View Full Version: El lasombra de la abadía

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Title: El lasombra de la abadía
Description: 2 de Agosto A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - September 21, 2005 08:38 AM (GMT)

El carromato tirado por seis corceles blancos inmaculados se detubo ante las puertas de la abadía. En un lado había un labrado escudo de armas, una especie de lagartija con lengua de fuego dispuesta horizontalmente con una corona pomposa sobre ella y lirios a ambos lados de ésta.

Cuando los cocheros ayudaron a descender a su ocupante, no había duda ya, se trataba nada más y nada menos que la duquesa de Orleans, Elois D'Umbrelle.

Ataviada con ropas oscuras, propias en ella, llevaba un vestido majestuoso algo anticuado pero no por ello menos elegante, ninguna joya resaltaba en su figura, pues la noble dama no ostentaba de su riqueza, la cual erea muy amplia. Un velo negro ocultaba su rostro de dolor, aún guardado pese a que su marido pereció cinco años atrás. La duquesa era una debota de Dios y piadosa, sus siervos alardeaban de ello y el rumor se había extendido por todo París.

Caminó con paso firme escoltada por dos cocheros. Sus pies parecían flotar sobre la veraniega tierra seca, lo hacía con suma gracia y desparpajo, tal y como Jesús posó sus pies sobre el Mar Negro ante los pescadores. La dama era carismática, siendo el centro de atención de cuantos ojos la presenciaban pues no podía pasar desapercibida envolviendo con su embriagadora fragancia de dulcura todo cuanto la rodeaba.

Estaban ante la puerta de la abadía, el trayecto había sido corto pero deleitante, inclusive para sus cocheros que pese a estar acostumbrados a su presencia se maravillaban cada vez que la veían, por fin uno de ellos regresó del mundo absorto en el que sólo él sabría que andaba y abordó a un benedictino próximo.

- Buena noche padre, la Duquesa de Orleáns desea ver a Don Máximo Constanza, él la está esperando.

El cochero había repetido las indicaciones que el viejo chambelán le indicó en el castillo antes de partir, esperaba haberlo hecho bien, pues aunque la dama fuese pía exigía y esperaba mucho de sus subditos. De reojo intentó ver su rostro tras el velo, allí yacía iperturbable, no había muestra de reproche para sosiego del cochero que sólo entonces se contagió de la paz reinante en las inmediaciones de la abadía, antes había estado demasiado ocupado por la tensión de complacer a su señora.

Maximo Constanza - September 21, 2005 11:17 AM (GMT)
El fraile asintió ante el anuncio del cochero, la noticia ya era de dominio público en la abadía, Maximo hizo que la anunciaran ayer para que esta visita no cogiese a nadie desprevenido.

- Sí, porsupuesto. Con mucho gusto los acompañaré hasta el interior, donde espera el señor Constanza.- El benedictino hizo un ademán con la mano a unos novicios para que vinieran hacia él y les dio instrucciones para que acompañaran a los cocheros-. Por favor, síganme.

El monje sonrió hacia los invitados y giró sobre sus talones encaminándose a la bella construcción religiosa. Maximo había dado órdenes expresas de que no se recibiese a los invitados en el habitual salón de visitas. Esta vez debería guiarlos a un salón-biblioteca, el cuarto favorito del abad Dinard, el sitio donde más horas había pasado en su larga vida. La estancia asombraba por su grandeza, sus gigantescas estanterías y por la enorme mesa central tallada en madera de roble con forma elíptica. Las sillas rodeaban el magnífico mueble por completo, éstas eran una alabanza a la confortabilidad. Su madera de castaño y los cojines y respaldos acolchados en todas ellas lo garantizaban. El asiento debía ser cómodo para los estudiosos, ya que si no en unos años padecerían dolores insoportables por su infatigable labor. La abadía de St. Germain De-Près era conocida por su antigüedad (la más de París) y por poseer la colección de manuscritos religiosos más valiosos de toda Francia.

