Title: Sin hacer demasiado ruido...
Description: 10/07/1226
Barrabás - May 24, 2008 11:17 AM (GMT)
Al llegar a la entrada sentí el peso de las muchas traiciones, mentiras, poder, conspiraciones que desde largo tiempo atrás se habrían mantenido allí, aunque no le importó demasiado, el pasado solamente es útil en base a lo que te puede servir su conocimiento para darte algo en el futuro...
Ciertamente no había preparado ninguna presentación oficial, ni tan siquiera había pensado en como se desarrollaría la hipotética reunión. No era en absoluto desconocedor de las medidas protocolarias a tomar ante tal personalidad, pero tampoco es que fuera una de sus prioridades en su no-vida el inclinarse y hacer pomposas reverencias...
Era más divertido así, prefería que todo fluyera de forma espontanea, y no fruto de un cómico guión ya escrito por innumerables cainitas que por esa misma situación habían pasado antes... confiaba totalmente en su capacidad dialéctica y no era mitómano como para quedarse paralizado y sin habla...
La noche era incluso agradable, aunque bien es cierto que podría deberse al último festín que acababa de darse para saciar su eterna sed, las aguas del Sena discurrían silenciosas, casi tan silenciosas como sus pasos dirigiéndose a la Concergierie, prefería llegar a pie, nada de presuntuosas "entradas triunfales" en caballos y con ropajes lujosos... debía ser consciente de que, a su pesar, aun no era nadie allí.
Al llegar a la puerta, ni tan siquiera intentó localizar a nadie, simplemente cruzó sus brazos y, con una media sonrisa estampada en su ceniciento rostro, quedo allí, mimetizado con la noche, simplemente esperando, es como debía de ser, es como sería... sin hacer demasiado ruido.
Maximo Constanza - May 26, 2008 03:31 AM (GMT)
Parados ante las puertas de la Concergerie dos soldados se quedaron observando al capadocio. Por unos momentos se mantuvieron en su sitio, tan solo dirigiendo algunas miradas para controlar al recién llegado, pero finalmente viendo que aquel se quedaba allí quieto, unod e ellos se adelantó.
- Si tan solo estais mirando, apartad un poco pues la puerta no debe estar obstruida. Sin embargo si lo que deseais es entrar, decid vuestor nombre y a quien buscais.
El hombre de armas intentó ser todo lo diplomático posible, pero al fin y al cabo su profesión no se regía por la dialéctica.
Barrabás - May 26, 2008 09:22 PM (GMT)
Divertido, aunque sin dar ni una minúscula muestra de sensación alguna, dirigió la vista al guardia, guardando unos adecuados segundos a fin de estudiar a su interlocutor, tras los cuales con voz firme y con cierto tono irónico masculló:
- "Contemplar es uno de los más preciados regalos que esta ciudad puede brindar al extranjero más..." - dirigiendo la vista a la entrada del edificio continuó - "me sería grato que presentara mis respetos al Príncipe y mi voluntad de encontrarme con él si, acaso, fuera posible..."
Ambos guardias le miraban de forma fija, no le quitaban ojo en momento alguno, realmente esa era su función pero... juraría por el mismísimo Capadocius que no con todo aquel que se presentaba ante el Príncipe actuaban igual, algo en él hacía que no se fiaran lo mas mínimo... exactamente la sensación que el buscaba...
- "Mi nombre es Barrabás y vengo de Hispania" - concluyó con voz firme y un leve toque de dejadez mientras de nuevo cruzaba sus brazos y continuaba mirando a la entrada, como si los dos guardias no existieran, como si la breve discusión nunca hubiese sucedido... aunque muy consciente de la situación real, y esperando la actuación de los mismos, fuera cual fuera.
Maximo Constanza - May 27, 2008 11:56 AM (GMT)
Al escuchar el mensaje transmitido por el vampiro, uno de los guardias entró en la fortalez para aparecer momentos después con Ícaro a su lado.
