La noche anterior había recorrido la ciudad siguiendo las pistas que llevaba el viento. Ahora, subido a la cima de la torre central de la Sorbona, estaba en el ojo de la tormenta. Y no sabía por qué. Bueno, si lo sabía, por la aventura, por el descubrimiento, por la pregunta. ¿Qué era esto?
La lluvia y los rayos barrían la cubierta de madera de la torre sin cesar, sacudiendo mis empapadas ropas como velas de un velero perdido. Y sin embargo, me daba cuenta de que aún no estaba en el centro mismo. Estaba al lado, pero no allí. La Torre Tremere era el origen. Quizás debería acercarme hasta allí. Era la única forma de solucionar el misterio y, de paso, presentarme al poderoso Goratrix.
Así que crucé la calle y me presenté ante la puerta de los Usurpadores. Cogí aliento (como si lo necesitase) y peté con fuerza. Espero que el poder legendario de mi sangre haga que, por lo menos, me oigan dentro entre tormentas y rayos.
La espera ante las puertas dio sus frutos.
"Pasa, Anibal el Rojo". - La voz resonaba en la mente del Brujah y la voz era la de el mismísimo Goratrix.
Las puertas se abrieron solas dando paso al Cainita al interior.
"Tu visita soluciona varios temas pendientes con tu antiguo Clan".
Cestus llego a toda prisa corriendo por el pasillo, para descubrir que su amo ya había abierto la puerta.
- Bienvenido Anibal de Brujah, mi nombre es Cestus y solo soy un siervo del poderoso Ritualista. Si hacéis el favor de acompañarme... no sois el primero en llegar, su Majestad acaba de cruzar esas puertas.
Dijo mientras ya se encaminaba por el pasillo y hacia las escaleras.
Tras entrar, las puertas se cerraron a la espalda del Brujah.
FDI: ¿Anibal quieres que prosigamos los dos en un mismo post dado que es inevitable nuestro encuentro?