View Full Version: El yunque y el Martillo

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Title: El yunque y el Martillo
Description: 24 de Julio A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - September 14, 2005 09:18 PM (GMT)

Tras un mercido descanso y una gratificante recompensa D'Artois había renovado las fuerzas para seguir con sus labores cotidianas, siendo los ojos, oídos y labios de su señora en París.

Temprano se había levantado el cruzado, para estar al alba en París, deseaba contactar con la casa Favertier cuanto antes y no deseaba esperar, aún tenía que hacer varias mandados en la ciudad.

Pronto llegó a la casa gremial, los mejores artesanos de París trabajaban allí, los mejores en la materia y la duquesa tenía la firme idea de reforzar la seguridad e incluso cambiar de refugio, es por ello que cinco largos años después se había planteado la posibilidad de volver a su antigua mansión en el centor de la ciudad, peor para ello había que rehacerlo todo tras el incendio, es por ello que aprovecharían para tomar esa excusa y reforzar la seguridad.

En esta ocasión y no con mucho placer, le acompañaba el agrio senescal de la duquesa, Vilfort.

Los dos jinetes aparecieron junto al sol de la mañana en el taller, ambos iban bien ataviados, uno de ellos portaba insignias de los caballeros de San Juan, mientras que otro iba de un negro oscuro intenso, más propio para un enterrador.

- Buen dia!

Saludó el hospitalario a un joven aprendiz de la forja. Habían acordado que sólo hablaría D'Artois, salvo en tema económicos que consultaría a vilfort, siguiendo ese plan entraron en el taller.

- Busco al maestro de la casa Favertier.

De buen humor y con sonrisa en boca preguntó al aire, entre todos los trabajadores, esperando ser atendido.


Gerard Delacroix - September 14, 2005 10:36 PM (GMT)
Compaginar el trabajo en la forja y sus estudios en Le Ictus exigia mucha vitalidad, por lo que siempre andaba algo justo en los tiempos.

Como cada mañana, se levantó con las luces del alba, tomó un ligero pero completo desayuno en el prefectorium de Le Ictus y, recogiendo sus bartulos, enfiló las calles de Paris. A esas horas ya eran muchos los que se ponian en movimiento. Gente sencilla, que acudia a sus labores como jornaleros, peones, sirvientes y mancebos. Algunos carruajes de mercancias cruzaban desde el norte hacia Sant Jacques. Los estudiantes, se movian en grupos, medio dormidos, caminando de posadas y alojamientos hacia losprefectorios de las Universitas.

Paris, estaba más viva que nunca.

Gerard cruzó el Petit Pont, pasó junto al Cuerno Rojo y prosiguió cruzando L'Ille de La Cité. Después, tras cruzar el pont de Nostre Dame, encaró las callejuelas que le llevaron junto al Hotél de Ville y de alli a la fragua.

En aquel momento pudo ver como dos caballeros de armas habian parado junto al porton y hacían su entrada en el Taller, desde fuera pudo oir con claridad la voz de uno de ellos que deseaba hablar con el Maestro Orfebre. Tal vez era algún importante encargo,¿ era posible que sus recientees acuerdos ya surgieran fruto?.

El adeptus entŕó con energía, pues su caminata ya le habia hecho entrar en calor, y con voz tambien enérgica dijo:

" ¡Señor!, ¡ Aquí teneis al maestro de esta casa!, Gerard Delacroix Maestro Orfebre, ¿Qué deseais? ¿ En qué puedo serviros?" - La sonrisa amplia del adeptus no dejaba lugar a dudas: eran bien recibidos.

Mientras esperaba su respuesta y haciendo uso de su entrenamiento hermético no dudó en catalogar, memorizar, y analizar las vestimentas y objetos visibles de ambos sujetos, asi como sus rostros. Invirtiendo en ello tan solo tres miradas de soslayo.

Elois D'Umbrelle - September 17, 2005 11:06 AM (GMT)

D'Artois se giró y junto a este Vilfort.

Una sonrisa en la boca del cruzado era el mejor síntoma de su humor.

- Maestro Delacroix

Acto seguido una reverencia por parte del cruzado ante la sorpresa del senescal Vilfort que yacía en pie impasible con rostro y miradas agrias. Completamente fuera de lugar.

- Tengo un encargo que haceos, pero gustaría de tratar en un lugar más relajado, lejos del bullicio de la forja. Si pudiéseis complacerme monsieur maestro os estaría sumamente agradecido.