- Buenas noches tengais Barrabás de Hispania. Pasad porfavor.
Una vez dentro en chambelán se vió obligado a dar algunas explicaciones al recién llegado anes de proseguir.
- Debeis saber que en estos momentos la Corte es abierta a todo aquel que quiera asistir, así que decidme si pretendeis tener una presentación pública, o por contra deseais una cita privada con el Príncipe.
Desde el pequeño añtercado con Goratrix, Ícaro había decidido añadir este pequeño bloque informativo en el protocolo de sus actuaciones.
Barrabás - May 27, 2008 04:21 PM (GMT)
La pregunta extrañó al cainita... allí de donde venía la gente de poder imponía mas que daba a elegir... ¿la educación de la "Ciudad de las Luces?, quien sabe si eso u otra razón más fundamentada había llevado al Príncipe a tomar esas medidas, lo cierto es que no le importaba demasiado...
- "Decid al Príncipe, chambelán, que no es impedimento para mí..." - dijó con voz que denotaba la falta de importancia que le daba el capadocio al tema - "dejo en su mano la elección de un encuentro público o privado, y confió en que, conociendo él la ciudad, sabrá que es lo más adecuado en mi caso" - terminó diciendo con una sonrisa asomada en su rostro.
A decir verdad, conforme se acercaba el momento, más ganas tenía de acabar con las formalidades previas, que sabía que no podía saltarse dada la posición del interlocutor. Sinceramente poco le valdrían a su asentamiento en París esas "anécdotas" con los guardias, o incluso al chambelán que ahora le acompañaba, sin embargo notó, incluso con sorpresa, que a cada momento que pasaba ansiaba más su charla con el Lasombra que manejaba mucho de los hilos, sino la mayoría, en aquella que debía ser a partir de ahora... su ciudad.
Aun así, no se sentía nada nervioso, eran muchos años y un carácter forjado por todo tipo de situaciones casi siempre malas y rara vez benignas, lo que le daban la seguridad en sí mismo, una confianza que le daba fuerza y que guiaba sus firmes aunque silenciosos pasos en pos de su acompañante.
Maximo Constanza - May 29, 2008 12:52 AM (GMT)
Las palabras y modos del Capadocio no gustaron al chambelán, pero en su completo conocimiento, y uso, de la etiqueta no se digno a responder más que un "Seguidme entonces, y el Príncipe os atenderá ahora mismo". Las consignas de Máximo eran clara, y si no era una cita privada lo que se demandaba, todas pasarían por la sala de Corte. Así Ícaro seguido del recién llegado llegaron al salón del trono. Acercándose el Ventrue hizo la presentación debida, con los datos que se le habían facilitado.
- Barrabás, procedente de tierras Hispanas
Acto seguido se retiró en pos de sus quehaceres.
En el estrado Máximo se erguía regio en su sillón, y aunque tal vez pocos fueran los que asignarían una corona a su cabeza, su porte no negaba su poder y antigüedad.
- Buenas y oscuras noches tengais Barrabás. Decidme... ¿Quién soys? Pues cierto es que conozco vuestro nombre, pero casi nunca es este el capaz de definirnos.
Barrabás - May 29, 2008 05:07 PM (GMT)
Apenás unos segundos valieron al visitante para que se tornará una primera idea de aquel que disponía en la ciudad... en realidad no llevaba ninguna idea previa del Príncipe Constanza, y eso que por supuesto había escuchado ciertos comentarios, más malintencionados que ensalzadores, por la urbe desde su llegada, más nunca afirmaba aquello que el antes no había podido comprobar...
Ciertamente, y a primera vista, pocos dirían que aquel cainita que le recibía con moderada gratitud tenía tan grande poder sobre los ciudadanos del lugar si no fuera por el hecho del lugar en el que se encontraban y la posición de éste pero... al Capadocio no se le escapó algo que probablemente no fuera tan "perceptible" algo que quizá no podía ni explicar, y es ese aire que rodea a aquel predestinado a cosas importantes... por lo que, desde su retorcido punto de vista, fue un grato comienzo.
