Title: Una entrevista anunciada.
Description: 2 de Julio del A.D. 1225
Elois D'Umbrelle - August 8, 2005 09:49 PM (GMT)
Un pálpito en el inerte pecho de la más digna entre dignas parisens hacía estremecer con fuerza todo su cuerpo, augurando aquellas conjeturas confirmadas, pues en Constantinopla estaría la llave de aquello que podría otorgarle a la ventrue lo que tanto tiempo ansiaba. ¡Venganza!
Paseó despacio recreándose en los tapices ilustrados que había en cada una de las distintas habitaciones de su palacio oculto por soberanas murallas, deleitándose en las representaciones que más aprecio tenía, como las situadas en su alcoba, aquellas que contemplaba cada noche nada más despertar.
Las robustas puertas de roble quedaron abiertas esa noche de verano, mientras la señora de la rocosa morada observaba con detenimiento como eran encendidas una tras otra todas las antorchas que componían el sendero de adoquines romanos que conducía al interior del Chateaux. Esbelta, frágil e inmovil esperaba tranquilamente oculta en las sombras del elevado torreón portador de la sonora campana de bronce.
Perdida en sus pensamientos, pues se le había presentado una oportunidad única, paralela a su interés en el conocimiento, debía aprovecharla al máximo y sacar el mayor rendimiento a sus jugadas, pero aún quedaban variables por determinar para que todo cuadrase en los planes de la increible estratega que pasaba desapercibida entre los bastidores cortesanos. Una de esas variables debía llegar esa noche a su hogar, tal y como lo había hecho otras tantas veces, era esperado por Pier, el enfermo y viejo chambelan de la duquesa de Orleáns. Aaron de los capadocios debía presentarse en el refugio de la duquesa ventrue a petición propia, pero ambos tenían asuntos conjuntos entre manos, los mismos que habían propiciado ese atisbo de satisfacción a Elois, probablemente preguntase despúes por los progreso de su compañera de búsqueda y eso precisamente es lo que meditaba Elois.
Debía estar serena, había preparado las palabras apropiadas, sabía en que pensar y en que no hacerlo, conocedora de las fabulosas facultades del ladrón de tumbas, pese a todo le sabía mal no contarle todas sus deducciones, no sería justo y justamente el capadocio había resultado educado y honorable en todo momento.
Quedose pues, preparando su mente, exhalando y suspirando el frío aire nocturno que corría desde su elevada pose en el campanario.
Herio - August 8, 2005 10:55 PM (GMT)
Herio llegaba justo a tiempo a su cita con la duquesa. A los motivos iniciales para la entrevista habian de sumarse sus nuevos descubrimientos en sus investigaciones. Estaba convencido de que serían del interés de la ventrue. Los guardias de la puerta lo reconocieron y dejaron pasar a "la nueva rata de biblioteca" de la señora. Herio conocía el camino a los aposentos donde le recibia Elois y se dirigió a ellos no sin la atenta mirada de un criado siguiendo sus pasos. Dejó que este abriera la puerta y lo anunciara. Si no, le daría un infarto al pobre sirviente.
Elois D'Umbrelle - August 9, 2005 08:54 AM (GMT)
Pier se apresuró a abrir la puerta del pequeño salón donde sería recibido el capadocio, entre una tos, cuanto menos preocupante, que hacía estremecer todo su anciano cuerpo con cada golpe asestado. Por fin pudo contenar la molesta tos y aclaró su garganta, quizás pronto se convertiría en parte del trabajo del Ladrón de Tumbas, ocupando un bonito dispensario en el cementerio.
La puerta quedó abierta y el siervo de la duquesa anunció con voz potente y elegante.
- "Aaron de los Capadocios"
Él no sabía muy bien lo que aquello significaba, sólo se limitaba a repetir el nombre que aquel sujeto tenía asignado por su señora y así lo expuso.
Dando paso finalmente a Herio, se quedó esperando junto a la puerta por si su señora disponía algo más. Elois estaba sentada en un cómodo sofá de terciopelo azul, había otros tantos dispuestos en círculo, un total de seis, todos del mismo color y girando en torno a una mesa pequeña con tabla de marmol, sobre la cual reposaba una bandeja con una jarra y dos copas de plata. Un simple gesto de la señora del lugar y Pier abandonó sin más la habitación, bueno acompañado por la tísica tos fruto de su profunda enfermedad.