Palabras corteses y el ghoul esperó tranquilo y sonriente, seguro de si mismo bajo la sombra del senescal. No importaba, ese era su terreno y él era quien sabía como actuar y tratar al maestro.


Gerard Delacroix - September 17, 2005 10:45 PM (GMT)
El contraste entre ambos hombres era evidente, mientras uno de ellos mostraba cordialidad el otro, impasible, guardaba las distancias.

"No habrá problema señores, dispongo de unas estancias al efecto donde podemos tratar del asunto de su encargo. Más, antes de acompañarles, me gustaria saber con quien tengo el gusto de hablar." El tono de gerard era cortes, y hablaba con sosiego, sin ningun indice de reproche. Tener encargos, hacer nuevos trabajos era algo necesario para mantener viva la casa favertier. Por ello cuando solicito el nombre de ambos caballeros tendió la mano a aque que hablaba, al más afable.

Elois D'Umbrelle - September 19, 2005 06:02 PM (GMT)

D'Artois cogió la mano y la apretó fuerte, mientras se presentaba con buen humor.

- Chevalier D'Artois. Maestre de los caballeros de San Juan.

Evidentemente se refería a los Hospitalarios. Luego señaló con su mano al agrio y oscuro hombre que tenía detrás.

- Aquel es monsieur Vilfort. Senescal de la señora Duquesa de Orleans, vuestra verdadera clienta.

La duquesa de Orleans era precedida por su fama, piadosa donde las hubiera, en honor a su difunto marido guardaba un profundo retiro en las afueras sometida a una ardua labor religiosa, cuyos oficios se decía comenzaban al alba y concluían al ocaso. Los hospitalarios tenían una sede allí, en su castillo a las afueras, justo donde residía desde cinco años atrás cuando perdió a su marido en el incendio de su villa en la Ilé de la Cité que casi le cuesta a ella también la vida.

Desde entonces nada se sabía de la duquesa, rumores de su piedad, escasas y lángidas apariciones en la corte, una gran riqueza comparable a la del propio rey de Francia, mas su generosidad no alcanzaba límites, cuando hacía pocos días en las calles de París, se decía que alimentos provenían de sus haciendas del norte para paliar así parte del hambre en la ciduad. También se hablaba de su belleza y carisma, una dama singular donde las hubiese.

D'Artois, supuso que aquel maestro orfebre se habría hecho ya una idea de la importancia de la dama en cuestión, de concedió algo de tiempo para que pensara en ello y luego lo interrumpió.

- Después de vos, monsieur maestro, vos conceis el camino.

El talante de Vilfort para nada había cambiado, seguía serio y callado, dejando hacer y muy bien por cierto, al cruzado.


Gerard Delacroix - September 21, 2005 12:38 AM (GMT)
En poco tiempo dos duques. El destino a veces hacia extrañas jugadas.

El señor d'Artois, un caballero hospitalario al servicio de la duquesa, aunque Gerard ya habia reconocido el uniforme que en ocasiones viera tambien a Don Aloissius.

Vilfort, el Senescal, era el hueso duro de roer que protegería los intereses de su señora y que minaria las negociaciones en cuanto al coste de los servicios.

El pensamiento de Gerard voló: "Las ruedas del engranaje giran, los conceptos como en un mosaico encajan y conforman una realidad sensorial, pero debo ir más allá. [regret 'i gist chan 'r deimladau]" Las poderosas palabras del adeptus abrieron todos sus canales mentales y estaba atento, perceptivo, empático. (CORONA 2).

" Es un placer tenerles aqui Maestre d'Artois y Monssieur Vilfort. ". Gerard Delacroix, continuó con energia.

Cruzó el patio donde, todavía a ralentí, los operarios de la fragua se movian de los pequeños almacenes a los talleres trajinando piezas de material virgen. Después, por una acceso lateral, a través de la pared del ala derecha, y subiendo una escalinata alcanzaron una estancia en penumbra. Gerard penetró sin miedo, pues conocia los pormenores del mobiliario y se habria movido a ciegas allí si hubiera sido menester. Se acercó a los postigos interiores de las ventanas y con un par de maniobras los liberó, permitiendo el paso de la luz a raudales. Tra un leve acomodamiento de sus retinas, los tres hombres vieron la estancia. Un alargado salón con unos sencillos sofas y mesitas de camilla en el centro. Todas las paredes estaban recubiertas de obras de orfebreria, muchas de ellas muy antiguas. La sensación que se producia era la de estar en una sala del tesoro, y así era.

