View Full Version: Amor atormentado, poema desgarrado...

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Title: Amor atormentado, poema desgarrado...
Description: 28/07/05


Dilandau - September 22, 2005 01:26 PM (GMT)
Un recién llegado a París llama siempre la atención. Había oído hablar de la grandiosidad de esta ciudad, aunque ni de lejos se imaginaba que fuera tanto. Todo el día paseando por sus calles y apenas se había movido, quedaban tantas cosas por ver y descubrir... Unos pasos más y otra maravilla llamaba la atención de Dilandau. El ser extremadamente observador y sensible conlleva a tales demoras. Las calles de París comenzaban a vaciarse de bullicio, la noche ya se dejaba notar abiertamente y una luna vergonzosa sólo mostraba parte de su cuerpo. El hombre de cabellos dorados y ojos inefables comenzó a entrar en éxtasis, siempre le pasaba al ver algo que consideraba extremadamente bello. Una leve brisa templada, una luna sugerente, cientos de estrellas fulgurantes y el sonido de la coche expectante... Esa situación era más que suficiente. Sí. Lo transportaba a otro estado, a otro plano, a recuerdos escondidos... Y la inspiración afloraba apoyada en un amor pasado...

Hundida en las tinieblas
aguardabas mi llegada,
risa fácil, sonora y cristalina
que surgía del todo y de la nada.

El amor nos llenó de sol radiante.
Después, la oscuridad y la tormenta.
Así fue la pasión que compartimos
Unas veces tierna...otras violenta.

Nos separamos sin decir adiós
-Sin que nada pudiese lastimarnos-
un sabor agridulce hay en mi boca
Recordando el momento de besarnos.

Se estremeció mi piel y mi memoria
esquivé de tus ojos la mirada,
Sentí tu risa clara y cristalina
riéndose del todo y de la nada.

Seguimos dos caminos diferentes
uno lucha por todo y otro por nada.
Dulce sueño de una pasión violenta
es lo que grabaste en mi mirada...


Mikael Bratovich - September 22, 2005 02:16 PM (GMT)
Mikael observaba y escuchaba. Su francés era pésimo y el uso tan exagerado de adjetivos del trovador le privó de casi todo cuanto estaba diciendo (porque supongo que lo estás diciendo). No importaba.

El cuerpo del eslavo era grande y poderoso, y su mirada era azul y fría, orgullosa como los señores que le antecedieron en el linaje, y su perfil noble y terrible, violento, como los riscos de los cárpatos o los métodos de los Demonios, y blanca era su piel como la de todos los de su familia.

Vestía botas negras y altas, y vestiduras con un escudo de armas donde podían verse dos leones enfrentados, blancos en fondo negro, y una poderosa espada eslava estaba colgada en su cinto.

Su cabello negro caía sobre sus hombros, y su rictus serio, su cuerpo congelado, observaba como un elemento de la naturaleza al mortal que hablaba. Sin porqués. Así era la vida del Bratovich.

Dilandau - October 20, 2005 10:03 AM (GMT)
Qué sublime, qué bello era el mundo. Ese cielo eterno pintado con esas lucecitas llamadas estrellas, y una protagonista de excepción como la luna... Por momentos como ese ya merecía la pena haber vivido. La mirada de Dilandau fue descendiendo poco a poco hasta encontrarse con un espectador de lo más insólito. Un joven de tez blanca y físico portentoso lo observaba fijamente, sin ningún tipo de pudor. El trovador sonrió hacia el hombre, se le acaba de presentar una oportunidad de conocer a alguien y eso era algo que le gustaba, dado su carácter extrovertido.

- Una noche para recordar, pocas he visto tan bellas.- Dijo Dilandau sonriente hacia el extraño personaje-. ¿No le parece?

Mikael Bratovich - October 26, 2005 04:46 PM (GMT)
Eran en verdad seres completamente diferentes, pues las artes de Mikael eran las de las armas y la batalla. No era ajeno a la belleza, pero sus bases estéticas estaban posadas en frías montañas desoladas y en yermos campos de batalla aún gritando de dolor y sufrimiento.