Aquella habitación no era muy grande, pero tampoco muy pequeña, ocupaba el emplazamiento concreto para que los seis sofás quedasen bien espaciados en torno a la mesita, sin agobios pero sin grandes distancias, un gran ventanal debía iluminar durante el día aquel singular salón, pero ahora en la noche estaba cubierto por unas cortinas también azules, a juego con los sillones, una apagada lámpara en el techo y cuatro candelabros de los cuales sólo dos tenían velas, eran el único atrezzo de comparsa a una chimenea, que por la época del año no estaba encendida. Como de costumbre la falta de iluminación predominaba en todo lugar asociado a la ventrue.
Elois se puso en pie e hizo un gesto al capadocio para que se situase frente a ella, ofreciéndole su bienvenida habitual.
- Buena noche tengais, Aaron de los Capadocios, si en paz habeis venido así os marchareis. Por favor, tomad asiento.
Elois y su parafernalia de siempre, tenía la costumbre de repetir a todos sus invitados la misa frase, aunque pareciese simple cortesía encerraba cierto simbolismo y un trasfondo oculto en el cual ella se lavaba las manos de dar cobijo a sujetos que resultasen ser indeseables a posteriori, tales como refugiados o perseguidos por ejemplo. Su mano indicó el tresillo frente al suyo y luego ella se recostó plácida en la cómoda butaca.
Herio no necesitaba presentarse, esa había sido la labor de su siervo, así que Elois esperó en silencio para que el capadocio iniciase la conversación y le explicase así el motivo por el cual quiso concertar una cita en privado. De ojos penetrantes, no por desdén sino porque era lo habitual depositó su mirada azul sobre su invitado, acompañada de una dulce y cálida sonrisa.
Herio - August 9, 2005 01:48 PM (GMT)
Herio asintió ante la habitual frase de bienvenida de la duquesa. En paz habia venido, y en paz se marcharía. Se sentó en un sofa cercano a la duquesa pero sin acercarse demasiado para no ser descortés. Entendió la sonrisa de la ventrue como una invitación a comenzar el la conversación.
- Gracias duquesa, es un placer estar de nuevo en su magnífico castillo.
Se tomó una pequeña pausa para separar su saludo de los temas a tratar.
- Tenía la intención de hablar con usted sobre ciertas onservaciones e ideas que creia necesario compartir con usted. Pero las investigaciones de los pasados días han dado algunos frutos y aprovecharé mi visita para compartirlos con usted.
Creia que lo que le habia traido en un principio era una menudencia sin importancia en comparación con lo que ahora habria de contarle. Pero creia que era su obligación transmitirle su visión de ciertos asuntos. Ella ya vería si decidia seguir su consejo o no. El no era quien para decirle como habia de actuar.
- Lamento tener que decirle que su vasallo Laurent de Vilfort ha cometido pequeñas faltas sin demasiada importancia. No se preocupe, no ha sido nada grave, pero me siento con el deber de informarle sobre lo que creo que hace mal su vasallo.
- En primer lugar, mi opinión es que carace del tacto y el respeto hacia los cainitas que tiene como principal característica el señor D´Artois. No ha hecho nada que ofendiera a nadie, pero creo que en el futuro podria hacerlo.
- Por otro lado esa falta de tacto se aplica tambien a su insistencia en traer a nuestros amigos a su castillo. Tal insistencia podria levantar desconfianzas en un futuro, si es que no las ha levantado ya.
- Y por último, lo que creo más importante. Dicha insistencia a traernos a su castillo fué una grave imprudencia por su parte. Como usted bien sabe, estabamos siendo espiados. Haber venido directamente el castillo sin haber puesto a prueba previamente al espia habria sido un grave error. Podria haber conducido al espia hasta su propio dominio. Por eso, consideré oportuno poner a prueba al espia dando un rodeo por las orillas del Sena. Con ese rodeo comprobé el tiempo de respuesta del espia y me aseguré de que no traeria el peligro a su dominio. Los demás dudaron de mí, pero no me molesta en absoluto. Hize lo que creí correcto.