" Por favor caballeros, tomen asiento mientras dispongo que nos traigan algo que nos reconforte mientras charlamos." Con rapidez Gerard salió por la puerta y se ausento unos instantes, tras los que volvió sonriente y se sentó en el sofá.

"¿Bien, ustedes dirán?"

FDI: Uso corona 2 para percibir sensaciones empáticas sin invadir sus mentes, solo pretendo captar estados de ánimo, verdades y mentiras. Si he de tirar. Falta por determinar dificultad.

Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 09:07 AM (GMT)

[FDI:
Vilfort: Está reticente, es antipático y no le gustas nada, ni la situación ni Gerard ni D'Artois. Envidia y odio arraigado en lo más profundo de su ser, al igual que intrnasigencia. La tensión es predomiante en su aura, pues no le gusta el sitio.

D'Artois: Nobleza, la pureza de este caballero es natural y mana de su propio corazón, sus palabras son sinceras consonantes con sus actos. No encierra ningún mal en su sentir, mas está contento e ilusionado con la visita, por los motivos que fuera. Relajación y cordialidad emana el aura que envuelve al caballero.

No sé si con esto basta, o no, o si es eso más o menos lo que buscabas. juzga según los éxitos. En caso de ser otra cosa lo que buscas hazmelo saber y edito.]


- El palcer es todo mío maestre Delacroix

Replicó el cruzado enérgico también mientras seguía al magus indicando al senescal que hiciese lo mismo.

Una vez en el destino, D'Artois dio las gracias y no dudó un momento en tomar asiento y acomodarse placenteramente sobre este, mientras que Vilfort, permaneció de pie, tras el hospitalario, sus ojos desprendían un desdén inusual, siendo descortés a más no poder.

D'Artois lo miró de reojo, observando al falta de tacto de éste, por momentos su cara cambió de jovial a enfado, mas se templó de inmediato y echó a reir. Sonoras carcajadas que resonaron con eco en la habitación, para incremento de la furia en el callado Vilfort. Después se dirigió a Delacroix, esperando haber relajado así algo de la tensión que el senescal llevaba consigo donde fuera.

- Debeis disculpad a mi buen Vilfort, pues no está muy versado en la cortesía.

Varias carcajadas más, mientras el senescal miraba con furia y desprecio al cruzado, siendo tal su ánimo que sólo por contradecirle tomó asiento, lo cual no generó más que otra cosa nuevas carcajadas en el cruzado.

Ya calmado de su ánimo, se tornó más serio, debían tratar asuntos importantes.

- Muy bien, maestro Delacroix, como sabreis madame D'Umbrelle mora en el castillo que posee en las afueras. Sin embargo querría volver a París y precisa recontruir la villa que quedó incendiada años atrás. Es por ello por lo que precisa vuestros servicios.

Una pausa, mientras su estómago rugía con la furia de un oso rabioso provocando más carcajadas en éste.

- Debe disculpadme, el ayuno reocnforta el espíritu pero no el estómago.

Acompañó por una sonrisa su disculpa, evitando lanzarse a carcajada limpia otra vez.

- Para evitar que ocurriese un desastre como el que costó la vida a su esposo, la duquesa quiere encargar la reconstrucción a los mejores maestros de París, es por ello que nos encontramos aquí.

D'Artois se sonrió de nuevo, pues la simpatía era una de sus mejores virtudes y quizás el maestro debía preguntar en que consistiría su trabajo, o ya se ahcía una idea al respecto.


Gerard Delacroix - September 24, 2005 08:24 AM (GMT)
[ FDI: Perfecto. Es justo lo que deseaba captar. Muy bien. En principio no pretendo influir empáticamente, por lo que solo capto sus estados anímicos. Si se produce algun cambio de estado de ánimo no visible por lenguaje corporal o alguna emoción encubierta deberás notificarmelo. Gracias.]

Gerard no pudo evitar inclinar su simpatia hacia el caballero D'Artois, mientras que Vilfort le causó mucha curiosidad.

Del mismo modo en que su interlocutor le hablaba, Delacroix dejó brotar su natural jovialidad , cosa comun entre los habitantes del prepirineo frances.