Así pues, aquella noche que al trovador parecía encantarle, para Mikael era sólo una más lejos de su hogar.

Mikael lo observó con curiosidad, a pesar de que sus profundos ojos parecían querer matarlo. Tal era la complexión del rostro del Bratovich, forjado entre armas y gritos de guerra, que ni siquiera cuando reía parecía ser su rostro afable.

No se giró un ápice, y prefirió simplemente girar la cabeza para responderle. Días después, en similares circunstancias, Herio le aría una pregunta similar, y Mikael se preguntaría entonces si todos los que llegaban a París veían cegados acaso sus sentidos.

-No me parece.


Dilandau - October 27, 2005 12:56 PM (GMT)
- ¡Vaya!- Exclamó Dilandau con tono apesadumbrado-. Supongo que como todo, es cuestión de gustos... Pero no se aflija, hombre, que otras noches vendrán para agradarle.- El trovador volvía a tener en su rostro esa eterna sonrisa despreocupada-. No parece natural de aquí, ¿me equivoco? En tal caso ya tendríamos algo en común, soy un viajero que se ha perdido por estas calles de París, mi nombre es Dilandau.- Se presentó el joven animadamente-.

Mikael Bratovich - October 27, 2005 02:58 PM (GMT)
Mikael, que había perdido ya todo interés, se giró de nuevo a Dilandau, esta vez moviendo todo su cuerpo en el acto. Si algo tenía claro el eslavo era que París nunca sería bella, pues carecía de todo aquello que él amaba.

-Mikael Bratovich.

POr un instante se preguntó de dónde provenía el extraño, pero si no se lo había dicho, seguramente no le interesaba que nadie lo supiese. Su presentación fue así mismo escueta, pues no era necesario dar más detalles a un trovador. Tal vez en el futuro pensara diferente, pero era en este momento otro el pensamiento del eslavo.

Dilandau - October 28, 2005 10:42 AM (GMT)
-Mmmm, se puede deducir bastantes cosas de su nombre... Ahora ya entiendo que no le guste este paisaje. Debe encontrarse bastante lejos de su tierra. ¿La ama verdad? Mucho queda grabado en nosotros, esos recuerdos que despiertan la nostalgia del lugar que nos vio nacer. Por su apellido podría aventurarme a decir que proviene de tierras del este, ¿no es así? Dígame, señor Bratovich, ¿cómo es ese lugar que tanto anhela? Nunca he ido tan lejos y me gustaría saber si merece la pena el viaje.- Dilandau miraba expectante, con una ligera sonrisa cordial, hacia la imponente figura de su interlocutor, se trataba de alguien interesante, tenía la corazonada de que guardaba un sinfín de historias exóticas y fantásticas-.

Mikael Bratovich - October 28, 2005 03:48 PM (GMT)
Aquello era molesto. Sin embargo, al saber que era un mortal, tal vez enamorado como él, aunque de cosas diferentes -en exceso diferentes-, Mikael decidió conferirle la oportunidad de conversar con él.

No era un sentimiento de superioridad completo por parte del eslavo. Lo era sólo en parte, pues su linaje carpatiense y los señores a los que servía eran dioses sobre la tierra, que dominaban el Irij y el Nev, y eran guardianes y destructores. ¿Qué podría saber aquel hombre sobre la gloria de servir a un dios en cuerpo y alma?

Sus ojos verdes se clavaron en los del mortal de nuevo. Le aventajab en estatura por varios palmos, de modo que tenía que observarlo hacia abajo. Su gesto serio, su perfil orgulloso y su semblante de rey se incrementaron por un momento, cuando recordó sus tierras. Sintió el frío viento sobre su rostro, y el cuerno de batalla de su gente descendiendo por una colina.

-Lo merece, más no soy yo quien pueda decribir la grandeza del cielo.

