Title: Esperadas Visitas
Description: Refugio. 8-7-1226
Khando Ezcani - May 3, 2008 03:12 PM (GMT)
Aquella noche, Khando se levantó temprano. Más temprano que de costumbre. Aquella era una noche especial.
Tomó poco tiempo elegir ropas elegantes, y mucho menos tomó cambiarse. Veinteminutos después de haberse despertado, Khando bajaba las escaleras hacia el piso inferior.
"Buenas noches señor" le dio la bienvenida Willhem.
"Buenas noches" respondió Khando despreocupadamente, mientras observaba las preparaciones que se habían hecho para aquel día. La familia Paña, aquella que Khando le había dado un hogar y protección, harían las veces de siriventes, supervisados por Willhem, quien los había instruido rapidamente.
Por otro lado, Khando había contratado a un cocinero para que preparase deliciosos platos para sus invitados.
Todo, poco a poco, iba cerrando, y ya solo faltaba esperar la llegada de sus invitados; quienes deberían estar allí de un momento a otro.
Khando Ezcani - May 4, 2008 02:54 PM (GMT)
Pocos minutos pasadas las ocho, Willhem apareció junto a los integrantes de la familia Crognan.
Khando sonrió al verlos. Las luces tenues, y el ambiente cálido relajarían a sus invitados, a la vez que esconderían sus facciones frías y blancas.
"Sean ustedes muy bienvenidos" dijo Khando mientras hacía una reverencia a sus invitados. "Es un placery un honor tenerlos en mi casa"
Khando no perdió momento para observar detalladamente a los miembros de tan importante familia.
El pater familia se presentó a si mismo. "Muy buenas noches monsiur. Mi nombre es Phillipe Crognan, y dejeme decirlo lo mucho que agradecemos su hospitalidad"
El hombre era el típico francés. Alto, y flaco, casí raquítico, y su cara similar al de una rata estaba adornado por dos finos pero largos bigotes peinados a una moda que sin duda estaba socialmente aceptada, pero dejaría en ridiculo a más de uno. Llevaba el cabello muy corto, casi marcial, y se peinaba de una manera un tanto rara. Sus ojos azules parecían apagados, como si nada pudiese sorprenderlo, y sus facciones le daban aspecto de aburrido. Iba vestido a la moda, por lo que Khando supuso que a diferencia de tantas otras, esta familia aún no había caído en desgracia. Las manos de aquel hombre eran largas y finas, y Khando notó que no había cayos ni lastimaduras, por lo que supuso que el hombre nunca había estado en batalla.
Todo esto le llevó a la conclusión de que el hombre era o bien médico, o abogado, o comerciante corporativo, o tal vez un mero noble viviendo de las riquezas de los demás. Se decidió por la última, pero solo porque cualquiera de esas situaciones le daban lo mismo.
Khando sonrió carismaticamente ante el saludo y la presentación de aquel hombre, pero su atención estaba en realidad en los otros miembros de la familia. Poco a poco, una idea se iba cerrando en su cabeza.
La Bestia se movía divertida.
Khando Ezcani - May 4, 2008 04:41 PM (GMT)
La esposa de Phillipe Crognan dio un paso al frente. "Ella es mi querida esposa, Suzanne de Crognan" dijo el hombre mientras señalaba a la mujer, quien realizó una reverencia.
Khando respondió a su vez con otra reverencia, para no ser menos.
La mujer no le llamaba tanto la atención aunque a primera vista, parecía ser más impresionante que su marido. Aunque las primeras impresiones siempre engañaban. Llevaba un hermoso vestido color naranja que, aunque era apropiado para la ocasión, demostraba lo pudiente de aquella extraña familia.
Suzanne era ciertamente más rellena que su marido, e incluso sus hijas, que se escondían detrás de la pareja. Pero no era necesariamente obesa. Khando se imaginó que en otros tiempos, esta mujer gozaba de una figura de envidia; pero lo que tenía en frente no era otra cosa más que el resultado de tantos embarazos.
Khando le sonrió amablemente a ella tambien, y luego besó suavemente la mano que la mujer le ofrecía.
Sientió la piel cálida por la sangre que corría en las venas; pero la textura le sorprendió. Tenía las manos de una persona que hubiese trabajado el barro en algún punto de su vida.
Volvió a mirar a la mujer. Caderas anchas, bustos a punto de escaparseles de aquel apretado vestido. Boca pintada con exageración de un color rouge intenso. Ojos marrones, empañados por el azul que utilizaba para colorear las pestañas. Y un pelo rubio recogido hacia atrás, que le recordaba los turbantes que utilizaban en tierras Orientales.