Allí sentado aguardaba Maximo, acompañado por el abad Dinard y su fiel vasalla Helenna. Ante la llegada de la Duquesa los anfitriones se levantaron rápidamente de sus asientos y fueron a saludarles en señal de recibimiento cordial. Ejecutaron tres reverencias acompasadas y dieron la bienvenida a los invitados. Los sirvientes tenían de antemano todo preparado, la mesa estaba engalanada con ornamentos de todo tipo, dando una pista sobre el grado de opulencia que había alcanzado el lasombra después de muchos siglos.

- Buenas noches, Duquesa. Es un placer tenerla con nosotros.- Afirmó Maximo al mismo tiempo que se adelantaba y agarraba con suavidad la mano de la dama para llevársela a los labios (Maximo era un adorador de la etiqueta y el protocolo)-.

Elois D'Umbrelle - September 21, 2005 11:51 AM (GMT)

Elois fue guiada por la abadía, percatándose de todo cuanto la rodeaba, parecía una suegra examinando como su nuera había limpiado la casa, esperando poner faltas y peros, mas la ventrue no musitó palabra, en un profundo silencio sepulcral sus pasos la guiaron al salón biblioteca scoltada por dos de los cocheros que hacían las veces de ayudantes de cámara.

Una vez allí, su mirada se deleitó con tal inmensidad de manuscritos y pergaminos, aquello era un verdadero tesoro intelectual con el cual Máximo la agasajaba, tras el velo pudo denotarse una sonrisa enigmática, estaba muy complacida.

Apenas se había detenido para contemplar con admiración el habitáculo cuando uno de sus siervos presto la despojó de una fina capa de seda negra, a juego con su elegante traje. Acto seguido ayudó a quitar el sombrero con el velo, liberando pues su rostro para que todos pudiesen verlo. No es que fuese una musa de la belleza, pero eso era algo que no le faltaba, además de su encanto personal y lo enigmáticos que resultaban sus intensos ojos marinos en consonancia con la graciosa y misteriosa sonrisa bordada en su boca.

La delicada mano, suave, algo pálida y frágil, tal como la porcelana, se alzó a media altura. No necesitó más, sus criados desalojaron el lugar como alma que se la lleva el diablo pese a estar en sacro lugar.

Dos pasos hacia sus anfitriones y Máximo, galán empedernido tomó su mano, no encontrando reticencia en ella, más bien lo contrario, pues la dama parecía congraciada con las formas del lasombra.

- Magister Máximo Constanza, sois todo un galán. Me hareis ruborizar.

El primer comentario de la ventrue fue jocoso, una forma de tantas cortesanas que conocía para romper el hielo. Pero dejó entrever más allá, primero porque empleó el término Magister denominando al lasombra, algo casi obsoleto cruzando los Pirineos adentrándose en tierras francas, segundo con la delicadeza de su suave voz al pronunciar cada palabra en un correctísimo castellano donde aquel que la escuchase juraría a una castellana de pura cepa. Todavía su cordialidad resaltó aún más con su perfecta sonrisa de férrea escolta al comentario, para que poco después sus rodillas cediesen, no por el peso del traje sino por carpicho propio, su espalda se alzaba espigada como el campanario de Santiago, erguida conservaba siempre su pose como los gruesos muros de Troya, antiguos como ella misma lo era, pero una reverencia sutil tuvo lugar, prácticamente imperceptible, pues como un balancín recobró gracil su pose inicial, y así dos veces más, una por cada anfitrión que la esperaba.

- Monsieur.- Añadió con la reverencia a dinar.- Madame- lo propio para Helenne.

Ya había saludado a todos, los dos últimos en francés, con especial hincapié puesto en el patriarca Máximo Constanza. Parecía no conocer muy bien al resto de integrantes en el comité de recepción.

- Debo decir que es para mi todo un placer encontrarme esta noche en tan grata y gentil compañía.

Esta vez habló en francés, tal como antes, no sabía si el resto de contertulianos comprenderían el dialecto hispano, por ello no sería cortés emplearlo, tan sólo como cortesía inicial.


Maximo Constanza - September 21, 2005 01:09 PM (GMT)
- Igualmente, madame D'Umbrelle. Por favor, acomodémonos-. Dijo Maximo mientras señalaba la zona de la mesa que daba a un ventanal-. Me alegra mucho su vuelta a la actividad social de París, su temporal pérdida era un vacío irremplazable. Cuénteme, querida, ¿qué tal le ha ido durante ese tiempo?- Preguntó el lasombra con un verdadero gesto de interés-.

