View Full Version: Camino de Trípoli, verano de 1219

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Title: Camino de Trípoli, verano de 1219
Description: De regreso a occidente Flashback


Aloisius Montenegro - August 5, 2005 02:33 PM (GMT)
El polvoriento sendero atravesaba el pedregoso valle que les llevaría a Trípoli. El maestre Aloisius debía llegar para tomar aquel barco que le llevaría de vuelta a occidente. Atrás quedaban buenos y malos momentos en las tierras en litigio con el islam. Y muchos eran los amigos, y enemigos, que dejaba atrás. Una nueva época en su vida se abría ante él. Nuevas experiencias, nuevas responsabilidades. Echaría de menos al docto Jessaím y sus sabias apreciaciones, era el mejor médico que jamás había conocido. No volvería a conversar, en el zaguan de su casa o en su jardín, de cirugía y anatomía con él. Pronto llegarían, él y su escolta de caballeros Hospitalarios, al puerto de Trípoli y partiría hacia las tierras Francas, dejando atras tierra santa, arribando a la costa franca en Marsella. Su destino sería, finalmente París.

"Largas son las noches, largos son los días,
largos los viajes si no hay buenas compañías"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - August 7, 2005 02:12 PM (GMT)
El bullicioso puerto de Trípoli era un claro ejemplo de aquella tierra santa crisol de culturas. El trajín de gentes venidas tanto de oriente como de occidente era contínuo. Grandes barcos genoveses, venecianos, amalfitanos y de muchos otros paises embarcaban sus mercaderías. El grupo de caballeros de la orden del Hospital de San Juan entró en la zona portuaria por la puerta oriental. Las edificaciones de adobe, en su mayoría almacenes, recorrían en hileras interminables las callejas por las que circulaban carretas y mulas repletas de todo tipo de artículos. El fuerte olor del salitre les había anunciado la cercanía del mar. El ajetreo de la gente la proximidad del puerto. Se acercaron a un par de guardas tripolitanos. Preguntaron por el barco que debían coger y estos les enviaron hacia una casucha en las que se encontraban los encargados de la entrada y salida de los buques. Cuando supieron donde se encontraba el barco se dirigieron hacia él.
Vieron a lo lejos las banderas amalfitanas en el gran buque y comprobaron que se trataba del "Luz de oriente". Una vez arreglaron el papeleo con el contramaestre subieron las pertenencias del Maestre Aloisius.
- Gracias por vuestra compañía durante el viaje, maese Sebastian- Agradeció Aloisius.
- Siempre es un honor acompañaros señor.
Se despidieron del maestre con un saludo marcial, montaron en sus caballos y partieron hacia la pequeña fortaleza cercana a Damasco de la que provenían.
Aloisius Montenegro vió como se alejaban atravesando el muelle. Cuando desaparecieron de su vista se dirigió al barco para acomodar su brioso caballo "Brizna" y el resto de sus pertenencias.

"Volver al inicio del camino es, a veces, el camino más largo que puedes recorrer"
Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 16, 2005 01:21 PM (GMT)
Los recuerdos se agolpaban en su cabeza. Muchas habían sido las vicencias de los últimos años vividos en Outremer. Las dulces y amargas vivencias azotaron sus sentimientos provocando una tempestad en sus entrañas. Aloisius permitió que una lágrima resbalase por su mejilla hasta llegar a la triste sonrisa que adornaba su rostro. Acarició el morro de su caballo y recordó como había conseguido a aquel precioso ejemplar, algo más que un buen caballo, quizás mucho más.
Fue en el verano del año del señor de 1218. Él y dos caballeros más escoltaban una pequeña caravana en dirección a El Cairo. Habían accedido ante la insistente petición del lider de los creyentes, Abdul Al-Mansí Ibn Muahtar. La amistad que existía entre este y Aloisius, que ejercía de comendador de un pequeño fuerte en la zona de Gaza, casi le obligó a aceptar. Acabo de convencerse ante la orden que recibió de sus superiores.
Partieron desde Damasco con la caravana de cincuenta camellos, ellos eran su única protección; los tres caballeros de la orden y seis sargentos. Normalmente era una protección suficiente para una caravana de esas dimensiones pues los bandidos sarracenos pocas veces se atrevían a atacar a aquello que protegían los caballeros de las ordenes cruzadas; ya fuesen los sanjuanistas o los templarios. El viaje, aparte de ser fatigoso atravesar aquellas áridas tierras bajo el sol del verano, no se había mostrado dificultoso. Todo parecía indicar que llegarían a El Cairo sin más problemas que el calor, la sed y el largo viaje. Cuan equivocados estaban.

