View Full Version: Le Miserable

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Title: Le Miserable
Description: 29 de Julio A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - September 19, 2005 09:03 PM (GMT)

En una angosta mazmorra, yacía aquel incauto, cuando se despertó algo aturdido por el golpe recibido para reducirle. Atónito por lo que ocurría miraba a uno y otro lado, paredes de húmeda y fría roca por un lado, gruesos barrotes de acero por otro, algo de paja en el suelo y un pétrido olor a corrupción y eces.

Gritó con desasosiego, ¿porqué estaba allí?, no lo sabía, lo último que recordaba es que salía de la taberna de Furgueron y aquellos cruzados se le avalanzaron. Aquel corpulento hombre, curtido en los más bajos fondos y acostumbrado a tratar con calaña inmunda como lo era él, se sentía impotente, preso sin juicio, sin motivo.

Pronto la desesperación se hizo presa de su ánimo, nadie respondía y el gritaba y gritaba, mas no había respuesta. No había más presos, más oía ruido de fondo, pero no obtuvo respuesta y así transcurrieron las más largas horas de su hasta ahora miserable vida.

Su rostro estaba ya empapado por las lágrimas que lo cubrían. Si, era cierto, aquella injusticia que lo tenía preso, había minado su voluntad, la soledad de la sombría mazmorra estaba haciendo vien su trabajo.

Una pequeña alegría se dibujó en su rostro, acercando su cuerpo apelmazado a los barrotes, conforme el ruído de pasos acercándose rompían la monotonía. Ni tan siquiera al ver la faz de uno de sus captores se rompío la sonrisa de su boca.

- Monsieur, soy inocente...

Susurró en tono lacónico, mientras los cruzados abrían la cerradura sin mediar palabra alguna, tan sólo indiferencia y desprecio.

- Monsieur, soy inocente...

Susurró también quejoso, al otro captor, viendo que el primer centinela pasaba de él. Incluso lágrimas afloraron en su rostro, cuando las cadenas apretaron sus extremidades.

- Soy inocente

Gritaba una y otra vez sin saber porqué lo tenían preso, no sabía que mal había hecho. Gritos, sollozos y lágrimas como las de un niño pequeño cuando fue trasladado a otra habitación un poco más confortable, pero poco más...

Cuatro muros gruesos de roca, una mesa y una silla vieja ante sí, lo sentaron volviendo a dejarlo a solas, rompiendo a llorar como un recien nacido.

Al poco entró un hombre en la sala, sus ropajes eran elegantes y oscuros como su mirada, aterradora observando con desdén el especimen ante si.

- Soy inocente.

Exclamó quejoso, casi sin fuerzas de tanto repetirlo.

El hombre frunció el ceño y sus ojos danzarines centellearon fugaces con la ira que Jesús demostró en el templo ante los comerciantes.

- Cual es vuestro nombre.

Inquirió en un tono áspero y distante, como la distancia que mantenía con el reo. Éste se lo pensó dos veces antes de responder, no sabía si hacerlo o no, pensó en mentir, mas cuando vio la furia reflejada en la mirada de aquel hombre se amedentró.

- Armand monsieur, soy inocente, soy inocente.

Y echó a llorar una vez más.

- Claro Armand, todos lo somos hasta que Dios no dicte lo contrario.

Con tono burlón replicó al pobre Armand, impotente ante la situación, el desprecio que sentía era latente en la sala, minando con una simple mirada la voluntad de aquel indeseable que a cada segundo se veía más desamparado.

- Calmaos ya.

Instó nuevamente, cansado de tanto lloriqueo, con un tono duro. Mas Armand intentó entonces recobrar algo de dignidad reprimiendo el llanto y serenando su animo logró musitar una frase.

- ¿De que se me acusa monsieur?

No obtuvo respuesta sino reprimenda.

- Aquí las preguntas las hago yo. Sólo hablaras cuando se te pida.

Le gritó el inquisidor vociferante, aplacando de sopetón el ansia de explicaciones que Armand deseaba. Al poco las preguntas prosiguieron.

- Estabais esta noche en la taberna du Forgueron, ¿verdad?.

Armand asintió con la cabeza, temeroso de hablar sin permiso.

