermes Tres Veces Grande vaticinó conversando con su hijo; el hombre, el Despertado que finalmente, después de larga vida de búsqueda, logra hacer al Universo él mismo.

Por tanto es bueno, y por tanto ha puesto su mirada en el modelo eterno para formarlo, por lo que es necesario que este mundo sea la imagen de otro mundo.

El tiempo es del orden de lo causado, y pareciera, por ser causado por el Demiurgo, que también ha de ser bello y bueno, a menos que sea justamente la contingencia y la limitación de este mundo. El tiempo es hecho con el fin de asemejar lo más posible el mundo a su Modelo, pero al mismo tiempo manifiesta la imposibilidad de que la imagen sea consistente. Sin embargo, ¿Y si lo fuera? No podría decirlo sino el Demiurgo, que como el mundo, lo ha creado.

Isolda Lamartine - December 22, 2005 06:19 AM (GMT)
¿Es o no el tiempo? ¿Pertenece al ámbito del ser o del no-ser? ¿Qué relación tiene el tiempo con el ser? Podría suponerse que el tiempo no es, porque no existe de modo absoluto: ha sido y ya no es cuando se convierte en pasado; va a ser pero todavía no es ya que eso es el futuro, y lo que está "constituido" por no-seres no participa de la substancia, según pensaba Aristóteles.

Sin embargo, el tiempo es divisible, y lo que tiene esta cualidad supone la existencia de al menos una de sus partes. Pero ninguna parte del tiempo es, aunque sea divisible, porque el instante que es, que ahora transcurre, que ahora se vive, en el instante mismo en el que se desarrolla el juego inmediato del pensamiento, no es una parte del tiempo, ni es divisible.

Si el tiempo estuviera constituido de instantes, sería una realidad puntual, y no un continuo, auqnue así debería ser. ¿Entonces no tiene el tiempo ser ni sustancia?.

Habría entonces que mirarlo diferente llegado a ese punto, y pensarlo solamente en el plano físico. Isolda se detuvo. Siguiendo el pensamiento de Aristóteles, habría entonces ahora de pensar el tiempo desde el movimiento.

Para lograrlo habría que contruir también los mismos elementos en que se basara el hermético griego, y pensar en el tiempo como lo que es numerado, que es el movimiento; lo numerable de lo que es numerado, que es el tiempo; aquello con lo que se numera, que es el instante y quien numera, que es el intelecto.

Isolda Lamartine - December 22, 2005 06:27 AM (GMT)
"El tiempo se deriva del movimiento de los entes físicos. La naturaleza es un impulso innato al movimiento. El universo entero se mueve, atraído por el primer motor inmóvil, primer principio que mueve todo por amor, y que logra en plenitud el modo de ser perfecto: la inmovilidad total. La esfera celeste, que es la más cercana al primer motor, no reproduce a cabalidad este género de vida, pero se acera a él lo más posible moviéndose con el movimiento físico perfecto que es el de traslación circular, movimiento que realiza sin violencia alguna."

Sostendría entonces la realidad, la continuidad y la razón de ser del movimiento, y recordando las palabras del sabio griego, se alistó a entrar de un modo desconocido para ella hasta el momento en el análisis de aquello que ahora tanto la apremiaba. El movimiento es fundamentalmente el paso de la potencia al acto, el tránsito de un estado a otro, requiere del lugar y del tiempo, y no existe fuera de las cosas.

Supone la existencia divina de una forma creada desde el Spiritus Mundi en el de la Materia, así como la exitencia de un concepto y del último plano en sí mismo: la privación y la materia. Es entonces el movimiento es una especie de acto, y como el acto precede a la potencia el movimiento es eterno, porque es la perenne tendencia del universo hacia el acto puro, el primer motor inmóvil.

Lo eterno es actual y anterior a lo perecedero, por lo que nada pasa de la potencia al acto sin la acción de alguna cosa actual. Todo lo que se mueve es cambio desde algo hacia algo, y estas cosas, es decir, el desde qué y el a qué del camino, se diferencian la una de la otra.

Entonces ya el movimiento circular no sería un movimiento, porque el desde y el hacia son un mismo punto. Por esto, no existe ningún movimiento que sea contrario al de rotación. Entonces equivale al reposo, a la inmovilidad del primer motor.

Isolda Lamartine - December 22, 2005 06:41 AM (GMT)
¿Será acaso el tiempo sea el movimiento del todo o universo? ¿Será por tanto la esfera misma del universo?

