View Full Version: Cuando los tulipanes oyen el rumor de la muerte...

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Title: Cuando los tulipanes oyen el rumor de la muerte...
Description: y la magia. 27-25-1225, N, privado


Isolda Lamartine - July 26, 2005 11:24 PM (GMT)
Era sencillo llegar al lugar a donde lo había citado. Llegar por el camino principal hasta Montparnasse era sencillo. Allí, entre las casillas que componían el floreciente pueblo, podía verse una que tenía un rótulo particular.

Pocos de los ricos paseantes que se relajaban y distraían en aquellos parajes habían nunca reparado en aquello, pues nada de especial tenía. Empero, los que allí vivían sabían que era simplemente una burla, pues allí lo que el rótulo indicaba no lo tenía, y los habitantes de la casa ni siquiera sabían leer.

Desde allí, desde el portón, podía verse una taberna, saliendo el pueblo, justo en diagonal. Su nombre, igualmente curioso y pintoresco, no lo sabían ni los más asiduos clientes, que tampoco leer sabían.

Desde la taberna podía verse a lo lejos, sobre una colina, distante ya de las casas que había allí, las puertas grandes de un criador de caballos hispano, que hacía unos años había arribado con su gran fortuna y abastecía de hermosos corceles a los más exigentes capitanes y nobles de París.

El camino hasta la hacienda era plácido y tranquilo, trepando por suaves colinas y rodeado de un glorioso paisaje, corrupto ya pero en menor grado. Las rejas de las caballerizas y la imponencia de la casa hacían que pocos se percaratan, o mejor, descubrieran, entre los olores a caballo y a sudor, el delicado olor de los tulipanes.

De noche, aquellos que lo buscaban, podían incluso escuchar el rumor de una delicada caida de agua, no muy alta y no muy lejana.

Entrando a la izquierda un poco en el bosque, podía llegarse luego de pocos metros, a un hermoso claro partido a la mitad por aquella agua que producía tan encantador sonido. Los tulipanes crecían allí sin cuidado humano, auqneu por la belleza que tenían esto no sería lo primero que un paseante pensara.

A un lado había tres rocas de considerable tamaño y de curiosa forma, que asemejaban a misteriosos seres antropomorfos acucliyados protegiéndose de la ira divina. Al lado derecho había solo una, más alta que las otras aunque sin semejanzas humanas.

Allí, sobre la roca, una mujer cubierta completamente con una capa gris, esperaba. No se veía ni su rostro, ni mechón alguno de su cabello, y de sus ropajes nada podía saberse. A su lado había un perro blanco y de tamaño mediano, más bajo y menos fornido que un lobo, pero de rasgos similares.

Allí, en ese pequeño paraíso, la Magister Mundi esperaba al muerto.

Herio - July 27, 2005 12:01 AM (GMT)
Herio fué desgranando poco a poco las partes del enigma. Era complicado, no se basaba solo en palabras, las sensaciones y olores tambien formaban parte. Pero Herio tenia la suerte de ser perceptivo además de inteligente.

Caminaba mientras resolvia el enigma, y cada parte le acercaba más a su destino. Aquel destino le sorprendió hasta lo indecible. No habia sido citado en un lugar. Habia sido bendecido con el honor. El lugar transmitia paz y serenidad. Sentimientos poco habituales en la vida de un vampiro. Siguió adentrandose en el lugar y entonces los vió. A la luz de la luna brillaban palidos y frágiles. Le pareció oir la voz de nuevo en su mente diciendole lo que no le habia dicho con palabras;

Tulipanes.

Sus pasos le llevaron al claro en el bosque, oia el rumor del agua en la lejania, y el olor de los árboles inundó su mente. Sobre unas rocas se recortaba la silueta de una mujer joven cubierta con una capa . La luz de la luna a su espalda y la capucha cubriendole el rostro.

Parecia alguien normal, pero no lo era. Era quien le habia conducido hasta ese lugar. Era la voz de su mente. Trato de hablar, pero las palabras no acudian a su boca. Con gran esfuerzo, consiguió darles sonido a sus pensamientos.

- ¿Sois vos quien a este lugar me ha traido, haciendome digno de tal honor?

Su voz sono calida y amable.......... Y sin titubeos.

Isolda Lamartine - July 27, 2005 04:41 PM (GMT)
La mujer no se movió cuando el Massasa entró al claro. El ambiente estaba completamente apacible, y mudos pasos en los lindes del claro hicieron que el can levantara la cabeza, cuando no lo había hecho con la llegada de Herio.

Sin embargo, la volvió a agachar, poniéndola sobre sus patas, y mirando de reojo al recién llegado. Inmediatamente todo se volvió a sumir en aquella Aura de tranquilidad, mitiscismo, y una nueva sensación, una laberíntica, se aferró de los pétalos de los tulipanes, de las piedras, y de Isolda, Chokmah y Herio.

La figura levantó el rostro, aunque sus facciones permanecían ocultas bajo la manta.

-He sido yo, y le he dado un regalo de Confianza que espero acepte.

Luego guardó silencio.

