Title: Una epístola de carne y hueso
Description: 23/08/25 Chateaux D'Umbrelle
Eleonora - September 8, 2005 12:09 PM (GMT)
Tras dormir a su recién creado - y desdichado- ghoul, Alix despidió a a los criados por esa noche y ayudó a Eleonora a asearse y vestirse. Su ropa era tan sobria como la de viaje y, en cierto modo, Eleonora estaba dispuesta a emprender otro... de imprevisibles consecuencias.
Álvaro le había hablado de Elois en un par de ocasiones. Decía que era encantadora, pero Eleonora no podía formarse una opinión con sus comentarios. Sabía de sobra que su sire sería incapaz de hablar mal del Diablo: ¿Quién sabe si un día tendría que estar bien avenido a él?
El Chateaux D'Umbrelle fue fácil de localizar: La enorme masa de piedra, se erigía imponente y fría hacia el cielo y las antorchas que bordeaban el camino doraban con su luz la roca gris, como si algo extraordinario pudiese suceder en cualquier momento.
Eleonora se apeó de uno de los caballos de Thibaud. El conjunto no podía ser más anodino: el caballo de un comerciante y una figura menuda y encapuchada acercándose a los caballeros.
Al llegar junto a ellos se descubrió el rostro y habló con su bonito acento español:
-Soy la Baronesa de Bembibre. La Duquesa no me espera, pero sí aguarda por algo que debo entregarle.
Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 01:59 PM (GMT)
El semblante del buen caballero al escuchar una simple palabra "Baronesa". Ese detalle fue el detonante de una serie de movimientos encadenados en las entrañas del majestuoso castillo.
- La Baronesa de Bembibre
Excalmó una voz presurosa en dirección a la alminara, proveniente de aquel sobrio guardián que sin ambición descortes dejó su cuerpo a medio girar, enervando su cuello y por ende su rostro con afán de ser escuchado mejor.
Poco tardaron las puertas en abrirse para ceder el paso, dejando entrar a la dama a lomos de su corcel, cediendo tras de sí un patio de armas repleto de sirvientes presurosos con un tiempo de respuesta sobresaliente ante una visita inesperada.
Varios mozos de cuadra aguardaban impacientes, mas poco tardaron en acercarse a la baronesa para guiar la montura a través del patio. Justo frente a Eleonora yacía impoenete una basílica con un esbelto campanario, anexo a la capilla una encomienda con el emblema Hospitalario, a su izquierda numerosos mozos salían al patio movidos por la curiosidad, no era de extrañar que durmiesen allí con los animales, a fin de cuentas no eran más que lacayos. Un pequeño detalle que bastaría a la Lasombra para hacerse una idea aproximada de a quien trataba, alguien que conocía su lugar y el de los siervos sin duda...
El caballo giró a la derecha después de un amplio recorrido, poblado por multitud de criados y varias patrullas de soldados, mantener aquello sería costoso, muy costoso y madame D'Umbrelle se lo podía permitir...
Por fin se detuvo en la travesía que más que nada parecía una odisea, sacada de las fábulas griegas de Homero por la inmensidad de obstáculos hasta lograr su destino. Un criado viejo y engalardonado perfectamente la ayudó a descender de la montura, nada más pisae Eleonora el suelo, se abrió ante si una flamanta alfombra roja de terciopelo, un recibimiento digno de una reina, con todos los criados a ambos lados de la tela, vestidos impolutos y portando bandejas con agua, pañuelos, comida, vino, etc. Un sin fin de ofrecimientos para homenajear a la recién llegada mujer noble.
Pier la condujo por los intrincados pasillos de fría roca, apenas acomodados por simples tapices o cortinas de seda apostadas en los ventanales, eso si, el suelo perfectamente enmoquetado con la misma alfombra roja que estaba conservada excepcionalmente.
El chambelán se detuvo ante una puerta de roble y sin levantar la mirada más allá de los hombros de la doncella inquirió.