El tiempo no es ni el movimiento ni el cambio, que para el caso son lo mismo. El movimiento de cada ser está solo en la cosa que cambia o donde se encuentra, mientras que el tiempo está en todas partes de la misma manera, aunque el cambio sea más rápido o más lento, pues la lentitud y la rapidez son definidas por el tiempo.

Si el movimiento es continuo, y gracias a la continuidad del movimiento también es continuo el tiempo; si la magnitud espacial es continua y constituye el continuo primordial, el movimiento es continuo porque es movimiento a través de un espacio continuo, y el tiempo es continuo porque está ocupado por un movimiento continuo. ¿Cómo es que, si el número hace discontinuo el tiempo, y el tiempo es continuo, el tiempo es número, medida?

Del mismo modo, lo anterior y lo posterior se originan en el lugar y se refieren al orden de la posición. Ahora, como lo que está antes o después en el espacio es una magnitud, y en la magnitud está el movimiento, la anterioridad y la posterioridad se relacionan, en segundo lugar, con el movimiento, y como el movimiento y el tiempo se siguen mutuamente uno del otro, la anterioridad y la posterioridad se relacionan, en tercer lugar, con el tiempo. La relación anterior-posterior se da en el movimiento de la cosa que se mueve. Por la continuidad del movimiento y la posibilidad de determinarlo según lo anterior y lo posterior es posible llegar al conocimiento del tiempo; se sabe que ha transcurrido un tiempo cuando se capta en el movimiento una relación de anterioridad y posterioridad.

Entonces es posible distinguir dos instantes: uno anterior y otro posterior; si esto se da, entonces es posible reconocer que hay un tiempo; por esto el tiempo es el número del movimiento según el antes y el después. Se reconoce un lapso cuando distinguimos dos instantes, uno anterior y otro posterior. Como es percibiendo el movimiento como se percibe el tiempo, el tiempo es algo perteneciente al movimiento. El tiempo está primordialmente en el mundo físico, el sujeto que lo percibe está en otro plano, y sólo funciona en él si lo hace de la misma manera que en las demás cosas. El tiempo no es el movimiento, pero sólo existe pues el movimiento implica un número. El tiempo es número, no como aquello por lo cual se numera, como número puro, sino como el aspecto numerable del movimiento, como lo contable del movimiento. El instante permite medir el tiempo, así como el punto permite medir la línea, y gracias al instante el tiempo puede ser numerado.

Suspiró. Si el instante, que no es parte del tiempo, es lo que permite medir el movimiento, y el tiempo es la medida del movimiento, el tiempo es aquello que no forma parte del tiempo.

Isolda Lamartine - December 22, 2005 06:46 AM (GMT)
Si se siguiera pensando de esa manera, entonces aparecería el peligroso concepto del infinito. El griego se opuso a la idea e que el espacio y el tiempo estén constituidos de mínimos indivisibles (el instante en el caso del tiempo); entonces es algo continuo, que es la esfera celeste móvil y eterna. Y como Cantor muchos años después pondría con su Conjunto mágico en relieve este hecho en el plano de la geometría, se distingue el infinito como adición interminable de partes, infinito por composición, y el infinito por división, como aquello que es divisible ad infinitum. El número es infinito por adición, el espacio por división, y el tiempo lo es en ambos sentidos.

Es posible, siguiendo esa misma línea de pensamientos, mostrar la finitud espacial y la unicidad del universo, así como la infinitud temporal o perennidad de su duración.

Isolda Lamartine - December 22, 2005 06:54 AM (GMT)
Si Gerard le preguntase no podría responderle. Lo intentaría, dejando que él mismo encontrara la respuesta. "Lo que no puede ser trascendido ni excedido, porque no es naturalmente apto para ser abarcado o medido". Un defecto. "El todo y lo perfecto son absolutamente lo mismo, o al menos son naturalmente afines entre sí. Ahora bien, no hay nada perfecto sin un límite, y el límite es un término".

La idea de infinito contradice la de totalidad abarcable y por ende la de racionalidad. El todo ha de abarcarlo todo para ser el todo, y el infinito no puede abarcarlo todo porque no tiene límites, pues es aquello en que, tomada una determinada cantidad, siempre es posible tomar algo más fuera de ella. Por el contrario, aquello fuera de lo cual no existe nada, eso es perfecto y es un todo.