"Viajar es el inicio y un fin en si mismo; abre los ojos y verás, cierra tu mente y tropezarás"
Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 18, 2005 03:59 PM (GMT)
La noche estaba cercana y la necesidad de buscar resguardo para la fría noche del desierto se hizo patente. El Maestre Aloisius dió orden a dos de los sargentos, habiles como él en los secretos de la equitación ligera y la exploración al estilo de los infieles, de que buscasen un lugar cobijado y apropiado para que instalasen el campamento de la caravana. Partieron con premura en pos de los que se les había ordenado. No pasó más de una hora antes de que volvieran sus hombres. La noche ya había estendido su ceniciento manto sobre ellos. Ahora eran una visible serpiente de antorchas que se desplazaba por aquellos, ahora, invisibles paramos. Los dos sargentos recorrieron la caravana hasta la retaguardia, el lugar más vulnerable junto con la vanguardia donde había situado a otros dos caballeros. Allí se encontraba Aloisius. Se pararon a su lado.

- ¿Señor? - El joven sargento esperó a que le diesen permiso para hablar. Sus ropas, como las de todos sus compañeros, estaban gastadas y polvorientas.
- ¿Dime Tigaud? - El Maestre Aloisius no gustaba de la rigidez de las reglas marciales pero, con el tiempo, se había acostumbrado y seguía de forma maquinal las formas. En situaciones como aquella en que era primordial no alargar el tiempo, pues les exponía a los peligros, el orden marcial era muy beneficioso.
- El sargento Frederick y yo hemos encontrado un lugar que creemos apropiado para acampar. ¿Deseais inspeccionarlo vos?
- No es necesario Tigaud, confío en vuestro criterio.- Alzó la mano y con un gesto ordeno que siguiesen a los exploradores de la orden, la voz se fue corriendo boca a boca como un reguero de agua a traves de la caravana..

La trocha por la que pasaron era tan pedregosa como el resto del paisaje que les rodeaba o, incluso, más. Unas paredes, casi verticales, se alzaban a los lados. No eran muy altas, apenas tres o cuatro metros, pero a Aloisius no le gustaban nada. Esperaba que sus eficientes hombres hubiesen cumplido con su trabajo e inspeccionado las laderas, para comprobar que la presencia de bandidos no les pusiese en peligro. Una sóla mirada y una muda contestación de los jóvenes pero curtidos soldados le confirmó que así había sido. Avanzaron unos metros sin dejar de lado su habitual actitud vigilante. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Aloisius anunciando, como otras veces un inminente peligro. Alzó sus ojos hacia la pared de la derecha y, de la nada, aperecio una sombra. Aloisius hubiese jurado que un segundo antes allí no había nada ni nadie. Los espejismos de la noche quizás. Pero, tal y como sucedieron las cosas, de forma vertiginosa, no tuvo tiempo de hacerse consideraciones al respecto. La sombra disparó varias flechas en rápida consecución. Demasiado rápida. Varias sombras más salieron de la nada y dispararon su lluvia de saetas. Las flechas zumbaron como demoníacos enjambres de abejorros a su alrededor. Por la danza de las antorchas cayendo al suelo supo que toda la caravana estaba siendo atacada. Los gritos de agonía corroboraron sus pensamientos. Espoleó su caballo hacia aquella empinada ladera y, cuando estaba a punto de chocar contra ella, se impulsó poniendose en pié en la grupa de su caballo y saltó. Subió dificultosamente los dos metros que le restaban hasta sus atacantes. Le alcanzaron varias flechas y alguna de ellas traspasó su cota de mallas incando sus ferreos dientes en la carne de Aloisius. Utilizó sus capacidades pidiendo la ayuda del arcangel Gavri-El (Gavri-El 4) para llegar a sus contrincantes con la mayor celeridad posible. Los oscuros seres emanaban la oscura maldad del pecado y la traición. Se enfrentó a ellos desenfundando su espada aún a pesar de ser rebasado en un número superior al triple que era el que imponía la regla para poder desistir de una lucha. De todas formas no creía que aquellos malditos hijos de Caín le hubiesen permitido desistir de aquella confrontación. La muerte estaba cercana para Aloisius pero vendería cara su derrota, pidió la inspiración de todos los arcángeles para que así fuese. Una fuerte luz emanó del cuerpo del hospitalario. Si los allí presentes no hubiesen estado ocupados en sus propios asuntos hubiesen podido presenciar como su cuerpo quedaba envuelto por una imagen lumínica con forma de angel, difusa pero clara. Si, además de tener un momento para mirar en aquella dirección, sus conocimientos teológicos fuesen grandes podrían reconocer simbolos e imagenes que representaban a los cuatro arcángeles; Gavri-El, Mikha-El, Repha-El y Uri-El. Encaró asus adversarios y, entre ellos, se encontraba la muerte.

