Title: Admirando la arquitectura
Description: 7-8-1.225 privado con Mikael
Herio - September 22, 2005 05:24 PM (GMT)
Herio se encontraba en la parte trasera de la capilla. Estaba admirando lo que se podía ver de la misma antes de que estuviera terminada. Le gustaba la arquitectura, si bien no era un entendido sobre el tema.
La anatomia humana, era arquitectura viva. Y la arquitectura en piedra y madera seguía los mismo principios. Huesos o vigas para mantenerla en pie, piedra o carne para darle cuerpo, cristaleras u ojos para que la luz entrara.... Eran todo similitudes.
Pocos podrían entender ese punto de vista que sería considerado blasfemo o heretico desde el punto de vista de los crsitianos. Su idea el cuerpo humano era tan ridicula y simple, que no sabía como eran capaces de curar un simple resfriado. Sangrias y lavativas, sangrias y lavativas..... En fin.
Su oscura figura se movía entre las sombras que arrojaba la construcción. Dando circulos, admirandola desde todos los angulos. Era una pena que algo tan hermoso, estuviera dedicado a unas ideas tan poco agradables.
Una vez rodeada la capilla al completo, se quedó en la parte trasera a disfrutar del momento y de la intimidad que el poco frecuentado lugar le proporcionaba.
Era una bonita noche, ciertamente....
Mikael Bratovich - September 23, 2005 04:38 AM (GMT)
Allí estaba cuando Herio terminó de dar la vuelta. Una figura enfundada en un negro abrigo, negros los cabellos ondulado en el viento, que era lo único que en aquel hombre teía movimiento, pues sus ojos verdes profundos y fijos estaban en aquella construcción, y con su pálido y rudo rostro parecía más una estatua que un hombre.
Su cuerpo era rudo y fuerte, y se veía en cada pedazo de su cuerpo que habían sido muchas las batallas en las que había forjado aquel perfil violento y potente, y que era su sangre la que le daba aquel aire de orgullo noble que salía por cada uno de sus poros.
La miraba serio. No le interesaba la construcción en sí. Simplemente recordaba... recordaba al Magnánimo Yorak y su Catedral, que sabía que nunca vería y nunca temería de nuevo, y sólo quedaría para el resto de su existencia la melancolía de las sombras insignificantes que los hombres y los demás vampiros impuros contruirían.
Herio - September 23, 2005 08:11 AM (GMT)
Cuando termina de dar la vuelta a la construcción, se encuentra con algo que no estaba ahí antes. Con alguien. Parecía una estatua de piedra. El capadocio no tenía por costumbre mirar las auras de aquellos con los que se encontraba, pero hizo una excepción con aquel extraño sujeto. (auspex 2)
Nada.
Curioso. Alguien que pasea a estas horas de la noche, palido y de mirada dura e insensible. Habría jurado por su aspecto, que era un vampiro. Obviamente, se equivocaba. Pero había algo más...
- Es una construcción bastante hermosa. ¿No le parece?
Una vez cerca del joven, pudo ver su tamaño y su musculatura. El capadocio tenía por costumbre caminar ligeramente encorvado y con sus brazos y piernas cubiertos entre los pliegues de sus ropas. De esta guisa, todos cuantos le habían conocido pero no eran sus amigos, lo tenían por un hombre de estatura media. Quizá incluso baja. Nada más lejos de la realidad.
Miró al hermoso rostro de hombre. Sus ojos verdes llamaban la atención y parecían arder con un fuego interior que no es posible de apagar.
El capadocio por su parte, mostraba un gesto afable y tranquilo. Algo raro en alguien que se encuentra con un hombre de esas caracteristicas en mitad de la noche. Sus ojos eran dos pozos de sabiduria.... y estaban hundidos en sus cuencas, enmarcadas por una piel extremadamente pálida.