- No pretendo decirle como debe tratar a sus vasallos, pero creo que el señor D´Artois es un hombre más adecuado para representarla. Solamente es mi humilde opinión. Pero si hace caso de mi recomendación, me sentiré más tranquilo Maddame D Úmbrelle.
Solo esperaba que no se tomara a mal lo que le decía con buena intención. Sabía que su consejo era acertado. Ignorarlo podria causarle problemas a la duquesa en un futuro debido a su impetuoso vasallo. Nada más.
Elois D'Umbrelle - August 9, 2005 10:24 PM (GMT)
Escuchó atentamente las correctas palabras del capadocio, igual que el sonido de una cascada al caer, interesada en oír únicamente eso, absorta en cada gota de agua al bajar con fuerza por la pendiente y luego golpear de sopetón en una masa estable del mismo líquido, un sonido grato sin duda, como las maneras que apuntaba el buen Aaron, sin embargo cargadas de fuerza y dureza, tal y como la más grandiosa catarata. Rápidos, peligrosos y afilados como el camino turbulento por el que se adentraba aquel estudioso de la muerte que bien cerca habría estado de desatar un ataque de ira contra su anfitriona. Aunque ese no era el proceder de Elois, ella estaba por encima de la furia, del ímpetu arrasador que demuestran tornados, saltos de agua o las abrasadoras llamas de una pira. No, esa imagen nunca estuvo en comunión con la digna ventrue, muy dificil sería verla asociada a su persona, todo lo contrario encontró Herio, un remanso de paz, sosegada le replicó como la calma que sigue la tormenta, aquella que desencadenaron sus palabras.
- Eso que habeis mencionado es algo muy atroz, mayor aún de lo que hubiese alcanzado a pensar y no os quepa la menor duda que tomaré medidas drásticas al momento. Rogando acepteis mis más sinceras disculpas por el altercado, si en mi mano estuviera una compensación no dudeis en pedirla, es más, si lo quereis os serviré la cabeza del lacayo ahora mismo.
Las palabras fueron adquiriendo más fuerza cuanto mayor fue la indignación de la ventrue, que desde luego pondría una solución inmediata, pues estaba en su mano más de lo que Herio pudiese sospechar y ciertamente en un futuro, si no se andaba con cuidado cometería alguna irregularidad.
Más templada, incluso se había puesto en pie por el sofocón, se volvió a sentar recobrando así la sonrisa que poblaba esos carnosos labios bajo su redonda naríz francesa. Un tono suave fue el empleado entonces.
- Monsieur Herio, espero comprendais que corren tiempos difíciles, no abunda el buen servicio, pese a saber que no es excusa, es lo único que puedo decir en mi favor, ya que pocos son en los que pueda confiar, menos incluso después de... - se detuvo sin concluir la frase, apenas unas milésimas de segundo y prosiguió como si nada hubiera dicho- en definitiva que es muy dificil dar con hombres de confianza, leales y capaces como lo pueda ser mi buen D'Artois. Sin ir más lejos se encuentra fuera de París haciendo un gran servicio, es por ello que en su ausencia debo contar con otros siervos... menos capaces, tal fue la situación como la ocurrida esa noche...
Sus manos acariciaron dulcemente las abrazaderas de terciopelo azul, mientras Elois daba un giro a la conversación, afirmando tajantemente.
- ... Aunque siguiendo un sabio consejo como el vuestro impondré una solución de inmediato...
Se inclinó para coger con mimo una de las copas dispuestas sobre la mesa de marmol hispano y la acarició, entreteniéndose sus frágiles manos con el utensilio de plata.
- Si no recuerdo mal, iniciásteis el alegato afirmando ciertas ideas, ¿puedo tener su conocimiento?, si no es mucha molestia monsieur Aaron.
Los labios de la vampira tocaron el preciado metal, este fue elevado por encima de su nariz vertiéndose el contenido acto seguido. Acariciando primero las puertas de su boca y luego deslizándose sobre su garganta aterciopelada, fuente inagotable de toda dulzura proclamada a los cuatro vientos por su voz, melosa como aquella sonrisa satisfecha que dejó tras de sí el injeir un néctar de semenjante calidad.
Elois daba tiempo de réplica al capadocio, midiendo los pasos en la conversación, la palabra estaba en su parcela, era pues su turno de emplearla.