Lo que requiere siempre de algo nuevo no es autosuficiente; si se considera el infinito como aquello a lo cual siempre le falta algo, es entonces privación y no completitud, carencia y no acabamiento. Al alejarse de la totalidad, el infinito se aleja de la perfección.

Si bien el infinito no es necesariamente el todo, sí es potencialmente un todo, y esto posibilita que sea en algún sentido, y lo es, gracias a otro ser distinto de él: la cosa finita potencialmente divisible al infinito. El infinito no contiene todos los seres, sino que, por el contrario, es comprendido, en cuanto es infinito, por el ser finito, que es parte de la totalidad, es en sí mismo un todo en acto, y por ser potencialmente divisible al infinito, permite y contiene la existencia del infinito potencial.

Entonces... el infinito sólo como accidente.

Si se negara, siguiendo con la dialécticala existencia del infinito, se provocarían una serie de consecuencias inaceptables: la finitud del tiempo y del número, la indivisibilidad de los cuerpos, y la discontinuidad del movimiento y del tiempo. Un tiempo con principio y fin, lineal, anula la perennidad del movimiento del universo, al par que todo cuerpo debe ser en potencia divisible al infinito. El infinito existe, entonces, en su segundo sentido, como aquello cuyo evolución no tiene término, como lo es el tiempo.

Isolda Lamartine - December 23, 2005 09:05 AM (GMT)
Sí, se relaciona entonces el tiempo con el problema del instante, o el "ahora", verdaderamente en griego, y esto en virtud de su relación con el movimiento.

El instante no es una parte del tiempo, porque el instante no tiene extensión, y la parte es una medida del todo. ¿Divide el instante el pasado del futuro? ¿Es siempre el mismo o es siempre nuevo?

Sin respuesta: o bien el instante se está convirtiendo constantemente en otro diferente, o permanece siempre el mismo. Si ningún intervalo del tiempo puede coexistir con otro y que lo que ya ha pasado debe haber sido destruido, tampoco los instantes podrán coexistir y el que precede habrá de ser destruido.

Pero no puede ser destruido en sí mismo, porque entonces no existiría, y tampoco puede ser destruido en otro, porque no pueden coexistir. Por esto la sucesión de los instantes es imposible, no se pueden alinear como si fueran una sucesión de puntos.

Por otra parte, si el instante fuera el mismo, coexistirían el pasado, el presente y el futuro, y entonces no existiría el tiempo, ya que el tiempo es tiempo precisamente porque pasa. ¿Cómo puede hacerse pasado aquello cuya esencia es ser presente?

Isolda Lamartine - December 23, 2005 09:28 AM (GMT)
¿Qué es lo que realmente se ha extinguido en el cambio de presente a pasado dentro del flujo continuo del tiempo? El ahora ‘presente’ mismo, y en cuanto tal, ciertamente no. Ese ahora sólo se ha movido a otro lugar de la corriente del tiempo; o, dicho exactamente, ha cambiado su ‘lugar’ con el flujo del tiempo. Nada más. El mismo, en cuanto elemento del tiempo cualificado como ‘ahora’ ha permanecido idéntico consigo mismo.

El ahora no puede convertirse ahora en un no-ahora. Si un instante no dejara de existir cuando llega el siguiente y coexistiera con él, existiría simultáneamente con el infinito número de instantes que hay entre los dos, cosa imposible; y además, un instante no podría continuar siendo porque entonces ya no sería instante. Este es el problema de la identificación del instante: el tiempo se hace continuo por medio del instante y se divide por medio del instante. Todo el flujo continuo del tiempo parece ser una contradicción en sí mismo, del que sólo se puede señalar su carácter dialéctico.

El tiempo, en su constante suceder, es siempre distinto, y tomado en conjunto, es uno y el mismo, pues cada momento del tiempo es instante en su esencia, como todos los otros momentos, pero es un instante diferente, y puede medir el tiempo porque el anterior es diferente del posterior, de igual manera como el punto permite conocer la anterioridad y la posterioridad del movimiento. El instante como sujeto es una identidad aunque admite distintos atributos; mide el tiempo en tanto el tiempo abarca el antes y el después, y mantiene su continuidad. Por lo que se ve que el problema del instante está estrechamente relacionado con el problema de la continuidad. La magnitud contiene los caracteres de continuidad y divisibilidad, y por esto lo tienen el movimiento y el tiempo.

