Title: Leyendo para tranquilizarse (30-7-1225)
Description: Ultimas horas de la noche
Geoffrey - September 18, 2005 03:03 PM (GMT)
Geoffrey entró en la Sorbona y se dirigió con rapidez a la biblioteca. No muchos nobles entraban allí, dedicados a sus artes de guerra y política, y a menudo ni siquiera a los maestros les gustaba tenerlos cerca, pero las numerosas contribuciones que el Principe había estado realizando a la institución desde su fundación hacía unos cuantos años servían para garantizarle un acceso tranquilo y sin problemas. Erik se encargaría si ocurrían algunos nuevos asuntos a estas últimas horas de la noche.
Montalbán, por su parte no se sentía tan cómodo en la biblioteca. Guerrero había nacido, y la sangre Brujah que corría por sus venas le hacía ser demasiado impaciente como para leer. Le fastidiaba, porque sabía que debía alcanzar el equilibrio entre mente y cuerpo, como hacía el Primogénito de los suyos, pero simplemente era incapaz de leer la mayor parte de los libros... eso si, había unos pocos, de los que él mismo poseía una copia, que le eran imprescindibles.
Geoffrey se aproximó a una de las aldabas de pergaminos y códices y extrajo uno con cuidado y respeto. Más de dos siglos en este mundo, y nunca había tenido tiempo para aprender ciertas cosas. La política y la Corte absorbían demasiado tiempo, pero siempre había admirado la vasta cultura de su Sire, y un gobernante sabio debía ser un sabio. Algo así le había dicho Alexander cuando aún poseía la cordura, mencionando a un antiguo filósofo llamado Platón. Se sentó tranquilamente donde pudo, en el silencio de una biblioteca en la que de noche nadie entraba. Arbió el códice, admirando las cuidadosas miniaturas dibujadas en los laterales, la bella caligrafía con que estaba escrito, y lentamente se sumergió en sus palabras. Solo Dios sabía cuándo podría disfrutar de otro momento como este, y no podía desperdiciarlo.
Isolda Lamartine - September 18, 2005 03:50 PM (GMT)
Isolda trabajaba en múltiples oficios. Uno de ellos, su favorito, era cuando se convertía en la barrendera de la biblioteca. Nadie se fijaba en ella, nadie le dirigía la palabra, nadie se preocupaba por la anciana, que era tal la apariecnia que tomaba, pues era insignificante e iletrada.
Y sí, nunca pretendía leer, pues no necesitaba tener los textos en sus manos, y cuano las noches eran largas, ella paseaba con paso lento y dubitativo por las salas de poco valor que le eran asignadas, leyendo aquello a lo que físicamente tal vez nunca tendría acceso. Nunca organizaba un libro en su puesto. Nunca limpiaba los prgaminos o los libros de más valor y mayor antigüedad.
Su trabajo constistía en que a los Nobles y Clérigos no se los comiera el polvo cuando decidieran leer o simplemente mirar donde invertían su dinero.
Y así fue, como cubierto su rostro y su aura por una máscara, Isolda pasaba a varios metros de Gerard, con una herramienta burda y unos trapos, quitando el polvo de las majestuosas mesas.
Geoffrey - September 18, 2005 04:46 PM (GMT)
Y, sin embargo, Geoffrey no era como los demás nobles de la ciudad. Habituado a gobernar todos los detalles de la vida mortal e inmortal, la presencia de la anciana pronto hizo saltar la sensacion de alarma. Mientras Montalbán sólo le había dedicado una mirada por encima a la mujer para asegurarse de que no portaba armas, el Principe de los no-muertos levantó la mirada y la estuvo analizando un buen rato antes de hablar con su voz tranquila y potente, habituada a mandar y ser obedecida.
-Mi buena señora, venid un momento- y, sin embargo, su voz podía ser también terriblemente seductora.
Observó como la dama se le acercaba y dejó que ella lo examinase también. Sabía que los villanos no estaban habituados a que un noble se les dirigiera directamente, pero muchos mortales habían comprobado ya que Geoffrey no era un Duque nada habitual. Y con ello se había ganado su lealtad. Pero algo no encajaba para nada en este cuadro.
