Llegué ante la estructura poderosa y antigua de la Sphairisteria, de nuevo en tan poco tiempo. Y, sin embargo, yo ya no era exactamente igual a como había sido la última vez que había estado aquí, unos pocos días antes. Ahora conocía algo del mundo a mi alrededor y cómo había cambiado ante mi ausencia.
Abri las puertas con fuerza y caminé hasta la arena de combate. En aquella noche nadie la estaba usando, y todo estaba perfectamente ordenado y alinado por si acaso alguien deseaba usarla en el futuro. El futuro, era algo importante para mi en aquellos momentos, debía planearlo bien, y aquel movimiento era un comienzo. Aquella sala era un símbolo para los Brujah. Aunque aquella fuera la de Alvaro, lo cierto era que las Sphairisterias eran un núcleo central para los Celotes... y estaba claro que la mía había sido destruida con los años transcurridos.
Había mucho trabajo que hacer por delante. Mucho.
Los sirvientes de Alvaro pronto acudieron a mi, a ver qué demonios planeaba en el lugar de su señor. Pero las reglas iban a cambiar. Los reuní a todos ante mi y hablé con voz clara y potente, como un auténtico Brujah.
-Este lugar ha sido refugio de mi viejo amigo Alvaro Castellar durante mucho tiempo. Algunos incluso me conocisteis hace años, y lo habéis visto. Pero Alvaro ha abandonado la ciudad, y no hay visos de que vaya a volver, y este lugar es demasiado importante para que quede olvidado al tiempo. Hace falta devolverle la vida, y yo pienso encargarme de ello. A partir de esta noche, yo mismo me encargaré de estas salas, hasta que Alvaro regrese.-
El silencio se hizo brevemente entre los que lo escuchaban, y pronto comenzaron las protestas. Gritos de todo tipo, comentarios, dudas, insultos... simplemente los miré, estoico, como una estatua, dejando que vaciasen la ira de sus almas sobre mi.
Luego podría reconstruirlos a voluntad.