- Estabais cuando ocurrió la pelea, ¿verdad?.

Otro asentimiento temeroso.

El hombre paseó mientras se sonreía, en su rostro moraba el sadismo, mas su mirada aventuraba tortura para el pobre Armand. Luego trató de disimular su desprecio y sonar algo menos brusco suavizando su tono.

- Bien, si colaboras, serás puesto en libertad. ¿De acuerdo?

Armand, pensó unos instantes, no era muy listo pero tampoco un necio, dudaba de las palabras de aquel hombre, mas la simple mención de la palabra libertad fue suficiente aliciente para colaborar, pero no sabía en como ni porqué, simplemente asintió como uno se resigna ante un verdugo, pues quizás quien tenía delante fuera tal persona.

- Muy bien, entonces quiero que me cuentes como ocrrió la pelea, quien la empezó y porqué, todo lo que sepas y quiero nombres. Si me los dás quedaras liberado.

Y le sonrió, vagamente, pues su sonrisa no inspiraba mucha sinceridad, era forzada resultando macabra en lugar de ser cálida, si es que ello pretendía el caballero, no obstante Armand, debía hablar, pues temía que recurriesen a la tortura, algo muy a la orden del día.


Evento - September 20, 2005 01:13 PM (GMT)
Armand tragó saliva, pensando. SU mente le traicionaba y seguramente eso sería su condena, pues el miedo ocultaba sus ideas y sus recuerdos, y de repente descubrió que no conocía ninguna de las respuestas, y que sólo podría aventurar cosas sin sentido y vacías. Aún así los hechos habían sido claros.

- Muy bien, entonces quiero que me cuentes como ocrrió la pelea, quien la empezó y porqué, todo lo que sepas y quiero nombres. Si me los dás quedaras liberado.

-Estábamos all..., tomando unas... cervezas y comiendo algo pues la jornada había sido dura, cuando escuchamos una algarabía al otro lado... miramos, y eran tres hombres discutiendo por una silla, que los grupos en los que ambos estaban necesitaban...

Se detuvo, temeroso de no estar diciendo correctamente lo que se le pedía, intimidado por la mirada de aquel hombre.

-Nosotros nos pusimos de pie para impedir una tragedia, pero ya era tarde, pues ambos grupos se golpeaban y se gritaban acalorados... hasta que vosotros entrasteis... Y sólo conozco el apodo de uno de ellos... le dicen Merde.

Elois D'Umbrelle - September 20, 2005 01:36 PM (GMT)

El inquisidor observó la actitud de Armand, lo miró amenazadoramente con su ceño fruncido en torno a los más siniestros y oscuros ojos que éste haía visto.

- ¿Sólo un nombre?¿eso es lo que me ofreces por tu libertad?

Preguntó exasperado. Trató de tranquilizarse y paseó por la habitación, delante de Armand, pensativo y malhumorado.

- ¿Donde puedo encontrar a ese Merde?

Le preguntó a voces amenazantes. Tales eran sus voces que dos guardias se apresuraron a entrar en la sala espada en mano, pero el hombre alzó su mano y los contubo. La vida de Armand pendía de un hilo, debía esmerarse o no lo contaría.

Evento - September 21, 2005 12:51 PM (GMT)
Armand se mordió la lengua. Él no tenía la culpa de no vivir por estos lugares.

-Merde vive en el Barrio Latino, pero trabaja en Montparnasse como ayudante de un herrero llamado Simon Flaubert, conocido entre los que necesitamos no más que una herradura para nuestros caballos. ¿Es eso suficiente? Señor, le aseguro que soy inocente... soy inocente...

Casi que susurraba, con las lágrimas en los ojos y el terror en el corazón, pues aquel día no podría olvidarlo.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 12:44 PM (GMT)

El hombre miró al pobre Armand sin ocultar el desprecio que le propiciaba, su boca hizo un gesto y tornó sádica antes de sonreir malébolamente, estaba disfrutando con aquella labor.

- Llevaoslo

Indicó a los guardias. Entonces Armand entendió que no lo liberarían, había sido engañado, y así gritaba una y otra vez proclamando su inocencia desde los cimientos del castillo, resonando su agónico grito en todo muro de la morada ventrue. Los guardias se lo llevaban raudos, cogiéndolo con fuerza, pese a las cadenas.

