Varios días navegaba la "Do Sperança" por el canal con mucha cautela, cuando una voz resonó sonora en la cubierta:
- "¡Barco a la vista!"
Un revuelo se produjo a bordo de la fragata, entre tanto que el contramaestre observaba con entusiasmo la bandera del navío.
Una figura corpulenta, portando frondosa barba negra y bien cuidada de mirada astuta se acercó a éste por detrás.
- ¿Que nacionalidad?
Extasiado de júbilo replicó - Inglés mi capitán-
Barbosa sonrió y se giró a la espectante tripulación.
- Izad bandera negra y preparad el abordaje.
La cubierta en seguida se tornó una tormenta, con hombres de uno a otro lado, preparando cañones, soltando cabos, armándose, dispuestos a entrar en batalla con los ingleses...
Entrada la tarde, los cañones aún humeaban tras la reyerta, sobre el agua sólo yacía un navío, con bandera negra apostada sobre su mástil más elevado.
El capitán Barbosa se frotaba las manos con el botín recaudado, oro y telas principalmente, la moral de la tripulación estaba por las nubes, también habían topado con varias barricas de vino francés, pero la mente de Barbosa estaba más lejos de allí, en la recompensa que recibiría por las cartas de navegación, aunque aún le quedaba la decisión más dura, tenían casi veinte prisioneros, entre ellos el Capitán Millgan, herido pero aún con vida.
Carcajadas resoplaban desde la cubierta de marinos embriagados que con los filos de sus armas se divertían a costa de humillar a una temerosa tripulación vencida.
- Soltar una balsa.
Exclamó el portugués, de inmediato se cumplieron sus órdenes, luego pasó revista sobre los vencidos seleccionando a dos entre estos. Un poco de pan y de agua serían su compañía en el regreso a Britania.
- Con los saludos del capitán Barbosa para su majestad
Incitó jocoso ún portugués, mientras que sus hombres se rezarcían con su agrio comentario para los vencidos.
¿Que hacemos con el resto?, le preguntaron algunos ansiosos por divertirse.
- Los venderemos como esclavos, salvo los oficiales que pediremos rescate.
Y Barbosa regresó a su camarote, tenía que estudiar las cartas inglesas antes de enviarlas con toda la documentación del capitán a Francia, concretamente a París...
Dias más tarde la Do Sperança avistó un par de barcos, uno de ellos era francés y el otro portugués, por tanto las velas negras quedaron a buen recaudo, mientras la fragata se dirigía a tierras francesas. Barbosa había estudiado con cuidado las cartas de navegación inglesas antes de preparar el envío a la noble francesa.
Cuando arrivaron a puerto, Madeira tomó el fardo y un caballo para dirigirse a París, el resto de tripulantes se gastarían el botín en las tabernas portuarias mientras esperaban a que el contramaestre regresase con más dinero.
En su camarote, Barbosa vio partir a su leal Madeira, sólo en el confiaba para esta misión. Cuando le perdió de vista bajó allí a planear su próximo asalto a un galeón británico, aprovechando la tranquilidad de la que gozaba estando sus hombres en tierra. También debería reclutar más hombres de cara a la próxima partida.