Title: El Fin del Descanso (2-7-1226)
Description: Refugio de Anibal
Anibal - April 19, 2008 04:15 PM (GMT)
Abri los ojos a la oscuridad total. Ni una rendija de sol ni de luna se colaba a mi alrededor. Sin embargo, en aquel momento, no fue aquello lo que me llamó la atención, sino estar tumbado de medio lado y con el cuello torcido. Una de las patas de mi cama se había roto, y mi cuerpo se había deslizado y había acabado por romperme el cuello. Dolía, pero era agradable volver a sentir el dolor ahora, mientras mi cuerpo aún estaba entumecido. Mis manos palparon alrededor, y fueron deshaciendo las ropas de la cama como telas de araña, váporosas, frágiles, intangibles. Casi como las gasas propias de una mortaja.
La cama crujió, y otra de las patas se destrozó cuando intenté incorporarme en mi lugar. Palpé el soporte, y noté como estaba completamente apolillado, más allá de cualquier reparación posible. Era obvio que había caído en el Sueño de las Edades, pero ¿cuanto tiempo habría transcurrido? ¿Diez años? ¿Cien? Si fuera un Chiquillo de Capadocius quizás podría saberlo por el estado de descomposición de lo que me rodeaba, pero lo cierto es que nunca había dedicado mi tiempo a estudiar la muerte, sino filosofía, teología... el Reino de las Ideas, legado de Cartago.
Y si el mundo había seguido existiendo mientras dormía, me preguntaba al incorporarme, ¿qué cosas seguirían estando como las conocía? ¿Seguiría existiendo una París sobre mi? Si, eso era probable. Quizás con otro nombre, pero la destrucción completa de las ciudades era difícil... a menos que los Ventrue hubiesen desatado de nuevo su furia como habían hecho con la ciudad de mi Sire. ¿Alexander seguiría siendo Príncipe? Eso era probable también. Su fuerza y poder no se habían visto alterados en todos mis años en la ciudad, era improbable que hubiesen cambiado ahora. ¿Y qué habría sido del bueno de Alvaro Castellar? La espada de mi Clan, era difícil saber a dónde lo habría llevado el viento, especialmente si habían transcurrido varios años.
Palpé a mi alrededor con cuidado, en busca de la silla donde mi sirviente me dejaba siempre las ropas para el día, y lo único que encontré fue un amasijo de serrín, fragmentos de madera, e hilachos de tela. Ciertamente, esto iba a ser más complicado de lo que había imaginado que sería. Y, desde luego, más de lo que esperaba cuando me había echado a pasar el día por última vez. ¿Cuánto tiempo habría transcurrido?
Anibal - April 19, 2008 04:33 PM (GMT)
Una tenue luz se encendió a mi alrededor, y una vela fue a posarse suavemente en el suelo.
-Buena noche, mi Amo. Me alegro de que finalmente haya despertado de su descanso. Empezaba a temer, si me permite decirlo, que no lo volviese a hacer.-
Julius, mi buen Julius. Hay cosas que ni el tiempo puede cambiar. Me alegré enormemente de saber que tenía un amigo todavía en el mundo, en el mar oscuro de incertidumbres había aún una vela.
-Julius- dije con mi voz autoritaria habitual- ¿cuanto tiempo he pasado en el Sueño de las Eras?-
El breve silencio de mi sirviente fue incómodo para mi. Tendría que recordarle cual era su sitio, pero esa noche no tenía ganas de ello. Era una noche de redescubrimientos, ya lo castigaría en su momento.
-Cuarenta y nueve años, ocho meses y dieciséis días, mi Amo.-
¡Casi cincuenta años! ¡Por los ardientes brazos de Baal Hammon!
Anibal - April 19, 2008 08:01 PM (GMT)
Me llevó un tiempo superar al silencio que se asentó en mi cabeza. En mi larga no existencia había pasado más veces por el Sueño de las Edades, pero nunca más de unos pocos meses... cincuenta años era demasiado para entrar en mi cabeza. Todo el mundo podría haber cambiado sobre mi cabeza dormida. Así que aguardé en silencio mientras en mi cabeza intentaba formar algún tipo de plan.
Y finalmente lo hice. Alvaro sabría cómo estaban las cosas.
-Julius, consígueme ropa.-
-Me temo que es imposible, mi Amo. Su hogar ha estado abandonado desde hace treinta y seis años, dos meses y ocho días, y ya no quedan ropajes ni nada que os pueda traer y os vayan a servir en ella.-
¡Por el abrazo misericordioso de Tanith! ¿Iba a tener que salir desnudo a la calle a conseguirme unas ropas? Por lo menos la temperatura del ambiente me decía que era verano, lo cual siempre haría más agradable el paseo nocturno.
Julius se encargó de que las puertas del refugio se abriesen mientras yo me desperezaba. Ni me molesté en coger mis armas, que debían haber sido vencidas por la herrumbre muchos años antes. Así que, con cuidado, pisé en el exterior. Y mi Bestia se agitó en mi interior, hambrienta tras tantos años de espera. Tranquila, pequeña, esta noche nos daremos un festín adecuado, como debió ser en los viejos tiempos.
Anibal - April 20, 2008 03:29 AM (GMT)
El festín caminaba en la noche rápidamente de un portal a otro. Yo permanecía agazapado en el mío, observándolo brevemente. Por un momento, pensé en hacer uso de los poderes de la sangre para atraerlo a mi en la seguridad del portal, pero aquello sería aburrido. Así que lo vi pasar y, con fiereza, le di un susto, dejando que saliese corriendo e iniciando la persecución tras él. Sin el poder de la sangre, sólo mis risas y algunos breves gritos por su parte. Finalmente acabé por aburrirme, era demasiado sencillo, y me dejé caer sobre él con fuerza, dejándolo sin aliento.
El sabor de la sangre en mi garganta fue como néctar, como ambrosía, como fuego. ¡Cuanto lo había echado de menos mientras dormía, sin saberlo! Mi Bestia aulló de placer ante la fuerza que entraba por mi boca, y bebió hasta saciarse, hasta dejar el cuerpo sin sangre alguna. Cerré la herida con un lambetazo, y me puse sus ropas. Llevaba un pequeño puñal entre sus posesiones, así que lo aproveché para apuñalarlo. Y después, rápidamente, lo cargué durante el buen trecho que separaba mi residencia del río, donde lo dejé caer. Por suerte, mis aguzados sentidos y algo de fortuna hicieron que nadie se interpusiese.
Bueno, suerte mía... o suerte de ellos. Aún no estaba completamente saciado, y otro mortal menos en la ciudad no sería una terrible pérdida. Al fin y al cabo, eran simplemente ganado. Seres inferiores.