-Anciana, ¿no es esta hora un poco extraña para que estéis despierta y trabajando? No sólo es hora de que vuestros ancianos huesos reposen a la espera del amanecer, como ocurre con todos en la ciudad, sino que además es inaudito que hayan dejado entrar a una mujer en un recinto como este.-
Geoffrey sonrió tranquilamente, mientras exponía todo sobre la mesa. Su apariencia, modificada por la sangre, era la de cualquier noble mortal, rico y de buena vida. Por su lado Montalbán, que al comienzo no estaba prestando demasiada atención, de pronto se puso en guardia ante cualquier emboscada. Conocía ese tono de voz de su Señor desde que Geoffrey era poco más que un Neonato engreido. La sangre comenzó a fluir y potenciar sus muertos musculos, aunque eso resultase invisible al exterior.
-Decidme, ¿que hacéis realmente aquí?-
Sabiendo que algo diferente podía estar ocurriendo allí, Geoffrey decidió al final no emplear sus poderes. Si era alguna clase de amenaza, aquello dispararía el ataque, y precisaba aún unos pocos segundos más para analizar la situación y decidir por dónde iba a ir el juego.
Isolda Lamartine - September 18, 2005 05:19 PM (GMT)
La anciana se sintió atraida de inmediato por aquella voz, y como el propio Príncipe, Isolda sintió que algo no andaba bien, y sintió el frío de la muerte en la esencia de aquel que le hablaba y de aquel que le acompañaba.
Mientras caminaba a paso lento, con la cabeza agachada por la abultada joroba que llevaba a cuestas, trazaba sobre su mente las protecciones necesarias, pues suficiente había sido ya la lección que su amigo Ukter-ar le diera sobre los muertos.
Al llegar a la altura del noble, a quien no conocía, no levantó el rostro y se postró aún más, auqnue descorrió el trapo que llevaba sobre su cabeza, dejando ver una cabeza horrorosa y acabada, por los años, el sufrimiento y la enfermedad.
Habló con voz entrecortada, ya casi acabada por los años.
-Me da usted un onor, Señor, al hablarme a mí que no soy digna de eso.
Dudó antes de responder, evidentemente intimidada por la majestad del Príncipe.
-Pero no debe usted extrañarse, porque mi vida transcurre cuando ningún noble visita estas paredes, pues es desagradable mi imagen y es mi trabajo y caridad de quien regenta estos muros, hacer pasar "inapercibida" y hacer lo que nadie con manos nobles debería hacer.
Agachó aún más la cabeza.
-No sabía que vendría nadie hoy, y discúlpeme si le "desaportuno" con mi presencia, y si es su deseo me iré ahora mismo señor.
Geoffrey - September 18, 2005 06:26 PM (GMT)
Geoffrey miró a la anciana tranquilamente. Si ella pensaba que aparecería alguna señal de asco o disgusto en la cara del noble se equivocaba... al fin y al cabo estaba habituado a tratar con Nosferatus, incluso tenía a una por buena amiga y vasalla directa.
-Mi buena señora, vuestras explicaciones resultan de lo más gratificantes... amén que bastente inverosímiles bajo una atenta mirada. Nadie en esta ciudad trabaja a estas horas salvo que padezca de un insomnio grave como el mío, y aún si ese fuere el caso, no se permitiría la entrada de una mujer entre estas paredes sagradas. Teniendo esto en cuenta, mas el hecho de que para trabajar se precisa de luz, y no llega con la luz de los candiles y las antorchas para limpiar los recovecos sucios, me temo que vuestra explicación no resulta del todo satisfactoria. ¿Acaso os halláis aquí para perpetrar alguna clase de hurto?-
Geoffrey miró a la maga, ignorando aún qué era, con una sonrisa tranquila y apacible. Parecía no darle especial importancia al hecho de que la mujer se hubiese podido colar en la biblioteca para robar cualquier cosa.
Isolda Lamartine - September 19, 2005 09:49 AM (GMT)
La anciana se sintió verdaderamente horrorizada por el dilema que se le presentaba. ¿Qué hacer? Ella no estaba allí por casualidad pues en verdad era aquel el trabajo, producto de algo de consideración y caridad un tanto impulsadas por la magia del hombre que regentaba aquel lugar.