Mikael Bratovich - September 24, 2005 02:41 PM (GMT)
El eslavo continuó largos minutos observando la estructura, sin mirar siquiera a Herio. No le había tomado desprevenido, y ya sus pasos, aunque silenciosos, le habían avisado que alguien se acercaba.
Después, sin ningún motivo aparente, se giró con lentitud y clavó sus profundos ojos en los de Herio. Muchos lo tomarían como insolencia, pero Mikael sabía que sería insolente aquel hombre si le mantenía la mirada, poderosa y devastadora como la de ningún mortal.
-No.
Fue su única respuesta, y giró de nuevo el rostro hacia la contrucción. Denuevo pasaron largos minutos, y cuando era casi evidente que no diría más, con un idioma bastante deficiente con fuetes acentos eslavos, Mikael completó la idea.
-Pero hace lo que pude.
Herio - September 24, 2005 02:51 PM (GMT)
El capadocio no se sintió molesto por las palabras del joven. Al fin y al cabo, opinaba exactamente lo mismo. La arquitectura del cuerpo humano era mucho más hermosa y ante si tenía un buen ejemplar. ¿Como serían sus organ.....
Otra vez se sorprendió a si mismo con extraños pensamientos. Una cosa era que no le molestaran las palabras del joven y otra muy diferente que si lo hiciera el tono de voz empleado. Herio se irguió por primera vez en mucho tiempo. EL cambio era impresionante, sin estar encorvado y encogido, el capadocio media algo más de 1,80. En aquella epoca era desde luego un hombre bastante alto.
- Disculpe mis modales. Mi nombre es Aaron Ben Eleazar de Capadocio.....
Su voz sonaba fría y carente de sentimiento. Quería averiguar que ocultaba la mirada del joven y así lo haría. No había sido una imprudencia por su parte decir el nombre de su clan. Era plenamente consciente de porqué lo decía. Además, decir que era de la región de Capadocia no era algo que pudiera delatar su condición de cainita en caso de que el joven fuera un humano vulgar. Si lo era...
Mikael Bratovich - September 24, 2005 03:02 PM (GMT)
El joven no se inquietó en ningún momento, y su mirada se clavó en Aaron Ben Eleazar de Capadocio desde que comenzara a trepar para salir de aquel agujero en el que se movía.
Miró con fijeza sus ojos, y el resto vino por añadidura. Ni un respito, ni un sólo tinte en su piel blanquecina, ni un parpadeo mientras él le miraba fijamente. ¿Acaso en aquella ciudad sólo vivían Vampyrs?
El Bogatyr se giró mirándole completamente de frente, incluido su cuerpo, ahora de frente. Un judío. No le gustaban los judíos. Pero no le gustaban las personas en general, así que poco importaba. Y ahora que era oficialmente vasallo de Von Vertzang debía cuidar la reputación de su amo. Mientras pudiera.
-Mikael Bratovich.
No apartó su mirada de él ni por un instante, confiado por supuesto, auqnue valiente sin duda. Tal vez un poco estúpido. ¿Qué querría aquel hombre?
Herio - September 24, 2005 03:17 PM (GMT)
- Veo que no eres muy hablador. Por tu acento parece que no dominas aún muy bien el idioma... entiendo entonces que no quieras hablar mucho.
Respondió a la mirada del aparecido con otra igual, pero mucho más inquisitiva y fria. Lo miraba como si mirara uno de sus especimenes de estudio. ¿Que diferencias tendrían las arterias y organos internos de uno de estos.... "animales"?
- Supongo que estás en la ciudad sirviendo a tu señor. ¿Puedo preguntarte su nombre?
Herio no se sentía en absoluto intimidado por la rudeza del joven ni por su aparente frialdad. Distaba mucho de ser tan frio como un estudioso de la muerte. Frio como una tumba. Casi podía verse la frialdad que emanaba su cuerpo muerto en forma de vaho frio.