Elois D'Umbrelle - September 21, 2005 08:14 PM (GMT)

Elois se acercó a la mesa quedándose a un lado del asiento, allí se detuvo en seco como si esperase algo, mas lo disimuló prosiguiendo la conversación.

- Volveis a agasajarme Don Máximo. Veo que este noche teneis el firme propósito de sonrojarme, más hace años, siglos diría yo que no ocurre tal cosa.

Y se volvió a sonreir cuando terminó el comentario jocoso que ella misma inició. Aún no estaba sentada en la mesa, sus ojos observaron por un instante fugaz el asiento con una disimulada mirada, después se tornaron rápidos sobre su anfitrión.

- La verdad don Máximo Constanza es que he estado muy atareada con asuntos alejados a París.

La gentil sonrisa apareció una vez más en su rostro.

Maximo Constanza - September 22, 2005 08:55 AM (GMT)
A decir verdad, Maximo siempre había sentido bastante predilección por Elois. Le maravillaba su integridad, su honor, su código. Tenían muchas cosas en común y eso era muy difícil de encontrar. Qué lastima lo de su sangre... ella no tenía la culpa de ser una ventrue... hubiese sido una lasombra excelente, aunque eso era ya irremediable.

Hablaban los dos animadamente mientras se acercaban a sus respectivos asientos. Maximo esperó a que la dama acabara de hablar y estuviese correctamente colocada para poder retirar su silla hacia atrás y ofrecerle asiento. Maximo se sentía muy agusto haciendo gala de la etiqueta, y más aún con la duquesa. Una vez sentados y acomodados un sirviente se acercó para servir en unos enjoyados cálices de oro un sabroso refrigerio para los dos cainitas. Maximo retomó la conversación:

- Comprendo, madame. Posiciones como las nuestras conllevan grandes responsabilidades y requieren gran parte de nuestro tiempo. Qué ironía, dos inmortales faltos de tiempo para sí mismos...- El lasombra sonreía mientras miraba fijamente los ojos de la dama, asombrosos por lo marino de sus iris-. A veces deseo darle una tregua a mi cargo y olvidarme de todo durante un tiempo, pero me sorprendo a mí mismo debatiendo interiormente problemas y dilemas. Supongo que no valdremos para una no-vida relajada...- Comentó el primogénito mientras meneaba la cabeza en gesto de suave negación-.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 09:17 AM (GMT)

Elois sonrió desenfadada, se sentía bastante cómoda en la presencia del patriarca lasombra como en la de tantos otros Magister. Los dos clanes tenían mucho en común, los dos cainitas también.

- En cierto modo, me temo que somos exclavos de nuestra posción.

Y un brillo intenso acompaño una tímida sonrisa que duró poco en sus delicados labios, quizás la atenta mirada del lasombra coaccionó en cierto modo a la dama, improbable, ¿coqueteaba entonces...?

Al poco el jovial incio de la velada fue desvaneciéndose, tornando su rostor más serio, pues erguida en su asiento se dispuso a hablar con tono seco aunque suave, pues sedosa era su voz.

- Don Máximo, esos asuntos me tienen aquí esta noche y no el hacer una no vida relajada.

La prounda mirada de la ventrue escrutó hasta las sombrías entrañas del oscuro Máximo a través de los ojos de éste posados en los suyos propios, tla vez cautivados por el enigmático color del oceáno arremolinándose intenso con la furia de las olas.


Maximo Constanza - September 22, 2005 09:37 AM (GMT)
- Eso lo sabía desde el principio, madame. Supongo que muchos asuntos ocuparán su cabeza en estos momentos, al igual que la mía. Dígame entonces, ¿qué es exactamente lo que le preocupa? Entre los dos quizá podamos aventurar conclusiones o razonamientos.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 11:21 AM (GMT)

- Pesares

Musitó la ventrue antes de resoplar, tal vez para matizar el peso que debía llevar sobre si. Tiempo después la sonrisa apareció en su pálida faz, para que sus labios abandonasem la cálida postura, cediendo a sus ganas de hablar.