Herio - August 10, 2005 08:31 PM (GMT)
Herio casi se sintió mal al oir las duras palabras que la duquesa dedicaba a su vasallo. Casi. No obstante, tampoco consideraba necesario el ajusticiamiento del hombre. Y mucho menos para desagraviarlo a él. Estos nobles.
- No tengo nada que disculparos porque no ha habido agravio alguno por su parte ni por parte de su vasallo. Sería una lástima que mis palabras fueran el motivo de la muerte de un hombre. Sabeis bien que la muerte no me causa ningun problema, pero creo que un severo correctivo puede ser más adecuado. Su falta aún no ha sido grave, y si lo castiga con severidad aprenderá la lección casi con toda seguridad. Y desde luego, yo no pido su cabeza, en absoluto. Aún así, de nuevo dejo en sus manos la labor de decidir el castigo de su vasallo sea este el que sea. Muerte incluida. No soy quien para deciros como hacer vuestro trabajo.
Esperaba dar este tema por zanjado. Como el habia dicho, se trataba de una menudencia si se comparaba con lo que habria de contarle. Sacó el libro y su pequeño cuaderno de notas y los colocó sobre la mesa de exquisita manufactura en marmol.
- Quería hacerla participe de cierto descubrimiento en mis investigaciones que la atañe a usted directamante. Considero necesario ponerlo en su conocimiento para que usted pueda juzgar la necesidad de ocultarlo o mostrarlo a nuestros amigos.
Herio esperó pacientemente un gesto de interes por parte de su anfitriona ante lo que estaba a punto de contar.
Elois D'Umbrelle - August 25, 2005 11:04 PM (GMT)
Elois asintió con la cabeza las palabras del capadocio y luego fue cogida por sorpresa por este al enseñarle el hallazgo, tan sorprendente como insólito.
Tras mirar, remirar y una vez más observar con detenimiento, no pudo salir de su asombro, al menos eso parecía y en esa como tantas otras los gestos de completa naturalidad eran emblema de su carácter.
- Estoy tan sorprendida como vos, monsieur Aaron- y diciendo eso se recostó pensativa en el sillón- no sé que decir.
La mirada de la ventrue se perdió en la inmensidad del abismo temporal, mas su rostro esbozaba muestras más que de desconocimiento, de mera duda. Al poco se centró en la conversación con su invitado, pareciendo predispuesta a otorgar una respuesta.
- Monsieur, este linaje no es el mío, pues el mío se perdió siglos atrás, en las dinastías Merovingias, simplemente lo adopté de mi difunto esposo y es por ello que esta revelación me ha sorprendido tanto como a vos.
Los ojos siempre penetrantes como el filo de una hoja toledana parpadearon incluso unas décimas de segundo, estaban en el mismo callejón que antes, tan sólo habían encendido una pequeña lámpara, un simple componente más del puzzle...
Herio - August 26, 2005 12:27 PM (GMT)
Así que D´Umbrelle era el linaje de su esposo y no el de ella. Eso complicaba un poco la cosa, pero no cambiaba lo más básico; Elois era ahora la mayor interesada en llevar a buen puerto la investigación. Además de el propio Herio, claro está, que tenía en el conocimiento y la sabiduria su fruta prohibida.
- Si ambos estamos sorprendidos, creo que este nuevo dato, lejos de aclarar el conjunto, arroja nuevas incognitas sobre el. No obstante, su interes en la investigación pasa a estar más allá de la simple curiosidad. Haré lo posible para ayudar a esclarecer este misterio Madamme D´Umbrelle.
Bajó la cabeza en señal de respeto, que no de sumisión, a su anfitriona antes de volver a plantear una cuestión de vital importancia.
- De nuevo, dejo en sus manos la decisión de comunicar o no este dato a nuestros compañeros. No me gusta ocultar cosas a aquellos a los que les dije que no lo haría, pero este caso es especial y aceptaré su opinión como el camino a seguir.
Elois D'Umbrelle - September 4, 2005 10:59 AM (GMT)
Pensativa que no absorta había escuchado las palabras del capadocio, sin embargo en su cabeza sonaban dos voces al unísono, la de Aaaron y la suya propia, pues aún sin quererlo ese asunto le resultaría más importante de lo estimado y sabía de alguien que podría ayudarles, el problema sería dar con él...
