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Title: Conclave
Description: 21 de Julio de A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - July 21, 2005 08:51 AM (GMT)
Un cielo plagado de estrellas, libre de nubes que enturbiaran el sino de los viajeros, así en la temprana noche concurrían todavía intrépidos transeuntes, varios carruajes con nobles en dirección portuaria, buscando algo de diversión tal vez, mas un carromato guiado por seis corceles del más puro blanco inmaculado proseguía su camino rumbo a la Ile de la Cité, completamente cubierto, de la mejor madera y los mejores atuendos para los cocheros, el execelente vehículo cruzaba adoquines en post de una calle, por fin se detuvo, junto a la Concergierie, el antiguo palacio de su Majestad el rey, aún ocupado por alguna saga de noble linaje.

Las puertas del carro se abrieron y ante ellas esperaban los cocheros del mismo, ayudando en su descenso a su noble ocupante, sin más una figura al amparo de una capa con caperuza ocultaba su rostro, caminando elegante y erguida se dirigió guidada por uno de los cocheros a las puertas de entrada en el magno edificio.

- La Duquesa de de Orleans

Suaves palabras dictadas en susurros fueron expuestas por el cochero ante la pregunta de la guardia, rápidamente se abrieron las puertas y la dama las cruzó en soledad. Con el más estricto silencio sería conducida hasta una habitación donde ser recibida por Icaro, chambelan de su alteza Geoffrey.

Geoffrey - July 31, 2005 01:01 PM (GMT)
Icaro, como era tradición y hábito en él, la recibió en la misma puerta de la Concergerie, y tan sólo hizo una profunda reverencia ante ella, permaneciendo en un tranquilo silencio. Se diría que era el epítome de la tranquilidad, impasible como siempre. Tras ello, esperó a que la dama y los suyos entrasen antes de cerrar la puerta tras ellos, y se encaminó al interior de la Concergerie. Y avanzaron bastante en las profundidades de la misma, subiendo una tanda de escaleras de piedra, recias y fuertes, en un momento dado. Finalmente, les abrió una pequeña puerta y les indicó que pasasen.

La sala no era enorme, y estaba bien iluminada por las antorchas. En otro tiempo había sido los dormitorios reales, pero desde que el Rey se trasladase al Louvre había sido readaptada para una nueva función. Las paredes tenían un gran ventanal, para lo que eran las ventanas de la época al menos, que permitía ver parte de París entre las piedras pesadas del arco de medio punto, y una amplia mesa de caoba ocupaba el centro de la sala, rodeada por butacas y pergaminos con cuentas y otras cosas.

El despacho privado de Alexander, era raro que Geoffrey lo emplease. Era algún tipo de honor que la emplease con alguien concreto, ya que normalmente la empleaba para asuntos de mayor formalidad, no para una reunión con una sola persona. El Principe estaba muy bien engalonado, perfectamente vestido con su librea nobiliaria perfectamente visible, y se dio la vuelta para recibir a la Ventrue con una sonrisa amable y tranquila. A su lado, Erik permanecía sobrio y analista, como era costumbre en el germano, y tras él Montalbán acusaba la formalidad del momento y callaba su naturaleza jovial. Con una tranquila mano, Geoffrey invitó a la dama a que se uniese a él frente a la ventana.

-Buenas noches, Elois, ¿no creéis que la vista es impresionante? Y siempre he considerado que, a su manera, representa completamente lo que somos. Es señal de lo que es ser un Ventrue, y se ve claramente a través del ojo de la mente, así como del sentimiento del corazón.-

Calló, dejando que las palabras quedasen en suspenso en el aire. Era curioso, siempre había contemplado a Elois como la más grande de las Ventrue, tan sólo por detrás, y sin embargo, en estos cinco años había pasado a ser su Señor. Al principio el cambio lo había desconcertado un poco, pero poco a poco comenzaba a ponerse en el lugar adecuado. Era lo que imponía el mando.

Elois D'Umbrelle - July 31, 2005 11:53 PM (GMT)

El silencio fue el mejora compañante de Elois hasta alcanzar los aposentos donde antaño la rebía Alexander, ¿planeaba la sombra de su sire en Geoffrey? o simplemente emulaba a éste, recibiéndola allí, por costesía hacia ella. En breve estaría a punto de comprobar de que madera estaba hecho el nuevo príncipe, al cual las cosas no le había ido realmente bien pues muchos eran los rumores que vestían de incertidumbre las calles de París, permitiéndose incluso adornos de miedo entre los cachorros y ese era un motivo esencial que había propiciado esta visita.

Entró en los aposentos con suavidad, deslizándole por el suelo pulido de marmol como un reptil serpeando por el jardín del Edén, y allí se encontraba el arbol prohibido, la corona, algo que nunca debía tocarse o se correría el riesgo de ser desterrado. Alexander había osado desafiar la corona, o a juicio de Elois lo que esta implicaba, abusando del poder conferido y por ello había sido desterrado, mas la ventrue sospechaba intrigas en ese destierro.
La caperuza quedó atrás cediendo paso al radiante rostro de Elois, desvestido como la noche anunciaba el alba así quedó plasmada su llegada.
Graciosa como siempre fue la reverencia para el ahora príncipe, como en su día las oficiase para el sire de quien moraba junto a ella y hacía las veces de anfitrión. Ese gesto daba el reconocimiento esperado al cargo ocupado aliviando el peso futuro de la conversación.

Una pregunta en la cuchara, quizás Geoffrey quería impresionar o hacerse ver valedor del cargo ostentado, aludiaendo entonces a lo que implicaba ser un ventrue.

- Mi señor Geoffrey Elois D'Umbrelle a vuestros pies.

Una breve pausa y respondió la pregunta acercándose a la ventana, mientras su ojos observaban astutamente cada detalle, tanto del príncipe como de sus siervos.
La presencia de estos no era más que un síntoma de desconfianza hacia su persona y por ende una muestra de debilidad, refugiándose en el regazo de sus hombres para recibir una simple visita, pero trascendental como resultaba ella. Algo que debería corregirse de cara al futuro, muchas cosas deberían cambiar para dar la imagen de un príncipe fuerte.

- Impresionante sin dudar, mas un dominio conduce a un gran poder, este a su vez lleva a una responsabilidad añadida mayor si cabe. Los ventrue nacen para ello, ejercen el derecho a gobernar porque son los elegidos para mantener la concordancia de la sociedad, es más que un sentimiento del corazón, ser ventrue es un deber.

Ventrue de pura cepa, resultaba Elois, tajante en sus palabras, sin embargo no había palabras de reproche en sus jugosos labios.

Apartó la vista una vez consideró suficiente el deleite sobre la misma, centrándose
en la habitación, reconociendo que no le era desconocida, así caminó junto al príncipe sonriente.

- Mi señor, mi siervo informó de los motivos que nos tienen esta noche reunidos, mas quisiera confesaos mi preocupación. Turbios rumores acechan en la noche, desapariciones de cainitas, ni más ni menos que hace poco un Patricio, es por ello que me he puesto a disposición de vuestra Espada para ayudar en todo lo que sea necesario, por supuesto con la pertinente discrección que ello implica.

Cortés en todo momento, sabía perfectamente como actuar, sus pasos estaban bien medidos, acudiendo a la presencia del príncipe con algunos de los deberes hechos. Pero su cara mostraba preocupación, su ceño fruncido era síntoma inequívoco y Elois caminó, sin dar nunca la espalda a su señor, con porte erguido aunque mostrase relajación, una técnica depurada que pocos podrían conseguir tal concordancia entre relax y pose en un cada uno de sus pasos, siendo estos firmes a la vez que suaves. Simplemente era la representación propia del estereotipo de lo que es ser un buen Ventrue.

Pensó decirle: "estos rumores atentan vuestra reputación, estoy aquí para ayudaros a solventar los problemas...", pero dejó que fuera ahora Geoffrey quien prosiguiera, en situaciones normales siempre llevaría ella el peso de la conversación, mas era su alteza quien debía iniciar las tramas, siguiendo ella sus directrices y así esperó respuesta de éste. Más que nada para ver que tal lo hacía.




Geoffrey - August 1, 2005 07:31 PM (GMT)
Geoffrey examinó las respuestas de la Ventrue con una tranquila amabilidad, aunque en cierto modo le sorprendió lo directa que fue en abordar el tema en cuestión.