Herio - July 27, 2005 05:13 PM (GMT)
Herio contempló la escena con asombro. Era tan irreal....no, irreal no, más bien era......onírica.

-Lo acepto gustosamente. Mi nombre es Aaron Ben Eleazar de capaddocio. Y considero un gran honor el haber sido traido a tan magnifico lugar.-dijo efectuando al final una reverencia

Herio observó el aura de la mujer (auspex 2), no era pálida como la de los vampiros pero tenia un detalle significativo. Vetas de colores la recorrian cual destellos de luz reflejados en el agua. Ese mismo rasgo se daba en menor grado entre los practicantes de la magia de sangre cainitas. Solo habia una explicación; se encontraba ante una maga.

Su conocimiento sobre magos, aún siendo mayor que el de muchos era poco menos que nada. Supersticiones y mitos. Pero una cosa sabia bien, se encontraba ante alguien de gran poder y sapiencia.

-Espero no haberla hecho esperar demasiado tiempo.

Era una clara referencia a la prueba que le haba sido puesta. La respuesta le diria si habia resuelto el enigma satisfactoriamente para la mujer.

-Ahavat hadasa al levavi nikshera.-dijo el capaddocio en su idioma materno

-Mi corazón está colmado de amor por la tierra sagrada- tradujo a continuación

Isolda Lamartine - July 28, 2005 04:45 PM (GMT)
La mujer encapuchada levantó el rostro, dejando ver entre las negras sombras que le cubrían la cara, un par de hermosos ojos azules que brillaban con energía desde las sombras, y fue su voz delicada pero mortal, justo como un rayo de hielo.

-Aaron Ben Eleazar de capadocio, mi nombre es Isolda Lamartine, Portadora de la Cruz de Hielo.

Isolda sólo esperaba que algún día pudieran todos los hombres leer en las mentes de aquellos Massasa, pero conocía su maldad y perfidia, y bien sabía que sólo deseaban poder y supervivencia, conocimiento y sangre fresca. Por eso sería precavida, y siguiendo los consejos de su amigo, en ningún momento sus ojos azules, que luego volvieron a sumirse en la oscuridad, miraron a los del Capadocio.

-Lo ha encontrado usted en el tiempo justo, aunque en estas tierras, señor Aaron Ben Eleazar, el tiempo nunca pasa y yo nunca lo recuerdo.

Isolda se sorprendió gratamente ante sus últimas palabras, pero decidió guardar cautela y no aventurar ningún juicio, limitándose a lo que allí los había llevado. Sin embargo, no podía evitar pensar que aquellos Capadocio, aunque interesados en temas que a muchos les darían escalofríos, podrían tener una sensibilidad tan grande como cualquier humano.

Con un movimiento de la mano Isolda invitó a Herio a tomar asiento sobre una de las piedras que parecían hombres agazapados.

Herio - July 29, 2005 04:57 PM (GMT)
Herio aceptó la invitación de la mujer de suave voz y profunda mirada y se sentó como mejor pudo en la piedra antropomorfa. No cabia en sí de gozo. Se encontraba ante una autentica maga.. Aún así su rostro no cambió ni un apice y su sabia voz interior le recordó que no sabia nada sobre los magos y que además de fascinantes podian resultar.....peligrosos. Herio no era de los que se echaban atrás ante el peligro, y menos aún si era en busqueda de conocimiento y sabiduria. No le imortaba, si en este mismo instante caia fulminado, su muerte habria merecido la pena.

- Dado que habeis sido vos quien ha acudido a mi mente y me ha invitado a este mágico lugar, consideraria una falta de respeto por mi parte empezar a hablar sin escuchar primero lo que bien tengais en decirme.

Su última frase parecia haberla sorprendido un poco, y tambien habia parecido comprenderla sin necesidad de traducción. Mágnifico, se trataba seguramente de una estudiosa. Pocos conocian el hebreo arcaico qu habia utilizado. Habiendo dejado hablar a su corazón habia conseguido un importante dato obre su maravillosa anfitriona.

Isolda Lamartine - August 2, 2005 07:17 AM (GMT)
Isolda no movió el rostro cuando Herio se encaminara hacia la piedra. Aquello podría ser tomado por muchos como falta de respeto o de etiqueta, pero ya era suficiente tener que entablar relaciones con otro Massasa para poder evitar una tragedia como para preocuparse por las relaciones sociales.

Además, aquello llevaba una simbología implícita que seguramente no escaparía a la aguda mente de Herio. La piedra donde ella se hallaba se encontraba a un lado de una pequeña lágrima de agua, y allí los tulipanes eran blancos. Al otro lado, los tres hombres que yacían en posiciones precarias, sumidos en un terror sobrenatural, con sus cabezas atrapadas entre los brazos y doblados como si un peso terrible los oprimiera, aparecían “sembrados” en tulipanes de un pálido amarillo.