- Monsieur Aaron, me parecería una profunda descortesía hacia nuestros camaradas y aliados en la búsqueda el no comunicar este descubrimiento, por favor le insto fervientemente a que lo haga, de lo contrario podría suscitar desconfianza, algo que no queremos que ocurra para poder llegar al fondo de la cuestión.
Una pausa en su melódica voz, iba a cambiar de tema, de entoncación también, pues más suave en su habla prosiguió.
- Sin embargo, sé de alguien que podría ayudarnos a desvelar este misterio, no obstante su paredero es desconocido, aunque podría intentar localizarle, costará tiempo llegar hasta él y eso sería lo único que os pediría por el momento, tiempo.
La ventrue sonrió esperando lograr lo que pedía, su petición era justa y su cuñado Richard D'Umbrelle se encontraba en las tierras de Ultramar, aún invocándolo a su presencia tardaría en llegar, aunque esa precisamente no era su idea...
Por instantes Elois parecía absorta, pero solo en apariencia, retomó de inmediato la noción del tiempo, de la sala, de su invitado, en una rápida mirada que abarcó fugaz todo aquello que la rodeaba.
- Algún otro dato que aportarme monsieur, o por contra preferiis que os comunique aquello que logré obtener...
Una sonrisa de picardía se esbozó en su rostro, era obvio que tenía información fresca, obtenida hace tiempo y que abriría nuevas puertas en la investigación, su mirada la delataba pues así ella lo permitía, pese a todo quería que el ladrón de tumbas culminase la exposición y los asuntos, previo paso de su interlocución.
Herio - September 4, 2005 11:45 AM (GMT)
Herio permaneció callado y atento a todo cuanto decía la ventrue. Asentía de vez en cuando para indicar que entendía todo cuanto decía y esperaba pacientemente cuando la duquesa se tomaba sus habituales pausas.
- Estoy de acuerdo con vos, maddame D´Umbrelle, pero al ser algo privado prefería que usted decidiera. Nada más. Espero que esa persona consiga ayudarle a desvelar el misterio tras el nombre de su misterioso pariente. Yo mismo trataré de ser de ayuda en esa empresa.
Herio tambien hacia pausas previas a cambios de tema o por una simple cuestión de modales propios de un orador. Aunque distaba mucho de tener la habilidad de su anfitriona en ese campo.
- Creo que ya he hablado bastante. Espero que la proxima vez pueda traer más soluciones y menos problemas. Estoy deseando saber que es aquello que ha obtenido, maddame D´Umbrelle
Elois D'Umbrelle - September 7, 2005 11:07 PM (GMT)
Un leve gesto de muñeca, indicando a su acompañante que debía escuchar, este era su momento de relato, relajando todo su cuerpo, concentrando su mente en las palabras exactas y alejándola de cualquier pensamiento que desenmascarara sus sospechas inició la oración.
- Vereis monsieur Aaron, visité hace ya algunas noches al conde Montesquie, obtenientdo sin reparao y a un suculento precio la información referente a los citados libros.
Elois se sonrió, una sonrisa que no parecía fingida, sino de impotencia más bien, pero claro, las dotes de actuación hacían ardua la tarea de diferenciar cuando interpretaba y cuando era real, no obstante no había razones para desconfiar, no más de las que la ventrue llevase consigo.
- Ese buen conde, no cesará en su empeño al decir que las compró a un comerciante egipcio en Constantinopla, éste le aseguró que eran procedentes de Alejandría.
Elois hizo una pausa, su alegato parecía sincero, mirada profunda y penetrante, nada era diferente en su perfil, ni tan siquiera nerviosismo, pues para un predador social como lo era ella, no había motivos, apenas existía diferencia entre la verdad, verdades a medias o la más singular de las mentiras. Sin embargo quería ver las conclusiones a las que llegaba el capadocio, contemplando cuales ideas obtendría de este y sopesando que parte de información adicional propiciarle.
Herio - September 11, 2005 02:15 PM (GMT)
Herio escuchó con atención lo que la cambiante ventrue le relataba. Sonreía, se ponía seria otra vez, parecía alegre, sincera. preocupada, distante..... La cantidad de sensaciones que transmitía la duquesa con sus gestos y palabras era incalculable. Como el viento, cambiaba de rumbo a capricho y con naturalidad. Era casi como asistir a un teatro.
