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Title: Crónicas Lasombra
Description: Preludio - Flashback


Khando Ezcani - April 21, 2008 06:40 PM (GMT)
1º DE MAYO, 1226

Khando Ezcani era alto, aún bajo los estándares de la época, y fornido. Aunque no necesariamente macizo o grande, su cuerpo había desarrollado poderosos músculos capaces de intimidar al más valiente de los caballeros. Lo que era ciertamente extraño pues él no era un guerrero. O al menos esa no era la idea que inspiraba a primera vista. Aunque era bello, no se sentía así desde hacía varias semanas; no desde que había vuelto... Añoraba profundamente las cortes orientales.

A diferencia de la mayoría de los nobles y caballeros Lasombra, no llevaba ningún escudo personal, ni armas de adorno y vestía ropajes que, si bien eran noble, no lo delatarían como una persona acaudalada. Su mission desde siempre había sido pasar desapercibido. Sobretodo cuando se encontraba en el Castillo de Las Sombras.

Mientras esperaba el momento oportuno para adentrarse a la Fortaleza, Khando se acercó lentamente a la orilla de la playa. Las aguas del Mar Mediterráneo pronto mojaron sus pies, aunque él apenas se percató de ello.

La medianoche ya había pasado, y la noche era más clara que de costumbre. Lasombra debía de estar de buen humor.

Khando anhelaba el océano. Por ello, había pasado gran parte de su no-vida navegando por todo el mediterráneo.

Sintió un frío antinatural a sus espaldas y giró lentamente, pero con precaución y alerta. Tres vástagos se encontraban frente a él. Habían sido lentos, silenciosos y metódicos al acercarse. De otra manera, él los hubiese descubierto.

Uno de los hombres se adelantó. – “Es bueno verte una vez más aquí Khando,”- le dijo mientras le estrechaba la mano. - “Tus reportes nos han sido de gran utilidad”. Era un hombre de mediana estatura y cabeza totalmente pelada, que se contradecía de una manera retorcida con una larga barba blanca. Tenía cara de mono, y los ojos profundamente negros, lo que, sumado a su tunica oscura, le daban un aspecto siniestro, de alguna manera amenazador, pero no violento.

Khando se incline ligeramente. Era lo suficientemente inteligente para reconocer a su interlocutor. - “Ha sido un honor serviros, mi señor”

El hombre sonrió. - “Hemos escuchado que se te ha dado un nuevo objetivo”.

Khando levantó la ceja, y aunque intentó disimular dicho acto reflejo, no pasó desapercibido a su interlocutor misterioso. - “Las paredes hablan Khando… más de lo que crees”

El hombre esperó unos segundos. Una ligera brisa marina inundaba el lugar. - “Pronto serás llamado ante el Oscuro, deberás tener mucho cuidado. Es un ser insidioso y artero” – Alrededor de aquel hombre, los otros dos, que de seguro eran guardias, miraban en todas direcciones, con sus sentidos afinados al máximo y las manos sobre las empuñaduras de las espadas.

- “Recuerda donde esta tu lealtad Khando, y serás recompensado” – agregó el misterioso ser. – “Los tiempos están cambiando” – Añadió.

El grupo de hombres se retiró de la playa, y poco a poco, Khando sintió el llamado de su señor. La noche recién comenzaba y ya era interesante.

Khando Ezcani - April 21, 2008 06:42 PM (GMT)
Mientras caminaba presurosamente por los pasillos del castillo, Khando notó que el silencio sobrenatural le oprimía el corazón. Las sombras a su alrededor se movían de manera imprevista, revelando a su paso puertas secretas, y estatuas vigilantes. Un frío chillido le recorrió la espina dorsal hasta la cabeza. Normalmente eso era imposible.

Sintió como, aun contra su voluntad, la sangre comenzaba a fluir otra vez por su cuerpo, empujados por una fuerza mística y poderosamente terrible.

Finalmente, Khando llegó hasta un pasillo que chocaba abruptamente con dos enormes puertas de roble y reforzadas con bisagras de metal. La puerta en cuestión alcanzaba los cinco metros de altura, y hubiese requerido al menos diez hombres para abrirla. Pero Cando no tuvo que esforzarse.