El terror se mostró en su rostro, y agachó su cabeza hasta casi tocar el suelo, algo que casi hacía de hecho. ¿Lanzaría al hombre que, por compasión, le daba algo de dinero por limpiar cuando nadie había por su propia vida? Tembló su voz cuano respondió al noble, pero del miedo que sentía sólo la sinceridad se mantenía firme, pues era aquel un grave peligro para ella, anciana ya, y para su benefactor, aún joven y de buen corazón.
Y a pesar de que no entendía la palabra perpetrar, no debería ser algo bueno y seguramente tendría que estar relacionada con la palabra hurto.
-Mi señor, mi señor, no me diga que yo vine a perpetrar, porque soy una mujer honesta y trabajadora, que donde puede consigue su alimento, sea el trabajo más nocturno o sea el trabajo más deshumano. Y el señor de estos muros me ha tenido la compasión de permitirme hacer lo que hago yo, y he venido a hacerlo como muchas veces ya, pero él es bueno y si se siente ofendido, se lo suplico que no le haga nada a él y yo me voy y nunca vuelvo, pero no diga que yo voy a perpetrar ni a hurtar, mi señor, porque yo no puedo hacerle eso a quienes me ayudan y a las buenas gentes de Paris, y mi Dios me castigaría con fuego por pagar de ese modo lo que hacen por mí.
El tono de la anciana era rápido, pero entendible, y cada vez que hablaba se notaba un poco más su desespero e intranquilidad, pues aquella noche que se aparecía pacífica, había resultado ser una noche terrible y atemorizante, de la que sus viejos huesos seguramente no saldrían bien parados.
Geoffrey - September 19, 2005 02:49 PM (GMT)
¿Qué demonios ocurría allí? Si bien es cierto que la anciana parecía una anciana normal realmente, el encargo otorgado no era para nada normal. Geoffrey dudaba, ciertamente, de algo y de todo. Si hubiera venido a limpiar se habría puesto a ello cuando el scriptorium se cierra, poco antes de la cena, y habría terminado hace mucho rato ya. Una vieja de mirada cansada no podría lograr ver algo en esta oscura penumbra, propia de una biblioteca escasamente iluminada por algunos candiles y antorchas (por miedo a que ardiese todo).
Sin embargo, debía estar mirando en la dirección equivocada a la hora de buscar entender el simple hecho de que esta anciana se encontrase allí sin que la hubiese visto nunca con anterioridad. Solo había una solución clara a todo ello.
-Levantad la mirada, anciana, que no se carguen vuestros huesos con un excesivo peso- (Presencia 1)- y ahora contadme todo lo relativo a vuestro empleo aqui (Dominación 2). Cuando os han contratado, quien lo hizo, bajo que circunstancias...-
Así, las mentiras quedarian desechadas y al menos sabría a que atenerse con esta parte del puzzle. Y en caso de que ella se asustase o algo así... bueno, el borrado de memoria siempre era una solución efectiva...
Isolda Lamartine - September 19, 2005 06:07 PM (GMT)
Lquello era ofensivo. Los círculos de protección que Isolda había lanzado nada más percatarse de que aquel ser era un cadáver andante, estallaron, mostrándole las intenciones del poderoso influjo que intentaba ejercer sobre ella.
Su rostro de anciana no cambió, por supuesto, y aceptó incluso hablar con la "verdad" como le "pedía" el muerto. Más por curiosidad que por otra cosa.
La anciana levantó el rostro bañado en lágrimas, y comenzó a relatar su historia haciendo caso de lo que el Duque le pedía, suplicando internamente que no le cortara la cabeza por ilusa.
-Hace unas lunas, mi señor, yo estaba pidiendo trabajo en una pequeña casa de estudiantes, para cocinarles o limpiar la casa, o lo que fuera. Me trataron mal, pero con razón justa porque sé que no es grata mi presencia y mi edad suele fastidiar a los jóvenes y nobles. Pasaba por allí un sacerdote, un clérigo, el Padre Esteban, Dios lo tenga en su gloria, y me escuchó suplicar y llorar por trabajo, y me trajo hasta este lugar con la promesa de que no molestara a nadie cuando aún estuvieran leyendo o estudiando. Yo limpio, yo aseo y ayudo al Padre Esteban en lo que él me diga, mi señor. Pero yo le suplico por el mor de Dios que no piense que el padre es el culpable, que si hay alguien que es culpable no es nadie más que yo, mi señor...