Guardó silencio por largos segundos. Su profunda y fiera mirada penetraba la de Dilandau, sin clemencia. Por su postura parecía a punto de golpearle, más estaba aquello lejos de la verdad. -¿De dónde viene?

Dilandau - October 31, 2005 04:57 PM (GMT)
Bonita y apasionada respuesta- pensó Dilandau-. Uno siempre ama la tierra en donde ha nacido, al menos casi siempre... Quizá algún día se aventurase en ellas y pudiese contemplar la grandeza que describía Mikael en una somera, aunque apasionada frase.

La pregunta del gigante asaltó su mente de repente. ¿De dónde vengo? Durante unos segundos estuvo preguntándose eso mismo. Pero no halló respuesta. Todo era borroso, hasta llegar a ser desesperante, triste y melancólico. Resultaba penoso no tener un pasado sabiendo que éste había existido.

- ¿De donde vengo...?- Repitió el trovador con la mirada fija en los verdes ojos de Mikael, fija aunque claramente perdida y titubeante-. Cómo me gustaría poder responder a esa pregunta, monsieur Mikael, cómo me gustaría...- Su expresión se tornó apagada, como la llama de una vela en medio de una gran tormenta-. Desgraciadamente soy un hombre sin pasado, ni yo mismo puedo recordarlo. No sé si se trata de una maldición o de una bendición...

Mikael Bratovich - November 1, 2005 01:45 AM (GMT)
Observó largo rato hacia la nada. La noche, sumamente densa, hacía que poco más allá de los propios deseos de ambos mortales pudiera ser avistado. Se adivinaban sonidos de acurruajes, dispares voces de familias aburridas o cansadas, llantos de algún niño protegido de los nocturnos monstruos bajo el velo de su elegante e inocente ignorancia.

Aquella era una gran pregunta, de difícil resolución, pues no era feliz el eslavo teniendo un pasado, teniendo tan aferrados recuerdos del lugar de dónde provenía, a sabiendas de nunca poder pisar aquella sacra tierra, que desde ya, poco tiempo después de haberla dejado, añoraba comosi hubieran sido siglos, o más.

-Usted elige. Al parecer quiere la noche donde se encuentre, y eso debería ser suficiente. De lo contrario viviría en eterna añoranza.

Milagro. Hablaba. De todos modos ambos mortales exeprimentaban desazón sufriéndola de modo muy distinto y por razones diametralmente opuestas, y a diferencia de Dilandau, Mikael, entrenado en la guerra, nacido en el campo de batalla, no dejaba traslucir su tristeza.

Dilandau - November 3, 2005 09:54 AM (GMT)
- Exacto, debe ser suficiente. ¿Qué remedio queda?- Preguntó el trovador encogiéndose de hombros-. Aunque a veces aflora la añoranza y el pesar, es inevitable... Mas no por eso vamos a caer en la adversidad, ¿verdad, monsiuer Mikael?- El rostro de Dilandau brillaba de nuevo gracias a su expresiva sonrisa-. Aún tenemos tanto por hacer... A mí aún me quedan infinitas historias por contar y aprender, diversos lugares que conocer y disfrutar... Espero ansioso el conocimiento, el saber que me reportan las personas especiales, esas que tiene más que contar que un "cualquiera".- El joven se calló durante un instante y observó de arriba a abajo a su interlocutor. Su planta era descomunal y sus rasgos de lo más exóticos-. Quizá sea por su aspecto, quizá por sus maneras, no sé... pero tengo la corazonada de que usted no es un "cualquiera", creo que Mikael tendría un montón de historias que contar que fascinarían a más de uno... ¿no es así?

Mikael Bratovich - November 4, 2005 03:10 AM (GMT)
Había algo en aquel muchacho, ignorante seguramente de todo cuanto se movía en las noches del mundo, que por algún influjo extraño le impelía a hablar; le creaba cierto aire de satisfacción, de gusto, que comprobaría más adelante ninguno de los Hijos de Caín con quienes se cruzaría podrían darle.

¿Qué era, si evidentemente sus maneras de ver el mundo eran tan dferentes?