Desde el interior, una mística brisa empujó la puerta, abriéndola de par en par. Un hombre moreno, de ascendencia africana, le miraba de reojo. Vestía un atuendo de gran nobleza. Era un hombre de magnífico porte.

Era Montano, el primer chiquillo del Antediluviano, quien gobernaba el Castillo de las Sombras con puño de hierro.

Khando se acercó a su señor y realizó una gran reverencia, en muestra de su respeto y sumisión.

- “Nuestro Padre te espera Khando… no tientes su paciencia”

Khando movió la cabeza en señal de aceptación pero no habló. No era su derecho aquí.

Bajó las escaleras de piedra pulida en forma de espiral, descendiendo hasta la oscuridad máxima. Allí, en la profundida añil de la cámara secreta, se encontraba el primero.

Terrible y maravilloso a la vez, el ser no tenía un cuerpo definido, sino más bien, los contornos parecían desaparecer y reaparecer en distintos lugares. La oscuridad allí era tan profunda que ni siquiera Khando podía distinguir mucho más allá de un metro a la redonda.

La voz del antediluviano le llegó clara, pero era alienígena, totalmente extraña. Se comunicaba directamente a su mente. Tal era el poder del Sombrío.

- "Bienvenido, mi chiquillo" dijo el ser "he estado esperandote" Las sombras se movían cada vez con mayor velocidad, el cuerpo le pesaba. Un frío místico le sobrecogió.

Khando decidió realizar una reverencia, y hecho pies a la tierra "Mi señor" atinó a decir Khando, pero se forzó al silencio.

-“Tus servicios han sido muy apreciados pequeño,” continuó aquel ser “no creas que tus movimientos escapan de mis sombras” Lasombra calló por unos segundos, para darle más potencia a sus palabras “Nada escapa a mis sombras”

Khando asintió. Era mejor no tentar el increíble poder del antediluviano. “Tengo una nueva misión para ti, mi pequeño” Alrededor de Khando, las sombras se agitaban, “Paris se encuentra bajo el yugo de los Ventrue, pero mis informantes me indican que esto no será así por mucho tiempo más”

Khando no levantó la mirada. Ni hizo pregunta alguna. Todo lo que debía ser revelado, así sería.

“Ve ahora, y mantente en las sombras. Nadie debe conocer tu presencia hasta que sea el momento adecuado” Lasombra volvió a utilizar un tono paternal, lo que no necesariamente era muestra de afecto o interés.

Khando movió la cabeza en señal de aprobación “Así se hará” dijo antes de girar y abandonar la cámara presurosamente.

Sabía que debía hacer. Era momento de ponerse en marcha.

Khando Ezcani - April 22, 2008 05:36 PM (GMT)
Los días de preparativos pasaron como un suspiro para el vástago. Pronto estaría en marcha. Su destino, un lugar que nunca antes había visitado.

La noche que partió, su Sire le acompañó hasta el carruaje que esperaba en las puertas del Castillo. - “Ten cuidado joven,” Efraim era muy querido por Khando, y el sentimiento era mutuo. Por suerte para ambos, no existía una rivalidad sangrienta entre ellos, como era la situación en muchos otros casos, sino que entre ellos había una sana competición. “Hay fuerzas más allá de las evidentes en juego aquí” sentenció.

Khando afirmó con la cabeza, pero no habló. Ya estaba acostumbrado a las despedidas. En su afán por mantenerlo alejados de los peligrosos juegos de poder del Castillo de las Sombras, Efraim, miembro de los Amici Noctis, solía enviar a Khando hacía destinos alejados de allí, siempre manteniéndolo en movimiento.

Finalmente, el ancillae subió al carruaje que lo llevaría hasta un puerto seguro. El viaje continuaría luego por barco, a través de la costa del Mediterráneo hasta llegar a Francia, y de allí, se dirigiría hasta Paris. Aproximadamente dos meses sería la duración de aquel pequeño viaje. Khando había tenido viajes más largos que este.

