View Full Version: Susurros del pasado

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Title: Susurros del pasado
Description: 9 de enero del A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - July 26, 2005 11:58 AM (GMT)

Noche fría de invierno, donde las cosechas quedarían resentidas al amanecer para desgracia de campesinos y labriegos, fría como un glaciar, acompañada de gotas de lluvia que acrecentaban según se adentraba la propia noche, nubarrones poblaban el cielo de París ocultando los astros, permitiendo ver únicamente agua y más agua, impidiendo que nadie se aventurase fuera de refugio seguro, mas dos jinetes se aventuraban a galope tendido, huyendo tal vez del frío y lluvia, buscando cobijo endemoniados azotaban las riendas de los cansados corceles.

Por fin se detuvieron, dando un tímido descanso a las bestias. Éstas, exhalaban suspiros agónicos por semejante esfuerzo, mas una vez orientados los jinetes prosiguieron la intensa marcha dejando atrás las pavimentadas calazadas de la ciudad encaminándose por un farragoso sendero, destrozando con especial ansia las riendas, azotando a los pobres animales...

Elois D'Umbrelle - July 26, 2005 03:36 PM (GMT)

Las torres del Chateaux D'Umbrelle se avistaban cuales pies de coloso en el mediterráneo, incluso con la dificil visión que entrañaba esa oscura noche. Un duro trazado llevó a ambos a las puertas de entrada en la morada de la Duquesa de Orleans.

Cruzado el umbral de la dama D'Umbrelle, ambos viajeros cansados fueron llevados de inmediato al salón principal, donde un refrigerio les esperaba. Leche caliente y algo de pan junto a la caldeante chimenea, entre tanto que acudía a recibirles tan majestuosa dama.

Mantas sobre sus húmedas ropas, manos apostadas sobre el reconfortante fuego, todo lo posible para combatir el frío calado en los huesos. Por fin se abrieron las puertas tras ellos, girándose sin remedio, algo impresionados por la personalidad que las cruzaba.

El más anciano de los dos, un hombre de aspecto francés, ojos azulados, cara arrugada y cabello cano se adelantó e inclinó de rodillas en tanto que habló.

- Mis respetos para con mi señora duquesa, largo tiempo hace que partí en vuestro nombre y he regresado con nuevas para vos.

- Levantaos leal Pier, contadnos que tales son.

- Excelentes mi señora- remarcó Pier entusiasmado mientras se ponía en pie y señalando a su acompañante prosiguió.- Este, mi señora duquesa es Madeira, contramaestre de la "Do Esperança", la fragata portuguesa más veloz del Atlántico.

Madeira, quedó algo descolocado, era un marino de pura cepa, un hombre duro acostumbrado a foguear con vendavales y tifones, fornido, con manos encalladas por la dura vida en el océano, al cual le faltaba parte de su oreja derecha y una enorme cicatriz le recorría la faz desde su boca habiéndole sesgado el ojo, portando un parche negro con tal de ocultar tan repugnante cicatriz. Finalmente reaccionó el portugués y saludó a la anfitriona sosteniendo aún su taza con leche tibia.

- Madeira es mi nombre, vuestra alteza- El hombre no estaba familiarizado con los títulos nobiliarios y en como referirse, así mismo intentó reverenciar torpemente, tirando el contenido de la taza sin darse cuenta, abrumado como se hallaba por la presencia de la bella francesa- Represento al Capitán Gonçao de Barbosa- Culminó con su peculiar acento portugués.

Elois soportó la sonrisa que le propició tan estrafalaria presentación, tanto como desastrosa que le resultó, al mismo tiempo que serenaba su ímpetu.

- Señor Madeira, sois bienvenido a nuestro castillo, relajaos, no estais en presencia de la corte, ciertos formalismos pueden ser omitidos, una vez tranquilo contadnos la respuesta de vuestro capitán Barbosa- Respondió la ventrue en un perfecto castellano, a fin que su interlocutor se sintiese más cómodo con ese idioma.

- Gracias majestad- Elois no pudo contener una débil sonrisa, tímida y pícara- mi capitán Barbosa escuchó atentamente la propuestao do vuestro emisariao Pier do Chambelan- Esta vez contuvo las carcajadas que le propiciaban las maneras de tan patán marino, así como las atrocidades lingúísticas que este arremetía una y otra vez. El marino paró para tragar saliva, en verdad lo hizo para calmarse pues no sabía como actuar frente a tan importante dama.- Barbosa dice que si vuestrao oferta es tan cierta como impresionante la acepta.-

Madeira exhaló un suspiro descansado después de exponer la respuesta de su capitán.