Mikael Bratovich - September 24, 2005 03:55 PM (GMT)
El Aparecido frunció el entrecejo. En su tierra a aquellos que preguntaban tanto lo añadían a la decoración del castillo de Radu Bratovich, el Voivoda de Voivodas.
-No se equivoque señor Aaron. No hablo porque no me gusta.
Se iba a girar y a separarse de tan desagradable compañía, cuando le pidió explicaciones sobre su señor. Aquello era tal vez lo único que enorgullecía a Mikael de París: había un Voivoda digno de ser servido por él.
A pesar de ser desagradable, tenía que reconocer que el camino entre él y un vampiro era mucho, pero no era de ningún modo fingida su frialdad, y no notó la de Herio, pues era el segundo vampiro que veía en París a diferencia de su Señor, y antes sólo eran Fríos Tzimisces, fríos de verdad.
Levantó la capa que lo cubría, y el Capadocio pudo ver en su vestidura la librea del Señor Tzimisce, Von Vertzang.
Herio - September 24, 2005 04:18 PM (GMT)
El joven seguia haciendo gala unos modales dignos de un puerco en una cochiquera. Vió la librea que lucía y entendió muchas cosas. Por lo visto en tierras eslavas no les enseñaban educación a los ghouls ni a los jovenes. Si se pensaba que le debía algun tipo de respeto por ser vasallo de Vertzang se equivocaba de parte a parte. El señor de Herio era más importante en esta ciudad y desde luego, el propio Herio era bastante más importante que el joven malcriado que tenía delante.
- Pues deberia probar a hablar algo más de vez en cuando. Es lo que en estas tierras llamamos buenos modales.
No había sarcasmo en su voz que sonaba carente de sentimiento alguno. ¿Que se habría creido este insolente joven? Sería interesante ver el interior de su craneo para ver si había algo de interes dentro. Pero claro, Herio nunca trabajaba con los vivos...
- Así que sois vasallo de Von Vertzang. Bien...
Mikael Bratovich - September 26, 2005 04:32 PM (GMT)
El Aparecido sonrió para sus adentros. Después de haber sido entrenado por un Tzimisce y de haberle servido a varios en toda su vida, después de tenr que pasar semanas enteras en los solitarios yermos eslavos cazando a algún renegado o enemigo, luego de tener que vivir y aprender a querer los horrores de las Catedrales de los Demonios, sólo te quedaba educación para los señores del Irij y del Nev.
El resto eran simples vampiros más. Los Tzimisce eran Dioses y Demonios.
-Sirvo a Von Vertzang, es correcto.
En su tono había orgullo, y aquello era imposible de ocultar.
FDI: Creo que esto va a ser más difícil de lo que pensaba. Mikael es más parco de lo que poría haber adivinado... ¿tienes alguna idea para quitarle lo callado? :unsure:
Herio - September 30, 2005 08:12 AM (GMT)
Su falta de educación y cortesía eran tan notorias que llegaba al punto de ser irritantes incluso para el tranquilo capadocio. Estaba claro que se sentía orgulloso de servir a quien servía y que debía sentirse superior o algo así para actuar de la forma que actuaba. No obstante, Herio nunca perdía su fría calma. Así lo mandaban los cánones de su camino y así había sido incluso antes de seguirlo. No hacía falta rebajarse al nivel de burdos asaltadores de caminos y guerreros de mal pensar, para poner las cosas un poco claras.
- Tu elocuencia es digna de elogio. Esta visto que eres nuevo en la ciudad. De lo contrario, ya sabrías que normas de cortesía y protocolo son las adecuadas cuando se está hablando con un superior...
Dijo las palabras sin mirar siquiera a su interlocutor. Su mirada recorría las paredes de la capilla. No había un reto implícito en ellas ni matiz de sentimientos en su tono. Era una observación que hacía con un consejo intrínseco en la misma.