" Bien, bien! Me hago cargo de la envergadura del proyecto. Mas intuyo que se requieren construcciones fuera de lo comun, por la seguridad reforzada ¡claro!. Y no os disculpeis por vuestros intestinos porque...."- dejó en suspenso la frase, pues en ese momento uno de los mancebos de la casa favertier, entraba por la puerta con una bandeja donde unos sencillos portillos de loza , una jarra con vino y unos bollos de pan blanco caliente se codeaban con unos pedazos de queso curado. -"....ahora mismo le ponemos remedio"- Gerard se levantó y se dirigió al muchacho:" Muchas grácias Martín, puedes dejar la bandeja aquí, yo mismo serviré a estos señores"- y asi fué, el propio gerad escanció el vino en los portillos y ofreció a los dos hombres que se sirvieran pan y queso.

" Señores, es un almuerzo sencillo, pero las austeras costumbres de la frágua asi lo exigen."- tras lo que él mismo tomo un sorbo de vino y prosiguió -" Volviendo al ausnto que les trae aquí, ¿ Tienen usted idea más detallada de la magnitud, calidad y especialidad de los trabajos a realizar?"

Gerard volvió a quedarse a la expectativa, especialmente interasado en la reacción de Vilfort ante aquella situación tan poco refinada.

Elois D'Umbrelle - September 24, 2005 11:47 AM (GMT)

La sonrisa de oreja a oreja en el cruzado brotó natural al contemplar los manjares que pese a su simpleza así resultaban al hambriento caballero.

- Con vuestro permiso.- Preguntó siempre cortés antes de coger un panecillo y algo de queso para llevárselo a la boca.

Entre tanto, el distante Vilfort permanecía inalterable en gestos y pose, con talante algo más refinado rehusó tomar aquello que a su discrección era comida de plebeyos, acercó su copa, pero todo quedó ahí, dudando de la calidad del néctar de la uva que pudiese tener Gerard en sus bodegas.

Un par de bocados de D'Artois y habló.

- Disculpad monsieur Delacroix, podríais ofrecer a este pobre cabellero algo de agua fresca, pues me temo que el vino queda reservado para la misa en mi haber.

No echó en cuenta nada de lo que Vilfort hacía o despreciaba, estaba acostumbrado a lidiar con él, mas sus desplantes sólo eran la comidilla de cada día.

- En relación a la obra en cuestión, cierto es que es grande, pero alcanza magnitudes mayores monsieur... pero antes, quizás podais facilitarme el nombre de algún arquitecto de renombre, alguien cuya calidad se asemeje a la vuestra, pues no querría crear discordias en la nueva construcción del palacio de la duquesa.

Las palabras de D'Artois, no variaron en sinceridad, sin embargo auguraban que habría algo más fuera de lo común en el encargo, pero de momento tendría esperaría a revelarlo, aunque la demora no parecía excederse más del medio día...


Gerard Delacroix - October 1, 2005 11:37 PM (GMT)
¡ Que torpeza, señor D'Artois!- aunque Gerard sabia perfectamente que los caballeros hospitalarios no bebian vino fuera de la homilía, forzo la situacion para poder dejar solos un momento a sus visitantes - ahora mismo regreso con agua. ¡No se muevan por favor!

El orfebre salió de la estancia, pero por el trayecto preparo su cuerpo, uso la palabra y dijo, como apenas un susurro, "muto audio"(Anima 3), de este modo y forma transforma su oido aumentando su capacidad y permitiendole oir más allá de los límites humanos y orientar su oido en la dirección deseada.

Bajó las escaleras y llamo a Martin desde la puerta para que trajera un cantarillo con agua. ósperó abajo y centro su escucha en los dos hombres que acababa de dejar.

Elois D'Umbrelle - October 11, 2005 11:36 AM (GMT)

Cuando el mestro orfebre salió a por el agua, para sorpresa de los hombres, sólo econtró una sonrisa en el hospitalario disculpándolo, tal como una mirada fugaz entre desdén y desaprovación por Vilfort.

El cruzado seguía comiendo, tenía buen apetito... pero Vilfort impasible exclamó con desaire.

- No me gusta.

Nada dijo D'Artois, sólo lo miró mientras daba un bocado. El senescal prosiguió.

- Esta casa no es lo que era antes, como dije ya a la señora duquesa en Reims existe un excelente arquitecto.

Sus palabras eran colmadas por la resignación.

- Deberíamos ir allí.

Eso sonó más como orden que otra cosa. Pero el cruzado lo sonrió.

- Monsieur Vilfort, de sobra sabemos del arquitecto de Reims, pero madame no desea desestimar ninguna opción... - Un bocado interrrumpió su charla- sólo estamos aquí para tener un presupuesto, si no nos satisface, iremos a otro...