"Afronta tus últimos momentos con la seguridad de que serán memorables"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 18, 2005 04:29 PM (GMT)
La danza entre la luz y las sombras comenzó con el sonido del entrechocar de los metales. Las estocadas se sucedían rápidas, demasiado rápidas. Hincó su espada en las tripas de uno de aquellos oscuros hombres, o lo que fuese, sus entrañas se derramaron por el suelo, negras y putrefactas. No pudo evitar ver caras de asombro entre las caras de sus inusualmente negros enemigos. Su arma hendía la carne hedionda de aquellos seres igual que si fuesen humanos normales (Mikha-El 3). Pero, no lo eran. Nunca se había enfrenta do a seres humanos que poseyesen tal celeridad y suma habilidad. Aunque muchos cayeron bajo la justicia de su espada, las heridas comenzaron a debilitarle y el final se acercaba a grandes pasos. La noche pronto acogería su cadaver si un milagro del señor no lo evitaba.

"No desesperes ante la adversidad y quizás la esperanza y la suerte puedan volver a sonreirte otra vez"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 19, 2005 09:10 PM (GMT)
Por cada uno de sus golpes recibía tres de sus contrincante. Dos de ellos se apartaron dejando al jadeante hospitalario en medio de un circulo de atacantes. Uno de ellos avanzó hacia él retirandose el fino pañuelo que cubría su cara. Era más negro que el azabache y con diferencia el más oscuro de sus atacantes. La sangre manaba por las heridas de Aloisius de forma abundante debilitandole. Aquel desconocido le apuntó con una fina cimitarra adamasquinada y habló en idioma franco.

- ¿Quien eres cristiano? Contesta o moriras ahora mismo- Sus palabras sonaron duras pero claras como clarines, golpeando como mazas las doloridas sienes de Aloisius.

- Mi nombre es... Aloisius Montenegro, comendador... hospitalario de la fortaleza Amín- Jazzá, situada... en los territorios de Gaza- Su voz, jadeante por el esfuerzo, sonó débil y apagada.

- Has matado a muchos de los míos, he de reconocer tu capacidad, por eso moriras por mis manos si ese es el deseo de Dios.

- "Quien ha creado la vida y la muerte para poneros a prueba y mostraros quien de vosotros en sus actos es el mejor, Aquél es el Todopoderoso, quien siempre perdona"- Las palabras pronunciadas en la lengua de los sarracenos sonaron limpias y claras, dejando sorprendidos a sus captores.

- ¿Hablas la lengua de los creyentes y te atreves a recitar versos del libro sagrado? ¿Quien eres realmente?- La voz sonó más sorprendida y curiosa que enfurecida- Mi nombre es Ahmed Ibn Salahat. ¿Donde aprendiste todo eso?

- En Damasco hablando con médicos y eruditos, estudiando vuestros textos sagrados. Muchas son las similitudes entre vuestras creencias y las mías. Dios sólo hay uno, en palabras de Mahoma, que la paz sea con él.

- Moriras dignamente bajo mi espada.

- Si ha de ser, que así sea.


