Title: En un lejano lugar musulmán
Description: 1º Encuentro con Lor-Ukter-flashback
Isolda Lamartine - August 2, 2005 03:50 PM (GMT)
Habían llegado mucho antes de lo previsto. Recién Isolda había terminado su entrenamiento en Primus, y habían emprendido inmeditamente el viaje. Sandro decía que necesitaba ayudar pronto a un amigo.
El anciano había conocido muchos lugares y a muchas personas, y sus amigos eran muchos y variados, y sus enemigos eran poderosos y terribles. Sin embargo abía mantenido una relación siempre hasta sus últimas consecuencias, aconsejando, protegieno, acogiendo, escuchando.
Y siempre, viajando con Isolda, la ponía en contacto con el que había sido su mundo.
En esta ocasión se trataba de un Oscuro, uno muy viejo y sabio que había sido atrapado en una antigua fortaleza inglesa después de haber asesinado a un General del ejército de su Majestad. Como fuera, el que lo había capturado había sido nada menos que Sandro, y fue él mismo quién le quitó las amarraduras mágicas y le permitió huir. Ahora sentía un terror increíble, y sabía que algo le sucedía a su querido amigo.
Chokmah, que durante sus servicio al Magister Scholae había tomado la forma de un hermoso caballo negro, con las patas blancas y una estrella en la frente, volaba lo más rápido que podía por las interminables llanuras y desiertos que les separaban.
Sandro hubiera deseado haber sido capaz de aprender el arte de los Oscuros. Así no hubiera tardado en llegar donde su amigo y prestarle su ayuda.
Isolda Lamartine - August 2, 2005 04:14 PM (GMT)
El pueblo se levantaba cerca a un Oasis, donde otros dos pueblos también tomaban su agua. Era ciertamente el más grande de los tres, y una gran mezquita reposaba en el centro social, económico, político y geográfico del lugar.
Varias otras casas repartidas por doquier, de diferentes tamaños, hacían que después de muchos días de viaje el paisaje no fuera plano y amarillento. Varis hermosos caballos, algunos camellos, multitud de personas con turbantes, mujeres sin rostros. Para Isolda aquello era una experiencia completamente nueva, turbadora en parte, y las miradas de odio, las amenazas en una lengua que apenas comenzaba a dominar, y las varias amenazas que les dedicaran hombres armados con extrañas armas curvas, la hicieron pagarse a la espalda de su maestro con fuerza.
Sin embargo este noble anciano, de barbas canas y largas, avanzaba decidido, sin prestar atención en apariencia a su entorno. Descendió junto a una grande casa, custodiada la entrada por dos hombres morenos y altos, armados con las mismas espadas curvas, que increparon a Sandro a irse o morir.
Luego, empero de que este se presentara, trabaron algunas palabras entre sí, y le dejaron entrada.
Isolda y su maestro descendieron e Chokmah, y la pequeña agarrada al Bonisagi, observó cómo el paisaje cambiaba drásticamente.
Isolda Lamartine - August 2, 2005 04:33 PM (GMT)
Un camino bordeado por extrañas plantas verdes, haciendo resaltar su belleza aún más en aquellos desiertos parajes, multitud de palmeras altas y frondosas, sillas de una inigualable arquitectura, con grabados hermosos y diseños aún más sorprendentes, llevaba hacia una cúpula como no había ninguna en Europa, con la puerta entre abierta, hecha de madera negra y vidrios de mucha mejor talla que los de las Catedrales Occidentales.
El interior se veía luminoso, y baldosas de mármol talladas también, de un profundo negro que nunca en su vida Isolda volvería a ver, hacían que el interior mostrara un claroscuro impresionante.
Había, sin embargo, dos cosas que llenaban la mente y el alma de ambos Magi en aquellos momentos. La primera, feliz, era la inigualable organización e todas las cosas en ese lugar, que seguramente escaparía a la visión de los durmientes: todo geométricamente organizado, formando figuras entre sí, entrelazando significaos ocultos, símbolos de una civilización mucho más avanzada en las letras y en la geometría que los occidentales, que habían ya olvidado el pasado griego que les daba fama.
Desde los más sencillos grabados en las sillas del jardín, hasta las mismas palmeras, los motivos de las losas de mármol, la posición e los guardias. Hermoso, sin duda, y se respiraba un aire de sapiencia sobrecogedor.
El otro sentimiento era mucho más funesto: un ambiente de odio, rabia, maldad, un aire malsano recorría los corredores y viajaba con el polvo de aquel desierto, y la maldad y la rabia en la mirada de los lugareños se explicaba de este modo, siendo mucho más convincente. ¿Qué sucedería para que maldad tan grande pesara sobre aquel pueblo?
Sin decir una palabra ambos Magi, el Magister y la Adeptus Iniciatus, entraron en el hogar de Ibrahim -al -Sakar, el Oscuro, con un terrible presentimiento rondando sobre sus cabezas.
Isolda Lamartine - August 2, 2005 05:27 PM (GMT)
Rápidamente bordearon los largos corredores, cruzándose con varios guardias armados que les miraban con el mismo odio, sin poder detenerse admirar las obras magníficas que se recogían en aquella construcción.