- Alejandría......
Una sola palabra era capaz de evocar multitud de sensaciones y pensamientos a cualquier eudito que se preciara. Su famosa y desaparecida biblioteca era en gran parte responsable de esas evocaciones.
- Ese dato podría conducirnos al camino hacia la verdad de este rompecabezas. Podría ser la clave que haga que las demás piezas encajen. Pero.....
A Herio no se le escapaba la sutilidad con la que la ventrue indicaba ciertas cosas. "No cesará en su empeño", "aseguró". Demasiadas incógnitas.
- No dudo de su palabra ni en su habilidad para conseguir lo que desea. Pero creo que no debemos precipitarnos en sacar conclusiones. Por sus palabras deduzco que el buen conde Montesquie, parecía muy empeñado en asegurar la procedencia de los libros, que además, está sujeta a la posibilidad de que aquel comerciante egipcio le engañara. Un comerciante es capaz de cualquier mentira con tal de vender sus mercancias. Recomiendo no descartar nada hasta estar más seguros sobre la autentica procedencia de los libros.
No daría por buena la teoria de Alejandría por el momento. Pero, desde luego, no la descartaría tampoco.
- ¿Es lo único que pudo sonsacarle al conde?
Sin duda, con las habilidades interpretativas y su poder de convicción, habría sacado más detalles que el nombre de una ciudad. Incluso tratandose de un tema de interés mutuo y ajeno a la política cainita, la ventrue, nunca dejaba de jugar al gran juego.
Elois D'Umbrelle - September 11, 2005 03:36 PM (GMT)
Elois clavó su mirada austera sobre el capadocio, su cuerpo se quedó rígido al instante, parecía una gárgola diespuesta sobre la cima de la abadía custodiando los secretos de los libros, sólo hacía falta la palabra mágica para que las puertas secretas del conocimiento quedaran abiertas y, de algún modo aquel estudioso de la muerte había dado con la clave acertada. El ceño fruncido por momentos, se suavizó, persistía el silencio, un silencio tenso marcado y remarcado por aquellos ojos turquesa arremolinados con la furia de los océanos sobre el místico cainita.
La boca de la ventrue describió un pequeño movimiento, lento como una tortuga en tierra, invertido como el de un cangrejo, poco a poco, rozando la marea que provenía de su mirada ya más apaciguada, la tortuga se agilizó al contacto con el agua y el cangrejo punzó sus labios esgrimiendo finalmente una sonrisa a la vez que su cabeza asentía y su cuerpo quedaba completamente relajado.
Elois se puso en pie y caminó por la habitación, buscando las palabras adecuadas, si no las tenía ya todas consigo, pues diestra era y recursos no le faltaban, tal vez las medía... ¿pero porqué haría eso?, ¿a cual descubrimiento habría llegado? o simplemente imponía más drama en el tablado para poder representar mejor su propia trajedia. El melodrama de la no vida de un ventrue, conspiración y más conspiración, por doquier, mas en esa ocasión no hacía falta, al menos en vistas del capadocio, no. Pero ciertamente Elois no dejaba de pensar que Aaraon tenía amistad con Vikarna, tal como ella le confesó en la corte de Salianna, ese podría ser un detalle que en esta ocasión minaba la confianza de la ventrue fluctuando en detrimento del siempre correcto Aaron.
Decidida ya a entablar conversación, así lo hizo, no queriendo exasperar más a su invitado, no sería cortés y probablemente la ansiedad le corroía en lo más profundo de su ser a cuanto más se demoraba la respuesta, por muy bien que lo disimulase, Elois sospechaba esa sensación, tal vez acertase, tal vez no, pero en raras ocasiones le fallaba su instinto.
Detenida en su camino miraba al capadocio atentamente.
- Monsieur Aaron, sois sagaz y eso os honra, aquello adicional es algo delicado. Vereis, la pista sobre Alejandría provocó un pálpito en mi pecho, el simple hecho de haber poseído entre mis manos un manuscrito de tan maravilloso lugar sería un portento para cualquier erudito que se precie.- Eso lo sabía bien, por ello eligió Alejandría en su versión, bueno y por algo más... - Por tanto no dude ni un instante en recurrir a quien mejor sino, que Joseph.