El carruaje, que era tirado por cuatro caballos y protegidos por diez caballeros –todos ellos Ghouls vasallos de los Amici Noctis- había sido modificado de tal manera que cabía un cajón-que era a su vez, densamente protegido contra los rayos del sol.

Antes de que pudiera darse cuenta, el viaje ya había comenzado, y Khando tendría mucho tiempo de reflexionar, pero por sobretodo, de recordar su pasado. Aquel que había muerto con él hacia tanto tiempo atrás.

Khando Ezcani - April 23, 2008 04:48 PM (GMT)
Junio, 925 d.C.

Khando Ezcani nació en el Año de Nuestro Señor de 900. El mismo año del nacimiento de Abu Jafar Khazeni, Astrónomo Persa. El mismo año de la muerte del Papa Juan IX y de la asunción del Papa Benedicto IV. Un año más para muchos.

Nacido en la ciudad de Tesalónica en la Grecia Bizantina, Khando era hijo de Engo y Una Ezcani, una familia relativamente adinerada de la ciudad, con varias extensiones de tierra en la campiña.

Como todo joven adinerado de la época, Khando era propenso a la vida ligera y desinhibida propia de la realeza. Rodeado de amigos, alcohol y mujeres, Khando era un habitué de las noches griegas.

Pero en general, él era una persona más, común y corriente como muchos otros jóvenes.

Fue en el Año 925, cuando Khando cumplió los 25 años, que sus padres lo enviaron sorpresivamente hacia una de las estancias que poseían en los campos del sur. Lo que en un primer momento comenzó como un capricho, pronto se convirtió en una odisea.

Y eso le cambiaría la vida. La estancia en cuestión quedaba a cuatro semanas de viaje, por lo que Khando se encontraba aislado de sus seres queridos, y amigos. Fue allí donde conoció a quien más tarde sería su Sire.

En un primer momento, Efraim Massimo le pareció un anciano desagradable, con hábitos poco comunes. Pero la vida se desarrolló sin problemas. Khando no sabía que en realidad, aquel hombre lo estaba midiendo.

Y así fue como Khando se inició en las noches del mundo.

Khando Ezcani - April 23, 2008 06:33 PM (GMT)
Efraim Massimo era alto. Con aproximadamente dos metros, Efraim era considerado todo un gigante; pero su voz amable y su trato cálido daban una primera impresión muy diferente.

La mayoría de las personas que lo conocían lo consideraban una persona tranquila y suave. No podían estar más equivocados. Efraim no gustaba de la violencia pero era un guerrero más que capaz. Resabios de su otra vida.

Cuando conoció a Khando, Efraim era ya un respetado Anciano dentro del Clan; pero se había retirado de la política por una extraña razón. Khando nunca había podido sacarle mucha más información que unas pocas palabras.

Tenía el cabello cortado a una moda espartana antigua; con el pelo blanco por la edad bien corto, y una barba en forma de candado. Sus proporciones eran las adecuadas, lo que causaba asombro entre los mortales. Era raro ver en esa época ancianos que no hubiesen sido victimas de terribles enfermedades.

Efraim era un símbolo de esperanza y fortaleza. Un hombre que no había sido tocado por el paso de los años.

Durante generaciones, Efraim había guiado a la familia Ezcani, levantándola desde sus humildes inicios, hasta alcanzar una respetable posición en la sociedad griega. Cada generación, Efraim testeaba al heredero de la familia, para ver su dignidad. Si aquel salía exitoso, se uniría a las filas del magnánimo clan Lasombra. En caso de fallar, sería descartado tan solo como otro eslabón débil de la familia y su objetivo sería entrenar a la siguiente generación.

Desde los primeros días en que ambos hombres compartieron aquel refugio, ambos supieron, casi instintivamente, que el otro guardaba secretos.

Fue Efraim quien primero descubrió los secretos de Khando; una increíble pero mal encauzada sed de justicia. A lo largo de todo un año, Efraim entrenó a Khando en todo lo que él joven necesitaría aprender. El antiguo ya había tomado su decisión.

