View Full Version: En tierras angevinas

Edad Oscura Paris > Aquitania > En tierras angevinas



Title: En tierras angevinas
Description: Cahors, 1 de Julio del A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - August 2, 2005 10:16 AM (GMT)
La noche se hacía algo más calurosa en el seno del río Lot que en las llanuras del norte, un jinete llegaba tras el ocaso a la Catedral de Saint Ettien. El corcel quedó a buen recaudo bajo la tutela de uno de los novicios, mientras el caballero que lo montaba se internaba en la grandiosa basílica. Depositó una importante limosna en el cepillo y acudió en búsqueda del Prior.
Pocas palabras fueron precisas, para aquel que lucía una cruz en el pecho y pronto fue llevado ante quien solicitó.

Bajando unas intrincadas escalerillas de caracol, detrás de una fornida puerta de la sacristía se encontró con el despacho del obispo y una vez cruzado el umbral de la puerta está quedó cerrada.

- Alabado sea el señor.- Y con este gesto el cruzado besó la mano del Obispo mientras hincaba sus penitentes rodillas en el suelo.

- Alabado sea, noble caballero, poneos en pie.- Con ese gesto de réplica el cura le liberaba de su estado para que adoptase una pose más cómoda.

- Gracias mi señor.- El cruzado se puso en pie.

- Decidme, que os trae mi buen caballero de Cristo.- Instó el obispo mientras se recostaba en su confortable aposento, en el sillón que había junto al escritorio a la vez que concedía asiento frente a él al caballero.

- Una misiva para mi señor, Ranulph Espadalarga, con los saludos de mi señora Elois D'Umbrelle, del clan de los Reyes, residente en París.- Expuso de memoria el maduro caballero, aquel estricto guíon aprendido tiempo atrás en el castillo de la duquesa.

El obispo se quedó pensativo, nuevas de la Gran Corte o quizás de la Corte del Amor, la sombra de Salianna planeaba sobre su cabeza para disgusto del Toreador, que sopesaba esta misiva como excusa para sesgar su cuello. Cauto interrogó al caballero.

- Hablad entonces, no habeis hecho un viaje tan largo en valde, escucharé atentamente las nuevas de Salianna.-

- Mi señor Espadalarga, no son nuevas de Salianna sino de madame D'Umbrelle, ajena por completo a las intrigas cortesanas en París, desde hace largos años.- Expuso tranquilo el cruzado que notaba como la intriga se cernía sobre el cainita y su curiosidad incrementaba a cada momento. Entonces retomó la conversación concluida una breve pausa para tomar saliva.

- Madame D'Umbrelle tiene a buen comunicar a su excelencia que se siente conmovida por su noble causa, desconsiderando por completo aquellas acusaciones que os instan partidario de los cátaros.- prosiguió sereno en su narración vista la cara de incertidumbre por parte de Ranulph- Es por ello y por vuestra delicada situación frente a los ingleses que Madame, desea aliviar vuestra pesada carga.- y concluyó raudo el inciso.

Para entonces tenía ganada toda la atención del toreador, quien pese a sospechar una trampa, no podía dejar escapar una situación como la que se le presentaba, pues tal vez lograse sacar algo de provecho. Un poco escéptico inquirió al hospitalario.

- Como podría aliviar esa carga vuestra generosa dama.


El buen D'Artois sonrió afable, asintiendo con la cabeza y alabando la sagacidad de su señora una vez más.

- Es posible que varios centenares de caballeros partícipes en la cruzada, algo desfallecidos por la falta de alimento, se encaminen hacia la ciudad de Burdeos, reclamados por el vino y la guza de sus hambrientos estómagos.

Espadalarga, sopesó la posibilidad. De forma indirecta le ofrecían ayuda contra los ingleses, una oportunidad única de ganar terreno a Le Vieux, aunque ese suculento regalo tendría truco pensó, la miel puesta en labios del toreador era muy apetecible, pero costosa sin dudar...

- Claro, pero de todos es sabido que la generosidad sin recompensa sólo es para nuestro Señor todopoderoso, debo suponer que vuestra señora reclama algo a cambio, ¿de que se trata?.

El ghoul asintió con la cabeza quedándose en silencio provocando tensión en el ambiente.







Elois D'Umbrelle - August 3, 2005 10:40 AM (GMT)
- Debo decir que existe simpatía por vuestra causa en ciertos círculos de la corte Parisina.

Con ello, el leal siervo esperaba ganarse el afecto del obispo, el cual seguía intrigado con su visita.

- Sin embargo varios rumores os asocian una singular realción con la próxima ciudad de Toulouse.

Concluyó D'Artois para dejar pensar al obispo. Quien largo y tendido meditó su respuesta, al fin y al cabo podía tratarse de una encerrona de la Matriarca, debía andarse con cuidado.

- Agradezco las palabras que regalan mis oídos, mas ya sabreis que la situación es complicada en esta zona fronteriza, los Barones de Mitras limitan mucho mi campo de acción y no sé como podría ayudar a vuestra señora.