- ¿Como debo anunciarla madame?
Tras la larga caminata por el lujoso hogar de la ventrue, lujoso aunque carente de adornos supérfluos, estaban a punto de alcanzar el culmen de su camino, tan sólo una puerta la separaba de la señora del lugar. Ahora debía esperar a ser anunciada para ser recibida.
Más de un noble francés se habría anodadado viendo semejante poder adquisitivo, más de uno vendería su alma por ser recibido como lo hacía la duquesa de Orleans, sin dudar se trata de una dama singular donde las hubiere, que a nadie deja indiferente.
Eleonora - September 8, 2005 08:06 PM (GMT)
Eleonora apretó los labios ante la exclamación del caballero. De hecho se había vestido como una burguesa y había tomado un viejo caballo de Lorrain sólo para no llamar la atención. La Lasombra siempre había apreciado la discrección.
¿Agasajaba Elois de semejante modo a sus invitados aristócratas? Quién sabe. Una vieja cainita ahogándose en su propia sangre azul sería impredecible y seguramente, algo excéntrica. Pero no por ello dejaba de sentirse un poco molesta al considerar la posibilidad de que D´Umbrelle pretendiese anunciar su llegada a bombo y platillo.
"- Calma, tranquila, muchacha- se dijo la Lasombra- no adelantes sucesos."
"- Sí, astuta, calma. Quiero sentir tu sorpresa cuando la espada cercene tu cuello."
¿La voz de Garcí otra vez? Aquel pobre infeliz tenía el don de la oportunidad. Eleonora imperó en silencio que se callase. Curiosamente le obedeció.
Tomó un pañuelo de la bandeja de plata que le tendía un criado. Con él se perfumó las manos mientras seguía al chambelán a buen paso. Al llegar al roble de la puerta sonreía en silencio y miraba a su alrededor con una curiosidad mal disimulada. No parecía ser la noble destinataria de tantos agasajos. Tan sólo era una muchacha curiosa vestida con modestas ropas oscuras.
-Eleonora- sonrió bajando un poco los párpados, de modo que sus ojos pizarra brillaron.- Di tan sólo que soy Eleonora Enríquez, la hijastra de Álvaro Yáñez.
Elois D'Umbrelle - September 10, 2005 03:27 PM (GMT)
Pier hizo una reverencia a la dama antes de abrir la puerta perdiéndose tras esta, al poco el trozo de roble pulido y tratado cedió el paso a la doncella hispana.
Cuando Eleonora se adentró por la sala, nada exótico encontró en esta, aunque bajo la usual alfombrilla roja yacía nada más y anda menos que una alfombra de origen árabe, probablemente andalucí y por ende traida de su Hispania natal. Una serie de sillones de madera, tallados de una pieza en ambos lados del salón, en total compondrían unos veinte asientos, escudos eráldicos sobre los sillones, practicamente podrían adivinarse todos de origen francés. Al fondo, varios escribas terminando de recojer von premura sus útiles de trabajo, otros tantos recogían taburetes improvisados en torno a un majestuoso sillón de ébano, cuya talla le otorgaba un valor incalculabre, al cual se le podían añadir adornos en oro sobre la tapicería, e incluso alguna joya incrustada en su parte superior.
Sentado en este, con ropajes cómodos, largos y algo pasados de moda, lucía su cuerpo la bella ventrue, de promiente cabellera oscura como la misma noche.
La iluminación en toda la sala, o salón del trono, era escasa, algo que sin duda agradecería la lasombra, pues la penumbra era reinante en el lugar, la cual acompañaba a la figura de su anfitriona.
Era diminuta en estatura, pero destacaba entre la multitud, la sangre noble afloraba en cada gesto, en cada movimiento...