Así como en el movimiento la cosa que es transportada es la misma, pero su esencia difiere según su posición anterior o posterior, así en el tiempo, el ser transportado es el instante, y es este el que permite conocer la anterioridad y la posterioridad del tiempo; se tiene el instante en cuanto la anterioridad y la posterioridad son numerables. Por esto el instante es el mismo como sujeto y en cuanto a su esencia.

El tiempo es, en efecto, el número del movimiento de traslación, y el instante, lo mismo que el ser transportado, es como la unidad del número. El instante es, por una parte, división en potencia del tiempo; por otra parte es el límite y el nexo de unión de las partes. Ahora bien, en cuanto al sujeto, la división y la unificación son una misma cosa, aunque no lo son por lo que respecta a la esencia.

Por ser el tiempo y el espacio divisibles al infinito, no existe ni un tiempo ni un límite mínimo. El tiempo puede ser largo o corto, mucho o poco, pero no puede ser rápido ni lento, pues él es el número que mide el movimiento, su rapidez o lentitud, y no hay ningún número que mida la velocidad del tiempo. Es el mismo en todas partes, pero es distinto a cada momento. Es número como cantidad numerada o medida en la diversidad del instante anterior o posterior; en cambio, el número matemático es siempre el mismo.

Isolda Lamartine - December 25, 2005 09:23 PM (GMT)
Para el movimiento, estar en el tiempo es ser medido por él mientras existe, mientras algo se mueve, con base en una unidad de medida que es un lapso del mismo movimiento, es ser medido en virtud de sí mismo. Para los demás seres, estar en el tiempo es ser medido en sus existencias bajo la acción del tiempo, es estar contenido por el tiempo, tener una existencia temporal; la existencia en el tiempo no es coexistir con el tiempo sino existir en un determinado tiempo. El tiempo contiene y envuelve todo lo que en él existe y lo modifica; su acción consume y envejece, todo lo borra, es causa de destrucción, ya que él es el número del movimiento y el movimiento deshace lo que existe.

Todo cambio es inestable, y en el tiempo todo se engendra y se destruye; es causa más de la destrucción que de la generación porque por sí mismo es inestable y agotador. Entonces simplemente se considera al tiempo como más destructor aún que el movimiento, para lo cual ningún ser deviene sin ser movido y en cambio una cosa puede ser destruida sin ser movida.

Pero, ¿qué cosa puede ser destruida sin ser movida? Se valora el tiempo solo desde el punto de vista negativo, y esto porque el movimiento también lo es. La existencia plena es la del motor inmóvil; el movimiento existe porque las cosas lo buscan sin lograr alcanzarlo. El tiempo sólo existe por privación, en potencia. Por tanto, los seres que son siempre no existen en el tiempo, no están contenidos, ni medidos, ni influenciados por él.

El tiempo es número del movimiento continuo en general, y no de ningún movimiento en particular. Es el número del movimiento de traslación circular uniforme de la esfera celeste, cuyo movimiento es el que más se asemeja a la inmovilidad del primer motor. Es imposible que el tiempo se agote porque el movimiento existe siempre. Tampoco es posible que el tiempo se repita periódicamente porque es igual que el movimiento y ... si el movimiento, en un tiempo determinado, es único e idéntico, también el tiempo será único e idéntico; si no lo es el movimiento, tampoco el tiempo.

Por lo que la irrepetibilidad del tiempo depende de la del movimiento y, a la vez, la irrepetibilidad del movimiento depende de la del tiempo.




Isolda Lamartine - December 25, 2005 09:51 PM (GMT)
Puesto que el tiempo es medida del movimiento, es también medida del reposo, ya que todo reposo está en el tiempo, pues el tiempo es número del movimiento y en el número del movimiento puede existir también lo que está en reposo, ya que solo puede estar en reposo lo que tiene posibilidad de movimiento.

El movimiento solo abarca las cosas que están en movimiento o reposo y solo mide la cantidad de movimiento y de reposo de las mismas, y no la cantidad o magnitud del cuerpo en movimiento o en reposo. Así, pues, "el tiempo es medida del reposo y del movimiento", por lo que el acto puro no está ni en movimiento ni en reposo sino que trasciende estas categorías.

Asimismo, el no-ser no estará en el tiempo a menos que llegue a ser.