No importaba. No pensaba en eso.

-Mis historias son de guerra, sangre y añoranzas. No sé si a usted le interese el hacer de un hombre de guerra.

Guardó silencio largo tiempo. Por fin preguntó.-¿A dónde a viajado en busca de un hogar?

Dilandau - November 4, 2005 04:11 PM (GMT)
- He recorrido muchos lugares, aunque sólo me quedan vagos recuerdos... Quizá mi maldición sea una bendición, ya que de esta manera nunca me canso de viajar, todo vuelve a ser nuevo para mí y la ilusión y la novedad permanecen intactas.- El joven rió casi amargamente-. Por la dirección que llevaba y las últimas historias que he aprendido deduzco que vengo de Iberia. Me ha quedado alguna que otra imagen grabada, algún rostro enigmático, algunas situaciones peculiares... pero tan sólo puedo unirlas mediante mi imaginación... no aspiro a la coherencia, señor Mikael.- La sonrisa de Dilandau se sesgó y meneó ligeramente la cabeza mirando el suelo-. ¡Qué ironía! Mi vida no es más que un sueño y a pesar de todo me siguen encandilando las historias... No importa que éstas sean de amor, desamor, poder, maldad, riqueza, odio, venganza, guerra... Todo me interesa. Quizá sea por la ausencia de mi propia vida, quizá mi vacío interior se vea saciado así.- El trovador levantó la vista de nuevo hacia su acompañante y le sonrió sinceramente, casi podría decirse que con gesto inocente-. No sé por qué le he contado todo esto. Normalmente resulta bastante humillante para mí... ¿Sabe, Mikael? Me encantaría oír algo sobre usted, sus guerras y batallas me intrigan sobremanera. Tiene un halo especial, lo noto. En esto soy infalible, siempre me he guiado por mi instinto.

Mikael Bratovich - November 5, 2005 04:45 PM (GMT)
El albino levantó el rostro hacia el horizonte, negro todavía, pensando en las palabras de aquel trovador.

Las palabras bullían en su garganta, picándole para poder salir. Pero estaban aprisionadas por las imposibilidades lingüisticas. ¿Cómo se decía clamor, bogatyr, refriega, majestuosidad, intempestividad, incorruptibiolidad en aquella lengua francesa?

No lo sabía. Suspiró.

-Al contrario, antes de contar la mía, escucharé la suya, cualquiera de ellas, pues poco más he conocido yo aparte de mi tierra.

Dilandau - November 11, 2005 02:36 PM (GMT)
- Me parece justo. Le contaré una historia que ha quedado grabada en mi mente... no sé cuándo, no sé dónde...

Dilandau se sentó tal y como estaba antes del encuentro con Mikael. Observó nuevamente el cielo y comenzó a hablar mirando fijamente la hechizante luna llena.

"En los albores del tiempo, en tierras tan lejanas que nada ni nadie guarda constancia de ellas, una diosa hecha mujer decidió caminar entre mortales para vivir y morir como ellos.

Un encuentro bastó. Una mirada fulgurante se cruza y el corazón del caballero más valeroso jamás nacido quedó sumido en el amor. El sentimiento más profundo y desesperado que ha existido y existirá.

- ¡Oh! Bella dama, esto es un sinvivir. Jamás he padecido tanto dolor y parece no tener cura si vos no sentís lo mismo.- Expreso el caballero con una pena desbordada aunque abrigando una pequeña esperanza-.

- El precio de mi amor es la primera flor, sólo podré amar a su portador.- Explicó la diosa con una actitud fría y distante-. Ningún hombre recibirá mi correspondencia si no guarda esa flor junto a su pecho.

- Tened por seguro que si esa flor se encuentra en algún rincón de este mundo terrenal... os la traeré colgada de mi pecho.- Aseguró el paladín con la seguridad de no haber fracasado jamás-.

- Si eres capaz de encontrarla, gustosa te amaré hasta el fin de los días.

