View Full Version: El Final de la Cruzada

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Title: El Final de la Cruzada
Description: Acre, Reino de Jerusalen 1194. Flashback


Geraud Gallois - August 23, 2005 09:54 PM (GMT)
Geraud Gallois se despertó en el subterráneo del que disponían los cruzados cainitas bajo la ciudadela de Acre. Se vistió con su gastado y sucio uniforme de la orden hospitalaria y salió al patio fortificado de la ciudadela. Al principio de la noche los mortales que defendían la ciudad durante el día todavía estaban despiertos, fue saludando a las mismas caras de siempre, hasta que se topó con alguien a quien no había visto nunca: por su aspecto se trataba de una joven de la localidad, estaba recogiendo uniformes y sábanas tendidas en el patio. Gallois se acercó a los jóvenes soldados Hautecler y Cranchauve para preguntarles por la muchacha. Cranchauve puso mala cara y le pasó una moneda al pelirrojo Hautecler, quien sonrió y le explico a Gallois.

- Ha llegado esta mañana. Es una nueva criada que esta floreciente ciudad ha ofrecido a los caballeros que la protegen.

- No creo que se quede mucho por aquí, el oficial Edmond es muy estricto con las normas... – Gallois no era capaz de dejar de mirarla - ¿cuál es su nombre?

- No lo sabemos ¿por qué no vas y se lo preguntas?

Gallois no escuchó el final de la frase, porque ya estaba cruzando el patio para hablar con la joven. Se miraron sólo durante un instante que pareció eterno, después ella, tímida, huyó con la colada. Gallois cada vez más interesado se quedó parado junto al tendedero vacío, como un estúpido, con una pregunta en la boca que tardó en brotar.

- ¿Cuál es tu nombre?

Pero ya no había nadie allí para contestarle.

Geraud Gallois - August 26, 2005 12:04 PM (GMT)

Días más tarde Geraud subió con presteza las escaleras que llevaban hasta el puesto de mando de la ciudadela, había recibido la orden de subir a ver al Caballero Edmond, el oficial a cargo de la defensa de la muralla de Acre, lo que parecía indicar noticias importantes después de un largo tiempo sin actividad. El arquero Galés golpeó con los nudillos la puerta, y su llamada fue inmediatamente respondida por la voz grave del oficial desde el interior “adelante”. Geraud entró, la sala era una estancia amplia y limpia, como único mobiliario había varias mesas desmontables llenas de mapas y algunas butacas. La habitación no tenía pared en el lado Este, en su lugar una fila de arcos al estilo árabe daban paso a una amplia terraza.

El oficial estaba sentado de espaldas a la puerta, concentrado en la lectura de una carta. Vestía una túnica sencilla y cómoda de estilo árabe, su armadura de caballero Hospitalario estaba colgada en la pared frente a él.

Con un gesto de su mano le indicó a Geraud que esperase en silencio. El arquero aprovechó para acercarse a la terraza. La vista desde ese lugar tenía un evidente interés estratégico, pero también era un magnífico paisaje que contemplar: bajo el balcón surgía de la ciudadela la muralla que defendía la ciudad, una recta que dividía el paisaje en dos mitades, a la izquierda se extendía el suave y amenazador desierto, a la derecha la abrupta y laberíntica ciudad que protegían, todo bajo el cielo estrellado de oriente.

El oficial Edmond acabó su lectura y rompió su silencio:

- Al comienzo de esta cruzada, los reyes inglés y francés, vinieron hasta aquí, sitiaron y conquistaron juntos la ciudad de Acre en la que nos encontramos y construyeron también estas defensas. De aquella alianza de beneficio demostrable poco queda, los monarcas ya están de regreso en Europa y ahora conspiran enfrentados el uno contra el otro. Creo que poco podemos hacer aquí, he tomado la decisión de regresar a casa, vos volveréis conmigo, si la situación en Europa empeora deberemos estar allí para proteger a los nuestros y lo nuestro.

Geraud asintió, la información de su superior era clara y no tenía preguntas. Llamaron a la puerta, era la huidiza criada árabe que había llegado hacía pocos días, sobre sus manos traía doblado el uniforme de Edmond. Contrariamente a lo que Geraud había pensado inicialmente el oficial no había expulsado a la muchacha, sino que la había convertido en su asistente personal.

- Perfecto, mi uniforme, me lo pondré ahora. – Dijo Edmond indicando a la mujer que se acercase, después se dirigió a su soldado – Geraud eso era todo, organizaremos los preparativos necesarios otro día, ahora podéis iros.

Geraud se inclinó y obedeció retirándose... no sin mirar a la misteriosa mujer con creciente curiosidad.