[FDI: Debo hacer dos aclaraciones.
1º. Narro tanto lo que la mente independiente de la anciana piensa, como lo que la mente aferrada a la anciana piensa.
2º.. Eso es completamente cierto. Isolda, al ser mujer, se ve privada de muchas cosas, pero nada le cuesta trabajar enseñando a un noble para tener acceso a ciertos clásicos, o engañar a un padre para poder estar en la biblioteca. En todo caso es cierto, auqnue es obvio que no es una trabajadora regular... :) ]
Geoffrey - September 20, 2005 02:01 AM (GMT)
Nota previa: la verdad es que no entendí a qué cuento vienen las aclaraciones, pero bueno.
Geoffrey se reclinó en el sillón ante la respuesta de la anciana. Bien, parecía que ella no tenía nada que ver en todo este extraño percal, o al menos no era consciente de ella. Pero seguía habiendo algo extraño. Pero, ¿acaso el Padre Esteban, a quien él mismo conocía también, habría contratado a alguien para robar en su propia biblioteca? No tenía sentido... Pero entonces, ¿acaso la mente de la mujer habría estado manipulada para olvidar algo que había ocurrido sin olvidar las órdenes? Ciertamente, eso era algo que él mismo estaba capacitado para hacer, pero sería demasiada complicación para algo tan bajo. Si alguien con esos poderes quería algo en concreto, tenía medidas mucho más sencillas de conseguir su propio objetivo.
Aun algo desasosegado, rechazó todo como simple paranoia. Desde que era Principe, sus ojos empezaban a ver conspiraciones en las sombras más insospechadas, y enemigos aparecían bajo simples ancianas. Y lo peor era que sabía que esos temores eran infundados, de las sombras surgían algunos de los poderes más terribles, y uno no podía fiarse de la entereza de las mentes de las ancianas para que no fuesen manipuladas y tratar de algo peligroso, o simple espionaje.
-Muchas gracias, anciana, podéis continuar con vuestras labores.-
Sin embargo, aunque quisiese, ya no se podía concentrar en el libro del todo, y su mirada aún de vez en cuando miraba a la vieja como intentando encontrar la pieza del puzzle que le faltaba.
Isolda Lamartine - September 20, 2005 12:50 PM (GMT)
NOTA previa: porque... soy algo autista. :rolleyes:
La anciana, el rostro bañado en lágrimas de desesperación, conpungida y acabada en su propia vejez, recuperó de repente la esperanza al escuchar que el Padre Esteban, bendito entre los hombres, y ni siquiera ella, indigna y baja, serían sujetos a ningún castigo por parte de aquel benefactor hombre.
Le hubiera gustado arrojarse a sus rodillas y besarlas para agradecerle su vida y su caridad, magnánimas como su título, pero pensó que de pronto lo vería como una nueva ofensa, y ahora que abía conseguido el indulto no quería perderlo, no podía perderlo.
-Mi señor, yo se lo agradezco, y Dios lo tendrá en su gloria.
Agachó la cabeza, y se puso de pie, pues sin darse cuenta las penas la habían hecho tocar el suelo con sus rodillas, y caminando lentamente como había llegado, sin saber cómo comportarse frente a aquel noble, continuó con su trabajo, apartando el polvo de las mesas y sillas, alejándose todo lo posible del Duque y haciendo su trabajo en completo silencio para no molestarlo.
Geoffrey - September 20, 2005 03:16 PM (GMT)
Geoffrey vio el alivio en los gestos de la anciana y se alegró de que no se quedase especialmente hundida por el encuentro. Conocía a muchos otros, nobles y Cainitas, que disfrutaban causando esa incomodidad en los miembros de la plebe, pero Geoffrey no era de ellos. Incluso su Sire, severo y duro como era, hubiera dejado a la mujer marcharse todo lo hundida que quedase, quizás incluso mirándola con dureza o algo por el estilo. Pero el nuevo Principe de los Cainitas no era así. Más bien al contrario, un leve golpe de sus poderes sobre las emociones (Presencia 1 o así, muy suavita) bastaría para aligerarle el animo a la anciana, y que el resto de sus días discurriesen con la tranquilidad que el vampiro había perturbado.
Al menos, hasta que hallase qué demonios fallaba en aquella escena.