- "Cierto es que hay un sinfín de cosas que marcan a una criatura en su devenir... y son éstas las que agrandan, publican o incluso, en el peor de los casos, llevan a los nombres a su olvido..." - respondió gustándose en cada una de las palabras que salían de sus labios. - "Pero cierto es, también, que mi nombre es Barrabás, y que vengo de la vecina Hispania, con, a pesar de lo que pueda sugerirles a sus más cercanos vasallos..." - diciendo ésto con una sonrisa irónica y un leve ademán señalando el sitio que momentos antes había ocupado el chambelán - "buenas intenciones, eso si... sin humillarme ante nadie, y, por favor, no tomeis ésto como una amenaza, ya que me apenaría que pensarais que soy de tal necedad como para realizar tan absurda acción, y más aun ante Vos."
Pensó que quiza se había extendido demasiado, siendo como era de pocas y contundentes palabras, pero la situación lo requería, requería una declaración de intenciones a aquel Lasombra, en el que gratamente creía notar más bien curiosidad e interés hacia él, más que el recelo que era tan palpable en aquellos que le habían llevado a su presencia...
Observó silenciosamente y totalmente quieto ante Máximo su rostro pensativo sabiendo que sería, a buen seguro, uno de los más importante momentos de su no-vida, al menos hasta el momento, y que dependía de aquel que dominaba aquellos lares y de la confianza que depositará ante él, el devenir de los inmediatos acontecimientos que en torno a su existencia se desarrollarían.
Maximo Constanza - May 30, 2008 07:35 PM (GMT)
La dialéctica del Capadocio resultaba del agrado de Máximo, adornada pero directa. Y si cuanto decía resultaba cierto, no traería mal a la ciudad.
- Según deciis, venis con buenas intenciones Barrabás, y no dudo de vuesta palabra... ¿Pero cual es el motivo que os lleva a creer que alguien a aquí va a hacer que os humilleis? Pues si lo que considerais humillación, es presentar vuestros respetos a las gentes de un lugar, así como pedir permiso para estableceros en una comunidad lamentaré decepcionaros con la esperanza de que así lo hagais.
Y el que había hablado, se encontraría con palabras devueltas en el mismo modo directo.
Barrabás - June 14, 2008 10:45 PM (GMT)
El devenir de sus meses de duro viaje, y de las pocas noches de estancia en la ciudad al fin habían desembocado en lo que él venía buscando, pretendiendo... una declaración de intenciones. Su rostro se tornó serio en ese momento, con su fría mirada posada directamente en la del Lasombra, sin un pestañeo, sin un leve movimiento o gesto, mientras su interlocutor con porte solemne esperaba una respuesta... fuera cual fuera.
- "Bien es cierto que no es habitual en mí el reiterarme en lo anteriormente dicho, más para todo hay excepciones, y prefiero repetirme que crear un malentendido que desemboque en acontecimientos evitables..." - dibujó entonces su habitual media sonrisa y prosiguió - "Cierto es que respetaré a aquellos que aqui habitan y se alimentan, siempre que el respeto sea recíproco, respeto hacía mi humilde persona y mis "humildes objetivos" claro... Y, de necios y dementes sería no respetar al que es Príncipe de esta urbe, obvio es, por lo cual me entristecería que pensarais en mí como un enemigo, pues no lo soy, más tampoco como una hueste, ya que mi condición es lejana a esto último..."
Poco a poco, la conversación iba llegando al punto donde había intentado dirigirla sutilmente, al objeto mismo de su presencia allí. Saboreaba cada segundo que pasaba, cada palabra, cada pensamiento que paseaba por su siempre inquieta mente, pero había de admitir que incluso sintió un leve amago de nerviosismo al pensar que, en aquella particular partida de ajedrez debía mantener bajo su control hasta el último peón, hasta la última palabra, para no llegar a un resultado indeseable.