El senescal escuchó en silencio, absorto en sus pensamientos, pero algo más sosegado, el cruzado con su razocinio y carisma habitual había mitigado un poco el disgusto de Vilfort.

No hubo más palabras, el mismo clima que dejara al partir encontraría Delacroix al regreso, aunque quizás algo más relajado por parte de Vilfort.




Gerard Delacroix - October 14, 2005 11:04 PM (GMT)
Gerard escucho, la conversación entre D'Artois y Vilfort. Aunque se perdió algun detalle entendió perfectamente ante qué situación se encontraba. De repente llegó Martn con el cantarillo de agua. El Orfebre lo recogió y subio presto las escaleras. Hacia poco que habian terminado de hablar.

¡ Bueno, Bueno!, ¡Ya estoy aquí!, como verán la actividad en los talleres no cesa y desde el más joven aprendiz al maestro orfebre asumimos la responsabilidad de realizar nuestras tareas más aquellas que fueran necesarias, incluso ir a buscar un cantarillo de agua.

Gerard escanció agua del cantarillo en el portillo de monsieur d'Artois y tambien en el del señor Vilfort, pues vió que no habia querido vino.

¡Bien! Esto está mejor . ¿ Por donde íbamos? ¡Ah si!. El arquitecto. ¡Dios me libre, señores, de recomendar a alguno de sus miembros por encima de los demás ¡ Les aseguros que son todos ellos competentes, más si buscan experiencia y buen hacer, hablen con el viejo Andre Sangcrat del gremio y constructor de Notre Dame, los conoce a todos. Yo particularmente les aventuro, que no hay quien supere el arte de la casa Favertier en Paris, por lo que siempre quedará perfectamente conjuntado nuestro trabajo con el del arquitecto que escojan.

Gerard esperó a que los invitados comenzasen a opinar sobre lo que habia dicho, antes de aventurarse en otros derroteros.

Elois D'Umbrelle - October 17, 2005 09:09 AM (GMT)

D'Artois agradeció el agua y en seguida tomó el líquido de un trago para refrescar el gaznate. Despejadas su garganta, procedió a emitir un juicio, ante la falta de oratoria en el senescal.

- Monsieur Delacroix tened a buen seguro que seguiré vuestro consejo.

Sonrió cortés, pero después se hizo el silencio mientras el cruzado pensaba como formular su siguiente pregunta sin que esta sonase extraña, aunque para sorpresa de ambos Vilfort abrió la boca.

- ¿Cuales son vuestros precios monsieur?

Replicó con el habitual desdén el senescal. Pronto Delacroix descubriría que esa era la personalidad de Vilfort y que a todos trataba por igual. Mientras D'Artois quedó perplejo por lo desafortunada que resultaba la pregunta a esas alturas de la conversación.




Gerard Delacroix - October 17, 2005 07:07 PM (GMT)
Gerard agradeció la cortesia de d'Artois con una leve inclinación de cabeza, pués es agradable que se consideren nuestros consejos, pero no estaba preparado para la directa y angulosa voz del senescal, tan falta de tacto como de emoción. Aunque si estaba preparado para la pregunta.

" ¡Vaya! es usted bastante directo, monsieur Vilfort, asi que le voy a decir que cuando salga, si lo desea, puede hablar largo y tendido con mi capataz, el señor Fabrice Lamark, que atesora en su memoria la larga lista de trabajos tipificados y sus precios, incluyendo las variaciones segun la calidad escogida. Pero antes permitame que les haga un pequeño juego". Intencionadamente Gerard hablo con cierta condescendencia, pero sin desden, y al final puso un tono intrigante. Antes de que pudieran decir nada, con suma rapidez Gerard colocó una pequeña caja de roble tallado, repujado y rícamente decorado, que estaba bajo el asiento, encima de la mesa. Con delicadeza abrió la tapa, que deliberadamente ocultaba el contenido, e introdujo ambas manos. Exrajo algo oculto a los ojos de los visitantes y comenzó a hablarles:" !Respondan a mi pregunta¡, ¿Cual de estos dos objetos tiene mayor precio?", en ese instante giró las dos manos y sobre la izquierda sopesaba un trozo de plata pura, sin fundir pero bruñido, mientras que sobre la derecha aparecia una extraordinaria cruz hecha en plata, trabajada con los mágicos crisoles del adeptus, pero sin atesorar ningun tipo de mágia, excepto la mágia de la belleza, harmonia y brillo angelicales que Gerard había plasmado en la obra. Con el rostro afable y muy serio el adeptus quedó esperando la respuesta.