FDI: Si no reacciona a esto, tiene que ser el hombre más parco del mundo :P A ver si funciona. ;)
Mikael Bratovich - October 2, 2005 07:19 PM (GMT)
Una ira ciega subió por el cuerpo del Bratovich, desde las plantas de sus pies hasta sus verdes ojos, que fueron insuflados con el poder de una Bestia dfébil y flacucha, que no podría en ningún momento equipararse a la de los cainitas, pero que alentaba sus ánimos para reirse a carcajadas o destripar ante el menor insulto.
Se giró, presa de la rabia, y lanzó su mano para apresar el cuello de aquel que se atrevía a llamarse su superior, desconociendo la librea que llevaba con orgullo entre sus vestiduras.
Supo sin embargo contener aquella mano, que detuvo a mitad del camino.
No era miedo hacia aquel hombre, pero a los lobos que tanto temían los Hijos de Caín -que no los de Kupala-, él y sus hombres habían cazado ya mucas veces. Era temor ante el castigo de su Señor, el único que sobre él podía llamarse en aquellas tierras su soberano.
Devolvió así su mano, aunque su fiera mirada y su iracundo gesto no desaparecieron.
Comprendió entonces que aquel hombre debería sentirse muy superior o verdaderamente ofendido para haberle lanzado esas injurias a un hombre de superior talla. ¿Tan ignroantes eran los Hijos de Caín que se atrevían a menospreciar el poder de los mortales, de un sólo mortal?
Cambió entonces su discurso.
-Enséñeme entonces los modales que me reprocha silenciosamente no tener, usted que tampoco los tiene; y si a pesar de no practicarlos los considera necesarios, así mismo haré. Pero no vuelvan mis oidos a escuchar que de su boca salen injurias como las que ha proferido, porque le mostraré, Hijo de Caín, que no es bravuconería lo que mueve mis actos.
Herio - October 2, 2005 09:25 PM (GMT)
Herio observó friamente como la mano del ghoul se dirigía hacia su cuello y se quedaba en mitad del camino. Aquel engreido había tenido el atrevimiento de tratar de golpearle. ¿Como se atrevía? En la no-vida de Herio nunca había ocurrido nada semejante....
Afortunadamente. El capadocio era una pesona extremadamente fría que no se dejaba llevar nunca por la ira y el descontrol. Miró a los ojos de su agresor frustrado. Su calma era espeluznante, su rostro una mascara impenetrable, sus ojos...... brillaban en sus hundidas cuencas.
Pero las palabras de aquel insolente fueron harina de otro costal. Le acusaba de no tener modales, de haberle injuriado cuando no lo había hecho. Increible. El capadocio solo había señalado la realidad. Nada más. ¿Y a cambio recibía que.... ? Una acusación..... y una amenaza. Aquello no podía estar pasando. La furia comenzó a mover la vitae por el cuerpo del capadocio. Sus musculos empezaron a fortalecerse (gasta 3 puntos de sangre para subirse la fuerza). Sus dientes apretados, dejaban entrever sus colmillos ahora crecidos. Amenazas. Se atrevía a amenazarle el estupido vasallo de Vertzang. La bestia interior de Herio rugía con fuerza y pugnaba por tomar el control de su cuerpo.
Aquel joven era la primera persona de todo Paris que había destapado aquella faceta del capadocio. La verdadera razón por la que había sido abrazado. Debajo de aquella erudición, se encontraba el alma de alguin fuerte que luchaba por lo que era suyo y que nunca, jamás se dejaba pisar por nadie. Hasta ahora, así ahbía sido. Nunca se había amilanado ante aquellos que le habían menospreciado en forma alguna. Todos habían recibido la respuesta a su descortesía en las palabras agudas e inteligantes del capadocio. No le importaba que el que tratara de "pisarle" fuera un primogenito, un mago o el mismisimo principe. Nunca permitiría que aquello ocurriera.
Pero, hasta ahora, nunca había llegado nadie a una amenaza física. Siempre habían sido batallas dialecticas en las que Herio había sabido defenderse. Pero este caso.... era diferente.... rabia... furia... orgullo.... eran muchos los sentimientos que se agolpaban en el capadocio que se sentía a punto de estallar.