- "Pero bien es cierto que no conozco de su persona más que por algunas burdas adulaciones y otras infundadas críticas a las que no doy ni mucha ni poca importancia, prefiero sacar mis propias conclusiones... saber, no creer. Y lo que se, lo que advierto, lo que siento desde que hemos comenzado esta conversación es que, a diferentes escalas... tenemos algo en común."
Se desplazó hacía la figura de Constanza, y por un momento dejo de notar, en parte, esa solemnidad inicial de aquel poderoso cainita, después de todo la solemnidad y esos "trucos de liderazgo" tan utilizados por algunos poderosos no eran sino estocadas con espadas de papel para alguien de su Clan, nada más que la veestimenta que recubre lo realmente importante. Se colocó a una distancia que, sin llegar a ser ni mucho menos amenazante, le permitió dirigirse con algo más de discreción al Lasombra, y sin dejar de mirarlo fijamente bajó su tono de voz tanto que pareció confundirse con las leves corrientes de aires que circulaban por la estancia.
- "Permitidme deciros y, por favor, rectificadme de no estar en lo cierto, pero hasta para aun extranjero, como aun es éste que os habla, es fácil discernir si sabe donde mirar, en que fijarse y lo que se debe escuchar que el ambiente en París esta muy enrarecido, no han pasado demasiadas noches desde que el trono recayerá en vuestra persona, y no es un secreto que hay gente descontenta por dicho hecho..." - el Capadocio realizó una leve pausa observando, escudriñando cualquier sutil gesto de Máximo del que pudiera sacar algo en clar - "Todo ésto sumado al hecho de que, a pesar de vuestra admirable capacidad para permanecer impasible ante cualquiera de las palabras que, a pesar de no ser nuevas para vos, os estoy transmitiendo, y las muchas experiencias que ante mí han acontecido me lleva a pensar que quiza no estuviera de más para vos concocer "gente nueva"... y como yo sabeis que no sólo de buenos y fieles guerreros, que a buen seguro tendreis como aliados, debe servirse un cainita para conservar el orden y la seguridad en un dominio como éste, quiza necesitarais... alguien diferente, alguien que no sea un fanático que os de la razón antes de oiros acabar la frase, alguien que tenga la osadía, que no falta de respeto, necesaria para rectificaros y proponeros alternativas a decisiones que consideré puedan ser inadecuadas..."
Mientras hablaba había girado poco a poco orientando levemente su cuerpo en dirección a la puerta que no muchos minutos antes había traspasado al entrar, adelantándole así al Príncipe, aun sin palabras, que la conversación, o al menos lo que él había venido a decir, estaba tocando a su fin. En cierto modo aquel lugar no le daba la sensación de rotunda seguridad que supuestamente debía dar, le incomodaba de alguna manera, no por el hecho de la presencia de Constanza ni de sus allegados, sino por alguna otra cosa que no podía llegar a explicar, a veces la mente de un Capadocio es un laberinto en el que podría llegar a extraviarse su propio creador.
- "Estoy robando demasiado del seguro valioso tiempo del que disponeis, así que iré abreviando... Aun a riesgo de pecar de soberbia creo que podría ser beneficioso para que vuestro descanso fuera, si cabe, más tranquilo de lo que ya es e intentar erradicar o al menos diezmar aquello que pudiera turbarlo... mas está claro que os dije que teníamos, a mi modo de ver y a diferente escala algo en común, ya que creo que todos necesitamos algo, y no voy a ocultaros que la intranquilidad del lugar que aun me es extraño coarta mis... prioridades en la ciudad, y la verdad es que, aun siendo posible, sería bastante arduo y lento el procurarme ese sosiego por mi cuenta... crecer como ciudadano de la urbe..."