Las palabras de la mujer animaron sobremanera al desdichado por amor. El anhelo de poseerla lo llevó a recorrer el mundo en busca de su encargo. Ciudades y pueblos visitó preguntando por la primera flor. Unos dijeron que se encontraba al pie de una capilla, otros en el interior de un volcán, otros en lo más profundo del océano... En Sharoth descubrió que era dorada, aunque en Tulender le dijeron que era negra como una noche sin luna y sin estrellas. Nadie pudo asegurar nada.

El caballero, cansado y desconsolado, continuó su búsqueda por áridos desiertos, exhuberantes prados, heladas estepas, siempre buscando la primera flor. Notaba que sus fuerzas, por primera vez en su vida, comenzaban a flaquear.

Ya sin rumbo fijo se internó en unas tierras extrañas para él, semejaban vírgenes y exóticas, situadas al oriente del mundo conocido. Sus vacilantes pasos lo llevaron a una cabaña perdida en un bosque, donde una bruja de aspecto horripilante y modales bondadosos le indicó al fin el paradero de la primera flor.

Mató a dragones y espectros, asesinó a culpables e inocentes y al fin llegó al centro de sus sueños: una cascada perdida en un oceáno de niebla al otro margen del tiempo y el espacio. Allí lo esperaba, blanca y pura desde siempre, paciente y eterna como nunca.

Con fuerzas renovadas por el éxito la guardó junto a su corazón y cabalgó de regreso en busca de la mujer que amaba.

No recordaba que el viaje fuese tan largo. El horizonte parecía no moverse con el paso de las semanas y los meses. Su rostro envejecido sólo guardaba un retazo de juventud: el brillo del amor grabado en sus ojos. Pero eso no le podría devolver el tiempo pasado...

Al fin se encuentran, diosa y paladín, dama y caballero. Con el que cree que será su último aliento, ofrece el tesoro a la mujer, requiriendo ya sus besos, rogando porque su vida juntos sea más larga de lo que piensa.

- Pero esta no es la primera flor.- Espetó la diosa sin miramientos-. No has traído lo que te he pedido.

Jamás una lanza o una espada han hecho tanta herida. El caballero siente que sus últimos resquicios de vida se le escapan sin remedio, que el último instante va a ser el más doloroso que se puede imaginar. En un mar de lágrimas se pregunta qué lugar fue el que no visitó, dónde se escondió aquello que buscó durante toda su vida. Concentró sus últimas energías, su esencia restante, en dos palabras:

- ¿Dón...de es...ta...ba?- Preguntó en un suspiro inundado de dolor-.

- La tenía yo.- Dijo la diosa reveladoramente-. Pues yo era la única capaz de entregarte mi amor, y tú eras el único capaz de recibirlo. Ahora que mueres, la flor será quemada, y mi cuerpo entregado al primero que lo desee."


El trovador permaneció unos instantes observando la enigmática luna llena, embelesado por su figura y su magia. Poco a poco levantó su vista hacia los ojos de Mikael.

- Desgarrador, ni más ni menos...

Mikael Bratovich - December 4, 2005 04:11 PM (GMT)
Algo así se esperaba el eslavo. No era que le desagradara... no del todo, por lo menos, pero aquel punto de vista que subyacía al cuento, a la vivencia del apasionao trovador, le parecía extraño y soso. Su vida había sido más práctica y los amores y dioses de su tierra eran mucho menos románticos y bastante más épicos, y a pesar de que en muchos cantos de ese tipo el romantiscismo era fundamental, en los nórdicos se exaltaban diferentes cosas, pues los valores eran diferentes.

Evitó hacer comentario alguno, y cuando Dilandau terminó, su vista se giró hacia la muralla que impedía que su vista, prodigiosa, escapara de aquel encierro.

Obviamente el uso que Mikael tenía de la palabra era menos prolífico pues no gustaba de ese arte, y también su dificultad con el idioma impedirían que el trovaor disfrutara de su relato.