¿Sería acaso Herio el Cuarto? Isolda decidió no mirarle más, pues si aquel hombre era vasallo de su amigo, tendría problemas si lo dejaba convertido en un hermoso sillón para el próximo que buscara consejo en aquellas tierras sagradas. No, si lo miraba, las palabras que había pronunciado harían mella en ella, y no podría cumplir con la promesa que la ataba a aquel lugar. Era, sin duda, una situación difícil, pero sonrió de medio lado afablemente, deseándole a su acompañante aquella noche suerte al escoger las palabras que habría de pronunciar, y Herio, a pesar de no poder ver el blanco de su piel, logró distinguir en las sombras de su capucha la silueta de sus dientes blanquísimos y perfectos sonriendo, y logró percibir el sentimiento que tenía aquella sonrisa.

Por fin, cuando el Capadocio hubo tomado asiento, Isolda habló. Como la primera vez, los tulipanes parecieron moverse en torno a ambas figuras, y susurros del viento parecieron acompañar con sus cantos la melodiosa y mágica voz de Isolda, y Herio sentado sobre uno de los hombres, logró percibir algún susurro proveniente de la roca.

-Antes de nada decir sobre lo que lo ha traído, yo a usted le suplico que no mienta u omita en estas tierras, así como yo tampoco podré hacerlo, pues costoso sería para ambos. No era una amenaza, y la sensación que llevaban aquellas palabras lo demostraban. No, era un gentil consejo.

Luego de dejar a Herio pensar sobre aquello, aunque sin darle tiempo a responder, prosiguió.

-Ustedes han tomado dos libros que ni siquiera tiempo han tenido de influir sobre sus compañeros, sin saber en realidad lo que sus páginas podrían llegar a ocultar, y han provocado tal estruendo que he tenido que hacer grandes esfuerzos por opacar vuestro eco. Han, sin embargo, prevenido que otras manos los tomaran, aunque no sé si esto sea conveniente o al contrario. He escuchado y me he Preocupado por vuestros descubrimientos, asombrándome más de cuánto pueden hacer los seres por la curiosidad que lleva siempre consigo el conocimiento, y sabiendo bien que usted está dispuesto a encarar peligros con tal de conseguirlos, he decidido prestarle a usted la colaboración que no puedo darle a sus... acompañantes.

Su rostro se levantó, mirando hacia los lindes del claro. -Le ayudaré pues temo que los libros que ustedes tienen, traigan un peligro inmenso para todos, despertando algún terrible secreto que debería tal vez quedarse oculto y a salvo. Pero si yo le doy a usted la promesa de mi ayuda, deseo que usted prometa no omitirme nada de cuanto haya descubierto, pues tal vez sólo con nuestros esfuerzos aunados podamos algo descubrir al respecto, y tal vez sólo juntos podamos evitar alguna posible catástrofe, y a la vez mi mente se complacerá en encarar los misteriosos enigmas que comienzan a plantearse.

Le gustaría poder confiar, y al menos poder mirarle a los ojos como hacía con Ukter-ar, pero ya de sobra conocía las pérfidas mentes de aquellos que ya han muerto.

Herio - August 2, 2005 12:49 PM (GMT)
Herio se sentia extraño sentado en aquella roca antropomorfa. Pero era la primera vez que se encontraba a una magus y achacó sus sensaciones a la emoción y novedad del encuentro. Sabia que los magos se agrupaban en distintas "facciones" pero no sabia nada de la naturaleza de las mismas y por lo tanto desconocia a cual podria pertenecer la misteriosa mujer.

Las palabras de la maga tenian lógica. Solo la sinceridad era posible entre dos personas capaces de detectar la mayoria de las mentiras. Además seguia sintiendose oncapaz de mentir a aquella mujer.

No se le escapó el detalle de que no le miraba a los ojos en ningun momento y creia conocer la razón. El habia hecho exactamente lo mismo al tratar con los cainitas dados a la dominación mental. Aquello solo podia significar una cosa. Su acompañante sabia algo sobre los cainitas, pero no demasiado al parecer. Eso le tranquilizó y le inquietó, la ignorancia podia convertirse en miedo, y el miedo en violencia. Esperaba que aquello nunca sucediera.

-Lamento lo ocurrido con los libros, le aseguro que no era mi intención montar semejante escandalo, pero las acciones de mis congeneres escapan a mi control. No conozco la verdadera importancia del libro, pero puedo intuirla y espero descubrirla.

- En efecto, habeis descubierto mi debilidad y mi fuerza. El conocimiento es mi fuerza, y la curiosidad se convierte a menudo en mi mayor debilidad.

Herio respondió a la palabras de la maga a la que no podia ver bejo la capucha. Solamente su sonrisa permanecia a la vista y parecia sincera y tranquilizadora. Sus siguentes palabras calaron de nuevo en lo más hondo de si mismo.

- El honor de haber sido traido a este lugar se ve enormemente aumentado con el honor de haber sido elegido entre mis "compañeros". No malinterprete mis palabras, por favor, son de mi misma raza, pero eso no les convierte en mis amigos. La amistad es un valioso regalo que no se puede dar a la ligera, y hace tan solo cuatro noches que los conozco personalmente.