"Las palabras te forjan en destinos de arena"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 20, 2005 05:53 PM (GMT)
Un círculo de antorchas dibujaba un espacio ilimitado pero finito. La noche les envolvía con su espeso manto como tentáculos de sólida materia indeterminada. Los dos dibujaron con sus pies arabescos en las resecas arenas del desierto, calibrando a su rival. Aloisius sabía que aquel ser no era un humano normal, todas sus percepciones (Mikha-El 1) le hablaban de su naturaleza maligna, veía como una bestia oscura danzando a su alrededor, aunque viendo a sus compañeros parecía menos retorcido. El baile continuó durante un largo instante. Aloisius se encontraba demasiado débil pero no tenía opciones. La bestia que se traslucía, ya claramente, a traves de la cara de su contrincante, sonrió. Pasó su lengua, larga y roja, por el filo de su espada tintandola con su sangre. Alzó la hermosa cimitarra y como un borrón se lanzó en pos de Aloisius. No dió crédito a la celeridad con la que aquel ser se movía. Su espada rajó profundamente en el cuerpo de Aloisius que también acertó varios de sus golpes. Haciendo daño a aquel ser.

"Asume la derrota pero no te rindas nunca"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 20, 2005 09:09 PM (GMT)
La roja sangre de Aloisius se mezclaba con la negra sangre de su enemigo en el fragor de la batalla. Las heridas eran cada vez más numerosas y más graves. Por cada golpe de Aloisius recibía tres de su contrincante. Cruzaron sus espadas y acercaron sus rostros a medio palmo de distancia. A la distancia de un aliento. El archimago ´corroboró entonces lo que sus dones intuitivos le habían sugerido; aquel ser no tenía aliento. Su fuerza era tb sobrenatural y superior a la del caballero hospitalario. El oscuro empujo con impetu y Aloisius salió impulsado hacia atras, perdiendo un poco el equilibrio. La bestia que traslucia en su rostro actuó con veloz eficacia y cercenó el cuello del mago. El corte no fue limpio pero suficiente para dejarlo al borde de la muerte. Cayó como un saco de maiz agarrandose la terrible herida de la garganta. Sintió como su vida fluctuaba, debilitandose. Se mantuvo de rodillas durante unos segundos y se deslizó lentamente hasta yacer en el suelo. Pronto estaría con el señor, sintió una paz indescriptible. Una tenue sonrisa se dibujo en su rostro.

"Si encuentras la muerte, encuentras la paz, no desesperes ante lo inevitable"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 20, 2005 09:24 PM (GMT)
El cristiano había luchado bien, había herido multiples veces a Ahmed Ibn Salahat y no era un simple chiquillo ni mucho menos. Era mucha la sangre que había tenido que gastar, pocas veces se había visto obligado a gastar tanta en sus cinco centenas de años de vida como vastago. Estaba famélico y si no se alimentaba el frenesí se apoderaría de él. Hizo un gesto y trajeron a su presencia uno de los moribundos prisioneros. La sanguijuela siguió el camino de los de su estirpe y se alimentó hasta que aquel desgraciado no tuvo nada más que ofrecerle. No era suficiente y se alimentó de tres más. Aunque no quedó saciado tuvo que conformarse pues también los otros deberían beber para recuperarse. El joven Sallím se acerco al caballero cristiano y se agachó a su lado. Al cabo de unos segundos gritó de forma irascible.

- ¡Este bastardo cristiano, hijo de una camella, aún está vivo!- Levantó su curvado cuchillo con ira no contenida.- ¡Muere maldito invasor! ¡Muere enemigo del Islam!- La hoja descendió con rapidez hacia el cuello del caballero Sanjuanista.

"La muerte es, a veces, una justa victoria por una vida de sacrificio"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 21, 2005 09:00 PM (GMT)
- ¡Alto! Dejale vivo- La estentorea voz sonó autoritaria. No dejaba ningún resquicio para la duda. El cuchillo se detuvo a medio camino, su propietario no pudo evitar un gesto de incomprensión. Así se quedó unos instantes, agachado al lado del moribundo.
- Claro mi señor, aun necesitais alimento para saciaros- El joven se apartó creyendo comprender el sentido de la orden. No se había apartado más de dos pasos cuando hablo el antiguo con voz clara.

- No mataremos al cristiano. Si ha de morir es Dios el que lo decidirá. De todas formas está moribundo, si no muere por la heridas el duro sol del desierto se ocupará de él.
- ¿¡Por qué le mostrais misericordia señor!?- Bramo contenidamente el joven vástago- ¡Ha matado a varios de los nuestros!