- Desperanzadoras noticias me han llegado de mis aliados Hispanos. Decidme, sin ímpetu de ordenaos mi señor, que sabeis de Carlos de Girona y las extrañas circunstancias de su desaparición.




Maximo Constanza - September 22, 2005 12:52 PM (GMT)
- Turbio asunto mencionáis, Duquesa. De la desaparición de Carlos de Girona aún quedan muchas cosas que esclarecer. De momento no sé nada concluyente, aunque puedo decir que estoy muy interesado en este asunto.- Maximo hizo una pausa y bebió un sorbo del caliz-. Han llegado rumores a mis oídos, quizá las mismas que le han llegado a usted de sus aliados hispanos. Éste es un secreto a voces así que tampoco hago nada malo diciéndoselo, pero en la Corte de Astorga no se tiene en muy alta estima a Geoffrey du Temple, incluso han llegado a insinuar la relación de éste con la misteriosa muerte de Carlos. Por supuesto no soy de los que se creen lo primero que le dicen, y menos si se acusa a un caballero como el Príncipe de París... Pero mi honor me obliga a investigar este asunto, no se puede dejar a impune al agresor, sea quien sea.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 07:09 PM (GMT)

Una mirada penetrante al oscuro lasombra.

- Dijísteis que nada concluyente llegó a vuestros oídos sobre las circunstancias de la desaparición del mencionado Carlos de Girona, podríais compartir conmigo esa información si no es mucha osadía Don Máximo. También tenog interés en el asunto, equiparable al vuestro si me permitiis.

Los ojos de la ventrue seguían posados en Máximo, azules, centelleantes brillaban con desparpajo, como la pregunta formulada. Sonrió pues una sorpresa podría darle al lasombra con su siguiente exposición.

- Sobre la corte de Astorga, estoy al tanto de los rumores, incluso envié emisarios a Hispania para suavizar la relación, hace pocos días recibí noticias desde allí, desalentadoras me temo.

La tristeza abogaba deleznaba el fragil rostro mientras los ojos impasibles buscaban la respuesta en el primogénito lasombra. ¿Que podría contarle este de Carlos de Girona?.


Maximo Constanza - September 22, 2005 07:39 PM (GMT)
- Eso es lo que dije, madame D'Umbrelle, nada concluyente sé de momento. Aunque espero que pronto se resuelva tal misterio.- Maximo adoptó una sonrisa sesgada y continuó-. Vamos a ser francos, Duquesa. Lo importante no es suavizar relaciones e intentar pedir perdón. Lo importante es conocer la verdad y actuar en consecuencia. Desde Astorga me han llegado noticias escalofriantes, como seguro que le ha pasado a usted. ¿Qué opina? Yo de momento nada. No puedo emitir un juicio justo sin pruebas concluyentes, eso es a lo que me refería. Aunque sí quiero investigar, es mi deber, es mi honor. Y si descubro que la verdad es la posibilidad que usted y yo sospechamos o tememos, entonces habrá más que palabras, no lo dude. Sé que me comprende, lo que no sé es si lo demostrará debido a su posición y su sangre. ¿Qué me dice, Duquesa? ¿Si la verdad fuera la temida por qué opción se decantaría: la lealtad o el honor? Y no me diga que van estrechamente ligados porque en el supuesto caso no habría honor ninguno.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 08:58 PM (GMT)

- Honor- Respondió la pregunta cual resorte, sin vacilar.

Elois quedó perpleja, su buen juicio estaba cuestionado, subordinado a la sangre. Aunque con sus maneras nobles encubrió tales sensaciones, no por ello dejó de dignificarse y proclamarlo abiertamente.

- Lamentaría profundamente que las sospechas de Astorga fuesen ciertas, pero no dude ni por un momento, don Máximo, que de tener pruebas feacientes, yo misma seré juez, y verdugo si es preciso inclusive. La sangre no sería para mi un problema, sino un estigma a borrar dentro del clan.

Sonrió cortés, sumisa, tras sus palabras cargadas con la fuerza de mil demonios.

