La Herejía Cátara crece como una herida infectada. Un grupo de Dominicos ha descubierto pruebas de malsanas creencias en la propia Dijon.
Tras un primer descubrimiento de los monjes, un grupo de cincuenta cruzados a caballo se ha trasladado allí para amputar las enfermizas y falsas creencias. Monseñor Alepo comandará las investigaciones, que podían afectar incluso a algunos nobles.
Dios tenga en su seno a los que estén libres de pecado.