- ¿De verdad crees que es misericorde mi acción? ¿Acaso no te acuerdas de tus días, no tan lejanos, de mortal? Tan pronto has olvidado lo que es el hambre y la sed bajo el duro sol. Si la gravedad del daño que ha sufrido no acaba con su endeble vida, sufrirá un suplicio indescriptible.
Una oscura sonrisa iluminó el rostro del neonato, deformando su rostro en un gesto de turbio placer. El más viejo de los vampiros, señor de su feudo, no creyó conveniente demostrar lo que realmente pensaba. Aquellos neonatos no tenían por qué saber de su sentido del honor ante un digno oponente ni, por supuesto, de su oculto deseo; la supervivencia de su digno oponente.

"La misericordia es peligrosa, la injusticia lo es más"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 22, 2005 03:16 PM (GMT)
El sol quemaba la piel del mago como si fuese el fuego de una forja. El rojizo resplandor traspasaba sus parpados como cuchilos de fuego, lanzas de arena candente se introducían en sus fosas nasales dificultando su respiración. La sensación de ahogo se unía al insoportable dolor que le provocaban sus heridas. Aunque apenas estaba consciente era capaz de sentir el dolor. El rojizo resplandor fue desapareciendo acompañando a su consciencia para dar un largo paseo por los caminos del sueño.

"Por los caminos de la mente es fácil perderse y, si no encuentras el camino de regreso, permanecerás para siempre en el destierro"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 22, 2005 03:32 PM (GMT)
Llevaba horas despierto. El dolor era insoportable. Era como un enorme semental, rápido y poderoso, dejaba atras a otras necesidades que también comenzaba a sentir. Sin lugar a dudas era el dominador de aquella carrera. Pero los otros competidores estaban allí, eran como potros al lado del gran corcel. Pero los potrillos crecen.

"Crees que sufres mucho, quizás sea cierto, pero el futuro siempre se encarga de demostrarte que, después de todo, no era para tanto"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 24, 2005 01:34 AM (GMT)
Con el paso del tiempo el dolor fue perdiendo terreno ante sus jóvenes perseguidores que ya se perfilaban en el horizonte.
Aloisius despertaba de su inconsciencia cada vez más a menudo pero era incapaz de moverse. En más de una ocasión había intentado invocar con sus oraciones el poder de los arcangeles sobre su maltratado cuerpo, pero era inutil, el Señor no prestaba atención a sus penurias.
Sus ojos, probablemente quemados por el sol, estaban ciegos. Hacía días que no sabía cuando los tenía abiertos o cerrados. Sabía del paso de los días por el acre dolor que durante el día sentía en su carne mortal, en contraste con el leve alivio del frescor de la noche.
Era la desgarradora impotencia del condenado, mientras siente los dolores del potro de tortura, la que sentía en aquellos momentos. Porque sentía todos y cada uno de los momentos de oscuro dolor. Los sentía.
Las distancias se acortaban, el dolor perdía terreno y pronto sería dejado atras por el hambre y, sobretodo, por la desesperante sed. Su garganta, en carne viva, hacía que le fuese difícil respirar y tragar saliva. Aunque, realmente, dudaba mucho que su cuerpo tuviese aún fluidos que no hubiesen sido evaporados y, probablemente, sólo tragaba una saliva imaginaria que, aún así, desgarraba su garganta.
Sólo en una ocasión había intentado gritar al creer haber escuchado a alguien. Había sido inutil soportar aquel horrendo dolor, huero e inerte en la infinitud del desierto. Nadie había acudido en su ayuda.
La carrera por dominar sus sentidos había cambiado de color y era, ahora, la sed la que tomaba ventaja. La desesperación y la agonía no hacían más que acrecentar sus dudas y una frase de las palabras de Jesucristo dominaba sus pensamientos: "Señor, ¿Por que me has abandonado?."