Fue así como Khando aprendió ajedrez, esgrima, lucha callejera, equitación, modales y un sin fin de habilidades más que le serían útiles a partir de aquel día. Pronto, Efraim se demostró como lo que era y aunque Khando ya dudaba de la mortalidad de aquella cosa, su sorpresa fue opaca por un enorme sentido de la aventura.

Y allí comenzó la introducción del joven Khando en las noches. Poco a poco, Khando abandonó sus hábitos diarios. Ya no se levantaba durante el día, y pasaba más tiempo encerrado en la biblioteca con su maestro.

Para cuando el año acabó, Efraim ya consideraba a Khando un digno heredero.

Efraim y Khando viajaron hacía el norte, a un pueblo perdido en los bosques, que no aparecía en ninguno de los mapas que Khando recordase.

Allí, Khando fue introducido a la sociedad cainita.

Khando Ezcani - April 24, 2008 09:54 PM (GMT)
Aquella noche llovía. Pero Khando sabía que era una tormenta antinatural.

El carrruaje había partido temprano, y se había mantenido en movimiento la mayor parte del tiempo, solo deteniendose por unos minutos para comer algo al mediodía. Pero desde entonces, los caballos no se habían detenidos, parecian empujados por una fuerza mística que los llenaba de energía.

Por lo que pudo oír, el carruaje los llevaba hacia el poblado de Erykos, pero Khando no recordaba que tal lugar existiese en toda Grecia. Tenía una razón de ser.

Rodeado por un extenso bosque, el pueblo era el hogar del príncipe cainita de la zona. El pueblo en sí mismo no era la gran cosa, y los habitantes vivían en una eterna noche.

El carruaje los dirigió directamente hacia un enorme edificio, cuya función Khando desconocía pero pronto descubriría.

Una vez dentro, Khando se encontró en lo que parecía un coliseo techado. Las gradas eran ocupadas por seres que se mantenían en la oscuridad natural de aquella noche macabra.

En el balcón más alto, Khando distinguió a un hombre anciano y decrepito. No se parecía en nada a su maestro.

Efraim pronto apareció a su lado. "No digas nada, a no ser que se te pregunte directamente" le dijo. Una lección que Khando recordaría por el resto de su vida.


Khando Ezcani - April 25, 2008 12:35 AM (GMT)
Aquel hombre misteriosos se paró, y se escuchó un murmulló proveniente de las gradas que lo rodeaban.

"Bienvenidos hermanos" Dijo aquel desconocido, con una profunda voz intimidante. "Estamos aquí reunidos para votar la reciente petición de nuestro camarada"

Hizo una reverencia dirigida hacia Efraim, quien le contestó de igual manera. Khando no entendía muy bien que sucedía.

- "Como a conoceis, he pedido a la corte local, que se me permita abrazar a Khando Ezcani, para convertirlo en mi chiquillo"

Hubo unos segundos más de murmullos, pero fueron acallados rapidamente por aquel que se encontraba en la grada principal.

- "Conoces las Tradiciones, Lasombra" dijo.

- "Asi es" Replicó Efraim "Y por eso, me encuentro aquí entre ustedes esta noche, para pediros una vez más su aceptación y conformidad con las acciones que llevaré a cabo"

- "Habéis sido un hombre modelo, Efraim, y has prestado grandes servicios a todos nosotros. Tus contribuciones a nuestra sociedad no han pasado desapercibido. Por tal razón, me vería como un villano si no aceptase tal propuesta. Y no soy ningún villano" Sentenció el lider.

Khando Ezcani - April 25, 2008 07:32 PM (GMT)
La multitud se mantuvo silenciosa.

Las sombras llenaron el lugar. "Efraim Massimo, del Clan Lasombra, como Príncipe de esta zona, os autorizo a la progenie."

El silencio se mantuvo en el coliseo. Los allí presentes no se movían. Ni siquiera murmuraban.

Efraim hizo una reverencia. "Os agradezco mi señor" dijo humildemente.

- "Pero sabed, querido Efraim, sabed que sus pecados son ahora vuestros, y sus acciones serán las tuyas. Si no podéis controlarlo, conocerá la muerte final, y su destino será compartido por ti"

- "Conozco las leyes, mi señor."

