Justo tras la caida del sol la noche era fria y la luna y las estrellas no podian verse detrás de las nubes. Una niebla baja y espesa le daba al antiguo cementerio un aire de misterio sobrenatural. Una figura grande y oscura se afanaba en cavar junto a una lapida en forma de cruz. El sonido de la pala golpeando la madera avisó a la siniestra figura de que ya habia logrado su objetivo. Dejó la pala a un lado y uso una barra metálica para hacer palanca y abrir la tapa del ataud. En su interior se hallaba una joven que en vida habia sido hermosa vestida con un sencillo vestido negro. Sin miramiento alguno la levantó por la cintura y por debajo de los brazos y se la cargó al hombro. A pesar de la fuerza del hombre y la delgadez de la joven levantar un peso muerto era tarea dificil.
La siniestra figura se dirigió al mausoleo del fondo, en la parte más vieja del cementerio. Aquel mausoleo debia tener alrededor de 500 años y era siniestramente bello. No era muy grande en el exterior, era de un estilo arquitectonico que recordaba al romano tardio. Una gruesas columnas enmarcaban la puerta de metal con una gruesa argolla unida a la talla de la cabeza de un león. En lo alto del mausoleo de planta circular podia verse la figura de un angel empuñando una espada. Las plantas trepadoras se habian hecho con uno de los costados del mausoleo desde el suelo hasta la punta de la espada del angel. El tiempo habia hecho mella en las tallas y el conjunto resultaba impresionante.
La misteriosa figura caminó hasta la puerta y posó con delicadeza el cadaver en el suelo, dió media vuelta y se dirigió de nuevo hacia la tumba con la intención de volver a cerrar el ataud y enterrarlo a continuación
Herio decidió que era menester conseguir un nuevo cadaver para sus investigaciones. Se dispuso a salir del mausoleo cuando a las puertas de este encontró el cadaver de la muchacha. Sonrió. Una vez más, su amigo el enterrador se habia adelantado a sus deseos y necesidades. Observó el especimen del suelo. Magnífico. Era realmente magnífico. Dejó la puerta abierta y bajó a su lugar de trabajo mientras mentalmente, daba la orden a uno de sus sirvientes para que bajara el cadaver con prontitud y cuidado.
Se encontraba ya poniendo sus herramientas a punto en la pequeña mesita situada junto a la gran lápida que hacia las veces de camilla, cuando un enorme sirviente putrefacto entró con el cadaver de la joven al hombró. Herio apenas si le dedicó una mirada a su sirviente, pero cualquiera que no fuese otro capadocio se sentiria horrorizado ante tal visión.
Era el cadaver de un hombre grande y fuerte en un algo avanzado estado de descomposición. Su olor era fétido y lo hubiera sido aun más si el capaddocio no le hubiera sacado ya las visceras, los ojos, los humores, y en definitiva todo aquello con la suficiente humedad como para acelerar el proceso. Por lo tanto, era un cadaver reseco, al que se le veian los huesos por varias partes, que tenia costuras en los ojos y boca y un enorme hueco donde debia encontrarse su tripa.
El sirviente cadaverico posó con cuidado el cadaver en la lápida y se marchó.
Herio ya estaba listo para empezar. Se inclinó sobre el cadaver y le rasgo las vestiduras. Una vez desnuda, admiró su belleza y le habló:
-Vamos a ver preciosa, dime cuales son tus secretos. ¿Que escondes e tu interior?