Isolda Lamartine - December 25, 2005 11:36 PM (GMT)
El mundo es eterno porque la sustancia eterna eternamente lleva a cabo su capacidad de obrar; la atracción que ejerce sobre el mundo es eterna. Ahora bien, la existencia del primer motor es cierta por la necesaria existencia del movimiento y del tiempo. Si bien piensa la finitud como positiva, se argumenta la existencia de la suma perfección basándose en la necesaria infinitud del cambio y del tiempo. Se demuestra la necesidad de la eternidad o infinitud del tiempo, por la necesidad de la eternidad del movimiento; esta, por la eterna atracción del primer motor; y la existencia de este por la necesaria eternidad del movimiento y del tiempo.

El primer principio es el mejor, es la causa de la eterna constancia e igualdad. Gracias a él, el primer cielo es eterno, y esta eternidad consiste en su inagotable movimiento, del cual el tiempo es un número; por esto, tiempo y eternidad se confunden.

El primer motor es esencia pura y acto puro y mueve a manera de lo que es objeto de amor, porque es bello y deseable. Posee la duración y la vida en sumo grado porque siempre es y porque el placer es su acto, y por esto es feliz. No tiene materia, por lo que es uno, es una entelequia, un ser perfecto o actual, su unicidad determina la del universo, es pensamiento del pensamiento, y es bueno porque en todos los seres el principio por excelencia es el bien mismo.

... el fin del cielo entero, el límite o fin que contiene todo el tiempo y la infinitud, es la eternidad, nombre derivado de ser siempre; eternidad inmortal y divina. De ella depende, para los demás, en unos con mayor claridad, en otros más confusamente, el ser y el vivir. Es divina, se mueve con un movimiento incesable de rotación.

Entonces la eternidad puede ser entendida en dos sentidos: como el acto puro, el primer motor inmóvil que actúa siempre del mismo modo, que se concibe como tal por la necesidad que tiene el cosmos de él, y como la esfera de las estrellas fijas o primer cielo.


Isolda Lamartine - January 1, 2006 06:36 PM (GMT)
La extratemporalidad se concibe y se prueba por la temporalidad.

Es necesario excluir a la eternidad de toda limitación temporal, pero con esto no se confronta con el infinito transcurrir del tiempo; las cosas eternas existen para toda la eternidad lo cual la transforma en un infinito temporal, o sea, considera en la eternidad la infinita duración.

Hay, por consiguiente, en el cosmos, la eternidad del ser y la eternidad del devenir; pero, por la inescindibilidad que los liga recíprocamente en el cosmos, también el ser de este cae en el tiempo y su eternidad es infinitud temporal.

La eternidad se confunde con la eternidad del tiempo. Si entonces se muestra el absurdo del regressus ad infinitum, la existencia eterna del movimiento, y la necesidad de detenerse en una causa primera. Es necesario reconocer un motor inmóvil, que es primero no cronológicamente sino ontológicamente, fin y razón de todo orden de los movimientos cósmicos.

Pero es necesario fundar la infinitud del tiempo y la eternidad del mundo sobre la eternidad divina, lo que manifiesta que la infinitud del tiempo es superior a la limitación en la duración, y la infinita rotación del cielo es superior a todo otro movimiento.

Hay, por consiguiente, un campo en el cual también no se duda en reconocer una excelencia mayor a lo infinito que a lo limitado: perfecto e inmortal equivalen.


Isolda Lamartine - January 1, 2006 06:49 PM (GMT)
La poderosa línea de razonamiento llevaba finalmente a la cuestión que habría de ocupar a los filósofos de ahora en adelante en ese sentido: el ser y el tiempo. Las relaciones del tiempo con el alma.

Si no existe nada que verifique la operación de contar, no habrá nada susceptible de ser contado y por consiguiente, tampoco habrá número. Si solo el intelecto, en el alma, puede contar, sin alma no puede haber tiempo como lo numerable del movimiento.

Pero la cuestión más embarazosa es la de saber si existiría el tiempo sin el alma o no existiría, pues si no puede existir nada que verifique la operación de contar, tampoco habrá nada susceptible de ser contado, y por consiguiente, tampoco habrá número, ya que número es o bien lo que es susceptible de ser numerado o lo que es numerado.

Pero si no existe nada que por su naturaleza pueda contar fuera del alma, y en el alma la inteligencia, no puede haber tiempo sin el alma, excepto por lo que se refiere al sujeto del tiempo, como si, por ejemplo, se dijera que el movimiento puede existir sin el alma. Lo anterior-posterior, pues, está en el movimiento, y en cuanto se puede numerar o contar, constituye el tiempo.






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