- Sin embargo, para serle franca, en mi humilde opinion, aquel responsable que acusan cerca de León- omitió el nombre, mejor así- no tendría la sangre fría precisa para las gestas que se le atribuyen. Aunque como vos me veo sin pruebas y por ende no puedo emitir un juicio justo.

Entrelazó las manos sobre su regazo.

- Para serle sincera, este asunto está entorpeciendo mis futuros planes, es por tanto que le dedicaré prioridad para esclarecerlo cuanto antes, sin importar precio alguno. Sino ni tan siquiera me habría esforzado por suavizar las posturas, la debilidad ante el resto de cortes es pasmosa.

Una sutil y comedida pausa.

- Alguien debe poner los medios adecuados y mostrar buen hacer Don Máximo, ¿no cree?.


Maximo Constanza - September 23, 2005 09:38 AM (GMT)
- Me alegra su respuesta, no me esperaba menos de usted, querida. Ciertamente, para mí también se ha convertido en un asunto de lo más molesto e irritante. He comenzado a mover ciertos hilos y pronto espero tener resultados fiables, muy pronto.- Maximo se apoyó cómodamente en el lustroso respaldo de su asiento y continuó-. Madame, los medios hemos de ponerlos entre los dos, ya que somos los más interesados, los que la conciencia no les deja reposar hasta que la verdad y el honor se imponen a la traición y a lo oculto. Puede contar con mi colaboración en lo que desee porque le voy a decir algo: confío en usted.- El lasombra hizo una pausa para que la frase calase en la Duquesa-. Y ésto no es algo que se consiga fácilmente... En el mundo en el que vivimos la confianza de uno mismo sólo se puede reservar a unos cuantos elegidos, y normalmente sólo son unos pocos. Usted se la ha ganado por sus principios, sé que no es una chiquilla, ya tiene cierta edad para saber diferenciar ciertas cosas, así que en usted deposito mi confianza, Duquesa. Si sus valores prevalecen no me arrepentiré.

Elois D'Umbrelle - September 23, 2005 10:34 PM (GMT)

Aquellos ojos marinos parecían desbordar las cuencas donde reposaban placenteramente tras escuchar las palabras del lasombra, ese fue el primer gesto de sorpresa que demostró la ventrue.

- Don Máximo... vuestras palabras me abruman... no sé como responder... Si dijese sentirme alagada os mentiría, pues no encuentro palabras en mi vocablo que puedan definir el estado de ánimo y gozo que procesa tal confesión.

Poco a poco se fue templando y sus palabras sonaron más sosegadas.

- El que confieis en mi de tal forma me reconforta gratamente.

Por fin pareció asimilar las palabras de Máximo y sobria ofreció una respuesta contundente.

- Es un honor y un privilegio del cual espero ser merecedora, estando a la altura de tan alta estima que me procesais.

Una pausa, parecía asimilar aún las palabras del lasombra. Elois era una perfecta actriz, aquello la había sorprendido gratamente, pero exagerarlo hasta límites insospechados era sólo parte de su agradecimiento.

- Así mismo, vos también gozareis de la misma confianza depositada en mi. Es lo mínimo que podría hacer para intentar corresponder semejante presente.


Maximo Constanza - September 23, 2005 11:36 PM (GMT)
Maximo valoraba sobremanera las tradiciones, la etiqueta, el protocolo, la dignidad, el honor... Podría decirse que era alguien conservador con un desmesurado amor por sus principios. Esto explicaba la confianza hacia Elois. Si la Duquesa es tan íntegra como él su confianza no habría sido depositada en balde. Y ésto era algo con lo que contaba, sentía la corazonada de que la ventrue era muy honorable.

- Entonces podemos calificar esta cita de provechosa y esperanzadora.- Dijo el lasombra sonriente hacia la dama-. Brindemos, Duquesa, brindemos por nosotros y nuestros ideales perdidos en medio de un vacío desolador.- El primogénito alzó su caliz rebosante hacia su acompañante-. Que la sangre selle nuestro pacto.