"En la desesperación está el camino de los justos, en la duda se forja la fuerza de los creyentes"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 27, 2005 07:12 PM (GMT)
Ya llevaba inconsciente varias horas, probablemente nunca se hubiese despertado por si sólo, probablemente ni tan siquiera lo deseaba pues los corceles de la desesperación seguían asolando el antes fértil campo de su cuerpo. La poca magia que había podido acumular no era suficiente para compensar los estragos que las infames caballerizas le provocaban. Pero no fueron los caballos de su desdicha los que provocaron su despertar, fue un aspero dolor en sus entrañas. En un primer momento no supo de que se trataba pero, con un gran esfuerzo, consiguió abrir sus tumefactos ojos. Vió un negro buitre sobre su pecho, alimentandose de sus partes blandas. El febril estado de Aloisius y su imposibilidad para moverse hicieron que no pudiese hacer nada por evitar aquella agonía. Sus pensamientos delirantes le llevaron a verse como un Prometeo cualquiera, con sus entrañas devoradas y regeneradas por toda la eternidad.

Varias horas de agonía fueron como un privado tormento. Consiguió dar un débil manotazo a la bestia que le devoraba. El pajarraco se apartó unos metros y calibró con su mirada a su almuerzo. Poco tardó en darse cuenta de que no estaba en peligro y comenzo, aún así, a avanzar lenta y precavidamente. Pronto estuvo otra vez disponiendo de su banquete, ahora fuera del alcance de los brazos del desdichado hospitalario.

Ya casi discurrian, los pensamientos de Aloisius, por peticiones de una rápida muerte cuando pasó algo extraño. Una piedra, venida de no se sabe donde, golpeó al feo pajaro, haciendo que se apartase con la presteza del agredido. ¿De donde habría salido aquella piedra? Acaso el Señor había escuchado sus suplicas. Si así era tenía una extraña manera de ayudarle. Tornó a sumergirse en las dulces tinieblas de la inconsciencia mientras pensaba que "los caminos del Señor son inexcrutables".

"Espera lo inexperado y, sin duda, estarás creyendo en algo"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - September 28, 2005 09:05 PM (GMT)
De los siguientes días poco o nada recordaba. Entre nubes de consciencia intermitente, alcanzó a ver, a duras penas, unas negras y sucias piernas. Parecía ser arrastrado en una parihuela por el propietario de estas. El sonido vibrante de ser arrastrado y el olor del seco polvo lo acompañaron durante sus escasos momentos de consciencia. El febril sueño hacía que incluso esos momentos se revistiesen de la inconsistencia de los sueños, de la eterea inseguridad de lo difuso. Con seguridad sólo recordaba el ronroneo de la parihuela al ser arrastrada.

"Deja que tus sueños redibujen la inconstancia de tus vigilias"

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - October 5, 2005 09:44 PM (GMT)
Fué despertando poco a poco de la inconsciencia. Las primeras veces sólo percibía unas brumosas sensaciones y sonidos de voces incomprensibles. A veces entendía algunas palabras sueltas en la lengua de los sarracenos. Según mejoraba fue reconociendo el dialecto bereber, pues muchas de sus tribus nómadas pasaban algún tiempo en las tierras de su comendaduría. Cuando despertó una vieja y una joven le cuidaban. Sonrieron y salieron de la tienda. Le dolía todo el cuerpo. Con esfuerzo consiguió incorporarse y ver que le habían vendado habilmente. No entendía como aquellas simples mujeres poseían tales conocimientos. Se sentía tremendamente fatigado, el sofocante calor de aquellas tierras apenas se atenuaba filtrado por la leve tela. Sentía la garganta rasposa. Escuchó el sonido de las voces fuera, en lo que suponía el campamento de los nómadas bereber. Una voz sobresalía por encima de las demás, más grave y con un acento que no era capaz de identificar. La cortina se apartó vaporosamente y una sombra de gran tamaño traspasó el umbral.
- ¿Os encontrais mejor?- Preguntó aquella rasposa voz que provenía de la irreconocible y enorme sombra que ocupaba, enteramente, el umbral.

"Todo lo que encuentras en el camino, forma parte de él."

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - October 14, 2005 11:28 PM (GMT)
Atravesó el umbral como una negra sombra que se negó a aclarar su tez.

- Mi nombre es Urungu Tungu- Declaró con aquella áspera y profunda voz.

