El hombre miró al pobre Armand sin ocultar el desprecio que le propiciaba, su boca hizo un gesto y tornó sádica antes de sonreir malébolamente, estaba disfrutando con aquella labor.
- Llevaoslo Indicó a los guardias. Entonces Armand entendió que no lo liberarían, había sido engañado, y así gritaba una y otra vez proclamando su inocencia desde los cimientos del castillo, resonando su agónico grito en todo muro de la morada ventrue. Los guardias se lo llevaban raudos, cogiéndolo con fuerza, pese a las cadenas.
A punto de salir de la habitación, aquel agrio hombre de negro, con pesquisas de verdugo alzó su mano y exclamó una palabra.
- Alto. Un suspiro de esperanza quedaba para Armand que cayó y se detubo también, pensando que el hombre cumpliría su palabra. Sólo quedaría en suspiro cuando este concluyó.
- Buscad a un tal Merde del barrio latino, trabaja en la forja de Simon Flaubert en Montparnasse. Los guardias asintieron y se llevaron al otra vez gimiente hombre para deleite de aquel ser despreciable.
Horas más tarde, Armand se lamentaba en su celda, llorando desvalido por la mala fortuna que le había acompañando, pensando cuan mal habría hecho para merecer aquello, mas juraba venganza contra el juez y verdugo que lo condenó siendo inocente.
Escorado en una esquina de la putrefacta celda, quedaba tan sólo una hora para el amanecer, tal vez ese fuese su último día...
Algo perturbó su pesar, una voz angelical susurraba cerca de si, podía escucharla pero no la creía, hasta que esta se repetía con el reclamo.
- Armand. La voz era suave, femenina, dulce y misteriosa. El hombre secó sus lágrimas y se puso en pie buscando el origen de tal hermosura entre la descicha que poblaba el recinto.
Su cabeza giró a uno y otor lado, guiado por el dulce sonido que penetraba por sus oídos, cuando vio la fuente, frotó sus ojos, inclsuo se pelliscó para tener la certeza de no estar soñando.
Allí caminaba una doncella de expléndida virtud, con pies descalzos, un camisón celeste de fina seda, cabellos oscuros como la noche caían suaves por un blanco rostro marfil mientras unos ojos marinos lo contemplaban. Ésta caminó cual ánima en pena hasta su celda, quedando al otro lado de los barrotes que lo apresaban, ¿era un ángel?...¿un fantasma?, ¿que era?... Aramand no sabía, no pensaba tan sólo veía las más bella visión que sus ojos habían contemplado en aquella doncella fantasmal. A caso era una broma más del cruel destino, una visión despanpanante antes de perder su cuello.
- ¿Quien sois?
- ¿Armand? Preguntó dulcemente la dama. El hombre sin salir de su asombro asintió y lo ratificó.
- Si, soy Armand y vos...
La doncella sonrió paseandose por las inmediaciones de la celda, no lo miró pues su mirada se posaba ahora sobre sus pasos. Aquella sonrisa parecía una bendición, reconfortante, como la dama que tenía delante la cual daba solaz a su tristeza, calmando por completo sus ansias, haciéndolo olvidar su desdicha.
Armand la seguía despacio, avanzando barrote a barrote, sin apartar la mirada de esta hasta que se paró, ambos pararon, alzó su cabeza y contempló al preso con cara pensativa, lueogo lo sonrió.
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Tiradade presencia 3, RES: +3 +4 +3 +4 +3 +4 A dificultad 4 (FV del humano)
PD: Acabo de ver que puse dados de 4, que cagada, en fin con 3 éxitos va que chuta]
Algo sintió aquel hombre, algo bueno pese a todo, aquella doncella le era familiar, puede que un hada que hallase en los bosques cuando era niño, hacía ya mucho de ello, pero rezumaba bondad y le inspiraba cierta confianza.
- ¿Quien sois?- Preguntó ilusionado.
La doncella sonrió nuevamente, girando su rostro, dejando ver su perfil hasta que se centró de nuevo en el reo, su dedo índice tocó aquellos suaves y carnosos labios cuando la dama sopló como la brisa del alba próxima.
- shssss - ¿Porqué estás aquí Armand? Preguntó acto seguido. Pero Armand no tenía la respuesta, era inocente, encarcelado injustamente.
- No lo sé, soy inocente, me apresaron sin motivo cuando avandoné la taverne du Forgeron, luego me interrogaron y acabé aquí de nuevo. Soy inocente
Insistía en su inocencia.
- ¿Porqué te apresaron Armand?- insistió.
- Soy inocente, sólo estaba cuando ocurrió la pelea y esos cruzados me capturaron.
Expandió la información aquel hombre.
- ¿Seguro?, haz memoria Armand... ¿Que ocurrió en la posada?... Armand trató de recordar, mas le contó lo mismo que al cruento verdugo.
- Haz memoria Armand... Quien más estaba allí... quien puede ayudarte... Armand se detuvo, hizo memoria sobre lo ocurrido, pensando si algún detalle se le había pasado por alto, ahora estaba más tranquilo y relajado que ante el inquisidor, podía pensar con más claridad.
La doncella esperaba serena, en pie junto a él, al otro lado de la celda, en aquel pasillo que para nada encajaba con su dulzura.