Astutamente omitió el tema mencionado, remitiéndose a la política local, D'Artois no era un idiota y no en vnao había sido educado por una de las mentes políticas más brillantes de toda Francia, para su Juicio la más astuta y sagaz que había conocido a lo largo de su corta vida.

- Desde luego ilustrísima entiendo su postura, mas debo indicar que mi señora está muy interesada en aquello que ocurra en el sur, sabido por todos es que la duquesa de Orleáns envio un nimio contingente en la Cruzada Albiguense, pues no se hallaba muy convencida con las formas.

El ghoul trataba de separar en la mente del toreador la asociación que podría sospechar con la matriarca, éste por contra observaba meditativo en silencio, por momentos D'Artois tuvo una sensación de desnudez, algo incomprensible para un simple ghoul que sin embargo sospechaba de algún extraño poder.

- Os creo noble caballero, vuestro compromiso con la causa de Cristo os avala como hombre de bien, mas aún sigo sin entender como puedo corresponder a vuestra señora.

Había llegado el momento, debía tener cuidado al formular su propuesta, pues el obispo era también sagaz y para nada podía manchar el nombre de su señora implicándola en intrigas.

- Ilustrísima, mi señora esaría muy agraciada con vos si gracias a vuestro profundo conocimiento de la política en el sur concertáseis una entrevista.


Elois D'Umbrelle - August 7, 2005 10:14 AM (GMT)


El toreador empezaba a ver las cosas cada vez más claras y como la mano de la matriarca planeaba sobre su cuello, no sabía como salir exactamente de la tela de araña que le estaban tejiendo.

- Una entrevista, debereis concretar más caballero, pues del mismo modo que habeis acudido a mi persona podeis hacerlo ante cualquier otro...

La suspicacia afloraba en cada palabra meticulosa de Ranulph intentando evadir cualquier afirmación. Entre tanto D'Artois estaba tranquilo, bajo un aura de superiodidad, el que da tener la sartén por el mango, o el hacer parecer que así está...

- No es tan sencillo ilustrísima, Madame desearía mantener una distendida conversación al margen de un climax cortesano, un tanto más coloquial.

Una breve pausa, y prosiguió para disminuir el recelo del obispo toreador.

- Monsieur Espadalarga, mi señora sólo desea que hagais llegar esa intención a cierta persona de gran importancia en el sur del país, perteneciente a vuestro linaje y no alineana especialmente con la política parisina.

Lo había dejado claro, prácticamente parecía querer una entrevista con Esclaramonde, pero debía hacerse al margen de Salianna, por ello acudió a caminos indirectos en lugar de personarse directamente, queriendo evitar los espías de la matriarca.

El obispo toreador se quedó pensativo, no sabía que hacer exactamente, podría mover sus hilos e intentar llegar el mensaje a Esclaramonde, pero eso confirmaría que tenía contactos con ella y sin embargo necesitaba las fuerzas que prometían de París para su guerra particular contra los ingleses. Un dilema que le tuvo reflexivo largo y tendido. Finalmente se incorporó poniéndose de pie y habló.

- Haré todo lo que esté en mi mano para intentar hacer llegar ese mensaje a quien vuestra señora desea, pero no prometo nada, en ocasiones los rumores se exageran. Cuando el grueso de las fuerzas parisinas estén en tierras angevinas le comunicaré el resultado al comandante para que a su vez lo transmita a Madame D'Umbrelle.

Había lanzado un órdago, haría lo que pudiera, pero no se mojaba de lleno, aunque si Elois quería algún resultado debería enviar sus fuerzas al sur, hecho más que significativo para presionar e intimidar a Le Vieux.

D'Artois sonrió sabedor de que era despachado con un ultimatum, sin emabargo la jugada había sido predecida con anterioridad por su señora, maravillándole una vez más, es más, nunca dejaba de asombrarle la anticipación que tenía Elois.

- Así será mi señor Ranulph, Madame D'Umbrelle quedará complacida, las tropas están en camino y llegaran a finales del mes de Julio, tiempo más que suficiente para daros tiempo...

Con esas palabras se inclinó besando la mano del toreador y cuando éste le concedió con la mano se marchó.

Entonces quedó Ranulph Espadalarga pensativo, ¿tan predecible era?, ¿tan astuta resultaba esa ventrue?, ¿Salianna estaba detrás de todo ello?, tantas dudas que agotaron la mente del toreador quien se sentó en su escritorio abordado por la duda. Ella había cumplido su exigencia antes de que este la formulara, lo que le dejaba en disposición de deberle un favor.
Con furia tomó su pluma y se dispuso a escribir una misiva, mas el pulso le tembló y escasas lineas escritas tomó el papel, lo arrugó y lanzó lejos de sí con fuerza endiablada, impropia para un hombre de Dios como lo era él.

No sabía que hacer exactamente, pues la ventrue lo había puesto entre la espada y la pared. Y necesitaba las fuerzas prometidas...








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