-Ciertas son vuestras palabras, en ambas líneas de afirmaciones: deber es sin duda la palabra clave para nosotros. Y también es cierto que han desaparecido cuatro Cainitas en la noche, el último de ellos uno de los nuestros. La Espada se halla investigándolo, ciertamente, y confío en que llegue al fondo del asunto con una cierta brevedad, al menos en su vertiente de culpas. Su vertiente política es obviamente más compleja, y de ella me toca encargarme personalmente. Para ello, al menos en parte, ha sido convocada la Gran Corte para el mes que viene.-

Hace una pausa, antes de inquirir:

-Pero, ¿qué pensáis al respecto de todo ello? ¿Qué causa en concreto me ha otorgado el placer de vuestra visita esta noche?-

Elois D'Umbrelle - August 1, 2005 09:58 PM (GMT)

Observando como un halcón impasible, de mirada rígida, majestuosa como una Esfinge contemplaba desde la cima de su pedestal en piedra la ventrue, cada gesto, cada palabra que Geoffrey o sus subordinados hacían o decían. Tranquila y firme, pero en alerta constante, evaluando las maneras del que fuera nuevo príncipe de París.

Sonrió dulcemente, asintiendo también con la cabeza.

- Diversos asuntos nos tienen aquí su alteza.

Ese fue el prólogo de su exposición, por momentos miró el asiento en búsqueda de comodida, puesto que Geoffrey no estaba sentado aún, omitió ese deseo y comenzó a caminar pensativa, en pos de las palabras apropiadas, aunque no era más que una forma de aclimatar el ambiente ya que estas habían sido estudiadas meticulosamente en su castillo. Por fin levantó la mirada y sus intensos ojos acusaron al ventrue, síntoma de que iba a proseguir.

- Muchas cábalas caben reseñar en los orígenes de ese problema, diversos pudieran ser los autores, incluso bien situados en la corte. Pronto es para aventurar nombres propios, pero como Ventrue y leal vasalla del príncipe de París mi deber es pensar más allá del problema, no buscando raiz sino solución, pues alguna debe haber, no como lo haría vuestra Espada, a quien ya he otorgado mi completa ayuda, sino en la política. Mi señor, este asunto ha puesto en jaque vuestra posición, empañando la buena imagen de que gozais para los parisens. Mas antes quisiera saber que medidas habeis adoptado en el plano político y si me lo permitiis aconsejaros de una u otra forma, soy sabedora que gozais de excelentes consejeros, a la vista está su competencia, tanto como su lealtad y para mi quisiera algún día tan leales vasallos. No escapa a mi juicio la suerte que gozais también al contar con el consejo de un refutado caballero como es Tran Oul, y pese a todo considero toda ayuda indispensable, pudiendo daros si me lo permitiis un punto de vista más relajado, ajeno a entresijos de la Corte.

Elois permaneció quita y frágil, con mirada perdida en el seno de la alcoba, cerca de Montalban, tan cerca que si este respirase una sóla exhalación bastaría para fragmentar en mil cristales su pequeñó y frágil cuerpo.

Geoffrey - August 1, 2005 11:24 PM (GMT)
Geoffrey devolvió la mirada tranquilamente a la Ventrue, sin apartar los ojos, aprovechando el momento para estudiarla tanto como ella hacía con él; y sin embargo, al mismo tiempo indicaba a la Cainita que podía tomar asiento si así lo deseaba, pues había notado en ella ese deseo en forma de una mirada perdida al sillón. Sin embargo, él permaneció tranquilamente de pie, paseando un poco por la sala, cerca aún de la ventana.

No le pasó por alto el hecho de que la Cainita no había respondido, en un habitual uso de palabrería para hablar mucho y no decir nada. Y, sin embargo, decidió aceptar su juego y dar él el primer movimiento en la danza que era una reunión como esta.

-Toda ayuda es siempre bien recibida, pues lo contrario sería una inútil y soberbia muestra de falta de control. Un fallo. Un error. Pero ni siquiera preciso de pensar así para facilitaros gustosamente la información que buscáis. Las medidas del Principado son sencillas, las medidas que se deben tomar en estos momentos. Mis mejores hombres, dirigidos por la propia Espada, surcan las sombras de la ciudad buscando información sobre los hechos, que luego es examinada y encajada con lo demás junto con mi Consejero. Sobre esto, cabe trabajar con cartas y señales con diferentes Cainitas, mas los manejos de la Corte aún permanecen turbios tras los hechos de hace cinco años... al fin y al cabo no es demasiado tiempo para la Estirpe. Finalmente, se ha convocado a la Gran Corte para que acuda, y ante ella serán desarmadas las argucias de aquellos que enturbian mi nombre.-

Calló, con tranquilidad y fría pasión, y una sonrisa danzando amigable en su boca.

Elois D'Umbrelle - August 2, 2005 08:26 AM (GMT)

Elois acogió sobrada el gesto que hacía Geoffrey, sin embargo éste seguía en pie junto a la ventana, por lo que ella prefirió quedarse donde estaba, junto al leal siervo del príncipe, de haber tomado asiento, habría estado fuera de lugar por completo.

Negó con la cabeza suavemente, no quería resultar brusca ni mucho menos contradecir a su alteza, simplemente no aprobaba las medidas tomadas, más bien su negación resultó un gesto instintivo que a posteriori expondría sus causas, su armoniosa voz fue escuchada una vez más en las inmediaciones de la sala, acallando el profundo silencio despertado por la culminación de Geoffrey.

- Mi señor, con el debido respeto, acepto las medidas que locuazmente habeis tomado, pero no son suficientes en un caso tan delicado, debeis mostrar contundencia ante las cortes europeas. La desaparición del enviado de Astorga, debilita aún más nuestra relación con Iberia, es por ello que tenemos que ofrecer al señor de Astorga un presente y que mejor regalo que la cabeza del autor de esa fechoría. Sin importar que sea culpable o no, el responsable debe rendir cuentas a su alteza y así ser transmitido a Astorga, para que vean vuestra contundencia y firmeza con el asunto. De ese modo sus ansias de revancha quedarán colmadas.

Elois paseó tranquilamente, alejándose entonoces de Montalban en dirección a Erik, nunca cediendo la espalda al ventrue, sus pasos eran firmes como siempre, su semblante sobrio y el porte lo más erguido posible y allí prosiguió su debate tras contemplar la indiferencia de Geoffrey.

- Nada importa mi señor, que aquel condenado sea culpable o no, sólo importa el golpe de autoridad, vuestra Espada seguiría indagando en secreto en post del autor y de dar con él, llegado el momento tendríais dos opciones, o bien eliminarlo en secreto o bien corregir la decisión, aunque con esta segunda opción mostreis síntoma de debilidad al habeos equivocado, también hareis ver que sois justo y sabio al rectificar, pese a todo el escollo de Astorga quedaría salvado tiempo atrás al igual que los rumores acallados un tiempo, el preciso para encontrar al villano.

Entonces Elois se sonrió malébola, su mirada denotaba cierta picardía, sus ojos astucia y su rostro un inminente peligro para aquel que algún dia intentase atentar contra ella, reflejando lo retorcida y efectiva que era su mente.

- Además mi señor, podeis matar dos pájaros de un tiro... sé de buena tinta... que existen candidatos a Chivo expiatorio... algún que otro cainita que no os tenga en consideración, e incluso rehuse prestaros... vasallaje aún morando en París...

Esta parte última de su alegato sonó tremendamente despacio, consensuada, medida hasta la saciedad, pues sus palabras transmitían un claro mensaje, insinuando claramente al ventrue que colgase el muerto a uno de los vasallos de Salianna, así mataría dos pájaros de un tiro, todas las miradas apuntarían a la Matriarca a la vez que se deshacía de uno de sus seguidores y también ganaba en autoridad y amigos, de sobra era conocido que Salianna no gozaba de muchas simpatías en la piel de toro. Más que nada por la tónica del dicho, los enemigos de mi enemigo resultan excelentes aliados.

Elois podía pecar de sobervia, pues así yacía en pie observando la reacción del príncipe, aunque sabía que el suyo era un buen plan, siempre y cuando, Geoffrey tuviera el valor suficiente para hacerle esa jugada a la Matriarca. La ventrue no la tenía mucho aprecio, era cuestión de principios, prefería ver mandar en París a alguien de los suyos y la captación de vasallos por parte de ésta minaba cada vez más la posición del ventrue, rozando el ridículo y nada había hecho hasta el momento por demostrar su valía en público. Ella le daba la oportunidad en bandeja, quitarse un peso de encima y traspasarlo a la matriarca...

En la mirada de Elois, en sus ideas no había un odio especial para ésta, simplemente era práctica, una practicidad que podía resultar pavorosa por la falta de remordimientos que demostraba su fría lógica. Por algo Alexander la tenía en estima.


Geoffrey - August 3, 2005 12:55 PM (GMT)
En efecto, aquella era la lógica que hubiera seguido su desaparecido Sire. La fria destrucción de cualquier rival por cualquier medio. Pero Geoffrey no era Alexander, ni pretendía serlo, así que enarcó con severidad una ceja.

-Vuestras aseveraciones parecen más propias de un Lasombra que de una Ventrue noble como vos. Vuestro plan es brillante, no lo negaré, de no ser por un ligero error... es un atentado contra el honor. No destruiré a alguien sólo por dar una imagen falsa de rapidez, porque cuando llegue el momento de rectificar todo el mundo sabrá de la debilidad que habría impulsado a un acto tan precipiado como para buscar un chivo expiatorio, y me ganaría la enemistad del Primogénito Señor de el Cainita colgado.-

Hace una pausa, pero su alegato no iba a acabar aquí.