- Su ofrecimiento de ayuda supera incluso el honor hasta convertirse en una bendición. Me siento profundamente halagado y comparto su temor en lo que respecta a los libros. Tiene usted mi palabra de que todo cuanto descubra y sepa será compartido sin ninguna cortapisa. No podria ser de otra manera. Aunando nuestros esfuerzos superaremos toda prueba que nos encontremos y conseguiremos desentrañar el misterio oculto entre las páginas. Solo así podremos evitar la posible catástrofe. Además, mi mente tambien disfrutará tratando de descubrir el enigma. A veces, el viaje es tan importante como el destino.

Herio habló con serenidad y calma. Nunca levantaba la voz y entonaba cuidadosamente las frases como si las recitara.

Isolda Lamartine - August 2, 2005 03:40 PM (GMT)
Así como Herio lo había hecho, Isolda escuchó atentamente cada una de las palabras del Massasa, teniendo a bien no descuidarse con los halagos.

Sobre las actitudes de sus congéneres algo ya sabía, y sin duda era un trío bastante especial. A Jean Pierre de la Voud y a Engel Tod los "conocía" ya, y sin duda alguna había sido... un encuentro bastante peculiar, lleno de interesantes datos y promesas, aunque no podría decir nada sobre ellos, ni podía ser específica al respecto. Por otro lado, estaba la "Ventrue" Elois, llena de pompa, de elegancia y de majestad, investida con palabras, con miradas y sin duda alguna, maestra de la manipulación y el engaño. Una cortesana.

Y ahora Herio. Sí, problemas era lo mínimo que podría esperarse de una reunión como aquella. Sin embargo, ante el comentario de Herio, se limitó a asentir, aceptando sus palabras como ciertas.

Bueno, era aquella en realidad la debilidad y la fortaleza de muchos, incluyéndola; la Orden sabía desde el inicio que la única manera de reflejar a Dios desde uno, era conociendo, en varios niveles de profundización y penetración de la realidad, y aquello la había llevado a las más emocionantes y peligrosas de sus horas sobre la tierra. Esperaba, sinceramente, que fuera este también el caso.


Era casi evidente que no se conocían, pero siempre sucede igual. Si vas por un pueblo árabe y ves a un francés, crees que conoce a todas y cada una de las personas francesas. Sin embargo notó un ligero resquemor en las palabras de Herio al referirse a sus compañeros. Aquello no era nada bueno.


-A veces es el viaje el que vale la pena, no importando el destino. Es esa la mentalidad de quienes cruzan laberintos. Deben aprender a amar los caminos, las paredes, los dibujos y los engaños, pues es este el verdadero propósito de cruzar un laberinto: entenderlo, no salir de él. Así pues, nos hemos embarcado en algo que tal vez tenga un final funesto, o tal vez no, y aunque nuestras... "familias" no sean queridas, no debe usted dudar que trabajar con los suyos varias veces me ha sido en extremo agradable.

Prefirió no emitir juicio alguno sobre el resto de puntos que tocó Herio, y guardó silencio. Ahora sí era el momento de empezar.

-Debe usted saber, señor Aaron, que tuve en mis manos el pergamino que usted y sus acompañantes dejaron en la biblioteca. Y al tomarlo entendí porque no lo llevaron con ustedes.

Guardó de nuevo silencio. No es que le gustara ser trágica, o dar suspensos y emociones a sus palabras, sino que era completamente necesario que Herio entendiera cada una de sus palabras a la perfección.

-Sobre él había un encantamiento que envolvía la mente del lector, dejando que leyese lo que en realidad no decía. Fue un trabajo muy bien hecho, un trabajo que tal vez resalte a la vez la importancia o la futileza de lo que tenemos entre manos. "Traduje" lo que decía verdaderamente aquel misterioso escrito. Debe usted leerlo, darme su juicio, y luego yo le diré lo que creo.

Metió la mano entre su capa y extrajo un pequeño "porta plano" de madera negra, recubierto en el centro con cuero para cumplir aquel tipo de trabajos: lo estiró, y Chokmah lo tomó entre sus dientes, saltó el arroyo y lo acercó a Herio.

El texto decía:

"[…] Donde los caminos se cruzaban había siempre una sombra esperando.
Nunca decía nada, aquella señora de la noche, serpiente incansable de los Valles de
Luna, siempre arriba, nunca cansada, revelaba que todo había sido
producto de sangre, de maldad inhumana más allá del mundo
en el Reino en que la Muerte habita y reina, sola y abandonada
todo tiene siempre color a Muerte en ese cruce de caminos
donde ella también, viajera como todos, pide limosna frente a la carroza [...]"

"[…] En el Espíritu Santo, en el Padre, en el Hijo,
tres son las inalcanzables metas y a ellas doy yo mi fe y mi vida […]".


Herio - August 2, 2005 04:09 PM (GMT)
Herio asintió para indicarle a Isolda que comprendia lo que le decia. Tomó el escrito que el curioso animal le traia y lo leyó con atención. Las frases parecian incompletas.........