La ventrue miró complacida a su fiel Pier quien asintió sonriente a su señora.

- Nuevas excelentes, mañana os escucharemos detenidamente, ahora descansad del viaje pues así lo habeis merecido.

Entonces Elois se retiró para relajación de ambos, francés y portugués, mas una sonrisa en su boca era síntoma inequívoco de satisfacción, la noche siguiente sería interesante...


Elois D'Umbrelle - August 1, 2005 06:22 PM (GMT)

La noche del diez de enero del A.D. 1225 resultó igual de angosta que su predecesora, tanto Pier como Madeira pasaron el día descansando, gozando de todas las ventajas que las riquezas de Elois podían proporcionarles con tal de recuperar las fuerzas tras el largo esfuerzo.

Había concluído la cena en el salón comedor, Madeira aún degustaba un exquisito pato a la naranja junto a algunos siervos destacados, como escribas y demás diplomáticos cortesanos, sus modales causaban estragos sólo superados por su pavorosa apariencia. Un muslo era ahora el principal enemigo librando batalla contra sus maltrechos incisivos cuando fuer reclamado a un pequeño salón.

Cruzado el umbral de la puerta, dejando tras de si los fríos muros de piedra irrumpió le portugués en una cálida alcoba apaciguada por un cálido fuego de chimenea, varios tapices adornaban paredes, alfombras y cómodos sillones la hacían acogedora, mas su tez se tornó pálida por la mera presencia de la señora del lugar, la duquesa, sentada frente a él le observaba con sus penetrantes ojos intimidando al intrépido marino.

- Tomad asiento Madeira.- replicó suave la señora del lugar en castellano, a lo que este obedeció sin rechistar. Una vez se recostó logró musitar palabra a la noble francesa de inimaginable belleza.

- Buena noche mi señora, quis... - Sus palabras fueron cortadas por un susurro a forma de soplido proveniente de los carnosos labios de la ventrue.

- Escuchad Madeira. El capitán Barbosa obtendrá una parte de lo prometido por mediación vuestra, el resto lo recibirá cobrándolo en la encomienda del Temple que desee pasados seis meses.-

El portugués asintió, había algo en esa mujer que le incitaba a confiar en ella, para el pobre marino que apenas tenía contacto con taberneros portuarios y otros marinos, el estar allí junto a esa dama que tan bien lo trataba le hacía sentirse querido y próximo, en cierto modo haría cualquier cosa por ella. (Presencia 3).

- La labor de vuestro capitán será fácil, debe abordar cuantos barcos ingleses pueda, puede quedarse cuanto quiera como botín, pero las cartas de navegación y toda documentación a bordo del barco me debe ser remitida periódicamente. Por contra los barcos franceses no pueden ser tocados, si cumple con mis exigencias, recibirá anualmente la cantidad acordada. Mas no debe desobedecer mis órdenes o por contra toda la armada francesa lo tendrá en el punto de mira. Si sigue mis instrucciones, en breve conseguirá el favor de la corona francesa y podrá recalar en nuestros puertos libremente.-

Madeira asintió entusiasmado tras recibir las órdenes pertinentes, dispuesto a cumplirlas y a que su capitán lo hiciera.

- Algo más, partirés en el plazo de una semana, de la cual gozareis de lo mayores privilegios en mi castillo, mas una misión os encomiendo, debereis ser mis ojos y oídos en el navío, aunque eso implique ir contra vuestro capitán.-

Sentía afecto a la dama, pero su patrón era Barbosa, lo que pedía chocaba con sus lealtades, hasta que ocurrió algo inesperado...

Nada más recordó Madeira de esa noche, sólo que cuando partió de aquel castillo estaba prendado de los encantos de la duquesa, por algún motivo ésta le había robado su corazón, mostrándose servil a ella en todo momento, sientiéndose más fuerte, rejuvenecido y agraciado con la flecha de cupido. Partiendo pues la noche del 17 de Enero de nuevo a Lisboa.

Durante esa semana la sangre de la ventrue nutría las fauces del ansioso marino, quedando vinculado sin recordarlo, pues todos sus recuerdos fueron manipulados en una débil mente como la suya.








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