-Mucho menos atentaré contra otro de los vasallos de mi Señora, eso tenedlo muy claro. Y no por lealtad a ella únicamente, como le corresponde a cualquier vasallo por su señor, sino por simple eficiencia. La sola idea de que me aproximase a alguno de los Gangrel que tiene por juguetes haría que ella movilizase todos sus recursos en respuesta, por un lado buscando al auténtico culpable, por otro buscando eliminar toda sospecha sobre su vasallo, y por otro tratando de demostrar la ineficacia que llevaría a un atentado contra su persona como ese, así como un atentado contra el honor y el vasallaje que le debo. Sus poderes mentales solos ya bastarían para desprestigiarme, probablemente siendo más que capaces de indagar en mi mente como para descubrir la falsedad, y aunque no la emplearía abiertamente pues aquello habría constituido un ataque, el solo conocimiento habría hecho que las tensiones entre ambos creciesen hasta un punto tan avanzado que la guerra abierta sería cuestión de tiempo... una guerra que París, fuera quien fuese Principe, sería incapaz de vencer.-

Hace una nueva pausa, dejando que las cosas se enfríen un poco. Las palabras son duras, lo sabe, pero sabe que una ilustre seguidora del Camino de los Reyes sabrá entender la verdad que hay en ellas. Y si no es capaz, es señal de que no merece su posición...

-No niego que el problema con la corte castellana pueda ser más grave de lo inicialmente pensado, mas ello puede ser jugado también a nuestro favor llegado el momento. Pensadlo, para llegar a nosotros, los agentes del Principe de Astorga tendrán que cruzar el resto de Francia, dominio de mi Señora la Monarca. Llegado el momento, incluso podríamos enfrentarlos a ambos... o usar la mera presencia de mi señora como medio de mantener alejado al Principe de aquella ciudad hasta que tengamos al auténtico culpable. Confío en que la eficiencia habitual de la Espada de París no se vea mermada en este caso, y me consta que sus progresos no son tan pequeños como puedan parecer desde fuera.-

Geoffrey hace una nueva pausa, antes de responder con mayor tranquilidad, y un tono conciliador.

-Madame, Elois, comprended que aunque mis palabras suenen duras, lo que las mueve es la preocupación por el bienestar de la ciudad. Demasiados enemigos se mueven en la sombra como para dar un paso en falso. Vuestras ideas son más que apreciadas, y creo que meditar sobre ellas puede llevarnos a buscar otras medidas adecuadas, mas debéis entender que en la ciudad tengo las manos mucho más atadas de lo que las tuviera mi Sire.-

Elois D'Umbrelle - August 3, 2005 02:07 PM (GMT)

Las palabras de Geoffrey entraron en una sofisticada mente para ser escrutadas atentamente, tal y como sus ojos lo hacían con cada víctima que topaban, eran analizadas al detalle, buscando dobles sentidos e indicios de la postura de éste, una cosa era cierta, nada había en comparación con Alexander, mientras uno no habría dudado en actuar tal y como ella aconsejaba el otro estaba atado de pies y manos, uno era un virtuoso gobernante que anteponía la eficacia a la justicia, más su alteza parecía justo, podría haberlo denominado cobarde por no querer enfrentarse a Salianna, pero su opción era más valiente, afrontar las consecuencias de sus actos actuando correctamente y ello era si cabe valedor cuanto menos de una oportunidad al frente de la ciudad.

Nuevos tiempos corrían, tiempos de cambio y Elois debía adaptarse, no había un líder que se impusiera amparado en su poder personal, sino un líder formado por la fuerza de los clanes, loable sin dudar, pero tal vez sólo se tratase de una utopía, nadie sabría cuanto duraría pero la ventrue pondría su empeño en tratar de que la figura de príncipe quedase lo menos dañada posible, fuera quien fuese, pues su honor estaba con la corona y no con el portador de turno, que de momento era Geoffrey y por tanto a su disposición ponía su astuto ingenio.

Pansado por alto la comparación con un lasombra, Elois preparó su respuesta, ya que un lasombra jamás se habría apróximado a la brillantez de su plan, sus cotas eran más simples. Tampoco recaló cuando apeló al camino, pues ella era una virtuosa y de momento todo quedaron en conjeturas, estaba tranquila, en pie, sopesando pros y contras, deliberando la respuesta más en vistas de como pintaba aquello.

Sonrió dulce, mostrando impasibilidad, como siempre era habitual, para nada debía cambiar su pose y sus viejas costumbres.

- Comprendo y acepto vuestras palabras mi señor, por algo son ley en esta ciudad, justicia veo en ellas y muestran al ser que hay bajo la pesada carga que es gobernar. Nunca dijeron que regir fuese tarea fácil, está sólo al alcance de unos pocos y he comprobado que esta ciudad tiene el monarca que se merece. Por tanto ruego acepte mis más sinceras disculpas por tan siniestro plan, pues a vuestra humilde sierva aún le queda por aprender que los tiempos cambian, que las cosas ya no se hacen como antes, ni mejor ni peor, simplemente diferente y a tales cambios debe aún acostumbrarse, mas no cesará en celo para estar a la altura de las circunstancias y servir con ello como mejor convenga a vuestra Gracia.

Terminadas las disculpas en tono suave de voz, la ventrue caminó una vez más en la sala, no era nerviosismo, sólo gustaba de calibrar el discurso, dejando tiempo produencial entre giro y giro de conversación, por supuesto nunca concedió la espalda a su alteza, mas su mirada rondaba a este en cada instante.

- Viendo, vuesta política actual, la solución requiera otro plan de acción.

Exclamó también suave el avance de su nuevo movimiento.

- De sobra sabeis tan bien como yo que para la convocatoria de la Gran Corte se os exigirán resultados, escaso es el tiempo ya. Si su gracia permite el apunte, debemos desviar la atención hacia otro tema.

Aclaró su mente maquinadora, que ahora poseía la mirada perdida atando cabos y reflexionando sobre la línea a trazar.

- Debo reconocer mi señor que el contingente de mis fuerzas enviadas en las cruzadas fue ínfimo y efímero, es por ello que mis tierras del norte fueron labradas concienzudamente con excelentes resultados, poseo un excedente suficiente para paliar el hambre en París, que son una sola palabra vuestra tardará no más de tres días en llegar a la capital. La vida del ganado es importante para el alimento de nuestra propia Estirpe y ese sería un punto a favor de su alteza, tranquilizando así las ansias de vuestros vasallos.

Un brillo antinatural emanaban los ojos de la ventrue cuando esta se detuvo.

- Antes de proseguir quisiera saber la opinión de su alteza, también la de los hombres de confianza de mi señor me resultaría grata, pues si vos confiais en su criterio no menos debe hacerlo una servidora.

Con sus brazos enlazados y abrazados entre si, permanecía impasible, esperando la respuesta del príncipe.


Geoffrey - August 3, 2005 10:57 PM (GMT)
Geoffrey hubiera sonreido con amabilidad a la Ventrue de no haber recibido más que suficiente entrenamiento en la Corte como para ocultar en lo más profundo de su alma cualquier demostración exterior de sus pensamientos. Y es que, igual que ella lo había puesto a prueba desde que entrara por la puerta, el Principe también lo había hecho a su vez; y la había superado. Ahora era cuando comenzaba el trabajo de verdad, mucho había por hacer, ciertamente.

-No debéis solicitar disculpa alguna, mi señora, pues en vuestro interés sólo se encontraba el bienestar del Principado, y eso es motivo de orgullo y nunca de pena. Mas dejemos eso de lado, y continuemos con vuestra sugerencia. Es cierto lo que decís de que precisaremos hechos para presentar en la Corte, y vuestra aportación de bienes alimentarios sería un más que buen añadido. Lo cierto es que la hambruna ha sido parcialmente paliada gracias al envío que Joseph ha parlamentado con las granjas italianas, y que esperemos llegue en un breve plazo a la ciudad; y, sin embargo, vuestros alimentos serán de máxima ayuda igualmente, pues con la combinación de ambas fuentes deberíamos ser capaces de solucionar la hambruna de este año, y recemos a Dios porque el año que viene traiga unas buenas lluvias.-

Y luego Geoffrey calló, dejando que tanto Erik como Montalbán hablasen, pues sabía que ambos tendrían opiniones diferentes, que bien podrían venir en el debate actual. Y el primero fue Montalbán, por cuanto el otro Ventrue era más dado a meditar sus palabras y actos que el Brujah.