Elois asintió con la cabeza a la vez que repetía el nombre de la serpiente.
- No os asusteis, pues nada de conocimiento he puesto en sus manos, nada está concretado aún y espero que confieis en mi discrección con este asunto, simplemente tantee la posibilidad de lograr su ayuda en un asunto, no obstante exigió un pequeño favor a cambio el cual no estoy en muy buena disposición de ofrecerle. Sé que Alejandría sólo es una conjetura, pero de ser verdad, no podemos dejar escapar la oportunidad, al igual que no debemos dejar correr más la voz sobre el asunto o se nos iría de las manos. En todo ello soy consciente.
La preocupación reinaba en el rostro de Elois, el egipcio le había solicitado algo lejos de su alcance y no podrái seguir por ese camino, esa es la impresión que ofrecía una desvalidad ventrue.
- Mas otro frente de búsquesda tengo abierto, otro que no dudo añadirá más oscuridad en nuestro enigma particular, pero antes de proseguir quisiera obtener vuestra opinión.
Elois, tranquilamente se dirigió de nuevo a su asiento, dando así tiempo a que el capadocio reflexionase, había sido una hábil jugada, mas ahora su mente observaba el libro que consigo trajo Aaron, un aura triste la envolvía, estando pues muy metida en su papel.
Herio - September 23, 2005 08:52 AM (GMT)
El capadocio comprendía perfectamente el sentimiento que producia la ciudad de Alejandría en cualquier estudioso. Que Elois sintiera eso, era una señal muy favorable desde el punto de vista del capadocio. Se encontraba ante una persona que, a pesar de las diferencias, compartía inquietudes con Herio. Que interesante.
- Es usted una experta negociadora, maddame D´Umbrelle. Confio plenamente en su capacidad para lograr algo de información si hacer concesiones innecesarias para ello.
Sonrió a la ventrue, cuyo rostro parecía estar cambiando de mascaras continuamente. Debía de tener un baúl entero lleno de ellas. Era sin duda la más cualificada para lograr lo que se proponía.
- Considero del todo acertada su decisión de contactar con Joseph. Nadíe mejor que un egipcio para saber algo sobre Egipto. Cuanto más, si este egipcio es, además, un afamado informador.
- No dejaremos correr la voz. Confio en su discrección tanto como espero que usted confie en la mia.
La ventrue se sentó y posó su mirada en las pastas del libro que sobresalían ligeramente entre los pliegues de su ropa. La tristeza se reflejaba en su rostro. Y en verdad era lo que esperaba el capadocio, al que no le hacía ninguna gracia la codicia.
- Es usted una experta en despertar mi curiosidad, maddame. Estoy deseando saber cual es el otro frente de busqueda que ha abierto...
Elois D'Umbrelle - September 23, 2005 10:24 PM (GMT)
El capadocio era listo y sagaz, un estudioso, es por ello que no le sorprendió la pregunta.
- Vereis, existe algo en todo ese asunto que no huele bien, muchos son ya mis años de intrigas... Tengo una pequeña corazonada, es por ello que nada más obtener la inforamción envié emisarios a Cosntantinopla, lugar donde fueron adquiridos los libros. Posiblemente no saque nada de todo esto, pero vale la pena intentarlo, ¿no creeis?.
Sonrió, suponía que el capadocio quisiese estar informado en todo momento, asíq ue trató de calmar su curiosidad.
- También tengo pensado entablar una entrevista con monsieur Tod y monsieur De la Voud antes de nuestra reunión próxima el día dieciocho, en cuanto progrese mi investigación lo comunicaré a ambos, sobre todo considerando el ímpetu de monsieur Tod por la trama (por todo en general), sólo tendreis que interrogar a ambos y así no tendreis que desplazaos fuera de París.
Se recostó en su sillón, pensativa, no quería ocultar la información a sus aliados, pero esta bien lo merecía, el más indicado para compartirla era Aaron, pero su vinculación aparente con Vikarna era peligrosa, además sólo eran conjeturas... no obstante así le haría saber.