¡ Aqui estaba la clave! - exclamó a la vez que daba un pequeño brinco

Saco una pequeña barra de grafito y se puso a escribir en la hoja. Apenas tuvo tiempo para darse cuenta de lo que hacia y pedir permiso a la dueña.

- Yo.... e.. lo siento. Espero que no le importe que escriba en su papel. Disculpeme por favor.

Terminó de escribir las palabras y todo encajó a la perfección. Cierto, seguia siendo una adivinanza, un enigma, pero las partes casaban entre si. Le ofreció de nuevo al animal el pergamino para que su señora pudiera leerlo.

Observó atentamente su rostro esperando un gesto de aprovación a sus dedecuciones. En el papel ahora se leia lo siguiente:


"[…] Donde los caminos se cruzaban había siempre una sombra esperando.
Solitaria
Nunca decía nada, aquella señora de la noche, serpiente incansable de los Valles de
La eternidad
Luna, siempre arriba, nunca cansada, revelaba que todo había sido
Puro y bueno
producto de sangre, de maldad inhumana más allá del mundo
De los mortales
en el Reino en que la Muerte habita y reina, sola y abandonada
A su suerte
todo tiene siempre color a Muerte en ese cruce de caminos
De vidas cruzadas
donde ella también, viajera como todos, pide limosna frente a la carroza [...]"

"[…] En el Espíritu Santo, en el Padre, en el Hijo,
La fé
tres son las inalcanzables metas y a ellas doy yo mi fe y mi vida […]".



Isolda Lamartine - August 2, 2005 04:49 PM (GMT)
Isolda sonrió al ver cómo el Capadocio rayaba sobre la hoja. Se recordaba a sí misma, siendo reprendida por su maestro cuando rayaba extrañas fórmulas mágicas en los pergaminos que este utilizaba, intentando encontrar formas igual de potentes pero mucho menos engorrosas.

Definitivamente congeniaban, excepto, claro, porque ella estaba viva.

Observó el papel que le trajera de nuevo Chokmah, que comenzaba a molestarse. Lo leyó, y lo releyó varias veces, haciendo que aquellas palabras entraran en su mente una y otra vez, organizando y desorganizando. En definitiva la agudeza de aquel Capadocio no tenía lugar a dudas.

Podría haber problemas de traducción, pero confiaba en la destreza del Massasa con las lenguas.

Por fin levantó el rostro, observando de nuevo hacia el linde del bosque.

-Creo, señor Ben Eleazar, que ha sido diestra su añadidura, y esto nos deja un paso más cerca. ¿Conoce usted el contenido del Segundo libro? Dijo mientras mascullaba las palabras que Herio había añadido en su mente, intentando encontrar las razones que tendrían los escribas.

Herio - August 2, 2005 05:45 PM (GMT)
Herio sacó el libro de entre sus vestiduras y se lo ofreció a la maga por si queria ver de donde habia sacado sus deducciones y las palabras que completaban en parte el rompecabezas.

- El caso es que sí. Conozco el dato de mayor importancia que hay en el segundo libro. El señor Tod fué muy amable al permitirme copiar lo interesante del libro.

Herio sacó un pedazo de pergamino de entre sus ropas tambien y se lo ofreció para que lo leyera. En el habia apuntado las letras sueltas y sin aparente sentido incluidas en el libro en posesión del señor Tod.

- Podeis verlos vos misma. Estas letras eran lo unico que llamaron mi atención en el libro. Puede que formen un nombre o una dirección. Aún no he tenido tiempo de desentrañar su misterio.

Herio observó la expresión de su acompañante. Parecia haber un ligero cambio. O eso creyó el .


Isolda Lamartine - August 2, 2005 06:27 PM (GMT)
Isolda recibió ambos, el libro y el pergamino, a través de Chokmah, que diligentemente cruzaba de un lado a otro del río. A lo mejor Herio pensara que era extrema desconfianza, pero aquel lugar tenía sus propias reglas y todos tenían que respetarlas.

Observó primero el manuscrito que le entregara Herio. Aquello era lo que a ella le gustaba. Su Palabra era Aleph, eso era ella, Todo, un lugar común de las cosas, un laberinto circular, un laberinto estático, temporal, previsor pero ciego, sordo, y sumamente inteligente. Su mente era poderosa de otra manera, ese era el reflejo de su Aura: misterio, era un aura críptica, confusa, laberíntica.

Sus ojos se cerraron un momento, y cuando volvió a abrirlos tenía unas palabras en la cabeza.

Las Rayó sobre el papel y Chokmah se las entregó a Herio.

Luego abrió el libro, sin prestar mucha atención a lo que Herio hiciese con el enigma descifrado.

Herio - August 3, 2005 03:22 PM (GMT)
Herio recibió el papel del improvisado mensajero. El simpático animal se estaba pasando el rato de un lado para otro. Herio vió las letras encajando perfectas, formando un nombre. Le resultaba familiar, pero aún no sabia porqué.

- Me parece que nuestra unión ha dado sus primeros frutos más rápido de lo que nunca me atreveria a soñar.

Herio se sentia en una nube. La maga tenia una mente brillante.