Algo se encendió en el corazón muerto de Khando. Si hubiese sido otra su vida, le hubiera gustado envejecer con una persona así.
Khando Ezcani - May 7, 2008 04:02 PM (GMT)
Los ojos de Khando se movieron rapidamente a aquellos que se encontraban tras la pareja. "Esta es mi hija," dijo Phillipe Crognan, mientras señalaba a una joven mujer, que dio un paso hacia adelante, ofreciendo su mano en señal de saludo.
Khando se tomó su tiempo en acercarse a ella, y besarle la mano luego de realizar una reverencia.
"Su nombre es Juliet" añadió el hombre mientras Khando se retiraba a una distancia adecuada.
Aquella era una hermosa mujer, de tez blanca, seguramente por el polvo usado para enmascararse, y cuerpo frágil, aunque ciertamente sus pechoseran desproporcionados, aunque Khando estimó que ello se debía al corset que llevaba puesto.
La miró directamente a los ojos, y ella lo miró a él, lo que generó cierto malestar en otro miembro de la familia, pues Khando notó que alguien cambiaba bruscamente su postura.
Pero Khando volvió su atención a aquella mujer. Llevaba el cabello dorado enrulado recogido en la parte de atrás de la cabeza. Los labios estaban apenas pintados, y sus ojos marrones claros parecían brillar.
Khando sonrió, y la mujer le devolvió el gesto. "Bienvenida a mi hogar" le dijo el vástago. La mujer solo realizó una tímida reverencia y luego se retiró.
"El siguiente miembro" añadió Phillipe "es Luis de Montacnon-Vile, esposo de Juliet el hombre por fin dio un paso adelante. Se notaba molesto pero mantenía un aspecto protocolar.
Sonrió falsamente a Khando, quien le devolvió el gesto despreocupadamente. Aquella situación le parecía de lo más interesante, pues aquel hombre estaba evidentemente celoso.
Khando Ezcani - May 12, 2008 09:29 PM (GMT)
Volvió a observar a Luis por unos segundos de silencio. Era alto, si, pero le faltaba masa muscular, y sus movimientos daban la impresión de ser torpes e imprecisos. Ese hombre jamás había trabajado con su cuerpo en toda su vida.
"Buenas noches" le dijo Khando "Eres bienvenido"
El hombre se retiró presurosamente y volvió a tomar una posición al lado de su esposa. Mantenía una actitud altanera, desafiante y con aires de superioridad.
A Khando poco le importó.
"Luego están mis hijas" continuó Phillipe "Hermosa y Adelia" Dos niñas de unos nueve años se movieron incómodas en los vestidos que llevaban puestos. Tenía una expresión hermosa en sus caras, como de aventura y emoción.
Khando les sonrió humildemente y luego los dirigió hasta la mesa que ocupaba la mayor parte del comedor.
Aquella habitación había sido reacondicionada en pocos días por el fiel Willhem, y ahora parecía digna de la realeza.
Khando se sentó en la cabecera e invitó a los otros a tomar asiento. Intercambió una rápida mirada con Juliet, para ponerla incómoda, pero por el contrario, ella le sostuvo la mirada, desafiante.
Khando sonrió, "Y bien," les dijo "Ahora que las presentaciones han terminado, sean todos bienvenidos a mi hogar; esta noche os espera una deliciosa cena"
Efectivamente, las introducciones habían terminado.
Un niño vestido con ropas que le apretaban entró con una bandeja en sus manos. Tenía unos doce años, cabello rubio y ojos celestes. Pasó al lado de cada comensal, y se aseguró de servir el primer plato a cada uno de ellos. Cuando hubiese terminado, corrió rápidamente para desaparecer de la habitación. Pronto volvería con más.
Phillipe notó que no le habían servido nada a Khando y su expresión se llenó de sorpresa y asombro. "Señor Ezcani, ¿hay alguna razón por la que usted no coma?"
Luis observó la comida con desconfianza, y evitó que Juliet probase bocado, quien le respondió con una mirada de desaprobación evidente.
Poco pudieron hacer por las niñas, que se habían puesto a comer en el segundo en que la comida había sido servida.
"No os preocupéis señor," respondió Khando "Pero mi dieta, desafortunadamente, no incluye esos deliciosos platos" Intentó poner su cara de pesadez más convincente. "Es por mi terrible enfermedad" agregó "Podría matarme"
Dichas palabras calmaron al patter familia, aunque no lo fueron suficientes para Luis.