-Hace veinte años el poderoso ejército de Simkel Arpad cruzó los vados de Jurikel, que separaban las tierras maravillosas de Bistria del resto del mundo eslavo. Bistria está ubicada en las faldas de los cárpatos, y sólo los dioses o los bogatiri se atreven a cruzarlo.

-El ejército era de más de diez mil hombres. Las razones de su desesperado ataque, de su mortal ataque, eran sencillas: ambición. En Bistria había no más de cinco mil hombres, y no todos preparados para la batalla, pero tenía tantos bogatiri como ningúna otra ciudad de la región. Esa era, desde luego, la diferencia. Los Arpad acamparon a diez xxxxxx* de la ciudad, y sus luces se veían desde Bistria con tanta claridad que parecía estuvieran a tres xxxxxx*. Sabían que perderían. Pero ninguno tenía miedo.

-En dos horas, dos sabios líderes, organizaron las tropas con las que se contaban, y a los ancianos y demasiado jóvenes, a las mujeres y a los niños, los enviaron lo más arriba que se pudiera sobre los cárpatos, camino nada sencillo y lleno de tantos peligros como los que corrían en ese momento los tres mil hombres que permanecieron esperando la muerte.

-Le sorprenderá saber, Dilandau, que con unos gritos eufóricos, algunas palabras de los líderes, y sin preparar nada, sin trampas ni guerras escondidas, esperando ese poderoso ejército de frente, los bogatiri de Bistria derrotaron el ejército Arpad. Tanta era la sangre que brotaba de sus cuellos que aquel vado tuvo luego el nombre de Nev. Murieron muchos valientes, es cierto, pero desde ese día el pueblo eslavo escuchó de nuevo las voces que llegaban desde las montañas nevadas, ensalzando a los poderosos Bogatyr.


Él se sentía orgulloso. Él había luchado esa guerra, auqnue era muy joven. La sangre que producían los Zadruga le permitía tener gran longevidad. Uno de los dos sabios líderes era su padre. Y aún los jóvenes nacidos en Bistria eran intruidos en Nev en las artes de la guerra y en el camino de la valentía.






*xxxxxxxx, medida de longitud eslava. :P Lamento la demora. Había olvidado este post. :(

Dilandau - December 11, 2005 02:08 AM (GMT)
Dilandau atendió a cada palabra del eslavo. Incluso dentro de aquella sempiterna frialdad parecía haber un corazón desbordado de emociones, recordando grandes momentos, reviviendo una batalla legendaria.

- Haber estado allí debe dejar recuerdos imborrables, me habría encantado asistir a semejante acontecimiento. Su relato ha sido de lo más épico, me ha encantado. Incluso, si usted me diese el permiso, lo contaré a otros en alguna ocasión... Algo así no merece caer en el olvido.- El trovador se mostraba animado por haber conseguido una historia de Mikael, le daba la impresión que aquello no era algo fácil, dado el carácter del guerrero. Sin embargo, su rudez y seriedad era de lo más comprensible, a saber cómo había sido su infancia y juventud... Aquellas tierras, por lo que había oído Dilandau, eran inhóspitas como ningunas; duras para los más fuertes y letales para el resto-.

- ¿Sabe, Mikael? Me alegro mucho que me haya contado algo de su "mundo", se lo agradezco de veras. Ahora ya sabemos algo el uno del otro, así que la próxima vez que nos encontremos ya no seremos unos completos desconocidos.

Mikael Bratovich - December 13, 2005 01:17 PM (GMT)
El eslavo estaba cansado. Necesitaba descansar y reponer fuerzas para enfrentarse a la fiereza de la ciudad. Y por alguna razón, el trovador comenzaba a molestarle profundamente.

Le miró fríamente unos segundos, y luego su voz, como el hielo, bañó a Dilandau.

-Siempre seremos completos desconocidos, Dilandau. La única diferencia que habrá la próxima vez que nos veamos, será que usted me contó una historia y yo le conté otra.

Hizo un gesto con la mano, en señal de despedida, y lentamente la gigantesca mole de músculas, rabia y nostalgia, desapareció en las brumas nocturnas de París.




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