Elois D'Umbrelle - October 17, 2005 07:40 PM (GMT)

Apunto estaba D'Artois de corregir la desfachatez del senescal y excusarse con el maestro orfebre cuando este lo cogió desprevenido. El mastre hospitalario había pasado años en arabia y los acertijos así como los juegos mentales le gustaban y mucho.

Emocionado y entusiastacontempló con detenimiento, reparando toda su atención, centrando cada uno de los sentidos en los malabares del orfebre, por contra Vilfort seguía con desinterrés y desdén, siendo la antítesis del cruzado, una mueca de disgusto en su austero rostro, reflejaba tales síntomas.

Los ojos brillantes de D'Artois fueron interrumpidos por sus palabras.

- La cruz monsieur, sin dudarlo, pues además de ser de plata representa el símbolo del cristianismo, donde Nuestro Señor pereció para salvación de los hijos de Dios, es por tanto que el valor religioso incrementa el material considerablemente.

D'Artois se pausó, aunque creyó más ético añadir un par de frases de alavanza, tal vez así suavizara el ambiente de la impertinente pregunta de su acompañante.

- Por supuesto, además presenta un labrado exquisito, eso también da valor a la pieza.

Y se sonrió mirando a Delacroix antes de servirse el mismo un trago más de agua, debía reponer saliva.

- ¡Puff!

Vilfort lanzó un turbio sunido ante la acometida del cruzado, desvaliendo así sus conjeturas, por suerte el buen ghoul ya estaba acostumbrado a éste y no prestaba mucho caso.


Gerard Delacroix - October 18, 2005 05:50 PM (GMT)
Gerard no pudo evitar sonreir. No le sorprendio la reacción de D'Artois, era un hombre cuya naturaleza no pasab adesapercibida. Es más se sintio a gusto con la respuesta del hombre. Pero lo que queria Gerard era la respuesta de Vilfort.

" Vuestra nobleza os loa, maese D'Artois, pues vos aunais precio y valor y es algo que en ocasiones resulta dificil reconciliar. Os agradezco vuestra sinceridad, más, sin despreciar vuestra respuesta, que no os niego que me agrada, os dire que deseo escuchar la opinion del caballero Vilfort, que tan dispuesto se ha mostrado a tasar la idoneidad de mis obras por su precio y no por su valor." Esta vez el joven practicos fue girando el tono de su voz sutilmente, hasta acabar con cierta rudeza y encarandose con fuerza en la mirada hacia Vilfort. Despues acerco los objetos hacia él con un movimiento pausado pero firme.

" La osadia de que pregunta se mide con la audacia del que responde"

Elois D'Umbrelle - October 18, 2005 08:06 PM (GMT)

D'Artois ni se inmutó, aunque siguió pensando en el enigma, suponiendo que no había dado la respuesta correcta, por otro lado también quería conocer la opinión de Vilfort, así que lo miró atentamente.

Vilfort, era el centro de atención, no le importaba, disfrutaba con ello y ya que su respuesta pedían, la daría.

- Ambas tienen el mismo precio. Pues tienen las mismas dimensiones y son del mismo material, si las fundiésemos obtendríamos el mismo resultado.

Y miró con desprecio a los ojos que tan acusadoramente lo miraban, tanto al timorato cruzado como al insolente mercader de metales.




Gerard Delacroix - October 18, 2005 08:38 PM (GMT)
Vilfort mostró su esencia. Realmente aquel hombre habia perdido el gusto por la vida y no debia encontrar consuelo en nada , ni tan siquiera en la muerte.

Aunque se quedó perplejo ante la respuesta, todo era parte de su, tantes veces representado, juego.

¡ Gracias por su sinceridad señor Vilfort!, ahora veo el calibre con el que usted mide mi trabajo.

¡Bien señores!, pemítame d'Artois que le obsequie a su Señora con aquello que vos habeis visto aqui. Tomad la cruz, y entregadle no solo el objeto sino el valor que habeis descubierto en el mas la muestra de buena voluntad de la Casa Favertier, expresadle asimismo mi más encarecido deseo de acometer los trabajos que desee encargarnos.

Y vos, señor Vilfort, tomad esta muestra de plata, su calidad es excelente, mostradla a vuestra Señora como prueba de que habeis encontrado aquí algo que realmente satisface sus expectativas y cumplid con vuestro encargo de contable. Pero decidle, que no deseo volver a hablar con vos y que si vuestra mision es tratar los precios lo hareis con el señor Lamark, intendente de esta casa. Espero no volver a verle.