Geraud Gallois - October 11, 2005 11:27 AM (GMT)

Unas noches despues de la conversación con el oficial Edmond, el arquero Geraud estaba de guardia, patrullando sobre la muralla que protegía la ciudad. La capucha de su capa de cruzado le protegía de la una leve e inusual lluvia que había comenzado a caer al anochecer, era escasa, pero incesante, molesta.

Durante la patrulla Geraud tenía tiempo de pensar en muchas cosas, la noticia que Edmonde le había dado, la de la vuelta a casa, había hecho reflexionar al arquero sobre los motivos que le impulsaron a embarcarse en la cruzada. La posibilidad de regresar a Francia había hecho aflorar los recuerdos y sentimientos que creía haber sepultado con la guerra. Geraud se preguntaba si todo el sacrificio y el sufrimiento no habían sido en vano, si finalmente no habría de obtener nada que compensase el balance de esa aventura... como una respuesta a sus preguntas llegó a su mente el huidizo rostro de la nueva criada árabe ¿podría ser ella la solución o sería tan solo un espejismo enviado por el traicionero desierto que cautivaría sus esperanzas para luego terminar desvaneciéndose en la nada?

Un grito desgarrado entre el sonido de la lluvia le sacó de su ensimismamiento. Buscó su origen en el insondable desierto que había al otro lado del muro que vigilaba, pero no había nada por allí. Eliminó el repiqueteo que la lluvia hacía sobre su capucha quitándosela y aguzó el oído. Escuchaba claramente el sonido de una pelea, pero no era fuera de la muralla... Geraud se giró, en la terraza de la ciudadela, dos siluetas en movimiento resaltaban perfectamente recortadas por la luz del interior en contraste con la oscuridad de la noche...

Geraud Gallois - October 28, 2005 06:56 PM (GMT)
...casi parecía que estaban bailando, pero no, se trataba seguro de una pelea, en el balcón de las habitaciones del oficial Edmond, aunque en la distancia, con la lluvia por la noche resultaba dificil distinguir más, aunque era seguro que algo malo estaba pasando y el arquero debía actuar pronto.

La vitae bullía en el interior de Geraud, el tiempo pareció ralentizarse. Las gotas de agua se frenaron en el aire, y comenzaron a estallar al paso del arquero que se movía con velocidad y destreza a lo largo de la resbaladiza pasarela de la muralla, mientras buscaba en su espalda una flecha y la encajaba casi intuitivamente en el arco largo con la pericia que se adquiere al haber realizado ese movimiento miles de veces.

Cuando se encontraba más próximo al balcón donde se estaba produciendo la pela, sus pies y rodillas se flexionaron para frenar su avance sobre el deslizante suelo, mientras su brazo izquierdo se estiraba en dirección hacia su objetivo y el brazo derecho tensaba el arco cargado. Estaba preparado para disparar.

Su mirada se alineó en la dirección marcada por la flecha. Más allá de la punta de metal, más allá de las ingrávidas gotas de agua, veía el balcón, y a los dos combatientes que ya podía distinguir más claramente. Pudo ver la figura corpulenta de su señor, el oficial hospitalario Edmond, que se movía con dificultad, herido, con varios cuchillos clavados sobre su cuerpo desprotegido, consiguiendo a duras penas defenderse de los agudos embates de una figura femenina, más pequeña, muy ágil ... ¿LA CRIADA ÁRABE!. Sí, era la mujer tímida a la que había conocido algunos días atrás, aunque resultaba evidente que no la había conocido de verdad, y que no sólo era una criada, puesto que ella estaba luchando contra un guerrero consumado, y además le estaba venciendo. El oficial Edmond moriría si Geraud no le ayudaba pronto.

El arquero apuntó a la misteriosa mujer, que luchaba como si baliase, girando con destreza, en constante movimiento, armada con dos cuchillos, que al moverse en combinación con la lluvia, trazaban arcos perfectos de brillantes gotas de agua. Se concentró en los movimientos de ella, analizándolos para que su disparo anticipase su próxima posición. Admiró el modo en el que se movía, cada uno de sus pasos era amplio, rítmico, impredecible... la maestría de aquella mortal era perfecta, pura belleza que cautivó al toreador, no podía dejar de mirarla, de captar todos los detalles de su danza letal. Paralizado en posición de disparo, fue incapaz de hacer nada, la flecha nunca abandonó su arco.

Edmond aguantó cuanto pudo, pero las pequeñas punzadas de la bailarina comenzaron a acumularse destrozando al caballero, finalmente el oficial cayó de rodillas y la bailarina le dio su golpe de gracia. Geraud asistió a la ejecución de su señor Edmond sin poder dejar de admirar la técnica de la asesina, que abandonó sin perder un instante el lugar de su crimen, utilizó su escepcional agilidad para deslizarse con una cuerda hacia el exterior de la muralla y desaparecer en la densa socuridad del desierto.




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