Elois, mostró su cálida sonrisa, parecía encantadora, algo anticuada en costumbres y ropas, pero carismática y en cierto modo su mirada inimadaba, al menos a cuantos mortales la sufrían, pues sus penetrantes ojos azules que parecían desbordar sus órbitas, centelleaban profundamente, danzando en torno a su presa mientras la mirada de esta lo sesgaba con cada pupila.
- Acercaos Doña Eleonora.- Replicó en un correctísimo castellano, como si de una hispana se tratase.
Sonrió quitando cualquier síntoma de tensión. Para cuando estaban ambas cainitas próximas, los criados habían abandonado la sala, todos salvo uno, que yacía al fondo, a la derecha del trono, custodiando una puerta al amparo de la oscuridad.
- Sed bienvenida a estos mis dominios, si la paz habeis traido con vos así partireis.
Quizás esa frase como recibimiento sonaba algo tétrica o preventiva, pero no era más que una expresión cotidiana para la ventrue.
- Decidme que nuevas me traeis de mi buen amigo Don Álvaro.
Casi sin tiempo a respuesta, una frase más de Elois, pese a todo no se hacía pesada, pues su voz era armoniosa como el sonido de un arpa, deleitando a los presentes con su sinfonía transformada en palabras para la ocasión.
Eleonora - September 10, 2005 08:58 PM (GMT)
La sencillez de la sala contrastaba agradablemente con el boato que ahogaba al castillo. Eleonora guardó el pañuelo en su limosnera con cuidado, se despojó de la capa con la misma delicadeza, esbozó una leve sonrisa y caminó hacia la Ventrue.
La leonesa se sentía mucho más confortada en la semioscuridad de la habitación que entre las brillantes luces de la entrada. De vez en cuando latía en su memoria lo excesivo del recibimiento y lo poco que la había agradado, pero no traslucía en su rostro.
La muchacha hizo una discreta reverencia y bajó los ojos.
-Os agradezco vuestra espléndida bienvenida, señora Duquesa. No creo merecer semejantes atenciones.
Eleonora alzó su mirada de color pizarra. Vestía con una túnica corriente, propia de una burguesa. Parecía una chica dócil y tímida y hablaba francés muy despacio, marcando un fuerte acento castellano.
Dejó durante unos segundos que la Ventrue la estudiase, paciente, antes de volver a hablar.
-Antes, señora, no me he presentado debidamente: Soy Eleonora, del Clan Lasombra, progenie de Álvaro Yáñez, vasalla del Mar de Sombras.
Y se incorporó. Los lánguidos y fluidos gestos de Elois no parecían mostrar apego por la rapidez y la espontaneidad y Eleonora había decidido entrar en su juego. Habría que estar ciego para no apreciar el fervor de la Duquesa por las formas.
-Don Álvaro sigue cumpliendo con su cometido de recuperar Iberia de manos infieles. Me atrevo a decir que su ayuda es valiosa para nuestros guerreros. Me ha rogado...
Eleonora deslizó sus largas manos por dentro del ceñidor del vestido. Entre los pliegues extrajo algo blanco: una carta.
-Me ha rogado que os haga entrega de este pliego.
Lo tendió hacia la Patricia. Era papel blanquecino, rugoso, sobre el que destacaba el lacre rojo como una gruesa gota de sangre.
Elois D'Umbrelle - September 10, 2005 11:32 PM (GMT)
Una misiva en manos de la tímida doncella que había ante ella, por momentos pensó si sus hombres no se habían excedido en su presentación, quizás hubiere sido conveniente más discrección pues así de discreta acudía la prole de Don Álvaro.
De repente los pensamientos de Elois quedaron cortados de tajo por un concepto a modo de cimitarra sarracena en un cuerpo cristiano. Y en cristiano habló, concretamente en castellano, pues sentía que aquella dama extranjera se sintiera más cómoda, todo era poco en la ventrue para agasajar a sus invitados.
- Disculpad Doña Eleonora.... Elois D'Umbrelle, progenie de Guilles de Boillon, del noble linaje de los ventrue.
