Title: Querido Vecino
Description: Refugio. 6-7-1226
Khando Ezcani - April 24, 2008 07:46 PM (GMT)
Khando se había levantado más temprano aquella noche. Más que de costumbre. Luego de cambiarse y ponerse ropas más elegantes, abandonó su cuarto con destino al piso inferior.
Allí estaba Willhem, el mayordomo, fiel como siempre. Tenía entre sus manos, un platillo de plata, con unos dulces en el.
Khando levantó la ceja dubitativo mientras tomaba uno de estos y lo olía con desconfianza. "Que es esto?" Atinó a decir el joven lasombra, lleno de sorpresa e incredulidad.
"Regalos," respondió el mayordomo, con un tono parco.
"¿Regalos?" Repitió Khando, mientras examinaba los dulces.
"Traidos por los vecinos, señor" Replicó el anciano.
Khando lo miró sorprendido.
Khando Ezcani - April 24, 2008 09:31 PM (GMT)
- "Creo que en este caso, querido Willhem, las explicaciones no sobran" le dijo Khando a su mayordomo.
Este se pusó al lado de Khando mientras él caminaba por la casa, supervisando las cambios que se habían hecho. "La Familia Crognan, cuyo pater posee la casa que se encuentra en frente" dijo el anciano "hizo acto de presencia esta mañana, mientras usted descansaba."
- "¿Me pregunto por que?" dijo Khando.
- "Vuestras actividades no han pasado desapercibido para los vecinos señor. Estaban muy contentos de tener a tan ilustre visitante en la ciudad, y el hecho de que utilicemos esta pequeña mansión, que había permanecido abandonado por mucho tiempo, no pudo sino interesarle aun más"
Khando sonrió. No estaba acostumbrado a esa clase de demostraciones "Entiendo" dijo "Enviales rosas para las damas de la casa, y una invitación para que vengan a cenar dentro de dos noches"
Si iba a mezclarse con la sociedad de aquel lugar, sería necesario comenzar con el pie derecho. "Prepararemos un pequeño festín para nuestros invitados" Khando no era una persona excesivamente pudiente. Había llegado desde Italia con tan solo una parte de sus posiciones. Pero no iba a permitir que ello se interponga en sus planes.
Llegó al estudio, donde notó que ya no estaba el retrato que había ordenado sacar.
- "Si me permite señor," lo sorprendió el viejo mayordomo "No quiero ser impertinente, pero debe saber que la familia estaba muy deseosa de conocerlo, y se preguntaba porque no se había presentado ya en público"
Ahhh. La pregunta. Ya era tiempo
- "Creo que hay buenos doctores en Paris, señor, tal vez alguno de ellos podría tratarle. Si me --"
Willhem no pudo acabar la frase. "Estas extralimitandote Willhem" Sentenció Khando. "Haz hecho un buen trabajo hasta ahora, no lo estropees" finalizó el vástago.
Minutos después, abandonaba la casa por la puerta delantera. Aquella noche cazaría.
Khando Ezcani - April 24, 2008 10:53 PM (GMT)
Khando se movia por las calles de la isla en un total silencio. Y aunque intentaba, no podía sacarse de la cabeza a Willhem y sus preguntas. De seguro, aquella situación le causaría problemas. Tarde o temprano.
Como de costumbre, por la hora que era, no había gente en las calles empedradas de la ciudad. Tan solo un par de rufianes, y algun que otro pobre sin hogar durmiendo en las calles. Estos no le darían sustento alguno.
Llego hasta la esquina que le había quitado el suspiro pocas noches atrás. Allí se encontraban las dos mujeres. La madraza y la otra, ofreciendo sus servicios. Pero esta era una noche particularmente fria y hoy no tendrían clientes.
Khando se acercó a ellas, y la madraza lo reconoció en seguida. Pronto estuvieron frente a frente, y Khando notó que a la mujer era más anciana de lo que aparentaba a primera vista.
- "¿Has venido a probar esta vez chico?" dijo en un tono burlón la mujer, que escondía una daga entre sus ropas "Esta vez te cobraremos por mirar" El frio le calaba en los huesos, eso se notaba a primera vista.
La mujer en el fondo no hablaba. De hecho, Khando notó que ni siquiera lo estaba mirando. Miraba hacía el suelo, de una manera totalmente sumisa. Khando hubiese matado por volver a ver los ojos de aquella mujer.
- "¿Y bien muchacho? son solo un par de monedas, pero ella te dejará totalmente complacido" agregó la madraza mientras miraba a la mujer. Khando notó cierto desdén en las palabras de la anciana.
Un desprecio palapable.
- "Verá usted señora," inició Khando, pero fue interrumpido rapidamente por la madraza "¡Parece que el niño tiene lengua y sabe hablar!" gritó la mujer entre carcajadas.
Khando sonrió lo más dignamente posible, para luego continuar con su discurso. "Verá usted señora, tengo ciertos gustos más refinados" puso especial atención en aquella última frase. "Preferiría hacer esto en un lugar más cómodo" agregó "si no le molesta"
La mujer no se movió ni habló palabra alguna. "Serán unas monedas extras," repuso la madraza.
Khando sonrió, satisfecho con el resultado de aquel trato. "Así será"
Khando Ezcani - April 27, 2008 02:03 PM (GMT)
Khando y la mujer caminaron lado a lado por las calles de París nocturno. A unos pocos metros más atrás se encontraba la madraza, quien los seguía cual zorro hambriento.
La mujer no hablaba, y apenas hacía algún ruido cuando caminaba. Asi mismo, mantenía la cabeza gacha, sin demostrar ninguna emoción.
Khando intentó parecer lo más amigable posible. Levantó su mano y se la ofreció a la mujer, quien dudó unos segundos, para luego tomarla.
