Title: Máximo, mi señor
Description: 25/08/25
Eleonora - September 8, 2005 01:41 PM (GMT)
Alix roncaba sonoramente dentro del carruaje. No era el único ruido que rompía la tranquilidad del suburbio: Las piedras que hacía saltar las ruedas del coche, los cascos de los caballos castigando el suelo. Aquél era un viaje muy diferente a la escapada de un par de noches atrás rumbo al castillo de la Duquesa D'Umbrelle.
Se miró las manos. Por dentro de ellas corría la sangre de Álvaro Yáñez. Cuando le pidió el favor de ir a París ella no pudo, no quiso negarse. Y ahora volvía a estar enfangada en uno de los ardides de su sire.
Qué pálidas eran sus manos a la luz de la luna. Eleonora las observaba distraída, confiando en que la carta que avisaba de su visita no se hubiese visto retrasada o perdida por alguno de los conflictos que azotaban toda Europa.
El coche se detuvo con brusquedad. Silencio de pronto y, de nuevo, los resoplidos de Alix. Eleonora bajó sola y caminó sola el pequeño trecho que la separaba de la Abadía. Como compañía le sobraba el recuerdo de Castilla.
Golpeó la madera de la puerta con el puño. Ella recordaba haber conocido a Constanza hacía ya tiempo. No creía que la recordase pero seguro que a Álvaro sí. Y con eso servía.
Maximo Constanza - September 9, 2005 11:12 AM (GMT)
Unos golpes resonaron en el portón de la abadía, casi perdidos en la quietud de la noche de no ser por un atento novicio que desempeñaba sus tareas cerca de la entrada. Con premura acudió a las puertas, dispuesto a retirar los enormes pasadores que velaban por la seguridad del recinto. Una vez abiertos observó que una dama de una tez inusitadamente pálida aguardaba pacientemente ante él. Con un leve gesto de recibimiento se dirigió a ella:
- Buenas noches, madame. ¿En qué puedo servirla?- preguntó el joven con su habitual actitud servicial-.
Eleonora - September 9, 2005 01:04 PM (GMT)
La chica -pues no merecía otro nombre- sonrió con amabilidad, guiñando unos grandes ojos pizarra. Tenía un aspecto relajado y amigable y, por qué no, extranjero.
-¡Buenas noches!-Exclamó con un poderoso acento español. Efectivamente, no era francesa. Pero tenía una voz tan agradable que era fácil perdonárselo.
Miró a su interlocutor con curiosidad durante dos segundos, quizás menos. Y la sonrisa seguía allí. Aquella era una fantástica noche para sonreír.
-Estoy buscando a Maximo Constanza y me pregunto si podrías ayudarme. Somos parientes, ¿sabes?
Bueno, en cierto modo no mentía: una parte de su sangre -la más poderosa, la más apreciada-, les unía en un extraño vínculo.
Maximo Constanza - September 9, 2005 01:30 PM (GMT)
El joven se mostró sorprendido ante tal afirmación, no había oído nunca que el señor Constanza tuviese parientes, aunque tampoco debería ser tan extraño, se dijo a sí mismo el novicio.
- Por su puesto, madame. Será un honor para mí guiarla hasta una sala donde pueda esperar al señor Constanza confortablemente. Por favor, sígame si es tan amable.
El joven aprendiz giró sobre sus talones y se encaminó hacia el centro de la abadía, una imponente construcción religiosa que se decía que era la más antigua de París. Una tumba de reyes en otros tiempos y una cuna de sabiduría en el presente, gracias a la grandiosa biblioteca de antiguos manuscritos heredados de los monarcas merovingios. Aunque tal cosa era conocida por muy pocos elegidos, sólo aquellos que Maximo consideraba dignos de su confianza.