Incluso una reverencia cortesana acompañó su presentación, una sonrisa final y de nuevo entabló la conversacíón, a la vez que alargaba sus delicadas manos con el fin de alcanzar aquella misiva dispuesta para ella.
- Acompañadme doña Eleonora.
Andó entonces en retroceso, dirección a aquella puerta custodiada, con paso tranquilo pero firme, cuerpo erguido, tal y como una verdadera reina... las viejas costumbres estaban fuertemente arraigadas en su educación.
Mostró cierta indiferencia por la carta, aunque en verdad Elois estaba ansiosa por leerla, pero no sería propio abrirla sin más, impetuosa. No, ese no era el proceder de Elois, no era ético.
Estaba claro que la visita había sorprendido en el refugio, incluso a la propia ventrue que conducía probablemente a un lugar más intimo para conversar con la Lasombra, ya por el camino dio conversación con el fin de aligerar la pesadumbrez de la travesía en los pasillos.
- Contadme que tal fue vuestro viaje y si precisais de algo, alimento, un baño, cualquier cosa no dudeis en pedirla, que de estar a mi alcance la tendreis, no menos por la chiquilla de Don Álvaro... Desde luego os están acondicionando una habitación para que podais reponeros...
La puerta se abrió y salieron a un pasillo con alfombra roja por el que cual dieron a la red de éstos buscando la sala que sólo Elois conocía, mientras esta llevaba con mimo la carta entre sus manos y los siervos se abrian al paso de ambas, temerosos de importunar a ambas cainitas, bueno, en realidad temían más a la duquesa.
Eleonora - September 20, 2005 08:03 PM (GMT)
FDI: ¡Disculpa el retraso! Exámenes y un ordenador que se ha declarado en huelga es una combinación nefasta u_u
En el fondo de su ser Eleonora sintió una retorcida alegría al contemplar cómo la altiva Ventrue se desvivía por agasajarla. ¿Tanto era el interés de la Duquesa por las nuevas hispanas? Qué maravilla.
La Lasombra siguió a Elois un par de pasos detrás de ella, disfrazando su semblante con una máscara de humildad. Caminaba en silencio, con cierta torpeza quizás calculada. Levantó el rostro sorprendida cuando D´Umbrelle le habló. Una sonrisa tímida alumbró durante un instante su cara para desvanecerse en la soledad del pasillo.
-¡Oh, señora Duquesa! El viaje ha sido largo y pesado. Por desgracia, mi refugio en París es una casa húmeda, recién habitada. Qué os voy a decir, señora- brillaron sus bonitos ojos grises- que no halláis sufrido vos. Las miserias de un extranjero son las mismas para todos. Echaré de menos la casa de mis padres en León y mi baronía gallega, pero cualquier cosa que pueda hacer en favor de la Reconquista será poco.
Eleonora se calló de repente. Miró al suelo inquieta, como si lamentara haber hablado demasiado. Sólo después de un momento se atrevió a preguntar:
-Señora Duquesa... ¿Hace mucho que abandonásteis Castilla? Siento curiosidad por escuchar a alguien que ha habitado donde yo.
Elois D'Umbrelle - September 20, 2005 09:06 PM (GMT)
La joven mostraba desparpajo, le gustaba. Digna chiquilla de Don Álvaro.
Con cara comprensiva y amistosa, sonrió, conocedora de lo duros que resultan los viajes largos, muy fatigosos sin duda y la ventrue asintió con la cabeza mientras escuchaba, mas su mirada no se posó en Eleonora sino en el camino.
Sin embargo su rostro cambió al escuchar la nuevas palabras. Elois se detuvo bruscamente, algo la había perturbado, sus ojos color del mar se clavaron en la doncella hispana, la intensidad que desprendían era sobervia, su rostro estaba serio. Sería a causa de la palabra "Reconquista".
- ¡Jamás!
Excalmó, para incertidumbre de la lasombra. Esta ni siquiera musitó palabra cundo la ventrue subordinó su intervención.