- "Bien, vete ahora, y has lo que deseas hacer" Dijo aquel que decía ser el principe, antes de marcharse por una puerta desconocida.

Efraim miró a Khando por varios minutos. En silencio. A su alrededor, los presentes aplaudían calurosamente, otros ovacionaban y gritaban. Sus sonidos eran extraños, animales.

Khando vio que los ojos de Efraim tomaron un tinte colorado. Rojo sangre. Khando estuvo por hablar, pero antes de que el joven pudiese llevar a cabo cualquier acción, Efraim se abalanzó sobre él.

Khando Ezcani - April 28, 2008 09:53 PM (GMT)
En el último segundo, Khando esquivó a su maestro, y luego se alejó varios metros de él.

Entendía que era lo que iba a suceder. Sabía que era un paso necesario, el final de un camino y el inicio de otro muy distinto.

Comprendía que este era el momento por el que había entrenado tanto, por el que había esperado tanto, el que había deseado tanto.

Y sin embargo, a último momento, algo en Khando se negó a cumplir las ordenes que su mente le daba.

UN terror primordial tal vez, aunque para ese entonces, Khando estaba más allá de los conceptos de bien, mal, miedo o valor.

En realidad, era el reflejo animal que todo humano posee. Era el instinto de supervivencia que se había disparado en él.

Khando observó a su maestro. Había adoptado una posición más felina, sus ojos se habían vuelto toalmente negros, y emitía un sonido felino que le crispaba los nervios. Pero por sobretodo, Khando notó aquellos dos colmillos que ahora asomaba, listos para drenarlo de la preciosa sangre.

Cuando Efraim saltó sobre él una vez más, Khando se agachó justo a tiempo para esquivarlo, y en un único movimiento, íntentó propinarle un golpe.

Pero la velocidad de su maestro no tenía par. Aun antes de caer, Efraim ya se estaba preparando para su siguiente golpe.

Khando sintió la potencia de su maestro, en un único golpe que lo dejó en la semi inconciencia.

Lo siguiente que vió, fue a Efraim sobre él, clavando sus colmillos en la garganta del indefenso. Y aunque luchó, no pudo moverlo de arriba. A su alrededor, todo comenzó a girar y a desvanecerse.

Poco a poco, mientras la preciada vitae abandonaba su cuerpo, tambien lo hacía sus pensamientos, su fuerza y su vida.

Lo último que escuchó fue el rugir y los aplausos de la multitud congregada. Y luego cayó en la inconciencia mortal.

Khando Ezcani - April 29, 2008 09:18 PM (GMT)
Cuando Khando despertó se sentía distinto. Muy distinto. Pero las noches siguientes fueron terribles.

El proceso de muerte del cuerpo fue agobiante y doloroso, aunque poco a poco sus sentidos se fueron afinando, y su cuerpo embelleciendo, proceso propio de todos los hijos de Caín, por la propiedad de la sangre mística del padre Oscuro.

Y Efraim se mantuvo a su lado en todo momento. Cuidandolo y preocupandose de alimentar a su nuevo chiquillo.

Finalmente, siete noches luego de su muerte, Khando volvió a caminar entre los vivos.

Una nueva fuerza mística llenaba su cuerpo. "Debes tener mucho cuidado," había dicho su sire Efraim mientras ambos caminaban por las calles de la ciudad. Ahora veía todo distinto. Su sire le había abierto los ojos a un mundo completamente nuevo.

"No debes dejar que la Bestia que habita en tí tome control de tu cuerpo" Repetía el sire una y otra vez. "La sangre de Caín nos da un terrible poder, pero más terrible es la maldición que recae sobre los elegidos. La sangre libera a la Bestia"

Aquella noche, el séptimo día. Khando cazó por primera vez. La experiencia fue ensordecedora y lujuriosa. Sus sentidos, extasiados y afinados, le despertaron a una realidad muy diferente a la que estaba acostumbrado.

Khando era un nuevo hombre.