El novicio se internó con pasos decididos en el interior de la estancia y de no ser porque la dama lo seguía de cerca seguramente se habría perdido. Los pasillos y las habitaciones se entrelazaban formando un laberinto enrevesado que desembocaba en la más absoluta desorientación. De repente, el improvisado guía se detuvo ante una lujosa puerta de madera de roble, tallada elegantemente con unas formas parecidas a antiguas runas imposibles de calificar por alguien no versado en la materia. El joven se dispuso a abrir lentamente la puerta y se giró hacia su acompañante:
- Hemos llegado.- sonrió hacia la invitada mientras con un ademán le ofrecía la entrada-. Por favor, acómodese mientras aviso al señor Constanza de su llegada. ¿Le puedo ofrecer algo para que la espera sea más amena?
Eleonora - September 9, 2005 02:33 PM (GMT)
Eleonora siguió de cerca al joven por las bocas de lobo que se le antojaron que eran los pasillos. Tras un tiempo de idas y venidas, giros, subidas y bajadas; el novicio se paró en seco. Eleonora, en la penumbra, sonreía ligeramente incrédula. Ahora creía entender por qué ni siquiera le habían preguntado por su nombre: prisionera en aquel laberinto, sería una presa divertida de cazar en caso de resultar ser un enemigo.
Acarició el roble por debajo de su capa.
-Oh... no. No es necesario. Esperar por el señor Constanza no es algo ingrato.
Y tras agradecerle con una mirada a su guía, se introdujo entre las hojas de madera.
Maximo Constanza - September 9, 2005 04:30 PM (GMT)
La espera no se alargó demasiado en el tiempo. El novicio fue tan rápido como pudo a avisar al abad Dinard, al cual como casi siempre encontró encerrado en la bibloteca de la abadía.
- Monseñor Dinard, perdone que lo interrumpa, pero una dama está esperando en el salón arcano. Ha solicitado una audiencia con el señor Constanza, dice guardar parentesco con él...- susurró el joven como si apenas pudiese acabar la frase-.
- Déjalo de mi mano, te puedes retirar.- respondió el anciano con sequedad y firmeza-.
Se levantó de su opulento sillón tapizado con ribetes dorados y terciopelo rojo y apoyó en la mesa más cercana un desgastado libro de confesiones paganas. Hecho esto, salió por la misteriosa puerta perdiéndose en la negrura de los rutilantes pasillos. Su destino era indudablemente la cámara personal de estudio del Magister Constanza.
Tras un leve golpeteo en la puerta espero unos instantes tras ella. De repente se comenzó a abrir pausadamente dejando entrar una suave brisa, molesta para las llamas titubeantes de los candelabros que daban luz a la cámara. Maximo se encontraba de espaldas, aposentado en un lujoso asiento de tela bordada que formaba bellas figuras de inefables formas.
- Dime Dinard, ¿qué ocurre?- inquirió el Primogénito con una voz que rebosaba serenidad-.
- Perdone que lo moleste, mi señor. Pero he creído que debería saber que una dama lo espera en el salón arcano. Dice guardar parentesco con usted.- El abad se sumió en su habitual silencio, como esperando una respuesta-.
- Gracias Dinard, puedes seguir con tus estudios, yo me ocuparé de la visita.
El anciano se inclinó en una reverencia hacia el lasombra y se retiró silenciosamente. Maximo se levantó poco después, pausadamente, y alisó su negra vestimenta con las manos. De súbito entró en la instancia una cálida brisa con una velocidad fulgurante, apagando todos los candelabros de la cámara. Antes de que la última llama se esfumase Maximo ya había desaparecido.
Una oscuridad sobrenatural se formó ante la puerta del salón arcano, de la que salió una figura opulentamente ataviada y con un porte claramente noble. El Magister empujó con suavidad la adornada madera y penetró en la sala con aire decidido. Ante él esperaba una dama de pálida piel y grata expresión.
- Buenas noches, madame.- saludó el cainita mientras se aproximaba a su invitada. Una vez que llegó a su lado cogió su mano entre la suyas y extendió un beso en la fina piel de la muchacha, a la cual apenas llegó a rozar con sus labios, siguiendo la etiqueta y normas de cortesía, de las que era tan fiel-. Maximo Constanza para servirla.- susurró el lasombra mirando fijamente a los ojos de ella mientras soltaba su mano, aprovechando el agradable- aunque extremadamente frío - tacto de su piel-.