No añadió nada más, ni una sola palabra, para cualquier otro probablemente sería una frase inconclusa, pero, a buen seguro, que el Príncipe habría captado sin esfuerzo el mensaje que le había lanzado aquel Capadocio. La partida podía concluir, habiendo ofrecido unas tablas, un apoyo mutuo en la estabilidad de ambos, muy diferente a las acostumbradas juras de lealtad sin condiciones que seguramente se habrían dado en aquel mismo lugar. Todo estaba ahora dicho, tal como él había querido que fuera, tal como debía ser por el bien de ambos... sin hacer demasiado ruido.
Maximo Constanza - July 4, 2008 08:09 PM (GMT)
Palabras y más palabras que el Príncipe escuchó haciendo partícipe a todos los presentes de su paciencia y saber estar. Pero en realidad el tedio sufrido por el largo discurso no resultaba bueno para el recién llegado, aunque no se notara de forma visible.
- Muchas son las cosas que podrían decirse de mi, y muchas son las que podrán decirse de vos Barrabás. Pero lamentablemente en este momento París no necesita tanto un pasado como un presente, o incluso un futuro. Y es con esto con lo que hay que jugar.
El discurso de Máximo sonaba alto, dando a entender a los posibles oyentes, que tal vez no fuera tan solo al Capadocio a quien fuera dirigido.
- No necesito que me hagais partícipe de los rumores que habeis escuchado, ni de las similitudes que pueda haber en nuestras personas. Lo que necesito es que demostreis con actos cuanto deciis. Y por desgracia no lo conseguireis en tan solo una noche. Aunque sí, por el momento, teneis mi permiso para residir y hacer vida en la ciudad, siempre y cuando mantengais las tradiciones como es debido. Cosa que no dudo que seais capaz de hacer. Así que demostrádme lo que valeis, y de ese modo sereis tratado. Pues si Dios tardó varios días en crear un mundo, permitidme la humildad de tardar algo más que él en valoraros.
Barrabás - July 8, 2008 03:11 PM (GMT)
Al parecer su presentación no parecía ser grata para el Lasombr a tenor de las palabras que éste le brindaba que, sin crearle malestar alguno, le hacían pensar al recien llegado...
- Creo que todo queda dicho ya... - comenzó a responder a modo de despedida - solamente me resta agradeceros el hecho de recibirme y mostraros mis respetos... ya que ni mucho menos mi sumisión...
La última sonrisa, mientras se retiraba, fue para los presentes que lo observaban como a aquel invitado no deseado a un evento, sin saber que era precisamente la sensación que siempre le había cautivado sentir en los demás... y que le seguía cautivando. Aquel había sido y sería a la postre uno de los acontecimientos más importantes de su no-vida en París, razón por la cual no debería olvidarlo... razón por la cual... no lo olvidaría.
Maximo Constanza - July 8, 2008 05:39 PM (GMT)
Y ahí estaba el primer bache en el camino. Pues a pesar de ser un recién llegado Máximo llevaba suficiente tiempo existiendo como vampiro para reconocer las palabras capaces de doler a uno de los suyos, y sin duda las que acababa de proferir cabían en ese grupo. La vanidad era algo que lo exasperaba sobremanera, y más aún viniendo de alguien que no había demostrado nada aún. Tal vez por ello había actuado de dicho modo. Y aún no había acabado y el invitado parecía querer partir ya.
- Aguardad un momento Barrabás.
Máximo espero hasta que este se volviera hacia él, y entonces esperó unos largos segundos manteniendo su oscura mirada fija en la del capadocio.
- Deberíais decirme a que clan perteneceis antes de partir... si no es mucha molestia.
Ubicar a todos los miembros de la estirpe en la ciudad era algo necesario en estos momentos. Almenos así era más previsible saber por donde llegarían los golpes. Aunque por la apariencia era bastante previsible.