Pasaron por fin al corredor que llevaba, luego de algunas vueltas a la habitación de Ibrahim -al -Sakar. Sandro recordaba el lugar como uno de los más hermosos de la tierra: múltiples pájaros de toda la tierra revoloteaban por doquier, cantando y mostrando sus colores. Doncellas hermosas, pertenecientes al Oscuro, bailaban entre ellos, o se sentaban en las sillas de mármol, interpretando extraños instrumentos que Occidente y sus catedrales envidiarían.
El paisaje era ahora muy diferente. Completamente diferente.
El amplio salón con vidrieras altísimas, antes lleno de colores y de sonidos, ahora estaba silencioso y un olor a muerte llenaba todos los espacios. No se escuchaban los sonidos de las mujeres cantando, ni se veían las flores granes y prósperas, pues todo parecía muerto. Algunos cadáveres entre los troncos secos de los arbustos que habían allí plantados, desolación total, tristeza y rabia.
Por fin llegaron al frente de la puerta. Tanto Sandro como la Adeptus estaban ya verdaderamente asustados, pues el Aura de maldad comenzaba a llenarlo todo. A lado y lado de una gigantesca puerta de mármol negro con altos relieves dorados y plateados donde se mostraba una de las gestas de Ibrahim -al -Sakar, había dos siniestros guardias. Vestidos como los demás, de un impoluto negro, con los rostros tapados, estos tenían los ojos hundidos y negros.
No esperaron, no preguntaron, y con una fiereza que Sandro sólo había visto entre los Massasa y entre los lobos, se abalanzaron sobre ellos. El magister levantó la mano, al mismo tiempo que Isolda, y ambos pronunciaron la misma palabra, al tiempo que dos poderosos relámpagos salían de sus dedos y hacían que ambos hombres rebotaran contra la pared, cayendo muertos y humeantes.
Sin esperar a que los demás guardias llegaran abrieron la puerta con fuerza y cerraron tras de sí.
Isolda Lamartine - August 2, 2005 06:18 PM (GMT)
Isolda estaba algo asustada. Había matado a un hombre, y no podría decir que estuviera preparada para eso. Sin embargo la adrenalina del momento la liberó del peso que suponía aquella muerte sobre sus hombros. Si bien era cierto que había sido para defender la propia vida, también era cierto que podía haber intentado otra cosa que no le matara.
Cerró la puerta, sin fijarse en la habitación, e inmediatamente cerró los ojos, recorriendo los versos del hechizo que aprendía todo miembro de la casa Bonisagus, proporcionándole un escudo a la puerta.
Justo cuando sus palabras cerraron el cato mágico, escuchó dos golpes secos contra la puerta, gritos, amenazas e improperios. Tendrían que darse prisa.
Giró el rostro para observar a su maestro.
En una gigantesca cama decorada con las más finas sedas, tejidas con un arte divino, mostrando colores, formas y texturas de grandes batallas o grandes romances, yacía el cuerpo negro de Ibrahim -al -Sakar.
Sus ojos estaba hundidos en las cuencas, su piel cuarteada y llena de vetas negras, sus labios resecos y su pelo marcito y amarillento. A su lado, dos doncellas yacían muertas, seguramente con varios días ya.
El olor sólo comenzó a invadir a isolda en cuanto vio los cuerpos. Se acercó a ellos, sin repugnancia alguna, mientras SAndro miraba a su amigo. Ambas yacían bocabajo. Sus cuerpos estaban exprimidos, como si todo dentro de ellas, su sangre, su carne y sus vísceras hubieran sido retiradas. Mostraban un terrible rictus de muerte, y sus ojos, hundidos como los del Oscuro, estaban llenos de un terror inimaginable, de un gran sufrimiento.
Como con el Oscuro, su piel estaba llena de vetas negras, y un olor asqueroso y nauseabundo salía de ambos cuerpos, algo más allá que la putrefacción de la carne.
Isolda levantó el rostro observando a su maestro.
Sandro tenía ambas manos en la frente de su amigo, mientras recitaba algunos hechizos. Luego las retiró.
Su voz era grave, profunda y sabia, lenta pero fuerte.
-Adeptus, dame los utensilios.
Isolda se movió rápido, y extrayendo de sus ropajes unos cuantos ingredientes que Sandro había recogido expresamente para esta ocasión, los entregó al antiguo, mientras sacaba un pequeño cáliz y una piedra de moler piedras. Rápidamente, siguiendo las indicaciones del anciano, molió las piedras, encantó las plantas, dibujó algunos círculos en el cuerpo mancillado del Oscuro. Luego de una hora, cuando ambos estaban exhaustos, el Magister dio por terminado el ritual.
-Ahora Isolda, debes buscar el origen de este mal. No lo busques en los hombres ni en las cosas, sino en el Viento o en la Tierra. Yo permaneceré aquí, protegiendo a mi amigo.
Isolda, obediente asintió, y luego de hacer algunos hechizos sobre su persona, salió de la habitación por una ventana lateral.