Comenzó a hablar moviendo sus labios con energia pero sis separar sus mandibulas ni un solo instante. Su voz era más fría que nunca. Auguraba la muerte. O algo peor. Sus colmillos eran claramente visibles y su rostro una mascara vacia.
- Escuchame. No pienso repetirlo una sola vez más. Jamás vuelvas a acusarme de no tener modales cuando es obvio que los estoy teniendo. Jamás vuelvas a acusarme de injuriarte cuando lo único que he hecho es señalar una realidad. Conozco a tu señor y le respeto. Por eso no te aplastaré como a un vil gusano, como gesto de buena voluntad hacía él. Recuerda esto siempre. No eres tu señor. Eres un vasallo. No te debo el respeto que le pueda deber a él. Eres tu el que me debe ese respeto.
Hizo una breve pausa para que sus palabras entraran en la protuverancia que la mole carnica tenía sobre los hombros.
- Mi señor es Trang Oul. Primogenito del clan Capadocio, Sacerdote Ceniciento de la via Bestiae y Consejero Real del Principe Geoffroy du Temple de Paris. Eso le situa en una posición superior a la de tu señor. Pero no viene al caso. Yo soy su segundo. ¿Que eres tu de Vertzang? ¿Que eres tu en esta ciudad? Nada. Ni siquiera eres un cainita. Independientemente de quien sea tu señor, le debes respeto a todos y cada uno de los cainitas de esta ciudad. Tenlo presente.
Aquel necio le había pedido quele instruyera en modales. Bien. Eso estaba haciendo.
- Ahora bien. Jamás. Jamás. Jamás vuelvas a amenazarme. No es bravuconeria lo que mueve tus actos, sino la más soberana estupidez. Y desde luego, no es bravuconeria lo que mueve los mios. Si vuelves a amenazarme, me olvidaré de mis buenos modales y te arrancaré la piel a tiras. Sacaré tus organos internos para examinarlos y romperé todos tus huesos. Entonces, empezaré a hacerte sufrir de verdad.
Su mano estaba en todo momento aferrando la empuñadura de su cimitarra. Y su vitae reocorría su cuerpo colocandose en lugares estrategicos para así reforzar su resistencia (gasta 3 puntos de sangre para subir en resistencia). No buscaba un enfrentamiento fisico, pero si lo había, estaría preparado.
- Por ahora, dada tu patente estupidez y juventud, pasaré por alto tu insolencia. Pero no abuses de mi paciencia. No volveré a contenerme una vez más.
El rostro de Herio era el rostro de la muerte. Una imagen.... una promesa...
PD: Hay dios la que hemos armado.
:unsure:
Mikael Bratovich - October 2, 2005 09:41 PM (GMT)
Mikael no escuchaba todo aquello de la manera en la que lo había imaginado. ¿Se atrevía a decir que su Señor estaba por debajo de otros tantos, ignorando de modo tan flagrante que los hijos de Czeneth, a quien él y su familia había servido por siglos, ya reinaban sobre el mundo cuando los Hijos de Caín apenas pastaban ovejas en las llanuras con su inútil padre?
Sus músculos se tensaron, y fueron fuertes los embates de su incipiente bestia moviénolo a tomar su espada y partir por la mitad a aquel estúpido engreido. No tenía colmillos que mostrar, pero no los necesitaba. Dio un salto atrás.