Isolda Lamartine - August 3, 2005 04:39 PM (GMT)
Isolda levantó la mirada del libro. Ella también se sentía complacida por lo rápido que habían logrado, trabajando juntos, darle salida a aquel inicial misterio. ¿Qué los esperaría después? No pensaba en eso. Intentaba, como Herio, recordar la procedencia, el origen de aquel nombre, que como a él también se le hacía conocido.

-Así es, rápido hemos superado la primera prueba, pero tengo la esperanza de que terribles enigmas y hermoso laberintos nos hagan perder el camino, y no pocas veces, en el futuro.

Cerró el libro, y miró de nuevo hacia el horizonte. Varias dudas asaltaban a la Magus.

-Dígame, señor Ben Eleazar; dicen ustedes que el origen de estos tres documentos se remonta a la lejana Constantinopla, y mencionaron alguna vez a aquellos Demonios Transilvanos. ¿Cree en verdad que algo tengan que ver?

Aquello sin duda solucionaría la primera de sus dudas. Si aquello era cierto, como ella misma en alguna ocasión lo había hecho, entonces sería muco más problable que la relación de los cainitas fuera con un hermético que con uno de los Oscuros.

Herio - August 3, 2005 05:10 PM (GMT)
La última frase de la maga cayó sobre Herio como un cubo de agua fria. No habia mencionado el origen de los libros en ningun momento. Si sabia aquello solo podia significar una cosa. Sus intentos de perderla la noche anterior habian sido inútiles. Tambien habia estado "presente" en el castillo D´Umbrelle y el no habia podido percibirla en modo alguno. Desde luego se trataba de una maga poderosa, de eso estaba seguro. Aún no podia saber como de poderosa era, pero empezaba a vislumbrarlo. Esa idea lo aterrorizó. Y tambien lo fascinó.

Su rostro, sin embargo, no habia cambiado la expresión de interes que mostraba.

- En efecto, parecen proceder de allí. Y tambien parecen tener algun tipo de relación con el clan de los demonios, los Tzimisce. Sin embargo dudo que esa relación sea tan importante como la que parece haber con uno de los suyos. Yo jamás habria descubierto las palabras ocultas en el pergamino.

- Creo que, ahora que hemos resuelto parte del enigma, deberiamos investigar el nombre y el poema o escrito. Sin dejar de lado otras vias de investigación, por supuesto.

A pesar de sus temores, la posibilidad de investigar junto a la magus los misterios tras los escritos seria en verdad una oportunidad única para uno de su raza. Fascinante. Verdaderamente fascinante.



Isolda Lamartine - August 5, 2005 02:58 AM (GMT)
Isolda sonrió bajo la capucha, dejando de nuevo que Herio contemplase el brillo sobrenatural que emanaba de ella. Era una sonrisa sin sentido, aparentemente, liberada en el momento más irrelevante de la conversación que mantenía Herio.

Luego desapareció tan repentinamente como había llegado. Las cosas comenzaban a organizarse, y una extraña emoción por lo desconocido, por nimio que fuera, brotó en el pecho de la joven.

Luego de unos largos segundos en completo silencio, dejando que libremente las ideas se formaran o se destruyeran en la mente de Herio, dándole tiempo de crear hipótesis, temores y caminos erróneos, habló.

-La relación con los míos, como usted ha dado en llamarlos, es dudosa desde el origen mismo de los escritos, -dijo sin mencionar si se refería a la lejana Constinopla o a algún territorio de los helados de los dominios que reconocía como propiedad de aquellos Demonios- aunque es innegable que el arte con que la misiva fue codificada no está en manos de muchos. Y era cierto, incluso entre los Despertados.


-Sin embargo, en caso de que su hipótesis fuera cierta, y el verdadero origen y motivo de lo que entre manos tenemos no repose tanto entre ustedes, el escriba del pergamino tendría que haber aprovechado las palabras o sentidos usados en los otros textos según sus propios motivos, pero la antigüedad de los caracteres y caligrafía, no indica que estén suficientemente separados en el tiempo como para que esto sea posible.

Aquello era un verdadero enredajo, que la mente de Isolda manejaba con sencillez. Sí, podría parecer una completa tontería. ¿Qué importaba? Importaba completamente. Si la posibiliad era la que más le atormentaba era verdadera, y ambos, mago y cadáver, habían trabajado juntos por decisión propia, entonces el peligro que habría entre aquellos enigmas podría sobrepasar el entendimiento de todos los involucrados. ¿Por qué? Por que los Magi odian a los Massasa, y más si este, como creía, era un miembro de la Orden.

Las otras posibiliades eran mucho más alentadoras: si el mago había sido reducido por el vampiro y obligado a hacer aquello, las mentes cortas de aquellos seres no serían en realidad un gran problema, y seguramente encerrarían el secreto del escondite de algún enemigo, o alguna treta de poder, o una última voluntad. Y si el Magus había usado lo que trabajado por los Massasa, tenía ella la ventaja de conocer el mundo en que la mente del Despertado se movía.

Sin embargo no plantearía su inquietud, y dejaría que fuera el mism Herio el que la tomase como posibilidad.