A punto de salir de la habitación, aquel agrio hombre de negro, con pesquisas de verdugo alzó su mano y exclamó una palabra.

- Alto.

Un suspiro de esperanza quedaba para Armand que cayó y se detubo también, pensando que el hombre cumpliría su palabra. Sólo quedaría en suspiro cuando este concluyó.

- Buscad a un tal Merde del barrio latino, trabaja en la forja de Simon Flaubert en Montparnasse.

Los guardias asintieron y se llevaron al otra vez gimiente hombre para deleite de aquel ser despreciable.

Horas más tarde, Armand se lamentaba en su celda, llorando desvalido por la mala fortuna que le había acompañando, pensando cuan mal habría hecho para merecer aquello, mas juraba venganza contra el juez y verdugo que lo condenó siendo inocente.

Escorado en una esquina de la putrefacta celda, quedaba tan sólo una hora para el amanecer, tal vez ese fuese su último día...

Algo perturbó su pesar, una voz angelical susurraba cerca de si, podía escucharla pero no la creía, hasta que esta se repetía con el reclamo.

- Armand.

La voz era suave, femenina, dulce y misteriosa. El hombre secó sus lágrimas y se puso en pie buscando el origen de tal hermosura entre la descicha que poblaba el recinto.

Su cabeza giró a uno y otor lado, guiado por el dulce sonido que penetraba por sus oídos, cuando vio la fuente, frotó sus ojos, inclsuo se pelliscó para tener la certeza de no estar soñando.

Allí caminaba una doncella de expléndida virtud, con pies descalzos, un camisón celeste de fina seda, cabellos oscuros como la noche caían suaves por un blanco rostro marfil mientras unos ojos marinos lo contemplaban. Ésta caminó cual ánima en pena hasta su celda, quedando al otro lado de los barrotes que lo apresaban, ¿era un ángel?...¿un fantasma?, ¿que era?... Aramand no sabía, no pensaba tan sólo veía las más bella visión que sus ojos habían contemplado en aquella doncella fantasmal. A caso era una broma más del cruel destino, una visión despanpanante antes de perder su cuello.

- ¿Quien sois?

- ¿Armand?

Preguntó dulcemente la dama. El hombre sin salir de su asombro asintió y lo ratificó.

- Si, soy Armand y vos...

La doncella sonrió paseandose por las inmediaciones de la celda, no lo miró pues su mirada se posaba ahora sobre sus pasos. Aquella sonrisa parecía una bendición, reconfortante, como la dama que tenía delante la cual daba solaz a su tristeza, calmando por completo sus ansias, haciéndolo olvidar su desdicha.

Armand la seguía despacio, avanzando barrote a barrote, sin apartar la mirada de esta hasta que se paró, ambos pararon, alzó su cabeza y contempló al preso con cara pensativa, lueogo lo sonrió.

[ Tiradade presencia 3, RES: +3 +4 +3 +4 +3 +4 A dificultad 4 (FV del humano)
PD: Acabo de ver que puse dados de 4, que cagada, en fin con 3 éxitos va que chuta]

Algo sintió aquel hombre, algo bueno pese a todo, aquella doncella le era familiar, puede que un hada que hallase en los bosques cuando era niño, hacía ya mucho de ello, pero rezumaba bondad y le inspiraba cierta confianza.

- ¿Quien sois?- Preguntó ilusionado.

La doncella sonrió nuevamente, girando su rostro, dejando ver su perfil hasta que se centró de nuevo en el reo, su dedo índice tocó aquellos suaves y carnosos labios cuando la dama sopló como la brisa del alba próxima.

- shssss

- ¿Porqué estás aquí Armand?

Preguntó acto seguido. Pero Armand no tenía la respuesta, era inocente, encarcelado injustamente.

- No lo sé, soy inocente, me apresaron sin motivo cuando avandoné la taverne du Forgeron, luego me interrogaron y acabé aquí de nuevo. Soy inocente

Insistía en su inocencia.

- ¿Porqué te apresaron Armand?- insistió.