Sus ojos verdes se tiñeron de rojo, de nuevo, ahora con más fuerza, como cuando se tiñe la piel de la virgen con su propia sangre al ser ofrecida como sacrificio a sus señores, los Demonios. Así, la límpida energía que salía con voluptuosos movimientos de su interior se materializó en sus ojos, y su mano también empuñó su arma, y sus músculos se ensancharon con su sangre (subo fuerza +1)
Nunca en toda su vida había renunciado a una batalla. Y menos aún a una que prometía ser interesante. Le hubiera gustado que fueran los picos blancos de su hogar los que presenciaran, silenciosos, la batalla que tal vez le llevara a la muerte, y no aquella fíngida contrucción sin espíritu y sin nombre. Sus huesos se volvieron resistentes, y su mano se qapoyó con más fuerza en la empuñadura de su arma. (subo resistencia +1)
Su voz se levantó fuerte y juvenil, nunca medida ni fría como la de Herio, seguramente lo que él asociaría a la voz de un joven Brujah siendo aguijoneado por los comentario de un Ventrue sobre Cartago.
-Hacen los años al sabio, dicen. Pero en dos segundos puede un sabio volverse tan estúpido como aquel que es joven y de ánimo volátil. ¿Batirá conmigo su espada, Señor Aaron, para ser consecuente con la ofensa que me a proferido, o no desea su denso orgullo manchar su arma con al sangre de un mortal?
Casi gritaba, y el fuerte acento eslavo que manchaba cada una de sus fraces francas, le daba a aquella oración el inevitable peso de una amenaza, aún más fuerte que la anterior. Mikael no temía a al muerte. Jamás se retractaría o disculparía de sus palabras, que sabía siempre eran justas y equilibradas, a pesar de ser fuertes e hirientes.
-Dígame entonces que tendré el placer de batirme con un hijo de Caín, para de ese modo poder lavar la ofensa que me ha inferido. Dígamelo porque de lo contrario, a pesar de todo, tendré que considerar sus palabras vanas y a usted como un cobarde.
FDI: se me fue de las manos.... :unsure:
Herio - October 2, 2005 10:30 PM (GMT)
Herio jamás mentía. Había advertido al ghoul de que no volvería a repetirle sus advertencias y que no pasaría por alto más amenazas. El joven había decidido. No merecía la pena gastar palabras respondiendo a sus improperios. Le había dado una oportunidad y este la había pisoteado. La suerte estaba echada...
El joven tenía una postura que dejaba patente su experiencia en la lucha. A buen seguro era más diestro con la espada que el erudito. Pero este guardaba algun as en la manga.
Su fuerza de voluntad y su comprensión de la misma esencia de la muerte obraron como uno solo. El cuerpo del ghoul comenzó a experimentar una rigidez en sus miembros que le impedía moverse. La muerte parecía abrirse paso en cada fibra de su ser. No podía hacer nada....
Una sonrisa ladeada asomó en el rostro de Herio. No era un fiel reflejo de su estado interior. Solo quería hacer sufrir a su contrincante haciendole ver su sonrisa con impotencía. Peor no por ello, el capadocio sentía alguna gana de sonreir. Lo sucedido no le alegraba. Lo apenaba.
Entonces. El joven, con un gesto de rabia en la cara y odio en sus ojos, comenzó a moverse lentamente. Su voluntad era fuerte y se estaba sobreponiendo a la magia que paralizaba su cuerpo.
Herio desenvainó su cimitarra. No tardaría en moverse más rápidamente. Durante un breve lapso de tiempo, aquel ghoul iba a ser capaz de luchar.
Estaría preparado....
FDI: No os sorprendais si no veis nombres de disciplinas, resultados de tiradas ni nada por el estilo. Ambos jugadores hemos resuelto de forma privada el resultado de la confrontación y ahora estamos relatandolo de la mejor manera posible. Omitimos esas cosas para no interrumpir el relato de los hechos.
Mikael Bratovich - October 2, 2005 10:51 PM (GMT)
Mikael desenvainó su filo, que destelló en la noche parisina, y acompañado del sonido de aquel metal y de la plegaria por bañarse en sangre, los ojos del Bratovich también brillaron.
Dio un paso hacia el Capadocio.