Herio - August 5, 2005 10:30 AM (GMT)
Un millar de posibilidades diferentes danzaban en la mente del erudito que las catalogaba y desechaba con rapided, considerando solo las más solidas. Vió con asombro la fugaz sonrisa de la maga. Fascinante.

- Disculpeme si el termino utilizado no es el correcto. Pero al decir los suyos me referia a los magos, y mi desconocimiento casi absoluto del tema me impide escoger las palabras adecuadas.

De nuevo una frase de la maga dejaba entrever el enorme poder que debia poseer. Ella habia descifrado lo que pocos podian descifrar segun sus palabras.

Atendió con interés a la exposición de Isolda y barajó las opinines que ella le daba comparandolas con las suyas propias. Una idea comenzó a tomar forma en su mente. Creia saber un poco más sobre magos de lo que ella sabia sobre vampiros. Un enemigo común podria haber unido los intereses de mago y cainita. Y el creia saber cual era ese enemigo común. Su hipotesis, no obstante, necesitaba más datos que la confirmaran o la desecharan antes de ser formulada. Decidió probar suerte preguntandole a la maga.

- Segun tengo entendido, los magos odiais a la casa Tremere. Lo mismo es aplicable a muchos cainitas. Cabe la posibilidad de que ese odio uniera a dos miembros de nuestras respectivas razas con el fin de hacer frente a un enemigo común.

Con un poco de suerte ella aportaria algun dato para él desconocido que apoyara su hipotesis.


Isolda Lamartine - August 5, 2005 03:04 PM (GMT)
Isolda permaneció en un sacrosanto silencio por muchos más segundos, dejando que su mente recorriera paisajes, información, rostros, retazos de historia. Su mente, contenida ya su ira por haber escuchado aquella mención a la Maldita Casa Tremere, comenzaba a barajar las posibilidades que Herio planteaba, y que a ella por alto no le habían pasado. La Casa Tremere.

Ella, por supuesto, sabía aquello, y sabía que los "Tzimisce" odiaban a los Tremere, aunque de un modo muy diferente a ellos. Era, el de los vampiros, un odio "normal", creado por la invasión de sus tierras y las masacres de sus gentes, por la destrucción de sus palacios y por haber fabricado, con su sangre y su cuerpo, aquellos terribles monstruos que tantas muertes habían traído también a la Orden; el odio de los Herméticos era un odio familiar, un odio por el hermano que asesina al padre querido, por el ladrón que antes fue el mejor amigo. Era un odio visceral, y más cuando cada día más y más Magi perdían la vida en las salas de tortura de aquellas Bestias Informes.

Fue por partes, y su voz jamás dejó traslucir lo que por su mente cruzaba. -Sé a lo que se refería, señor Ben Eleazar, no se preocupe. De todos modos creo saber ya de que me habla, pues conozco las habilidades de los Tremere para ganarse odios allí donde pasan.

Bueno, eso delineaba de nuevo sus ideas. De todos modos sabían de muy buena fuente que los Flambeau habían usado Massasa tontos como primera línea de combate contra los Tremere, y no sería de extrañar que, si algo en contra de esa casa Mil Veces Maldita Casa.

Pero, era posible. Ella lo sabía, pues había sido justamente esa la razón por la que su Maestro y ella misma, accedieran a una unión con los Demonios Trasnsilvanos.

-Veo que usted goza de buenas fuentes de información. ¿Sabe usted la razón que llevó originalmente a los Demonios a la guerra contra la casa Tremere?

Aquello, más que una real pregunta era una especie de prueba. Isolda no cabía de la alegría con aquella conversación. Había aprendido más en pocos días que en toda su vida sobre los Massasa. Si la respuetsa a aquella pregunta era como pensaba, entonces lo que buscaban comenzaría a tomar forma.

Herio - August 5, 2005 05:06 PM (GMT)
Herio pensó durante unos instantes antes de responder. Lo cierto es que sabia bastante sobre el tema. Quizá tendria que hacerle un resumen de los datos más importantes.

- Si lo se. O creo saberlo. Los tremere utilizaron miembros del clan Tzimisce en sus experimentos además de invadirles el territorio. Usurparon el lugar del noble clan Salubri. Mataron a su progenitor, aunque ellos lo niegan, por supuesto. Podria entrar más en detalles pero creo que de momento no será necesario.

No estaba seguro de si debia facilitarle información a alguien fuera de la estirpe, pero algo le decia que debia hacerlo. Y no hacerlo podria significar problemas.....



Isolda Lamartine - August 5, 2005 05:52 PM (GMT)
No le sonaba de nada eso del clan Salubrí, aunque Ukter-ar le había mencionado a casi todas las familias vampíricas y sus habilidades generales. ¿Usurparon el lugar de su progenitor? Aquello sonaba mucho mas grande, y en el limitado conocimiento de Isolda tomó proporciones verdaderamente enormes. Sabía que bebían sangre. ¿Acaso los Massasa eran también caníbales? La posibilidad le causó un terror, un asco, sin medida.