Elois D'Umbrelle - September 26, 2005 10:01 AM (GMT)

Elois asintió sin hablar, estaba completamente de acuerdo con el lasombra, luego imitó a su anfitrió y alzó su caliz, sumandose así al brindis, después tomó su copa y la llevó a su boca, antes de sar el primer sorbo la olió disimuladamente, después inclinó esta de forma que el néctar fuera vertido despacio, muy despacio, hasta llegar la primera gota a sus labios. La ventrue saboreó satisfecha aquella vitae y después bebió el resto de un trago.

Pocos cainitas podían vanagloriarse como Máximo lo hiciere esa noche, pues en contadas ocasiones la ventrue tomaba sangre lejos de su refugio, sus gustos refinados, sus paranoias tal vez... pero esa noche la duquesa ventrue bebió con gusto. Sólo ella sabía el porqué.

- Mi señor Don máximo, la vitae que me ofreceis es de una pureza inimaginable, una de las mejores que he tenido el placer de degustar a lo largo de mi no vida.

Un cumplido más para el lasombra, acompañado de su perenne sonrisa colmada de dulzura.


Maximo Constanza - September 26, 2005 12:30 PM (GMT)
- Me agrada que os guste, Duquesa. He de confesar que con el paso de los años me he ido volviendo bastante sivarita, puede que sólo sean manías de un viejo como yo...- Comentó Maximo en tono irónico-. Desde luego, teniendo una visita tan grata y refinada era lo mínimo que podía ofrecer, querida.

El lasombra conocía bien la esquisitez del clan ventrue. Era algo que compartía con ellos. ¿Por qué beber cualquier cosa pudiendo elegir adecuadamente?

- Me alegro de que se encuentre agusto. Hemos llegado a varias conclusiones, así las podremos tener presentes mañana, en la Gran Corte. A ver que nos depara...

Elois D'Umbrelle - September 28, 2005 11:38 AM (GMT)

Tristeza había en su intensa mirada que se apagaba con cada palabra referida a al Gran Corte, inclusive ambas, detonantes de la languidez en el pálido rostro de la ventrue.

- La Gran Corte... Hace mucho que no acudo a ésta... tengo una gran preocupación por ella Don Máximo.

E hizo ademán de suspirar, aunque estaba muerta o no muerta, la cuestión es que ninguna necesidad había en ello, tan sólo sería un estigma de su pasado mortal, hasta puede que una argucia más en la estratagema de Elois, sólo ella podría saberlo, pero le surgió natural.

- Pero olvidemos los temas presentes, mañana será otro día del cual podremos sacar conclusiones en otra entrevista... - Dejó la puerta abierta para una futura reunión después de la corte. De seguro tendrían que hablar- Mas mi preocupación está en las tierras del sur, la rebelión de Sclaramonde es algo preocupante estas noches en la vida parisina, ¿no os parece?

Muy habil encaminó un tema del cual nada quería hablar hacia otro que si le importaba de lleno, Toulouse y la implicación lasombra.


Maximo Constanza - September 28, 2005 12:43 PM (GMT)
Esclaramonde la Negra. Un nombre que sonaba bastante últimamente. Muy interesada parecía la Duquesa en ese tema para cambiar de tercio tan bruscamente. O quizá le preocupaba sobremanera la Gran Corte y ni quería hablar de ello... Quién sabe... Maximo continuó con un semblante tranquilo, dejando que la dama mostrase sus intereses y ofertando respuestas según sus posibilidades... o apetencias.

- Sí, lo cierto es que es un asunto de lo más desconcertante. Esclaramonde es una adversaria digna de tener en cuenta por su astucia y sus recursos, aunque debemos confiar en París y su grandeza. Llevamos unos años convulsos por revueltas y conflictos pero así ha sido siempre, no me sorprende lo más mínimo. Madame D'Umbrelle, no considere ésto como la mayor de sus preocupaciones, no merece la pena.- sugirió el lasombra sonriente, con gesto afable-. Yo mismo estaba en Roma cuando su imperio se desmoronó por completo y aquí me tiene...- Bromeó Maximo, sacándole posible tensión a la preocupación de la ventrue-.

Elois D'Umbrelle - October 3, 2005 10:26 AM (GMT)

Elois sonrió, pero su semblante se tornó serio, demostrando así su preocupación a Máximo.

- Don Máximo, es importante para mí, si Sclaramonde está en mi camino.