En su mente ya estaba resuelta la lucha; había ya previsto todos los movimientos que ambos harían y el final resultado, donde su fuerza sobrenatural haría mella en la piel de aquel insensato erudito. Sin embargo algo dentro de él le traicionó cuando menos lo necesitaba.
Sintió que su cuerpo se congelaba, sintió cómo sus musculosos miembros y su hábil mano se detenían en su camino en busca de aquella carne, se sintió imponente y vencido por un sucio truco. Reconoció entonces en aquel ser al que enfrentaba a uno cobarde e incapaz de vencerle con su hoja, teniendo que recurrir a lo único que le quedaba: un cobarde truco.
Se vio a sí mism muerto sobre aquella terrible calle, ingrata e ignorante, y adivinó en la sonrisa pérfida de Herio todo el peso de la cobardía. Sintió vergüenza, y se imaginó a su familia, lejana de aquella escoria parisina, apartando la mirada de sus retratos y de sus historias de gloria, pues había sido vencido sin poder ni siquiera sentir la fuerza de su enemigo.
Y sintió rabia. Una rabia elemental, esencia de su fuego interior, que ardió con violencia en aquel instante. Apretó con fuerza la empuñadura de su pesada arma bárbara, y lanzando un grito, se revolvió en su interior el ave de su orgullo, y con un pie hacia adelante y un grito de nuevo, el hechizo de aquel brujo desapareció.
Sentía sus alas negras sobre su cabeza. Debía darse prisa.
Bajó el arma frente al hombre, en un rápido movimiento, mientras daba el paso que le faltaba y su arma subía marcando un poderoso arco, con tal violencia que el arie se apartó antes de que se lo pidieran. Si aquel hombre tenía la suficiente fuerza, entonces lo resistiría; de lo contrario, entonces estaría muerto en el siguiente paso.
El ágil cuerpo del Bratovich, a medida que su espada avanzaba, se acomodaba de la manera que más eficientemente le permitiera acabar con aquel cobarde en el siguiente movimiento.
Herio - October 2, 2005 11:07 PM (GMT)
Lo que el joven no sabía, era que no era la cobardía lo que hacía actuar así al capadocio. No temía en absoluto una lucha directa con el ghoul. Prefería sin embargo, darle la oportunidad de vivir y arrepentirse de sus actos. No era cobardia, era piedad...
Herio estaba esperando ese golpe, y su brazo era más fuerte que el de su contrincante. No obstante, su habilidad con la cimitarra no estaba a la altura de la destreza con la espada del eslavo. Interpuso su cimitarra de una manera un tanto inadecuada aunque firme. El filo de la espada recorrió la hoja de la cimitarra sacando chispas en el proceso hasta llegar a la empuñadura. La fuerza del capaodio evitó que la espada llegara más allá. Pero no evitó, que la punta de el arma que esgrimia el joven, recorriera su pecho en diagonal descendente.
Jirones de ropa negra cayeron al suelo dejando a la vista su blanca piel cubierta de heridas y cicatrices, a las que había que añadir una más. Un tajo ligeramente profundo por el que casi no salía gota de sangre alguna. La extraordinaria resitencia y dominio de su sangre del capadocio, habían evitado la desgracia.
Ahora era su turno de contraatacar. Con un rápido movimiento, liberó su cimitarra y la descargó en un golpe diagonal descendente dirigido a hacer una herida similar en el cuerpo del ghoul. La fuerza del capadocio, suplía su falta de destreza con las armas....
Mikael Bratovich - October 2, 2005 11:15 PM (GMT)
Mikael no lo creía. Aquel ser débil había resistido el brutal embate que había hecho; entonces su mecánica de combate se cambió radicalmente.
No abía dejado de observar aquellas cicatrices en el pecho de su enemigo, pero no era momento de pensar sobre ellas.