Eleonora - September 9, 2005 05:39 PM (GMT)
Eleonora había caminado por la estancia para que sus pupilas se acostumbrasen a la oscuridad casi tangible que emergía de las cuatro esquinas. Se despojó de la capa y entonces, precedido por un leve crujido del roble, entró el Primogénito Constanza.
La leonesa se acercó lentamente. Sonreía con suavidad. Hizo una leve genuflexión cuando Maximo tomó sus manos y bajó los ojos cuando sintió el roce sobre su piel, ocultando un inexistente rubor.
-No, señor- susurró ella, manteniendo la mirada. Seguía riendo con cierta complicidad.- Soy yo quien debe serviros. Me llamo Eleonora Enríquez, del clan Lasombra, progenie de Álvaro Yáñez...
En sus ojos ya no brillaba una timidez alegre. Ahora sólo había reflejos que permitía la penumbra de la habitación.
-..., vasalla de Silvestre de Ruiz, Cabeza de Iberia. Y también vuestra, mi señor.
Maximo Constanza - September 12, 2005 12:08 PM (GMT)
Maximo asintió ante la presentación de la dama y mostró una sonrisa, como si se mostrase orgulloso por las maneras de ésta.
- Así que has venido de Iberia... -El primogénito adoptó un gesto de reflexión quedándose unos instantes pensativo-. Gran tierra, bella como pocas. Allí aún tengo grandes amigos...- Comentó el lasombra con cierto aire nostálgico-. Me alegro de tu llegada.
Maximo hizo traer unos cálices dorados y lustrosamente enjoyados para celebrar tan inesperada visita. El sabroso néctar rojo creaba un bello contraste con el oro y los rubíes, era un efecto poco menos que hipnótico; en ocasiones como aquellas la sangre sabía mejor que nunca. Una vez que estuvieron cómodamente sentados y las presentaciones oficiales habían acabado llegaba la verdadera conversación.
- Dime Eleonora, ¿qué es lo que ha motivado un viaje tan largo hasta aquí? ¿qué buscas exactamente? -preguntó Maximo mirándola fijamente-.
Eleonora - September 20, 2005 08:30 PM (GMT)
FDI: Tras la recuperación de mi ordenador de su :unsure: ¿implosión? y del sufrimiento que conllevan los exámenes de septiembre he vuelto. ¡No tengo perdón! :(
Eleonora aceptó con una sonrisa franca la amabilidad de su anfitrión. Tomó el cáliz con suavidad y dejó que su mirada se perdiese por sus adornos dorados y carmesíes. Sólo de vez en cuando levantó la vista para dirigirle a Maximo una mirada de simpatía cómplice.
Pensó en cómo podría enfocar la pregunta de su Primogénito. Pellizcó un par de veces el filo dorado antes de percatarse de que no estaba bien hacerle esperar.
-Oh... señor. Quizás me consideréis una presuntuosa si os digo que me encuentro en París para apoyar la Reconquista.
Se rió quedamente, alzó la copa hasta sus labios y pidió disculpas a Constanza con su mirada de color gris.
-Ha sonado presuntuoso al menos. En realidad he venido a París para extirpar a un traidor del Mar de Sombras. Hace doscientos años se descubrió que un caballero Brujah apoyó en secreto la razzia con la que Almanzor arrasó Santiago. Fue descubierto y ejecutado. Ahora se sospecha de su sire, que habitó esta ciudad hace ya tiempo. Mi sire me ha rogado que acuda a París para recabar una información que quizás incline la balanza hacia un lado u otro. Me temo que mi presencia en vuestro dominio no viene motivada por una noble motivación.
Eleonora se encogió de hombros. Había olvidado mencionarle a su Primogénito que , más que por una investigación, su presencia en Paris estaba motivada para apoyar una caza de brujas. Tampoco le había comentado que había sido su sire quien se había tomado la libertad de mandar ejecutar a aquel misterioso caballero castellano. Ni que era sobradamente conocido en León que el verdugo había sido una jovencísima Lasombra de ojos color pizarra. Tonterías, en cualquier caso. A Maximo le aburrirían muchísimo.