-Lo cierto, mis señores, es que dudo que seamos capaces de desviar la atención del tema principal. Todo el mundo sabe de las desapariciones, y más de un oportunista querrá aprovecharse de ello... y eso si no quieren información también sobre los otros hechos acaecidos recientemente en la ciudad como la comitiva que fue al Cementerio. Creo que es hora de que trabaje la Espada de París, y que nos de la información que precisamos a tiempo para emplearla en la Gran Corte venidera. Al menos lo suficiente como para demostrar que avanzamos con seriedad y para disipar las atenciones del Principe.-

El silencio calló brevemente, mientras Erik se golpeaba suavemente la nariz con la punta del dedo. Cuando habló continuaba mirando hacia el frente, casi como meditase en alto.

-Lo cierto es que desconfío de que vayamos a tener la información a tiempo, por lo que habrá que disponer de un plan de contingencia. Y en la Gran Corte, las mejores armas son las palabras- dice con una sonrisa hacia Montalbán-. Creo que hemos de desarmar cualquier tipo de implicación del Principe a través de los argumentos y no sólo mediante los hechos, y que después los hechos respalden lo dicho en la sala. Lo complicado será arrinconar a los que argumentarán convencidos en contra, de manera que la sospecha sea levantada o los traidores se revelen a si mismos.-

Elois D'Umbrelle - August 4, 2005 09:59 AM (GMT)

Atenta escuchaba siempre las palabras, agradeciendo aquellas conciliadoras de su alteza con la mirada y congratulada por el silencio roto entre los consejeros que también se hacían partícipes en el asunto.

La diminuta figura femenina, cual estatua del pálido marmol seguía impasible, en pose erguida como un trozo de roca pulimentada se turbó variando el semblante por escasos momentos.

- ¡Debemos anticiparnos caballeros!- exclamó impetuosa abandonando su tono habitual en baja frecuencia, suave como el aleteo de un colobrí. Esta vez fue el aleteo de un águila imperial la modulación de voz scogida, para retomar el tono de costumbre- estamos aquí para anticipar todos los movimientos adversos posibles y tener preparado ya el recurso pertinente.

Más serena, dio un par de pasos al frente, situándose ente todos los presentes como una oradora en el pedestal, delante siempre de Geoffrey más no daba la espalda por desdén al resto, estaba centrada en su alteza por respeto.

- Con el debido permiso mi señor, varios fueron los cainitas desaparecidos, aquello no se puede evitar, pero si me lo permite en apenas una semana dos más deberán hacerlo cuanto menos- rápido expuso sus palabras antes de que el honor mostrado por el principe la reprendiera de nuevo,- no os escandaliceis mi señor Geoffrey, pues no los haremos desaparecer, simplemente varios cachorros a vuestro criterio quedaran excluidos del climax social por cualquier motivo, quedando en paradero desconocido para el resto salvo los presentes y la Espada. Así mi señor si alguien os inquiere sobre las desapariciones, respondereis algo tal como: "cierto es, varios cainitas han partido de París con misiones diplomáticas". En tanto que no negareis las desapariciones, sino que las usareis en vuestro beneficio afirmando que por el bien futurible de la ciudad emisarios de su alteza cruzan las fronteras para mejorar relaciones.

Los ojos se cerraron por un instante para ayudar a pensar con más claridad, entonces prosiguió Elois, las frases fluían rápido en su cabeza, ésta no se atropellaba diciéndolas sino que las daba forma como un escultor vislumbraba figuras a través de las imperfecciones de la roca moldeándola después, así las exponía ella con certera lógica, la oración era su obra cumbre y su afilada lengua el instrumento del artista. Cualquiera falto de voluntad, por ejemplo un simple mortal, habría hecho cuanto estubiese en mano por obedecerla pues la dama lo merecía y se hacía respetar por instinto natural, en ocasiones incluso intimidaba escoltada por su penetrante mirada turquesa, no dejando dudas de lo obedientes y temerosos siervos que poseía, aunque éstos más que temerla la respetaban, al fin y al cabo era una señora justa, encantadora en muchos sentidos y bastante carismática cuando se lo proponía. El liderazgo era patente en la pequeña mujer, diligente, dispuesta en la cumbre de su pedestal imaginario desde donde oraba sin miedo al público fuera cual fuese, el príncipe uno de ellos esta ocasión y ella no se amedrentaba, fluyendo palabra tras palabra sin demora por sus carnosos labios.
Su aura rezumaba dotes de mando, haciéndola ver como lo que era, una virtuosa de la Vía Regalis, dando gusto contemplar el énfasis que ponía en cada palabra o expresión, perfectamente de así desearlo, no tendría problemas para ser una buena gobernante, pero ese no parecía ser el caso...

- Entonces os preguntarán por el enviado de Astorga, un asunto peliagudo, pero las excusas fueron puestas en oídos del príncipe del lugar y vuestra espada trabaja a destajo para solventarlo, entonces direis que el asunto ya quedó zanjado, si os piden explicaciones, alegareis una resolución en las vias normales, simplemente se deben omitir los detalles que muestren vuestra postura débil sin mentir con ello.

Los brazos de la ventrue la volvieron a arrullar, mientras observaba detenidamente al principe y de reojo el rostro de los siervos, cuando su voz suave prosiguió pues la exposición no había hecho más que empezar.

- Si más desapariciones suceden estareis cubierto con la excusa diplomática, esperando con ello ganar el tiempo justo para que don Alvaro encuentre al causante de tales despropósitos.

Pudieron comprobar que Elois era meticulosa hasta la saciedad, que tenía respuestas alternativas para todo y como rápidamente se adaptaba con piel de camaleón a las circunstancias. Breve silencio concurió hasta que recordó el tema de la hambruna y como se mencionó a Joseph, el setita actuaba con preestreza y eficacia. Así resultando más serena, refrenando el ímpetu expresivo, nunca fuera de lugar, todo propiciado por el cúmulo de ideas prosiguió con el tema siguiente en cuestión.

- Supongo que tanto su alteza como el resto podrían añadir detalles al asunto, pues si dos cabezas lo hacen mejor que una, cuanto menos cuatro y desde luego conocedoras de los entresijos que una servidora no pueda saber, mas ahora mis intereses se centran en un tema escuchado con anterioridad, pues habeis dicho que la serpiente abastecerá París con alimento, si algo sabe Elois D'Umbrelle es que los hijos de set no resultan altruistas, mucho menos un comerciante como lo es el Egipcio, también sé el disgusto que presenta Joseph por su situación actual, carente de primogénito que le represente a él y a los suyos, dependiente de un sarraceno que hace caso omiso en sus reclamos, no gozando la corte de su aprecio especial, por ello si se me permite la osadía de preguntar y del mismo modo el lujo de ser respondida, ¿cual sería el coste para París de semejante ayuda?.

Elois quedó pensativa con la mirada perdida, nuca cabizbaja sino digna con porte erguido, dando tiempo después del inminente discurso y cediendo su puesto en el centro de los contertulianos con dos pequeños pasos hacia atrás, elegantes y suaves al mismo tiempo, como si flotara sobre las aguas del mar Muerto, con naturalidad y un disimulo cortés valedor por ende de los exquisitos modales que la dama gozaba.


Geoffrey - August 4, 2005 12:44 PM (GMT)
Geoffrey se mesó la barba con tranquilidad mientras pensaba sobre lo dicho por la Ventrue. Era un plan arriesgado pero audaz, quizás... mientras pensaba, fue Erik quien habló.

-El precio de la Serpiente es su permiso para permanecer en la ciudad. Hace años, cuando llegó, Alexander le impuso como requisito para poder permanecer aquí el que contribuya en gran medida al abastecimiento alimenticio de la ciudad. Y si vos ponéis a disposición de la ciudad vuestras reservas, entonces su posición para negociar se verá severamente limitada. Aunque seguro que la Serpiente pensará algo, de eso no me cabe duda.-

Se hizo otro breve silencio antes de que el Principe dejara de acariciarse el peludo mentón para hablar.

-El plan es arriesgado, pues corremos gran riesgo ante la capacidad que puedan tener ciertos Cainitas para penetrar en mi mente; y, sin embargo, a ellos se los puede invalidar para la acción, pues emplear ese conocimiento resultaría la demostración de que han incurrido en un ataque tan grave como ese contra mi persona, algo cuyo castigo no es precisamente banal. Pero el plan posee un problema. Si realmente enviamos realmente a esos Cainitas fuera, informarán de su partir a sus correspondientes Primogénitos, cosa que sus precedentes no hicieron; la única excepción serían los de nuestra sangre, pues ellos sólo responden ante mi, pero resultaría extraño que ante una desaparición tan variada de Cainitas, el hecho de que fueran tres Ventrue seguidos resultase seguir el mismo patrón.-

Erik intervino entonces.