- Soy inocente, sólo estaba cuando ocurrió la pelea y esos cruzados me capturaron.

Expandió la información aquel hombre.

- ¿Seguro?, haz memoria Armand... ¿Que ocurrió en la posada?...

Armand trató de recordar, mas le contó lo mismo que al cruento verdugo.

- Haz memoria Armand... Quien más estaba allí... quien puede ayudarte...

Armand se detuvo, hizo memoria sobre lo ocurrido, pensando si algún detalle se le había pasado por alto, ahora estaba más tranquilo y relajado que ante el inquisidor, podía pensar con más claridad.

La doncella esperaba serena, en pie junto a él, al otro lado de la celda, en aquel pasillo que para nada encajaba con su dulzura.


Evento - September 23, 2005 05:45 AM (GMT)
Pero Armand poco más podía recordar. ¿Nombres rostros? Acaso fuera eso lo que podría salvarle la vida... acaso...

Observó a la aparición que le daba una esperanza de vida, y sonrió, tímido, intentando ser lo más explícito posible.

Se alargó largo rato describindo uno a uno a los comensales que ese día estaban allí -y que el recordaba-, que eran sin embargo pocos, no más de siete descripciones sin nombres, pues él no era habtante de aquellos parajes y a nadie conocía. Entre ellos estaban Geraud y el propio siervo de Elois.

-Mi señora, creedme si os digo que nada más sé... nada más sé... yo soy inocente... simplemente me tomaba una cerveza y me fui cuando entraron unos soldados... y luego...

Ahora lloriqueaba. Si de aquello dependía su vida entonces... esperaba que fuera suficiente...

Elois D'Umbrelle - September 24, 2005 10:09 AM (GMT)

- Shsss

Y el susurró calmó el llanto del maduro hombre como una nana sumía en el sueño a un recién nacido.

- No os preocupeis Armand, saldreis de aquí pues os creo, pero debereis hacer algo por mí, lo hareis Armand, decidme, lo hareis...

Una vez más la esperanza de una libertad ansiada se cernía sobre aquel miserable, ya le habían mentido una vez esa noche, aquel verdugo... pero en esta ocasión era diferente, tenía ante si una criatura angelical que lejos de intimidarlo irradiaba confianza, una confianza que llevó al incauto preso a asentir con la cabeza.

- Bien Armand, habeis hecho bien.

La doncella sonrió satisfecha.

- Os liberaré, pero debeis acudir y vigilar por mi la taverne du Forgeron, vigilad, indagad y traed ante mi a los verdaderos responsables de que esteis aquí, ellos pagarán por vuestro sufrimiento...

Armand por primera vez en toda la noche sonrió, ilusionado con la posiblidad de hacer pasar aquel mal rato, incluso peor, a los que causaron la pelea y por culpa de quienes lo encerraron...

- ¿Como?, ¿que debo hacer?

Preguntó, mentalizado y presto para la tarea, después rendiría cuentas aquel inquisidor embustero, mas ahora primaba satisfacer a la dama.

- Nada en especial, sólo tu vida normal, acude a la taberna, relacionate, infórmate y cuando consigas algo de información acude al castillo, pregunta por Le Fanu, el te recompensará gratamente por la información. Serás mis ojos y mis oídos en aquel lugar Armand y serás bien recompensado.

¡Recompensa!, la codicia de Armand sumada a la revancha hacían del miserable preso nu espía potencial bastante eficiente, pero no acabaría la cosa allí, pues antes de abandonar el castillo rumbo a su hogar, se sentiría más unido que nunca a la ventrue, pues en un caliz había tomado su sangre, sin apenas saber lo que esta le proporcionaba, se sentía más fuerte, más capaz y ansioso de satisfacer a la doncella liberadora que empezaba a ocupar un pequeño lugar en su corzaón, creciendo cada noche, tla vez se habría enamorado de aquella doncella... necesitaba verla de nuevo para corroborar su amor, pero tendría que andar astuto y conseguir algo de información antes de tornar al castillo.


FDI: Lo que averigue en un futuro, o lo que haga, lo dejo a discrección de evento. Por mi no hace falta abrir otro post, puedes continuar aquí, sino, pues nada...




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