Y Efraim se mantenía a su lado. Siempre vigilando, siempre listo. Los próximos dias serían decisivos.

Khando Ezcani - April 30, 2008 05:51 PM (GMT)
Durante el siguiente año, Khando aprendió la historia de los condenados, tal como la llamaba su sire. Las ciencias ocultas llamaban poderasamente la atención del chiquillo.

Caín, vitae, sire, poco a poco, estas palabras fueron tomando sentido, y el mundo de horror que es la noche se abrió de lleno ante un nuevo cainita.

Las clases de ajedrez se intensificaron. "El mundo es un gran tablero" le decía Efraim "Solo debes saber como posicionar tus fichas" repetía.

En las semanas siguientes, Khando sintió que su cuerpo se llenaba de una fuerza impresionante. Producto de la sangre maldita de su sire.

Khando pronto descubrió que podía levantar pesados carruajes sin apenas esfuerzo, y que incluso sus golpes sobre piedra dejaban una marca sobre ella. Cosas que ningun otro hombre podía nunca soñar.

Aprendió además a controlar a otros, a través de sus designios. "La mente de los mortales es maleable" le enseñaba Efraim. "Con tiempo, dedicación y entrenamiento, tendras tal poder, que los mortales harán tus más increibles designios, incluso aquellos que contradicen su propia moralidad"

Pero aún tenía otras cosas que aprender, otras habilidades que le servirían en las noches por venir, conocimientos que le salvarían la vida y poderes que le eran legado y derecho por la sangre mística que recorría su cuerpo.

Khando Ezcani - May 3, 2008 02:49 PM (GMT)
Exactamente un año después de su abrazo, Khando y Efraim volvieron a aquella misteriosa villa, en medio de extrañas tormentas.

Esta vez, todo fue muy distinto. Ya no había un público deseoso de sangre, ni aplausos ni vítores.

No era guerra lo que buscaban allí aquel día.

El Príncipe, tal como le había explicado Efraim, era el único que se encontraba allí, cubierto por las sombras. Khando sentía como los observaba desde la grada superior. Sus ojos puestos con gran interés sobre el neonato.

"Ya esta hecho" dijo Efraim "Esta preparado"

Khando notó como el Príncipe sonreia y afirmaba con la cabeza. "Muy bien" dijo aquel extraño.

La pareja abandonó el recinto sin más explicaciones. Las dudas inundaron la cabeza de Khando, pero él sabía que aún no era momento de respuestas.

Khando Ezcani - May 4, 2008 04:28 PM (GMT)
Poco a poco, Khando se sumergió en el conocimiento de lo prohibido. Las Reglas, las leyes, las tradiciones, las profecias, los legados.

Todo fue sumamente repasado y explicado por su sire Efraim, quien ponía especial atención y cuidado en la formación de su chiquillo.

La primera vez que Khando utilizó sus poderes sobre la Oscuridad fue, a diferencia de lo que muchos puedan creer, un simple accidente.

Khando se encontraba leyendo, sin más, cuando notó que algo se movía allí, en laesquina de la habitación. Aunque intentó ver lo que era, una oscuridad añil escondía ese sector. Y así fue como ante un mero deseo suyo, la oscuridad se movió bajo el poder de su comando.

Esa fue una noche de revelaciones.

A partir de ese momento, Khando pudo controlar las sombras, crear sombras allí donde no había, e incluso observar a través de esta como si estuviese a plena luz del día.

Su maestro no descuido ni por un segundo la preparación teórica del chiquillo; pero a partir de esa noche, hubo un cambio importante en la metodología que el magistri aplicaba sobre su alumno.

Las clases teóricas, donde ambos hombres se pasaban horas discutiendo temas de política, religión, economía y guerra, comenzaron a disminuir, y las clases prácticas, donde Khando se veía obligado a cazar su propio sustento, y combatir por el, se vieron incrementando; aunque en realidad formaban un todo armonioso en la educación del neonato.

Y así fueron pasando los años de preparación. Hasta que un día como cualquier otro, Efraim volvió con noticias. Era momento de un viaje.

Un viaje esperado.




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