-Bueno, en ese caso, al menos nos habríamos librado de cualquier duda acerca de la desaparición del último Ventrue, lo cual nos dejaría con tres desaparecidos en vez de cuatro.-

-Hemos de tener en cuenta- intervino Montalbán- que uno de los Gangrel vasallo de la Monarca, Argentum, tenía una relación cercana con el Gangrel desaparecido, e incluso fue a su casa tras su desaparición. Esa pista va a ser complicada de ocultar, y no parece que el hecho de que la Monarca posea esa información vaya a resultarnos precisamente provechoso.-

Elois D'Umbrelle - August 5, 2005 11:09 PM (GMT)

La ventrue miró extrañada a Montalban y una vez este concluyó, antes no, tomó para sí la palabra, suave y afable respondió siempre respetuosa.

- Con el debido respeto caballeros, si un gangrel desaparece de una ciduad, no es para preocuparse tanto, son nómadas, vienen y van, bajo ese precepto nos ampararemos. Si nada hubiese ocurrido antes y sólo fuese el gangrel, nadie repararía en ello, por tanto ese sería el argumento a seguir. A mi modo de ver, todo resulta un cúmulo de coincidencias desafortunadas.

Luego se pausó, esperando no haber molestado al siervo prosiguió buscando soluciones a todo inconveniente planteado.

- Sobre las dispensas de cainitas desaparecidos, mi señor podría recurrir a la ayuda de algún primogénito de confianza para corroborar su versión, así lo exigía la encomienda, ya que data de gran importancia para el futuro de París, el asunto debe llevarse en el más absoluto secreto por el bien propio del mismo. De ese modo todo el que insista en indagar incurrirá sin quererlo en traición, pues ya fue explicada su más absoluta confidencialidad. Sin embargo cuenta con el pequeño escollo de involucrar a algún primogénito. Quizás convencer al malkavian para que corrobore tal encomienda al vasallo desaparecido que pertenecía a su clan. Debeis apelar a la coherencia con los patriarcas de los clanes o la incertidumbre entre los cachorros incrementará en deterioro al respeto por sus mayores que nada hacen en velar por su seguridad.

Tomó un respiro y así lo concedió al resto, pero su mente ya había elucubrado las respuestas, estaba lanzada aunque conservarse la calma, serena como siempre.

- Si en un futuro, los cainitas involucrados en el correo especial sufren algún percance se puede apelar a alta traición, alguien los interceptó en el cumplimiento del deber, así es como debe saberlo la corte, entonces quien indague estará en el punto de mira sea o no cierto, ellos mismos se pondrán en evidencia.

Caminó un poco buscando la opción apropiada para los candidatos según su plan.

- En la tertulia de la pasada noche con la espada de su alteza, llegué a la conclusión de que dos fueorn los miembros de los Altos Clanes y dos por los bajos, uno de cada debería ser empleado en esta misión. Dudo que Monsieur Trang Oul se oponga a que uno de sus cachorros desaparezca de circulación social para hacer este favor a su alteza, en cuanto a los bajos clanes, lo dejo a discrección de los presentes, encomendándolo al buen hacer, no dudo sean capaces de influir en algún patriarca.

El silencio se hizo en la sala, dejando que buscasen nuevas piedras para el camino, todo era cuestión de emplear las palabras adecuadas y ella era la peresona indicada para evadir las respuestas, aunque había muchos cabos sueltos en el plan, resultaba arriesgado y por eso mismo podría tener éxito. Se pasó por su mente hacerse cargo ella misma de tal situación en la corte, muy osado por su parte, aquello correspondía a su alteza. Aunque deberían tener más distracciones para desviar atenciones y Elois sabía como y cuales.

- Por otro lado monsieur, retomando la Serpiente, pese a ser un ciudadano de segundo lugar, su utilidad es bien valiosa, no conviene tenerla a disgusto, tampoco digo que se le den excesivos privilegios, pero al no tener reconocimiento las serpientes en París, un detalle de su gracia para con ellas sería bien recibido acallando posibles suspicacias por su parte, manteniéndolo satisfecho y por otro lado desviando la atención de la corte hacia Joseph.
Sería un buen modo de hacer saber a todos que su alteza es generosa y sabe como recompensar el trabajo bien hecho.
No dudo levantará tensiones y envidias, bien disuelto puede ser un golpe de efecto sensacional para encaminar las mentes cortesanas a una nimia concesión sobre la sierpe. No se debe olvidar que abastecerá París de sustento, aunque forme parte de su permiso de residencia, por así llamarlo, su alteza puede usarlo en su beneficio propio llegado el momento. Sería algo así como un reconocimiento a su larga trayectoria de apoyo a la Corte.

Elois miró fijamente, la cara de Geoffrey no parecía la de alguien muy convencido a su juicio, tal vez lo hubiese liado con tanta parafernalia, pero era cierto que muchos se pensarían que un buen servicio sería recompensado, no todos los servicios lo serían, pero tampoco tendrían que saberlo...

Un par de pasos situándose espectativa junto a Erik.

Geoffrey - August 6, 2005 02:37 PM (GMT)
El Principe se detuvo a pensar en el nuevo ángulo que le había dado la Ventrue. En efecto, era un buen camino, pero era un camino muy peligroso. Podría funcionar, pero aún en su éxito podría radicar su fracaso.

-Ese plan si cabe es más audaz todavía, mas resulta una soga a nuestro alrededor, pues la mentira jamás podría ser corregida. Veréis, aceptando que todos los Primogénitos adecuados aceptasen sin exigir nada al Principado por ello, nos encontrariamos ante el hecho de que por mucho que avanzase la investigación de la Espada, su verdad nunca podría ser expuesta pues iría en contra de la urdimbre que tejimos. Y entonces, nos encontraremos siempre bajo la espada de Damocles que sería la investigación de la Espada, pues su honor le llevaría a mostrar la verdad. Pues resultaría en exceso extraño el hecho de que, pese a haber sido mandados todos al exterior, todos ellos apareciesen destruidos en la ciudad.-

Geoffrey calló.

-Personalmente, creo que la clave se halla en desvincular los crimenes unos de otros. Si bien lo que vos buscáis es un patrón que los solucione y ate todos juntos, creo que el hecho de que la ciudad se encuentre en actual tumulto crea el marco adecuado para que ciertas rencillas se resuelvan con sangre. El Gangrel se puede solucionar como vos bien habéis atado, ahora quizás la clave esté en desvincular los otros tres y poder rebatirlos por separado, dejando siempre espacio a la investigación del Señor Castellar.-

Geoffrey pensó en lo que decía acerca de Joseph. Era una idea interesante, pero errónea. Era demasiado peligroso.

-Mi señora, otorgar una Primogenitura no es hecho que se tome a la ligera o por un servicio tan nimio. Una Primogenitura otroga a ese Cainita demasiados poderes, entre ellos el servicio de su propio Clan, el dominio de la Voz del mismo, la asistencia a los Conclaves de Primogénitos, y un voto cuando llegase la ocasión en que se hiciesen precisos. No soy tan reacio como mi Sire a darles la Primogenitura que buscan pese a mi conocido desagrado por ese Clan, pero desde luego tendrán que ganarsela. Otorgar un titulo de tal importancia tan a la ligera no solo restaría valor a los que ya lo tienen, enemistandome con ellos, sino que cambia el panorama y las expectativas de otros Cainitas, que en seguida pretenderán que se les otorguen titulos a ellos, sean en tierras o sean en posiciones en la Corte. Me temo que esa vía no es una opción, al menos de momento. Tampoco Joseph lo ha solicitado al Principado, por mucho que yo sepa que lo desea, ni ha hecho especiales servicios como para merecer algo así, aparte del que se le exige para que permanezca entre estas murallas.-

Hace una muy breve pausa antes de continuar.

-Hay que tener mucho cuidado con las Sierpes, muchos han caido en sus redes ya.-

Elois D'Umbrelle - August 11, 2005 10:54 AM (GMT)

La conversación tomaba un rumbo inesperado para la ventrue, pues su intención era debatir alternativas y sin embargo, era sobre serpientes donde se había centrado. Todo tenía provecho en su mente y siguió con el tema hasta retomar la idea principal, algo que correspondía a Geoffrey.

- Su alteza, lamento que hallais malinterpretado mis palabras, pues todo eran hipóteis, tampoco quería indicar que las sierpes tuvieran el honor de gozad de voz en los consejos. Simplemente alguna nimia concesión, pequeña como el trabajo de una hormiga pero suficiente recompensa para el invierno turbulento que se avecina. Tan simple como un mero reconocimiento, tal cual un pequeño dominio a la cabeza visible de las sierpes, o bien cambiar su voz en bocas sarracenas por otra voz tal que los setitas considerasen sentirse más escuchados y el cambio sugiriese la atención de la corte.

Estaban navegando por aguas no afines, pero con cuidado podría llegar a buen puerto, una travesía agitada y revuelta era el mejor método para paliar la impotencia del capitán para solventar los problemas a bordo, al menos una impotencia pasajera, mientras tanto Castellar lograba encontrar los polizones que conspiraban en la nave "París".