- Nunca, permitiré que la hija de Don Álvaro Yañez, pase penurias en París. Tendreis mi refugio como vuestro, hasta que deis con uno digno de vos.
Sus palabras sonaron tajantes, debía temer o apreciar mucho a su sire, aunque Eleonora no sabía que Elois simplemente era ella misma, toda hospitalidad, eso era algo que iría aprendiendo con el paso del tiempo.
Emprendió el camino después de sonreirla dulcemente, como si fuera su madre adoptiva y la acogiera en su regazo. Mas Eleonora aventuró a preguntar por sus andanzas en Castilla.
Una pícara sonrisa se dibujó en el delicado rostro de porcelana, No podía decirle que apenas hacían tres años de su última visita, pues fue un viaje clandestino.
- Al menos medio siglo doña Eleonora.
Respondió mintiendo con un desparpajo descomunal, la magister comprobó que su anfitriona encerreaba más de lo que en un principio parecía, la piel de cordero sólo era el envoltorio del lobo. Elois dejó que así lo viera, debía comprender como tenían que hacerse las cosas en París, si quería prosperar. Ciertamente se había propuesto su tutela...
Por fin llegaron a la habitación. Un criado esperando les abrió la puerta. Un candil otorgaba algo de tenue luz, sin duda la lasombra agradecería la escasa iluminación, pero pudo contemplar, que tampoco la luz estaba en sintonía con aquella carismática duquesa. Seis sillones azules dispuestos circularmente las esperaban, poco más de unas cortinas en el ventanal, una mesita y una alfombra persa acomodando la sala. Ningún lujo supérfluo, sólo lo preciso, pero de una calidad exquisita, así lo comprobó Eleonora al percibir el tejido de los sillones, poco habitual en Europa.
Elois estaba sentada ya frente a ella, con la carta jugueteando en sus manos, las puertas aún estaban abiertas y un criado entró con una bandeja de plata, portando dos copas que depositó en la pequeña mesita de marmol justo en el centro de la circunferencia donde estaban dispuestos los sillones.
Cuando el criado se marchó, las puertas se cerraron tras él, dejándolas solas, en oscuridad y silencio. La ventrue rompió el hielo con una pregunta que tenía guardada en el tintero desde hacía un rato.
- Mencionásteis la Reconquista antes, hace mucho que no piso Hispania, que tal van las coas por allí.
Esa pregunta podría haber descolocado por completo a la lasombra, aunque daba una muestra más de como era la duquesa, nada se le escapaba y derrochaba astucia bajo ese encanto majestuoso.
Con sonrisa dulce esperaba la respuesta, mientras sus ojos ahora estaban centrados en la carta con la que sus dedos jugueteaban desde su entrada en el salón.
Eleonora - September 21, 2005 02:05 PM (GMT)
Eleonora abrió mucho los ojos cuando la Ventrue Elois clamó su negativa. Se quedó paralizada un instante, el tiempo que tardó el eco de la protesta en desvanecerse. Entonces se humedeció los labios: Elois había vuelto a hablar.
-Gracias, señora Duquesa -dijo en tono neutro.
La Patricia la había adoptado. El rostro de buena chica de Eleonora se inclinó junto con el resto de su cuerpo en una genuflexión breve. Creía entrever qué sería lo que Elois pretendía ganar con su hospedaje. Ahora era impensable. Mañana, ¿quién sabe?
-Castilla ha cambiado mucho desde entonces- se sorprendió respondiendo al comentario de Elois. No era una observación tan inocente como pudiese parecer y era bien fácil que la Duquesa lo comprendiera: Ella misma había participado en dicho cambio de un modo u otro. Eleonora no sabía hasta qué grado.
Habían llegado a la sala. La muchacha permitió que su anfitriona tomase asiento antes que ella y luego la acompañó.