Ahora, si me permiten, tengo asuntos que atender.


Gerard les hablo rápido a modo de corolario de la conversación y en su última frase fué tanjante. No dejo de dedicar sonrisas y gestos de cortesia para D'Artois mientras que no fijo su mirada ni una sola vez en el señor Vilfort. Se levanto y esperó de pié.

Elois D'Umbrelle - October 18, 2005 08:54 PM (GMT)

Y se cumplieron las predicciones del cruzado, Vilfort ofendió al maese orfebre, le tocaba a él como siempre arreglar el estropicio. Se puso en pie y habló al senescal, cordial, pues nunda mostraba mala cara, ni tan siquiera a los feos de su acompañante que también lo incluían a él en ocasiones, lo sufría más que nadie si cabe, no por nada sino porque su roce con Vilfort era constante, mayor del deseado. Quizás fuera una penitencia por sus pecados.

- Monsieur Vilfort, entrevistad al intendente Lamark por favor.

Su voz sono tajante, imponiendo su autoridad, pues él tenía el mando después de todo.

La mirada de odio en el senescal se hizo fulminante, si las miradas matasen y ello dependiera de Vilfort, tanto D'Artois como Delacroix habrían agonizado de la peor de las pestes agonizando hasta el último suspiro. No obstante obedeció y partió, sin tomar el presente de manos del orfebre, al menos se marcharía con un último desplante.

D'Artois, pasó de tajante a conciliador, recogiendo con cuidado su presente primero y con una sonrisa cómplice el del senescal acto seguido.

- Gracias, seguro que madame, sabrá valorarlo, os anticipo sus gracias también y espero que podamos llegar a un acuerdo, pues me sois simpático por contra de Vilfort, lo cual me agrada aún más, aunque sin ánimo de ofenderos...

Agradeció el presente y bromeó un poco con Vilfort, tratando de suavizar el ambiente.

- Debeis disculpad a Vilfort monsieur, tubo una infancia dura.

Sus palabras podrían ser o no ciertas, no lo sabía, pero lo pensaba, era la única explicación a su comportamiento.

- Sin embargo antes de partir quisiera tratar un último tema, del cual ni el senescal debe estar al tanto.

Su voz fue menguando hasta alcanzar susurros, mientras una mirada pícara asomaba en su rostro.




Gerard Delacroix - October 18, 2005 09:11 PM (GMT)
Tras la reacción de D'Artois , el orfebre estuvo casi seguro de que era él quien lideraba. Pero siempre podria ser una artimaña para ganarse su simpatia, esta última reflexión provenia de su entrenamiento hermético de pensamiento en varios niveles. En todo caso esperaba que se fueran, pero D'Artois se acercó , y le hablaba en susurros reclamando un sumo secretismo, que intrigó y alertó por igual.

¡Vos direis! ¿ de que se trata ese tan secreto o delicado tema? La voz de Gerard tambien habia bajado y susurraba con D'Artois.

Elois D'Umbrelle - October 18, 2005 09:30 PM (GMT)

El ghoul carraspeó un poco antes de proseguir.

- Es un asunto delicado, pero creo que recurro a la persona apropiada.

Los brazos de D'Artois se cruzaron sobre su torso, adquiriendo una pose más seria.

- Consiste en crear una habitación prácticamente hermética, con dos puertas, una en cada lado, mas una de ellas sólo se abriría desde dentro, ambas blindadas por supuesto, como el resto de la habitación.

Una pausa.

- Hasta aquí no encuentro mayor dificultad para alguien como vos, pero además... y aquí está la complejidad, debe ser ignífuga.

El ghoul miró con un extraño brillo a los ojos del maese orfebre, lo que pedía era sumamente raro y era consciente de ello.


Gerard Delacroix - October 18, 2005 10:32 PM (GMT)
EL adeptus iba asimilando y a la vez se mesaba la perilla. Pero ciertamente no pudo evitar alzar una ceja cuando el caballero hospitalario le dijo que debia ser ignífuga. Más no era aro desear una hbaitación del tesoro donde guardar valiosas acuñaciones y objetos lejos del dañino fuego.