- Hay un detalle que me preocupa en todo este asunto, de momento no tengo nada en claro y no aventuro a concretar una hipótesis certera, algunas conjeturas sin argumento que aún no quiero descartar, pero que por su índole tampoco merece la pena hacerlas más caso del debido, mas desearía que quedase entre nosotros Aaron. Cuando tenga alguna prueba factible para apoyarlas, no dudeis que sereis el primero a quien recurra.
Herio - September 26, 2005 06:59 AM (GMT)
- Desde luego es una posibilidad que vale la pena explorar. Las corazonadas son a menudo tan certeras como la decisión más meditada. Hace usted bien es seguirla maddame D´Umbrelle. Muy bien..
¿Interrogar a Tod y de la Voud? Se le ocurrían formas mejores de ocupar su tiempo. Pero la idea que le sugeria la ventrue no era mala del todo. Aún así, preferiría tratar el tema cuando los cuatro volvieran a estar reunidos.
- No es molestia desplazarme fuera de Paris si es para gozar de su hospitalidad. Mas teneis razón en una cosa; el señor Tod es una persona muy impetuosa, quizá demasiado. Aunque creo que aún es joven y curioso y que tanto ímpetu pueda ser algo positivo si es bien enfocado.
Cada vez se encontraba más comodo en compañia de la ventrue. Si bien parecía que aún, ambos tenían que sopesar cada palabra que decían y escuchaban. Era dificil dejar las costumbres de lado, al fin y al cabo. En el caso de Elois, parecía haber tomado por costumbre hacer una pausa y dejarle hablar antes de proporcionarle nueva información. Suponía que sería una forma de demostrar su importancia y de hacerse de rogar. De momento su curiosidad era facilmente soportable y le seguiría el juego.
- Puede hacerme partícipe de esas conjeturas sin tener que esperar a poder confirmarlas. Quizá pueda ayudarla en algo en ese respecto. Quedará entre nosotros si es lo que deseaís. No es facil hacerme revelar un secreto.
Sonrió levemente. En verdad no lo era. Era lo suficientemente inteligente como para saber guardar los secretos y no permitir siquiera la posibilidad de que alguin tratara de sonsacarselos.
- Es decir, si usted quiere...
Elois D'Umbrelle - September 26, 2005 10:48 AM (GMT)
Elois asintió.
- Cierto, el ímpetu de monsieur Tod debe ser bien enfocado, aunque os considero más merecedor que yo para tal empresa, os tengo por más paciente que vuestra humilde servidora.
Y se sonrió por el comentario, algo de humor podía aliviar un clima tenso, no mucho, pero siempre que dos miembros de los Altos Clanes yacían juntos era difícil la ausencia de tensión.
No hubo pausa esta vez y casi de seguido continuó.
- Agradezco vuestra confianza y apoyo sobre mi corazonada, la seguiré hasta donde alcancen mis medios, pero no os preocupeis por la conjetura...
Aquí dudó si contarle o no su hipótesis, pero teniendo presente a la tremere, era dificil que la confiase...
- Pero decidme, que otros asuntos os mueven por París, no quisiera ser la única acaparadora de vuestro valiente tiempo, de seguro que teneis más labores monsieur Aaron.
Un cambio radical, ahora le preguntaba, se preocupaba por herio, sería una nueva artimaña de la ventrue o simple curiosidad por su aliado en la búsqueda.
Herio - October 11, 2005 11:54 AM (GMT)
FDI: Siento haberme olvidado de este toìc. ¿Te parece bien que lo dejemos en plan fundido en negro? Es que por aquellas fechas, la trama de los libros era lo único que ocupaba el tiempo de Herio.
El capadocio sonrió levemente por la curiosidad de Elois. A decir verdad, poco o nada de interes ocupaba sus noches estos dias. No quería aburrir en demasía a la ventrue, asi que trató de hacerlo lo más ameno posible.
- La rutina es la dueña de mis horas noche tras noche......
(fundido en negro) ;)
Elois D'Umbrelle - October 11, 2005 12:23 PM (GMT)
FDI: ok, entonces cuncluimos el post así...
La velada concluyó con diferentes relatos, no muy profundos, sino vacuos en ambos sentidos pero que sirvieron a ambos cainitas para conocerse un poco más de cara al futuro...
La noche acabó y cada uno volvió a sus quehaceres nocturnos hasta la noche fijada para el encuentro de todos los cainitas involucrados en la trama.