Khando Ezcani - May 13, 2008 12:31 AM (GMT)
"Oh Si!" exclamó interesado Phillipe Vuestra enfermedad. Su mayordomo mencionó algo así cuando mi hija trajo los presentes dijo el hombre mientras se llevaba un trozo de carne asada a la boca.
Una niña entró vistiendo un delantal. Llevaba el pelo muy rubio aunque algo sucio y engrasado. Vestía un delantal de cocina, adornado con baratijas. Traía en sus manos una botella de vino, y se dedicó a servirle a los comensales, uno a uno, con excepción de las dos niñas menores, a quienes se les trajo agua.
Cuando Lucille, tal era el nombre de la pequeña, llegó hasta Luis, este la miró despectivamente, y su cara tomó una expresión de asco. "Me pregunto que es todo esto dijo el hombre mientras miraba a la niña sirviendo la bebida.
Lucille le sonrió amistosamente, gesto que conmovió a Khando, pero el hombre solo le devolvió una parca mirada a la pequeña. "Ella es Lucille, dijo Khando, mientras la introducía al resto de aquella familia "Su hermano, el niño que visteis antes, se llama Tomas, y sus padres, que están en la cocina, son Emmet y Fiorina"
Por unos segundos, los comensales miraron a Khando con sorpresa, mezclada con excepticismo y duda. "Eran pobres, arruinados y sin dinero, así que los tomé bajo mi protección y ahora viven en un cobertizo que tengo en el patio trasero de la mansión. Allí cultivan hortalizas y otras verduras. Khando habló como si tal acción fuese normal para cualquier otro; pero de hecho no lo era.
La cara de desaprobación de Luis era evidente, lo que le valió una reprimenda por parte de Juliet. "Considero esto como una acción de una persona muy noble, lord Ezcani dijo timidamente la mujer.
Khando movió la mano, como restandole importancia al asunto.
"Oh cierto! volviendo a su enfermedad. Phillipe trajo la atención a aquel delicado tema una vez más "Como usted podrá saber, soy un médico que atiende en el Hispotal de San Iulian. De hecho, soy un gran médico" dijo el hombre halabandose a sí mismo.
Khando sonrió cortesmente. "Me lo imagino" dijo convincentemente.
"Y bien, diga usted, si se puede preguntar ¿Cual es el mal que lo aqueja? Tal vez pudiese ayudarle"
Khando Ezcani - May 13, 2008 12:56 AM (GMT)
Khando se esforzó en estornudar, lo que por unos segundos preocupó a los comensales, pero luego, él tomó una posición más cómoda y se relajó.
"Es usted muy amable, pero lo que yo tengo es incurable" le dijo finalmente a Phillipe.
Nadie en esa mesa quitó los ojos de Khando. "Verá usted, esta es una rara enfermedad, contraída por mi padre" dijo sugestivamente "que me impide el menor contacto con el sol, e incluso debo cuidarme de la mayoría de los alimentos"
Las mujeres de la familia se horrorizaron. "Parece usted condenado" dijo Juliet.
Khando sonrió amablemente ante aquella afirmación "De hecho, asi se me era conocido mientras estuve en Oriente;
"Pues bien, tomaré su palabra" dijo Phillipe en desacuerdo "Pero sepa usted que cualquier tratamiento que desee, siempre podría avisarme, es lo menos que podría hacer por tan notable vecino"
Khando volvió a sonreír. "Es usted muy amable, tenga por seguro que, de ser necesario, será a usted donde acudiré primero"
A partir de ese momento, la cena siguió un curso más tranquilo, y las preguntas se concetraron en otros aspectos, tales como la via en Paris, los viajes que Khando había hecho anteriormente; y el trabajo de Phillipe. Finalmente, la noche llegó a su fin, y Khando se dedicó a despedir a sus invitados.
Había tenido una noche agradable; y emotiva, donde había aprendido mucho sobre sus vecinos, pero más importante aún, había conocido a Juliet, y ya comenzaba a tener planes para ella.
Solo tendría que separarla del marido. Sería sutil, si, pero rápido. Tal era su manera de actuar.
Cuando besó la mano de aquella mujer, dejó reposar sus labios por unos segundos más de lo debido, una muestra de afecto apenas imperceptible para el resto, pero evidente para ella, quien no dejó de mirarlo directamente a los ojos hasta su partida.
Finalmente, la familia se marchó y Willhem cerró la puerta. Antes de que el anciano pudiese decir algo, Khando ya se había marchado a través de la puerta trasera ubicada en la cocina.
Su intención estaba clara. Seguiría a Juliet y a Luis hasta su hogar. Mientras se movía a través de las oscuras calles de París, cientos de pensamientos oscuros llenaron su mente.
Estaba hambriento.