Así parecían una pareja más. Khando escuchó un resoplar de desaprobación a sus espaldas, pero le importaba poco las opiniones de aquella madraza.
- "Mi nombre es Khando Ezcani," le dijo a la mujer que caminaba a su lado. Entre el velo que cubrìa la cara de aquella mujer, Khando creyó ver una sonrisa. "¿Cual es vuestro nombre?"
La mujer no contestó instantaneamente, sino que se mantuvo en silencio por unos minutos. Luego agregó ""Dannielle fue todo lo que dijo.
Khando sonrió.
Luego de unos minutos más de caminar, y varias vueltas en callejones misteriosos. Khando y las mujeres llegaron a una gran casa. Las ventanas estaban cerradas, y las puerta estaba flanqueada por dos hombres que aparentaban jugar a algún juego desconocido.
Khando dirigió a las mujeres adentro, y los hombres ni siquiera se percataron de que estaba allí.
Una vez en el interior. Un hombre de elegante vestido se les acercó. "¿Cual es vuestro placer esta noche?" dijo en un tono suspicaz
La madraza se movió incómoda. Este no era su estilo.
"Solo necesito una habitación" habló Khando, "Por un par de horas"
Luego de entregarle una moneda, aquel ectraño hombres los dirigió hasta una habitación, y le permitió el ingreso. Khando detuvo a la madraza antes de que entrase. "Usted puede esperar afuera" dijo "Ella estará bien" Khando sabía que a la madraza no le interesaba en lo más mínimo la salud de Danielle, pero deseaba mantener las apariencias.
Así fue como Khando y Dannielle entraron en la habitación solos.
Khando Ezcani - April 28, 2008 10:33 PM (GMT)
Cuando Khando giró, luego de cerrar la puerta, Dannielle ya estaba completamente desnuda. El otro se regocijó ante la hermosura de aquella mujer, y cientos de pensamientos impuros y lascivos llenaron la mente del joven Lasombra.
Incluso la Bestia se movió con incidencia, pero Khando pudo mantenerlos a raya. Estaba acostumbrado.
Intentó no observarla, pero luego de unos segundos, recordó que él ya no se movía por los estúpidos estándares morales de los mortales.
Se acercó a la mujer, y la tocó. Su mano helada le causó un movimiento involuntario a Dannielle, y Khando la retiró inmediatamente. "Lo lamento," dijo "No era mi intención lastimarte"
- "No importa" dijo Dannielle mientras se dirigía a la cama. Era la segunda vez que dicho angel le hablaba y Khando por un segundo había pensado que la maldición de Caín por fín lo había abandonado. Pronto se dió cuenta que su imaginación le estaba jugando una mala pasada.
Khando la observó por unos minutos más. Aquella mujer, su figura, sus ojos, todos sus rasgos. Finalmente, comenzó a quitarse la ropa. Vio como Dannielle corría la mirada.
- "No os preocupéis, no os haré daño" dijo Khando, aunque imaginó cuantos otros habían dicho lo mismo.
Finalmente, cuando la pareja estuvo desnuda, se unieron en besos y abrazos ficitcios. Aunque Khando disfrutaba de aquella situación, el frío de su cuerpo causaba cierto malestar sobre Dannielle.
Khando no deseaba estirar aquella situación mucho más. Al menos no con ella. Al menos no ahora.
Dannielle nunca notó la mordida. Ella solo se sintió en un trance de exitación indescriptible. Nunca antes le había sucedido , y no creía que le volviese a pasar con ningún otro excepto con él.
Aquel misterioso hombre que ahora la tendía sobre la cama, como un padre a su hija. Khando se había percatado de solo beber lo estrictamente necesario, y de lamer las heridas, para evitar futuras infecciones. Además, se había asegurado de no derramar sangre en el piso, pero aunque había hecho su mejor esfuerzo, dos preciadas gotas de vitae manchaban el lugar que una vez ocupase Dannielle.
Luego de vestirse, Khando abandonó la habitación.
Khando Ezcani - April 29, 2008 08:19 PM (GMT)
Afuera lo esperaba la madraza. No había transcurrido mucho tiempo, aunque ella ya estaba nerviosa. No estaba acostumbrada a estar separada de su mercancía.
Khando la miró con asco y furía. Tenía a la Bestia a flor de piel, pero por haber sido saciada unos minutos antes, fue fácil contenerla.
"Ella está descansando ahora" dijo Khando mientras se detenía al lado de la mujer. Su francés aún sonaba un tanto extranjero, pero pronto lo dominaría.
"¿Descansando?" repitió la mujer
"¡No tiene tiempo para eso!". La madraza se dirigió hacia la puerta a toda velocidad.
Khando la retuvo de la mano. La sintió frágil y desprotegida. Saco de Huesos. Polvo mortal. Tan diferente a él.
"Déjala" Ordenó violentamente. La mujer giró sobre sus talones, y aunque su intención era enfrentarlo, Khando notó miedo en sus ojos.
"Tu--" la mujer intentó razonar, pero Khando no permitió que terminase la oración.
"Yo pague por dos horas, bruja" Dijo Khando
"Y si entráis allí ahora, me enteraré y os juró que no te gustarán las repercusiones"La mujer sintió un helado escalofrío recorrerle la espalda, hasta la nuca. Khando no era de tomarse a la ligera las amenazas que hacía. Y la mujer lo comprendió pronto.
Refunfuño por lo bajo y se soltó violentamente. Khando la observó hasta que ella se sentó en uno de los sillones fuera de aquella habitación, con los brazos curzados y la cara escondida por las sombras.
Luego, satisfecho consigo mismo, Khando abandonó aquel tugurio. La noche aún tenía vida, y decidió caminar por las calles de la ciudad. Había preparativos que hacer, pero tenía tiempo.
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