Se sonrió pensando en el juego de palabras al que había dado a luz, aunque los presentes lo asociasen a su humor habitual. La mente de la ventrue siempre estaba en continuo movimiento como el Sol alrededor de la Tierra concuyó en sus pensamientos antes de proseguir...

- Quisiera dejar de lado al asunto de las sierpes y tratarlo más entrada la noche, pues ahora nos apremian soluciones con la printa celebración de la corte, en tal caso, el gangrel queda despejado per se. No obstante, tenemos que desvincular el resto de casos, ¿alguna indicación?...

Elois preguntó en voz alta, pudiese parecer que se preguntaba así misma, nada más lejos de la realidad pues solicitaba opinión de los presentes, ya que estarían más al tanto de los entresijos cortesanos que alguien que ha pasado un tiempo aislada o al menos en apariencia.




Geoffrey - September 6, 2005 01:13 AM (GMT)
Geoffrey calló, pensando en lo que importaba. El tema de la Sierpe se podía solucionar con tiempo, aunque le extrañaba el interés que la Cainita demostraba por aquel Bajo Clan. Sin embargo, antes de que respondiese, fue Erik el que aventuró una propuesta. Ciertamente era raro que el otro Ventrue hablase con tanta rapidez, aunque acaso hubiera pensado sobre ello con anterioridad, al menos en parte.

-Bien, la siguiente pieza sencilla de desglosar sería la Malkavian. Podríamos emplear la demencia de su Clan a nuestro favor, pues muchas supersticiones abundan sobre ellos que podrían resultarnos útiles. Acaso su conocida paranoia podía deberse a algo más real que lo que se sospechaba, y eso la encontró; o tal vez, perdida en mundos inexistentes, terminó por rematar su propia vida ante la imposibilidad de enfrentarse a sus miedos.-

Erik era consciente de que era una teoría un poco floja, pero podía ser un buen punto de partida sobre el que trabajar.

Elois D'Umbrelle - September 7, 2005 11:54 PM (GMT)

Elois sonrió y replicó rauda, como si las palabras le hubieran sido desgarradas de su mente, pues estaba en consoncancia con el leal vasallo del príncipe.

- Tan inverosimil como simple, una teoría tna floja e improbable como certera, en el clan de la luna no hay terminos medios y eso es una ventaja a nuestro lado.
El malkavian quedaría desvinculado también.

Tomó aire, para frenar un posible ímpetu, manteniendo simpre la compostura y la imagen solida que procesaba, un remanso de paz, una inspiración para aquellos que apostolaban por la Vía Regalis. Encantadora, diligente y sumisa ante la máxima autoridad presente, en ese momento Geofrey, respetanto cada opinión, impulsándolas mientras ella se mantenía en su puesto, conduciendo la conversación pero dejando el peso de la misma al príncipe. Así siguió hablando...

- Monsieur de Trevillon no sería un problema para nosotros, pues su alteza es el señor del citado cainita, cualquier cosa que digais no podrá ser revatida ni refutada ya que contais con el apoyo unísono de [I]vuestro clan[/I].

Cuando se refirió al clan, quiso decir que tanto él como ella estaban conformes y por tanto nada más había que opinar al respecto.

- Sobre el enviado de Hispania, ese es un asunto delicado y turbio, pero no dudo que daremos con alguna solución, además queda pendiente enviar disculpas al Reino de León, o al principe cainita de Astorga en su defecto, aunque en si se me permite la sugerencia deberíamos encaminarlas a su gracia Silvestre de Ruiz, máxima autoridad por aquellos lares...

Elois se sonrió tras sus palabras y no quiso rectificar, dificil sería verla hacer algo así, simplemente añadió palabras sobre sus palabras.

- Mi señor, desconozco como es la política externa de su alteza y nada más lejos de mi intención es indicar a su alteza como proceder, pues por algo su alteza ostenta el principado y ante vos yace una humilde sierva. Por ello hagais lo que hagais os apoyaré sin reparo a saviendas de que será lo mejor para París, no esperaría menos de vos y puesto que no deseo entrometerme más de lo preciso dejaré ese asunto a vuestra entera discrección.

La ventrue caminó hasta situarse junto a Geofrey, hizo ademán de suspirar pero estaba muerta, o no muerta, en ningún caso respiraba, sólo era un gesto, un viejo reducto de una vida mortal, quizás un mal hábito, una inadactación o tan sólo una muletilla, algo impropio y por tanto descartado. Simplemente lo hizo porque le pareció mejor hacerlo así, suavizando el ambiente, pues ahora iba su gran pregunta.

Próxima a Geoffrey, bajo la atenta mirada de sus siervos, medio susurrando, inquirió una pregunta, para posible sorpresa de los presentes.

- Mi señor, encarrilado ya como tenemos este asunto, con el cual reafirmo mi completa colaboración con vos, he de pediros algo para mí.

El silencio se hizo de pronto, era de esperar que deseaba algo a cambio de su generosa oferta y placentera compañía en tan intensa velada. Sin embargo sus palabras siguientes, humildes en todo su ser, dejarían helada la conciencia de quien hubiera pensado tan directa y ruin forma de conseguir algo, de obtener recompensa de una situación tan delicada en ese mismo momento, entonces la pregunta se ejecutó con voz suave.

- La gran corte se reunirá en breve, hace mucho que vuestra sierva no se hace partícipe y tras el cambio de gobierno en la ciudad, podríais decirme... ¿donde he de situarme?.

Contra todo pronóstico, la pregunta se formuló, el desencadenante de la reunión había sido tan simple como saber donde debía estar en la Corte, pues no deseaba romper ningún protocolo y estar a la altura de las circunstancias, conociendo de propia boca del príncipe el lugar que debía ocupar, al fin y al cabo resultaba una pregunta obvia e interesante, quizás algo inesperada, pero de no solventarlo podría trascender en una situación comprometida llegado el momento. Como siempre, Elois pensaba en todo.


Geoffrey - September 8, 2005 02:03 AM (GMT)
Era una descripción peculiar del plan esbozado por Erik, y a Geoffrey le llamó la atención que lo aceptase tan de buenas a primeras, sin rebatir ni añadir nada al mismo. Sorprendente. Ya continuaría con ello más adelante, si tal. Más temas quedaban aún por tratar.

-En cuanto a los castellanos, me puse en contacto tanto con el Principe de Astorga como con Luis Ambrosio Monçada, el más reputado de los Lasombra castellanos. Lamentablemente, pese a lo agradables y correctas de mis palabras, los Lasombra aprovecharán cualquier ocasion que puedan crear en su propio favor; por suerte, bastante tienen con su patética [i]Reconquista*[/i].-

Si que le cogió por sorpresa la petición de la Ventrue, no por el hecho de que formulase una petición a titulo personal (algo que el Principe esperaba desde el principio), sino por la naturaleza de la pregunta. ¿Donde estaba la trampa? ¿Podía realmente una Cainita tan antigua como ella hacer una pregunta tan aparentemente inocente?

-Mi señora, vuestro lugar se halla en el lugar mas honrado de la Corte, justo en el centro de la primera semicircunferencia, frente al Clan de los Patricios.-

*En castellano, aunque Geoffrey habla en francés.

Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 10:42 AM (GMT)

Elois asintió complacida, pues ya tenía su respuesta, sabía donde debía situarse correctamente, aún le quedaba otra pregunta no sin antes devolver la réplica del tema central.

- Cierto es mi señor, que los lasombra son conspiradores, no obstante presumo de buenas relaciones con el país vecino, no tan buenas como quisiera, pero suficiente como para ser escuchada mi voz, es por ello que si su gracia lo considera oportuno, ante vos se halla una intermediaria providencial.

La ventrue sabía que no debería haber comentado nada sobre sus relaciones, pero las tenía por toda Europa e Hispania no era menos, aunque en verdad las relaciones prosperaban pues énfasis puso en ello la duquesa ventrue, no en vano había logrado los servicios de un corsario portugués, aunque esa era otra historia...

Sonrió dulce e inocente, como había sido su ofrecimiento, no sabía si Geoffrey confiaría tanto en ella como para cederle una parcela oficial en la política con Hispania, el recado de disponibilidad había quedado ya archivado para su alteza, es por ello que para quitar algo de hierro al asunto intercaló de nuevo el tema que la preocupaba.

- Mi señor, volviendo a la Gran Corte, cuando estimaría su gracia oportuna mi aparición. ¿antes, durante o después de la llegada de su primogenitura?.

Los ojos de la diminuta ventrue, penetrantes, intimidantes si cabe para muchos, no se apartaban de Geoffery intentando lograr un atisbo de respuesta.

Geoffrey - September 8, 2005 01:14 PM (GMT)
Geoffrey atendió a la Ventrue y ladeó ligeramente la cabeza antes de responder.