Gerard habia trabajado en cofres y arcones ignífugos, y sabia que aunque el material metálico del arcon podia hacerse muy resistente y con un punto de fundencia que requeria el calor de un horno mágico, el material por sino bastaba, pues transmitia calor al interior y acababa deteriorando su contenido, incluso incinerandose. Por lo que la estancia debia ser de roca o ladrillo refractario de muy alto grosor y las puertas tambien, en cualquier caso se requeria mágia para o bien aislar termicamente puertas normales o para forjar un material capaz desoportar el peso de la puerta, cuestion por la que la mente del orfebre optaba.

¿Solamente ignífuga, o tambien debe evitar que el calor altere su contenido? ¿ Las puertas deben ser convencionales o pueden ser puertas de roca?. En cualquier caso es posible hacerla, pero deberé trabajar codo con codo consu arquitecto y el maestro cantero de la obra, la perfección requerida deberá ser supervisada por mí.

Nuevamente se dirigió en susurros, la convicción en que podia hacerlo era total. Además le habia gustado aquello de hacer un cuarto "hermético".


"El trabajo bien hecho se termina por el techo"

Elois D'Umbrelle - October 18, 2005 10:46 PM (GMT)

D'artois se arrascó la barbilla, bien afeitada pues un hombre de su posición no cometía descuidos en la imagen, pero lo propuesto escapa a sus límites cognoscitivos.

Por fin, respondió, no sin dudas.

- Supongo que debe evitar que el calor altere también el contenido.

- Aunque no creo que halla problema en que trateis con arquitecto y maestros, todo debe quedar en el más absoluto secreto y nadie salvo vos y yo debe saber de esta cámara, pues como supondreis estará destinada a lo evidente...

Y quiso salir al paso, eludiendo a una camara del tesoro, mas las intenciones de la duquesa serían otras...

- Por supuesto, madame D'Umbrelle comprende que tanto vuestra discrección como pronta culminación llevan asociada una plusvalía.

Sonrió afable, esperando que la generosidad de su señora fuera más que suficiente para sellar la boca del maestro.


Gerard Delacroix - October 19, 2005 10:53 PM (GMT)
Mi discrección esta grantizada, y por supuesto sin coste alguno, pero trabajar en secreto con arquitectos y maestros canteros sera costoso.

El joven orfebre, con extrema cautela, se dirigió de nuevo a D'Artois.

Pero los detalles deberan ser trabajados con vuestra Señora, para ceñir la cámara a sus necesidades ¿No lo creeis asi?

Estaba intrigado por la señora Elois D'Umbrelle, que tan dispares hombres habia enviado a interesarse por sus trabajos.

Elois D'Umbrelle - October 20, 2005 12:26 PM (GMT)

Asintió D'Artois con la cabeza a la vez que respondía.

- Desde luego Mastro Delacroix, madame deberá ultimar todos los preparativos con vos antes de iniciar cualquier trabajo.

El ghoul se pausó.

- Desgraciadamente la agenda de Madame está muy apretada, pero quizás os podría hacer un hueco en la media noche del dieciocho del próximo mes.

Y Esperó la respuesta del orfebre, atento y a la vez preocupado por cuan incómoda sería la recpeción en la noche, además de cuan extraña le pareciese la propuesta.

Gerard Delacroix - November 1, 2005 12:56 PM (GMT)
Otro encuentro con otro noble, y por la noche. ¿qué tipo de vida les exigía la corte parisina que debian recibir por la noche ?, pero no debia echarse para atras.

" ..una habitación secreta e ignífuga, una dama con vida nocturna, que misterios encierra la casa de Orleans..." El pensamiento de Gerard se volvia cauto. Tal vez debia ser más precavido.

" Señor D'artois, será un honor para mi personarme en el castilo de vuestra señora a la hora indicada"

Gerard se inclinó levemente en señal de aceptación, y respeto.

Elois D'Umbrelle - November 8, 2005 11:57 AM (GMT)

D'Artois sonrió y correspondió la reverencia.

- Que así sea pues. Nos veremos pronto monsieur.

Y caminó hacia la salida, aunque justo antes de partir en busca de Vilfort dedicó otra frase al maese.

- Que Dios os proteja, maestro Delacroix.

Acto seguido fue en busca del senescal que estaría incordiando a uno de los hombres de Delacroix con sus impertinencias habituales.

Cuando los dos hombres de la duqeusa estuvieron juntos de nuevo se dispusieron a partir.

FDI: He modificado la fecha de encuentro que puse en la respuesta anterior con motivo del cambio de fecha mínima, aunque podríamos dejarlo como estaba y ponerlo como flashback, como veas...





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