La oscuridad que cubría la habitación era tan agradable como el suave tacto del sillón. Eleonora relajó el rostro, de modo que su expresión de tímido cachorro desapareció amparándose en la penumbra. Se limitó a tomar su copa distraídamente y a disfrutar el silencio. Que Elois hablase fue casi una sorpresa.
-Cualquier apoyo que ofrezcan los vasallos de Silvestre de Ruiz para favorecerla es más que necesaria. Pero la certeza de que nuestra lucha es legítima nos hace poderosos -Sus dientes brillaron en la semioscuridad-. El enemigo infiel es fuerte y su retirada, lenta. Pero no dudéis en que cada paso que retroceden es para no volver a avanzar.
Eleonora acercó el cáliz a sus labios y el silencio volvió a reinar durante un momento.
-Os resultará curioso, señora Duquesa, pero creo que ya me he acostumbrado a que mi reino se encuentre en guerra. Al atravesar el sur de Francia me sentí más inquieta que cuando sabía que un combate tenía lugar cerca de León. Sin duda es la ignorancia lo que me atemoriza. ¿Vos sois de mi misma opinión?
Elois D'Umbrelle - September 22, 2005 06:59 PM (GMT)
La ventrué se sonrió pícara, su sonrisa, sus ojos, sus gestos dejaban entre ver que había más de lo que parecía, sólo asomaba la parte hospitalaria, pero en si encerraba un depredador implacable, quizás por ello hiciera tan buenas migas con los Magister.
- La Reconquista entonces progresa, me alegro que solventasen entonces las disputas de su clan, es un alivio saber que los lasombra musulmanes acatarán a vuestro señor Silvestre de Ruiz.
Sagaz y suaves sonaban sus palabras, penetrante aquella mirada azul que desconcertaría a más de un sarraceno de Al Andalus, y que probablemente también a Eleonora. Ni siquiera había abierto la carta de su sire, pero parecía estar mejor informada que ella incluso.
- Granada caerá en breve pues, otra cosa será Córdoba, la excelsa y majestuosa ciudad de los califas, orgullo de los Omeyas regida por cierto assasyn costará sangre arrancarla, aventuro ríos carmesí bañando las intrincadas calles de la judería, descendiendo por estas hasta el Betis.
Una descripción sublime, parecía realmente que Elois además de estar al tanto de la política cainita, conocía las ciudades perfectamente.
Entonces sonrió dulce, no quería desconcertar más a la pobre lasombra, era demasido para asimilar esa noche.
- No temais Eleonora, pero pronto espero noticias de Córdoba. El que no esté físicamente en Hispania no implica que no tenga buenas relaciones, por contra mi príncipe y señor no podría decir lo mismo.
Cuando mencionó al príncipe, notó reticencia y tristeza en su voz, tal vez no estubiese conforme con éste o su proceder.
-El sur de Francia también es un caos, unida a la hereje Fe cátara, se hallan los ingleses, pero también es una buena oportunidad de progresar para cainitas avispados, con una pizca de ambición.
El giró que dió no fue brusco, usó las propias palabras de la lasombra para llevar la conversación donde quería, ¿le estaba haciendo una oferta?
- La ignorancia debe usarse como arma no como miedo, tiene doble filo, cierto es, pero está en el buen hacer del cainita que la usa como mejor conviene. En respuesta a vuestra pregunta.
Respondió con una sonrisa, demostrando otra vez que no olvidaba nada, su mente era tan ágil que podría llevar varias conversaciones a la vez y responder con en ambas con nua misma solución.
Eleonora - September 23, 2005 02:56 PM (GMT)
Desde su cómodo asiento, Eleonora ladeó ligeramente la cabeza. Sus labios de color coralino se curvaron en una gracioso gesto de asombro. El juego que Elois se llevaba entre manos no era, por viejo, menos peligroso e interesante. Eleonora se sabía joven y aún poco versada en él. Por eso su conversación con la Ventrue se le antojó harto provechosa. Sólo por eso le perdonó -demostrando cierta vanidad con este gesto- el boato de su recibimiento.