Su voz sonó seca y tajante. Cada vez parecía más seria la conversación en referencia a la renegada toreador.

- Pero mayor es mi preocupación si el clan Lasombra le "brindara" apoyo desde Iberia.

Parecía que solo especulaba con la hipótesis lasombra, lo que muchos consideraban rumores, ella lo ratificaba con su tono de voz, siempre elocuente con sus actos y no realizando acusasiones directas, pero máximo podría descubir su disgusto, aunque había algo más tras ese disgusto, sino no lo hubiera manifestado. Poco tardaría el primogénito en saber sus intenciones.

- Escasos días atrás me llegaron misivas desde la Corte del Mar de Sombras, concretamente una de Don Silvestre...

Era obvio que la ventrue sabía más de lo que parecía en un principio, estaba bien informada sobre los asuntos que la interesaban, pero antes de desvelar sus intenciones, quería comprobar como repercutían sus palabras en el lasombra.





Maximo Constanza - October 4, 2005 05:50 PM (GMT)
- El apoyo desde Iberia es una posibilidad que tiene, ya lo ha buscado en Aragón... Aunque desconozco las intenciones finales o los acuerdos a los que han llegado últimamente. Como bien sabrá, que pertenezcas al mismo clan no quiere decir que te incluyan en la lista de confidentes.- Afirmó Maximo con la mirada posada en los bellos ojos de la ventrue-. Así que le han llegado misivas de Don Silvestre... Cuénteme, madame, si así lo desea. ¿Algo que le preocupa, quizá?

Elois D'Umbrelle - October 11, 2005 11:01 AM (GMT)

Una sonrisa más, desairada para restar importancia.

- Sólo asuntos personales Don Máximo.

Replicó inmediatamente, no quería entrar en detalles, bastaba con que el lasombra supiese que mantenía vínculos con Iberia, de cara al futuro sería un precedente.

Después los ojos azules colmados de dulzura depositaron su ímpetu en la penumbra que rodeaba al lasombra, el silencio se hizo hasta que su melosa voz lo rompió de un tajo con una simple frase.

- Es tarde.

Un pausa.

- Creo que no debería robaos más tiempo mi señor, sois alguien muy importante y con incontables ocupaciones, sería muy egoista por mi parte quereos acaparar para mi toda la noche.

Ciertamente había llegado el momento de abandonar la conversación, dejando la semilla del interés mutuo para mantener la llama de la curiosidad vibrando de cara a un futuro encuentro. No convenía soltar todo de golpe, sólo lo preciso para que los ancianos se fueran haciendo una idea, es algo que Elois aprendió del bueno de Harald...

Maximo Constanza - October 12, 2005 08:07 PM (GMT)
Maximo se incorporó atentamente de su asiento ante la inminente despedida de la dama. Parecía ser que sólo quería tocar el asunto de Esclaramonde y el posible apoyo de los lasombra de Iberia, pero nada de entrar en profundidad. Quizá otro día se mostraría más animada a la charla, quién sabe.

- No se preocupe, Duquesa. Mi tiempo es amplio, tanto como mi no-vida y por supuesto, con usted, está bien invertido.- Maximo se aproximó a la ventrue y la despidió de la misma manera que la recibió, la etiqueta de romántico le venía como anillo al dedo. Al momento se acercó un sirviente del lasombra ofreciendo acompañar a la cainita a la salida-. Hasta la vista, querida. Espero que nuestro destino común no se muestre esquivo.- Deseó el magister al tiempo que hacía una leve inclinación de cabeza hacia su invitada-.

Elois D'Umbrelle - October 13, 2005 11:32 PM (GMT)

Elois estubo acorde con las circunstancias, despidiendo al lasombra, sonrisa en boca y ojos misteriosamente brillantes. De seguro se verían de nuevo en un breve plazo. Era inevitable, pues muchos asuntos tenían en común.

- Hasta pronto Don Máximo.

Replicó cordial pero distante Elois, aunque la sonrisa de su boca era fiel reflejo de satisfacción y delataba que pronto se volverían a ver. En la intimidad la ventrue siempre resultaba menos distante, pero entre lacayos relucía su faceta noble.






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