View Full Version: 4-8-1.225 Buscando respuestas en los muertos

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Title: 4-8-1.225 Buscando respuestas en los muertos
Description: Cementerio S. Genevie. (privado)


Herio - September 14, 2005 09:30 AM (GMT)
Era una noche más en Paris. Era una noche más en el cementerio de San Genevie. O tal vez no …. Una sombra oscura se movia entre las lápidas con la caida de la noche. Conocía perfectamente el entorno, y ninguno de los peligros presentes en el cementerio para los no deseados, le molestaban siquiera. Hoy era el día que su maestro esperaba. Un entierro esperado desde hacía algunos días. No sabía porqué, pero no le importaba. Solo sabía que mientras sirviera a su maestro, nada habría de temer de la oscuridad de la noche entre las frías tumbas. Además, aquel extraño bebedizo que le proporcionaba, le hacía sentirse mejor, más fuerte. Obedecería cada uno de sus deseos por extraños que estos fueran.

Era una noche en la que las nubes ocultaban la luna y las estrellas. La oscuridad era casi absoluta. Podía tocarse incluso. Un pequeño candil de cera rompía aquella insondable oscuridad con su luz. Una luz que no llegaba más de unos pocos pies.

Tenue.

Mortecina.

Insignificante ante tanta negrura.

En la otra mano llevaba su herramienta de trabajo más importante. Una pala de hierro con mango de madera seca y vieja. Se tapó más con sus ropas. No era una noche especialmente fría, pero siempre parecía que la temperatura del cementerio era mucho más baja que la del resto de la ciudad. Además, arrebujarse en sus ropas era en si, un acto simbólico, casi ritual. Como si aquellas harapientas ropas de lino de dudosa calidad lo fueran a proteger del peligro, o de la propia noche….

Llegó junto a la tumba que buscaba y posó el viejo candil en la lápida contigua. La tierra bajo sus pies estaba removida. Por él mismo. Esta misma mañana había dado sepultura a aquel pobre desgraciado. Apenas cuatro personas habían acudido a despedirse de él. Pobre diablo. Levantó la pala por encima de su cabeza y comenzó a cavar. No tardó en oir el ruido de la madera al chocar con la punta de la pala. Quitó el exceso de tierra de encima de la tapa del tosco ataúd formado por una serie de tablas de madera torpemente unidas. Pocas familias podían permitirse más que eso. La mayoría eran enterrados directamente, apenas envueltos en un sudario. De entre sus ropas sacó una palanca de hierro y la usó para levantar la tapa. El crujir de la madera le sobresaltó. En la silenciosa noche, el sonido parecía amplificarse hasta lo alarmante.

Imaginaciones suyas.

En su interior, se encontraba el cadáver de un hombre joven. Su cara se había transformado en una horrible mueca en el momento de su muerte. Pobre diablo.

Cargó sobre sus hombros el cuerpo sin vida, y se dirigió a uno de los mausoleos más apartados del cementerio. Uno de planta circular de aspecto antiguo y tomado por las plantas. Dejó con cuidado el cadáver en el suelo y regresó a volver a cerrar el agujero que acababa de hacer. No había sido del todo una mala noche. Su maestro no estaba interesado en las pertenencias de los muertos. Le dejaba quedarse con lo que encontrara. Y aquel joven tenía unas botas que parecían de su talla.

Después de todo ….. no había sido una mala noche…

Herio - September 14, 2005 09:56 AM (GMT)
Herio se encontraba en su estudio privado. Estaba a punto de comenzar unas investigaciones y rituales cuando recibió telepáticamente la imagen de su fiel ghoul desenterrando un cuerpo. Llevaba varios días esperándolo. Cuando este depositó el cuerpo enfrente de la puerta de su mausoleo, Herio dejó lo que estaba haciendo, y subió a buscar el cadáver.

Su aspecto no era ni remotamente parecido al que había visto nadie en esta ciudad. Reconocer al afable erudito en su persona en estos momentos sería difícil de no ser por su barba grisácea.

Su cuerpo no estaba cubierto por sus habituales pesadas y largas ropas oscuras. Apenas estaba cubierto por unas tiras de tela que dejaban ver lo que nadie habría esperado. Su cuerpo era fibroso y enjuto. Delgado sin llegar al extremo y con todos sus músculos bien marcados. Pálido y frío, incluso para un vampiro. Pero no era eso lo más inquietante de su aspecto…..

Su blanca piel estaba cubierta de heridas de diversa índole y antigüedad. Una enorme raja cruzaba su pecho horizontalmente y estaba cosida con grueso hilo de aspecto áspero. En algunas partes, su piel estaba cortada en formas rectangulares que dejaban a la vista el tejido muscular. O en algunos casos…

.... el hueso.

Más heridas cosidas o sin coser, regeneradas o sin regenerar, a fuego o a cuchillo…..dejaban pocas partes de su cuerpo intactas. Su rostro y sus manos eran las únicas excepciones visibles en su macabro aspecto. La cosa no terminaba ahí…..

Pinturas rituales blancas y negras cubrían su rostro y partes de su cuerpo, aún por encima de las heridas. Su rostro parecía una mascara horrible que asemejaba al propio rostro de la muerte.

Herio.

Todos conocían su “nombre”. Pocos conocían el porqué.

Herio, La Muerte…..

Incluso su señor Trang Oul y los demás miembros del clan, verían sus investigaciones como algo macabro e inhumano. Era el único seguidor del camino de los huesos de la ciudad de Paris. Llevaba el estudio de la muerte y sus consecuencias un paso más allá que sus compañeros de clan. Aún siendo capadocios como él, no le llegaban a comprender.

No le importaba.

Abrió la puerta de su mausoleo y dio una orden mental para que uno de sus sirvientes recogiera el cuerpo del joven. Un cadáver animado de un hombre mayor de aspecto putrefacto y sin entrañas, ojos o cualquier tejido blando en el cuerpo, llegó para cumplir sus deseos.

Bajó de nuevo a su estudio seguido del antinatural sirviente que cargaba con una siniestra “ternura” el cadáver del hombre.

Era el momento de empezar……




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