¿Podían permitirse crímenes de tales magnitudes entre los propios Massasa? Ella pensaba que tenían leyes que los rigeran, como debería ser, pero al parecer la Casa Mil veces Maldita se había salido con la suya entre los muertos, como lo había hecho entre la Orden.

-¿Y porqué, si aquello lo contáis como un delito, no se ha investigado la verdad que hay en lo que dices?

Le gustaría seguir indagando, y auque el tema cambiaba drásticamente de conversación, le gustaría saber el punto de vista de los propios vampiros sobre la casa. A lo mejor no estuviera sola cuando levantara armas para acabar con todos esos Perros Rastreros en París.

Herio - August 5, 2005 06:09 PM (GMT)
La curiosidad de la maga parecia no tener límites. En cierto modo, se parecian. Su última pregunta era bien dificil de contestar, pero la aguda mente de Herio encontró con rapided las palabras.

- No hay una única respuesta a su pregunta. Hay varios motivos. El primero es que para cuando nos quisimos dar cuenta ya eran demasiado fuertes. Otro motivo es que usurpadores o nó, ahora pertenecen a nuestra raza y entre nosotros prima la ley del más fuerte. El último y quizá el más importante es que nuestra raza es una raza de individuos que pocas veces se unen para algo más que para tramar entre ellos.

- Aún así no piense que no hay muchos que se oponen a ellos y los combaten.

Herio sentia como si la maga pudiera pasarse haciendo preguntas toda la noche sin que el pudiera evitar contestar a todas y a cada una de ellas. Además, esta noche tenia que acudir a cierta fiesta.

- Si me disculpa, me temo que esta noche tengo otros asuntos que atender, pero ha sido de veras una conversación agradable e interesante. Cuando usted quiera podremos repetirla. Hasta entonces, mantendré en secreto nuestro encuentro.

Esperó la respuesta de la maga y que le diera permiso para irse. No convenia hacerla enfadar.


Isolda Lamartine - August 5, 2005 06:38 PM (GMT)
Sonrió para sus adentros. De nuevo la misma historia. Aunque todos en la Orden sabían que la Casa Tremere era débil en la magia, respetaban y temían sus voraces lenguas, capaces de acabar con una Casa completa, como había ya sucedido con los Diedne.

Pero Isolda, y todos los herméticos sabían que el poder real de la Casa Tremere no era físico, sino efímero, y que sus máscaradas de ser fuertes y de resistir ante los ataques fieros de una coalición como la de los Demonios y la Orden, no hacían más que incrementar el fantasma del terror que giraba cerca a ellos.

Pero era eso, un fantasma. Y aquello fue decepcioante. Seres que porían llegar a vivir miles de años, permitían que crímenes como aquellos se cometieran en llamado al miedo que provocaba la fuerza fingida de la Casa Tremere y las historias que de ella llegaban desde las lejanas tierras orientales.

Bajó el rostro cuando Herio le avisó que tenía que partir.

-Lo ha dicho ya, nuestro encuentro permanecerá en el más absoluto secreto, y ninguno de los dos revelará la identidad del otro.

Se puso de pie; como toda buena anfitriona guiaría al invitado a la salida, que entre los movimientos sinuosos de las plantas y los árboles se había ya perdido. Intuía la razón de la intempestiva partida del capadocio, y se reprendió por no haber sido más cuidadosa con las preguntas, menos impaciente.

Caminó con él, aún a su lado del río, y al llegar al linde levantó la mano, cubierta esta por la manta, indicándole una dirección. -Si sigue esta línea, saldrá en pocos minutos.

-¿Cuándo se reunirán de nuevo? Me gustaría estar presente.

Herio - August 5, 2005 07:27 PM (GMT)
La última pregunta cogió totalmente por sorpresa al capaddocio. De nuevo sentia la fuerza que le obligaba a no mentir. Y de nuevo su conciencia y la posibilidad de volver a encontrarse con ella le indicaban esa misma necesidad. Además, si no se lo decia tenia la sensación de que ella se lo diria igualmente.

- El decimo día del mes que está por venir. No esperaba menos de usted. Buenas noches. Y gracias.

Isolda Lamartine - August 8, 2005 04:34 PM (GMT)
Isolda asintió, y se quedó allí, paralizada sobre el hermoso césped de su lado del río, observado la espalda de aquel massasa mientras se alejaba de ella.

En cuando desapareció, volvió sobre sus pasos y se sentó sobre su roca, mirando con una sonrisa a Chokmah, mientras retiraba de su cabeza la capucha que le había permitido pasar anónima.

-Querido amigo, ¿ no crees que esos muertos son de lo más interesante?

El perro gruñó, oliendo el lugar donde había estado sentado el Capadocio.

-Al menos creo que deberías concederme ese punto, pues sus mentes pueden ser agudas, auque funcionen por influjo del Diablo.

El can asintió, e Isolda agradeció su gesto con una sonrisa. El que su poderoso familiar le apoyara en ese punto, le daba una licencia para poder hacer que aquel encuentro se repitiera, trayendo tal vez muchos más conocimientos sobre aquella raza perdida y malsana-




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