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Title: Descripción
Description: de la Capilla


Sepherim - April 24, 2005 11:13 PM (GMT)
La capilla no es de ninguna manera una construcción gigantesca, como sí lo es Notre-Dame, auqnue su patio interior es considerable. Las barreras de piedra, altas, la separan del exterior como separando la tierra del cielo, auqnue los visitantes nunca se han percatado de aquella elaborada simbología. En varias partes, en la barrera de piedra, pueden verse piedras completamente negras.* Los abetos y sauces del interior, que se inclinan levemente hacia las afueras, parecen dar la bienvenida a aquellos que se acercan, auqneu los más paranoicos podrían creer ver en aquello una amenaza velada de algo que está más allá de su comprensión.

El camino se abre después de un par de puertas bajas que permanecen abiertas para recibir a aquellos que buscan la bendición del señor, y su madera oscura y resistente se ve cálida y tierna a primera vista.

El camino, de piedra, serpentea por varios arbustos bajos sin flores la mayor parte del año y desemboca en una escalinata que da la entrada a la Iglesia en si.

La fachada de la contrucción es de estilo moro, en parte, auqneu se ven los claros orígines de aquella arquitectura en la traidicón inglesa de los castillos. Es de piedra, y las cúpulas, redondas, coronan cinco trres y el cmpanario. Puede verse una gárgola agazapada mirando hacia abajo desde la pirmera de las torres.

El jardín que la rodea es bajo, algunos arbustos florales raros e hierba baja, lo que permite que los visitantes al oficio dominical permanezca un rato conversando. Excpto por un sauce llorón, extraño en estas tierras, y el más viejo de todos los árboles del lugar, que se ubica justo al lado del camino, extendiendo sus largas hojas sobre este, acariciando suavemente a los que por allí pasan.

El entrar en la Iglesia puede sentirse un cálido viento provenir de los candelabros que cuelgan del arco, grande y de maderas poderosas sacadas seguramente de algún barco naufragado. A los lados, pocos íconos -casi ninguno- hace que el contraste sea grande con el aparente derroche de las afueras. En efecto es ua Iglesia pobre y austera. Algunos vitrales altos, en las horas de l día, dibujas hermosos colores y formas en el suelo, y doce pares de sillas largas se rieguan desde la entrada hasta varios metros del altar.

Hacia arriba, el palco de los nobles y más arriba el palco de los príncipes, mirando de frente al altar.

De todos modos el campanario -al que se accede por una incómoda escalera en caracol situada detrás del altar, oculta tras una puerta de madera pesada responsabilidad del Sacristán- tiene suficiente espacio para albergar cuatro campanas de diferentes tonos, y los caminos para acceder a las habitaciones superiores -de reclusión, meditación y descanso- son intrincados y suficientemente discretos como para no ser notados por nadie que no sea de la Iglesia.

Sepherim - August 8, 2005 08:39 PM (GMT)
La parte baja de Le Ictus es realmente la más interesante, aunque para algunos cristianos pertenecientes a las diferentes Tradiciones Místicas, en especial para los cristianos de las Voces Mesiánicas, esta no fuera una apreciación justa.


La entrada a los subterráneos estaba oculta bajo un poderoso Arcano, y protegida mucho más que la periferia de la misma Iglesia, impidiendo posibles intromisiones por parte de no deseados, curiosos, ladrones o enemigos. Se encuentra en un recatado lugar, detrás de una estatua no muy llamativa, en una discreta sombra formada siempre por la inteligente disposición de los cristales y las ventanas en la Iglesia.

Sólo aquellos que han sido ya “unidos” a la Capilla de Le Ictus podrían ver y entrar en sus subterráneos. Tras cruzar la puerta el mundo del exterior, limitado por las mentes de los Durmientes, desaparece para dejar paso a un bastión mágico como pocos quedan en la Europa floreciente.

Nadie sabe exactamente si aquellos sistemas de túneles fueron creador po la mano de un Magus, o si estaban allí desde tiempos inmemoriales esperando la llegada de los Despertados y su congregación, y ni siquiera es sabido si el constructor de la Iglesia conocía la existencia de aquellos sistemas, aunque aún antes de ser tocados por las manos milagrosas de los Despertados, ya presentaba un impresionante arcano que le protegía de las miradas curiosas.

Luego de bajar unas escalerillas de mármol con significativas letras hebreas talladas, se llega a un largo corredor. El suelo, las paredes y el techo son altos y separados, permitiendo a los caminantes pasar por allí sin obligarlos a agacharse, e incluso permitiéndole a criaturas de mayor talla cruzar tranquilamente llevando grandes cargas sobre sus hombros. Sin embargo no está embaldosado, y tanto el suelo, las paredes y el techo de aquel túnel subterráneo, permanece siendo piedra virgen, tal y como estaba desde el principio. Podría parecer tétrico, pero multitud de antorchas que alumbran para siempre, y que empero no queman, están distribuidas desde el inicio hasta el final de lo que se ha recorrido del túnel, permitiendo a los paseantes caminar distendidos por allí como si estuvieran en sus hogares. Y no es exageración, puesto que una gran tranquilidad embarga a quienes caminan por aquellos sagrados laberintos.

A medida que el túnel avaza, se abren más y más bifurcaciones, que lentamente suben, bajan o se retuercen, haciendo que aquellos que no están suficientemente preparados pierdan cualquier posibilidad de encontrar el camino de regreso, y es este el primero y el más sencillo –aunque no por ello menos peligroso –sistema de defensa de Le Ictus.

En ocasionales bóvedas que se abren en los túneles han erigido los Despertados sus Sanctums, teniendo espacio suficiente para poder poner grandes laboratorios, forjas, bibliotecas y a varias personas cómodamente, organizando su hábitat cada uno como lo cree más pertinente.

En aquellos túneles, diversos seres mágicos de pequeños tamaños caminan libremente, viviendo de los residuos mágicos que vuelan en el aire de aquel subterráneo, desapareciendo o siendo usados por los Despertados en sus experimentos. La vida de aquellos seres en los túneles ha propiciado que allí, a pesar de ser evidentemente un lugar árido, se puedan llevar a cabo plantíos de diversas hojas medicinales o mágicas, o con el condicionamiento mágico adecuado sobre la tierra, incluso cultivos más complicados y con más requerimientos y cuidados. Las razones exactas por la que estos diminutos seres antropomorfos ayudan a la tierra a producir allí abajo están bajo estudio.

El sistema de túneles es verdaderamente grande, y nadie nunca ha tenido el valor de recorrerlo completamente. Empero, hace poco, uno de los Despertados que habitan allí, caminando por nuevos túneles oscuros y sin temor a los potenciales peligros que pudiera encontrar, halló un basto lago, de luz azulosa que brillaba con un misterioso brillo, coronado por gigantescas estalactitas y con varias islas pétreas adornando la superficie lisa de aquel misterioso lago. Algunas plantas extrañas con interesantes propiedades crecen en sus superficies, y los acercamientos iniciales muestras que algunas curiosas formas de vida habitan en las profundidades del lugar.




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