El aprendiz
En el año del señor 1219 dos semanas antes de la fiesta de la natividad de nuestro señor jesucristo, tome por aprendiz a Gerard , hijo de Jean Baptiste Delacroix hermano de mi esposa que en paz descanse.
El muchacho era fuerte para su edad y sus dedos ágiles, por lo que prometia en el oficio. Como siempre, al princicpio, le asigné tareas de mozo en la forja. Fué duro, pero doy fé de que el muchacho respondio bién.
Despues de unos meses, ya bien entrado el invierno, le enseñé a manejar el crisol para hacer anillos de bronce. ¡Juro ante la misma Santa Cruz, que ese muchacho tenia don!, pues al tercer intento me mostro un anillo de bronce perfectamente acabado y con un bruñido tal que se diria de oro.
Al terminar la primavera le encomendaba ya hacer filigranas para algunos broches de plata que me encargaron los aldeanos, y coincidió que vino a visitarnos, como cada año, Monsieur Favertier.
Cuando el Monsieurr vio los trabajos de Gerard, se mostró intrigado y, tras hablar con el mozo, incluso un poco entusiasmado. Me dijo que para el verano Gerard tnia que irse a paris a su estudio de orfebreria.
Pero al llegar el verano , ¡hay señor! , mi cuñado: Jean Baptiste fue aquejado de un extraño mal y la gente decia que la casa estaba maldita. Yo temia por la vida de mi sobrino, pero él muchacho es fuerte como un roble. A pesor de todo creo que al final le trastoco algo la cabeza, pues se obsesionó con fabricar un cruz de oro, plata y mirra para salvar la vida de su padre.
Fué muy triste señor.....la última semana de vida de mi cuñado mi sobrino se la pasó en el taller y el mismo dia que terminó el trabajo, justo cuando bajaba corriendo por la calle de la forja, su padre expelió el último suspiro.
La portentosa cruz, que solo pude ver aquel dia, reposa en a tumba de mi cuñado y le digo señor que ese objeto emnaba santidad y que el semblante de Jean Baptiste en el velatorio era, si cabe, más radiante que en vida.
Estos hecho impidieron que el joven se marchara a Paris, pues debia cuidarse de su madre y hermanas.
Durante dos años trabajó en la forja, y, a Dios pongo por testigo, en ese tiempo aprendio todo lo que yo se y me enseño algunas cosas. Cuando sus hermanas se podian valer por si mismas, Gerard partió hacia Paris con Monsieur Favertier, que habia seguido sus progresos con interes y regocijo.
Que Dios todopoderos le proteja.