Maximo Constanza - September 20, 2005 08:56 PM (GMT)
Maximo atendió a las explicaciones de Eleonora. La cainita parecía al principio reticente, aunque poco tardó en dar motivos.
- Interesante, sin duda.- afirmó Maximo fijando la mirada en su invitada-. Así que buscas información del sire de ese caballero brujah en Paris. Recuerdo aquellos tiempos en Iberia, fueron terribles.- El primogénito adoptó un gesto severo y pensativo-. Si mi memoria no me falla fue en el año 997, o sea que podemos decir que han pasado 228 años, ya que el asalto a Santiago de Compostela fue en el mes de agosto. No podría haberlo olvidado, tenía algún que otro amigo allí. De todas maneras no va a ser tarea fácil dar con la pista de alguien así, el tiempo borra las huellas del pasado...
- Tu llegada no la debes tachar por falta de nobleza, si alguien faltó a nuestro clan o a nuestros intereses debe pagar por ello, querida. De esto que nunca te quepa la menor duda.- Maximo era muy fiel a sus principios, resaltaba el honor y la dignidad, pero ante la falta de estos se mostraba implacable-. Cuéntame más, Eleonora, me has dejado muy intrigado removiendo viejos fantasmas. Cuanto más sepa más ayuda te podé prestar, es mi deber como primogénito velar por los nuestros.
Eleonora - September 22, 2005 02:18 PM (GMT)
Eleonora asintió en silencio. Una de sus manos tomó la del PRimogénito y la besó con delicadeza.
-Gracias, señor. Nunca dudé de vuestra grandeza.
La muchacha sonrió. Tenía ahora cierto aire de buena chica que le sentaba muy bien. Eleonora había nacido para sonreír.
-Hace tiempo, señor, estuve prometida con cierto barón gallego con el que acabé desposándome. Abandoné la casa de mi madre para habitar un castillo cercano a Santiago, con la compañía de mi esposo y de cierto peculiar sobrino.
Hablaba muy despacio, modulando con dificultad el francés. Tenía, aun así, una aterciopelada voz de oradora.
-En cierta ocasión, Don Álvaro, ...mi sire-aclaró con una sonrisa-,me visitó. Nunca olvidaré lo que sentí cuando Don Álvaro me aseguró que en los graneros de aquel mismo castillo se había escondido gran parte del armamento que los infieles alzaron contra la santa ciudad de Santiago. Mi esposo era una marioneta en las manos de su sobrino, señor, pero eso no le libró de una espantosa muerte. Luego sobrevino la de Garcí de Castro, progenie de Juan de Lemos, miembro del Clan Brujah. Los espíritus envidiosos, las lenguas afiladas me han reprochado su muerte en muchas ocasiones, pero yo no me arrepiento.
Eleonora se tocó el pelo. Un rubí brilló en su anular y la excitación lo hizo en sus ojos. Si Maximo se hubiese informado de lo ocurrido en Bembibre hacía más de doscientos años por una fuente distinta... Bueno, la versión habría variado: A Don Álvaro se le reprochó el haber abrazado aquella misma noche a la joven baronesa y haber cargado contra el barón y su domitor. Se acusó a sire y chiquilla de haber obtenido de tan dudosa forma tierras y fortuna. Se dijo que su actual cruzada en contra de Juan de Lemos era para hacer callar su voz acusatoria y ver crecer su riqueza. Pese a todo, Anastasio el Gallego seguía siendo un firme valedor de don Álvaro, un apoyo siempre presente y una voz potente que acallaba a las demás.
Las conspiraciones cortesanas siempre son largas, retorcidas y seguramente, aburridas. Lo que sí era cierto es que sobre la joven Eleonora se decía muchas afirmaciones encontradas.
-Hará un par de años-prosiguió ella- salieron a la luz unos pliegos que mostraban cómo las posesiones de Don Juan han crecido de manera considerable desde hace dos siglos. No os confundáis, Maximo, son sólo terruños, pero se encuentran en la frontera de la tierra reconquistada. Anastasio el Gallego, cabeza de nuestro ejército, considera que es peculiar que nuestro avance sea tan lento. Yo me pregunto si Don Juan no enterró al escribano, al responsable de esos pliegos suficientemente hondo...