Dio un paso atrás mientras observaba el arma del Capadocio dirigirse hacia su pecho. Su ágil mente en las lides de la batalla adivinó el impuslo que llevaría, y supo que su fuerza sería ineficaz, y que seguramente se quebraría su mano y aquella cimitarra alcanzaría su final destino, en su pecho. Por supuesto, auqnue él tenía una gran resistencia y algunas de las cualidades curativas de los no-muertos, aquel golpe significaría su muerte.
Entonces, aprovechando la evidente falta de destreza de aquel ataque -seguramente por el temblor que aún tendría en las manos el Capadocio-, no intentó detenerlo, y con un ágil movimiento diagonal de su espada, siguiendo el mismo recorrido que el filo del capadocio anque mucho más veloz, aceleró su paso empujando la cimitarra lejos de su carne, aprovechando de este modo la fuerza que el judío había impreso a su golpe.
Aquella era su oportunidad.
Describiendo un nuevo arco ascendente desde el punto en el que había dejado su espada, se dispuso a partir al blanco vampiro de abajo a arriba.
Veía cerca su final victoria.
Sin embargo, aquellas alas negras que ya antes abía sentido sobre su cuerpo, se posaron de nuevo sobre él, y en sus ojos se vio el profundo desespero. Su fornido cuerpo se congelo.
Sin embargo, la desesperación de su rostro desapareció, y en su lugar renació aquel orgulloso y noble semblante. Si tenía que morir, entonces lo haría con la espada en la mano.
Herio - October 2, 2005 11:33 PM (GMT)
El cuerpo del Mikael se paralizó de nuevo mientras lanzaba un habil golpe que habría puesto en apuros al capadocio. Su aumentada resitencia sería capaz de aguantar eso y más, pero no hubiera sido nada fácil.
Actuó con rapidez, no podía permitirse el lujo de que volviera a liberarse de la influencia de la muerte. Dió un fuerte golpe en la mano que empuñaba la espada con el fin de que esta cayera al suelo. Si se volvía en su contra, lo haría sin arma.
La sangre que había gastado necesitaba ser repuesta. Nada mejor que lo que tenía delante. Repondría sus fuerzas mientras debilitaba a su contrincante. Le agarró con fuerza la cabeza con una mano y mordió la palida piel de su cuello.
Su sangre era calida y fuerte, vigorizante.....
Bebió lo justo y necesario para que el ghoul no fuera un problema, sin llevarle demasiado cerca de la muerte. En ningun momento había querido matarlo. No demostraría nada a nadie matando un humano.
Tenía otros planes reservados para él....
Mikael Bratovich - October 2, 2005 11:39 PM (GMT)
Esta vez no había sonrisa alguna en el rostro del Capadocio. Rápidamente, sabiendo bien que aquella arma podría en cualquier momento ser su perdición, dio un fuerte golpe en la mano del Bratovich, que sintiendo cómo se resentían sus músculos no pudo más que soltara.
Sin embargo nada salió de su boca, y su perfil continuaba siendo noble y orgulloso; podrían vencerlo, pero siempre sabrían que no había tenido miedo ni por un sólo instante, y que no había sido, a pesar de lo veloz de aquella batalla, un contrincante fácil.
Lo que no se esperaba era que aquellos colmillos...
Cerró los ojos cuando aquellos afilados dientes se clavaron en su cuello. Sintió cómo la sangre corría desde su cuerpo a alimentar a aquel que lo había vencido, y sintió aquel placentero beso convertirse lentamente en el más agrio dolor en su corazón. Hizo un último esfuerzo por liberarse de la ahora doble presa, y Herio pudo sentir la gran fuerza de aquel corazón, que palpitaba con energía inusitada, y la tensión en aquellos poderosos músculos.
Si no hubiera sido la insconsciencia quien lo venciera, hubiera luchado hasta que ni una gota le quedara en el cuerpo.
Así, aquel poderoso cuerpo, con mirada y porte de rey, con orgullosa mirada -a pesar de la inconsciencia-, calló inanimado, vencido, buscando en un último intento el mango de su espada.