Afortunadamente Sandro era Maestro en Corona y Primus, y con gran esfuerzo mantenía los ánimos de los guardias abajo, a pesar de tener a dos de sus compañeros muertos frente a ellos. Sólo esperaba que su Protegida no demorara demasiado.
Isolda Lamartine - August 3, 2005 03:20 AM (GMT)
Faltaban aún horas para amanecer, e Isolda debía aprovechar estas horas para hacer un buen trabajo. Cerró los ojos, cuando recibió una primera bocanada de aire en su joven rostro.
Sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, y sintó cómo su boca se secaba, cómo su mente se perdía en nebulosas imágenes y fantasías casi mortuorias que no le pertenecían. Tomó de la empuñadora a la Cruz de Hielo, y concentrándose recitó un encantamiendo.
Abrió los ojos.
Podía verlos: movimientos en el aire, que ahora se aparecía negro, revolviéndose sobre las cabezas de los hombres, provocando en ellos gran estremecimiento e ira; moviéndose sobre los animales, caballos, camellos, pájaros, que cediendo sin dar pelea su energía se ponían enfermos; volaba sobras las aguas, haciéndolas malsanas, en las bebidas, en las comidas, en la tierra misma, en los sueños de los Durmientes, sobre los pocos cultivos, llevando y trayendo en los movimientos de los vientos terribles bocanadas de maldad pura.
Isolda giró el rostro, aún sosteniendo la Cruz de Hielo. Tenía que encontrar el origen de aquella terrible energía, y destruirla cuanto antes, si no quería que también ella o su maestro se vieran influenciados por aquellos malignos sopores.
Isolda Lamartine - August 3, 2005 03:36 AM (GMT)
La búsqueda y el enfrentamiento duraron dos días con sus noches, en las que Isolda recurriendo a todo lo que conocía, todo lo que había aprendido y a la insuperable ayuda de Chokmah enfrentó a varios de los secuaces de aquel maligno espíritu, destruyéndolos y dominándolos en virtud a su maestría en la utilización de Vires.
El enfrentamiendo con Lor-Ukter, debilitado por los ataques de Isolda y por ataques más discretos que Sandro hacía sobre los tentáculos del espíritu, fue rápido y contundente, auqnue el ser fue víctima de un sufrimiento sin igual, y finalmente fue espulsado a los mundos umbrales, cayendo en un profuno sueño del que por suerte nunca más volvería a salir.
Al cabo de los dos días con sus noches, exhausta por el esfuerzo, Isolda regresó a casa de Ibrahim -al -Sakar, con sumo cuidado respecto a los guardias, que a pesar de sus previsiones la trataron normalmente, como puede tratar a un europeo un musulmán, auqneu ya aquella maldad en los ojos de los guardias y de las gentes del pueblo había desaparecido, y los olores y los sentimientos habían cambiado drásticamente.
Caminó por los hermosos corredores del hogar del Oscuro sin detenerse a observar ni a degustar la hermosa arquitectura y la perfecta geometría, y casi correindo entró en la habitación en la que su Maestro cuidaba de su amigo.
Al entrar no pudo contener una sonrisa de gusto, pues Ibrahim -al -Sakar, sentado sobre la cama, conversaba con su amigo. Aún podían verse en su rostro las tragedias e la enfermedad y de la lucha, pero había en sus ojos una energá que sólo alguien sano podría tener. Afrtunadamente la fuerza que tenía quel Ahl-i-Batín era tan grande que pudo resistir más de una semana los influjos malignos de Lor-Ukter; si no hubiera sido instruido en ciertas artes de meditación orientales, y sin el apoyo de su magia desprtada, seguramente hubiera muerto t rápido como los humanos que habían sido afectados.
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Sandro llamó a Isolda con un movimiento de la mano.
Esta se acercó tímidamene, observando cómo el estupendo cuerpo negro de Ibrahim -al -Sakar comenaba a liberarse de las ataduras de la oscuridad.
-Esta es Isolda Lamartine bani Bonisaus, Adeptus Iniciatus y mi alumna hasta hace unos años. Ha sido ella quien te ha salvado, amigo mío.
El oscuro la observó largamente, sonriendo.
-Pues le agradezco Magus lo que ha hecho por mí y por mi gente; y dado que ha usted contenido el impetu de la tormenta negra, será conocida desde ahora entre los míos como Jinete de la Tormenta.
Isolda, haciendo esfuerzos por no perderse nada de lo que decían, repuso con un árabe bastante deficiente.
-Yo alegrarme de usted bien, pues alegrarme de mi Magister ser mi alegrarme. Terminó su muestra de deferencia con una inclinación de cabeza.
Ibrahim -al -Sakar y Sandro cruzaron miradas un segundo, y sin poder evitarlo soltaron una alegre carcajada, que nviaba al pasado, al olvido, aquel terrible trance que puso en peligro de muerte a uno de los pocos Ahl-i-Batín que habían trabao amistad con los Magus orientales, maestro de varios jóvenes y gran guerrero, asesino y diplomático.
No sería la última vez que Isolda e Ibrahim trabaran contacto, auqnue en las posteriores veces los papeles serían distintos para ambos.