Una nota discordante en la voz de Eleonora. Ella se calló, se disculpó y el brillo furioso de sus ojos comenzó a desvanecerse. Volvió a alzar la cabeza, tranquila y sonriente.
-¿De modo que tenéis conocidos en tierras leonesas, señor?
Maximo Constanza - September 22, 2005 05:13 PM (GMT)
- Así es, Eleonora, aún conservo amigos por tierras leonesas, aunque por otra parte muchos otros ya no se encuentran entre nosotros. Iberia siempre ha sido una tierra que he tenido en alta estima. De hecho me sigo relacionando esporádicamente con algunas cortes hispanas, la de Astorga es una de ellas.- Maximo emitió un suspiro y su mirada, posada en los ojos de la dama, parecía perdida y distante, en otra parte-. Querida, llega un día en que te asientas y no te apetece viajar. De París he hecho mi hogar, ni siquiera mi Roma natal significa tanto para mí... Son ya muchos años aquí...
- Comprendo que quizá te sientas algo desorientada o incluso desamparada, no dudes en pedirme lo que quieras. ¿Ya tienes un lugar de residencia adecuado?
Eleonora - September 23, 2005 03:08 PM (GMT)
-Sí, señor. La Duquesa de Orleans me ha ofrecido cobijo acorde a mi rango, según me dijo- dijo ella calmadamente-Es una dama notable, una incansable viajera. Para bien o para mal, dudo que deje a alguien indiferente.
Eleonora se movió ligeramente. Se preguntó si Maximo desearía encontrarse solo. Los Antiguos eran criaturas peculiares e impredecibles. Por eso dudó antes de preguntarle.
-¿Qué opinión os merece?
Maximo Constanza - September 24, 2005 12:47 AM (GMT)
- No lo considero una mala acción, Eleonora. De hecho, la Duquesa es una de las pocas compañías que os aconsejaría de París, es una persona de principios. Aunque he de decirte que en esta ciudad pocos son de fiar... No te relajes o las consecuencias pueden ser fatales. Ten cuidado, querida niña, vivimos tiempos inciertos por esta tierras, todo está agitado, convulso... Sé precavida.
La juventud siempre jugaba malas pasadas, Maximo lo sabía. Aunque Eleonora, para su edad, parecía una vástaga inteligente y bastante sabia. Pero los consejos nunca estaban demás.
- Pero querida, también sabes que las puertas de la abadía estarán siempre abiertas para ti. Ven siempre que quieras hacerme una visita, o si te parece, para hacer de esta vieja construcción tu lugar de residencia.
Eleonora - September 25, 2005 10:16 PM (GMT)
Eleonora acarició las piedras engarzadas en el cáliz. Fruncía ligeramente el ceño, como si divagara, mientras Maximo la precavía con palabras amables. Al callar él su frente se despejó, recuperando su aspecto jovial.
-Temo ser indiscreta, señor, pero me gustaría que me hicieseis un esbozo de lo que acontece en París: ¿Es por la ruptura de Tolouse con Las Cortes del Amor? He oído que el conflicto es grave.
Maximo Constanza - September 25, 2005 10:38 PM (GMT)
- No me refería a eso, aunque desde luego también es un suceso digno de mención, como cualquier cosa relacionada con la Monarca. Desde hace unos meses, París se encuentra agitado por diversas razones. Los clanes se enfrentan, aunque no abiertamente y sucesos extraños atemorizan a la ciudad. No hace mucho, los gangrel comenzaron a actuar de manera extraña, se dice que todo estaba relacionado con los hombres lobo. Poco después brutales asesinatos asolaron París, homicidios realmente macabros. Además de todo esto, jóvenes cainitas de diferentes clanes desaparecieron misteriosamente, sin dejar pistas claras. La sociedad vampírica parece tambalearse aquí, Eleonora. Son tiempos convulsos, nadie se fía de nadie. Por eso te advierto en que seas cautelosa. Tenlo presente.- Maximo aseveró su gesto, sabía que a veces ni con las advertencias era suficiente.