-Os agradezco el ofrecimiento, y se tomará en cuenta cuando decida cómo hemos de encargarnos de ellos. Mas de momento, la clave se halla en el interior, ya que la Monarca detendrá cualquier intento de los Lasombra por cruzar sus Dominios. Tan pronto pongamos orden en casa podremos enfrentarnos a los retos exteriores.-

Todo a su debido tiempo. Los castellanos no le preocupaban de momento, bastante tenían con lo suyo. Y los Mares de la Sombra quizás no era el mejor lugar para enviar a una Ventrue, por mucho que ella creyese tener buenas relaciones. Sin embargo, la siguiente pregunta lo volvió a dejar perplejo. ¿Acaso ella no había asistido a convocatorias de la Gran Corte durante siglos? ¡Debería conocer de sobra las respuestas a esas preguntas!

-Mi señora, la carta que habéis recibido indica que debéis llegar a la medianoche. Todo el mundo debería estar allí cuando las campanas repiquen las Nonas, y cuanto antes llegue todo el mundo, antes podremos comenzar.-

Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 01:33 PM (GMT)

Elois sonrió a su señor, en su rostro podía ver que ya habían sido suficientes su preguntas inocentes, aunque en cierto modo encerraban un trasfondo oculto que Geoffrey no vería, para la ventrue todo tenía un signficado especial, gozaba pues de cierta libertad para irrumpir en la corte, tras varios años de ausencia, su preocupación por empezar con buen pie era excesiva, pues debía mantener el listón alto ante la corte.

- Vos mismo, mi señor.

Era obvio el rechazo, Geoffrey no quería que se entrometier más de lo debido, por ello se ganó algo más de respeto, obraba bien, sin embargo demostrama exceso de celo al confiar en la Matriarca, o al menos al demostrarlo, ese detalle debilitaba su posición, aunque esa noche estaban entre camaradas, la ventrue debía sopesar si tal sinceridad era promiscua o una gentileza.

El cuerpo de Elois se comprimió en un leve gesto para quedar relajado, en nu abriar y cerrar de ojos, sutil como eran las palabras que fluían por su boca.

- Nada más encierra mi inquietud sobre la Corte alteza. Más con mucho pesar me temo que os estoy robando más tiempo del estimado, ruego pues disculpeis tal desconsideración. El asunto que nos inquietaba ya queda encarrilado y partiré tranquila sabiendo que está en [I]buenas manos[/I].

A las últimas palabras, expuestas con un tono diferente, las acompañó un elegante gesto de su mano que al unísono con sus ojos recorrió de uno a otro lado la habitación, refiriéndose pues al gabinete de crisis, el príncipe y su séquito, con buenos modos, alavando su labor.


Geoffrey - September 8, 2005 02:18 PM (GMT)
Geoffrey sonrió con tranquilidad a la Ventrue.

-Dama Elois, vuestra presencia nunca resulta desconsiderada en su demanda de atención, por cuanto sois de las Cainitas que más la merecen de la Corte. Por ello no guardéis reparo alguno. Mas si debéis atender a otros asunto, sois libre de iros, pues en breve podré disfrutar de vuestra compañía de nuevo cuando los miembros de la Gran Corte acudan a la convocatoria.-

Geoffrey sonrió abiertamente a la Ventrue, de manera que indicaba que sus palabras eran sinceras. Erik, por su parte, devolvió tranquilamente la mirada a la Ventrue, mientras que Montalbán rebullía inquieto en su lugar por algun pensamiento propio.

Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 02:35 PM (GMT)

La cabeza de la frágil ventrue asintió a modo de reverencia, quizás si aún corriese sangre por sus venas a causa del latir de un vivo corazón hasta se hubiese ruborizado por las palabras del príncipe, sin embargo no ocucrrió, sólo una sonrisa dulce e inocente tanto para Geoffrey como sus siervos, acto seguido esbozó una mueca y su mirada se perdió en la inmensidad de la sala.

Aún quedaba un pequeño fleco, no se le había olvidado ese detalle y no pretendía dejar escapar la oportunidad que se le había presentado esa noche.

De nuevo los rapaces ojos de la astuta Elois se posaron sobre los de su señor. El asunto de las sierpes, los sarracenos no había avandonado su mente, tan sólo había quedado aislado por momentos hasta su rescate, y ya era hora de eso mismo, así que la ventrue acudió al rescate del tema.

- Si mi señor y los presentes conceden el permiso. Me aborda una duda, sin intención que criticar o desvalecer la política de su alteza, tan sólo es una duda...- Una mirada astuta resaltó en su rostro- ... Pero mi señor, a caso es necesario mantener la voz a los sarracenos. Puede que os parezca osada la pregunta, tal vez algo descortes, mas hace tiempo que no aparecen por las calles de Paris, ni aportan beneficio alguno, al menos en opinión de vuestra sierva...

El cariz de Elois se tornó serio, seco, su porte rígido y semblante inquisitor.

- Con el respeto que siempre merece su alteza, es posible que tengamos una saturación de primogénitos en esta ciudad, quizás sólo con la presencia de los Altos clanes fuera suficiente. Lo sé, es un atrevimiento por mi parte, pero deseo ser sincera con mi señor y le confío el sentir que tal vez sea el de muchos miembros del los altos clanes. Por otro lado, también entiendo vuestra postura y deseo que su alteza sólo considere mi pregunta como lo que es, una mera observación.

Aprovechó el momento para mencionar al príncipe aquello que sentía, existían demasiados primogénitos y los bajos clanes, podían depender de su voz a su vez de los altos clanes, como ocurría en otras tantas cortes, por otro lado existían los pactos que hubiere tenido que conceder Geoffrey en su ascenso al trono, que a jucio de Elois eran demasiados, tantos que lo tenían atado de pies y manos, eso no era bueno, habría que buscar una solución.

La ventrue, observaba la reacción del principe, había sido educada y formulado sus desavenencias quitándole hierro, pero las había mostrado e incluso fuese rependida por ello.





Geoffrey - September 8, 2005 05:35 PM (GMT)
Geoffrey atendió mesándose la barba cómo Elois exponía el hecho de que la Voz de los Assamita sobraba, pero no la interrumpió. E hizo bien, ya que luego la Ventrue se lanzaría a exponer las razones por las que creía que el sistema entero de gobierno de la ciudad debía sufrir una seria reorganización. Cuando acabó de hablar ella, el Principe permaneció en silencio, aunque no dejó que este se volviese incómodo.

Cuando habló lo hizo de espaldas a Elois, aunque no por falta de cortesía, sino invitándola a mirar con él por la ventana de la sala. Abajo, las diferentes edificaciones de París se hallaban desperdigadas en sombras de oscuridad interrumpidas por antorchas y otras iluminarias. El río reflejaba la plateada luz de la luna, y la sombra enorme de la Catedral demostraba que, aún durante la noche, la vigilia de Dios sobre el mundo no cesaba.

Sólo cuando Elois se puso a su lado, siguiendo educadamente la invitación de Geoffrey, fue que él tomó la palabra.

-Mi señora, vuestra mente es ágil, y vuestras palabras denotan siempre sabiduría, mas en ocasiones os dejáis llevar por la pasión. Mirad, Paris duerme a nuestros pies. En sus calles, caballeros y pordioseros son lo mismo. Tan sólo mortales. Ganado para quienes somos mejores. Pero por ser mejores que ellos tenemos unos deberes contraídos, deberes de gran importancia, pues determinan quienes son capaces de gobernar y quienes no. Se que conocéis todo esto, pues sois una de las más ilustres miembros de nuestro Camino, mas permitidme esta pequeña vuelta antes de llegar al tema en cuestión.-

Geoffrey hizo una pausa breve, observando el tranquilo discurrir de las oscuras aguas.

-Que el panadero tan sólo sepa hacer pan, y sea incapaz de ver las responsabilidades y deberes necesarias para gobernar no impide el hecho de que es necesario para la ciudad. Sin pan, la ciudad moriría de hambre, y de ahí el problema con el grano que estuvimos debatiendo con anterioridad.-

Geoffrey se da la vuelta, y mira hacia el interior de la Concergerie. Si se pudiese trazar una línea recta de su mirada, al final se hallaría la sala del trono donde se reunía la Gran Corte, el centro de la no-vida Cainita.