Era un Nubio o de alguna de las tribus africanas. A más de uno había visto en Damasco, Trípoli y en muchas de las ciudades de Tierra Santa. Pero aquel era tremendamente grande y musculoso. Sólamente vestía una blanca y sencilla túnica que contrastaba con su piel de ébano, una tela cubría su cabeza al estilo bereber. Aunque era obvio que no pertenecía a ninguna tribu de esa etnia. Intentó incorporarse con esfuerzo y desistió. El enorme negro sonrió.

- Tengo que... agg - Un latigazo de dolor recorrió su cuerpo haciendole desistir de su intento.

- No deberíais moveros mucho. Ahora descansad, ya tendreis tiempo de hacer las preguntas que, supongo, estareis deseando hacerme.
Cuando se movió dejó al descubierto un extraño simbolo sobre su pecho, colgando de una cadena. Salió de la tienda despidiendose.

"Lo que debe ser encontrado no se busca, sino que te encuentra."

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - December 20, 2005 07:54 PM (GMT)
Su recuperación fue dura, aunque no tanto como lo hubiese sido sin la ayuda de las capacidades curativas de Urungu Tungo. Poco a poco fue conociendo al enorme africano. Al parecer su poderoso cuerpo escondía un alma, asimismo, poderosa. Con el tiempo descubriría cuanto lo era en realidad.

"En la lejana oscuridad puedes encontrar la maravilla del misterio, no desperdicies el tiempo y adentrate en ella."

Aloisius Montenegro.

Aloisius Montenegro - May 8, 2007 07:43 PM (GMT)
Urungu Tungu era el último de la tribu Mgebe. Era cristiano, las tierras de Abisinia le habían visto crecer, pertenecía, según creyó entender Aloisius, a lo que en occidente se llamó "El Reino del Preste Juan". No era fácil subsistir en aquellas tierras secas y áridas.
Él ledescubrió muchos de los secretos de la santidad. Le enseñó a volver a afrontar el duro camino de la vida.

Aloisius Montenegro, recuperando su pasado.

"Vuelve la vista sobre los pasos que ya has dado e intenta descubrir si sigues siendo quien fuistes."

Aloisius Montenegro - July 24, 2007 07:20 PM (GMT)
No fué poco el tiempo que Maese Aloisius pasó en las tierras de Abisinia y no fué poco lo que del Maestro Urungu Tungu aprendió. Pero esa es una historia que será contada en otro momento.
El cuerpo y el alma de Aloisius se había recuperado lo suficiente como para pensar en volver. Volver a algún lugar, fuese cual fuese ese lugar.
Los Mgebe no eran gentes dadas a las despedidas y el último de ellos era fiel a sus tradiciones. El monje Hospitalario comenzó a caminar, iba envuelto en las finas telas terrosas tan utilizadas por los habitantes de aquella zona. Caminó sin mirar atrás hasta que ya estaba lejos, cuando se giró creyó ver un puntito rojo en unas altas rocas, quizás fuese la roja túnica de Urungu Tungu o quizás sólo fuese un espejismo; todo era posible en el desierto que se estendía ante él.

Aloisius Montenegro, cada camino tiene un principio y un fin pero muchos son los cruces que lo surcan.

"Mira hacia adelante, allí, en el lejano horizonte, es posible que se encuentre tu destino."


Aloisius Montenegro - August 25, 2007 03:04 PM (GMT)
Muchas fueron las jornadas durante las que arrastró sus pies por aquellos desiertos páramos, demasiadas. Poco después de que se le acabase el agua supo que estaba perdido, atrapado entre las garras del crudo desierto, se sintió desamparado. El sol no sólo abrasaba su piel, también su alma sufría. ¿Por que el Señor le dejaba a merced de aquel demonio de fuego? ¿Acaso era un castigo? ¿Cual era su culpa?.
El horizonte le mentía continuamente con promesas de salvación que no tardaba en incumplir. muchos fueron, como en la vida, los falsos oasis que el Señor mostró ante sus ojos, como una tentación, ninguno existía realmente. ¿Podría ser que le estuviese probando? Quizás fuese eso. Una prueba. No podía fallarle al Señor. Continuó caminando.

Aloisius Montenegro, zozobras de la Fé a lo largo del camino.

"Los caminos del Señor son inescrutables, nosotros sólo podemos elegir el que tenemos frente a nosotros y seguir caminando; hacia adelante."




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