-¡Pero señora!-dijo la pálida actriz-. No deberíais ser tan generosa conmigo. No creo que sólo mi palabra sea garantía del éxito de nuestras tropas. Me hacéis sentir como una chiquilla.-Sonrió, moviendo ligeramente su cabecita de... chiquilla.
La Lasombra sencillamente seguía el juego de apariencias y dobles sentidos que tanto parecía gustarle a Elois.
Tenía que reconocer que el discurso de la Duquesa la había sorprendido. El pequeño cuerpo de la Ventrue constituía un firme anclaje con Iberia y no era conveniente perderlo, por lo que pudiera pasarle a ella, una desvalida extranjera.
-Mmmm... Señora Duquesa, me disgustaría pensar que el PRíncipe de París ve en mí una amenaza, por pequeña que ésta pueda ser...-sabía lo acontecido y por las cartas recibidas durante su viaje, El Príncipe de Astorga parecía estar furioso. Por lo demás, aquél asunto no era de su incumbencia. Bien es cierto que podría haber quien no pensara lo mismo-Mi estancia en vuestro refugio no os supondrá el más mínimo problema, ¿no es cierto?
Sonaba preocupada. Prestó atención a D´Umbrelle y tuvo que contenerse para preguntarle concierta sorna si no era inglesa. Se limitó a sonreír y a contemplarla con un brillo de picardía infantil en los ojos.
-Tantos sitios y tan bien informada, señora. ¿De veras consideráis semejante conflicto como una oportunidad?
Debía reconocer que Álvaro tenía razón en una cosa: Elois, a su manera, era encantadora.
Elois D'Umbrelle - September 24, 2005 09:54 AM (GMT)
El papel desvalido que desempeñaba la lasombra no pasaba desapercibido para la dulce ventrue, estaba muy bien estudiado y lo hacía francamente bien, a punto de felicitarla por ello estubo la ventrue, pero no sería cortés, se limitó a esbozar una sonrisa acojedora, pues en sus pensamientos circulaba la idea de haber dado con la cainita idónea.
- No es generosidad doña Eleonora, es lo justo, nada más ni menos, vos haríais lo mismo por mi de estar la situación invertida. Mas podeis descartar mi opión sobre vos en referencia a una chiquilla, pues yo a los chiquillos me limito a correjirlos, vos no precisais corrección, sois bien adulta en la sangre.
Un cumplido para desentrañar asi su satisfacción por la invitada hispana.
- El Sur de Francia es turbio, tal como lo es vuestra patria, donde seguro habeis adquirido una excelente instrucción en la materia, a mi me vale, mas si vos dudais de vuestras cualidades, deberé depositar mi confianza en otro cainita para la empresa que tengo en mente.
Si Eleonora no aceptaba apoyarla en sus intereses gascones, buscaría otra pieza, pero de sobra sabía que aquella magistri no dejaría escapar la posibilidad de obtener poder y asentarse dignamente en Francia, demasiado tentador... aún mas para una lasombra... educada por Don Álvaro Yañez...
Sentada placenteramente sobre el cálido regazo de su majestuoso porte, en aquel sillón azul tla como sus ojos, ejerciendo las veces de trono, la audiencia empezaba a temlarse, llegó pues el momento de romper el lacre de la carta, las delicadas manos de porcelana pusieron empeño en rasgar tmbién delicado aquel sello de Don Alvaro, sin embargo aún no era el momento de leerlo, debía medir bien los tiempos y aprovecharía la réplica de la hispana para posar su mirada en la mismiva.
- Por otro lado no debeis temer por su excelencia Geoffrey, puessu honor es incuestionable, nunca os desearía ningún mal, pero mejor será vuestra recepción en los círculos parisinos con una pertinente recomendación mía, por supuesto espero que no me defraudeis en ese sentido, confío en vuestro buen hacer doña Eleonora.