-Igual que el panadero hace pan, los Bajos Clanes se encargan de pequeñas tareas que resultan de importancia para todos. Si bien los Malkavian resultan dementes, en ocasiones su locura les da una capacidad de visión mayor que el resto, y sus recomendaciones resultan sorprendentemente acertadas. Si bien el aspecto de un Nosferatu puede ser una ofensa a la Creación, su capacidad de manejar la información nos permite mantenernos un paso por delante de los problemas. Si bien los Assamitas pueden no hallarse demasiado activos actualmente, sus conocimientos de tierras lejanas resultan de vital importancia de cara a planear las futuras Cruzadas a Tierra Santa. Y así con todos. Escuchar sus Voces* es lo que nos permite gobernar. Ellos no son quienes de entender el mundo, pero es a través de ellos que nosotros podemos manejarlo. El retirarle las Voces sería como cegar nuestros ojos, taponar nuestros oidos, y gobernar como personas ausentes de este mundo, cuyas ordenes solo se adaptan a lo que recordaban que fue.-

El silencio cae sobre la sala, como un tranquilo manto de reflexión. Solo lo interrumpió Montalbán, cuyo comentario no dejaba de ser cierto por su tono humorísitico:

-Por no mencionar los problemas que desencadenaría el situar como enemigos declarados a la mitad de la Corte a la que se haya privado de titulo. No querría tener que decirle a Goratrix que a partir de ahora no sólo es un ser del segundo anillo de la Corte, ¡sino que carece de titulo alguno ante esta!-

[i]*Referencia al titulo de los Primogénitos.[/i]

Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 06:01 PM (GMT)

Elois escuchó atentamente como un aprendiz lo hace de su maestro, con fervor por aprender, pues no hacía otra cosa que eso mismo, asimilar conocimientos, no de protocolo o etiqueta, sino sobre la personalidad de Geoffrey. Trataba de obtener el jugo en cada reacción de éste, en cada respuesta, en el énfasis, acentuaciones, gestos y expresiones...

Callada en todo momento, las palabras se refrenaron una y otra vez, podría haber rebatido de forma aplastante, sin piedad cada alegato del príncipe, pero no lo hizo, primero porque no sería cortés y segundo no sería inteligente. Además estaba en la primera fase para aprender sobre el príncipe.

Su cabeza asintió, su rostro y su boca sonrieron afables a la muestra de ironía jocosa pronunciada por el leal Montalban.

- Tenes razón mi señor, no se pueden negar vuestras premisas, es por ello que ruego olvideis tal insinuación por mi parte, [I]al menos por ahora[/I]- Así de simple había expresado su firmez, no daría su brazo a torcer en ese aspecto, para ella sobraban Voces, almenos alguan que otra puesta en la boca equivoca.- Mas permitidme una última pregunta...-

Los azulados ojos de la ventrue centellearon de astucia, mientras su faz se tornaba astuta cual zorro, mas su boca se tornó fiera como un lobo mientras sus palabras suaves pero directa podrían sesgar de un tajo el roble más robusto.

- ¿Concedereis a Joseph el dominio que tanto anhela?.

La cara pícara de Elois esperaba tranquila, colmadas sus ansias, había depositado el dedo en la yaga. Tan sólo esperaba la reacción de los presentes ante su franqueza, una vez más esperaba pillar desprevenidos a los presentes y esa pregunta era la apropiada para descolocarlos, no tenía verdadero interés en ello, pero de ser afirmativa la respuesta podría sacar tajada. De una u otra forma sacaría tajada, eso estaba muy claro en su mente, llegado este momento.


Geoffrey - September 8, 2005 06:21 PM (GMT)
Geoffrey solo alzó ligeramente una ceja, casi una pregunta encerrada en ese movimiento. No le sorprendía realmente la pregunta, aunque aún no veía en qué parte de los planes de la Ventrue encajaba el Setita como para que mostrase tanto interés en ello, al menos aparentemente.

-Ya os he respondido a eso- dice con voz tranquila-, y la respuesta no ha variado.-

Firmeza sería la palabra que mejor describiría el modo en que las palabras salieron de la boca del Ventrue.

Elois D'Umbrelle - September 8, 2005 06:45 PM (GMT)

Complacida con la respuesta observó al príncipe y su talante.

- Gracias mi señor, no esperaba menos de vos y confío en vuestra palabra.

La petición del Egipció, no tenía cabida para Geoffrey, es por tanto que por muchos hilos que moviese que darían en saco roto, el saberlo de antemeno le otorgaba una ventaja doble, primero para comunicarle a Joseph, segundo para alertar al príncipe y ganar puntos con este, como haría a continuación.

- Por momentos tenía ese pesar entre mis preocupaciones, pues a mis oídos habían acudido ciertos rumores, El egipcio pensaba presionaros apoyado por cainitas notables quienes le procesan favores, pero tras vuestra tajante respuesta debo decir que sabeis como aliviar a una dama, Geoffrey.

Y por primera vez llamó por su nombre al principe, en tanto que sus ojos se cruzaron sin pavor con los de éste, para acto seguido ofrecerle una humilde reverencia, gracil y cortesana como buen merecedor.

- Si lo permitiis, no demoraré más mi partida.

Elegante caminó hacia la puerta, ofreceindo pequeñas reverencias tanto a Erik como a Montalban, pues su partida era inminente y nunca cediendo la espalda a Geoffrey.

Esa parecía realmente su partida, al menos de cara al príncipe, porque una vez avandonase la sala, tenía pensado intercambiar algunas palabras con Icaro.


Geoffrey - September 9, 2005 01:07 AM (GMT)
Geoffrey vio el cambio de expresiones, la danza de la manipulación en la cara de la Ventrue, y supo que ni la cara inicial ni esta era la correcta. No dudaba que Joseph estuviese tratando de conseguir Voz para su Clan, ciertamente, pero el hecho de que la Caininta danzase de un lado a otro decía mucho: decía que sabía aprovechar la fuerza de los vientos para salir ganando soplasen de donde soplasen. Eso la hacía una poderosa aliada, y una peligrosa enemiga, ambas cosas al mismo tiempo. Habría que ver quien soplaba con más fuerza en la ciudad.

-Marchad pues, mi señora, y que Dios guíe vuestros actos para que tengan el éxito que les corresponde.-

La sonrisa fue suave y tranquila, y se mantuvo en la boca del Principe hasta que Icaro cerró la puerta detrás de la Cainita. Aún así, los tres permanecieron en silencio un buen rato más, como Icaro hacía delante de la Ventrue.

Elois D'Umbrelle - September 9, 2005 04:41 PM (GMT)

Inevitablemente eel buen chambelán esperaba tras la puerta de la audiencia, la ventrue le otorgó una sonrisa afable, algo debía haber ido bien dentro para que Elois estubiese tna contenta y mientras Icaro la escoltaba a la salida por los pasillos del edificio, sede de poder del principado, ésta le sorprendió con una tertulia distendida e intencionada.

- Una velada fascinante.

Lanzó el comentario al vacío, como siempre, preparando el terreno.

- Decidme Icaro, hace mucho que haceis las funciones de chambelan para Geoffrey, entre nosotros, ¿que opinión os merece?.

Elois quería llegar a alguna parte, aunque Icaro no supiese exactamente a donde, pero la pregunta tenía un claro fin, pues conocedora del servicio que también prestó a aquel ahora en el exilio, pedía no menos que una comparación.

Aún quedaba camino e Icaro podría deducir que la conversación no acabaría allí...

Geoffrey - September 11, 2005 11:02 PM (GMT)
Icaro permaneció callado tras la primera afirmación de la Ventrue, y su respuesta a la segunda mantenía ese tono tranquilo y educado de siempre.

-Mi señora, mi función en esta Corte es servir, no opinar.-

Y con ello pareció que lo había dicho todo, pues no asemejaba tener intención de continuar con sus palabras.

Elois D'Umbrelle - September 11, 2005 11:14 PM (GMT)
Apesadumbrada fue la imagen que proyectó la noble Elois tras escuchar las palabras de Icaro.

- Cierto es, buen Icaro, es por ello que espero me concerteis una cita con su alteza para el día vigesimo primero del próximo mes.

Exactamente quería una entrevista para dentro de un mes, más su tono fue frío y seco.

En lo que quedó de camino hasta la salida, Elois se mantuvo distante, lo que se auguraba como una charla distendida se transformó en un tenso silencio.

Por fin, a la hora de despedirse, la ventrue replicó.

- Cierto es monsieur, todos nos debemos con esta corte, mas si algún día gustais de una velada distinta, las puertas del Chateaux D'Umbrelle siempre las tendreis abiertas.

Una sonrisa fingida con ojos de tristeza sería lo último que viera el chambelán en el rostro de la siempre hospitalaria Elois antes de partir en el carromato que puntualmente la esperaba a la salida de la concergierie.

De una u otra forma Elois entendía la postura del chambelán ahora debía respeto a Geoffrey y el celo por su cargo le honraba, más con una vieja conocida esperaba que pasase por alto algunos detalles, no fue la ocasión y la sangre azul quedó algo entristecida, así como más tarde arrepentida... Pronto encontraría la forma de enmendar aquello.


Geoffrey - September 11, 2005 11:33 PM (GMT)
Icaro vio las disculpas de su amiga y le respondió con una relajada sonrisa.

-Me temo que me resultará imposible visitarla en su castillo, mi dama, pero estaré encantado de encontrar un hueco para continuar nuestras charlas si venis a hacerme una visita en una de estas noches. Siempre se pueden postergar un poco las tareas del palacio en pro de una buena conversacion.-




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