- Vuestra estancia en mi refugio no considerará mayor importunio que la de vuestro sire pudiese ocasionar- se sonrio- quien mal os desee mal deseará a Elois D'Umbrelle- el apadrinamiento ya estaba hecho- Luego escribiré una carta para vos que podais entregar a su alteza, muchos se guardarán en la corte antes de desearos mal alguno, os lo aseguro.- Su mirada centellaba fulminante, el peso de sus palabras incrementaba al respecto y se podía vislumbrar las represalias que tomaría contra quien osase desafiar a Eleonora y con ello a Elois, en cierto modo sería la excusa perfecta para que la ventrue pudiese actuar contra sus enemigos abiertamente.- Por otro lado, también os insto a ver a Don Máximo Constanza, el patriarca de vuestro clan, un hombre de honor y fe dignas de elogio, gran persona y gran cainita, tiene su refugio cerca de aquí en una abadía...
Contempló con satisfacción la picardía aflorando en el rostro de la lasombra, era el momento ya de recibir contestación.
- Decidme pues, os interesaría colaborar en mis empresas del sur, así como en algunas en esta Gran Corte.
Franca y directa, un giro descomunal a su actitud, astuta la ventrue, primero calentaba el ambiente con dobles sentidos, mareando la perdíz y luego como un halcón se alzaba con determinación sobre su presa, directa y rauda cual depredador hambriento. Era encantadora, cierto, pero bajo ese manto embriagador con piel de cordero, se encontraba el lobo más fiero en toda la manada que componía la corte de París.
Eleonora - September 25, 2005 10:50 PM (GMT)
Eleonora se preguntó cómo de bien la conocería Elois en realidad. Permaneció mirándola en silencio, amable y curiosa, como si estuviera escuchando una historia fascinante y desease que llegara el final.
No podía quejarse: le estaban ofreciendo apoyo y el encubrimiento para desempeñar el cometido encargado por Don Álvaro. Y eso era sólo el principio. Eleonora sabía que Elois no sólo le ofrecía eso, también le ofrecía medrar como vástago.
-Señora Duquesa- sonrió con dulzura-, la curiosidad me puede. Os ruego que me habléis de esos cometidos para los que mis modestas cualidades serían tan apropiadas.
Elois D'Umbrelle - September 26, 2005 10:39 AM (GMT)
Elois se sonrió complacida, la lasombra parecía estar dispuesta a apoyarla, apenas había leído unas líneas de la misiva, escasamente la presentación de Don Álvaro, mas su mirada yacía dispuesta en Eleonora, olvidando casi por completo sus ojos aquella carta...
- Es simple Eleonora, sois nueva en la ciudad y gozareis de mayor libertad de movimientos de los que yo posea. En París, turbios eventos nos acontecen- había tristeza en su voz- mas no debeis preocuparos aún por ellos. El sur del País, Toulouse es donde deben ir nuestros esfuerzos, soberanas oportunidades se ciernen sobre esta ciudad que anhela nuevos dirigentes...
Los ojos marinos adquirieron un tono turquesa, brillante y desconcertador, siempre ocurría cuanto Toulouse entraba en juego.
- La disgregación de Sclaramonde La Negra, propician la situación, sin embargo de sobra sé que la toreador obtiene apoyo en tierras de Iberia...
Asintió afirmando rotundamente lo que en París se tenía como uno de tantos rumores.
- Eleonora, vos podeis ser la mediadora perfecta que preciso, tanto por el linaje como por la condición de extranjera hispana, además podría ser una excelente oportunidad para haecos un nombre en Francia.
Calló y se deleitó por momentos en la figura de chica recatrada que había ante ella, una máscara, pues Elois era versada en el asunto, luego, bajó su mirada posándola de nuevo en la carta, pues esta no había sido olvidada, nada caía en el baúl de los recuerdos para la ventrue, tampoco las ofensas de Toulouse...